Epílogo.

John silva una canción cuyo nombre no recuerda. Está haciendo la masa para preparar pastelillos, últimamente le ha dado por la cocina. Le gusta salir a comer fuera. Mejor dicho, le gusta que Sherlock le lleve a comer fuera. O a cenar.

Les sigue resultando algo complicado expresarse, pero la situación ha mejorado considerablemente. John siente, sin embargo, que todavía le queda algo que discutir con el detective, algo que le quiso mencionar la última vez pero no se atrevió por la posible respuesta que obtendría. Cuando Sherlock aparece por detrás para probar uno de los pasteles, en un acto totalmente inocente, John le sujeta la muñeca y se da la vuelta, encarándolo de frente, con el ceño fruncido.

-¿No ves que ni siquiera los he puesto al horno?

John ve como el detective parpadea repetidas veces intentando enfocar la masa dulce y amorfa. Tiene ojeras y parece realmente agotado. Está más pálido de lo normal.

-¿Cuándo dormiste por última vez? –le pregunta, soltando su muñeca y acariciándole la mejilla con el pulgar, inconscientemente.

-He ido descansando aquí y allá.

-Sherlock.

-Tienen buena pinta. Cuando salgan del horno avísame, haré té.

-Tendrás que quedarte tú al cuidado. Voy a salir.

-¿Dónde vamos?

-Nosotros no. Yo. He quedado.

Sherlock lo mira, totalmente sorprendido.

-¿Con quién?

-Con Greg. Vamos a por unas cuantas cervezas y a ver el partido.

-Espera… John. La última vez que saliste a beber la cosa no acabó bien.

El médico frunce el ceño, molesto al principio, pero luego sonríe con picardía.

-Yo creo que acabó BASTANTE bien –expresa con énfasis, mientras observa al detective de arriba abajo.

Pero Sherlock, cansado como está, no se da cuenta. Nunca se da cuenta.

-¿No puede venir Lestrade aquí?

-¿A ver el partido? Si a ti no te gusta el fútbol.

-No importa.

-Además, estás en medio de un caso… -murmura desviando la mirada.

-No me molestaréis.

-¿Por qué insistes tanto?

Sherlock suspira y se deja caer hacia atrás, apoyándose en la mesa de la pequeña cocina. Lo mira fijamente

-Olvidé decirte algo aquel día en el que empezamos a estar juntos.

-¿El qué?

-Si bebes, que sea en casa.

John se cruza de brazos, indignado. Le duele que el detective piense que es ese tipo de persona. Cuando John bebe hasta ponerse de aquella forma, no es precisamente porque le apetezca.

-Entonces, yo también voy a pedirte algo, Sherlock. No me ignores cada vez que tengas un caso nuevo. Me da la impresión de que ya no me necesitas, y no me gusta.

-…

-Ni siquiera lo niegas.

-No.

-… De acuerdo.

-Pero, que te ignore no quiere decir que no te… necesite.

-No sé si tratas de animarme o…

-John. Simplemente, no puedo concentrarme lo suficiente cuando estoy contigo en un caso. No puedo dar el cien por cien de mí mismo.

-Supongo que sí tratas de animarme.

-Solo te expongo los hechos.

-Me da igual. Sigue sin gustarme. Sigo sintiéndome innecesario.

-¡John! –exclama el detective, al parecer, angustiado.

-Me gustaría que volviésemos a resolver casos juntos. Como en los viejos tiempos.

-En los viejos tiempos estuviste a punto de morir, al menos, cuatro veces.

-¿Estás preocupado?

-No es eso…

-Sherlock, no es responsabilidad tuya, ni tu culpa, que hayamos estado en ese tipo de situaciones. También te he ayudado en alguna ocasión, ¿o no?

El detective alza las cejas en señal de desacuerdo.

-La píldora del taxista que casi tomaste…

-No iba a tomarla, en realidad.

-El circo chino…

-¡Esa fue Melissa!

-Se llama Sarah.

-Como sea. Espera, ¿por qué recuerdas su nombre?

-Aquella vez en que…

-Ya es suficiente. Lo he entendido.

John sonríe, victorioso,

-¿Entonces?

-Tendré que pensarlo…

Sherlock no parece muy convencido. Y eso no es bueno. John tendrá que expresarse de otra manera. Es cierto que Sherlock nunca se da cuenta de nada cuando está cansado, y cuando las indirectas de John son poco obvias, pero está dispuesto a cambiar eso. Vuelve a recorrer al detective con la mirada, sigue pareciendo agotado.

John suspira, medio preocupado medio resignado, y se dirige él con media sonrisa amable.

-Verás, Sherlock. Me gusta la emoción de resolver un caso, el momento en el que estamos viendo algo equivocado y tú nos corriges, e incluso insultas, con esa autosatisfacción insufrible –murmura mientras lo saca de la cocina, con pasos firmes y movimientos suaves. Sherlock refunfuña, todavía no sabe si John está siendo irónico o no-. Me gusta cuando, por mucho que la gente lo odie, siempre tienes la razón. Y no se lo digas a nadie, pero también me gusta que les hagas quedar como los idiotas que son. –John camina acariciando el torso del detective, aún con la camisa puesta, quien, como siempre, se deja hacer. Se acerca a su oído, susurrando-. Pero todavía me gustaría más si, al final de cada caso, llegásemos juntos a casa para resolver nuevos 'asuntos'.

Sherlock lo mira, detenidamente. Su sonrisa traviesa, sus intenciones detrás de cada frase, el tono suave – ¡pero tan condenadamente sensual!- que emplea en ese momento, la forma de acariciarlo incluso mientras caminan, la sensación de no saber hacia dónde va porque no ve nada a su alrededor que no sean los ojos de John.

Al ir de espaldas, Sherlock tropieza contra algo y cae. Pero no se preocupa, John no muestra signos de que se vaya a hacer daño. Efectivamente. Ha caído sobre un sofá. Y el médico se arrastra, hasta quedar encima de él.

-Mmmm…

-Aunque, si lo prefieres, siempre puedes pedirle otro caso a Lestrade antes de llegar a esta última parte –comenta John, dándole un beso fugaz en los labios para después levantarse.

Sherlock lo coge de la muñeca, irritado, no permite que se aleje.

-¿Dónde te crees que vas? Prefiero resolver esta última parte, gracias –murmura. Arrastra a John hacia sí mismo, de nuevo. Con la otra mano, acaricia su espalda-. Ya sabes que no me gusta dejar los casos a medias… si son interesantes.

John sonríe.

-Pues ya somos dos. Así que… ¿qué hay sobre eso de los viejos tiempos?

Sherlock gruñe, nada complacido. A la vez, besa el cuello de John, que ya es otra cosa.

-¿Puedo tomar eso como un sí?

-Maldición, John. ¿Podemos hablar de eso más tarde? -el médico enarca una ceja y se afirma más al cuerpo del detective.

-No.

-Adoras torturarme, ¿no es cierto?

-No soy el único. Tú haces lo mismo, dándotelas de persona inteligente y sobrada cuando hay público delante.

-Pero te encanta. Acabas de decírmelo.

El médico ríe y le besa la mejilla, con cariño.

-Es cierto -John le abraza, deja caer la cabeza sobre el hombro de su amante-. Lo echo de menos –admite-. Te echo de menos. Allí, en el 'campo de batalla'.

-No estamos en guerra, John –murmura, acariciándole el pelo. Comprende que, en ese momento, necesita cariño. Su cariño.

-Menos mal que no. Pero esa sensación, esa adrenalina que sentía entonces… es la misma que cuando estamos solos tú y yo, persiguiendo a tipos peligrosos. Todavía la necesito. No me niegues esto, Sherlock.

-Ah… -suspira el detective, frotándose la frente.

John vuelve la cabeza hacia él. Lo observa fijamente. A los pocos segundos, Sherlock nota que John lo observa, así que hace lo mismo. Los dos se miran, sin decir nada. John es el primero en romper el silencio.

-Te quiero.

Sherlock vuelve a suspirar. No rompe el contacto visual, es un momento demasiado intenso como para desperdiciarlo.

-¿Me quieres, Sherlock?

-¿Es una trampa? ¿Me amenazarás con que si respondo 'sí', debería concederte tu deseo por amor?

-No lo haré –responde John, simplemente. El detective puede leer la verdad en sus ojos-. ¿Me quieres?

Sherlock asiente.

-Te quiero.

John sonríe más ampliamente.

-Yo también.

-Lo sé, acabas de decírmelo…

-No me molesta volver a hacerlo.

Sherlock desvía la mirada, finalmente. Se muerde el labio inferior, casi imperceptiblemente y mantiene la vista puesta en la calavera. Pero está abstraído. Algo que le importa revolotea por su cabeza. John sabe que no es una tontería, no para Sherlock. Para él se trata de algo importante.

-¿Qué pasa? –le pregunta, incorporándose un poco.

-No es nada –responde simplemente.

-Entonces, dímelo.

-Solo… no sé. A veces pienso que… no merezco muchas cosas que tengo –lo mira. John se sonroja. Le da un pequeño puñetazo en el hombro.

-¿Eres idiota?

Sherlock esboza media sonrisa.

-De acuerdo.

-¿Con que eres idiota?

El detective frunce el ceño, pero evita hacer comentarios al respecto. Todavía no sabe medir bien sus palabras ni sus bromas. Y no quiere hacer daño a John. Por encima de todas las cosas, no quiere hacer daño a John.

-Vendrás conmigo al próximo caso. Hablaré con Lestrade.

La cara del médico se ilumina. ESO es lo que busca Sherlock. Por encima de todas las cosas.

-¿De verdad?

-De verdad.

-No sé qué decir. De pronto me siento muy feliz.

-Pues yo no sé qué pensar. Te hace más feliz perseguir asesinos que…

-Me hace feliz perseguir asesinos contigo –le besa en los labios, con una maliciosa satisfacción.

Y Sherlock vuelve a sentir que sus defensas han caído. Esos muros que tanto se ha esforzado en levantar, a lo largo de tanto tiempo, desaparecen cuando John está a su vista. Cuando lo roza al pasar por su lado, cuando lo toca, lo besa, le sonríe… incluso cuando lo mira. Sherlock se jura a sí mismo que jamás permitirá que nadie más lo vuelva indefenso, solo John tiene ese poder, solo John puede desarmarlo así. Nadie más.

Se deja caer, de espaldas, en el sofá. El médico vuelve a mirarlo, intensamente, desde una perspectiva más elevada. Sherlock entreabre los labios. Se siente desnudo ante él, de nuevo.

-Me gusta esta camisa –murmura John observándola-. El púrpura te queda condenadamente… bien –Sherlock está a punto de responder algo ingenioso, pero John le interrumpe-. Aunque lo prefiero así… -continúa mientras comienza a desabotonarla.

El detective ríe, divertido. John lo secunda, y lo besa entre risas. Sus dientes chocan, sus manos recorren el cuerpo del otro, el rostro, el pelo… Y Sherlock siente, como muchas otras veces ha sentido cuando está con él, que, en esos momentos, no es el detective consultor que resuelve todos y cada uno de los problemas que le plantean, el que pelea mentalmente contra Moriarty ni el que conspira con la ayuda de su red de mendigos; no se siente nada de eso.

En ese momento, es simplemente Sherlock. Nada más.

John consigue que sea una persona normal con cada gesto de atención que le dirige. Y, pese a todo, siente que no le importa acostumbrarse a ello.

FIN.

...


...

N/A.:

Bueno, pues aquí está el epílogo prometido. He intentado seguir un poco con el estilo del capítulo, pero como hay más diálogo, me ha quedado un poco raro :S

De todas formas, también me apetecía poner un poquillo de fluffy... no sé si habré medido bien la cantidad, que yo cuando empiezo a poner pastelosidades, no paro xDDD pero bueno, en realidad no me disgusta cómo ha quedado ^^

Soy muy feliz, porque a Riku le gustó el fic *_* y yo que estaba tan indecisa... me alegró el día que, por cierto, se dio cuenta de que escribí 'con peros y señales' en lugar de 'con pelos y señales' y no me dejó cambiarlo... me di cuenta de que toda mi vida había vivido con una mentira (?) xDDD pues sí, he dicho mal la frase desde que nací o,o pero a mí me sonaba mejor...

En fin, que se acabó lo que se daba con LOCKED ~ Ah, en cuanto al título, no se me ocurría nada y simplemente puse este, no tiene ningún significado especial ni nada que se relacione con el fic. Al menos, no conscientemente xDD

Matta-nee ^^