Habían pasado varias horas desde que aquel viaje incierto en aquel carromato había empezado, y el grupo de amigos aun se encontraban en la incertidumbre más absoluta, sumidos en el más grave de los silencios. Hasta que al fin, el carruaje se detuvo.

Se miraron entre sí, aterrados por lo que estaba por venir... La puerta doble del carromato se abrió dejando entrar una luz cegadora y un bullicio digno de las fiestas patronales de Irme. Un hombre vestido con el mismo uniforme que el del soldado de la frontera entro con tranquilidad al interior del carromato y les examinó de forma despectiva para luego volverse hacía los guardias que sostenían las puertas y decirles algo en un idioma para ellos desconocido: ambos guardias asintieron y con la velocidad del rayo desaparecieron sin cerrar las puertas siquiera.

-Acompañadme.- ordenó el soldado sin volverse a verlos, saliendo del carromato.

Ellos se miraron entre sí, totalmente acongojados. Habían sido descubiertos por el ejercito, seguramente les aguardaba una muerte horrible bajo alguna tortura inhumana...

-¡He dicho que me acompañen, por favor!- a pesar de la naturaleza servicial de la frase, el tono empleado por el soldado fue tan duro y dictatorial que no dudaron en seguirlo más por inercia que por voluntad propia.

No muy lejos de allí, Kvothe escuchó un gran revuelo fuera de sus estancias, y de repente, aquella puerta que siempre se mantenía impasible a su presencia se abrió de par en par revelando un majestuoso y enorme pasillo forjado con los mejores materiales; seda, oro, mármol de calidad... La guardia se mantenía allí impasible a ambos lados del largo pasillo. Erial se adelantó un paso y con una sonrisa amable se dirigió al pelirrojo.

-Maestro, le sugiero que acabe de vestirse, le ha sido otorgada una entrevista con "él".-sonrió al ver el brillo expectante del joven, quién corrió a buscar alguna prenda masculina en el enorme armario de madera maciza que había al lado del tocador.

Al contrario de la impresión que creía que daba Kvothe con aquella camisa holgada blanca y el chaleco a juego con los pantalones verde oscuro, de plebeyo sin techo. Los guardias al verlo pasar con el porte de un rey, en aquellas ropas caras que enmarcaban perfectamente su cuerpo (para muchos era la primera vez que le veían) debían reconocer que entendían el porque de la fijación enfermiza que tenía la fata milenaria. Realmente era un hombre hermoso, de porte elegante pero con un toque rudo que le hacían muy atractivo, y su aura destilaba autoridad y sabiduría.

Kvothe caminó con prisa siguiendo los pasos de Erial quién paseaba ligero con la naturalidad con la que se camina al estar en tu casa. Estaba nervioso, debía reconocerlo, llevaba días haciendo especulaciones del porque de su encierro sin lograr ningún avance y de ahora recibiría por fin una respuesta a todas sus preguntas. O al menos eso creía...

Para su asombro, Erial se detuvo en un muro y se dispuso de tal manera, que le indicaba que el debía pasar primero. Pero en aquel muro no había nada... sin duda sería un material extraordinariamente caro, pero no había cuadros, ni decoraciones, mucho menos una puerta por la que pasar. Le miró con la ceja alzada buscando una explicación, más lo único que le sacó a al centinela fue una sonrisa afable y un ligero movimiento de cabeza acompañado de un suave:

-adelante, le están esperando.

Kvothe no supo si le estaba tomando el pelo o era algún tipo de prueba. Pero desde luego allí no había ningún orificio por el cual poder entrar o salir a cualquier sitio donde fuera que lo estuvieran esperando. Relajo los músculos e intento hacer lo que mejor se le daba: razonar metódicamente.

-"a ver Kvothe, sabes que sea dónde sea que estas, es zona Fata, ya as visto otros "milagros" cuando estabas con Felurian, no debería extrañarte que sea una prueba del tipo: si crees que hay una puerta esta se abrirá para ti... pero también podría ser una mala-pasada de Erial y romperte la nariz..."-su lado cínico le persiguió incluso en sus pensamientos mientras el soldado se mantenía relajado.- "ya te has lanzado desde una torre, que más dará comerte una pared..."-bromeó para sí mismo.

Tomó aire, cerro los ojos y dio tres pasos firmes al frente, cuando empezaba a pensar que le faltaba algún paso más por dar al calcular mal la distancia, creyó alucinar al oír la voz de sus amigos llamándole. De repente un brillo le deslumbró y una suave brisa meció su cabello, abrió los ojos curioso y la luz del sol le deslumbro obligándole a cerrar los ojos repetidas veces hasta que se acostumbro a esta. Perplejo se vio a si mismo en medio de una terraza digna de un palacio con miles de esculturas hechas con arbustos o piedra decorando la pequeña terraza que daba a un frondoso bosque al fondo y a un enorme y hermoso patio trasero. Dio un par de pasos asombrado por lo que sus ojos veían, se volvió para encontrarse con Erial pero se dio cuenta que encontraba totalmente solo. De repente se dio cuenta que al fondo había una pequeña galería blanca, con una mesa a rebosar de pastas y té humeante. Se dirigió a ella, ya al llegar se sentó en uno de los dos bancos cuidadosamente detallados que se encontraban contrapuestos, separados por la mesa, mientras examinaba la zona con su verde mirada.

-Felurian no mentía, tienes los ojos de un niño curioso.

La voz sobresaltó a Kvothe que alzándose miro en la dirección de dónde había provenido la potente voz que acababa de hablarle.

Un hombre robusto, alto y de fuerte contextura le miraba de forma bondadosa con unos hermosos y adultos ojos azul cielo. Vestido con las mejores galas que le había visto vestir jamás a un noble, debería estar en la mediana edad por sus arrugas, y la sabiduría estaba escrita en su frene.

-Y también eres inteligente sin duda, buen juicio. No soy tan joven como para ser inexperto pero tampoco tan viejo como para tacharme de erudito joven Kvothe.-este le miró algo atónito. Luego recordó que Felurian también solía leerle la mente.

-Es una manera vulgar de referirse a la capacidad de adivinar los pensamientos ajenos pero supongo que los humano no tenéis otro nombre para esta practica...- dijo dejando caer un suspiro.

-en realidad hay quienes lo llaman oculmancia, señor. -contestó sin poderse retener el joven arcano intentando no sonar muy insolente.

Aquel hombre le miro un poco sorprendido pero luego simplemente sonrió con amplitud y susurró más para si mismo que para él.

-Inteligente desde luego...-luego le miró fijamente y continuó con un tono de voz natural- Empiezo a entender un poco la fascinación de Felurian. Desde luego al menos es el nombre que yo también le doy joven arcano, más no es común que un joven de su especie conozca esta terminología...- Kvothe se sintió orgullos en aquel momento de sí mismo- pero siéntate joven, lo que debo tratar contigo no es cosa de una breve charla, menos con tantas preguntas rondándote la cabeza...-sugirió amablemente mientras tomaba asiento con una sonrisa burlona.

Simmon había logrado alterar a todos sus amigos tras anunciar que creía haber visto a Kvothe paseando por uno de los jardines por los que habían tenido que pasar para llegar a la enorme sala dónde ahora se encontraban.

Esta era algo parecido la sala de actos dónde un rey acoge a sus súbditos para oír sus quejas, y efectivamente en medio de la habitación había tres tronos maravillosamente decorados. Atados de manos y pies, esperaban recelosos y algo asustados por sus captores.

-¿Estás seguro de que era él Simmon?-preguntó Devi en un murmuró para que los guardias no les oyeran.

-Creo que sí... pero estaba muy lejos-todos contuvieron el aliento, aquello no era una garantía de nada. Al ver la reacción de sus amigos el rubio se apresuró a añadir- pero cuando le he llamado me ha parecido que se había girado hacía nosotros, pero por alguna razón no nos ha visto...

-Mejor no nos hagamos ilusiones por si acaso, además ahora mismo mi prioridad es que diablos van a hacer con nosotros.-gruñó Mola- Si Kvothe está paseándose realmente por ahí debe de estar bien...

-¡Silencio mocosos!-vociferó el soldado que les había escoltado todo el camino.

Y entonces el grupo de amigos volvió a guardar silencio, rezando silenciosamente por su suerte...

Kvothe se estremeció levemente y retomó su asiento armándose de valor para empezar a hablar.

-A riesgo de parecer insolente, le preguntaré que debo de entender que la razón por la cual me encuentro aquí es por la mención reiterada de mi persona por parte de Felurian... ¿no es cierto?

-Desde luego.-contestó con simpleza. Kvothe se relajo, aquel hombre parecía dispuesto a darle respuestas.

-¿No estoy en mi mundo verdad?-atacó de frente haciendo reír al noble.

-Muy perspicaz. ¿Pero sabes dónde te encuentras?

-En Fata.-la seguridad en la voz de Kvothe y el brillo en sus ojos fascino a aquel hombre.

-Muy bien. Realmente eres fascinante, nada que ver con la mayoría de humanos que han venido por aquí...-de nuevo el orgullo anido en el pecho del pelirrojo- Hazla.

-¿que?-inquirió Kvothe confuso.

-La pregunta que más deseas hacer, hazla.-el más joven miró a aquel hombre intentando analizarle.

-¿Quién es usted y porque me ha citado?-recitó con tranquilidad fingida. El anciano río.

-No, no, formula-la tal cual estaba en tu mente, joven Kvothe hijo de Arliden.

Kvothe le miró de soslayo y levantando una ceja repitió:

-¿Quién coño es usted y que diablos hago aquí?-dijo de forma ruda y la verdad, bastante aliviado de no tener que montar un númerito de etiqueta.

-Muy bien joven Kvothe, muy bien.

El anciano empezó a reír sin dar más explicaciones enervando al pelirrojo quién se alzó y golpeando la mesa exigió:

-¡contésteme! ¿Dónde están mis amigos? Por favor necesito saber si están bien o les...

-Mentiroso.

La respuesta de aquel hombre fue tan brusca que sorprendió al joven arcano quién creyó haberle hecho enfadar, más nada más lejos de la realidad, el anciano estaba totalmente encantado con su persona, realmente era una persona curiosa.

-¿Como dice?-preguntó con un deje algo indignado.

-Mientes.

-¿Y en que se basa para decir que miento? Usted no me conoce.

-Oh joven Kvothe, le conozco lo suficiente como para saber que su mente sedienta de conocimientos está funcionando a mil por hora, y que eso, lo tiene extasiado.-Kvothe se sentó de nuevo analizando la situación.- ves, incluso ahora, estás totalmente en tu salsa. Te encanta, el desconocer algo y rozarle con las puntas de los dedos, el saber que muy pocos lograran saber lo que tu ya sabes a tan pronta edad... de cuanto le queda aun por descubrir... no tiene tiempo de preocuparse por sus amigos, solo lo hace cuando su corazón le da un sablazo al cerebro de pura culpabilidad... ¿o es que acaso me equivoco, Kvothe el Arcano?

Kvothe sonrió con altanería a la vez que el anciano quién le devolvió la sonrisa totalmente complacido.

-No, pero eso no significa que no me importe su estado.

-Cierto.-y tras una pausa añadió- llegaron esta mañana, ahora mismo están esperando a su respuesta.-aquello extrañó al pelirrojo.

-¿Que respuesta?

-La respuesta a la pregunta que le voy a hacer mi querido humano impertinente.

Kvothe sonrió. Ahora entendía por donde iban los tiros.

-simplemente brillante, lo admito, me inclino ante tu temprana sabiduría.-pronunció alegre el anciano.- Mi nombre es Ali ea, soy el rey si así quieres llamarlo, de Fata, como ya habrás supuesto.-Kvothe abrió los ojos sorprendido.

Ali-ea era una de las grandes leyendas Fata, el poderoso y magnánimo rey que había elevado a los fatas en el mundo hermano de Felurian y esposo de Eris.

-La razón de su "extracción" por llamarlo de alguna manera...

-dirá secuestro.-Ali-ea sonrió más amplia mente.

-El motivo de su extracción fue la recomendación por parte de mi hermana Felurian para que usted ejerciera de mentor de mi hijo menor...

El pelirrojo abrió los ojos de par en par. ¿Ali-ea el rey de los Fata acababa de pedirle a ÉL , un simple humano que se encargará de la educación de su hijo menor? Abrió la boca y la cerró varias veces, vacilando sin saber que decir ni que pensar.

-Es simple, si o no.

-yo no... yo no...-entonces se sintió estúpido por un momento, cerró los ojos cogió aire y dijo- yo no he finalizado mis estudios, hay muchas cosas que no le puedo...

-no quiero que le enseñe lo que aprende en la universidad joven Kvothe, quiero que le enseñe a ser un hombre de provecho.-el pelirrojo le miró atento esperando una explicación más extensa.- verás... mi hijo es un desastre, es muy inteligente, pero prefiere perder el tiempo en burdeles y salas de baile. No es que este mal, pero si va a gobernar algún día cuando su hermano mediano no quiera seguir en el cargo, debe aprender a comportarse, debe aprender modales y a regirse a lo que implica ser rey. Además de algunas nociones de política claro esta.

-yo no se nada de política, con todos mis respetos.-replicó Kvothe. Ali-ea sonrió.

-pero eres un hombre justo y de corazón puro. Eso es lo que quiero que aprenda.

El silencio se apodero entonces de la galería.

-Temo que tenga usted una impresión errónea de mi, excelencia.-dijo rompiendo el silencio Kvothe con algo de pena.

-De momento no me has decepcionado.

Kvothe lo meditó entonces y sonriendo de medio lado dijo:

-Tampoco tengo otra opción ¿verdad?-le miró a los ojos- Mis amigos esperan.-pronunció con cierta sorna.

Ali-ea entonces sonrió con picardía y antes de retirarse completamente se volvió hacia el joven arcano y le dijo.

-mañana aquí mismo, a las cuatro de la tarde empezaran las lecciones tras una leve presentación. Por hoy descansa, tus amigos vendrán en unos minutos, tu y ellos seréis bienvenidos a mi palacio y seréis tratados como mis huéspedes, y a ti se te dará un séquito personal, desde ahora, eres el Mentor oficial de mi tercer hijo Bastas.

-Si, su excelencia.

Y mientras pronunciaba estas palabras, el pelirrojo hizo una gran reverencia a un más que satisfecho rey.