TITULO: MY SWEET ANGEL

AUTORA: Kiseger

TRADUCTORA: MARS992

GENERO: ROMANCE SOBRENATURAL

CONTEXTO: FORKS, WASHINGTON

PROTAGONISTAS: EDWARD CULLEN Y BELLA SWAN

Capítulo 1 - Culpable

Estaba sentada en mi cama escuchando la lluvia golpear mi ventana. Otro ordinario día en Forks. Era domingo, temprano por la tarde, Charlie había ido a pescar con Billy, sin preocuparse por la lluvia. Y Edward se había ido a un viaje de caza por tres días con los demás Cullen. Me había prometido que estaría de vuelta hoy cerca a la medianoche. Le echaba terriblemente de menos, anhelaba estar en sus amorosos y fuertes brazos. A mi nunca me había gustado cuando él había tenido que dejarme sola durante un largo período antes, y este sentimiento se había vuelto mucho más fuerte desde el pasado mes de septiembre, cuando él me había dejado, pensando que eso era lo mejor para mí. Ahora sabía que ese era el peor error de su vida y estábamos juntos de nuevo, no podría estar más feliz.

En los últimos días había tenido tiempo más que suficiente para pensar. El incidente con Jacob había pasado hacía casi una semana atrás, había tratado de basarme en contra de mi voluntad y lo había golpeado por ello. Por supuesto, no pude causarle ningún dolor pero si me las arreglé para romper mi propia mano. Edward, por supuesto, se había enojado mucho.

Después de que Carlisle cuidara de mi mano rota, no habíamos hablado una palabra de esto, y estaba tan enojada con Jacob, que me negué a hablar con él, aunque había tratado de llamarme muchas veces, incluso me envió un mensaje con Charlie para disculparse por su comportamiento.

Así que en los últimos tres días había estado sentada sola en mi cuarto y mi cerebro había estado trabajando sin parar. El centro de mis pensamientos habían sido Edward, Jacob y mis relaciones con ellos. Había estado demasiado ocupada pensando en estas cosas y me había olvidado que tenía que dormir. Tal vez si lo fuese recordado tampoco habría sido capaz de hacerlo.

Así que ahora yo estaba un poco cansada y trastornada.

Podía oír que había dejado de llover y finalmente tomé una de las decisiones más importantes de mi vida. Pude sentir algunas lágrimas rodar por mi cara antes de empezar a llorar de verdad.

"¿Bella?" Dijo repentinamente una voz aterciopelada.

Salté y caí de la cama, pero antes de llegar al suelo dos fríos brazos me atraparon y me pusieron suavemente sobre la cama. Edward se sentó a mi lado y tomo mi cara para limpiar mis lágrimas, pero me aparte de su toque. No merecía el toque de este perfecto ángel. No merecía su amor.

"¿Bella?" -susurró de nuevo. Podía oír el dolor en su voz aterciopelada y sentí como si alguien me fuese roto el corazón.

"¿Bella, amor? ¿Qué pasa? ¿Ha pasado algo? Por favor dime, Bella." Me rogó.

Pero no sabía cómo decirle lo que estaba mal, cómo empezar o que decir. Lo único que sabía era que mi silencio sólo le causaba más dolor. Que siempre le había frustrado el no poder oír mis pensamientos. Le rompía el corazón verme llorar. Sabía que él estaba esperando que lo mirara a ojos, pero me daba miedo hacerlo porque no sabía lo que vería en ellos. En esos ojos que yo sabía eran de color caramelo, como siempre después de cazar. ¡Oh, cómo amaba sus ojos!

"Regresaste temprano." dije casi inaudiblemente, pero no tuvo problema para escucharlo. Él era después de todo, un vampiro con súper sentidos.

-"Sí. Me apresuré. Te extrañaba y quería estar contigo. Enloqueci a los demás." Oí una pequeña sonrisa en su hermosa voz. "Y ahora, cariño, por favor, dime ¿por qué estás tan triste y por qué estas llorando? Por favor, amor." Me tocó suavemente la barbilla con sus dedos y trató de que volviera la cara hacia él, pero me aparte.

"Por favor, no me toques". Susurré y tiré de mis rodillas al pecho, envolviendo los brazos alrededor de ellas con fuerza. Enterré la cara en mi brazo izquierdo, tratando de esconderme de él.

"¿Por qué no quieres que te toque? ¿Hice algo mal? Bella, te juro que..." su voz estaba llena de agonía. No soportaba oírlo. No podía dejar que se sintiera de esa manera. No podía dejar que se culpara.

"¡NO!" Grité, mientras lo miraba rápidamente.

Sus ojos eran tan bellos como recordaba y había tantas emociones en ellos. Confusión, inseguridad, pero sobre todo miedo y tristeza. Sabía que si pudiese llorar, lo haría. Tenía que borrar esas terribles emociones de sus bellos ojos, y hacerlo feliz otra vez. Un ángel como él debería ser feliz siempre.

"No hiciste nada malo. ¿Cómo puedes pensar una cosa así? Esto es mi culpa, yo soy la que hizo algo malo y..."

Miré hacia abajo de nuevo. No sabía cómo expresar todos los pensamientos que rondaban en mi cabeza. Deseaba que pudiera leer mi mente como a cualquier otra persona. Tenía miedo de mirarlo a los ojos. Respiré profundo y comencé a hablar de nuevo.

"Me gustaría que escucharas mi mente ahora." Murmuré y le oí jadear. "Cuando nos conocimos, tú y yo, no sabía que yo iba a enamorarme de ti, y tú de mi, pero desde el primer momento en que te vi, todos mis pensamientos se centraron en ti." Por el rabillo de mis ojos lo vi sonreír débilmente. "Cuando me llevaste al prado por primera vez y dijiste que me amabas, casi exploto de felicidad. Pensé que no podría ser más feliz, pero cuando te quedaste conmigo esa noche, me probaste lo contrario."

Edward se inclinó hacia adelante y llegó a mí de nuevo, pero se detuvo antes de tocar mi mano. En su lugar, siguió escuchándome.

"Estaba feliz de que eras mío e incluso más feliz de ser la única mujer que podía llegar a tu corazón, a cual nadie había llegado, tener tu hermoso cuerpo, que nadie había tocado o besado nunca."

Me moví incómoda. No sabía cómo explicar para hacerle comprender lo que realmente pensaba y sentía.

"Tu cuerpo y alma, son tan puros, esperando sólo por mí. Esperando durante tanto tiempo. Y podría darte lo mismo a cambio. Era solo tuya, nunca me había sentido así por nadie antes, ni nadie me había tocado o besado. Estábamos a la par en eso. Pero ahora... "No pude continuar. Podía sentir las lágrimas en mi rostro.

"Bella. Está bien. Por favor, amor, no llores. Por favor, trata de calmarte cariño." Edward susurró mientras me atraía a su pecho de mármol, envolviendo sus fuertes brazos alrededor de mí, abrazándome con fuerza. Sin hacer caso a mis protestas. Acarició mi espalda con una de sus manos y el pelo con la otra, mientras se balanceaba suavemente. Podía sentir sus fríos labios en la parte superior de mi cabeza de vez en cuando. Traté de dejar de llorar para poder seguir hablando.

"No lo merezco." ahogaba en su camisa, ya empapada.

"¿Qué es lo que no mereces, cariño?" me preguntó con suavidad. Su voz aterciopelada acarició mi alma, haciéndome temblar.

"Tus caricias. Tus besos. Tú." lloré, pude sentir su rigidez. Sus manos se detuvieron de repente, pero todavía me seguía abrazando.

"¿Por qué crees eso? ¿Por qué crees que no me mereces, amor?" -preguntó con inquietud y una pizca de enojo en su hermosa voz.

"Porque ya no soy la misma de antes."

Respiré hondo y trate de calmarme.

"¿No eres la misma?" -preguntó confundido. "No entiendo amor. Por favor, cálmate, y trata de decirme lo que estás pensando exactamente." me meció de nuevo en sus brazos. Era más fácil para mí calmarme.

"Edward. Edward. Te amo tanto". Lloré. Hundió la cara en mi pelo, lo podía sentir inhalar profundamente mi olor sonriendo.

"Te amo demasiado, mi amor. No tienes idea de cuánto." -susurró-.

"Pero no te merezco. ¿No lo entiendes? ¿Cómo puedes seguir abrazándome o besándome? Tú eras el único hombre que me había tocado, pero ya no. Y Jacob... ese beso... yo no quería que ... yo no quería que nadie más me besara... me siento tan sucia ... Yo sólo quiero... Sólo quiero que... Que tú me toques... Solo tú "

En este punto ya estaba histérica sollozando incontrolablemente, las palabras salían de mi boca, incoherentemente, al final apenas podía respirar. Quería salirme de su agarre, no tenía que tocarme más, pero sus brazos de piedra no me lo permitieron, me abrazó como una jaula de hierro. No tenía ninguna oportunidad contra ellos. Por último lo sentí alejarme, sabía que me lo merecía, pero aun así me dolía. Pensé que por fin había entendido y que me dejaría sola, pero no lo hizo. Me agarró la cara con fuerza y me obligó suavemente pero con firmeza a mirarlo. Sus ojos estaban llenos de ira y dolor, pero seguían siendo tan inhumanamente bellos. Sólo me miraron durante un largo rato en silencio.

"Isabella", dijo mi nombre completo con tanta ternura, nunca lo había oído hablar así. Su voz temblaba, sus ojos se suavizaron y mi corazón comenzó una carrera, temía que saltara de mi pecho. "Mi dulce, hermosa y tonta Isabella ¿Cómo podrías pensar que no mereces mi amor, mis caricias o mis besos? No hiciste nada malo, mi amor. No es culpa tuya que ese chucho", dijo y un gruñido salvaje brotó de su pecho "no haya podido comportarse y que te obligara a hacer algo que no querías. No es tu culpa. ¿Me oyes?" su voz era suave otra vez, sus ojos perforaron los míos. Comencé a sentirme mareada.

"Respira, mi Bella". -susurró, tomé una respiración profunda, inhalando su dulce y delicioso aroma. "Nada ni nadie puede hacerme dejar que yo haga esto ..." sus labios tocaron mi frente con suavidad. "... O esto..." dijo entre dientes y besó mi mejilla "... o esto..." besó mi nariz "... o esto..." perdió sus labios a través de mi mandíbula y besó mi cuello con ternura.

La cabeza me daba vueltas, trataba de recordar cómo respirar, pero no podía. Todo mi cuerpo empezó a temblar al mismo tiempo que su fresco aliento acariciaba mi piel. Sus manos me acariciaron el cuello, sus dedos recorrieron mi clavícula y puso mis brazos con suavidad alrededor de su cuello. No podía dejar de enterrar mis dedos en su sedoso pelo. Suspiró profundamente y cerró los ojos por un momento. Sus manos alrededor de mi cintura me llevaron más cerca de él. Nuestros cuerpos se presionaban el uno al otro, al tiempo que gemía cuando pasó sus dedos por mi espalda. Mi pulso se aceleró drásticamente, y mi corazón se agitó más rápido que nunca. Yo no podía hacer nada, sólo podía mirarlo a los ojos.

"Pero sobre todo esto"-susurró inclinándose hacia mí y apretando sus labios a los míos.

Este beso no era como los otros. Edward me besó con tanta pasión, nunca me había besado así. Él dijo que sería demasiado peligroso para mí, por su veneno y afilados dientes. Me quede sin aliento cuando sentí su lengua acariciar mi labio inferior. Deje que se deslizara en mi boca dispuesta a tocar su lengua con la mía. Nuestras lenguas lucharon con dulzura, enredó sus dedos en mi pelo y me acerco más a él. Gemimos el uno al otro en la boca, no podía sentir nada más que pura felicidad. Estaba tan emocionada. Quería quedarme en este momento para siempre, besándonos y degustándonos el uno al otro. Por supuesto que tuvo que alejarse para que yo pudiera respirar, sólo era una humana después de todo.

No podía dejar de jadear, cuando abrí mis ojos para mirarlo, pude ver la sonrisa más angelical extenderse en su rostro. Entonces me acordé de lo que habíamos estado hablando y nuevamente podía sentir mis ojos llenarse de lágrimas. Al verlo la sonrisa de Edward se desvaneció al instante, sus brillantes ojos llenos de pánico.

"Bella, cariño, por favor, no llores. Entiendo lo que estás sintiendo y por qué. Pero tienes que entender que no has hecho nada malo. No te atormentes pensando que hiciste algo malo y por eso no me mereces. No tienes la culpa de lo que ese perro hizo, sólo él. Creo que le dijiste muy claramente quién es tu verdadero amor y con quién quería estar. No es culpa tuya que no haya podido aceptar eso. Y no eres menos preciosa, pura e inocente para mí que el primer día cuando te vi en la cafetería o la primera vez que te toque o te bese. Te quiero. Te amo. Y yo siempre te amaré y te desearé. No hay nada puede cambiar eso. No importa lo que Jacob haga, aunque yo esté tan dispuesto a destrozarlo por haberse atrevido a besarte sin tu permiso y causarte tanto dolor. "

Mis ojos se abrieron ante la idea de Edward y Jacob luchando por mí, me apreté firmemente a la camisa empapada de Edward. Mis nudillos se volvieron blancos del esfuerzo y gemí en silencio. Me di cuenta de que ya no me preocupaba Jacob, aunque no quería que se lesionara o algo peor le sucediera. Pero la idea de que Edward se lesionara era insoportable. Sentí un dolor agudo en el pecho y me apreté más cerca de él.

"Shh, amor. No tengas miedo. Nada va a suceder. Yo nunca podría hacerte daño con algo como esto. Nunca." dijo y aflojo mis dedos de su camisa y los besó uno a uno con ternura. "Te amo. Tal vez no tengo derecho a sentirme de esta manera pero no me importa. No me importa lo que está bien o lo qué está mal. No me importa si eres humana y yo un vampiro. Ya no me importa lo que Jacob, Billy o los otros Quileuts piensen de nosotros y de nuestra relación, no me importa si Charlie me odia con todo su corazón y no me quiera cerca de ti. Lo único que me importa eres tú, que tú me amas y quieres estar conmigo. Y voy a estar aquí a tu lado todo el tiempo que me quieras. Para siempre. "

Sus bellos ojos topacios brillaban con todo el amor que sentía por mí y cómo podía tener dudas o estar triste cuando me miraba y me hablaba así. De repente salte sobre él. Si hubiera sido humano lo habría tumbado al suelo. Se rió dulcemente por mi cambio de ánimo y me apretó fuertemente contra su pecho. Lo besé donde quiera que podía llegar a él. Podía sentirlo enterrar su rostro en mi pelo y suspirar.

"Tu. Sólo tú me importas. Te amo solo a ti. Por los siglos de los siglos. No puedo vivir sin ti. Eres una parte de mí y te necesito más que el aire. Te amo, Edward Cullen. "No sabía cómo era físicamente posible, pero se acurrucó más cerca de mí y enterró su rostro más profundamente en mi pelo. Su cercanía se sentía de maravilla.

"Como yo te amo, mi ángel." murmuró y pude sentir que se sacudía suavemente en mis brazos.