Como algunas de ustedes me pidieron que continuara con el mini fic "El Barquito Chino" acá traigo la continuación... Pero como estoy algo corta de tiempo, solo voy a publicarla los sábados.

Espero que les guste y dejen sus comentarios... =)


Capitulo 1

Un molesto rayito de sol que entraba a la habitación por una abertura en las cortinas, y el cantar de los pájaros, despertaron a Candy. Sentía un dolor insoportable en su cabeza, no sabía cómo había llegado allí, lo último que recordaba era haber contestado mal a una pregunta, y tomado el quinto sorbo de whisky. Debió haber sabido que ese juego no era para ella, tal vez para Terry, a él no le afectaba beberse una botella entera, pero Candy no estaba acostumbrada. Pero... ¿Qué era exactamente lo que había pasado anoche?

Candy se desperezó, estirando sus brazos hacia los costados, y bostezando ruidosamente, sin los modales de una dama.

- Vaya... Hasta que por fin despiertas – Una voz masculina, seguida por una risa, se escuchó por toda la habitación, provocando un grito de espanto en Candy.

- ¡Terry! – Casi se cae de la cama de la impresión, al ver a Terry sentado en el sofá - ¿Qué haces aquí?

- Pero que mala memoria que tienes, pecosa

- ¡Oh por Dios! – Exclamó ella, cubriéndose con las manos - ¿Qué me has hecho? ¡Degenerado! - Terry estalló en risas - ¿Cómo te atreves a reírte? ¡No puedo creer que me hayas hecho esto! – Estaba casi al borde de las lágrimas. A Terry lo conmovió esa situación, así que se acercó a ella y se inclinó para que sus rostros quedaran a poca distancia. Le tomó el mentón con la mano para que lo mire.

- Pecosa – Le dijo tiernamente – Escucha... no paso nada entre nosotros anoche.

- ¿Cómo puedo creerte?

- Aún tienes puesto el uniforme – Apartó el edredón del cuerpo de Candy – Y también los zapatos – Ella miró hacia abajo, era cierto, estaba completamente vestida. Un ligero sonrojo cubrió su rostro.

- Entonces... – Dijo ella, intentando ocultar su vergüenza, tenía que dejar de actuar compulsivamente - ¿Qué fue lo que paso anoche?

- Te equivocaste mucho – Le acarició el pelo – Y tuviste que cumplir el castigo – Candy comenzó a emitir suaves gemidos – Entonces te emborrachaste.

- ¿Y luego?

- Y luego... me quedé un rato contigo, hasta que te despejaras un poco – Su mano paso del cabello a la mejilla – Pero te quedaste dormida – Comenzó a acariciar sus labios con el pulgar, deseando besarlos locamente – Te cargué en brazos, y te traje hasta tu habitación y me he quedado toda la noche despierto, cuidándote – Sus rostros se acercaban cada vez más – Pero te juro por mi vida, Candy, que no te he puesto un dedo encima.

- Te creo – Se derritió ante sus bellas palabras. Quería besarlo, necesitaba hacerlo, pero entonces...

- ¡Candy! ¡Candy! – Era la voz de Annie la que se oía detrás de la puerta.

- Terry, ocúltate – Le susurró.

- ¿Crees que se escandalizaría al verme en tu habitación? – Le preguntó burlonamente, mientras corría a esconderse dentro del armario.

- Cállate

Candy se levantó de la cama e intento arreglarse un poco la ropa antes de abrir la puerta. Al hacerlo, Annie y Patty se adentraron en la habitación, cerrando la puerta tras ellas.

- ¡Oh Candy! No sabes lo preocupas que estábamos – Le dijo Annie, sentándose en la cama.

- No estábamos muy seguras de dejarte con Terry, pero él prometió que te cuidaría, así que creímos que sería una buena oportunidad para que estuvieran un momento a solar.

- Patty, por favor... – Le suplicó Candy.

- No Candy, Patty tiene razón – Dijo Annie – Es cierto que al principio Terry no nos caía bien, era antipático, rudo y grosero, pero es obvio que ustedes dos tienen que estar juntos, se complementan a la perfección.

- Y tiene unos ojos hermosos capaces de hipnotizar a cualquier mujer

- Y qué decir de su trasero...

- ¡Imagina a ese cuerpo desnudo!

- ¡Chicas, por favor! – Candy no sabía qué hacer para que cerraran la boca. Casi podía escuchar a Terry reírse dentro del armario.

- ¿Qué pasa Candy? – Le preguntó Annie – Muchas veces has comentado la perfección del cuerpo de Terry.

- Pero... – Intentó detenerlas, pero era en vano.

- Pero lo que tenemos que hacer ahora – Continuó Annie – Es buscar la manera para que puedas conquistarlo.

- Aunque no será muy difícil – Patty se acerco a ellas como si fuera a confesar un secreto – Ayer durante el juego, Candy apoyo su mano en la pierna de Terry, y yo no quise decir nada pero... ¿No notaron como se formó un bulto entre sus piernas?

Terry, quien había estado riendo silenciosamente dentro del armario, enrojeció al escuchar aquello ¡Maldición! Creyó que nadie se había dado cuenta.

- ¿En serio? – Exclamó Annie.

- Si... y por lo que pude notar, Terry viene muy bien dotado allí abajo.

- Chicas – Dijo Candy – Me duele un poco la cabeza ¿Les molestaría venir más tarde?

- ¿Y cómo no te va a doler la cabeza? – Annie se puso de pie – Si ayer te bebiste casi toda la botella de whisky.

- Bueno, te dejamos para que descanses – Ambas se dirigieron hacia la puerta – Recuerda lo que te dijimos, Terry y tú tendrían hijos hermosos.

Una vez que Annie y Patty se retiraron, Terry salió del armario, destornillándose de la risa. Candy lo miró como si tuviera ganas de asesinarlo, pero solo después de hacerlo con sus amigas.

- ¿Así que tengo un trasero perfecto? – Candy se sonrojó, Terry no tendría por qué haber oído aquellas cosas – No tienes que avergonzarte... también creo que tienes un trasero bonito.

- ¡Terry! – Exclamó ella, completamente escandalizada, mientras él reía. Después recordó algo que sus amigas habían dicho y cambió su expresión, sabía cómo vengarse – Terry... ¿Qué tenias ayer entre las piernas? – Él paro de reír abruptamente, y fue su turno de sonrojarse.

- Yo... – No sabía cómo explicarse, todo era muy vergonzoso – veras... lo que paso fue que...

- ¿Acaso te gusto que te tocara la pierna? – Se arcó peligrosamente – ¿Quieres lo haga de nuevo? – Le preguntó inocentemente.

- ¡No! – Dio un paso hacia atrás. Lo peor de todo, era que sus hormonas comenzaban a jugarle una mala pasada. El solo hecho de estar en la misma habitación con Candy los dos solos y con una cama deshecha a unos pocos pasos, lo excitaba en sobremanera. Candy seguía acercándose a él – Por favor, Candy...

- ¿Qué es lo que quieres, Terry? – Le dijo casi en un susurro – Dime lo que quieres.

Terry no sabía cuánto más iba a soportar, no quería faltarle el respeto a Candy, pero ella no se lo estaba haciendo más sencillo. La sentía tan cerca, que le era imposible contenerse, quería tomarla en sus brazos y llevarla hasta la cama, desvestirla y hacerle el amor, pero no podía pensar en ello, no era de caballero.

- ¡Candy, espera! – Ella se detuvo – No quiero hacerte daño.

- ¿Hacerme daño? – No entendía porque le estaba diciendo aquello – Terry, tu nunca podrías hacerme daño.

- Eres tan inocente – Le dijo, acariciándole el rostro cariñosamente – No sabes lo que puedes llegar a provocar en alguien como yo.

- Explícamelo – Candy se conmovió por sus palabras, y por la caricia, que la hiso estremecer.

- Aún no – Le sonrió.

- ¿Por qué no?

- Porque cuando lo haga... serás legalmente mi mujer

- ¿Qué seré tu mujer? – Candy no entendía de que le estaba hablando Terry. Era cierto que muchas veces había soñado en convertirse en su esposa, pero nunca creyó oírlo de sus propios labios.

- ¿Es que acaso no recuerdas lo que me dijiste anoche? – Le preguntó divertido.

- ¡Oh por Dios! ¿Qué fue lo que dije? Debes disculparme, había bebido mucho y no sabía lo que decía... – Terry le puso su dedo índice en la boca para que no siguiera hablando.

- Me dijiste que me amabas, y después me preguntaste si me casaría contigo – Candy estaba muriéndose de vergüenza, nunca más bebería una gota de alcohol - ¿Quieres saber que te conteste?

- ¿Qué? – Le preguntó con temor de escuchar que no la quería.

- Que por supuesto me casaría contigo – La miro fijamente – Te amo, Candy, y quiero pasar el resto de mi vida a tu lado. Tú eres quien le ha dado sentido a mi vida, y ya no imagino vivirla sin tu presencia a mi lado. Quiero nos casemos, que tengamos muchos hijos y nietos, y que envejezcamos juntos. Te amo, Candy. Te amo como nunca he amado a nadie en la vida.

Candy casi se derrite al oír a Terry decir aquellas palabras, ahora lo sabía, lo amaba y no quería perderlo por nada en el mundo.

- ¡Oh, Terry! – Se arrojó a sus brazos – ¡Te amo! Y también deseo todas aquellas cosas que has dicho.

Terry la abrazó fuertemente, no quería separarse de ella nunca. Entonces la separo un poco para verla a los ojos, e hiso lo que había estado deseando desde que la veía dormir desde el sofá. La beso. Pero no fue un beso como el de Escocia, este estaba cargado de pasión, y Candy lo aceptó gustosa. Terry fue invadiendo la boca de ella con su lengua, y la rubia emitió un gemido de sorpresa, pero lentamente fue acostumbrándose a la caricia y comenzó a imitarlo. Él sintió que todo se le estaba yendo de las manos nuevamente, y quiso detenerlo antes que sea demasiado tarde, ya tendrían el resto de sus vidas para expresarse su amor. Separó sus labios de los de Candy, a pesar de la renuencia de ella.

- Debemos detenernos – Le dijo, aunque era lo último que quería.

- Está bien – Se separó de mala gana.

- Será mejor que me vaya, o las monjas se darán cuenta que no estoy en mi habitación.

- Si... pero ve con cuidado, lo último que quiero es que te castiguen.

- No te preocupes, pecosa... nos vemos más tarde en la segunda colina de Pony.

-Si

Terry le dio un tierno beso en los labios a su ahora novia, y salió por la ventana, para dirigirse a su habitación. Estaba agotado porque no había podido dormir absolutamente nada, había pasado la noche entera, velando el sueño de Candy. Llegó a su habitación sin contratiempos, y se desplomó sobre su cama. No tardó demasiado tiempo en quedarse completamente dormido y volver a encontrarse con su pecosa en sus sueños, que sabía que pronto, se convertirían en realidad.

Mientras tanto, Candy se dirigió al baño para tomar una ducha. Aún le dolía la cabeza, no entendía como Terry podía soportar aquellos síntomas, de ahora en adelante, le prohibiría salir a emborracharse por las noches. No permitiría que su novio volviera a sus andadas, relacionándose con quien sabe qué tipo de personas, y mujeres, sobre todo mujeres. A partir de ese momento, Terry solo tendría ojos para ella, y pobre de él si se atrevía siquiera a mirar a otra.

Continuará...