¿Qué tal chicos? De regreso con un fic un poquito más serio… bueno, así como serio la verdad no estoy segura, pero ya verán ustedes. Culpen al ocio y a mi estómago si es necesario XD

El fic estará en POV de Haruna (¿por qué últimamente me da por escribir con POV de Haruna? O.o es una buena pregunta…), lo que esté en cursivas es un flashback.

Como sea, Inazuma Eleven no me pertenece… de ser así… bueno, ya lo saben XD

Nota: Esta ya es la versión revisada.

¡Disfruten la lectura!


Si hay algo que pudiera nombrar como mi cosa favorita, sería mirar tus ojos. En ellos siempre encuentro algo diferente, algo que siempre capta mi atención, sin cambiar la esencia que me anima a seguir adelante y a amarte.

Como cuando nos conocimos, tu mirada era triste. Es algo que puedo recordar muy bien. Sin embargo, de ello lo que más aprecio es el recuerdo de la vez que pudimos hablar mejor sobre lo que realmente te sucedía…

Fubuki-kun, ¿puedo hacer algo por ti?—dije preocupada. Tú me miraste sin decir nada y simplemente te limitaste a negar con la cabeza.

Descuida Otonashi-san, estoy bien—dijiste seriamente y yo me lancé a abrazarte, no sabía qué estaba haciendo, ni tampoco estaba segura si estaría bien o mal. Lo único que quería era que supieras que yo te apoyaba no importando qué sucedía. Me abrazaste después de pensarlo un poco, lo cual me hizo sentir muy feliz.

Yo estoy contigo, puedes confiar en mí Fubuki-kun—dije en voz baja, tratando de hacerte sentir mejor.

Gracias Otonashi-san, realmente… ¿realmente quieres saber cómo me siento en estos momentos?—dijiste soltándome. Estábamos en el campo de futbol, era de noche. Yo me senté en el pasto y te miré sabiendo que sería una larga explicación.

Sí, de esa manera sabré cómo ayudarte.

Bien… la verdad estoy desesperado, no puedo seguir con esto, Atsuya sigue ahí, diciéndome que no puedo ser perfecto…

Después de eso, tu mirada se transformó, ya no era triste, estabas bien; pero notaba un brillo extraño en tus ojos cada vez que cruzábamos miradas. Era un poco ingenua en esa época, así que puede que no me diera cuenta de que te estabas enamorando de mí, así como yo me fui enamorando poco a poco de ti…

Aki y yo estábamos esperando a que Endo saliera de la práctica. Era el gran día: estaba a punto de confesar lo que sentía por él. Yo, como la buena amiga que siempre he sido, estaba ahí para apoyarla y felicitarla si todo salía bien, o consolarla si las cosas iban mal. Pero de repente, en vez de Endo, saliste tú, sonriendo… y cuando tus ojos toparon con los míos, pude notar como tenían un brillo diferente.

Otonashi-chan—dijiste sorprendido en voz baja, yo sonreí amablemente.

Fubuki-kun ¿todavía está Endo allí?—dije tímidamente, no quería que todo el mundo supiera lo que estábamos haciendo.

¿Por qué?—preguntaste intranquilo, casi preocupado, como si de tu boca fuera a salir un "no me digas que te gusta Endo".

Es cosa de chicas—dije señalando a Aki discretamente, sabía que podías ser mi cómplice.

Ah—respondiste con un cierto alivio y sonriendo—… sí. No te preocupes—dijiste guiñando un ojo. ¡Cómo odiaba que hicieras eso! Me hacías sentir un poco confundida—. Ya me voy… hasta mañana Otonashi-chan.

Hasta mañana Fubuki-kun—dije tranquilamente y te fuiste.

Aki dijo que después de que te alejaste, volteaste y te quedaste mirándome durante algunos minutos. Siendo honesta, no le creí. Realmente quería saber si nuestro distraído amigo correspondía sus sentimientos o no. Creo que incluso grité de la emoción al saber que sí. Fui la mejor amiga más feliz del mundo.

Pero sabíamos que todas esas aventuras llegarían a su fin en algún momento. Yo no quería dejar de verte, de perderme en tu mirada. Y tú, tú no querías despegar tus ojos de mí cuando tuviste que regresar a Hokkaido.

Era un sábado, lo recuerdo perfectamente. Después de muchos entrenamientos, de varios torneos juntos, era hora de seguir adelante; todos iríamos pronto a la universidad. Durante mucho tiempo estuve casi segura de que tú jugarías profesionalmente junto con los chicos, pero decidiste irte a casa.

Bien Fubuki-kun, supongo que es hora de despedirnos, ¿no es así?—dije sin mirarte, no podía hacerlo, estaba conteniendo mis lágrimas lo más que se podía. No quería que me vieras llorar como una niña. Si esa era la última vez que nos veríamos, no quería que me recordaras llorando.

Haruna… yo quisiera saber…

Atención pasajeros con destino a Chitose, favor de abordar por la puerta 5—se oyó por todo el aeropuerto.

Ese es tu vuelo—dije estrechando tu mano, tú te sorprendiste por la manera en que yo estaba manejando la situación—. Fubuki Shiro, fue un placer haber estado estos años trabajando contigo…

Otonashi Haruna, el placer es mío—dijiste conteniendo tus palabras, levanté la mirada y te observé detenidamente. Ya no eras un niño, tampoco eras precisamente todo un hombre, pero te veías bien. Solté tu mano y te di un beso en la mejilla, sonreí y me alejé tratando de contener mis lágrimas.

En ese momento no sabía realmente si nos volveríamos a ver, pero para mí era una despedida certera. Antes de salir de la sala de espera con rumbo a la entrada, giré para ver si seguías ahí. Me sorprendí de verte ahí. Estabas mirándome fijamente, como si esperaras que volteara a verte. Estabas conteniendo la respiración. El aviso de abordar fue lo único que pudo hacer que cada uno de nosotros siguiera su rumbo, aunque mi corazón se había quedado contigo, en la puerta de abordaje.

Aun así cuando nos volvimos a ver, después de varios años, tu mirada hacia mí seguía siendo la misma, como si no hubiera pasado nada de tiempo. Tenías problemas, nosotros estábamos en un bache emocional, y aun así parecía que tú y yo no habíamos cambiado.

Me alegro de que todo haya salido bien, recuperaste tu equipo, incluso tu pequeño kouhai está alegre de nuevo—dije tranquilamente mientras veíamos un atardecer en la torre de metal.

Sí, me recuerda un poco a mí cuando tenía su edad, es un chico muy inteligente y capaz… no es por hacerte sentir envidia, pero es casi tan bueno como yo—dijiste bromeando.

Tendremos que buscar la manera de traerlo a Raimon—dije fingiendo seriedad—, seguramente será un buen apoyo… si aparecen algunos aliens

Los dos reímos por un momento, yo te miré mientras reías y vi que tu sonrisa y tu risa eran genuinos; pero te detuviste cuando te percataste de que te observaba.

¿Sucede algo malo?—preguntaste seriamente, yo negué con la cabeza y sonreí.

Descuida, estaba viendo cómo te había afectado el tiempo… pero por lo visto eres como el buen vino…

Gracias, tú tampoco te quedas atrás…—dijiste en un tono un tanto juguetón.

Nos miramos por un momento. El mundo había quedado atrás, solo estábamos tú y yo, mirándonos a los ojos, como si pudiéramos comunicarnos con ello. Poco a poco nos acercamos, casi como por magnetismo, estábamos a milímetros, pero… yo me alejé, no sabia si estaba cometiendo un error.

Por suerte, siempre has sido alguien constante. Nunca te rendiste conmigo, no importando el tiempo ni la distancia. Realmente, no sé qué hubiera sido de mí ahora si no te tuviera a mi lado. Siempre has hecho que las cosas se vean mejor, incluso si no están saliendo como lo habíamos planeado. Uno de ellos, fue el día en que me pediste que me casara contigo…

Había pasado un año y unos meses de aquella vez en la torre de metal. Me confesaste tus sentimientos una tarde de verano. Y aunque mi hermano no lo tomó muy bien al principio, te dio la bienvenida a nuestra pequeña familia, dejándome en tus manos.

Y es que, después de todo, esto no era un juego solamente, yo sabía y quería que fuera en serio, y por lo visto tú también lo esperabas así...

Todo el día habías actuado raro, te desaparecías con excusas absurdas y después me llevaste casi a rastras a un campo lleno de insectos (lo cual no era tu plan, lo sé, esperabas que estuviera lleno de flores para que fuera romántico); me miraste, con una de las miradas más dulces y profundas que me has dado, te arrodillaste y tomaste mi mano.

Haruna, eres realmente la mujer con quien he planeado vivir toda mi vida, yo te amo, y quisiera saber si aceptarías casarte conmigo—dijiste sin pensarlo, no parecía como si lo hubieras memorizado o si lo hubieras leído; salía desde el fondo de tu corazón…

¡Sí!—dije sin pensarlo, ¿cómo preguntabas? Era obvio que yo quería casarme contigo

Sonreíste y sacaste un pequeño anillo, con un diamante en él y lo pusiste en mi mano, te levantaste y me besaste…

Y recuerdo esa mirada llena de confusión cuando te dije que seríamos padres, te veías tan gracioso que sobran las palabras.

Shiro, tengo algo importante que decirte, estoy embarazada—dije frente al espejo, suspiré y asentí, era la manera correcta de decirlo. Acaba de enterarme hacía unas horas. Oí un ruido sordo y volteé enseguida, eras tú en el suelo—. ¡Shiro! ¿Amor, estás bien?

¿En serio?—dijiste abriendo los ojos, yo me agaché para sostener tu cabeza y asentí sonriendo—. ¡¿En serio?!

Sí, Shiro, es en serio, no jugaría con algo tan delicado…

Haruna…—dijiste sonriendo y me besaste, yo sonreí y te ayudé a levantarte.

Y… serán mellizos—agregué tímidamente. Tú te pusiste más pálido de lo que ya eres—. Hicieron un ultrasonido y hay dos pequeños bebés aquí—dije apuntando a mi vientre.

¿Sabes qué son?—preguntaste aún más emocionado.

Eh, ¿bebés?—dije sin saber qué decir.

Muy graciosa…

Ya lo sé, pero… no, no sé si son dos niñas, dos niños o uno y uno… pero… como sea, quiero que si son niñas, una de ellas se llame Aiko… y si no te molesta… que uno de los niños se llame Atsuya…

Me parece bien…—dijiste mirando al suelo, sabía que estaba tocando una herida que había tomado mucho tiempo en cerrar.

Creo que no fue una buena idea…

No, no te preocupes, de hecho supuse que tal vez querrías algo así en algún momento…

Y en efecto tuvimos un niño y una niña, siempre le atino ¿no es así?

Puedo decir que estos años han sido maravillosos: has sido el mejor esposo del mundo, el mejor padre; aunque sé que te sentiste triste cuando nuestros pequeños tuvieron que dejar el nido, siempre fuiste fuerte, y claro, orgulloso de sus dos hijos que se convirtieron en excelentes personas.

Sé que hemos pasado por momentos difíciles, y que envejecer a nadie le gusta, pero me alegro de que haya sido contigo y no con otra persona. Tú has sido mi apoyo mi querido Shiro.

Y ahora que partes, te agradezco por los buenos momentos que hemos pasado juntos, por todo; por tu cariño, y ya sabes eso, está de más decírtelo ¿no es así amor? Ya te lo he dicho siempre, y sé que aunque no estés, lo diré.

— Gracias por todo, Shiro—digo depositando un beso en tu frente, sonríes débilmente

— Gracias, mi querida Haruna—dices y cierras tus ojos y te vas.

— Mamá…—dice Aiko detrás de mi con los ojos llenos de lágrimas, Atsuya la abraza y ambos vienen a abrazarme

— Tranquilos hijos, papá ya está mejor…

Ambos asienten y los tres lloramos por un rato.

-Más tarde-

Es de noche y estoy en casa, puedo sentir tu vacío, me recuesto y me quedo dormida, sé que aunque no estés físicamente conmigo, por lo menos estarás en mis sueños; mirándome tranquilamente con esos hermosos ojos que tanto amo…


Bueno chicos, espero que les haya gustado, estuvo un poquito largo, pero espero que haya valido la pena :D

Bien, gracias por leer. Nos vemos después.

Bye bye!