Chapter 2: The Date.

No podía creer todavía que Bella había aceptado. No esperaba que aceptara esa cita, no después de lo que había ocurrido. No sé qué me pasó, realmente. Lo pensé y al segundo, ya lo había hecho…

Dormirme muy tarde me había hecho mal… o algo debió haber sido. Pero, pese a todo, estaba feliz de que haya aceptado. Exageradamente feliz.

Ahora, mi preocupación, era planear y hacer la mejor de las citas. No creía mucho en las citas, para ser sincero, pero con Bella, no sentía que fuese una cita, sino algo más. Algo mucho más íntimo e importante. Como el inicio de algo. Además, las citas eran para conocerse… yo no iba a conocer a Bella, bueno, quizá un poco más, pero ya la conocía lo suficiente como para que me encantara todo de ella.

Era hermosa, atractiva, su hermoso cabello café que caía en ondas hasta su cintura, sus enigmáticos y profundos ojos cafés. Esos labios que se fruncían cuando pensaba algo. Cómo movía sus manos cuando estaba nerviosa, mejor aún, cómo tartamudeaba y su sonrojo… ese adorable sonrojo. Simplemente encantadora.

Sus gustos, sus sueños, sus metas, su personalidad, su consideración hacia los demás, el preocuparse tanto por los demás, aún antes que por ella misma, su timidez…

E incluso su testarudez.

Bella, sencillamente era mi Bella.

Todo de ella me fascinaba, cada sencillo detalle.

Por eso debía de pensar en algo perfecto para Bella. Algo que no sea demasiado lujoso, sino sencillo, de corazón. Algo como Bella.

Estuve pensando por varias horas, después de quitarme de casa de Bella —lo mejor que me pasó en el día—, qué sería lo mejor que le podría hacer.

Nada parecía suficiente, aunque ella pensaría lo contrario seguramente. Fui a mi piano a tratar de pensar mejor, tocando, recordando cosas…

Cuando se me ocurrió.

Una canción. La canción que le había compuesto hace ya varios días y que, por supuesto, no me iba a atrever a mostrarle. Pero ahora, parecía la ocasión perfecta para ello.

Además de una cena, que yo haya preparado, para que no me discuta que gasté mucho dinero en un lujoso restaurant.

El resto de la noche, consistió en buscar recetas para una ocasión como una cita con la mejor mujer del mundo. La mejor persona que hubiese conocido.

Me decidí por la comida italiana y un sencillo postre.

A la mañana siguiente, no había clase, así que lo primero que hice fue ir al supermercado a comprar las cosas necesarias que indicaban las recetas. Nada muy elaborado, pollo, pastas, crema, chocolate, helado y demás condimentos necesarios.

—Edward, ¿qué vas a hacer? —preguntó Esme, cuando entré por la puerta principal con las compras, y me vio dirigirme a la cocina. Estaba leyendo un libro en la sala.

—Eh… tengo una cita esta noche —respondí un poco incómodo. Ella me miró con ojos de sorpresa.

—¿Cita? —preguntó asombrada—, ¿con quién?

—Con… con Bella —respondí nuevamente incómodo. Sus ojos se abrieron aún más. Como si fuera tan difícil creer que tenía una cita con ella.

—¿Y estás cocinando para ella?

—Eso voy a intentar —me dio una mirada significativa y me sonrió amorosamente.

—¿Quieres ayuda? —preguntó maternalmente con ojos suaves.

—Eh… te aviso, ¿dale? Quiero intentar hacerlo por mí mismo.

—Bien, avísame —sonrió nuevamente, y siguió leyendo su libro.

Hice todo, paso a paso, como indicaba la receta. No tuve mayores problemas que preguntarle a Esme cuánto de sal y pimienta estaría bien. Siempre escribían al gusto, como si todo el mundo supiera qué significaba eso.

El postre también fue básicamente rápido y muy fácil. Preparé tres panqueques de chocolates medianos, con relleno cremoso. El helado lo pondría en forma de bolas, encima de los panqueques. Pero para el final, obviamente.

Terminé al cuarto para las dos. Practiqué varias veces la canción que había hecho para Bella. De verdad esperaba que le gustase. Me tomó varios días perfeccionarla. Cada vez que hacía un arreglo, aparecía otro de la nada, así, hasta que por fin, pude terminarla. Tenía que hacerla perfecta.

Luego, me fui a bañar y a vestir. Eran ya, las tres y media cuando bajé. Puse la comida en el horno, para calentarla cuando Bella llegara.

El camino a su casa fue rápido. Toqué el timbre, y cuando me di cuenta, estaba nervioso. No había reparado en que ya estaba en la puerta de la casa de Bella.

Para mi sorpresa, no abrió Bella.

—Buenas tardes —me saludó la voz ronca de su padre. El jefe de policía Swan. No llevaba su uniforme, pero aún así, se veía muy imponente. No por la altura, ya que era incluso, un poco más alto que él, pero su mirada daba a entender que protegía a su hija de cualquiera. De cualquiera que la invite a una cita. De mí, en particular.

—Buenas tardes —respondí con voz ahogada. No había sonado bien, así que traté de reparar mi voz y que sonara decidida— ¿cómo está jefe Swan?

—Llámame Charlie —dijo—. Estoy tan bien como puede estar un padre cuando un adolescente hormonal la invita a salir.

—Bueno, Charlie, al menos no soy un adolescente hormonal. Confíe en mí. Cuidaré de Bella mejor que nadie —respondí. No sé de dónde había sacado el valor suficiente para eso, pero pareció funcionar, ya que Charlie, sonrió ligeramente.

—Bien chico. Me agradas —palmeó dos veces mi hombro con su brazo.

—Ya estoy lista —escuché la delicada voz de Bella detrás de Charlie.

Cuando la alcancé a ver por completo, estaba completamente hermosa. Su cabello caía en bucles hasta su cintura, con una pequeña trenza en un lado. Un vestido que la hacía ver… encantadora. Color crema con adornos café y verde oliva. Se veía preciosa.

—Bella —la saludé, no pude evitar sonreír.

—Hola, Edward —respondió y se sonrojó levemente. Bajó su mirada y yo, no podía quitar la vista de ella.

Charlie aclaró su garganta.

—Bien, la quiero aquí antes de las diez, ¿entendido? —preguntó con voz estricta, pero su mirada, no era tan dura. Me miraba como si confiara en mí.

—Por supuesto, Charlie —Bella me miró a ver desconcertada— ¿vamos?

La volteé a ver y me sonrió.

—Sí —respondió.

La tomé por la cintura tratando de no parecer tan posesivo, sino más por caballerosidad que nada, pero seguramente Charlie lo tomaría como posesivo, sin lugar a dudas. La sentí tensarse un momento, quizá por la sorpresa de haberlo hecho, ya que jamás lo había hecho, pero rápidamente se normalizó y siguió hasta mi Volvo.

Le abrí la puerta del auto y se sonrojó levemente.

—Gracias… —susurró quedamente. Le sonreí y se sonrojó aún más, haciendo que yo riera un poco. Era adorable verla sonrojarse.

El camino a mi casa hablamos de nuestros gustos, más que de otra cosa. Tenía gustos bastante peculiares. Como por ejemplo, que le gustaba el sol, no todos los días. Prefería la lluvia o el frío. No le gustaba la playa. Adoraba el chocolate, la música clásica, los libros clásicos, el bosque. Y muchísimas otras cosas que me intrigaban.

Cuando llegamos, repetí el proceso de abrirle la puerta y nuevamente se sonrojó.

—Siempre me ha gustado tu casa —dijo, cuando entrábamos a la cocina.

Siempre me has gustado tú, le quise responder, pero… era muy pronto.

—Sí, Esme tiene muy buen gusto —le sonreí—. Seríamos un caos sin ella. ¿Qué quisieras hacer?

Alzó una ceja y me miró dubitativa.

—Pensé que ya habías planeado todo.

—Claro que planeé algo, pero, primero hagamos algo que tú quieras. Así, si no te gusta mi parte, al menos habrás disfrutado de la tuya —expliqué.

—Estoy bastante segura que me gustará tu parte —me sonrió, luego de sonrojarse ligeramente.

—Y bien, ¿qué te gustaría hacer? —repetí.

Lo pensó por un momento, antes de responder.

—Me gustaría jugar a las 20 preguntas —miré mi reloj y vi que todavía eran las cuatro veinte.

—Bien, que sean 30, tenemos tiempo.

—Perfecto.

—Comienza tú.

—Comienza tú —nos miramos, y comenzamos a reír. Obviamente, insistiría que ella fuese de primero. Le di a entender con la mirada que dejaría que ella preguntara primero, y asintió.

—Bien —dijo por fin—, ¿qué clase de música escuchas?

—Más que nada, instrumental y clásica —respondí. Ella me miró extrañada, pero asombrada al mismo tiempo, como si no creyese lo que acababa de decir—. ¿Qué pasa?... y eso no cuenta como una de mis 30 preguntas, aclaro.

Rio ligeramente, para luego responderme.

—Que es extremadamente extraño que escuches esa música… casi nadie lo hace —explicó, encogiéndose de hombros—. Te toca.

—Pero tú también la escuchas…

—Sí, pero siendo hombre y sobre todo, adolescente, no es muy común…

Platicamos, lo que sentí que fueron horas. Saber cada mínimo detalle sobre ella, era fascinante. Me hacía sentir especial saber tanto sobre ella, y estaba seguro, de que todavía me faltaba mucho por descubrir. Pero, con mucha suerte, podría hacerlo durante mucho más tiempo.

—¿Quieres cenar? —le pregunté.

—Claro —respondió sonriendo—. ¿Qué vamos a cenar?

Fetuccini Alfredo con pollo. ¿Te gusta?

—Me encanta—sonrió.

Calenté rápidamente la comida en el horno, mientras platicábamos.

—¡Edward, está delicioso! —exclamó—. ¿Tú lo hiciste? —preguntó mientras comía el primer bocado.

—Bueno, Esme le puso la sal y la pimienta—pasé mi mano por mi cabello. Rio por lo que dije y continuó comiendo.

—¿Nunca consideraste ser chef? Vendré todos los días a que me cocines —sonreí. Con gusto prepararía comida para ella, con tal de estar cerca de ella siempre.

—Cuando quieras —respondí.

—¿Quieres postre? —pregunté, cuando terminó de comer.

—¿Hiciste postre también? —preguntó asombrada.

—Por supuesto, ¿qué es una cena sin postre? —sonrió y saqué los brownies del horno. Saqué también el helado del congelador, mientras Bella me observaba.

Serví con mucho cuidado las bolas de helado encima del brownie y le di uno a Bella y otro a mí.

Lo probó y sus ojos se abrieron de la impresión.

—Deberías ser chef. De verdad… esto está exquisito —dijo, mientras seguía comiendo.

—Gracias —sonreí—. Me alegra que te haya gustado.

Comió todo el brownie y recogí los platos cuando terminamos.

—Ven —le dije— te quiero enseñar algo.

Me miró extrañada, pero no dudó más y tomó la mano que había estado extendiendo hacia ella.

Siempre me recorría una extraña sensación cuando la tocaba. Era inexplicable, pero sentir su piel contra la mía, era aún más increíble. Adoraba todo lo que me hacía sentir, y ni siquiera era consciente de ello.

La llevé hasta mi habitación de música, pasando por otras habitaciones, mientras le explicaba qué era cada una. A veces me hacía preguntas, curiosa, y yo las contestaba. Llegamos, y abrí la puerta para que entrara primero.

Se quedó estática al ver mi piano. Suponía que era algo bueno, o no sé. Esperaba que sí.

—¿Bella? —pregunté al ver que seguía sin reaccionar—, ¿estás bien? —de pronto vi cómo una lágrima escapaba de sus ojos y rápidamente, la limpié con mi pulgar. ¿Por qué lloraba?

—Sí, sí —asintió con la cabeza, pasando su mano por sus ojos, para borrar el rastro de las lágrimas—. Es solo que mi abuela tocaba el piano, y tenía uno idéntico. Tocaba muy bien. Ella me enseñó todo lo que sé y… —calló abruptamente.

Solamente me limité a guardar silencio para que pudiera pensar en lo que sea que estuviese pensando tan profundamente.

—Bien, ¿vas a tocar? —preguntó, luego de unos momentos.

—Por supuesto —sonreí. Le señalé el lugar junto a mí en el taburete del piano. Se sentó y comencé a tocar. Toqué lo mejor que pude para Bella, no sabía que era su nana, pero la tenía que tocar perfectamente. Era suya. Vi a Bella por un segundo y vi que veía atentamente las teclas del piano. Parecía estar disfrutando.

Terminé de tocar y vi que había cerrado los ojos.

—Eso fue hermoso, Edward. Gracias —dijo, con los ojos todavía cerrados. Me acerqué a ella, lo suficiente para poder sentir su respiración mezclarse con la mía.

—Abre los ojos, Bella —le pedí.

Dudo por un momento, pero luego los abrió.

Sus ojos eran hermosos. Podía verlos todo el día y nunca cansarme.

—Es tuya, Bells —susurré.

Su boca se abrió ligeramente, a la par de sus ojos, intentando asimilar lo que le había dicho.

—¿T-tú escribiste eso? —preguntó asombrada.

—Claro.

Parecía aún más asombrada. De pronto, me abrazó, enterrando su rostro en mi pecho. Yo solo atiné a aferrarla a mí y poner mis manos en su espalda, acariciándola.

—Gracias, gracias, gracias, Edward —susurró en mi oído, sentir su aliento tan de cerca, me hacía sentirme como un niño pequeño enamorado, como si no supiese que hacer al tener a esa maravillosa mujer entre mis brazos—. Es lo más bello que alguien ha hecho por mí. Es preciosa.

Me separé ligeramente de ella, para besar su frente. Me moría por probar sus labios, pero no quería parecer desesperado.

Estuvimos un momento más abrazados, y luego platicamos. Me hacía reír mucho. E incluso, por alguna razón, yo la hacía reír también. Su risa era adorable, como ella.

—¡Edward, son las 9:45! Ya vamos tarde para mi casa —dijo alarmada, mirando la hora en su celular.

Dios, me había olvidado por completo de la hora… Charlie ya no iba a confiar en mí si la llevaba más tarde de lo que me dijo.

—Vamos —la tomé de la mano y salimos hacia mi Volvo. Le abrí la puerta como siempre, ni con prisas podía olvidarme de eso.

Manejé por encima de los 130 km por hora. Bella estaba aferrada a su asiento, pero le había dicho que se colocase el cinturón. Parecía un poco mareada aún así. Esperaba que no le sentase mal manejar tan rápido.

Llegamos a casa de Charlie, justo tres minutos antes de las diez.

—Bueno —dije, para romper el silencio—, técnicamente, siguen siendo antes de las diez.

Rio nerviosamente, aún afectada por el viaje, suponía.

Me bajé del auto, le abrí la puerta y la tomé por la cintura. Nos dirigimos a su puerta y toqué el timbre.

—Vaya muchacho —Charlie abrió la puerta, con un pedazo de pizza en su mano—, te tomaste muy literal eso de antes de las diez. Faltan dos minutos.

Se veía entre asombrado y divertido. Suponía que era algo bueno.

—Justo a tiempo, Charlie, como me pidió —le respondí.

—Pasa si quieres —sonrió.

—Claro, gracias —dejé pasar primero a Bella, que aún seguía un poco perdida. La próxima vez, tendría que fijarme de la hora para poder tener un viaje a casa tranquilo.

—¿Quieres una rebanada, Edward? —preguntó Charlie, cuando entramos a su cocina. Había dejado la pizza ahí, mientras miraba un partido. La televisión seguía prendida.

—No gracias. Ya cenamos.

—Bien, los dejaré solos —dijo, tomó otra rebanada de la pizza y se fue a sentar a su sofá, para continuar con el partido.

—¿Estás bien? —le pregunté a Bella, mientras tomaba su mentón en mis manos.

—Cl-claro —respondió nerviosa.

Reí por lo bajo.

—Prometo no conducir así de nuevo cuando esté contigo —prometí.

—No, no es eso… bueno en parte —dudó.

—¿Entonces qué? —pregunté.

—¿Desde cuándo, tú y Charlie, se llaman por sus nombres de pila? —preguntó curiosa.

—Cuando te traje. Me dijo que lo llame Charlie.

—Pero, parece que de verdad confía en ti. Eso de Charlie, lo hace porque sí. Pero creo que le agradas, en serio —me encogí de hombros.

—Es algo bueno, ¿no? —le pregunté, mientras acomodaba uno de sus mechones de cabello, tras su oreja. Se estremeció ligeramente cuando lo hice y sonreí satisfecho por poder causar eso en ella.

—Sí, su-upongo —tartamudeó, para luego sonrojarse.

—Eres hermosa cuando te sonrojas —solo sonrió y yo me perdí en sus ojos. No habían ojos más hermosos y sinceros. Tan puros…

Ella también me veía como yo a ella. Comencé a acortar la distancia entre nosotros, Bella cerró sus ojos y cuando estuve seguro de que ella estaba de acuerdo, cerré los míos para disfrutar de sus labios.

Se amoldaron perfectamente. Definitivamente, ambos fuimos hechos para estar juntos. No podía imaginarme con otra mujer más maravillosa y, por supuesto, a ningún hombre a su lado, con mi excepción.

Nuestros labios se movían juntos, inocentes, explorando nuevas sensaciones. Besar a Bella era simplemente indescriptible. Nos separamos lentamente, disfrutando aún de lo que acabábamos de hacer.

Me quedé cerca de ella, con mi frente en la suya, aspirando su delicioso aroma.

Escuché un carraspeo y vi a Charlie parado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados.

—Papá… —reprochó Bella, avergonzada.

—No importa, Bells, ya me iba de todas maneras —y era cierto. Esme me quería antes de las diez y media en la casa.

—Bien, te acompaño a la puerta —miró a Charlie recriminatoriamente. Como diciéndole que no se atreva a seguirnos. Reí por lo bajo. Era excesivamente adorable verla así, tratando de parecer amenazante…

Cuando llegamos a la puerta, me volteé para encararla y le quité la arruga que se le había formado en su frente.

—No te querrás arrugar antes de tiempo —le di un beso en la comisura de sus labios. Bella se quedó quieta por un instante y después me abrazó con fuerza. Me sorprendí un poco, pensé que se quedaría estática. Respondí su abrazo.

—Gracias por esta noche —susurró quedamente.

—Cuando quieras, Bells. Sabes que es un placer para mí —el respondí.

—Y es un placer para mí aceptar. Gracias, de nuevo, por la canción, por la cena, por las preguntas… por todo, Edward.

—De nada, Bells. De nada —besé su cabello y luego ella se acercó a mí, para darme un beso como el que yo le había dado, cerca de mis labios. Era una sensación indescriptible. Me miró sonriente.

—Nos vemos mañana —se despidió.

—Por supuesto —respondí.

—Estaré esperando la próxima cita —dijo, cuando ya me había volteado. Me volteé nuevamente sin avanzar de donde estaba.

—¿Y eso qué nos hace? —le pregunté. Pareció pensarlo un poco y luego respondió.

—Prospecto número uno a novio.

—Entonces, ¿hay otros? —solamente se encogió de hombros con una sonrisa juguetona. Reí—. Adiós, Bells.

—Adiós, Edward.

Me subí a mi auto, con la sonrisa más grande que había tenido nunca y me despedí nuevamente —era un tanto difícil separarse de ella, después del increíble día que habíamos pasado juntos.

También se despidió con la mano y entró a su casa.

Había tenido la mejor cita del mundo con Isabella Swan y estaba ansioso por ya no ser el prospecto número uno.

Quería ser el novio de una vez, pero tenía que ser paciente. Valía la pena esperarla.

Amaba a Bella Swan.


Muy bien, esta es la segunda parte. Yo quiero una cita así, la verdad... hahaha o que me lleve a un concierto de música clásica, o que vayamos a un hermoso parque o a un museo de pinturas de Van Gogh y/o Monet. Hahahaha. O que me lleve a Londres haha más fácil...

De verdad espero que les haya gustado mucho. Tengo muchas ideas en mente. Voy a tratar de hacer long-fics, pero no me pidan que me apure... ésas las tengo que pensar muy bien. Ya saben, la trama y eso. Pero mientras publico mis long-fics, estaré subiendo one-shots o historias de dos o tres capítulos... depende que tan grande sea mi idea.

Gracias a los 4 reviews del capítulo anterior y a todas las que me agregaron a favoritos y alertas. ¡Fueron 21 en total! Me encantan que me digan que piensan... y el de Naemii, donde me dice que Bella debió haber respondido: —Señor Banner, ¿puedo responderle?

Hahaha fue una súper buena idea. Me encantó.

En fin, gracias por su apoyo, por leer, por agregarme a favoritos, a alertas, por dejar lo que piensan, en serio, son magníficas. Gracias por todo, espero estar subiendo historias muy pronto. Tengo que trabajar en ellas.

¡Gracias!

P.D.: Me imagino que ya habrán visto el trailer de Breaking Dawn part 2... Es HERMOSO. ¡Genial! Lo adoré. Cuando Edward le dice "You're so beautiful" (haha sí, es que lo prefiero en inglés que en español, la voz de Robert... es... indescriptible, grave y sexy haha), fue la mejor parte del trailer hahaha. Puse mi alarma a las 4am para poder verlo y ser una de las primeritas, y fui una de las primeras 300 personas en todo el mundo hahahaha . Estoy orgullosa de mí haha. Y siento que está bien que no haya durado lo que siempre dura un trailer, porque ya es la última película (por desgracia), así que nos quieren poner en suspenso. Hahaha aunque también la pudieron haber sacado antes... pero bueno, saben lo que hacen.