STARTING FROM SCRATCH

Discaimer: Ojalá Glee me perteneciera, de verdad: habrían escenas decentes de sexo, las parejas cambiarían así como el sentido de la continuidad de la serie. Sin embargo, sigo aquí, sin oficio ni beneficio.

Importante: La historia puede contener algún spoiler.


- ¡Eso es mío!

- ¡Lo sería si lo hubieras pagado tu!

Suspiró y hundió la cabeza bajo el agua de la bañera. Se había vuelto una costumbre escuchar a sus padres discutir desde el cuarto de baño principal. También, desde la cocina, el comedor, las escaleras, en cada una las habitaciones, el ático; incluso algunas veces, cuando quería respirar aire fresco, podía oírles desde el jardín. Sin embargo, el que fuera una costumbre bastante reciente, no conllevaba la ausencia de dolor. ¿Por qué ni en su propia casa podía estar en paz? Hubiera dado lo que fuera por que su homosexualidad no hubiera sido aireada, por no haberse expuesto en Breadstix el día de San Valentín, cualquier cosa antes de ser la causa de que su familia se rompiera en dos.

Dentro de una semana, la casa volvería a estar en paz, sin insultos ni reproche alguno – básicamente, quién hizo, pudo o puso más - pero sin la presencia de su madre. Así lo eligió ella y así lo permitió su padre. Nadie le había hablado del tema, él mismo fue lo bastante hábil para unir todas las piezas desde la habitación de invitados. Era increíble lo finas que se habían vuelto las paredes en aquella casa y a su vez, lo gruesas que se convertían de puertas a fuera. A nadie parecía importarle, solo atañía esa sensación de incomodidad que le daba pisar su habitación y ni siquiera, lo hacía nadie más de casa. Tampoco podía culpar a su padre quien intentaba reestructurar aquella casa que una vez fue un hogar.

No le apetecía llamar a Santana, quién aún estaba intentando recomponerse de ese difamador vídeo y del rechazo de su abuela. Además, no quería acabar más abatido de lo que estaba, escuchando una comparativa entre lo parecidos que eran y lo duro que era salir del armario, tal y como les obligaron. Era preferente oír una versión más amable de la vida, algo que le consolara por haber fracasado en... ni siquiera quería pensarlo. Sabía que Kurt podría darle alivio pero era con quien menos quería hablar: si bien él tenía una idea de lo que le estaba ocurriendo, escuchar su voz desencadenaría más tortura. No quería lidiar con sus sentimientos no correspondidos ni con la imagen mental de Anderson, abrazándolo de la misma manera que él haría.

De golpe, recordó que su cabeza estaba sumergida bajo el agua caliente y empezó a ser consciente del tiempo que había transcurrido hundido. A continuación, se dio cuenta de que había tragado algo del líquido involuntariamente y sacó la cabeza con brusquedad hacia la superficie, arrancando a toser al contactar con el leve vapor del cuarto de baño. La tráquea empezó a resentirse con facilidad después de lo ocurrido; apenas había pasado unos tres días desde que volvió a casa y ahora se veía obligado a tomar un anestésico de los que guardaba en la habitación provisional. Definitivamente, algo no andaba muy bien consigo mismo y debía intentar cualquier cosa.

Sin perder más tiempo ahí dentro, salió de la bañera y empezó a secarse al mismo tiempo que pensaba en algo que le ayudara porque, estaba claro que necesitaba evadirse. Mientras, las voces de sus padres discutiendo, que habían desaparecido mientras se aseaba, habían vuelto como si le golpearan el estómago y sin embargo, le dieron la solución: era preferible respirar el aire de la calle que el de casa. En un suspiro, salió lo más veloz posible y corrió a buscar algo de ropa limpia y bajó con bastante prisa para llegar hasta el recibidor. Allí, dejó por última vez, las llaves del coche y un poco de calderilla – que siempre cogía por si ocurría algún imprevisto o se le antojaba algo-. No necesitaba nada más y no quería entrar en la cocina para interrumpir otra riña, por mucho quisiera avisar a su padre. No obstante, su padre tenía un sexto sentido para encontrarle cuando menos quería ser visto.

- ¡David! ¿A dónde vas? - Paul salió de la cocina al ver pasar a su hijo cerca de la puerta, interrumpiendo por un instante, la enésima réplica con la que aún era su mujer -.

- Necesito salir un poco, respirar un poco aire fresco – miró al suelo, temiendo que no le dejaran salir -.

- ¿Estás seguro? - miró por unos segundos a su hijo y observó cuan desesperado estaba por salir –. Quiero que lleves el móvil y que me llames o envíes un mensaje, asegurándome que estás bien. También, prométeme que volverás antes de cenar porque no estoy seguro de dejarte salir así que...

- Tranquilo – Dave dejó salir un suspiro un poco más relajado -, lo haré.

No hubo más palabras, solo un abrazo de su padre. Por un instante, quiso quedarse junto a él pero su madre salió de la cocina. Era incapaz, a diferencia de su padre, de mantener otra conversación de las suyas.

Al marchar de casa, la calle parecía un mundo paralelo mucho más atractivo. Su madre había vuelto a iniciar una disputa y esta vez, por lo que podía discernir desde el jardín, la causa era la permisividad que tenía él. Aceleró el paso para llegar al coche y no ser visto por nadie del vecindario, no quería que lo reconocieran y menos después de lo ocurrido. Hoy, más que nunca, quería ser invisible para encontrar algo paz. Lo mejor sería viajar hasta Westerville, suficientemente lejos como para volver a tiempo y no disgustar a nadie.


"El café es un bálsamo para el corazón y el espíritu". Su padre acostumbraba a citar esas palabras alguna que otra vez, cuando se sentía cansado; a veces estaba seguro que heredó su costumbre de beberlo, cosa que le agradaba creer al igual que en el significado de aquella expresión. La única diferencia era que él procuraba tomarlo mientras la desazón asomaba, aunque cualquier pretexto parecía ser bueno. Justo como en aquellos instantes.

Estaba sentado en la zona más apartada de la cafetería, dejando enfriar la mediana taza de café con canela. Habitualmente, conducía hasta Lima Bean y pasaba el tiempo sentado, viendo cómo su chico hablaba de cualquier tema (podía hablar de algo trascendental como sus intenciones con NYADA; a veces le apetecía hablar de la última colección de algún diseñador o criticar algunas de las decisiones hechas en New Directions), con su café moca desnatado en la mano pero hoy era un día Hudson-Hummel. Ni Rachel, quien se suponía que iba a casarse con Finn, podía romper la cita… debería importarle pero, ni por asomo.

La verdad fuera dicha, llevaba unos días pensando en lo que habría sido de Dave Karofsky desde la última vez que habló con él. Mejor dicho, hablar con él fue un eufemismo para el término "enviar mensajes" sin respuesta alguna. ¿Habría recuperado el buen aspecto? ¿La marca habría desaparecido por completo? Tenía muchas ganas de saberlo y aún así, conociendo la amistad que compartía con Kurt, no preguntó por su estado: no quería dar detalles ni explicar por qué había visitado al ex atleta. También, porque albergaba una pequeña esperanza de que este volviera a abrirse y le devolviera uno de los mensajes que envió. A esas alturas, después de la espera, sentía que estaba pecando de inocente o de muy imbécil al creer que Karofsky era del tipo de personas que confiara fácilmente con los demás.

Dirigió una de las manos a la taza, sin mirarla en ningún momento, para cerciorarse que estaba a la temperatura que quería. En cuanto la notó a su gusto, dio un sorbo a la bebida y volvió a fijarse en un punto fijo cualquiera de la barra. Tenía la sensación de que había retrocedido al día anterios al hospital y que en realidad, el único problema para relacionarse, era él mismo y la imagen petulante que equívocamente reflejaba. Abatido, decidió que sería mejor acabar el café rápidamente antes que seguir pensando en ello pues, suficientemente frustrante era todo aquello. Apenas terminó de beber cuando echó un vistazo a la calle por la ventana más cercana a su asiento; el mundo parecía ser un pañuelo. Verdaderamente, era un golpe de suerte que Karofsky estuviera en Westerville, aparcando su coche apenas a unos metros del local. Si se apresuraba a pagar su consumición, estaba seguro de poder alcanzarle.

Conocía muy poco Westerville y una de las pocas cosas que sabía era que allí se encontraba Dalton; precisamente, por ser conocedor de la existencia de aquella escuela privada, nunca quiso pisar demasiado la ciudad. Hoy, sin embargo, la culpa de haber sido quien enviara allí a Hummel, quedó relegada a un segundo plano y empezó a buscar impaciente el primer hueco libre en el que pudiera aparcar. Fue relativamente fácil estacionar - a pesar de que Lima era un poco más grande que esta ciudad - así que se permitió escoger el que más cerca del centro y luego, enviar un mensaje a su padre.

A primera vista, Westeville parecía un poco mejor que Lima: calles más limpias, más cantidad y variedad de tiendas pero, por lo demás, repetía el mismo patrón que cualquier otra ciudad que había visto, incluso a la suya. Quizás demasiado, por lo que sintió la necesidad de acomodar la capucha de su sudadera y entrar en el primer lugar que le ofreciera algo de intimidad. Al entrar, el pequeño silbido de una tetera le dio una cálida bienvenida y no pudo evitar el hacer cola.

- Es agradable saber que empiezas a salir de casa.

Dave no pudo evitar dar un respingo de la sorpresa. Por suerte o por desgracia, cuando miró mejor hacia al frente para ver de quién se trataba, vio a Blaine Anderson: después de la visita al hospital y del apoyo moral vía móvil, la relación entre ambos empezó a cuajar pero aún no se sentía cómodo cerca y por ende, su presencia implicaba recordar porqué estaba en esa cafetería.

- Apuesto a que ha sido un mal día… – insistió el pelinegro, parado a su lado, pagando una consumición anterior y pidiendo una botella de agua -.

- No estoy de humor, Anderson.

Blaine estaba acostumbrado a la brusquedad del castaño y esperaba otro tono de voz muy diferente a la había utilizado. Esperó a que hiciera su pedido para poder preguntar cómo se encontraba porque, si bien no parecía realmente enfadado, reconocería la frustración allá donde estuviera.

- Lo siento, no quería molestar… – se disculpó mientras Dave cogía su macchiato –

- No has hecho nada… - suspiró y se dirigió hasta la mesa en la que, curiosamente, estuvo sentado el cuervo antes de que él viniera - fuiste amable enviándome aquellos mensajes.

Tras aquellas palabras, el que fue líder de los Warblers, no pudo evitar dejar escapar una pequeña sonrisa tímida llena de regocijo; se cuestionó más de una vez cuan molesto llegó a ser con la cantidad de mensajes enviados. Aliviado, siguió al más alto sin ser notado dispuesto a sonsacarle alguna cosa sin llegar a presionar demasiado.

- ¿Qué estás haciendo? Quiero estar solo.

- Eso mismo hago, dejarte solo... por eso me quedo en la mesa de al lado.

Repentinamente, el móvil de Blaine empezó a vibrar escandalosamente desde el bolsillo de sus pantalones y pronto pudo observar cómo se le formó una sonrisa radiante, mientras observaba la pantalla. En un principio, Dave creyó que el autor del mensaje era Kurt mas empezó a pensar que quizás podría ser otra persona por la manera en la que se sonrojaba avergonzado, mientras respondía el mensaje.

- ¡Joder!

- ¿Eh? - Blaine apartó mirada del aparato y buscó de dónde provenía. Al verle exhalar aire de manera extraña, llegó a la conclusión de que se había quemado la lengua con el café y le prestó la botella que acababa de comprar -. La próxima vez no olvides estar más centrado, hombre…

Se quedó mirando la reacción de Dave quien se debatía entre rechazar o aceptar el agua, así que bien insistió de nuevo a que accediera a ella. Finalmente no pudo negarse y acabó dando un largo sorbo.

- Es por mí, ¿verdad?

- ¿De qué hablas?

- He hecho algo que te ha molestado…

- No es eso... es... no quiero hablar del tema - le devuelve botella de inmediato -. Gracias.

- No hay de qué – negó con un leve movimiento de cabeza -. Ya dije antes que es agradable verte más allá de cuatro paredes.

Esperó respuesta o algo pero se sintió totalmente ignorado por la taza, como si el contenido de esta pudiera hablarle.

- Karofsky, ¿he hecho algo que te molestara?

- ¿Estás engañándole con otro?

- ¿Pero qué…? ¡NO! – Le fue inevitable reír al ver la cara de enfado del ojipardo – Wes, que así es como se llama, es un amigo mío y no tengo intención de poner los cuernos a nadie. Creía que podía estar feliz cuando un amigo pregunta por mí y te abruma felicitándote…

- Ah... – inmediatamente, relajó la mirada y evitó la mirada del otro -

- Así que es por eso por lo que estabas incómodo... – rió entre dientes y prosiguió, esta vez, algo serio -. Estuve meditando en aquellas las palabras que me dijiste en el hospital… no creas que no sé qué hay detrás de todo, no soy tan tonto. Es por Kurt, ¿cierto? – la cara de desagrado confirmó sus palabras -. No quiero hablar de él ni tampoco le contaré nada, si es lo que te preocupa. Quiero que nos llevemos bien, ya te lo dije.

- Si, ya, ¿por qué tendría que creer que no hablaremos ni de él ni de ello? – Dave bebió de nuevo -

- Por que por más que quiera a Kurt, mi vida va más allá de ser su novio: así como hay cosas que nunca le contarías a tus padres, hay otras que tampoco te apetece contar a tus amigos. Intimidad y eso – Blaine encogió de hombros y guardó el teléfono en el bolsillo de sus pantalones -. Y creo que dije que no hablaríamos de él...

Dave se levantó y lo dejó con la palabra en la boca. Sabía que, hasta cierto punto, es ofensivo pero no puede aguantar que Anderson siga hablando de Kurt como si nada, como si no supiera que sentía algo por su chico. Le molestaba profundamente esa reacción y no quería pelearse con alguien que intentaba dar lo mejor de sí para acercársele en el mejor de los términos, cuando tenía un día horrible. No obstante, sintió cómo le siguió hasta el coche una vez pudo pagar su café.

- Es de mala educación dejar a la gente con la palabra en la boca…

- ¡No me sigas! Además, dijimos de llevarnos bien, no de ser amigos – cortó -

- ¿No crees que es tiempo de cambiar eso?

- Claro... - le contestó con una carcajada sardónica y subió al coche – Adiós, ya es hora de marchar…

- Yo también estuve solo y ahora parece que esté rodeado de gente; sin embargo, no significa que haya dejado de estarlo, la gran mayor parte del tiempo – Blaine explotó y decidió entrar dentro del coche sin permiso alguno. Prefería que lo echaran a patadas de allí dentro antes de hacer una escena en medio de la calle -. Deberías empezar a creer que hay gente que se preocupa por ti, ¡maldita sea!

- ¡Cállate! No tienes ni puta idea de nada… - le gritó de tal manera que acabó asustándole un poco -

Golpeó uno de sus puños contra el volante y a continuación reposó su cabeza encima, escondiéndola de la vista de Anderson. Bajo ningún concepto quería que le viera llorar; no aquí, sintiéndose tan desprotegido, dolido y perdido... ¡ni siquiera sabía nada de él como para confiarle todo lo que pasaba por la cabeza! A pesar de todo, no podía evitar que se le escaparan las lágrimas. Durante un buen rato el vehículo se llenó tan solo de sus sollozos, en la misma posición en la que se había recostado, mordiéndose el labio inferior que temblaba de rabia. Hasta que no logró controlar sus lágrimas, no supo si Blaine había marchado o no.

- No debí haberte gritado - intentó limpiarse las lágrimas evitando mirarle a la cara -.

- No debí haberte presionado - le miró a los ojos, afectado por lo que acababa de ocurrir -. Quería tan desesperadamente caerte bien que olvidé cómo te estarías sintiendo. Él me contó lo de tus padres, bueno, no, lo de tu madre... la verdad, no sé qué hacer ni que decir. A veces, parece que siempre deban existir unas palabras mágicas que lo borren todo pero con lo de tu madre, desgraciadamente, no las hay. Lo único que te hará mejor es sentir que no estás solo, que hay gente capaz de empatizar contigo y para ello, debes aprender a confiar de nuevo. Sé que es difícil porque quisiste esconderte para evitar todo esto... - paró un momento de hablar y decidió rodearlo con el brazo a modo de consuelo - pero el punto aquí, es que quiero que sepas que estaré allí.

- Aún... aún no sé por qué quieres "estar ahí".

- Porque me has demostrado que he sido un sentencioso contigo cuando no lo merecías - cerró los ojos, decepcionado consigo mismo y siguió -. Pensé que me ibas a golpear o cualquier cosa, no sé... ¡no debí dar por supuesto que salir no debería ser difícil para ti!

- No debiste suponer nada - dijo con un hilillo de voz-. El que tuviera miedo no me da derecho a haber hecho daño a tanta gente, en especial a Kurt...

El cielo había estado oscureciendo poco a poco mientras aquella especie de catarsis entre los dos, había tenido lugar dentro de aquel automóvil. Dave prometió volver antes de la hora de cenar pero ahora, según sus cálculos, llegaría una media hora más tarde lo que causaría otra pelea en casa y, probablemente, que su padre no volviera a dejarle salir tan fácilmente.

- Debería marchar. No quiero que tu padre te eche la bronca - Anderson abrió la puerta y salió despacio del coche -. El mío está aparcado a un par de manzanas...

- Oye... gracias de nuevo, Blaine. De verdad.

- No hay de qué. Buenas noches, Dave...

Sonrieron sinceramente, por primera vez en toda la tarde.

- David - le corrigió -.

El junior no le contestó, cerró la puerta con cuidado y se despidió moviendo la mano con ahínco hasta que perdió de vista a Dave. Por extraño que pudiera parecer, sintió como si se hubiera quitado un peso de encima al haber vuelto a mantener una conversación sincera con él cuando debía ser quien diera apoyo; no contento con eso, podía considerar que incluso había ganado un amigo. Antes de marchar a por el coche, no pudo reprimir una hacer una mueca satisfecha y empezó a pensar que cuándo llegara a casa, le enviaría un mensaje preguntándole si le parecería bien que apareciera a visitarle. Tenía algo que, quizás, le haría sentirse un poco mejor...

CONTINUARÁ


¡Un nuevo capítulo! Al final, ambos han empezado a confiar y a sincerarse el uno al otro, lo que es imprescindible para que empezaran una amistad. ¿Y qué es lo que Blaine tiene que darle a Dave? Espero que te haya gustado aunque solo sea un poco, de verdad. Sé que el Blainofsky no es santo de devoción de muchos y que, los que lo toleran o les gusta, solo esperan historias con puro sexo. Un anónimo por tumblr me preguntó cuándo iba a suceder y yo solo puedo responderle que tardará un poquito: Dave ha intentado suicidarse y nadie, cuando acaba de pasar por ello, tiene ganas de mantener relaciones sexuales. Además, Blaine y Dave – quién aún siente algo por Kurt - apenas han interactuado y, sinceramente, odio la inconsistencia. Sé que Glee peca de poca continuidad pero no lo quiero para mi fic. Además, siento el retraso de publicación – mi intención era haberlo publicado el sábado pasado pero he acabado teniendo bastantes problemas -, sé que soy un desastre con patas.

Como siempre, este fic está dedicado a mis chicas KarinCriss, Nameless-Anami, Winter74 y a acm2099; esta vez, mención especial para ella ya que la mayoría de los que acabáis de llegar por aquí, venís gracias a su doble recomendación en "Construyendo a Dave, desmontando a Sebastian". Gracias también a ti por darme una oportunidad, vengas de dónde vengas. Por otra parte, si no es mucha molestia, espero no ganarme tu odio con las faltas ortográficas, de puntuación, de estilo, etc. pues no tengo beta. Aún así, acepto críticas y felicitaciones constructivas.

Y así como dije la vez anterior, si te gusta este – o lo odias -, puedes dejar un comentario o subscribirte a esta historia; incluso, acercarte a mi tumblr ("pistachiosandredvines") de forma anónima o sin anonimato. Sé que a veces no apetece escribir comentarios.