No sé cuántas horas estuve ahí. Para cuando pude estar sola me miré en el espejo. Todo mi cuerpo estaba libre de vello, excepto por mis cejas; mi cabello era sedoso y estaba desenredado, mi piel suave y tersa y mis uñas simétricas. Era mi reflejo claro, pero esa no era yo, esa era la Annie del Capitolio. Luego alguien entró a la habitación.

—Annie Cresta, ¿correcto?—asentí con la cabeza y volteé a verlo. Estaba vistiendo un traje color verde oscuro con diseños azules como adorno, su cabello era dorado y sus ojos azueles eran enmarcados por delineador plateado. –Mi nombre es Ioustay y yo seré tu estilista—esbocé una sonrisa forzada al momento que estrechamos nuestras manos.

Comenzó a caminar a mí alrededor, observando cada centímetro de mi cuerpo expuesto, haciendo algunos comentarios para sí. Después de un par de minutos dijo:

—Es hora de arreglarte—después de eso, mi equipo de preparación entró y comenzaron a peinar mi cabello y maquillar mi cara.

Después de uno hora, Ioustay apareció con mi vestido en sus brazos. Era un vestido de sirena. No me sorprendió mucho, pudo haber sido peor, mucho peor, el tema de sirenas era repetido varios años. Entre el equipo de preparación y Ioustay me ayudaron a entrar en el vestido.

— ¡Te vez fan-tás-ti-ca!—dijo Ioustay, todos coincidían con él y hacían exclamaciones similares sobre lo bien que me veía. Me miré en el espejo e inmediatamente comprendí porque todos estaban asombrados. Me veía radiante, de hecho, ni parecía yo y parecía que mi reflejo era una obra de arte hecha por un artista del Capitolio. Mi cabello caía ondulante por mi espalda, sosteniendo extensiones de mechones falsos de cabello verde mar, haciéndolo ver más largo de lo que era en realidad. Mis ojos estaban enmarcados con delineador color verde claro y plateado formando diseños rizados y ondulantes. Mis labios estaban pintados de rosa y resaltados con brillo, me recordaban a los duces que vendían en el mercado. Mis brazos estaban decorados con los mismos colores y diseños que mis ojos. Pero mi vestido, era la pieza de arte más hermosa que se ha hecho, aunque el Capitolio lo hubiera hecho. Parecía piel de pez real, sus colores se tornaban de morado a azul, pequeños pero muchos brillos adornaban el vestido de mi pecho hasta mis pies; hasta tenía una cola de sirena falsa hecha con delicada tela verde. Si no estuviera parada en medio de la habitación admirando mi propio reflejo, hubiera jurado que era una sirena de verdad. Me veía hermosa.

— ¡Es realmente hermoso!—dije sonriendo.

—Todos te amarán querida mía, estoy seguro de eso, ¡te vez preciosa!—dijo Ioustay a la vez que me ayudaba a caminar con dirección a la salida y luego hacia el carro donde Kay, la estilista de Sam, y Sam estaban esperándonos. El camino tenía situados doce carros, el cuarto nos pertenecía. Nuestro carro era color azul mar con decoraciones temáticas del mar, atados al carro estaban dos caballos blancos como la espuma. Ambos, Sam y Ioustay me ayudaron a subir al carro. Cuando ambos estuvimos dentro, Ioustay nos dio algunos consejos para atrapar a la audiencia como: "siempre sonríe" "saluda al público". Cuando llegó nuestro turno de salir a desfilar, Ioustay agregó:

—Buena suerte a ambos—y nos dirigió una amplia sonrisa.

Los caballos comenzaron a avanzar y sentí una sensación de mareo por un segundo. Y de repente estábamos en camino donde todos gritaban nuestros nombres, aplaudiendo y aventando flores a nosotros. Hicimos lo que Ioustay nos dijo y la multitud enloqueció, traté de vivir el momento y olvidar la razón por la cual estábamos ahí. Después que los caballos se detuvieron a lado del carro del Distrito 3, esperamos a los demás. De entre los tributos había vestuarios hermosos mientras que otros eran sumamente ridículos. Después que los chico del Distrito 12 llegaron, el Presidente Snow hizo su entrada al evento desde el balcón de mármol situado arriba de nosotros. Su cara era tan escalofriante como siempre, fría y malvada. Saludó al público y recitó su discurso, el mismo desde hace 70 años. Después de terminar, el himno nacional fue interpretado en vivo.

—…que la suerte este siempre de vuestra parte—dijo Snow antes de dejar el lugar.

Luego los carros comenzaron a regresar. Ahí Ioustay, Kay y Talya nos esperaban ansiosos.

— ¡Oh queridos se veían fantásticos!—dijo Talya mientras nos abrazaba fuerte—estoy tan orgullosa de ustedes, lo hicieron de maravilla.

—Excelente trabajo chicos, ¡se han llevado la noche!—dijo Ioustay

— ¡Oh! Ambos fueron una fabulosa pieza de arte, estuvieron absolutamente maravillosos—dijo Kay con lágrimas en sus ojos. Esta gente del Capitolio es muy fácil de conmover.

— ¿Dónde está Finnick, por cierto?—preguntó Sam con el ceño fruncido a la vez que lo buscaba a su alrededor, con la vaga esperanza de encontrarlo.

—Con mucha suerte, puede que esté firmando patrocinadores—dijo Talya a la vez que soltaba una risilla—solo bromeaba. Regresará pronto, saben mis niños, él es un tipo de celebridad por aquí—dijo mientras nos llevaba al Centro de Entrenamiento. Cuando llegamos, los cinco subimos al elevador y Talya presionó un botón brillante con un número cuatro rotulado en el centro.

—Es muy sencillo, solo presiona el número de tu distrito y listo, un viaje directo a su piso—explicó Talya.

Después de pocos segundos, las puertas se deslizaron se abrieron delante de nosotros mostrándonos un lujoso corredor blanco. La luz llenaba cada rincón, hasta te hacía olvidar que era de noche afuera. Ioustay y Kay nos desearon buenas noches antes de tomar el pasillo derecho. Talya nos condujo por el pasillo izquierdo hasta que se detuvo frente a una puerta plateada.

—Annie, aquí está tu habitación querida—abrió la puerta, antes de entrar me despedí de los dos y entré. La habitación era casi doblaba el tamaño de mi casa en el Distrito 4, las luces eran tan brillantes como las del corredor, una gran cama blanca y plateada se encontraba en medio de la habitación, se veía tan cómoda y mullida que me hizo recordar lo cansada que estaba. Estaba tan tentada de ir directo a la cama y recostarme en ella pero tuve que recordarme que seguía atrapada en mi vestuario de sirena. Después de una batalla para sacarme el vestido, tomé una ducha tratando de lavar la más posible, sin embargo, era inútil, muy dentro de mí sabía que nunca podría lavar completamente a la Annie que el Capitolio había creado. Después de la ducha me puse un camisón color celeste y me recosté en la cama sumiéndome en la inconsciencia al instante.

Me desperté cuando los rayos del sol tocaban mi cara con su suave brillo. Deseaba tanto el abrir mis ojos y encontrarme de nuevo en casa, que todo lo que había ocurrido en el Capitolio era solo una horrenda pesadilla, pero al abrir mis ojos estos se llenaron de decepción, seguía atrapada en el Capitolio, no era un sueño. Me levanté y fui al baño a lavar mi cara. Cuando regresé a la habitación, un conjunto color verde oscuro y un par de bota negras me esperaba al borde de la cama. Me vestí y me dirigí al comedor a desayunar junto con los demás. Había una gran mesa con seis sillas a su alrededor, Ioustay y Kay estaban sentados juntos, Talya en la cabecera, Sam a lado de una silla vacía que, supuse, era mía. Me senté y saludé a todos. Sam vestía el mismo conjunto que yo, a excepción que era azul oscuro en lugar de verde. Trataba de agarrar el hilo de la conversación al mismo tiempo que un par de Avox servían nuestro desayuno cuando me atreví a preguntar.

— ¿Dónde está Finnick?—todos dejaron de hablar y comer. Talya bajó su mirada antes de contestarme.

—Estoy segura de que llegara pronto querida, es su primer día de entrenamiento, tiene que venir—dijo Talya con su usual entusiasmo. De verdad traté de mostrar una sonrisa convencional, en serio traté. No quería mostrar mi preocupación. Pocos minutos después Finnick hizo aparición en el comedor, su cabello estaba revuelto y unas largas ojeras se asomaban bajo sus ojos verde mar. Nadie le dirigió una sola palabra, ni siquiera para saludarlo. Miré a Sam, porque Finnick no daba señas de hablar sobre el entrenamiento. Sam carraspeó atrayendo la mirada cansada de Finnick, el parpadeó dos veces antes de entender el mensaje y después respondió.

—Oh, sí, claro, sí…umm…hoy ustedes irán al entrenamiento, ahí mejorarán sus habilidades y aprenderán nuevas. Si yo fuera ustedes probaría cada estación, nunca sabrán que se encontrará n en la Arena—dijo ausentemente y continuó con su desayuno. Estaba claro que había terminado de hablar. Miré a Sam y suspiré.

"Que buen mentor nos ha tocado" pensé.


N/A: ¡Hola! Un saludo y una gran disculpa a todos los que hice esperar, ya tenía el capítulo pero la escuela y otros eventos me impedían terminar de traducirlo y publicarlo. Pero lo importante es que a pesar de todo esto aquí tienen el capítulo, que por cierto, espero les haya gustado. Espero actualizar en breve.

:Dany