John firmaba unos papeles para Lestrade, mientras Sherlock miraba por la ventana. El inspector de policía miraba sorprendido a los dos colaboradores. Uno firmando los papeles con un atuendo cuanto menos curioso: pantalón negro a juego con una larga levita antigua también negra, camisa blanca, pajarita y un bastón que tenía colgado del brazo con el que no estaba escribiendo. Unos lentes redondos completaban el "look". Lestrade se inclinó un poco, para observarle y el médico giró la cabeza, mirándole, mostrando que la parte derecha de su rostro estaba coloreada de verde y rojo, como si de un demonio se tratara.

Sherlock, mirando por la ventana, envuelto en una capa y con sombrero de copa, era casi el que menos llamaba la atención.

"¿John… de qué vais… vestidos?". El médico explico que habían sido "invitados" a una fiesta de disfraces de terror por el propio Mycroft Holmes y ese ofrecimiento habría sido completamente rechazado en otro momento, pero daba la casualidad de que a esa fiesta iba a acudir uno de los sospechosos del caso que tenían entre manos. Sospechoso al que acababan de capturar después de que les siguiera hasta su propia casa.

A los pocos minutos, la policía se marcho dejando solos en el piso al Doctor Jekyll y Drácula.

Sherlock se volvió por fin, y se detuvo en el centro de la sala. John, que ya se había sentado en el sofá, le miró de abajo arriba. El detective vestía el traje negro y una camisa blanca antigua, como la de John; eso no era nada nuevo, el médico le había visto mil veces en traje. Lo que le hacía impactante, era la capa negra con raso rojo y el sombrero de copa que, ahora, descansaba entre sus manos. Cuando sonrió y mostró sus colmillos afilados un escalofrío descendió por la columna de John, que pensó que no había visto a nadie tan atractivo y deseable vestido de vampiro.

Se levantó y se acercó hasta él. Tiró de la lazada de la capa y esta cayó al suelo sin que Sherlock dejara de sonreír. El detective se inclinó y le miró a los ojos, esas pupilas azuladas dilatadas le estaban diciendo la verdad a John…Sherlock le deseaba. Sin cruzar una palabra, apoyó sus labios sobre los del médico. Un roce, una caricia que poco a poco fue subiendo la temperatura. La lengua del detective invadió la boca de su compañero, le provocó, le excitó y le hizo responder a ese beso pasional, apretando los rizos morenos del más alto entre sus manos. Sherlock desabrochó la chaqueta de John, que tiró al suelo; y después su camisa, pero solo un par de botones, lo justo para dejar el cuello al descubierto… lugar al que descendió rápidamente. Besó, lamió y jugueteó haciendo que el médico suspirara. Le pasó una mano por la cintura apretándole contra él bruscamente y de pronto, sin previo aviso, le mordió. Los afilados colmillos traspasaron la piel de John que abrió los ojos desmesuradamente para volver a cerrarlos con un gemido de goce en cuanto Sherlock empezó a succionar su sangre. Era diferente a cuando había sentido antes, el placer se extendía por todo su cuerpo. Podía sentir el roce de las caderas del detective contra las suyas y sus labios requiriéndole sobre su cuello. Gimió sin poder evitarlo cuando Sherlock tiró más aún hacia él, intentando deshacer la poca distancia que les separaba.

Sherlock estaba enloqueciendo, escuchando el aumento de pulsaciones en el cuerpo del médico cada vez que lamía. Se detuvo, y alzó la cabeza casi rugiendo de placer. Una gota de sangre se deslizó por la comisura de sus labios, hasta su barbilla y John la recogió entre sus dedos y se la ofreció al detective, que lamió, observándole, como el médico laxo entre sus brazos, le miraba con una mezcla de deseo y entrega. Sherlock deshizo el abrazo y tirando de su acompañante le guió dentro de su habitación. Allí, volvió a besarle en los labios, sin prisa, suavemente y con sensualidad, sin urgencia, sino deleitándose en el sabor de John, explorando la cavidad de su boca, acariciando sus dientes, luchando con su lengua… pero, de pronto, como si John se hubiera visto poseído por el mismo Mister Hyde, empujó violentamente a Sherlock a la cama, y se sentó sobre su regazo. Con un solo tirón, arrancó la camisa, dejándola hecha jirones y se lanzó a besar, lamer y morder la blanca y tersa piel de su compañero, desde la barbilla hasta el ombligo. Se detuvo ahí, y abrió la hebilla del cinturón, el botón y… las manos de Sherlock le detuvieron, el detective se incorporó y busco su boca. Una descarga eléctrica recorrió el cuerpo de John, cuando las pieles desnudas de sus torsos se rozaron mientras sus labios se acariciaban , y aún tenía la lengua de Sherlock en su boca cuando algo le dejó helado… una voz del todo conocida les interrumpía.

"Señora Hudson, váyase". Gritó Sherlock, concentrándose en el pezón de John, que tuvo que morder el hombro del detective para no gemir sonoramente.

"Sherlock sal de ahí, o voy a tener que entrar yo" se escuchó la suave pero firme voz de Mycroft.

"Pues entra" Dijo Sherlock, con su sonrisa de colmillos largos.

"Nooooo" La razón volvió a John justo a tiempo para lanzarse contra la puerta y cerrarla. Sherlock le observó, desnudo de cintura para arriba, respirando agitadamente y con el pelo revuelto. Se levantó y le aprisionó contra la puerta, levantándole en volandas, mientras el médico enlazaba las piernas alrededor de las caderas del detective y ahogaba un gemido en la boca del detective. Le llevo hasta la cama, cayendo sobre él.

"SHERLOCK" Escucharon de nuevo. Mycroft había perdido la paciencia y la puerta se abrió.