Capítulo 4

La misteriosa planta de Salazen Grum

-Os he traído ropa adecuada para el viaje, hecha por los sastres de la corte. Son muy resistentes, no sabemos lo que esta planta puede hacernos – dijo Mirana.

Levantó dos cajas blancas que en su interior contenían los trajes. Nos los dio a Tarrant y a mí para que nos las pusiéramos.

Mirana se marchó a cambiarse, cerrando la puerta, mientras Tarrant cogía el sombrero que me había hecho de la mesilla y me lo probaba. Era enorme, pero no me quedaba muy mal. Tarrant me puso delante del espejo de la pared, al lado del armario:

-¡Te queda perfecto! – exclamó.

-Sí, tienes razón.

-Ya pareces una Altascopas. Todos teníamos chisteras.

-Bueno, será mejor que nos pongamos los trajes que Mirana nos ha dado – dije quitándome el sombrero y metiéndole en el armario – Me lo llevaré cuando vuelva al mundo real.

-¿Te vas a ir cuando solucionemos el problema? – preguntó Tarrant muy sorprendido, mirándome con esos ojos verdes y gigantescos, directamente a los míos – Creí que te ibas a quedar, por lo menos una semana. ¿No habías respondido ya a las preguntas ni hecho esas cosas que tenías que hacer?

-No, lo siento. Me faltan muchas cosas por hacer aún – respondí yo, desviando la mirada, era casi imposible aguantársela, con esos enormes ojos.

Al decir esto se su pajarita descendió y puso cara triste. Luego, antes de que yo cerrara el armario puso el pañuelo de su hermana encima de mi sombrero, mientras yo le lanzaba una mirada interrogante:

-Quiero que te lo quedes, para asegurarme de que no nos olvidas – dijo con voz queda y desanimada.

-No lo haría aunque no me lo dieses. Ya te lo dije la última vez que me fui – Dije yo con voz extrañada -¿Es el único recuerdo que te queda de tu familia? – pregunté.

-No, tengo imágenes de todos en mi habitación – respondió él – Será mejor que nos cambiemos – añadió cogiendo el paquete que había dejado en mi cama y evitando mi mirada, se marchó cerrando la puerta suavemente.

"¿Se habrá enfadado?" – Pensé – "La verdad es que no tiene motivos para hacerlo, creo que solo está desilusionado. Debe de ser eso".

Dejé de pensarlo y me puse a desempaquetar el vestido.

Era un vestido de una tela muy fuerte, de color azul oscuro, con cuello alto y manga larga y con dibujos de piezas de ajedrez blancas y negras estampadas, también había unos botines azul pálido en el paquete. El vestido venía con protectores acolchados para las rodillas, codos, tobillos y muñecas. Era muy protector y muy cómodo, con él puesto sería difícil hacerse mucho daño.

Me lo puse y bajé al vestíbulo a esperar a Mirana y a Tarrant.

Mientras bajaba, pensé que lo mejor sería contarle a Tarrant cómo he llegado y mis planes en el mundo real, así a lo mejor lo comprendía y se animaba un poco.

Al llegar al vestíbulo me encontré a Mirana que ya estaba vestida con un vestido blanco de cuello de barco, de la misma tela y con los mismos protectores que el mío, con piezas negras de ajedrez estampadas y con dos volantes al final de la falda.

-Te queda muy bien el vestido, Alicia – comentó con voz alegre cuando acabé de bajar la escalinata de mármol.

-Gracias, alteza – dije.

Nada más decir aquello, apareció Tarrant bajando la escalinata, con un traje del mismo tejido que el nuestro, compuesto de una camisa verde claro con sombreros negros estampados, una chaqueta azul celeste con piezas de ajedrez blancas estampadas (era más o menos el símbolo de Sitting High, por eso todos los trajes lo tenían), unos pantalones naranjas a rayas horizontales y zapatos de cordones amarillos. El traje era del mismo tejido y tenía los mismos protectores que los nuestros. Estaba realmente guapo, nunca le había visto así, aunque su aspecto de loco permanecía siempre en su indumentaria, pero me gustaba como lo habían diseñado.

-Bien, ya estamos listos para irnos. He traído una bolsa con provisiones y mantas, a lo mejor tenemos que quedarnos allí a pasar la noche, dentro de la planta antes mientras la atravesamos.

Yo asentí y nos fuimos a por nuestros caballos. Mally había insistido en acompañarnos, así que se subió al sombrero de Tarrant. Mientras íbamos de camino al establo Tarrant me dijo:

-Te favorece mucho ese vestido.

-Gracias, el tuyo también es estupendo – dije yo. Creo que intentaba no parecer disgustado por lo que le dije antes.

Cuando nos subimos a los caballos y nos pusimos en marcha, le conté a Tarrant cómo llegué aquí y mis planes para cuando vuelva al mundo real. El no me interrumpió. Sólo que, al final quitó la cara triste y me preguntó:

-Aún así, ¿vas a volver?

-Si encuentro la manera de volver, lo haré – respondí yo, sonriendo.

Después de eso, me atreví a preguntarle:

-¿Estas enfadado porque me voy a ir?

-No, es que ya he perdido a mi familia y no quiero perder a mi mejor amiga, que es el único miembro que me queda – respondió susurrando y mirándome a los ojos.

-No me perderás, te lo aseguro, volveré – le dije desviando la mirada, era difícil mantenérsela con esos enormes ojos verdes.

-¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que encontrarás la forma de volver?

-He venido en sueños un montón de veces, lo haré otra vez, supongo, nunca he soñado con otra cosa que no sea este mundo. No te preocupes – respondí con voz baja pero segura.

Entonces, de repente, él me abrazó, desde su caballo. Pude percatarme de que en su sombrero, Mally se ponía roja como un tomate de rabia, por la cara que ponía, debía de estar celosa.

-Te cuesta ocultar tus emociones, ¿eh? – le dije al oído.

-Gracias por consolarme – dijo soltándome.

-De nada – dije yo. Mirana, no se había dado cuenta de nada y seguía cabalgando.

Después de eso, no volvimos a hablar en todo el trayecto, sólo hablaron Mally y Tarrant sobre los últimos sombreros que éste había hecho. Creo que Mally lo hacía para asegurarse de que no hablara más conmigo.

Al llegar a Salazen Grum, pude ver que lo que antes era desierto, se había convertido en un camino inundado de césped. Era precioso, había infinidad de flores que no conocía y de extraños insectos de los que ignoraba su especie. Delante del castillo había un enorme seto que ocupaba varios metros y que había que atravesar para llegar hasta el castillo. De él brotaban flores y chorreaban cascadas con un extraño líquido verde.

Lo que antes era rojo en el castillo ahora era verde y las enredaderas llegaban incluso hasta la torre de los prisioneros y hasta torre más alta donde siempre solía haber un corazón incendiado, pero ahora ese corazón en vez de dorado era verde y en vez de estar incendiado, estaba chorreando líquido verde. El foso, en el que normalmente había cabezas cortadas y bañadas en sangre, ahora estaba lleno cabezas bañadas en un extraño líquido verde y de cuyos ojos, orejas, narices y bocas salían flores y hierbajos.

Me quedé estupefacta al verlo, no sé si hubiera sido capaz de imaginarme a Iracunda permitiendo esto, pero al parecer lo había hecho.

-Bien – empezó a decir Mirana, bajando del caballo – lo primero que tenemos que hacer es internarnos en el seto, para así llegar hasta el castillo y coger el libro. Nos llevaremos las provisiones y las mantas, creo que tendremos que pasar la noche ahí dentro – añadió mirando al cielo mientras anochecía – no creo que nos pase nada muy grave por dormir ahí dentro si tenemos precaución. No debemos tocar ni oler, ni tomar, ni aspirar nada de las plantas. Conozco algunas pero ni la mitad de las que hay, por eso debemos tener cuidado.

-¿Qué es ese líquido verde? – preguntó Tarrant, quitándome la pregunta de la boca.

-Es viridis sucus, una sustancia venenosa. Al tomarla, te quema la garganta y el resto de cuerpo, pero cuando llega al corazón, se siente un dolor horrible y mueres. No sé si existe alguna cura o antídoto contra ello, pero si la hay se le tiene que dar al afectado antes de que llegue al corazón. Procurad no aspirarlo ni tocarlo, también quema la piel por contacto y las fosas nasales al aspirarlo.

"Creo que será mejor que entremos con los caballos, pueden sernos de ayuda, aunque puede que se enganchen en las enredaderas, así que debemos ir con cuidado. Entremos."

Después de decir aquello, nos adentramos en la planta con paso lento, atravesando espinas enredaderas y yendo con cuidado de no pisar nada raro.

Más de una vez casi me caigo al tropezar con alguna rama o enredadera, pero Tarrant me sujetaba antes de que cayera y yo hacía lo mismo con él. A Mirana, también la sujetábamos y Mally no hacía más que fruncir el ceño y poner cara de enfado.

Estuvimos un buen rato caminando evitando plantas y hierbajos raros hasta que llegamos a una especie de claro cuyo suelo estaba libre de plantas raras, sólo había hierba normal y pocas enredaderas con flores, algo entrada la noche, Mirana dijo:

-Será mejor que dejemos nuestro trayecto ya, por esta noche, este parece un buen sitio para dormir, sólo hay hierba corriente y no creo que las enredaderas nos alcancen con sus flores, están muy altas.

Cuando acabó de hablar, cogió el bolso en el que había guardado las cosas y nos sirvió algo de sicombuesa y algunas fresas raras, o yo creía que eran fresas. Pregunté y eran laises, no fresas, no eran iguales que las fresas estas eran de color rosa fucsia y no tenían semillas.

Después de comer, nos echamos las mantas en la hierba y nos pusimos a dormir. Estábamos todos muy cansados después de tan largo camino andando. Me quedé dormida enseguida, pero unas cuantas horas después me despertó la voz de Mally, que susurraba:

-Creo que esto bastará. Vamos, Mally, tienes que decírselo, ya no puedes guardártelo para ti más tiempo.

Abrí levemente los ojos y puede advertir que estaba escribiendo una carta en una hoja con una rama untada del jugo de una planta azul. La guardó en un sobre hecho también con una hoja, dejó la rama en el suelo y se acercó hasta Tarrant. Luego, dejó la carta sobre su chistera que estaba en el suelo porque se la había quitado para dormir. Después de aquello, se fue a acurrucarse en su pequeña manta.

Esperé hasta que estuve segura de que se había dormido, para ver qué ponía en la carta, ya no podía dormir por la curiosidad. Me levanté lentamente alumbrada por la luz de la luna y anduve de puntillas hasta donde estaba la chistera de Tarrant. Cogí la carta sin hacer ruido y lentamente, volví a mi sitio por si alguien se despertaba y allí la abrí lentamente y la leí. En ella estaba escrito:

Querido, Sombrerero:

Somos amigos desde hace mucho tiempo y hemos pasado juntos momentos malos y buenos, pero debo decirte que yo siento algo más que amistad por ti. Sí, estoy enamorada de ti, y no puedo evitar sentir esto. Puede que pienses que es muy raro porque tú eres humano y yo soy un animal, pero cosas más raras se han visto en el Submundo. Espero que, si tú no sientes lo mismo por mí, al menos podamos seguir siendo amigos. No pensaba decirte esto nunca, pero al final me he decidido porque no podía contener más este sentimiento dentro de mí. Admito que muchas veces estoy celosa de Alicia, porque pasas mucho tiempo con ella y entre vosotros hay una relación de amistad muy fuerte que no tiene nada que ver con lo que yo siento por ti, porque yo sé que Alicia no te quiere de la misma manera que yo. Ella sólo te ve como su mejor amigo y tú la ves como a un miembro de tu familia.

Esta tarde me he puesto muy celosa porque a mí nunca me has abrazado así, aunque no tengo por qué estarlo porque ella no siente lo mismo que yo siento por ti.

Creo que así concluyo mi carta, por favor, si te opones a lo que digo, no seas duro conmigo y dame canquitáceas con delicadeza, te lo pido, aunque estoy segura de que lo harás.

Tuya para siempre, si me aceptas:

Mallyumkun

Tuve que leer la carta varias veces porque con la primera no llegué a creérmelo.

"Vaya" – pensé – "Con que Mally está enamorada de Tarrant, por eso echaba chispas está tarde, está celosa de mí, pero no de mi relación con él."

En ese momento me pregunté cómo reaccionaría Tarrant ante esto y pensé que lo mejor sería dejar la carta en su sitio y volver a la cama como si no hubiera pasado nada. Así lo hice. Esa noche soñé la cosa más extraña que había soñado jamás en el Submundo, teniendo en cuenta que en el mundo real siempre había soñado con el Submundo.

Soñé que Mally y Tarrant se quedaban juntos y se besaban. Reconozco, que casi vomito al despertarme. Luego volví a dormirme y después soñé que estaba en una fiesta de té con Tarrant y toda su familia al completo, no faltaba nadie. Todos eran muy simpáticos y querían saber cosas sobre el mundo real. Las hermanas de Tarrant me aceptaron como si fuera una de ellas y la pequeña Laimcy (la prima de Tarrant) estaba echando conmigo una partida de cartas. Ese sueño fue mucho más agradable que el primero y el mejor que tuve después del que siempre tenía antes de visitar el Submundo la última vez, del que nunca quería despertar.