Aclaraciones: UA, posibles occ, muerte de personajes.

Los personajes no son míos, son de Masashi-me-gusta-alargar-la-serie-porque-no-quiero-que-termine-Kishimoto.

La primera historia que subo aquí, espero sea de su agrado.

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-S-M-$-

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Esta historia comienza un viernes en la noche, en una gran mansión muy bien equipada y decorada. Donde ahora, la hija del dueño de la casa realizaba una de las tantas fiestas universitarias que se llevaban acabo cada fin de semana, allí se encontraban jóvenes de distintos años y distintas carreras de la (UK) Universidad Konoha, que es una de las dos universidades más prestigiosas del país, la otra es la (US) Universidad Suna. En la mansión, las personas que allí se encontraban, estaban dispersas por todo el lugar; la sala de estar, la cocina porcelanada, el hermoso jardín con distintas flores exóticas y la gran piscina.

Bebidas alcohólicas iban y venían, la música en un volumen bastante alto retumba por el lugar, enviando vibraciones por las paredes y demás, mientras los presentes movían sus cuerpos al ritmo de la ensordecedora música y fumaban uno que otro cigarro. En las tantas habitaciones de la casa, varias parejas, se encontraban teniendo relaciones bajo los efectos del alcohol o drogas.

Fuera de ese ambiente tan animado, un grupo de chicos de segundo de universidad, que habían decidido no asistir a dicha fiesta, se encontraban planeando aguarles la fiestita. Estos chicos con mentalidades de niños ya estaban preparados, listos para entrar con pistolas llenas con algún líquido cómo, pintura refrescos y otras cosas. Se ocultaban en los arbustos y árboles frente a la mansión.

Con una señal de su supuesto líder decidieron entrar por la puerta principal… tocando el timbre. Una muchacha de cabellera negra hasta los hombros y con poca ropa cubriéndole, abrió la puerta recibiendo el ataque de los visitantes. Haciendo a un lado a la muchacha se adentraron al lugar el cual era un desastre puro, los pocos hombres que habían, estaban dispersos por el lugar, ebrios y dormidos, logrando de esa forma que les fuera más fácil a los chicos acabar con la dichosa fiesta.

Mientras que estos se quedaban armando lío, uno de ellos, un joven robusto de cabellera naranja, corte extraño y ojos del mismo color naranja. Subió las escaleras que daban al segundo piso, siguiendo el pasillo a la derecha, hacia una habitación en específica donde un par de jóvenes, se encontraban en pleno acto. Un chico albino de cabellos blancos y ojos de color azul muy claro, estaba acostado en la cama con una chica de cabellos y ojos rojos encima de él, sosteniéndola de las caderas ayudándola con el vaivén, de arriba hacia abajo.

Mientras ambos gemían por el placer de aquel acto, la puerta de la habitación donde ellos estaban; se abrió lentamente y sin hacer algún ruido, dejando pasar al chico de pelo naranja de antes, el cual sacó una cámara digital y comenzó a grabar en silencio a los chicos, luego de un rato detuvo la grabación y cambio al modo de tomar fotografía, tomando cuatro fotos seguidas de distintos ángulos, la chica pelirroja se percato al fin de lo que ocurría, rápidamente se levanto de donde estaba, comenzó a buscar sus ropas y a medida de que se las ponía, le gritaba a los chicos presentes:

-¿¡ESE ERA EL AMOR QUE ME TENIAS!? ¡YO TE AMABA SUIGETSU! Ojala te pudras en el infierno hijo de perra-le decía la chica dolida y enojada al albino para lo último escupirle en la cara, luego se dirigió al chico robusto y le dijo:

-¡ESCUCHAME! ¡Si esas fotos salen en Internet, la pagaras muy caro! Juugo ¡ME ENTENDISTE!-y también le escupió en la cara tomo sus lentes y salió de ahí dando un portazo.

-¡No Karin! ¡No es lo que parece! JAJAJA-se burlaba el peliblanco, se puso de pie arreglando sus ropas y choco las palmas y puños con Juugo. Suigetsu le quitó la cámara, vio el video y las fotos, para después comentar:

-Hmp, no es mi mejor ángulo, pero servirá-chocaron sus manos de nuevo y bajaron, entre bromas y risas, donde se encontraban los demás.

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Fuera de la mansión, caminando por la calle hacia su casa, iba caminando Karin; que murmuraba y lanzaba maldiciones por lo bajo:

-¡Maldita sea! ¡Maldito Suigetsu! ¡Maldito Juugo! No lo puedo creer. ¡Está me la pagan!-

Karin estaba molesta, más que eso, estaba dolida e indignada nunca pensó que él pudiera hacer algo así. Pero ella estaba tan concentrada pensando en lo ocurrido; que no se percató de que cruzaba la calle y que por un lado se acercaba un auto, que impacto con ella lanzándola al pavimento unos metros más allá. Luego, del auto bajó un hombre algo mayor, de cabello largo y negro, ojos color amarillo dorado y piel extremadamente pálida, "preocupado"se acercó a la chica que había atropellado y le habló:

-Karin, ¿Estás bien?-.

La ojiroja que se reincorporaba lentamente bastante adolorida, comenzó a buscar sus lentes mientras le contestaba al hombre:

-Si, profesor Orochimaru, estoy bien. Sigo viva-, encontró sus lentes y que suerte, no se habían estropeado, se los puso para mirar mejor a la persona parada frente a ella.

-Hmp, si Karin, estás viva-dijo el pelinegro en tono lúgubre y burlón haciendo una pausa-estás viva pero, no por mucho tiempo-.

La chica de lentes lo miró extrañada por lo dicho, pero antes de decir o hacer algo, el profesor la golpeó con fuerza en la cabeza, con una palanca de metal. El ojidorado tomo a la chica, que yacía inconsciente, en sus brazos y la metió bruscamente en la parte de atrás de su carro. Después él se subió por el lado del conductor y arrancó sin dejar rastros ni testigos.

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El profesor Orochimaru había conducido media hora, para detenerse en la Universidad Konoha. Estaba ansioso por llegar a su laboratorio y poder hacer su mayor experimento realidad, bajó del carro y sacó a la chica, que para estas alturas debería estar muerta ya que el golpe le abrió el cráneo y estaba perdiendo mucha sangre, la puso en su hombro sin importarle la sangre derramada y comenzó a caminar directo a su laboratorio. Al llegar a su destino, colocó a Karin en una camilla, que más bien era una mesa fría de metal lisa. Se quitó su chaqueta de cuero color marrón que traía puesta y se puso su bata blanca, se acercó al cuerpo inerte de la chica y colocó la mano derecha en la parte izquierda del cuello, revisando los signos vitales de ella.

-Está muerta, eso está bien-

Habló para sí, Orochimaru, luego caminó hacia los estantes que allí se encontraban y de estos sacó un frasco mediano, después caminó a su escritorio y sacó una inyectadota. Dejo ambos objetos sobre el escritorio, y de un cajón de éste tomó unas tijeras, se acercó a la muchacha y se dispuso a cortarle las ropas.

Comenzó por la falda negra que le llegaba a medio muslo, luego con la blusa de tiras finas color rojo y termino con las ropas interiores, dejando a la pelirroja completamente desnuda. El pelinegro caminó de nuevo a su escritorio y guardo las tijeras, después tomó la jeringa y la llenó del líquido que contenía el frasco. Se dirigió al cuerpo de la chica y la inyectó justo donde le había palpado antes para revisar sus signos vitales. Luego de eso espero 5 minutos. Y nada. No paso nada.

-¡Vamos, vamos! ¡Reacciona!-exclamaba ansioso, sin embargo nada ocurrió. El ojidorado se rindió; comenzó a lanzar todo lo que a su paso estaba, destruyendo así, medio laboratorio.

-¡Demonios! ¡Maldita sea! Tanto tiempo trabajando en esto y aún no logro revivir a los muertos-. Frustrado y enojado, caminó hacia una puerta que estaba más alejado de la camilla donde se encuentra el cadáver. Se asomó por la ventanilla de la puerta, y su semblante cambió a uno melancólico y triste mientras observaba lo que dentro del cuarto había. Caminando de un lado a otro dentro de esa habitación se encontraba una mujer, en realidad lo que antes fue una mujer.

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Un pelinegro se encontraba contemplando una inyectadota preparada, mientras estaba sentado en la silla de su escritorio. Su rostro denotaba tristeza, preocupación e impotencia. Estaba tan metido en sus pensamientos que no se percato de que por la puerta del laboratorio entraba una mujer de cabello largo y negro, ojos marrón oscuro y debajo de ellos una ojeras muy marcadas, su piel era muy pálida y estaba vestida con una falda a la rodilla marrón, una blusa de botones beige y unas sandalias de tacón negras.

-¿Orochimaru? Ya estoy aquí. Reacciona-habló la mujer haciendo que el hombre reaccionara y volteara a verla con una sonrisa dulce en su rostro.

-Hola Kate ¿Cómo estás hoy?-preguntaba él, poniéndose de pie y dándole un beso, el cual ella respondió sin objeciones.

-Si, estoy bien ahora. No te preocupes-contestó ella luego de separarse.

Orochimaru miraba a la mujer parada frente a él, estaba más pálida de lo normal, sus ojos iban perdiendo brillo, sus labios estaban secos y pálidos, el cabello lo estaba perdiendo. Él estaba perdiendo a esa mujer que había estado apoyándolo siempre toda su vida.

-Tranquilo Orochimaru, todo estará bien-se notaba lo débil en su voz.

-Si claro. ¿Estas segura de que quieres hacer esto Kate? Aún estás a tiempo-trataba de hacerla recapacitar, un intento inútil de su parte, pues sabía lo terca que era.

-¡Shitón! Claro que estoy segura. Nunca antes lo había estado, cómo ahora-

Luego de eso se besaron otra vez, al momento de separarse ella se sentó en la camilla. Mientras el pelinegro tomaba la inyectadota preparada, se acercó a la mujer y con algo de duda y miedo insertó la aguja en su brazo.

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-$-F/F/B-$-

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-Tanto tiempo desperdiciado y aún no he logrado nada, Kate-habló el profesor mirando por última vez a la "mujer" dentro del cuarto.

Se giró para dirigirse de nuevo a su escritorio, pero al hacerlo, se fijo que la camilla estaba vacía. La chica pelirroja no estaba, lo cual significaba que su experimento había funcionado. En su rostro se iba formando una sonrisa orgullosa, luego comenzó a mirar a todos lados, llamando a la chica por su nombre y caminaba hacia la camilla.

Karin apareció detrás de él completamente desnuda. Pero se podía observar que ya no era la misma chica. Su piel era grisácea y sus pupilas, antes rojas, ahora eran vinotinto y alrededor era color negro. Debajo de sus ojos las venas resaltaban y sus labios se habían puesto de color negro.

El hombre se giró al sentir una presencia tras de él y allí la vio. Pero antes de pronunciar palabra, Karin mostró sus dientes y se abalanzó encima de aquel hombre tirandolo al suelo y comenzando a morderlo, devorando su carne y desbordando la sangre por todo el lugar.

Lo único que en ese sitio se escuchaba, eran los gritos de auxilio de Orochimaru, que cesaron rato después.

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