Capitulo 4

Terry se quedó parado en medio del aparcamiento, viendo como se alejaba el Jaguar verde. Aún no caía en la cuenta de que una mujer lo hubiera rechazado, pero sobretodo aquella mujer, a la cual él había rechazado años atrás. Debía admitir que, de no ser porque la profesora de matemáticas le había asignado a Candy como tutora, jamás hubiera notado su presencia, pero que culpa tenía él si ella no se hacía notar de algún modo. Sea como sea, Candice White Andrey se había transformado en un desafío personal, y él siempre conseguía lo que quería.

- ¿A qué has venido? – Peguntó una voz hostil a sus espaldas. Terry volteó para encontrarse con su viejo amigo.

- Archie...

- No tienes ningún derecho de estar aquí ¿Por qué no te marchas?

Terry nunca imagino tal rechazo por parte del que, en otros tiempos, había sido su mejor amigo. Sabía que no iban a recibirlo con los brazos abiertos, pero al menos esperaba que le dieran la oportunidad de explicase.

- Lo siento mucho – Dijo agachando la cabeza.

- ¿Qué lo sientes? – Archie rió irónicamente – ¡El gran Terrence Grandchester está disculpándose! ¿Quién lo diría?

- Se que los he defraudado pero ¿Qué quieres que haga? No puedo volver el tiempo atrás, créeme que si pudiera haría las cosas de otra manera ¡Pero ya es tarde!

- En eso estamos de acuerdo, es demasiado tarde para cambiar las cosas.

- Nunca vas a perdonarme ¿Verdad?

- No

- Entonces no hay nada más que hablar – Terry se dio la vuelta, dispuesto a irse.

- Te equivocas, hay una cosa más que quiero decirte.

- Dime...

- No quiero que te acerques a Susana

- ¿Porqué iba yo a acercarme a Susana? – No tenía intención de volver con su ex novia, pero le molestaba que Archie se creyera con derecho de decirle lo que debía o no hacer.

- Vi como la besabas – Terry le estaba dando la espalda, por lo que no pudo ver la expresión de rencor que apareció en el rostro de Archie al recordar aquella escena, pero le extrañó que le estuviera planteando ese hecho.

- ¿Por qué te molesta que la bese?

- ¿Es que aún no lo sabes? – Le preguntó con un tono burlón – Amo a Susana, siempre la he amado.

- Y me acusas de no haber sido un buen amigo, cuando tú deseabas a mi novia – Terry nunca se había dado cuenta de los sentimientos de Archie, le hubiera gustado que se lo dijera antes, ahora se sentía como un imbécil.

- Estamos a mano

- Quédate con Susana – Dijo Terry, furioso – Yo no la quiero – Continuó caminando, sin darse la vuelta para despedirse de su ex amigo.

Archie se quedo unos segundos parado afuera, hasta que decidió volver a la fiesta. Entró al salón y busco con su mirada a su hermano o a Tony, necesitaba urgentemente hablar con alguien, pero no los encontró. Entonces se dirigió hacia la mesa de bebidas y se sirvió una copa de champagne, a lo lejos pudo divisar a Susana, bailando muy pegada con otro hombre, tenía ganas de correr y sacarla a rastras del lugar, pero se contuvo y continuó bebiendo, hasta que el alcohol empezó a subírsele a la cabeza. Una mujer muy bonita se le acercó con una sonrisa en los labios.

- Hola, Archie

- ¿Te conozco?

- Soy Annie Britter – Pero él seguía sin reconocerla - Íbamos a la misma clase, me copiabas en algebra.

- ¿Vienes a reclamarme después de nueve años?

- Claro que no – Le dijo ella, coqueta – Quería decirte lo guapo que estas hoy.

- Gracias

- Siempre me gustaste

- ¿En serio? – Archie la miró mejor, en verdad era muy bonita. Acercó su rostro un poco más a ella - ¿Y qué te parece si vamos a un lugar más privado?

- Me parece una excelente idea – Annie lo tomó del brazo y comenzó a jalarlo hacia la salida, estaba feliz por haber logrado lo que había querido, y ni siquiera tuvo que hacer un gran esfuerzo.

ooo

Candy había llegado a su casa completamente consternada, no podía creer que acababa de estar con Terry, nunca creyó volver a verlo, pero él estaba allí, en Nueva York, y no sabía por cuánto tiempo se quedaría.

Se había enfurecido cuando él no la reconoció, pero Terry se disculpó y se comporto como un verdadero caballero, descontando el momento cuando la arrastró hacia la pista de baile, cuando la acusó de mantener una relación con Tom y cuando le gritó sin motivo alguno. Pero lo peor de todo, era ese cosquilleo que había sentido en el estomago cuando la tomó por la cintura, a pesar de los años, el cuerpo de Candy no había olvidado a Terry. Pero no quería pensar en aquello, él volvería a irse y la vida de ella seguiría como siempre, probablemente, en esos momentos Terry estaría a bordo de un avión con destino a Los Ángeles.

Candy se puso su camisón y se recostó en la cama, una lucecita en el teléfono que estaba en la mesita de luz, le hiso saber que tenía un mensaje. Apretó el botón y escuchó la voz de su madre.

- Candy... Sé que no estás ahí, solo quería recordarte de la reunión de mañana al mediodía. No olvides traer tu pastel de chocolate, sabes que a las niñas les encanta... bueno solo era eso. Te quiero.

Candy soltó una risita, era típico de Rosemary recordar a su hija de las reuniones familiares unas cuantas horas antes, aunque sabía que ella nunca lo olvidaría. Esas reuniones eran muy importantes para Candy, puesto que gracias a su trabajo, no le quedaba demasiado tiempo para visitar a su familia, y llegaba a extrañarlos muchos. Esa mañana había preparado su pastel de chocolate, el único que les gustaba a sus sobrinas, y ella haría cualquier cosa por complacerlas.

Al otro día, Candy se despertó alrededor de las once de la mañana, un horario poco común para ella, tomó una ducha y se vistió con un vestido veraniego color amarillo. Sacó el pastel de la nevera y lo envolvió para que no se dañara. Se subió a su Jaguar y se dirigió a casa de sus padres.

Rosemary y William vivían en una hermosa mansión en uno de los mejores barrios de Nueva York, allí era donde se había criado Candy de pequeña, pero hacia un par de años le había llegado la hora de abandonar el hogar familiar. Aparcó detrás del Mercedes Benz de su padre, y se dirigió hacia el parque trasero, donde su familia estaba reunida. Su madre fue la primera en saludarla.

- Candy – Le dio un fuerte abrazo – Veo que has traído el pastel – Al oír la palabra "pastel", las mellizas se acercaron corriendo e intentaron trepar por el vestido de Candy.

- Danos el pastel, tía – Le exigió Mandy.

- ¡Niñas, por favor compórtense! – Dijo Jane, acercándose a ellas.

- Pero mami... Queremos pastel – Dijo Melany, con un puchero.

- El pastel es para después de la comida

- ¡Pero lo queremos ahora! – Candy se puso a la altura de ellas, no sin antes entregarle el pastel a su madre, por las dudas.

- Podrán comer todo el pastel que quieran, pero después de almorzar. Su abuelo ha hecho un gran esfuerzo para hacer esta barbacoa, imagino que no querrán que se sienta mal ¿Verdad?

- No – Dijeron las pequeñas al mismo tiempo.

- Entonces vayan a lavarse las manos, que en unos minutos estará la comida – Les advirtió Rosemary.

Las pequeñas corrieron a hacer lo que su abuela les había indicado, cuanto antes almorzaran, más rápido comerían pastel.

- ¡Cada día están más rebeldes! – Exclamó Jane.

- No me extraña – Dijo Rosemary – Albert era igual a esa edad, a veces me era imposible controlarlo – Las tres mujeres dirigieron su mirada hacia donde Albert y William estaban preparando la barbacoa, eran muy parecidos, los dos rubios y de ojos azules. Pero Candy, sin duda, era la copia exacta de su madre.

- Yo no era tan revoltosa – Comentó la rubia.

- Claro que no, mi amor – Le dijo su madre con cariño – Tú eras la niña más dulce y linda del mundo.

- Podemos dejarlo en "dulce"

- Pero Candy... siempre fuiste hermosa

- Mamá... ambas sabemos que eso no es cierto – Le sonrió tiernamente – Pero me alegra que me consideraras una niña linda.

- Es que para mí siempre lo has sido

- ¿De qué están hablando? – William y Albert se acercaron a saludar a Candy.

- Solo le decía a tu hija lo hermosa que era de niña

- Si claro... – Dijo Albert, burlonamente – Sobre todo con los anteojos de anciana y los brakets.

- ¡Albert! – Lo reprendió su madre – Discúlpate con tu hermana.

- De acuerdo... Lo siento Candy, en verdad eras preciosa.

Ella rió, ya estaba acostumbrada a ese tipo de bromas con su hermano, la verdad no le molestaba, sabía que Albert haría cualquier cosa por defenderla.

- Por cierto, pequeña – Le dijo su padre - ¿Cuándo piensas casarte? Ya tienes edad para formar una familia... no queremos que nos dejes sin nietos.

Ahí iba de nuevo... amaba a su padre, pero si había algo que le molestaba de él, era la forma en que la presionaba constantemente para que se casará.

- Papá... casarme aún no está dentro de mis planes – Esa era la respuesta que siempre le daba, pero naturalmente no lo satisfacía.

- Estoy seguro que debes tener unos cuantos candidatos dispuestos a llevarte al altar.

- Si los tengo o no, no voy a decírtelo.

- ¿Estás saliendo con alguien?

- Te dije que no te lo diría.

- Solo quiero saberlo, porque como ya te lo he dicho...

- El reloj biológico puede detenerse – Repitió las palabras que su padre solía decirle – Lo sé, papá, pero no me agrada que me presiones.

- Conozco a alguien – William ya había pasado al segundo nivel de su juego favorito "Casen a Candy"- Es el hijo de Frank Peters... recuerdas a Scottie ¿Verdad?

- ¿Ese chico raro que se ponía orejas de duende?

- Creí que te gustaba Star Trek...

- Me gusta la serie... no los chicos que se disfrazan de Spock

- ¿Y si le cambiáramos la ropa?

- Papá, no insistas... no voy a salir con Scottie.

- ¿Estás segura? Porque le he hablado de ti y está ansioso por volver a verte.

- ¡Papá!

- De acuerdo... Le diré que no podrás ir a la convención superhéroes el martes por la tarde... Porqué no quieres ir ¿Verdad?

- ¡No!

- Bien, bien... entonces iré a ver si esta lista la barbacoa – William de marchó, seguido de Albert.

- No le hagas caso a tu padre... le he dicho mil veces que no tiene que presionarte, pero ya sabes cómo es él.

- No te preocupes mamá, ya me he acostumbrado.

La familia se sentó a lo largo de la mesa del jardín, y comieron y chalaron amenamente. A pesar de todo, Candy amaba esos momentos, la familia era lo más importante que tenía.

Aún no se había atrevido a comentarles a sus padres, acerca de su idea de realizarse una inseminación artificial, no sabía como ellos reaccionarían. Su familia era muy tradicionalista, Candy debía casarse de blanco antes de engendrar un hijo, pero ella tenía pensado obviarse ese paso, tal vez para siempre. Estaba casi segura que sus padres no se lo tomarían bien, pero no quería perder la oportunidad de ser madre.

Después de la comida, Rosemary les permitió a las niñas comer el pastel, acabándolo prácticamente ellas solas. Su madre les había advertido que comieran con cuidado, pues depuse de un atracón así, las pequeñas solían llegar a su casa con fuerte dolores de estomago, pero como siempre, ellas no le hicieron caso.

ooo

Era lunes, y Candy había vuelto al trabajo. Los lunes siempre eran los días más agotadores, pues debía encargarse del trabajo acumulado el fin de semana. Escuchó unos golpecitos detrás de la puerta.

- Adelante – Fue su secretaria la que entró, tenía una expresión rara en el rostro.

- Doctora Andrey... Hay alguien que quiere verla

- ¿De quién se trata?

- De mí – Fue Terry quien apareció, con un ramo de rosas en las manos, la secretaria lo miraba embelesada – ¿Puedes dejarnos solos? Luego te firmo un autógrafo – Le guiñó un ojo y ella se acaloró.

- Claro que sí, señor Grandchester... Con permiso – Dijo torpemente, cerrando la puerta tras ella.

- ¿Qué haces aquí? – Le preguntó Candy, indignada por la forma en la que acababa de actuar con su secretaria.

- Vine a visitarte – Se acercó a ella, y le dio el ramo – Son para ti.

- Gracias – Dijo Candy, tomando el ramo y dejándolo sin el más mínimo cuidado sobre el escritorio - ¿Solo era eso?

- No

- Entonces dilo y vete

- ¿Por qué tan agresiva? – Le preguntó, riendo.

- No estoy agresiva, pero tengo mucho trabajo... imagino que tu también lo tienes ¿Porqué no estás en Los Ángeles encargándote de tus asuntos?

- Porque he decidido tomarme unas vacaciones

- ¿Y cuánto tiempo piensas quedarte en Nueva York?

- El tiempo que sea necesario

- ¿Necesario para qué?

- Necesario para que aceptes salir a cenar conmigo

- Pues... lo mejor será que regreses a Los Ángeles si eso es lo que te retiene aquí

- ¿Saldrás conmigo?

- No

- Entonces me quedo

- ¿Por qué quieres que salga contigo? – Le preguntó cansinamente.

- Porque quiero conocerte mejor

- Tuviste tiempo de sombra para conocerme en la escuela – Le espetó con cierto resentimiento – ¿Por qué ahora?

- Porque he cometido muchos errores hace nueve años – Le dijo sinceramente – Pero nunca es tarde para volver a empezar.

Candy lo miró fijamente, parecía estar diciendo la verdad, tal vez debería darle la oportunidad de conocerla mejor, pero esta vez sería ella quien pondría las reglas, y no iba a dejárselo fácil.

- Si quieres conseguir una cita conmigo – Le dijo ella, mirándolo desafiante – Tendrás que esforzarte más.

Terry sonrió de medio lado, había entendido la indirecta.

- De acuerdo... esto acaba de comenzar Doctora Andrey...

Continuará...


Mil gracias por todos los reviews, me dan ánimos para continuar mis historias.

Espero que les guste este nuevo capítulo, todas sus sugerencias serán aceptadas =)

Besosssss