¡Hola! *Saluda otra vez ondeando una bandera blanca en señal de paz* ... heme aquí, de nuevo con un poquito de retraso para actualizar pero... ustedes saben, a veces la "inspirancia" no está de nuestro lado. ¡Pero acá está un nuevo capítulo! Espero que sea de su agrado, ¡gracias por seguir leyendo las ideas locas que inundan mi cabezota! ^^

Próximamente, actualización de mis otros fics, así que no se desesperen... ¡Abrazos de oso para todos mis lectores! :)

Es en este punto donde digo lo siguiente: los personajes NO ME PERTENECEN, son propiedad de Naoko Takeuchi. La historia se suponía que estaba basada en la película con el mismo nombre, pero terminé haciendo lo que quise con ella (espero no les moleste) jejeje.

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CAPÍTULO 19: UN PLAN FRUSTRADO, UN AMOR CONFIRMADO...

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Cinco minutos después de que Serena y Michiru se reunieran en la sala con Andrew, Darien y Lita, salieron de la cocina Yaten y Taiki, quienes llevaban una mochila llena de comida. Todos se soltaron a reír cuando se dieron cuenta de que, efectivamente, ambos chicos habían preparado bocadillos como para un ejército.

¿Ya se rieron lo suficiente o todavía tenemos que esperar más? —. Dijo un enfadado Taiki, que más que enojado, se encontraba avergonzado por la situación.

Discúlpanos amigo, es que justo le decía a Sere que lo más seguro era que ustedes dos prepararan comida como si fuésemos un ejército. Pero ya, ya no vamos a decir nada… ¿cierto, chicos? —. Habló Darien a la vez que les preguntaba a los demás. Todos asintieron con una sonrisa en el rostro y se preparaban para salir, justo cuando los gritos de Mina se escucharon por todo el inmueble.

¡Amy, Amy, ayúdame!

Todos en la sala se quedaron sorprendidos y Yaten fue quien corrió rápidamente hacia la habitación de las chicas, seguido por Taiki. Lo siguiente que vieron, fue a Mina en el rincón más alejado a la ventana, con los brazos alrededor, como si hubiese tenido el peor susto de su vida, mientras Amy trataba de liberar una pequeña mariposa que se había metido en la habitación…

¿Qué sucede aquí? ¿Por qué esos gritos Mina? —. Preguntó un molesto Yaten.

¡Esa cosa! Esa cosa estaba volando demasiado cerca de mi hermoso rostro… —. Respondió Mina aún asustada.

¡Por Dios, Mina! ¡Es sólo una mariposa! —. Le dijo Taiki mientras ayudaba a Amy a abrir la ventana para que la mariposa pudiera ser libre otra vez. — ¿Acaso no sabes que todos los seres vivos debemos coexistir en el mismo ecosistema?

¿Ecosistema? ¡Nada de ecosistemas! Si una cosa de esas se me vuelve a acercar, ¡la mataré sin piedad alguna! —. Respondió la rubia mientras trataba de acomodarse el cabello, que antes lucía impecable.

¡Ay Mina!… —. Dijeron los presentes al unísono. Segundos después, Taiki y Yaten decidieron bajar, esperando que con ese "incidente" el par de chicas no se demorara más. Cuando llegaron a la sala, todos se les quedaron viendo esperando una explicación ante los gritos de Mina.

¿Qué sucedió Yaten? ¿Por qué Mina gritaba así? —. Preguntó Darien.

No pasó nada, Darien. Mina está bien, sólo que la tonta se espantó porque una mariposa se metió en la habitación, es todo…

Todos voltearon a verse tratando de aguantar el ataque de risa que estaba a punto de generarse en todos, pero el detonante fue el aporte que Michiru y Serena hicieron al respecto del tema:

¡Por Dios, es el colmo! ¿Por una mariposa se puso así la loca de tu amiga, Chiba? —. Le preguntó Michiru al pelinegro. Él sólo se encogió de hombros y la chica de cabello aguamarina agregó: — Como si se hubiese tratado de una víbora o algo peor…

En ese caso Michiru, se habrían sentado las tres a tomar el té… —. Soltó Serena sin darse cuenta, por lo que todos los presentes estallaron en risas. Serena se ruborizó tanto que tuvo que correr a abrazar a Darien y esconder la cabeza en su pecho a causa de la vergüenza.

Una vez que todos se calmaron, Yaten tomó del hombro a Serena y le dijo en un tono más que tierno:

No te preocupes Serena, creo que es la opinión más sincera que alguien pudo haber dado de ese par…

Todos volvieron a reír, sobre todo porque justo en ese momento las dos chicas en cuestión iban bajando por las escaleras. Mina llevaba un pantalón blanco con una blusa de tirantes en color naranja. El cabello lo llevaba suelto, sujetado hacia atrás por una pequeña diadema y el maquillaje era un poco recargado, según la opinión en voz baja que Michiru le dio a Serena. Sus botas, con tacones de aproximadamente diez centímetros en color beige, la hacían lucir más estilizada, sin embargo era más que claro que el atuendo no era el indicado para la ocasión.

Amy por su parte, había optado por un pantalón de mezclilla azul combinado con una camiseta de tirantes en color negro y un suéter delgado del mismo color. Llevaba botas de gamuza del mismo color que su blusa y el cabello, al ser demasiado corto, sólo lo había adornado con un pequeño pasador en uno de sus lados. Su maquillaje era menos natural, nada exagerado.

En cuanto ambas chicas vieron a Serena, se pusieron a repasar su vestimenta con la mirada, causando una repentina pero ya conocida furia en la pequeña rubia. Lita y Michiru se pusieron a los costados de Serena, mostrando la simpatía que ya le tenían y una risita burlona salió de los labios de Mina. Suspiró y le dijo del mismo modo a Serena:

¿Así que te gusta el color morado? —. La tomó de una pequeña parte de su blusa. — ¿Sabes? A Rei también le encanta. Pero es obvio que entre ella y tú, no hay ninguna semejanza… ¿no lo crees igual Dar?

Obviamente entre las dos, no hay ninguna similitud Mina —. Contestó el pelinegro. Segundos después, tomó de la mano a Serena y la alejó de la otra rubia, agregando: — ¿Sabes por qué no hay similitudes entre ellas, Mina? ¡Fácil! Porque Serena sí tiene un buen corazón y la posibilidad de que le quede bien cualquier cosa que se ponga, conservando su ternura y sencillez…

¡Darien! —. Gritó Mina.

¡Vámonos chicos, creo que ya es hora! —. Contestó Darien saliendo del lugar con Serena de la mano y sin tomar en cuenta a Mina. Todos se burlaron de ella, sobre todo Michiru que esperó a que ya no hubiera nadie para decirle:

¿Con que tus gritos eran por una mariposa? ¡Vaya, pobrecilla! Sí que debiste haber sufrido un colapso del susto… —. Dijo poniendo su mano derecha en su barbilla como si estuviese pensando.

¡Por supuesto que me asusté! —. Dijo Mina haciendo un falso puchero.

Michiru volteó a verla y volvió a reír diciéndole:

¡En verdad que eres tonta Mina! Yo estaba hablando de la mariposa, no de ti… —. Y salió dejando a una rubia totalmente confundida.

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Ya afuera, todos estaban discutiendo hacia qué lugar debían dirigirse. Seiya y Zafiro se encontraban alejados de los demás, como si estuviesen platicando de algo muy importante. Darien lo notó y se acercó a ellos:

¿Piensan pasarse todo el tiempo alejados de nosotros? Creía que tú Seiya, venías para divertirte y tú Zafiro… tú venías a arruinar mi tiempo con Serena.

¡Tranquilo Chiba! —. Le dijo Seiya mientras posaba una de sus manos en su hombro.

¿No se supone que deberías estar feliz de que Zaf esté lejos de tu rubio tormento? Por cierto, ¡vaya que esa chica está más guapa que antes de…!

Darien volteó a ver a Seiya completamente asustado, pensando que en ese momento iba a decir algo acerca de la apuesta frente a Zafiro.

¿Antes… de qué? —. Interrogó Zafiro, curioso.

Seiya fingió un ataque de tos, causando aún mayor irritación en Darien. Al "calmarse" respondió:

Antes de que ella y mi amigo se hicieran novios Zafiro, la verdad es que creo que a ambos les sentó de maravilla el empezar su relación… —. Sonrió triunfante ante la cara de Darien. Zafiro sólo se encogió de hombros y se dirigió a reunirse con los demás, dejando solos a los otros dos chicos.

¿Qué significó eso, Seiya? —. Preguntó Darien totalmente enfadado.

Nada. Bueno, sí… es un simple aviso de que en el momento que yo quiera, puedo decir toda la verdad. Así es más interesante esta apuesta —. Contestó y se alejó dos pasos de Darien, quien lo veía sin poder creer aún lo que su "amigo" le estaba diciendo. Después, se detuvo y agregó: — ¿Sabes? Quizá sea interesante que pruebe hasta qué nivel estás enamorado de Serena porque creo que en esta apuesta, quien sale ganando más, ¡soy yo!

Corrió hacia Zafiro, dejando a Darien totalmente enfadado y sin la más mínima idea de qué hacer. Se obligó a salir de sus pensamientos para reunirse con Serena, quien estaba embelesada viendo a una yegua de color blanco con café.

¿Te gusta, Sere?

Es muy bonita Darien. Pero, ¿la verdad? Me da algo de miedo… —. Respondió mientras acariciaba al animal. El pelinegro sonrió y puso su mano encima de la de la rubia, siguiendo el transcurso de las caricias que ella estaba haciendo. Con esa acción, trataba de infundirle confianza a su novia.

No tienes por qué tener miedo Sere. Todo el tiempo voy a estar junto a ti, ¿de acuerdo? Además, ella es muy tranquila, así que no creo que haya mayor problema… ¿confías en mí, verdad? —. Preguntó hablándole al oído. Serena sólo tragó grueso después de sonrojarse y con un mínimo movimiento de cabeza, asintió.

No muy lejos de ellos, Seiya y Zafiro se miraban con complicidad. Era hora de que llevaran a cabo su primer plan para tratar de separar a la pareja de enamorados.

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Minutos después, ya todos estaban montando un bonito caballo. Darien había optado por cabalgar en un majestuoso animal negro azabache, que se asemejaba demasiado a él: fuerte, grande, imponente. Ninguno de los demás chicos lograban alcanzar el porte que el pelinegro lograba al parecer todo un jinete. Serena no era la excepción, pues a pesar de que nunca había hecho algo así en su vida, la gracia que tenía al estar cabalgando sólo podía ser alcanzada por le elegancia que tenía Michiru. Su espalda completamente recta, le ayudaba a parecer también toda una profesional y como era de esperarse, ambos lideraban el grupo.

Seiya y Zafiro se habían quedado atrás a propósito, pues aún estaban afinando detalles del "golpe" que según ellos, haría que Serena y Darien se pelearan, logrando separarlos finalmente.

Sere, ¿estás bien? —. Preguntó Darien mientras alcanzaba la mano de la rubia.

Sí Darien, muy bien. De hecho, me siento completamente tranquila. Todos los miedos que tenía, se han dispersado un poco —. Respondió sonriéndole con sinceridad a su novio.

Eso me alegra mucho. ¿Sabes? En cuanto lleguemos a donde vamos a acampar y después de que comamos algo te voy a llevar a donde te dije. Ahí podrás tomar unas fotografías hermosas y además, podremos estar solos, tú y yo, ¿de acuerdo?

De acuerdo, Darien —. Contestó sonriendo ampliamente.

El grupo iba dividido, como era de esperarse. Michiru, Lita y Andrew iban platicando alegremente sobre algunas experiencias comunes en la preparatoria. Mina, Amy, Taiki y Yaten por su parte, se burlaban de la rubia, pues ésta ya se había dado cuenta de que su atuendo no era precisamente lo más cómodo que había escogido. Todos iban tan metidos en sus respectivas conversaciones que nadie se dio cuenta del momento en el que Seiya y Zafiro comenzaron a correr en sus respectivos caballos.

¡Vamos Zafiro, no seas torpe y alcánzame si puedes!

¡Te voy a enseñar niño, que a mí no me vas a desafiar así de fácil!

Todo fue muy rápido. Seiya pasó corriendo en su caballo tan velozmente que nadie se dio cuenta del momento en el que le pegó con sus espuelas a la yegua que Serena cabalgaba. Mucho menos fueron conscientes del rápido momento en el que el animal, comenzó a correr sin sentido alguno, haciendo que la rubia gritara totalmente asustada.

¡Darien, Darien, ayúdame! —. Fue lo último que alcanzaron a escuchar de Serena.

Darien tardó sólo algunos segundos en reaccionar y correr detrás de ella. Sin embargo, esos segundos le dieron ventaja a la yegua, que no parecía encontrar el momento exacto en el que fuera a detenerse. El pelinegro sentía que con cada metro que el animal avanzaba, la vida de la rubia corría más y más peligro… los demás también intentaron alcanzarla, pero todos sus esfuerzos fueron en vano.

¡Serena, sólo agárrate tan fuerte como puedas! No tengas miedo, ya voy detrás de ti… —. Gritaba Darien mientras intentaba hacer que su caballo corriera tan rápido como se pudiera.

¡Tengo miedo Darien! ¡Ayúdame, ayúdame!

Darien lo intentaba con todas sus fuerzas, hacía que su caballo diera el máximo esfuerzo. Sin embargo, no estaba lo suficientemente contiguo a la rubia como para poder ayudarla. Fue entonces que todos se dieron cuenta de que Zafiro era quien estaba más cerca y pedían con todas sus fuerzas que lograra alcanzarla para evitar una mayor catástrofe.

¡Serena, no tengas miedo! Ya estoy aquí a tu lado… —. Le gritó Zafiro, mientras estiraba una de sus manos tratando de alcanzar las riendas de la yegua que la rubia cabalgaba.

¡Zafiro, Zafiro por favor ayúdame! Este animal no se quiere parar, ¡tengo miedo, tengo mucho miedo!

Tranquila conejito, yo estoy aquí para ayudarte y protegerte —. Mientras Zafiro decía esas palabras, logró alcanzar las riendas, haciendo que el animal se detuviera poco a poco. En un movimiento rápido, Zafiro tomó a Serena de la cintura y la montó en el caballo en el que él iba. Ella sólo lo rodeó con sus manos, enterrando el rostro en su pecho y llorando desconsoladamente.

Fue cuestión de segundos para que Darien se reuniera con ambos y en un movimiento tan elegante como veloz, bajó del caballo y se acercó para pedirle a Zafiro que dejara a Serena entre sus brazos. Éste último, con enfado, ayudó a Serena para que bajara del caballo mientras Darien la cargaba y la acunaba en su pecho…

¡Darien! —. Fue lo único que dijo Serena antes de ponerse a llorar de nuevo.

Ya estoy aquí princesa, no te preocupes. No pasa nada, yo estoy contigo…

Estaba muy asustada, no sé qué fue lo que pasó. Yo iba bien, de pronto Seiya pasó al lado y todo… ¡todo fue tan rápido! —. Trataba de hablar mientras seguía sollozando.

Darien se acercó a un enorme árbol que estaba cerca y se sentó bajo su sombra, aún con Serena entre sus brazos. Acariciaba sus hombros con cariño, mientras intentaba acomodar todo el cabello rubio que ahora lucía desordenado. Serena seguía llorando sin control, aferrándose a la camisa de su novio, tanto como si con ello se le fuera su propia vida.

Tranquila mi amor. Todo ha pasado ya. Ya no llores, te amo, te amo mi pequeño demonio rubio…

Darien, aún tengo mucho miedo. No me dejes, no me dejes más sola, ¡por favor!

En ese momento, Darien sintió una punzada en su corazón, pues de haber puesto mayor atención a su novia, quizá nada de eso hubiera sucedido. Debió obligarla a que montara en el mismo caballo, sabiendo que ella no sabía hacerlo. Debió darse cuenta de que la yegua se espantaría en el momento en que Seiya pasó… debió reaccionar más rápido cuando el animal comenzó a correr sin control. Levantó la mirada y se encontró con un curioso Zafiro, quien en los ojos tenía cierto rango de… ¿culpa? ¡No, eso no podía ser posible! Él nunca sería capaz de intentar dañar a Serena, ¿o sí?

¡Gracias Zafiro! No sé qué habría pasado de no ser tú quien estuviera cerca de ella…

No me agradezcas nada Chiba, sabes que yo protegeré a Serena. Incluso de tu incapacidad para poder reaccionar ante este tipo de situaciones…

¿Qué estás tratando de insinuar?

¿Yo? Obviamente nada, no insinúo nada… ¡Lo afirmo! Eres totalmente un inepto, incapaz de salvar a Serena de cualquier tipo de peligro.

¡Pero que…! —. Darien trató de levantarse. Sin embargo, Serena se aferró aún más a su cuerpo, imposibilitándolo para hacer cualquier tipo de movimiento.

Darien, por favor no discutan. No estoy de ánimos para presenciar cosas de niños, ¿está bien? —. Añadió Serena mientras lo veía a los ojos, aún espantada. Él asintió y volvió a abrigarla con sus brazos, mientras Zafiro lo veía desafiante.

Minutos después, todos estaban reunidos en torno a la pareja. Lita, Andrew y Michiru todavía estaban muy asustados, pues Serena ya se había vuelto parte importante de sus vidas. Así que sólo intentaban animarla mientras la rubia se aferraba a no dejar a Darien.

Serena, ¡por favor! Ya suelta a Darien… a estas alturas, creo que sus brazos están morados por tenerte así ya tanto tiempo… —. Decía Michiru, tratando de hacer reír a Serena.

¡No me importa!

¡Vamos Serena, pareces una pequeña niña! —. Agregaba entre risas Lita.

¡Todavía soy una niña!

Que se me hace que tú lo que quieres es robarme a mi amigo y no prestármelo ni un minuto Serena… —. Añadió Andrew, causando un leve sonrojo en Darien.

¡Sí, eso quiero! —. Decía Serena con la cara aún enterrada en el pecho del pelinegro.

Todos estallaban en risas, haciendo menos denso el ambiente, sobre todo al darse cuenta de que la pequeña rubia ya se sentía mejor con cada segundo que pasaba. Sobre todo al estarse comportando como una bebé caprichuda. Así que lo mejor que pudieron hacer, fue dejar a la pareja a solas, mientras acomodaban lo necesario para comer. Finalmente, el peligro había pasado y ahora, todo quedaba en un susto.

Darien estaba más que feliz de tener a Serena entre sus brazos. Sin embargo, no podía negar que la posición estaba causando estragos en su cuerpo. Además, se había percatado que el estómago de su novia reclamaba por algo que lo alimentara.

Serena, amor… creo que debemos levantarnos de aquí. Llevamos mucho tiempo así, ¿no crees? ¿Acaso no tienes hambre? —. Decía Darien mientras intentaba moverse un poco.

¡No tengo, no quiero! —. Fue la vaga respuesta de la rubia. Segundos después se arrepintió al escuchar cómo un rugido de su estómago la delataba.

Creo que mi cabecita de chorlito tiene hambre…

¡Darien, cállate! —. Dijo Serena al tiempo que se levantaba con un leve enojo y sus mejillas infladas, dando claras señales de su berrinche.

Darien rio por lo bajo y también se levantó. Enredó con sus brazos la pequeña cintura de Serena, quien permanecía de espaldas a él y justo al oído le dijo:

Perdóname princesita…

Ella giró su cuerpo completamente para quedar de frente al pelinegro y confundida contestó:

¿Perdonarte? ¿Por qué?

Porque soy un completo inútil que no sabe cómo defenderte ante cualquier peligro, ¡de verdad lo siento! Creo que no estoy capacitado para ser novio de una chica tan fuerte como tú…

¡Chiba, eres un tonto! —. Le gritó Serena. Él la vio a los ojos confundido y la rubia añadió: — Sí, eres un reverendo inútil… pero para darte cuenta de que yo no necesito a un príncipe que venga literalmente, en su caballo a salvarme de los peligros que tiene la vida. Darien, yo te amo porque sé que necesito a mi lado a mi complemento, a esa parte de mi corazón que estaba destinada para mí… recuerda que ni tú eres un príncipe salvador ni yo una princesa víctima de los peores males de la humanidad…

Serena…

¡Mejor cállate y dame un beso! ¿De acuerdo? —. Y esas fueron las últimas palabras que la rubia dijo antes de pegar sus labios a los de Darien, sin importarle que los estuvieran observando. Sin importarle que por los celos de terceros, su vida corrió un grave peligro. En ese momento, sólo existía el mundo de Darien y Serena… esa pequeña utopía que unía sus corazones, haciendo que sólo se escuchara un solo latir.

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Mientras los tortolitos se comían a besos delante de sus amigos, todos especulaban el por qué de que la yegua que montaba Serena, hubiera reaccionado de esa forma.

No sé, a mí esto se me sigue haciendo raro. Llevamos años viniendo a este sitio y esa yegua nunca había reaccionado de esa forma al percatarse de que alguien más pasaba corriendo cerca… —. Decía Michiru más para sí misma que para los demás.

Quizá se dio cuenta de que estaba siendo cabalgada por una tonta, por eso quería deshacerse de ella —. Fue la respuesta de Mina.

¡Mina, cállate! —. Le dijo repentinamente Amy, causando el asombro de todos los demás. — Quiero decir que, bueno… la pobre de Serena se veía muy espantada. Yo sí temí lo peor… —. Añadió.

Yo creo que quien tiene razón es Michiru. Esa yegua es la más tranquila, no tenía por qué reaccionar de ese modo… —. Dijo Andrew.

Yo creo que sólo entenderemos todo hasta que Serena recuerde por completo lo que sucedió… cualquier detalle nos ayudará a saber qué fue lo que asustó a ese animal… ¿No creen? —. Inquirió Yaten, totalmente serio ante la situación.

Todos asintieron y siguieron preparando en el pasto todo lo necesario para que pudieran comenzar a comer. No muy lejos de ahí, Seiya y Zafiro se encontraban discutiendo…

¡Te pasaste, animal! ¿Acaso no te das cuenta de que temí lo peor?

¡Relájate Zafiro, no le pasó nada a final de cuentas! Aunque estoy molesto porque nada resultó como lo planeamos… ¡ese mugroso Chiba volvió a salirse con la suya!

¡Eres un idiota! Estamos hablando de Serena, ¡de mí Serena! ¿Estás demente o qué? —. Seguía diciendo un molesto Zafiro. De pronto, bajó la voz y añadió: — ¿Sabes lo que hubiera pasado si por tu culpa ese animal la tira?

¡Pero eso no pasó! Ahora, sólo preocúpate porque ella te esté eternamente agradecida por haberla ayudado…

Cada vez me convenzo más de que eres un estúpido Seiya. Pero más estúpido soy yo por hacerte caso. No sé en qué momento me dejé llevar de ese modo por ti… —. Le dijo Zafiro dándole la espalda y cerrando por completo su puño, tratando de evitar lanzarle un golpe a su amigo.

¿En qué momento? Es obvio Zafiro, eres un ser tan vil como yo. Lo único que te movió fue hacer que Serena y Darien terminara, ¡todo porque eres un maldito egoísta como yo! —. Respondió Seiya.

¡Eres imposible! ¿Por qué odias tanto a Chiba? Porque no me vengas con el cuento de que quieres ayudarme a conquistar a Serena, pues no te creo…

Eso es algo que aún no te puedo decir, Zafiro. Confórmate con saber que en algún momento ellos van a separarse y no dudo que ella no quiera volver a saber de él, al menos no en mucho tiempo… —. Dijo alejándose de Zafiro. Se detuvo unos cuantos pasos como si lo meditara y al final, agregó: — Tiempo que tú podrás aprovechar para ganar su corazón.

¿De qué hablas?

Tiempo al tiempo Zafiro… tiempo al tiempo…

Fue lo que respondió antes de alejarse y reunirse con los demás. Zafiro giró el rostro hacia donde estaban Darien y Serena. Los observó por unos minutos: se abrazaban, se besaban. Se veían realmente felices y a pesar de sus diferencias, parecía que estaban hechos el uno para el otro. Era como si dos piezas de un rompecabezas encajaran a la perfección.

Fue en ese momento en el que se prometió que a pesar de su amor, intentaría dejar libre a su conejo… SU conejo… en realidad, Serena nunca fue suya, así que quizá sería más fácil dejarla al lado del hombre al que ella amaba. Sin necesidad de causarle daño por su estupidez…

Sólo me queda prometerte bonita, que si el imbécil de Darien te hace daño o siquiera te hace derramar una sola lágrima, no me quedaré callado y mucho menos, volveré a hacerme a un lado… mientras tanto, quiero que seas inmensamente feliz —. Terminó de hablar, viendo hacia la pareja que aún seguía inmersa en su propio mundo.

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Si llegaron hasta aquí, es porque el capítulo fue de su agrado. Espero no haberlas defraudado. Muchas gracias por seguirme en esta loca historia, desde un principio me han hecho sentir como en casa... ^^/

¡Por favor no olviden decirme qué tal! ¿Vale? Una mega disculpa porque no había actualizado pero saben que agradezco infinitamente las hermosas palabras que me dedican, de verdad ... ¡Abrazos para todas! Que tengan un buen día... :)

P.D. Ya saben que se acepta cualquier tipo de comentario, sugerencia, pregunta, duda o tomatazo ... ¡Pero me dicen qué tal el capítulo! jiji

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Agradecimientos también a:

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¡Muchas gracias a todos y todas! De verdad, espero seguir contando con su apoyo después de esta larga ausencia. A quienes me dejan review, a quienes no, quienes me han puesto en favoritos y alertas. ¡Sólo les pido una cosa!: ¡Disfruten de esta loca lectura! :D

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