Capitulo 1

- Señor Grandchester, aquí está la correspondencia.

- Gracias, Donna – Le hiso una seña a su ama de llaves para que se retirara.

Terrence Grandchester, el gran actor de Hollywood, se encontraba tumbado en la cama de su habitación, vestido solamente con un albornoz azul que dejaba entrever los bien formados músculos de su pecho. El piso de la habitación estaba repleto de botellas de alcohol, vacías. Solo le quedaban vagos recuerdos de la fiesta de la noche anterior, sentía que su cabeza estaba a punto de estallar.

Se levantó de la cama, y se dirigió hacia la mesita donde Donna había dejado la correspondencia, junto con un frasco de aspirinas y un vaso de agua. Terry sonrió, nadie lo conocía mejor que Donna, esa mujer rechoncha de grandes ojos marrones que siempre estaba allí cuando él la necesitaba. Abrió el frasco y sacó dos aspirinas, que se las tomó junto con el agua, después tomo la pila de cartas. La mayoría no tenía importancia, pero había una en especial que le llamó la atención, la dio vuelta para ver el remitente.

- Que raro – Se dijo – Colegio San Pablo... ¿Por qué me enviarán una carta?

Con el sobre en la mano, Terry caminó hacia la cama y volvió a tumbarse, no podía mantenerse mucho tiempo en pie.

Se pasó la mano por su espeso cabello castaño, abrió el sobre con cuidado, y sacó la carta que se encontraba dentro. Entrecerró los ojos para intentar leer, aún estaba mareado y sus reflejos no eran buenos. Solo eran unas pocas líneas, que lograron sacar una sonrisa melancólica del rostro de Terry.

- Así que una reunión de reencuentro... Me pregunto qué habrá sido de mis viejos compañeros...

Terry no había vuelto a tener noticias de sus amigos desde el día de su graduación, después de ello, decidió mudarse a Los Ángeles para convertirse en un gran actor, a pesar de las protestas y amenazas de su padre, quien quería que estudiase en la universidad, y se encargara de la empresa de la familia. Terry prefería estar muerto a llevar la misma vida que su padre, él no había nacido para pasar sus días detrás de un escritorio, negociando contratos. No, él no deseaba eso para su vida, él quería ser famoso, quería que la gente lo reconociera al caminar por la calle, y lo había logrado. Pero todo se le había ido de las manos.

Al llegar a Los Ángeles, no le había resultado difícil conseguir un pequeño papel en una película. Su extrema belleza, con sus profundos ojos azules, y su gran talento, le habían abierto muchas puertas, hasta lograr conseguir los papeles protagónicos más deseados por todos los actores de primera línea. Pero su vida llena de excesos, lo habían llevado casi hasta el borde de la destrucción.

Tenía tan solo 19 años de edad cuando su carrera como actor despegó vertiginosamente, y a partir de ese momento, su vida había cambiado. Tenía todo con lo que siempre había soñado, una carrera exitosa, fama, dinero y todas las mujeres que podía desear. Y lo había conseguido todo tan rápido que comenzó a volverse en su contra. Ya no había nada más por lo que luchar, nada que conseguir ¿Cómo se sigue adelante cuando ya no hay nuevos sueños que cumplir? Esa era la pregunta que atormentaba a Terry día y noche, aún le quedaba toda una vida por delante, una vida en la cual no podría conseguir nada más de lo que ya había conseguido, simplemente porque ya lo había hecho todo.

De esa manera, la carrera de Terry comenzó a decaer. Los medios de comunicación comenzaron a acosarlo, lo perseguían a donde quiera que él fuera, lo habían filmado muchas veces a las salidas de las fiestas, borracho, y algunas veces drogado, en peleas y otras situaciones. Pero, sin duda, la debacle en su carrera, había venido acompañada con la aparición de un video erótico que lo involucraba a él. La joven que aparecía en aquel video, teniendo relaciones sexuales con Terry, era menor de edad. Él había caído en la trampa como un estúpido, todo había sido armado por la muchacha para saltar a la fama. El video salió a la luz, y Terry no solo tuvo problemas en su carrera, sino que también tuvo que pagar una gran suma de dinero a la familia de la menor para evitar ir a prisión, acusado de abuso de menores. Los padres de la joven lo habían llevado a juicio por haber "mancillado la reputación de su hija", cuando el objetivo de ellos había sido enriquecerse a costa de Terry, y su jugada había salido bien, pero en el camino, habían destruido la carrera de otra persona. Aunque la muchacha había logrado conseguir sus quince minutos de fama, aparte de una pequeña fortuna.

Terry dejó de recibir propuestas para interpretar los papeles protagónicos en las películas, y ya casi no tenía ofertas de ningún tipo. Los medios de comunicación habían sido en extremo crueles con él, y dejó de ser invitado a los eventos importantes del ambiente. Su representante, Robert Hattaway, había hecho hasta lo imposible para reconstruir la carrera de su cliente, pero Terry no ayudaba mucho. Seguía llevando una vida descontrolada, y los periodistas no dejaban de acosarlo.

Terry volvió la vista a la invitación que sostenía en sus manos. Muchos recuerdos de su adolescencia vinieron a su mente. Aquellos habían sido los años dorados ¿Qué habría sido de sus amigos? Sintió cierto remordimiento al recordar la forma en que los había hecho a un lado al convertirse en una persona famosa. Archie, Stear y Tony siempre habían estado con a su lado en todo momento, y él no había sabido valorar su amistad. Se preguntó si asistirían a la fiesta de reencuentro. Volvió a mirar la fecha que figuraba en la invitación.

- 18 de enero – Leyó en voz alta – Aún faltan dos semanas...

Terry lo pensó unos minutos, luego tomó el teléfono y marcó el número de su representante.

- Diga – Contestó una voz ronca detrás de la línea.

- Robert, soy Terry

- ¿Qué sucede, muchacho? ¿Volvieron a filmarte saliendo borracho de otra fiesta? – Robert ya se había cansado de la actitud de Terry, por más que lo había intentado, no conseguía hacer reconsiderar a Terry sobre el modo en que estaba tirando por la borda su futuro como actor.

- No es nada de eso, Rob

- Entonces... ¿Qué problema tienes?

- No tengo ningún problema, solo llamaba para ponerte al corriente de mis planes.

- ¿De tus planes? No me asustes – Le dijo con desconfianza.

- Tranquilo, no es nada malo

- ¿De qué se trata, entonces?

- He estado pensando en retirarme por un tiempo de los medios

- ¿Y eso?

- Volveré a Nueva York. Me hará bien estar alejado de todo este circo, y podré reconsiderar el futuro de mi carrera, además, hace mucho tiempo que no veo a mi familia, mi madre insiste en que vaya a visitarlos.

- Pues... tal vez sea una buena idea que desaparezcas por un tiempo, al menos hasta que se tranquilice el asunto del video – Le dijo con reproche.

- Sabía que lo entenderías – Terry rió sonoramente.

- Solo pórtate bien, recuerda que tu carrera está a un paso de la destrucción total.

- Haré lo que pueda

- No me provoques, muchacho

- No te preocupes – Le dijo, entre risas – Me portaré bien.

- Eso espero – Robert suspiro profundamente – Vete a tu casa y diviértete, pasa tiempo con tu familia, cuando vuelvas intentaremos resurgir tu carrera.

- Claro que sí, hasta luego, nos veremos a mi regreso.

- Hasta luego, te mantendré al tanto de todo lo que suceda en tu ausencia.

Terry colgó el teléfono y sacó una maleta de su armario. Comenzó a empacar sus cosas y llamó a la compañía aérea para reservar un boleto de avión con destino a Nueva York para ese mismo día. Luego se comunico con su madre para avisarle que le preparan su antigua habitación.

Eleanor se había puesto más que feliz al escuchar que su único hijo iba a quedarse un tiempo con ellos. Desde que él se había mudado a Los Ángeles, su relación no había sido tan cercana como lo era cuando Terry era más joven. Su madre lo extrañaba e iba a visitarlo periódicamente, pero no era lo mismo que antes. Lo había apoyado en todo lo que hacía, aunque a veces no estaba de acuerdo con sus acciones, pero una madre debe defender a su hijo por sobre todas las cosas.

Su padre, por el contrario, había enfurecido al enterarse de la decisión de Terry de convertirse en actor. No había querido verlo ni hablarle por años, pero había terminado por ceder ante la constante insistencia de su esposa. Después de todo, no dejaba de ser su hijo, y lo amaba a pasar de sus errores.

- Entonces, Donna... Quedas a cargo de la casa – Le dijo Terry al ama de llaves, con su maleta ya preparada.

- No se preocupe, joven – Le contestó, con tono maternal – Todo estará en orden cuando usted regrese.

Terry le dio un tierno beso en la mejilla y tomó el taxi que lo estaba esperando para llevarlo al aeropuerto.

En el camino, iba pensando cómo serían las cosas después de nueve años de ausencia. Le había entrado un repentino interés por volver a ver a sus viejos compañeros de clases, a sus amigos, y a todos ellos con quienes había compartido aquella maravillosa época de su vida.

ooo

Candice White Andrey había llegado a su casa después de una agotadora jornada de trabajo, pero cada día que pasaba, era para ella como un pequeño triunfo en su vida. Había recorrido un largo camino para llegar a convertirse en la directora del Hospital Saint Bartholomew. Al terminar la escuela, había entrado a la universidad para estudiar medicina, y se había recibido con mención honorifica. Luego había comenzado siendo residente en el Saint Bartholomew, para luego subir de posición. Estaba feliz por todo lo que había conseguido, pero aún había algo que faltaba en su vida.

- ¡Tía Candy! ¡Tía Candy! – Dos pequeñas niñas idénticas, de siete años de edad, habían salido corriendo de la preciosa casa de estilo inglés, antes que Candy pudiera poner la llave en la cerradura. Mandy y Melany eran dos rubias de enormes ojos celestes, iguales a los de su padre, pero tenían en su nariz, miles de pecas que habían heredado de su tía. Las pequeñas se arrojaron a los brazos de Candy y la llenaron de besos – Te estábamos esperando – Le dijo Mandy, la más revoltosa de las dos.

- ¿En serio? – Le preguntó ella, poniéndose a la altura de las gemelas. Candy adoraba a esas niñas, siempre había querido tener hijos, pero nunca había encontrado al hombre adecuado.

- Si – Esta vez fue Melany quien habló – Te ha llegado una carta, y Mandy y yo la hemos abierto y... – La niña se tapo la boca con las manos, sabiendo que acababa de descubrirse en algo que no había estado bien.

- ¿Qué han abierto mi correspondencia? – Candy puso sus brazos en jarra, fingiendo estar enojada.

- Eres una chismosa – Le reprochó Mandy a su hermana.

- Lo siento tía, no quería que te dieras cuenta – Candy rió ante las ocurrencias de sus sobrinas, eran lo más preciado que tenía.

- Entonces... ¿Qué decía la carta?

- ¡Era una invitación a una fiesta! – Exclamó Melany, entusiasmada, olvidando la travesura que acababa de cometer. Candy se preguntó de qué fiesta se trataba, pero antes de que pudiera preguntarles algo más a sus sobrinas, una hermosa mujer alta y rubia apareció tras la puerta.

- ¡Oh Candy, lo siento tanto! – Levaba en la mano un sobre abierto bruscamente, debía ser la invitación de la que le habían hablado las pequeñas – Traje a las niñas porque querían verte, pero estaba distraída cuando ellas comenzaron a revisar la correspondencia.

- No te preocupes, Jane – Le dijo a su cuñada con una sonrisa en el rostro – Yo también tenía muchas ganas de verlas.

- He preparado un poco de té, debes estar cansada.

- Si, gracias

Entraron a la casa con las niñas revoloteando a su alrededor. Candy dejó su bolso sobre un sofá y se sentó a la mesa, donde Jane había servido dos tazas de té para ellas, y dos vasos de leche para las gemelas, además de un plato de galletas de chocolate.

Candy tomó la carta que había quedado sobre la mesa, y comenzó a leerla.

- ¿De qué se trata? – Le preguntó Jane – Las niñas dijeron que era una invitación a una fiesta.

- Si – Contestó desanimada – Es una invitación a una reunión de ex alumnos del Colegio San Pablo.

- No te veo muy contenta – Dijo Jane, al ver la expresión de Candy.

- No es eso... es que no esperaba algo así, eso es todo – La verdad era que, al terminar la escuela, no había esperado volver ver a sus antiguos compañeros, si bien sí había mantenido el contacto con sus amigos, aunque no se veían muy seguido. Annie había estudiado psicología, y tenía un consultorio cerca del hospital donde trabajaba Candy, tal vez ella era con quien más relación tenía. Patty había logrado bajar de peso y se había convertido en una modelo muy conocida, viajaba mucho, y por eso ya no tenían la misma relación que antes. En cuanto a Tom, el se había convertido en un reconocido arquitecto y tenía una compañía de construcciones muy exitosa. Las cosas habían resultado bien para los alumnos menos populares del Colegio San Pablo.

- ¿Entonces no asistirás a la fiesta? – Quiso saber Jane.

- ¡Claro que sí! – Fue Mandy quien contestó.

- ¡No puedes perderte una fiesta! – La secundó Melany.

- Esta es una decisión que debe tomar su tía, no ustedes

- Pero mamá...

- Pero nada – Dijo Jane firmemente – Vayan a ver televisión mientras yo hablo con Candy.

- Esta bien...

Las gemelas hicieron caso a su madre y fueron a ver la televisión a la sala. Una vez solas, Jane cuestionó a Candy.

- Dime la verdad... ¿Hay algo que te preocupa?

- No, claro que no... Es solo que...

- ¿Qué pasa?

- No tengo muy buenos recuerdos de mi época de estudiante.

- No debes dejar que eso te afecte – Jane sabía cómo había sufrido su cuñada cuando iba al colegio – Ahora tienes la posibilidad de demostrarle a todos aquellos que te lastimaron en la mujer que te has convertido.

- ¿Sabes algo, Jane? Tienes razón. Iré a la reunión.

Una vez que su cuñada y las niñas se fueron, Candy subió hasta su dormitorio y se puso su camisón blanco de seda. Estaba sentada en el tocador, cepillando sus largos rizos rubios, cuando el reflejo de un libro negro en el espejo llamó su atención. Se puso de pie y fue a buscarlo. Era su anuario.

Candy se sentó en la cama con el libro sobre su regazo y acaricio la portada, con temor de abrirlo, y al mismo tiempo, descubrir viejas heridas. Con cuidado lo abrió y fue pasando las paginas, hasta encontrarse con una foto suya a los 17 años. No podía creer que esa muchacha desaliñada fuera ella. La joven que veía en la foto representaba todos los tormentos que había tenido que vivir cuando era adolescente. Sus verdes ojos estaban escondidos tras unas gruesas gafas, y su rebelde cabello lo llevaba recogido en dos coletas, pero lo peor era su sonrisa arruinada por unos horrorosos brackets, que había tenido que llevar durante toda su adolescencia.

Ahora se veía en el espejo, y era una mujer completamente diferente. Su cabello había tomado forma, y ya no lo llevaba atado; se había operado la vista, con lo cual había podido deshacerse de las gafas; varios años atrás había acudido al dentista para que le quitara los brackets, y ahora podía lucir una hermosa sonrisa con una dentadura blanca y perfecta; y había cambiado completamente su vestuario, ya no llevaba ropa holgada y de colores apagados, ahora se vestía a la moda. Nada tenía que ver con la joven que había sido en otros tiempos, se había convertido en una mujer hermosa y exitosa.

Siguió pasando las páginas, hasta toparse con la foto de un joven de ojos azules y cabello castaño.

- Terry – Susurró Candy, acariciando la foto tiernamente – Nunca he logrado olvidarte del todo.

Candy había seguido en secreto la carrera de Terry, siempre compraba los periódicos y las revistas donde él salía. Le había alegrado saber que había logrado cumplir su sueño de convertirse en actor, pero no le había gustado escuchar todas aquellas noticias que lo catalogaban como un borracho y drogadicto. Y después había salido a la luz aquel video, Candy nunca quiso verlo, Terry había sido su gran amor, y aunque nunca lograra estar con él, le dolía verlo con otras mujeres. Ella esperaba sinceramente que su carrera repuntara. Se preguntó su Terry iría a la fiesta de reencuentro y rió frente a esa ocurrencia, él era un actor famoso ahora, no tenía tiempo para perderlo en cosas así.

Candy cerró el libro y volvió a colocarlo en su lugar.

Se fue a dormir, pensando en que debía salir de compras si quería estar esplendida para esa noche, donde mostraría a sus antiguos compañeros, la mujer en la que se había convertido.

Continuará...


Para todas aquellas que me pidieron que continuará con esta historia, acá esta el primer capítulo. Si les gusta, en el próximo se producirá el encuentro entre los personajes... Avísenme si quieres saber que fue de los demás y cómo será el encuentro entre Terry y Candy.

Besossss