La otra mujer

Capitulo 21

"Despertar"

Tokio Julio de 1982

El Pequeño Raymond contaba ya con dos meses de vida. Todo había ido de maravilla desde el día que lo dieron de alta del hospital.

Rei retomó su rutina regresando a la universidad. Durante el tiempo que estuvo en casa recuperándose, Darien se encargo de llevar y traer las tareas y trabajos que le dejaron en sus distintas materias.

Ahora que había regresado a clases, el terco padre del niño había insistido en llevarlo con él al trabajo mientras ella estaba en la universidad, pero Makoto también se había ofrecido a cuidar de Raymond y tuvo que pasar una semana entera antes de que Darien accediera a que fuera la señora Hansford y no él quien cuidara de su primogénito mientras su esposa estaba en clases. Aun así, a regañadientes.

La mañana corría de prisa, más cuando Rei tenía que estar a las nueve en la universidad. El día era toda una odisea, salir de la cama era lo más difícil del día. Luego cuando por fin lo consiguieron, Darien entró a la ducha y fue alcanzado por ella, el obscuro objeto de sus deseos, lo que hizo que la ducha de cinco minutos durara bastante más que eso.

Terminada la ducha, Darien se vistió prontamente para correr a la cocina. Esa mañana le tocaba preparar el desayuno. Rei tardó algunos minutos más en terminar de arreglarse y dejar listas las cosas de Raymond, quien seguía profundamente dormido y permanecía ajeno al jugueteo matutino de sus padres.

Rei salió de la habitación siguiendo el rastro del aroma a hot cakes que emanaba de la cocina. Darien usaba un delantal morado y justo terminaba de servir dos tazas de café al ver a su ninfa salir de la habitación.

- Creo que estas haciéndole la competencia a Makoto- Bromeó ella mientras se sentaba en la barra desayunadora para probar sus hot cakes.

- Tal vez deje el trabajo de banquero y me convierta en ayudante de chef- Siguió él el juego.

- No es mala idea- Apoyó la muchacha vaciando un poco de miel a su desayuno.- Al menos así te tendré todo el año en casa y podrás prepararme el desayuno todos los días.

- ¿Entonces es más por interés que porqué me extrañas?- Interrogó fingiendo molestia el pelinegro.

- En parte sí...- Responde ella con tono coqueto.

- Y en parte también por que...

- En parte también porque así podríamos ducharnos juntos todas las mañanas- Invita ella.

- Mmhhmmm si no tuvieras que estar en la escuela en un rato-Gruñe Darien.

- Pero así es.- Recuerda la joven madre poniéndose de pie- Voy por Raymond.

- ¡Pero apenas y probaste tu desayuno!- Grita Darien.

Al quedarse a solas suspiró. Seguramente si el cielo existía debía ser algo muy similar a lo que él estaba viviendo en ese momento.

Podría jurar que soñaba, pero una voz femenina lo sacó de su letargo, haciéndolo regresar a la realidad que lo asustaba tanto; La felicidad da miedo...

- ¿en qué piensas?- Preguntó Rei.

- En tí...en Raymond...en nosotros- Explica él.

- ¿Se puede saber qué pensabas sobre nosotros?- Se interesa la pelinegra.

- ¿Te lo digo en el camino?- Rehúye el hombre de los ojos azules- Llegarás tarde.

- Bien, Vamos.

Rei caminó con Raymond en brazos y su bolso de la escuela con rumbo hacia la puerta. No podía dejar de causarle gracia ver a Darien hacer malabares con el portabebé, la carriola y ese maldito dragón de peluche, "Ryu" sin el cual Raymond se convertía en un monstruo insoportable que casi lanzaba fuego. En eso había salido a Rei, cuando se enfurecía se ponía como fiera.

Camino a la universidad dejaron a su pequeño retoño en Mako´s Garden quien lo recibió divertida amenazando con dar al pequeño sus primeras clases de cocina. El padre del chico se puso de color pastilla con las palabras de la castaña y tuvo que explicarle que era una simple broma, aun así no estaba convencido de dejar a Ray con ella.

Luego de desprenderse de aquél reflejo de ambos, Darien dejó a Rei en la universidad. Para él, esa era la parte más difícil del día, separarse de los dos amores de su vida.

Al llegar al banco apareció como todos los días. volando entre sueños hasta que Andrew lo hizo salir de su letargo al recibirlo con un rostro serio y preocupado.

- ¿Qué te pasa?- Interroga extrañado el pelinegro.

- Debes volver a Londres- Indica Andrew con seriedad.

- Sé que debo hablar con Serena,pero...No por ahora. Cada que me separo de Ray, aunque sea por unas horas siento que me pierdo cientos de cosas.

- Estas loco...-Regaña el rubio.

- - No. Es verdad. Mira, ayer que lo dejé de con Makoto, cuando regresé por él ya hablaba- Cuenta el joven Spencer.

- Darien, No seas exagerado- Regaña el rubio mirándolo incrédulo

- Bueno...Tanto como hablar pues no...pero casi, casi...-termina por aceptar el pelinegro

- Eres aun más exagerado que yo-Asegura Andrew- Pero es en serio. Necesitas regresar a Londres, Darien. Es tu obligación.

- Te prometo que iré a hablar con Serena. Pero después...Déjame disfrutar un poco más de mi familia...- dice suplicante el nuevo padre.

- También tienes una familia allá y te necesita, Darien...-Le recuerda el rubio con Seriedad.

- No sé de qué hablas- Gruñe el pelinegro dejándose caer sobre una de las sillas.

- Tu suegro acaba de colgar. Serena tuvo un accidente en el auto...iba con Henry- Explica el rubio.

- ¿y cómo están?- Cuestiona Darien con preocupación.

- El accidente fue delicado. Debes ir cuanto antes- Pide el rubio.

- Sí, sí...Lo entiendo...le diré a mi secretaria que me consiga un vuelo y...

- No te preocupes. Ya lo hice yo. Te conseguí un vuelo nocturno. Tendrás tiempo de hablar con Rei...No sé cuánto tiempo estarás fuera y creo que debes hablar con ella, despedirte- Explica el rubio.

- Si...sé que es mi obligación...-Se entristece Darien- Sé que debo de ir...Y puedes llamarme egoísta...pero me duele desprenderme de Raymond y sobre todo...de Rei.

- Anda, amigo. Mejor ve a arreglar tus cosas. Imagino que querrás monopolizar el tiempo de tu familia- Supone Andrew -Sal de aquí ¿quieres?

- Sí. Iré a hacer maletas- Indica el joven Señor Spencer- Andrew...

- ¿Sí?

- Gracias por todo...

Darien salió en silencio del banco. Sabía que el tiempo no perdonaba y aunque se negaba a aceptarlo, también sabía que tarde o temprano tendría que regresar a Londres y por consiguiente, separarse de Rei y de Raymond...

Aquél día, para su mala suerte, Rei había tenido que pasar casi todo el día en la universidad haciendo algunas Tareas.
Casi al anochecer, Darien pasó por ella en compañía ya del pequeño Raymond a quién había ido a recoger saliendo del banco. Deseaba pasar todo el tiempo posible con él, grabarse sus ojos, esos ojos tan iguales a los de su madre.

Al regresar al departamento. Rei reía a carcajadas. Para ella no había nada más divertido que ver a aquél hombre haciendo malabares con la bolsa de la cena, el portabebe, la carriola, la pañalera, y aquél dragón verde de peluche llamado "Ryu" al que tanto estaba empezando a odiar.

- Cariño...De verdad. Necesitamos un lugar más grande, ya no cabemos aquí- dicen Darien.

- Claro que si cabemos. Lo que pasa es que tú insistes en cargar infinidad de cosas en todo momento, Darien. Exageras. Además, no fui yo la que compró todo artículo de bebé que se encontraba a su paso, ¿verdad, Ray?

- Pero no podía evitarlo, ustedes son mi vida- Se defiende él mientras besa fugazmente los labios rojos de aquella mujer que era dueña de sus sueños y sus realidades.

- Tiendes a exagerarlo todo, ¿lo sabías?- Se burla ella.

- Solo cuando se trata de ustedes dos.- Asegura él con voz suave haciéndo enternecer la mirada amatista de su mujer.

- No necesitamos tanto como tú supones...Ray es aún muy pequeño ¿para qué necesitaba un triciclo? Y peor aun ¡una bicicleta!

- Algún día la ocupará...-Consuela él.

- Pero si aun no gatea...-Se burla la madre del niño, borrando la sonrisa de su rostro y sintiendo que las lágrimas se reúnen en sus ojos, aunque lucha por dejarlas salir.

- ¿qué te pasa?- Se preocupa Darien.

- Nada...nada...No me hagas caso-Intenta ella sonreír.

- Rei...Sin mentiras ¿lo recuerdas?- Recuerda él.- ¿qué ocurre?

- A últimas fechas pienso mucho en mi madre y en Hotaru...- Explica Rei mientras observa los orbes amatista del pequeño entre sus brazos.- Lo veo y recuerdo a Hotaru. Además, Mako es de gran ayuda, pero me gustaría tener a mi madre conmigo dándome consejos, compartiendo el crecimiento de Ray.

- Rei...- Llamó él con voz suave- ¿las extrañas mucho?

- Las extraño siempre...en días como éstos las extraño mucho más- Responde la pelinegra.

Él elevó la barbilla de su ninfa para clavar sus pupilas azules en las amatista de ella.

- Las buscaremos. Te lo prometo.

- Darien, pero ha pasado mucho tiempo, tal vez...

- Si es importante para ti, no importa si tengo que mover cielo mar y tierra para dar con ellas, te prometo que así será...- Asegura Darien.

- Gracias...-Susurra la de las pupilas amatista completamente conmovida por la promesa de aquél hombre. No sabía si eso ocurriría, pero agradecía que él lo prometiera.

- No me agradezcas. Hay mucho de egoísmo en mi promesa- confiesa el de pupilas azules.

- ¿de qué hablas?- Se sorprende Rei.

- Mi mayor interés en todo esto es verte feliz y que me sonrías como ahora.

- ¿Te das cuenta, Ray?- le habla la madre al pequeño- Tu padre siempre tiene segundas intenciones.

- No juegues- ríe él- ¿qué pensará Raymond de mi?

- Tienes razón. Tal vez cuando regreses tu hijo vaya ya al siquiatra y le cuente los traumas que le ocasiona la ausencia de su padre- bromea Rei.

- Si...Tal vez cuando regrese...-Repite él caído en un letargo.

- ¿Te pasa algo?-Pregunta Rei- Ahora el que se puso triste eres tú.

- Es que quiero estar a su lado en todos esos momentos...-Explica con nostalgia el hombre de ojos azules.

- Darien...¿qué te pasas? Veo mucha tristeza en tus ojos- Encara ella.

- Lo que pasa es que...-él se atraganta y toma un poco de aire para continuar- Lo que pasa es que...tengo que regresara a Londres en unas horas...No me queda otro remedio y...

- ¿Esa es tu preocupación?- Se burla la mujer de ojos amatista.- Definitivamente tú si tiendes a exagerar las cosas. Creo que tanto convivir con Andrew no te hace mucho bien...

- Rei...Parece que no te afecta. Tendré que irme de Tokio tal vez por algunos meses y...

Ella calló los labios de él colocando su dedo índice sobre aquellos labios delgados.

- Sé que lo más posible es que te ausentes algunos meses. No fuiste ni una sola vez a Londres durante mi embarazo, ni siquiera fuiste a visitar a Seiya. Supongo que tienes muchos asuntos pendientes, muchas cosas por hacer.

- Me duele dejarlos- Explica Darien mientras juega con un mechón de cabellos de su mujer.

- Y a mí también me duele que te vayas, pero lo entiendo- Responde con madurez la mujer de ojos amatista.- Tienes que hacerlo.

- ¿No te intranquiliza que me vaya tanto tiempo?- Interroga él. Esperaba una reacción totalmente diferente de ella-

- No. A decir verdad...No. Te extrañaré, pero no me hace sentir intranquila- Explica ella.

- Pero...no entiendo.-Sigue él confundido.

- Darien. Dime una cosa

- La que quieras- Ofrece él.

- ¿Hay alguna otra mujer en tu corazón?- Cuestiona con seriedad la chica de cabellos negros

- No. Ninguna.

- ¿Me seguirás amando aunque te vayas lejos y por un buen tiempo?-Interroga Rei.

- ¡Por supuesto, toda la vida!- Asegura él.

- Entonces no me preocupo ni me siento intranquila. Te amo y sé que tu a mí. ¿qué más da si tienes que hacer un pequeño viaje?- Tranquiliza ella.

- Te amo tanto...-Confiesa Darien casi por inercia.

- y yo a ti...pero vamos a cenar algo ¿quieres? Muero de hambre- Cuenta ella.

- sí. Cenemos...

Durante la cena, el matrimonio Spencer charló de trivialidades, intentando a toda costa no hablar de la próxima partida de él que duraría tal vez unos días o quizás unos meses.

Rei se ofreció a acompañar a Darien al aeropuerto, pero él no quiso; Dijo que si la veía allí, frente a él, justo antes de subir al avión, lo más posible era que jamás partiera y muy a su pesar sabía que tenía que hacerlo.

El vuelo para él fue muy rápido. Sentía que el camino a su tortura, a su infierno era corto, demasiado corto.

Al llegar a Londres tomó un taxi que lo llevó a la casa aquella donde hace unos meses había actuado el papel del marido recto con aquella muchacha rubia.

Cuando entró al departamento se encontró con una muchacha delgada de cabello rojizo que lo recibió educadamente, la chica se presentó como "Molly" y le dijo que tenía algunos meses trabajando con "La señora Spencer". Molly lo identificó en seguida ya que Serena había mandado colocar un enorme cuadro en la sala de las pocas fotografías que había del día de su boda.

La joven de cabello castaño rojizo recibió las maletas de Darien y le contó que Serena estaba el hospital internada. Que había tenido un accidente automovilístico y que desde hacía bastante rato que no escuchaba nada sobre la señora o el pequeño Henry.

Darien tomó un taxi que lo condujo al hospital que Molly le había indicado. La verdad era que estaba demasiado cansado para manejar.

Al entrar al hospital preguntó por Serena Smith, tardó un par de minutos en recordar que ahora su nombre era Serena Spencer. Solo hasta entonces la recepcionista le indicó el piso en el que se encontraba la rubia y no dudó en tomar el ascensor para ir a buscar a aquella joven; Si bien Serena no era el amor de su vida y tampoco sentía aquél amor que alguna vez lo embriagó, también era cierto que Sentía un gran cariño por la rubia, cariño que quedaba de los buenos tiempos juntos.

Al abrirse la puerta del ascensor, encontró a sus suegros y a sus padres sentados en la sala de espera con rostros serios y preocupados. El padre de Serena al verlo corrió a alcanzarlo, propinándole tremendo golpe en el rostro, reventándole el labio.

- ¿Por qué tardaste tanto, imbécil?- Regañó el señor Smith ahogado en su dolor.

La señora Serenity Smith corrió a intervenir, preocupada por el coraje de su esposo.

- Henry, tranquilízate. Por favor- Pide la mujer de cabello platinado.- No es el lugar apropiado.

- ¿cómo están Serena y Henry?- Pregunta Darien a sus suegros.

- Henry está delicado, hijo- Explica Gea Spencer- Pero Serena...Serena está muy grave.

- ¿dónde está Henry?-Interroga el joven Spencer.

- Ven conmigo. Te llevaré- Ofrece la madre.

Darien y Gea Spencer se alejaron de la sala de espera caminando hacia pediatría. La guapa y madura mujer caminaba en silencio al lado de su hijo, lo hizo al menos hasta estar segura que nadie podía escucharlos.

Cuando estuvieron frente al cristal de pediatría pudieron ver al pequeño niño rubio de casi un año de edad con una infinidad de aparatos conectados a él.

- ¿Qué ocurrió, madre?- Pregunta Darien con voz consternada.

- Serena salió de casa. Desde que te fuiste no había estado muy bien de sus nervios. La veíamos mal, nerviosa, inestable...y seguramente no se dio cuenta y se pasó un alto.

- por dios...-Se lleva el hijo las manos a la frente.- Es mi culpa.

- No te sientas mal. Los doctores han dicho que tal vez era depresión post parto la que ella venía arrastrando desde que Henry nació.

- Aun así no dejo de sentirme mal, madre...

- Darien...hijo- Lo interrumpe la mujer de ojos azules- ¿dónde habías estado todos estos meses?

- En Tokio, madre. ¿Por qué me lo preguntas? Te escribí a menudo y de cuando en cuando te llamaba- Se extraña Darien.

- No hablo de eso. Es que...Bueno...no importa, luego hablaremos. Vamos a ver si los doctores te dejan entrar a ver a Henry ¿quieres?

- Si, madre. Vamos- Apoya aliviado el pelinegro.

La Señora Spencer y su hijo hablaron con las enfermeras y le pidieron que los dejara entrar a ver al pequeño Henry.

El niño lucía pálido y respiraba con dificultad. Aun así los doctores daban esperanzas, le dijeron que los niños suelen tener una capacidad de recuperación muy buena y aun cuando estaba delicado, su mejoría aunque lenta no dejaba de ser mejoría.

Serena era otro asunto. Tardaron semanas enteras para que los doctores pudieran decir algo más que "tenemos que esperar".

Todos los días de esas semanas, Darien se quedó en el hospital aun contra la voluntad de Henry Smith que seguía exigiendo una respuesta sobre su paradero durante todos esos meses, respuesta que el pelinegro se negó a dar argumentando que no era ni el lugar ni el momento.

Aun en todo ello, el joven de ojos azules no dejó de marcar todos los días a Japón para escuchar la voz de aquella mujer que tanto amaba, era lo único que lo hacía sentir vivo.

Un día después de varias semanas en el hospital, Serena despertó. Lo primero que ella pidió fue hablar con su esposo. Antes de entrar, el doctor le pidió que no le dijera nada que pudiera alterarla ya que aun cuando había despertado, su salud erar delicada.

Al entrar él a la habitación la observó pálida y ojerosa, muy diferente a la chica que estaba acostumbrado a ver siempre. Ella clavó sus ojos azules en los de Darien que la miraba sin saber qué decir.

- Hola- Terminó por murmurar.

- Hola...-Regresó la rubia- Creí que jamás volverías...

- Estuve muy ocupado, hay mucho trabajo en Tokio- Se disculpa Darien.

- Tanto que ni siquiera te tomaste la molestia de venir a visitarme- Llora Serena.

- Serena, por favor...No es el momento de discutir.- Pide él.

- ¿Y cuándo discutiremos entonces?- Se altera la rubia.

El hombre de cabellos de noche la mira sorprendido y calla.

- Tú nunca quieres discutir, nunca quieres hablar, ¡Nunca quieres nada!- Grita la rubia.

- Creo que será mejor que me quede afuera, veo que mi presencia te intranquiliza y eso no es bueno para tu salud- Explica el pelinegro dando media vuelta para salir del cuarto.

- ¡No!- Grita la rubia- Por favor, no te vayas...no me dejes sola de nuevo.

La rubia empezó a llorar desesperada haciendo que el hombre que la acompañaba desistiera de su propósito.

- Está bien...Me quedaré. Pero por favor...Quédate tranquila, ¿quieres? No te hace bien alterarte así- Se resigna Darien.

- Si. Está bien...no me alteraré...pero no te vayas ¿si?-Pide la joven de ojos azules cambiando completamente su expresión.

- Está bien...Me quedaré...

Darien se sentó al lado de la chica de larga cabellera Rubia. Él se quedó contándole sobre Henry y la evolución de su salud, minutos después de ello, Serena volvió a quedarse dormida. La verdad era que aun estaba demasiado débil luego de aquél terrible accidente.

El tiempo pasó Rápidamente y con él llegaron la mejoría de Henry y Serena. Luego de mucho insistir, la joven y rubia señora Spencer convenció a sus doctores para que la dieran de alta y le permitieran regresar a casa bajo la encomienda de que Serena tomara rehabilitación en su hogar a lo que la rubia se comprometió.

Un auto negro se estacionó a las puertas de una elegante casa en uno de los barrios más distinguidos de Londres. De él bajó un hombre de cabello negro con un chico rubio en brazos. A su vez, el chofer se apresuró para bajar del carro y sacar de la cajuela una silla de ruedas para poder colocar a la rubia y joven Señora Spencer.

Los doctores le habían dicho que Serena tardaría algún tiempo en poder caminar de nuevo ya que el accidente había sido demasiado grave.

Con ayuda del chofer y las muchachas de servicios consiguieron instalar a la rubia muchacha de ojos azules en la habitación principal de la casa. Luego de que muy a su pesar las chicas de servicio se llevaran a Henry al cuarto de juegos, Darien y Serena se quedaron a solas.

- Me siento feliz de estar en casa- Respira la chica rubia de largas coletas al tiempo que Darien acomoda una almohada a sus espaldas.

- verás que te recuperas pronto- Anima él.

- sé que contigo a mi lado así será, mi amor- Responde Serena tirando de la mano de él.-Pero te quedarás conmigo ¿verdad?

- Serena...-se incomoda él.

- Darien...Por favor- Pide la rubia- No pensarás volver a salir de Londres con Henry y conmigo aquí, enfermos, en plena recuperación...

- Serena, es que...-Intenta argumentar él.

- Darien. Por favor...no te vayas...Ya te fuiste muchos meses, casi estuviste fuera un año. Henry y yo te necesitamos a nuestro lado ahora...-Suplica la convaleciente mujer.

- Duerme un poco, Serena...No es bueno que te fatigues- Pide Darien.

- No si no me dices que te quedarás...que no volverás a separarte de nuestro lado- chilla ella.

- Serena...-Se molesta él.

- Por favor...

- No puedo prometerte eso- Responde con seriedad el de pupilas azules.

- Al menos júrame que no me dejarás hasta que me encuentre bien, hasta que Henry y yo estemos bien...-Suplica Serena.

- Está bien...te lo prometo- Se resigna Darien mientras camina hacia la puerta.

- ¿A dónde vas? ¿no dijiste que no volverías a dejarme?-Se indigna la rubia.

- Serena...No me estoy yendo a ningún lugar. Voy al estudio y a ver cómo está Henry- Responde de mala gana el pelinegro saliendo de la habitación.

La muchacha convaleciente dio media vuelta sobre la cama. Golpeó el colchón con sus puños, con todas las fuerzas que tenía en sus delicadas manos. La llenaba de rabia el ver a Darien actuar así, tan distante, tan ajeno.

Bajando las escaleras, en un recoveco de aquella casa se encontraba el estudio de la casa Spencer. No podía decirlo a viva voz, pero amaba mil veces más aquél departamento en Japón que compartía con su amada Rei que aquél lugar tan frío. La casa de los Spencer Smith era de tres pisos como la mayoría de las casas en ese barrio pero no ocupaba una gran dimensión pero sus tres pisos proporcionaban todo el espacio que la gente de su nivel social requería.

Entró al estudio y cerró la puerta tras de sí, asegurándose que todo quedara bien cerrado, luego tomó el teléfono y marcó aquél número que le brindaba un pedacito de cielo.

Después de un par de timbres pudo escuchar aquella voz, si justo esa voz que lo hacía olvidar todo lo que estaba en su cabeza.

- ¿Diga?- habló una voz bastante conocida.

- Hola...- Respondió él con voz aterciopelada.

- ¡Darien!- Se alegró la chica- Creí que te habías olvidado de mi.

- Eso es imposible, preciosa- dice él- tú me hiciste algo, Rei...No te sales de mi mente ni un segundo.

- Eso me agrada...-comenta con sinceridad la pelinegra.

- ¿Te agrada tenerme como imbécil pensando en ti a cada minuto del día?- Se finge molesto él.

- Si. Me agrada por dos cosas: Una, porque así no se te ocurre voltear a ver a otras mujeres.

- Rei. Eso sería imposible, Sólo pienso en ti- Asegura él.- Pero dime, ¿cuál es la segunda cosa?

- Por que así estamos casi en igualdad de circunstancias. - Responde la chica.

- ¿"casi"?-Repite él.- ¿cómo que casi?

- Sí. Casi...-Responde maliciosa la joven de ojos violeta.

- Estoy interesado, Rei...¿con quién tengo que disputarme tu atención?- Pregunta él directo pero con más curiosidad que molestia.

- Tengo que decirte que la tienes difícil. Él también es muy guapo.- Sigue jugando la joven.

- Eres injusta, Rei- Se queja Darien haciendo un puchero.

- ¿Por qué lo dices?

- Por que Te diviertes haciéndome sufrir y rabiar de celos cuando sabes que di mi palabra de no volver a hacerte una escena- Se queja Darien.

- Pero mueres de celos ¿verdad?- Se divirtió la chica. Lo conocía y sabía que a pesar de haberle prometido no volver a armarle un teatro como el del año asado en definitiva le bastaba muy poco para arder de celos.

- Rei...

- Tonto...si hablo de Raymond.- Ríe la chica de ojos amatista después de disfrutar por un buen rato su maldad.

- Me la volviste a hacer- Se queja Darien respirando más relajado- Aunque de él no puedo estar celoso, bueno...no tan celoso.

- No cambias...

- Juré no volver a dudar de ti. Pero no dije nada sobre sentir celos- Se defiende él.

- bobo.

- Pero dime, ¿cómo está él?- Pregunta Darien.

- No ha cambiado mucho con respecto a ayer que hablamos- Dice ella- ya lo verán tus ojos. Cada día se parece más a ti.

- Pero con tus ojos...- agrega él.- No hay nada que me guste más que tus ojos. Extraño tanto tu mirada...

- ¿en verdad?- Se emociona la chica.

- Si. En verdad...Bueno...entre otras cosas...

- ¿y cuándo vendrás a...ver mis ojos?- Pregunta la chica.

- Creo que tardaré un poco más de lo que pensaba, mi amor. Tengo algunos pendientes y...

- No importa- corta ella la explicación.

- Rei...Lo lamento, de verdad es que yo...

- Ya te dije que no importa, lo entiendo- Insiste la muchacha.

- Si importa. Sabes que preferiría estar contigo ahora...y siempre-Recuerda Darien.

- Lo sé. Pero es tu obligación, Tu deber; Así que quiero que arregles todo lo que tengas que arreglas sin preocupaciones, Ray y yo te esperaremos aquí.

- Te prometo que lo haré y también que regresaré a Tokio en la primer oportunidad que tenga.

- Sé que lo harás. Ahora, ve a resolver lo que tengas que resolver, porque yo tengo una cita. Es la hora del baño de Raymond y yo también tomaré uno, para relajarme- Cuenta ella.

- cómo me gustaría estar allí, extraño la hora del baño- Dice Darien con pesar.

- Si estuvieras aquí ese baño sería todo menos relajante, querido- Asegura la muchacha.

- Ni me digas...-Suspira él- Aunque...

- ¿aunque qué?

- ¿Qué traes puesto ahora?- Interroga él con voz aterciopelada.

- Tendrás que venir a averiguarlo...-Responde ella- Mientras tanto...buenas noches, Señor Spencer.

- ah...buenas noches...- Se resigna él- Te amo...

- Y yo a ti...

El joven de ojos azules colgó el teléfono. Lo suyo era el más puro caso de masoquismo. Necesitaba sentir el dolor de escuchar la voz de "ella" para poder sentirse vivo, para sentir que había algo por lo cual luchar.

Un par de golpes en la puerta lo hicieron despertar de sus pensamientos, era la empleada doméstica que le indicaba que su padre había llegado y deseaba hablar con él, Darien le indicó que lo dejara pasar.

- ¿qué deseas?- Interrogó directamente el joven.

- Hablar contigo...Desde que llegaste a Londres no hemos podido hacerlo- Le recuerda el hombre mayor.

- Tal vez era porque no deseo hacerlo, padre.

- Aun así, tenemos que hablar- Insiste el hombre mayor tomando asiento.

- ¿de qué?

- Estuviste con ella ¿verdad? Ese fue el motivo por el cual te desapareciste casi un año de Londres. Por esa mujerzuela...

- ¡No la llames así!- Se enoja el pelinegro.

- Pero eso es lo que es. ¿o acaso no era ese su trabajo antes de conocerte?-Encara Endymion.

- ¿Tú cómo lo sabes?- Se molesta Darien.

- La mandé investigar. Temí que se tratara de alguna mujer contratada por algún otro banquero, pero no...Es solo una mujerzuela muy lista

El joven Darien se enfureció y tomó de la solapa del saco al hombre que le había dado la vida, mirándolo con ira y deteniendo un golpe de sus manos.

- ¡Ya te dije que no le digas así!- Exige el enfurecido joven.-Tal vez ese era el trabajo de Rei, pero es mucho más decente que muchas otras muchacha "de clase"

- Claro...una prostituta decente- Se burla Endymion.

- Mucho más que otras mujeres, empezando por aquella con la que me orillaste a casarme.- Hiere Darien sin poder retener su ira- Su pasado lo conozco de sobra y no me importa.

- Debería...

- Pues no. No me importa. La amo, padre. Rei es la mujer de mi vida.

- Puede debes terminar con eso, no vas a poner en riesgo tu matrimonio con Serena por esa...-Endymion detuvo sus palabras.

- "esa" Es la madre de tu nieto y no. No voy a terminar nada, padre- Asegura Darien.

- ¿Un nieto?- Repite con sorpresa el señor Spencer.

- Si. Un nieto...Rei y yo tuvimos un hijo, padre.- Explica Darien.

- ¿Y siquiera estás seguro que es tu hijo?- Se burla el hombre mayor.

Una mueca burlona se dibuja en el rostro de Darien y saca de su cartera un retrato del pequeño Raymond arrojándoselo a su padre.

- ¿Tú qué opinas?- Preguntó el pelinegro a su padre con cinismo. El anciano frunció el ceño y apretó los puños sin decir nada- Ellos son mi familia y no voy a abandonarlos, padre.

- Tampoco puedes largarte así como así. Serena tuvo un accidente, casi muere. No puedes ser tan desalmado como para largarte y dejarla así...-intenta hacer entender el señor Spencer.

- Esperaré a que mejore...pero en cuanto lo haga regresaré con Rei y con Raymond- Asegura el pelinegro.

- No. No puedes hacerlo, Darien. ¿acaso olvidaste nuestro acuerdo con Henry?- Le recuerda Endimion.

- Hablaré con Henry, padre. Trataré de llegar a un acuerdo con él para pagarle todo lo que te ha prestado- Explica el joven.

- No aceptará, Darien- Dice el señor Spencer- Además...Firmé unas letras con Henry y...

- ¡Otra vez!- Se enfurece el joven- ¿cómo pudiste hacerme eso?

- Es que tu no estabas...yo estaba muy tenso y jugar...jugar me hace sentir bien, hijo- explica el hombre.

- ¿cuánto más?-Pregunta Darien llevándose las manos a la frente.

- El equivalente a nuestra casa y las propiedades en París, Milán y nuestra casa de verano en Brighton...-Cuenta apenado el anciano.-Tenía que hacerlo, Darien. Tú ya no me permites tocar nada del banco ¿con qué querías que apostara en mónaco?

- Sabes que la de Brighton es la casa que los abuelos le dejaron a mamá, ¿verdad?-Reprocha Darien.

- Si...lo sé- Se avergüenza el anciano.

- Le recuperaré a mamá su patrimonio, ella y mi hermano no tienen por qué pagar por tus estupideces- Explica el muchacho- Pero de una vez te adelanto que no pienso alejarme de Rei y de mi hijo, así que tú tendrás que cerrar la boca y te prohíbo que molestes a Rei o a mi hijo.

- Está bien, pero sigo pensando que esa mujer...

- ¡Esa mujer no está a discusión!- Se exaspera el joven de ojos azules- Mamá no tiene la culpa de nada y Seiya tampoco. Por eso seguiré con éste juego, pero te advierto que no me alejaré de mi familia y de una vez te digo que si Rei se entera de esto, si ella me deja por que "accidentalmente" se entere de nuestro acuerdo con los Smith mandaré todo al diablo, sin importarme nada ni nadie más y hablo en serio.

- ¿Tanto te importa esa mujerzuela y su hijo bastardo?-Se indigna Endimion.

Las pupilas azules se encendieron y sus pupilas se ensangrentaron de ira al escuchar hablar así a su padre lanzando una fuerte bofetada en el rostro de su progenitor, haciendo correr la sangre por su labio roto.

- Ésta fue la última vez que hablaste así de mi mujer y mi hijo, padre. - Amenaza el joven- Si vuelves a ofenderlos no me importará nada ¿entendiste? Ahora sal de mi casa, ya hemos hablado lo que teníamos que hablar...

- Bien...me voy. Aunque te estás equivocando, Darien...Algún día entenderás que esa mujer no vale la pena.

- Sal de aquí- Exige el hijo mientras el padre hace un gesto de desagrado y sale del estudio.

Al quedarse a solas abrió una caja y sacó un puro de ella para cortar la punta y encenderlo. Sabía que si Rei lo veía, seguramente lo mataba ya que detestaba el humo y el olor del tabaco, pero ahora, lejos de ella, el tabaco era su único aliado para sobrevivir a ese maldito acuerdo al que estaba encadenado...de momento

¡Hola!

Pues aquí de pasadita les dejo mi capítulo de "La otra Mujer" espero les guste. Gracias a Irais por recordarme que tenía que publicar jejejejje. Ahora los dejo porque estoy SUPER retrasada con el capitulo que escribo ésta semana.

Gracias a todos los que leen pero sobre todo a los que dejan Review. A todos, todos

¡hasta la próxima!

p.d. Les debo el agradecimiento personalizado pero me encierro a escribir :P