Disclaimer: los personajes son de S. Meyer, la historia es mía.
Mil disculpas por la tardanza, sé que eso de "los estudios me absorben" ya suena a cuento viejo, pero, es la verdad *suspiro* ¡Ahora tuve tiempo! ;-)
Último capítulo. Espero les guste y bueno, al final otra nota.

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Amor a primera vista.

Todos lo conocen o han oído hablar de él.

Es ese concepto o idea del que nos cuentan en las películas, leemos en los libros o imaginamos siendo pequeñas.
O al menos, es lo que solía sucederme. Soñaba despierta con esa idea que tenía de mí y como sería mi vida al crecer.
Por supuesto, las cosas parecían mucho más rosadas en mi pequeña mente de lo que descubrí años después son en realidad.
Porque al ir creciendo, fui entendiendo que nada es para siempre y las ideas construidas a base de sueños son muy difíciles de mantener en pie. E incluso, de llegar a conseguir.

Y así solía ser hasta ese día, hace no mucho tiempo.

Esto no fue amor a primera vista –sigo creyendo que algo como eso pueda sucederle a cualquiera. Sin embargo, aquella conexión especial nacida en el momento menos esperado es imposible de ignorar ante cualquiera que la experimente.

Es tan fuerte, poderosa de la manera en que tus sentidos se aturden con ella que luego... Luego es imposible no reconocer que has caído.

Y yo caí.

Caí con brazos abiertos y ojos cerrados en un abismo ancho y delicioso del que no quiero salir.

Es él. Siempre ha sido él y no lo supe hasta que me ocurrió.

— Estoy enamorada —susurré, aceptándolo en voz alta.

Es que, simplemente ¿cómo no estarlo? Es la única respuesta medianamente lógica que puedo encontrar.
Y sucede, cuando esa persona se cruza en tu camino. Perfecta a su manera, en detalles que quizás otros no serían capaces de notar.

Está bien. Me dirán que la perfección no existe y estoy hablando cegada por alguna emoción o idealización que pueda haber creado, pero sé también que todo aquel que haya estado en mi lugar lo entendería.

Supongo que simplemente lo sabes cuando piensas en esa persona y eso te hace sonreír. O cuando suspiras mientras observas el techo de tu habitación y recuerdas la última vez que le viste, incluso cuando eso fue hace sólo horas. Y sientes que no puedes esperar que más horas pasen y vuelvas a tenerle frente a ti, sentir el calor brotando de su cuerpo y envolviendo el tuyo.
O vuelves a reír con aquella broma tonta y completamente aburrida que lanzó en un intento de levantar tu ánimo cuando has tenido un día difícil. Absorbes la ternura que emana de esa simple acción, la abrazas y quieres meterla bajo tu piel y llevarla contigo, así como ese mismo ser ya lo está haciendo.

Está colándose bajo tu piel, en tus venas y llegando a tu corazón. Te das cuenta que no tienes remedio, ni vuelta.

Nunca me había sentido así. Y aquí es cuando sé que esto es más especial de lo que había experimentado nunca.
Porque no es el simple hecho de estar embobada, atraída, enamorada o… amar. No es esa sensación que te deja sin aire o te lleva a las nubes. Tampoco es aquella que te calienta la sangre y sientes que explotarás si no haces algo al respecto.

Es…todo eso, junto y especialmente hecho un paquetito para que tú lo disfrutes. Es la expectativa de tomar cada pliegue de ese papel dorado que lo cubre y comenzar a abrirlo, descubriendo con cada hoja que quitas que dentro hay más y mucho más de lo que tus sueños alguna vez hayan podido construir.

Lo mejor y más precioso al respecto es que, una vez estas a muy poco de alcanzarlo…sientes que, de alguna manera, lo has hecho. Que aunque pareciera que el premio más grande ya está frente a ti, aún existen muchos de esos pliegues dorados por descubrir y algo mucho más hermoso por encontrar.

— Definitivamente estoy perdida —murmuré contra mis manos cubiertas por guantes negros de lana. Y con esa pequeña sonrisa todavía en mi rostro.

De pronto el Mundo parecía distinto, la estación más iluminada y la gente alegre a medida que pasaba a mi lado.

Sabía que era la ilusión que el sentimiento admitido producía en mi cabeza, ya que, ninguno de los individuos que transitaban el lugar llevaba corazones en los ojos o saltaban como gacelas por la pradera. Me asustaba -todavía lo hace- y quizás es mejor decir que me sobresaltaba el cúmulo de reacciones que mi cuerpo experimentó al llegar a esa conclusión. Porque esa misma ilusión –real, a estas alturas- hace nacer mariposas en mi estómago.
Sí, créanme que lo que dicen es cierto. Es como si al pensar en Edward un montón de mariposas revoloteando se apoderaran de la zona central de mi cuerpo y las ganas de sonreír aumentaran. Es un poco perturbador pensar que pueda tener insectos dentro, pero tratando de tomarlo por el significado que representan, la idea es más apetecible.

Ok. Volviendo a la linda imagen que mí alrededor muestra al pensar en él…

Todo era tan fácil, nuevo y familiar a la vez. Casi como si se tratara de una pieza perdida que había encontrado hace poco y ahora encajaba pareciendo no haberse ido nunca.

Era como tomar una manzana y saber que luego de dar la primera mascada un sabor dulce y fresco llenaría tu boca.

Así era Edward.

Hermoso no sólo por fuera, tentador de una manera que no opacaba la dulzura de su personalidad.

Día a día desde que nos conocimos fui viendo reflejos de aquel chico amante de la música, bromista y cuyas palabras dejaban un rastro permanente cada vez que eran dichas.
Y sus toques –suelto un suspiro profundo- incluso los más inocentes, como las yemas de sus dedos rozando mis dedos, mi mejilla, mi mentón o acomodando un mechón de cabello tras mi oreja.

Presentía que el momento en que sus manos conocieran la piel que escondía el resto de mi ropa caeré rendida por combustión espontánea.

Rayos. Necesitaba ser besada por él ya y en ese instante.

No hizo falta que esperara mucho, porque sentí la presencia de su cuerpo. Era como si todo su calor chocara contra mi espalda y empezara a crepitar por mis brazos. Casi como si ese mismo calor fueran sus mismos brazos rodeándome.

Y luego, trepando por mi cadera y encerrándome firmemente, sí lo fueron.

Me atrapó entre ellos, rodeando mi torso y acercándome al suyo. Mi espalda chocó contra su pecho, la textura de su ropa creando una almohada delgada pero blanda entre nosotros.

Inevitablemente una risa escapó de nuestros labios, la suya lanzando su aliento tibio contra una de mis mejillas. Luego, un beso suave depositado en esta.
El calor que seguiría a esa simple acción, de alguna manera, me recordaba que mis pies estaban sobre el suelo y no en las nubes.

Aunque así lo sintiera.

Así era con él. Era comodidad, familiaridad, calidez y un poco de azúcar en la forma del aquel chico con cabello desordenado y jeans desgastados.

— Hey.

Di media vuelta despacio, intentando no romper el círculo que sus brazos formaban.

Y sus ojos estaban fijos en mis ojos.

— Hola —susurró de vuelta, sonriendo lentamente sin apartar su mirada de la mía.

La falta de palabras no era molesta cuando podía observar a tan poca distancia aquellos detalles que hacían que mis tobillos se sintieran blandos.
El color de sus pupilas claras, sus pestañas oscuras y el arco largo de sus cejas. Y esas pequeñas, casi mínimas pecas que nacían entorno a su nariz.

Teniendo su rostro más cerca conforme pasaban los segundos, viendo como iba a acercándose hasta tocar mi frente con la suya no hacía más que derretir cualquier otro pensamiento coherente.

— Hace tanto tiempo quiero hacer algo —exhaló con al aire de su boca, su aliento tibio haciéndose vapor en el ambiente frío del lugar. Creando un contraste con lo que sentía al tenerlo tan cerca. Me decía que, como él, su interior también era cálido.

— Hazlo —susurré. Y no sé porque hacerlo se sentía como un secreto, como si el compartir mis palabras sólo con él nos encerrara en una especie de burbuja, dejando fuera el resto del mundo.

Sonrió, dándome una sonrisa pequeña, guiando mi norte hacia sus ojos.

Hasta que el aleteo de sus pestañas cerrándose apartó sus pupilas de mi escrutinio. Y haciendo lo mismo, finalmente sentí…

Algo delicioso e indescriptible. Todo, muchas cosas y nada que pueda decir acerca de tener su labio superior entre los míos o la punta de su lengua rozando la entrada a mi boca, buscando mi propia lengua y llenándome de calor. Dulzura y más calor. Un calor que no se quedó ahí, si no que empezó a avanzar hacia mi cuello y luego apareció en las puntas de mis dedos que aún estaban aferrados al cuello de su chaqueta.

Y mientras nuestras bocas se movían y mis brazos cedían a la tentación de tenerlo más cerca –aún más de lo que nuestras ropas en medio lo permitían- los lancé alrededor de su cuello, haciendo que una pequeña risa vibrara entre la conexión de nuestros labios. Con ella sus propios brazos me encerraban aún más.

— Demonios, había esperado tanto por eso —sonrió— Me gustas mucho —soltó luego de un beso pequeño y plantó otro —. Mucho y… —el beso que siguió era lento, suave, muy suave y si no hubiese sido porque sentía que en sólo minutos ya conocía su boca, mi cerebro habría entrado en coma debido al impacto y las sensaciones que producía en mí.

— Lo sé… —asentí, rozando su frente con la mía y su boca con mi boca, sin querer apartarme un milímetro de ninguna.

— No creo que sea sólo eso—abrió sus ojos, exhalando con fuerza —.Es…No sé como llamarlo, sólo sé que necesito verte. Cada día y si es posible por mucho tiempo. Pero también sé que si fuese durante sólo un minuto, bastaría. Porque te habría tenido cerca.

Sonreí. Porque felicidad sin sentido era lo que producían sus palabras. Y volví a besarle por el gusto de hacerlo. Simplemente porque podía, porque se trataba Edward y cada cosa que decía describía perfectamente lo que había estado dando vueltas en mi cabeza, en mi pecho, en mi vientre.

Es lo que le digo luego de otro de esos besos que me hacían olvidar donde estoy, pero no con quien.

— Lo sé ¿y sabes por qué? —abrí mis ojos, estudiando los suyos brillantes con expectativas y aquel sentimiento que aún no estaba preparada para reconocer en voz alta, pero sabía sería el próximo paso en esto que teníamos. Durante todo ese momento me pregunté si él ya lo sabe. Si al subirse a aquel tren que lo acerca a su casa todos los días piensa en mí y sabe que lo que nos atrapó es lo que muchos temen, anhelan e incluso buscan. Lo más fuerte que el ser humano puede experimentar.

Ante mi pregunta, él no sacudió su cabeza en forma negativa, ni tampoco asintió. Sólo estiró sus labios rosados por mis besos en una media sonrisa, en una indicación muda de que esperaba mi respuesta.

—También lo siento. —subí mis manos hacia el pelo que cae sobre su frente, despejando esta y acariciando la piel fría y no tan suave. Masculina, juvenil y aun así pulcra.

¿Puede un chico ser hermoso?

Ladeó su rostro plantando un beso en la palma de mi mano.

Cuando su media sonrisa fue acompañada de una mirada traviesa, supe que el ambiente estaba por cambiar. Sus brazos se apretaron más alrededor de mi cintura y me vi alzada, perdiendo el contacto de mis pies contra el suelo.

Quizás las personas que se encontraban cerca sólo veían a una pareja más. A una chica riendo con su rostro hacia el cielo y los ojos cerrados, las manos firmemente plantadas en los hombros anchos del joven que también reía con ella.

Lo habrían llamado cursi o loco.

Sin embargo, la imagen que ese momento reflejaba importaba muy poco al volver a estar sobre mis pies, con la risa aun flotando en el aire.

Siguió un momento de silencio interrumpido por los sonidos característicos de la estación de trenes.

Y tan poético y cliché como sonaba, su mirada seguía conectada a la mía.

— ¿Entonces? —volví a jugar con el cabello que rebelde cayendo sobre su frente.

Se encogió de hombros, tomando mi mano libre con una de las suyas, entrelazando nuestros dedos y llenándolos de calor.

— Si te refieres a lo que yo quiero, es seguir besándote. —sonrió.

— No tienes por qué detenerte, adelante.

— Créeme, quiero hacerlo y lo haré incluso si me lo niegas —enarcó una de sus cejas, mordiendo su delicioso labio.

— ¿Hablas en serio? —armé mi mejor expresión de escándalo —.Nadie pensaría que Edward Masen es un hombre esa clase. ¿Qué será de mi ante semejante sinvergüenza?

Rió con fuerza, volviendo a abrazarme, enterrando su rostro en el hueco entre mi cuello y hombre. El sonido de su risa chocando contra éste y haciendo vibrar mi cuerpo con el movimiento del suyo.

Su olor era delicioso, la tentación de cerrar mis ojos y dormir sobre él era tan fuerte.

— Puedo prometer intentar comportarme.

— ¿Sólo intentar? —asintió— ¿Edward?

— ¿Mmm?

— No es crimen si estoy dispuesta a cooperar, lo sabes ¿verdad?

Levantó su rostro sonriente, quedando tan cerca que podría dedicarme a seguir contando sus pequeñas pecas.

— ¿Dejarás que me aproveche de ti? —asentí — Vaya que soy un hombre con suerte.

—¡Pero…! —puse mis manos contra su pecho, lamentablemente alejándolo de mí y arrancando un gracioso puchero de sus labios. — ¿Qué me dices de un Capuccino Vainilla?

— ¿Estás invitándome a salir, Bella Swan?

— Eso o también devolviéndote la mano.

— Prefiero pensar que quieres tener una cita conmigo y ya no tengo que pensar en cómo invitarte a una. Y, además, esta sería la segunda vez.

— ¿La vez pasada fue una cita? —intenté molestarlo.

— Para mí sí… —me miró por debajo de sus pestañas, robándome un suspiro completamente baboso.

¿Yo debería estar usando es tipo de armas, no es así? Diablos. Me importaba tan poco.

Luego, volvió a besarme. Una vez y dos veces más, dulce, corto y por última vez largo y tendido.
Haciéndome concluir que nada es más exquisito que su lengua acariciando la mía y sus manos alrededor de mi cintura.

Salí de esa estación que nos juntó con mi mano dentro de la suya, escuchando el frenar de uno de esos trenes –puede que el mismo que lo trajo a mí.
Los besos sigueron en aquella cafetería que se convertiría en uno de nuestros tantos lugares. Entre café y vainilla, manzanas rojas con el sabor dulce de sus labios y la simple, maravillosa certeza de que en el lugar menos pensado había encontrado lo que no sabía me hacía falta.

Si alguna vez te dicen: "la vida te tiene algo preparado" o "hay alguien allá a fuera para ti", créeles. Las sorpresas suceden. Sin que te des cuenta se convierten en todo y son mucho mejor de lo que cualquiera pueda describir.

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N.A

Cómo decía en la Nota inicial, sí. Es el último capítulo de esta mini historia. La idea principal de ella era capturar un momento dulce en la historia de estos dos personajes –osea, estos Ed&Be. Se conocieron cuando no lo esperaban, comenzaron a sentir cosas cuando no las esperaban y luego, se dieron cuenta que eso que no esperaban sería algo tan lindo e importante para ambos.
¿Pasaron un buen rato? Ese era el objetivo :-)
Espero les haya transmitido esa cosa linda que tiene el enamoramiento y ni lo corto del capítulo o la historia les haya defraudado :-)
Dicho todo esto, quiero darles las gracias por haber llegado hasta aquí, por sus comentarios y toda la buena onda que han mostrado hacia mi persona y mi pequeño cuento nacido del ocio y la música.*sonrojo*. Obviamente, debo nombrar a Kote Cullen Swan sin cuyo apoyo y declarado amor al Edward de Encantada esto habría demorado un año más en salir (o quizás ni existiría xD). Tqm. Y Enchantedposthxccuteward todo para ti (y bautizado todavía jajá).

Ok, nenas. Nos leemos por ahí.