PHASE 01: ES TU DECISIÓN

Desde aquella última vez, había pasado una década.

Mis tres hijas ya eran todas unas adolescentes, y aún no me explico cómo es que el destino les otorgó las mismas personalidades que tenían cuando poseían los circuitos vírgenes: Cereza aprendió las artes culinarias no sólo de Japanesse sino de las otras regiones del planeta, profesando desde pequeña su gran sueño: volverse una chef profesional. Zarzamora es muy altiva y practica cual arte marcial se encuentra en su camino, dedicando parte de su tiempo al entrenamiento arduo; y Lima… mi Lima, se preocupa tanto por los tres que está al pendiente de nuestra salud, tanto así que dedica horas enteras leyendo los libros de medicina o biotecnología de la biblioteca distrital, siendo la alumna más aventajada en su clase en esa materia.

Pero, ¿saben que noto? Que el amor que me profesan no es el mismo que demostraban cuando eran marionetas; pero es de esperarse, puesto que las había criado como mis hijas y no como un mentor que al largo plaza se casaría con ellas.

Créanme, no ha sido sencillo para mí educarlas y disciplinarlas durante todo ese tiempo. Al ser el único ser humano en Terra 2 con la misión de cuidar a las tres primeras mujeres clonadas de todo el globo terráqueo, era de esperarse que cometiera algunas novatadas; no obstante, Lorelei siempre estuvo allí para indicarme como proceder y reaccionar ante ciertas eventualidades… y ciertos cambios en su metabolismo.

La primera que experimentó aquel cambio fue Lima (dos meses después de haber cumplido sus once años) y con el temor y la vergüenza más grande del mundo, se me acercó y me dijo que estaba sangrando en un lugar donde antes no lo había hecho. Sonrojado y con la cara del color de un tomate, miré hacia ambas direcciones desde donde estaba sentado para ubicar el teléfono de mi hogar, mientras mi pequeña Lima sollozaba esperando mi respuesta sobre cómo proceder.

Aquel ring demoró unos segundos y mi interlocutora me saludó afablemente.

-Lorelei… necesito hablar contigo.

-¡Estas de suerte!- exclamó y deslizó la puerta de mi casa –Estoy entrando precisamente a tu hogar en estos momentos.

Hilvané un par de palabras para explicarle lo que me había dicho Lima, y Lorelei sonrió divertida ante lo que había ocurrido.

-Es normal, Otaru- me tranquilizó la mujer de ojos verdes y se agachó a la altura de Lima –Es su menarquía.

-¿Menarquía?- repetí confundido y se incorporó.

-Si, el cambio anatómico que le indica a la sociedad que una mujer está lista para poder tener hijos.

Mi corazón dio un vuelco al escuchar esas palabras. ¿Mi pequeña Lima ya podía tener hijos?

-Es normal que reacciones así, ya que los hombres de Terra 2 no saben cómo funciona el cuerpo de una mujer.

-Si… nunca lo aprendimos en la escuela.

Lorelei sacó unos pequeños empaques de color blanco y le indicó a mi pequeña que la acompañara al baño para enseñarle que era lo que debía hacer de ahora en adelante. Como era de esperarse, Lima recuperó su jovialidad habitual y salió de la casa para dirigirse hacia el parque y conseguir algo que brindarle a nuestra visitante.

La terrícola me explicó que aquella hemorragia era menstrual y no demoraba más de una semana, y por obvias razones, mi hija experimentaría cambios en su actitud y en su cuerpo de ahora en adelante, y me aclaró que no era infinito: era un ciclo que terminaba entre los 45 – 55 años. Además, me indicó que como era de esperarse, ella y sus hermanas –cuando la tuvieran- empezarían a experimentar aquel amor que una vez me demostraron, y no el amor pueril que había disfrutado todo este tiempo.

Efectivamente, unos años después le toco el turno a Cereza y Zarzamora, pero no me asusté tanto como la primera vez y supe cómo reaccionar. Zarzamora tuvo el cambio más brusco de actitud porque a cada momento pasaba amargada y no quería colaborar con los quehaceres del hogar, mientras que a mi pobre Cereza los malestares en su vientre y en la zona lumbar la debilitaban y la llevaban a cama cada vez que su ciclo iniciaba. ¡Y eso que es el mismo proceso metabólico para todas y como se manifiesta tan diferente en cada una de ellas!

Esa es una de las tantas anécdotas que tuve al criarlas. Pero la que más me afectó, fue aquella en la que escuché una propuesta que cambiaría nuestras vidas para siempre.

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Yumeji había acompañado a mis hijas a la presentación teatral que realizaba aquel circo que conocíamos desde hace varios años. Yo tuve que quedarme en casa porque Hanagata -por estar pendiente de su sueño de ser artista frustrado- no realizó los arqueos de caja diarios, y eso me tenía de mal humor. Además, las ventas de aquella semana se habían duplicado y era mucho dinero que contar. En ese momento, un sirviente me interrumpió para avisarme que tenía una visita.

Bajé las escaleras y me encontré en la sala con un viejo conocido.

Entre los dos habíamos tomado un par de bebidas alcohólicas y conversado durante varias horas sobre su trabajo como nuevo administrador del circo que había llegado a Japanesse, y me había mencionado que por respeto a los animales, ya no ofrecían espectáculos con ellos sino presentaciones de contorsionistas, ilusionistas y escenas teatrales de gran magnitud. Algo así como el tal mencionado Cirque du Soleil que le agradaba tanto a la "única" mujer de Terra 2.

-No creo que hayas venido solo a conversar sobre el circo, ¿O sí, Ayashi?- le pregunte capciosamente, tratando de averiguar sus intenciones.

Por mucho que nos conociéramos desde hace mucho tiempo, algo en él no me agradaba.

Aquel muchacho, que tenía la misma edad que yo, dejó la taza de sake sobre la mesa y me miró fijamente.

-Otaru, eres afortunado al ser el único hombre en criar a las tres primeras mujeres de Terra 2- me halagó –Y por eso, vengo hasta tu hogar para que me permitas que también sea el primer hombre que disfrute esa misma felicidad.

Agudicé la mirada, intentando entender a lo que se refería.

-Otaru Namiya… vengo ante ti, para pedir la mano de tu hija Zarzamora en matrimonio.

Quedé anonadado ante lo que había escuchado. ¿Si escuché bien? ¿Matrimonio? ¿Zarzamora? Aunque no debí sorprenderme demasiado: Ayashi siempre estuvo enamorado de mi pequeña pelirroja y después de haberse enterado de que había revivido como ser humano, la quiso aún más.

Suspiré profundamente y coordine mis pensamientos.

-Yo puedo darte mi aval, Ayashi; pero quien debe decidir si quiere estar contigo… es Zarzamora.

-Lo sé, pero si tengo tu consentimiento por ser su padre también será algo importante para mí.

¿Qué me estaba pasando? ¿Tenía miedo de perder a mi hija? O… a la que podría ser también mi compañera sentimental?

En ese momento, las tres chicas entraron y se percataron de la presencia del hombre de traje y corbata de cabello verde corto con algunos visos azabaches. Zarzamora se alegró al reconocer al administrador del circo y un fuerte abrazo hacía él le iluminó su mirada y su voz.

Ayashi la visitaba todos los años y la invitaba a pasar tiempo con él y con los compañeros del circo que aún laboraban en él; todos quedaban impresionados al igual que yo de que su personalidad conservara las mismas características de cuando era una marioneta, y de la empatía que había logrado con cada uno de ellos, como si el tiempo nunca hubiera avanzado. Como era de esperarse, Zarzamora le tenía un gran cariño a Ayashi, y cuando supo el motivo por el cual en esta ocasión los visitaba, ella quedó igual de sorprendida que yo.

-¿Ca… casarnos?- tartamudeó sonrojada la posible prometida.

Mi Cereza estaba roja al escuchar la propuesta de matrimonio de su hermana, mientras Lima veía aquella escena con la misma ingenuidad que la caracterizaba; yo permanecía en silencio, con los brazos cruzados.

-Otaru…- me susurró Lima –Si Zarzamora se casa… ¿no vivirá con nosotros, verdad?

Yo asentí dándole la respuesta a la pregunta de mi hija, y sentí como su rostro se puso algo triste.

-No me tienes que dar una respuesta ahora, Zarzamora- le tranquilizó Ayashi y se levantó de su asiento, posando una mano sobre la cabeza de la chica –Piénsalo bien y mañana al anochecer me das tu decisión: te esperaré en la entrada del Palacio Imperial de Japanesse

Aquel muchacho se despidió de nosotros, dejándonos un presente a cada uno, y el ambiente se puso algo tenso, porque todos veíamos la sorpresa de Zarzamora ante semejante proposición. Intuyendo lo que yo quería hacer, Cereza se levantó del puesto y le pidió a Lima que la acompañara a la cocina a preparar la cena de esa noche, dejándonos solos.

De repente, la pelirroja de ojos rojos interrumpió el silencio.

-Papá… ¿Qué crees que debo hacer?- me preguntó con un tono infantil.

Yo sonreí, y me senté a su lado, atrayéndola hacia mí en un abrazo.

-Tú lo quieres, ¿verdad?

-Si.

-¿Y quisieras vivir con él?

Zarzamora dudó.

-¿El me cuidaría igual que tú?

-Posiblemente… y hasta mejor- lo halagué, al notar sus buenas intenciones.

-¿Y tú quieres, papá?

En ese momento la abracé más fuerte, y le di un beso en la frente.

-No quisiera, Zarzamora; pero tu felicidad está primero. Y sé que Ayashi te querrá y te cuidará igual que yo, hija. Además…

-¿Además?- me miró fijamente.

-No debo ser egoísta: acepté ser tu padre… y así lo será.

Zarzamora me sonrió y se refugió en mi abrazo, cuando noté que Cereza y Lima nos veían en la distancia, con la mirada de aprobación de una decisión que era la más conveniente para su felicidad.

Pero… ¿Esto tenía que pasar? Lorelei nunca me mencionó nada al respecto.

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(15/03/2012): Notas de autora: Hola nuevamente! Hoy traigo ese corto fic sobre Saber Marionette, después de ver nuevamente y recordar el final de la saga J to X. ¿Se imaginan a Otaru sobrellevando la sensibilidad y los cambios de humor que experimentamos cuando nos llega "ya saben quien"? Por otro lado, ¿Qué podrá más en Otaru: su razón como padre, o su corazón como "conyugue" de las chicas? Es un gran dilema moral. De pronto no lo reflejé como pensaba, pero espero que en el siguiente y último episodio lo describa mejor. Nos vemos hasta entonces.