En primera instancia, esta historia se llamaba "Dulces" pero me parece inadecuado ese nombre por la forma en que se desarrollará la historia, así que me dí la libertad de cambiar el nombre y resumen, quería aclarar eso. Al igual deseo poner este punto en claro, este es un ItaKarin, no un triángulo amoroso ItaKarinSasu, porque si bien en un principio era la idea, ahora no me cabe en la cabeza ese desarrollo, así que no pidan un Sasuke que intente matar a su hermano por una chica, porque... no, no podré dar ese capricho.

Este capítulo está dedicado a lixy-chan que por ella me atreví a hacer la continuación, pero también a ManaKarin que ella ha estado esperando y animándome para la continuación. Así mismo espero que les agrade la historia a aquellas personas que buscan algo nuevo, este es un crack, hecho para las seguidoras de este tipo de parejas, al igual que aquellos que se aventuran a leer este tipo de historias.


Las curiosas coincidencias, que algunas veces suceden.


— Sasuke.

El nombre del azabache se escapó de sus labios, en un tono suave, agradable, alegre. Sasuke había vuelto, estaba ahí frente a ella, es más estaba parado junto a su persona y parecía dispuesto a tener una charla con ella. Fue fácil un rato dejar que sus pies dejasen el suelo, volar, sumergirse en escenarios benignos donde Sasuke estaba ahí solo por ella, y fue así como una sonrisa se prolifero en sus labios.

Sasuke, este chico le quitaba la cordura, sus pensamientos se nublaban en la nebulosa de pensamientos donde era él, el protagonista. Fue por eso que volvió a repetir su nombre, con voz más dulce, distinta de la usual que ella solía usar, pero fue cuando sonrió que noto el detalle.

Sus mejillas estaban pegajosas, y sentía los ojos pesados – a lo mejor estaban hinchados – fue ahí donde cayó en cuenta. No, no había pasado unos cuantos minutos de espera, de su amado príncipe de piedra, tampoco media hora, siquiera una, el tiempo era un poco más, y ahí cabía el detalle; Sasuke vivía cerca. Se sintió indignada, demasiado. Primero con él por haberse dignado a aparecer ahora, y luego…

— ¿Qué haces aquí? – prorrumpió – más bien gruño - su mano derecha reacomodó sus gafas, y tomó un respiro para no intentar berrear tanto.

— ¿Tú qué crees?

Esas palabras valían mucho, había venido a ver si estaba ella, claro, eso se podía entender si es que sabías leer entre líneas el lenguaje de Sasuke. Pero, oye, no había pasado un tiempo adecuado para tragarse las cosas así de fácil, y la pelirroja ya estaba cansada de tener que soportar ese carácter de mierda, sumado a su poca capacidad empática, y para colmo esas malas jugadas. Frunció el ceño, y puso las manos en las caderas, intentó simular una postura de altivez que puede no tuviera mucho en este caso. Estaba flaqueando.

Segundo, estaba molesta con ella, porque deseaba perdonarlo.

— Oh – se mordió los labios intentando convencerse de que ser blanda no podía estar entre las cosas que podía hacer – la verdad es que no lo sé y me vale mierda.

Tomó aire, tenía que irse, una palabra más de parte del azabache y todo se iría por la borda, su auto-respeto, podría despilfarrarse en un abrir y cerrar de ojos, y no quería eso. No, porque ahora no solo estaba siendo observada por Sasuke sino que también estaba, él. Y puede que sea porque hace poco se había lucido en insultos para el hermano de este, o bien porque aún sentía el hormigueo del contacto con esos labios. Había un poco de fuerza para decir "no". Esta existía, y mientras durase, tenía que escapar aunque con la cola entre las patas –aunque era mejor hacerlo mientras lo insultaba, claro.

También notó que Sasuke no haría nada, ya que cuando lo vio notó que este arqueaba una ceja, como para decir "¿qué coño te pasa?" no preocupado ni nada, era Sasuke, así que solo mostraba esa expresión para hacer notar su molestia. Al final el chico botó un bufido.

— ¿Entonces me esperaste solo para decir eso? - al acabar de decir aquello lanzó su tan común "hmp" – veo que te gusta perder el tiempo.

Vete a la mierda, pensó.

— Deja de joder — bramó, pero después de dejar su posé defensiva, logró aflorar una sonrisa en sus labios. Una sonrisa coqueta, eso bien lo sabía Sasuke – además la pasé muy bien sin ti, ¿verdad Itachi-kun?

Tocó una vena sensible de Sasuke. ¡Jaque! Quiso gritar mientras lo señalaba, riéndose a carcajadas, al notar como sus ojos por un momento se abrían y veía con resentimiento a su hermano, y luego a ella. Y como Karin era una chica cuerda, y no le gustaba estar metida en campo de guerra, por razones en las que ella podía salir herida, hizo lo más coherente; escapar.

Levantó la mano en gesto despreocupado y se dio la vuelta.

—Adiós Sasuke – farfulló con voz cantarina.

Otra vez quiso decir, "vete a la mierda", pero no, por ahora eso representaría un suicidio.

-o-

Ser interrogado por tu hermano, solo con una pesada mirada en todo lo que restaba su camino a casa, no era algo precisamente agradable. Mucho menos cuando Sasuke tenía unos ojos tan intensos que lograban hacer que un escalofrío surcará por tu espalda, mientras jurabas escuchar la sonata sepulcral. Pero él era Itachi, Uchiha Itachi, así que la sensación más que intimidante, le parecía morbosa y molesta. Vamos, si le molestaba algo que lo diga.

Pero era precisamente eso, lo que le estaba incomodando, Sasuke no era de ese tipo de personas que se guardaban las cosas, menos con él cuando estaba molesto, era como un vómito de palabras, una mezcla entre reclamos, quejas e insultos, e Itachi además sabía leer entre líneas, sobre todo a alguien como Sasuke.

Así que cuando llegaron a su casa, Itachi se desentendió que el hecho de que Sasuke se haya sentado en el sofá viejo, incómodo y viejo, frente al televisor que nadie miraba, significaba una cosa. Quería hablar con él. Así que decidió ir a la cocina, servirse un vaso de agua, y ver si había algo de comer – lo dudaba, desde que su madre había dicho que estaba cansada de hacer las labores en casa, hizo lo más factible, buscar trabajo y una pensión, y ya se acabaron sus días de Ama de casa – mientras tomaba el segundo sorbo del vaso de agua, y se encontraba con la evidencia de que no, no había nada preparado, decidió calmar en hambre en su cuarto, solo con los regalos que le habían dado.

Y eso mismo hizo, salió de la cocina, subió los escalones para subir a la segunda planta, y entró a su habitación. Su cuarto era simple, hasta podría describirse como aburrido. Solo constaba con una cama con unas frazadas negras dispersas encima, pulcramente tendidas, un pequeño velador que tenía encima de esta una lámpara, un librero, el ropero, y el escritorio que tenía más libros encima y en medio de todo el alboroto de textos, una computadora. Todos los colores eran apagados y monocromáticos. En su habitación no había mucha vida, pero no era como si quisiera cambiarlo, en ciertos sentidos le gustaba así.

Sacó de la bolsa de regalos, uno de los tantos presentes dados. Se sentía alagado por ellos, y agradecía el detalle de ellas, pero a la vez se lamentaba que jamás retribuía al acto. No quería darles falsas esperanzas.

Abrió la envoltura del chocolate, el aroma dulce del cacao llegó hasta sus fosas nasales, y la aspiro con gusto. Tal vez si Sasuke no se hubiera intoxicado de pequeño con dulces, en una noche de Hallowen, no habría pasado este embrollo. Él no tendría que encerrarse en su cuarto, y podría cocinar algo para Sasuke, que era pésimo con la cocina, y parecía que las hornillas tenían la manía de siempre quemarle las mangas. Podría estar tranquilo, hablando con él, y no estaría esa persistente mirada en su persona. Dio un mordisco a chocolate, y se acordó, que los labios de Karin también sabían como este, pero con un dulzor tal vez mayor, o puede que solo haya sido imaginación suya.

Cerró los ojos. No tenía que pensar en eso. No valía la pena.

— Sabía que estarías comiendo esas porquerías.

¿Cuándo había entrado?

Itachi abrió los ojos, y acabó de tragar lo que estaba comiendo.

— ¿Sabías que es de mala educación entrar a un cuarto sin tocar la puerta?

— ¿Y tú que es de aún más mala educación el meterse con la novia de tu hermano?

Touche.

Itachi sonrió de la forma más leve posible y dejó el chocolate a un lado, mientras se erguía en la cama.

— Creo, que te estás haciendo ideas erradas hermanito — mintió, porque si Sasuke era una persona que no temía a decir todas las verdades, Itachi era un genio del engaño, mentía hasta sin tener la intención de hacerlo, era algo así como una enfermedad que no tenía cura (no es como si las buscase tampoco).

El menor de los dos Uchiha, se sentó en el borde de la cama. Su mirada no se desvió en ningún momento, miraba a Itachi, como si intentase cavar en lo profundo de su mente y encontrar respuestas. Era una lástima que por más que lo intentaba no podía hacerlo, ese era un don nato que solo tenía el mayor de los hermanos. Pero Sasuke no era crédulo, y ya había caído tantas veces ante las mentiras de Itachi, que varias veces llegaba hasta a dudar de verdades irrefutables como "el cielo es azul" y "cuando tocas el agua te mojas" si solo venía de la boca de Itachi. Además, Sasuke conocía a Karin.

— Por más que no lo creas no soy idiota Nii-san — connotó con tono ácido, pero el sufijo que denotaba su hermandad, le decía que el chico no estaba tan molesto —puedo intuir lo que pasó… y no me agrada.

Fue ahí donde notó que Sasuke había venido expresamente a reclamarle, no a sacarle palabras ni nada, la nota que tenía que escuchar estaba clara en cada palabra del menor de los hermanos. Era un aléjate, bien impreso totalmente reconocible, hasta para la persona más idiota. Pero, ahí estaba el problema.

Oh vamos, a Sasuke nunca le importaba una chica. Nunca.

Pero prefirió no ahondar en ese punto, ya que siendo Sasuke, lo más posible es que estuviera furioso por su orgullo de macho herido. E Itachi siendo una persona objetiva, que no le gustaba armarse historias que bien no podrían nunca ser reales, tomo ese punto como cierto, Sasuke molesto ahora se debía a que se sentía humillado, y traicionado, por él.

No podía dejar las cosas así.

— Creo que ya sé lo que me pides Sasuke, y te lo diré — hablo con su tono apático de siempre, uno que Sasuke había aprendido a odiar con el paso de los años — Esa chica no me interesa, así que no veo.

— Más te vale ella es una perra.

Eso había sonado demasiado ofensivo. Itachi estaba seguro que si su madre escuchaba a su hijo menor hablando de tal forma, le daría una bofetada. Al igual que él se sintió realmente ofendido.

— No veo por qué llamar así a alguien con quien tú estás saliendo.

Sasuke sonrió de soslayo, con una mueca que le hacía ver mucho más engreído que de costumbre – y eso era mucho – después se levantó de donde estaba sentado y poniendo las manos en los bolsillos de ambos costados de sus pantalones de mezclilla.

— Creo que es obvio, que ya no, además tenía mis razones para haberlo hecho – Itachi frunció el ceño y se rebatió entre refutar o dejarlo ser — tengo hambre, ¿preparas algo para comer?

¿Asunto arreglado? Si Itachi le diera por inculcarle el respeto hacia los demás a Sasuke, sería una pérdida total de tiempo. Empezando con la poca capacidad de llamar a alguien "kun, san, sama" y esas cosas, entre otros errores que tenía en su vocabulario. Además siendo sincero, Itachi no le veía el mayor problema en ello, Sasuke era la franqueza que él no tenía, y le agradaba ese aspecto. Así que, sí, asunto arreglado. El tema ya se había zanjado. Esa chica de mechas rojizas, y gafas que adornaban su rostro, a la vez que cubrían la visión de unos ojos carmín ya había quedado en el pasado para ambos hermanos.

-o-

Volver a casa desde donde trabajaba era un alboroto que Itachi deseaba pasar de largo. Además de que ya no había quién le esperase con la comida en la mesa, ya que su madre había querido incursionar a la vida fuera de las paredes de la casa – y podía, tenía un título profesional bien ganado, y los suficientes contactos – y también cabía el hecho de que toda su familia estaba dispersa, ya que todos trabajaban en diferentes lugares, y no podían encontrarse para la hora del almuerzo, así que no valía la pena ese viaje de vuelta a casa. A ello fue que decidió irse a comer cuando llegó la hora en que todos los trabajadores, hacían lo mismo.

Se fue a un restaurant, que estaba a tres cuadras de la empresa "Akatsuki", era la primera vez que pondría pie en ese lugar aunque tenía idea de cómo era por haber pasado varias veces fuera del lugar. La razón de su cambio de localidad a la hora de ir a comer – antes iba a otro lugar, que estaba prácticamente al frente de su trabajo – se debía a nada más y nada menos que a sus compañeros de trabajo.

Podía recordar fácilmente que esa vez se encontró en la salida con Sasori – un pelirrojo, pequeño y con rostro infantil, con maneras toscas de tratar a la gente, perfeccionista nato, y sorprendentemente era mayor que él – y Deidara – un rubio, que tenía unos rasgos demasiado andróginos para el bien de cualquier hombre, que tenía cierto odio hacía él, que no lograba entender bien – y el primero lo invitó a acompañarlos. Deidara gruñó, e Itachi se puso incómodo, así que quiso dimitir a la idea, pero al final acabó accediendo cuando se dio cuenta que el de ojos ambarinos se estaba ofendiendo. Todo iba normal, hasta que vino la clásica charla recurrente de ellos "La verdadera naturaleza del arte". Ambos era tercos con sus ideas, no retrocedían ni un poco, y argumentaban sus puntos de vista cada vez con más detalle y ahínco. Itachi veía coherencia en la resolución de Deidara, porque al final era exactamente eso lo que es el arte, rápido, cambiante, efímero, todo iba de mano a las modas, y las circunstancias volvían a algo un tesoro o podrían nombrarlo una obra barata y sin gusto, aún así creía que el fin del arte era eso que decía Sasori, ser eterno, y dejar una marca indeleble en el pasar de los años. Pero eso qué importaba, Uchiha no daría jamás su punto de vista acerca de ello por no crearse conflictos, además de qué en la guerra de palabras entre esos dos era preferible estar al margen, aunque cuando apareció la frase "eres un ignorante mocoso" de parte de Sasori, y el rubio que tenía una paciencia tal y como era su concepto de su arte "efímero" acabó por tirarle pedazos de pan al más pequeño, y eso vino a tirarse más cocina, y un Hidan – Itachi, no sabía muy bien cuando apareció en la pelea – que acabó por meter en la trifulca a inocentes clientes que no tenían nada que ver con la disputa, para al final entrar en la cocina y robarle la olla a la cocinera para echárselo todo a Deidara. El resultado fue obvio, quedaron vetados del lugar, aunque Itachi aún no sabía por qué razón él también, no había movido ni un músculo en esa pelea insulsa, pero bueno…

Así que ahí estaba, nuevo local, nueva comida. Los colores del lugar eran alegres, y la música que se promulgaba en el lugar era de esas que estaba últimamente de moda. En realidad estaba un poco irritado, le gustaba el silencio a la hora de comer, y ese lugar no lo era, botó un suspiro, y dirigió su vista a las afueras del lugar mientras esperaba que le dieran el menú.

Pero cosas curiosas pasan algunas veces en la vida, ¿verdad?

O bueno eso le pareció, cuando vio como alguien se sentaba al otro lado de la mesa, y le sonreía.

— No pensé que volvería a verte de nuevo Itachi.

Era la chica pelirroja, con esas sonrisas que simulaban ser dulces, pero al final solo mostraba sensualidad con ese acto.

¿Pensó que olvidándose del suceso todo acabaría? La verdad es que sí, pero ahí estaba la chica comiéndole con la mirada, botó un suspiro. Esto no iba de acuerdo a sus planes.

— Buenas tardes Karin-chan.


Siento que mi narración ha cambiado, creo que se debe al hecho de que ya no lo hago como antes, además de que leí más y mis gustos han cambiado un poco. La verdad, no sé si este cambio es bueno o malo, o al final yo solo estoy alucinando acerca de mi cambio. Pero bueno, quiero que esta historia no sea larga, y le veo como máximo darle un episodio más o tal vez dos, no más, porque si lo hago más largo saldrán cosas muy raras de mi relato, y hablo en serio, jajaja.

Aunque claro, creo que todo va de mano a la cooperación del lector, ¿Sigo con la historia? Esto puede quedarse así, y listo como una linda casualidad de la vida, y se acabó, así que dependo de ustedes para más, sus comentarios valen oro, jajaja. Bueno, creo que no tengo más que decir, me despido. Adiós.