Nota aclaratoria: No me pertenecen los personajes de la historia, sólo las locuras aqui escritas =)

A LA LUZ DE LA LUNA

Por Scarleth

Estaba a punto de volverse loca. Esa apretada señorita que estaba de visita en la mansión la estaba sacando de quicio. ¿Amiga de la familia? ¿Visita de Negocios? ¡Claro! ¿Con la hija del dueño que además de inteligente y de mundo era astuta? ¡Era una maldición! ¿Por qué a ella le pasaban esas cosas? Se suponía que eran sus días con él. ¿Por qué había aparecido esa bruja para fastidiárselos?

Chelsea … Chelsea Brown. Pelirroja, ojos verdes, piel de porcelana, alta y además, de la edad de Albert. Parecían tener mucho en común y ella tenía un algo que la hacía temblar y sentirse como una adolescente nada más verla.

Al día siguiente al levantarse y dirigirse al comedor se encontró con la sorpresa de que sólo estaría la tía abuela, porque Chelsea quería desayunar fuera … ¡con Albert!. La rubia sentía que se le atragantaría cualquier cosa que ingiriera. ¡Era el colmo! había tomado vacaciones a petición del patriarca de los Andrew. Había cambiado horarios, rolado turnos y convencido a mil gentes para poder tener los días que él expresamente le había pedido … y ¿para qué? para dedicarle cada maldito minuto del día a la tipa esa. Respiró profundo y se sentó al lado de la Sra Elroy.

-Parece que sólo estaremos las dos otra vez.

-Eso parece. Chelsea no estará por mucho tiempo y tiene que resolver todos los detalles del convenio.

¿Convenio? ¡Ajá! ¡y ella era la reina de Inglaterra! Estaba segura que lo que Chelsea estaba intentando era algo muy diferente a firmar un convenio. Nada más de pensarlo una rabia tremenda la invadía. ¿Sólo unos días? pues llevaba tres y prácticamente había secuestrado a Albert.

No se había percatado hasta qué punto era notoria su molestia. Clavaba la fruta con el tenedor como si quisiera romper el plato. Masticaba furiosa y su mente daba vueltas tratando de pensar en qué hacer para lograr separarla de él.

-¿Candy te encuentras bien? - preguntó la tía atónita al verla dar estocada tras estocada a su desayuno.

-Sí, perfectamente – contestó dando los últimos tragos a su jugo - si me disculpa tía, tengo unos pendientes con Annie. Estaré fuera unas horas.

Se levantó de prisa y con una reverencia se despidió de la anciana. Dió media vuelta y casi corrió para poder llegar al pasillo. Realmente estaba enojada, así que se fue directo a su cuarto para llamarle a su salvadora.

Quedaron de verse para tomar un café y caminar por la ciudad. Candy necesitaba apartar de su mente a esa parejita que parecía tener clavada en el subconsiente. No le había hecho nada esa mujer, pero algo en su interior se revolvía sólo de recordar su nombre.

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-Candy, creo que estás exagerando.

-¿Exagerando? - gritó la enfermera – ¿exagerando cuando todo lo que me pidió Albert que hiciera no sirvió para nada? - replicó exasperada -¿Tienes idea de lo que tuve que hacer para conseguir estos días?

-Candy – respondió Annie tratando de mantener la calma – tú mejor que nadie sabes de las responsabilidades de Albert. La situación de las empresas no permite el lujo de tomarse "vacaciones". Si hay algo urgente que atender tiene que darle prioridad.

La rubia soltó un bufido. Ya era bastante el no contar con la presencia de Albert, como para que encima le restregaran que no era su prioridad.

-Gracias Annie, no sabes cómo me elevas la moral – dijo sarcástica, tomando un sorbo de su café y cogiendo una galleta. Nada bueno estaba resultando de ese día.

-Tampoco tomes esa actitud – le recriminó - Si tanto te molesta, entonces dícelo -añadió con un suspiro de resignación. Ella sabía mejor que nadie lo terca que podía llegar a ser su amiga – pero antes de hacerlo, quiero que te pongas en su lugar.

Candy la miró extrañada.

-¿Ponerme en su lugar?

-Exacto – hizo una pausa dejando graciosamente su taza sobre la mesa.

-¿Qué harías si hubiera una emergencia en el hospital? ¿Dejarías todo y te irías con Albert porque pediste unos días de vacaciones?

La rubia volteó a verla derrotada. Ambas sabían la respuesta.

-No Candy, no lo harías. Te quedarías a ayudar porque es tu responsabilidad, porque es el compromiso que adquiriste y a lo que decidiste dedicar tu vida. No podrías dejar todo tirado e irte tan tranquila sabiendo que te necesitan "en ese momento" … y Albert comprendería.

Guardaron silencio un momento. Candy pensó en lo que Annie había dicho. Ella sabía que era importante en la vida de Albert, pero también sabía que sobre los hombros del jefe del clan descansaba la estabilidad de muchísimas personas, y él jamás los defraudaría.

-¿Verdad que no es tan sencillo?

Candy tomó otro sorbo y masticó decididamente una galleta.

-No Annie, no es tan sencillo, pero una parte de mi está muy molesta porque no puede pasar tiempo con él. Yo se, créeme que se, que si por él fuera estaría conmigo.

-Candy, no te puedo decir qué hagas, sólo ten paciencia y se comprensiva. Estoy segura que Albert también quisiera estar contigo, y lamenta no poder hacerlo.

-Bueno, mejor vamos a dar un paseo para olvidarnos de todo esto. ¿Te parece?

Annie se puso en pie y le brindó una cálida sonrisa.

-Me parece perfecto.

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Por la noche, cuando estaba lista para tomar el té con el resto de la familia, lo tuvo que hacer nuevamente con la tía abuela, porque de Albert y Chelsea, no había rastro.

Se portó lo mejor que pudo tratando de ocultar su incomodidad, pero una vez llegada a su habitación, se le olvidó todo lo que había hablado con Annie y unos celos terribles la inundaron.

-¿Pero qué se cree? – gritó furiosa aventando los cojines a diestra y siniestra - ¡piensa que puede tener acaparado a "mi Albert" todo el día! "Son cosas de negocios" – fingía arremedando su voz – ¡Como si me importara un comino! – completó arrojando un jarrón contra la pared.

Albert que finalmente había llegado y se dirigía a la habitación de la rubia para pasar unos momentos con ella, escuchó el golpe y sin llamar a la puerta se apresuró a entrar.

-¿Candy? ¿estás bien? – preguntó alarmado.

-¡Albert! -exclamó sobresaltada. Casi se le salió el corazón del susto. Lo último en lo que hubiera pensado era en su padre adoptivo pasando frente a su puerta cuarto cuando ella estaba a medio arranque de histeria - … sí, estoy bien - comenzó a excusarse - tropecé y se me cayó el jarrón. No quise asustarte ni hacer ruido ... – completó rápidamente y con bochorno.

-No hay problema, sólo quería cerciorarme pequeña – le dijo con una de sus sonrisas – ¿no han sido los mejores días verdad?

-No - le contestó tratando de sonreir – muy malos días los que eligió tu "invitada" para venir.

-No es mi invitada – le dijo sentándose en el taburete – y ya quiero que se acaben – añadió suspirando.

Candy observó el semblante cansado de Albert. Había ojeras circundando sus ojos y su cara se notaba pálida.

-Realmente estás agotado Albert - dijo sentándose frente a él en la cama - Creo que te prefiero de vagabundo.

Albert soltó una carcajada.

-¿Ah sí? - le preguntó con una sonrisa radiante – pues ya somos dos.

A pesar de sus sonrisas, ninguno de los dos estaba realmente contento. Tenían planes muy distintos y todo se había visto repentimamente frustrado.

-Albert, deberías descansar.

El rubio volteó a verla y le sonrió. El había pensado en pasar esos días con ella, descansar y disfrutar juntos.

-Me encantaría Candy. Créeme.

-¿Cuándo se va?

-Quisiera decir que pronto, pero parece que hay otro interés personal además del convenio con los Andrew.

-¡Lo sabía! - exclamó triunfante – ¡el negocio es sólo un pretexto para pasar tiempo contigo!

Ahora sí que estaba enfadada.

-Candy, el negocio es real, pero ya sabemos que en ocasiones estas situaciones son inevitables. Siempre buscarán la manera de atrapar al millonario si tienen la oportunidad. Soy un experto en detectar y disolver este tipo de situaciones.

-Ya lo sé, pero ¿no podrías hacerlo en los días que no tengo mis vacaciones? Que lo intente en otra ocasión, no ahorita.

-Otra alternativa sería que dejaras de trabajar por un tiempo …

Candy le dió una de sus miradas matadoras.

-Estás metiéndote otra vez en territorio prohibido -le advirtió - Ya lo platicamos, así que mejor cambiemos de tema antes de que resultes lastimado.

Albert le sonrió. Esa mujer era su alma gemela, su amiga incondicional, la persona a la que más confianza le tenía y con mucho, con quien compartía todos sus secretos … o casi todos.

-Bueno Candy, me retiro a descansar. Buenas noches princesa – le dijo acercándose para besarla.

Salió de la habitación y avanzó por el pasillo rumbo a su cuarto. El verla siempre le dejaba una sonrisa en el rostro.

-Buenas noches – murmuró la rubia tocándose la mejilla donde antes él, depositara ese suave y cálido beso.

Continuará ...

Hola candyamigas! aqui me tiene de regreso despues de estar semi-exiliada de fanfiction. Sin inspiracion, sin tiempo para escribir o leer, pero pues he decidido reaparecer y compartir algunas nuevas ideas y locuritas. Tambien hare mi tiempecito para leer y regresar al buen camino! Les dejo este peque;o capitulin, para sentirme presionada a terminar este minific ... si no, el pobre no vera la luz ni en 5 a;os! jejejejeje! Besos hermosas! Su amiga

Scarleth Andrew =D

p.d. Comentarios y criticas ... bienvenidas =)