Era casi medianoche cuando Parker despertó sobresaltado, asustado, no se trataba de una pesadilla, estaba angustiado porque no sabía si todo había sido un sueño extraordinario o si realmente había ocurrido. Se levantó de la cama sin hacer ruido, caminó por el pasillo hasta la habitación de su padre, la puerta estaba entreabierta. La empujó suavemente y comprobó que sobre la cama, con el cuerpo cubierto a medias por una sábana, dormía su padre. La tenue luz que se filtraba por la ventana que daba hacia la calle le permitía ver que estaba solo, nadie dormía con él.

Su respiración se aceleró, lo había soñado una vez más, se dijo a sí mismo decepcionado. Volvió a juntar la puerta y dio media vuelta para rehacer sus pasos hasta su dormitorio. Fue en ese momento que se percató de una luz encendida en la sala, por un momento recuperó la esperanza y junto las manos, como cuando decía sus oraciones, rogando a Dios que fuera cierto.

Caminó hacía la luz, despacio, silencioso, y entonces la vio. Estaba sentada en el sofá leyendo un libro a media luz, se parecía muchísimo a unas pinturas hermosísimas que le habían mostrado en la escuela, en clase de arte, pinturas de la época del renacimiento si recordaba bien. Intentó no hacer ruido pero estaba un poco oscuro y sin querer se golpeó el pie con un mueble de madera.

Recién entonces la mujer se percató de la presencia del niño, cerró el libro que leía rápidamente y lo colocó sobre la mesa de café, en un instante estuvo junto a él, ayudándolo a levantarse. Lo llevó hacia el sofá y le pidió que no se moviera mientras iba a buscar en el botiquín del baño una crema que le aliviaría el dolor

"¿Huesos te vas a quedar con mi papá para siempre?", le preguntó el pequeño con una sonrisa, aprovechando que ella estaba distraída aplicándole una pomada en el pie lastimado. Mientras esperaba con impaciencia la respuesta de ella, colocó una de sus pequeñas manos sobre el antebrazo de la mujer, instintivamente trataba de fortalecer la intimidad de ese momento entre ellos.

Ella pudo reconocer en su joven rostro la misma sonrisa que en el padre era un arma de seducción, pero que en el niño se convertía en una promesa de afecto, en una muestra de confianza hacia la persona que la recibía, "Parker, los absolutos no existen… no puedo afirmar que algo ocurrirá siempre, porque existen muchas variables que podrían afectar la permanencia del evento en el tiempo", respondió la antropóloga.

El niño la miró extrañado, no estaba seguro pero le parecía que todo eso quería decir que no, y se puso muy triste, los ojos se le humedecieron y esquivó la mirada.

Aunque ella usualmente no era capaz de leer las emociones de los demás, como bien decía Booth su comunicación no verbal era nula. Con Parker era diferente, era capaz de comprender a la perfección lo que pasaba por la mente del pequeño. Se dio cuenta que su respuesta lo había decepcionado y decidida a corregir su error, prosiguió "sin embargo, puedo prometerte que mientras tu padre sea feliz a mi lado, yo permaneceré junto a él", y añadió con un casi imperceptible quiebre en la voz, "… para siempre".

El pequeño Booth le regaló un beso en la mejilla, colocó sus brazos alrededor de ella apretándola con fuerza, y conmovido permaneció junto a ella con la cabeza cobijada en su costado. La mujer sonrió al comprobar que el hijo de su pareja era igual de emotivo que él, un pequeño con los sentimientos a flor de piel, y era tan agradable estar allí rodeada por sus pequeños brazos, sintiendo el calor de su pequeño cuerpo junto al suyo. La emocionaba imaginar que algún día compartiría momentos parecidos con la pequeña vida que crecía en su interior.

Ella supuso que el pequeño se había quedado dormido, porque llevaba buen rato sin moverse ni pronunciar palabra, cuando inesperadamente lo escuchó preguntar "Huesos, ¿te gustan los niños?", y descubrió que un par de ojos idénticos a los del hombre que la había enseñado que el amor es más que física y química, la miraban con preocupación.

Estuvo a punto de contestarle que no podía responder en términos generales porque no conocía a todos los niños, pero comprendió que Parker no se refería a todos los niños, sino que probablemente su intención era preguntar por él mismo. Puso todo su esfuerzo e intentó responder al niño de una forma que no lo decepcionara, "tú eres un niño fantástico, eres mi niño favorito en todo el mundo" afirmó la científica, y pudo comprobar como el rostro del niño se iluminó de alegría, y ella supuso que su respuesta le había resultado satisfactoria, además pensó "Parker es hasta el momento el único niño varón en el mundo con el que he socializado lo suficiente como para afirmar conocerlo".

Pero esa no era la respuesta que el pequeño buscaba, así que repreguntó con un poco de impaciencia "pero, ¿te gustan los bebés?".

La pregunta la sorprendió y contestó espontáneamente "he descubierto que aunque en principio los bebés pueden parecer una experiencia abrumadora de interacción en un solo sentido, en realidad es posible establecer con ellos lazos de afecto recíprocos que van más allá de la satisfacción de sus necesidades básicas". Parker la miró con el ceño fruncido, y ella se dio cuenta que nuevamente había equivocado la respuesta, "lo siento Parker, intentaré ser más clara", le dijo y colocando discretamente una de sus manos sobre su vientre continuó "si me gustan los bebés…" y antes de que pudiera seguir hablando, el niño la interrumpió diciendo "¿y me vas a dar un hermanito pronto?".

Hacía buen rato Booth había despertado por los murmullos provenientes de la sala, se había levantado y sigilosamente, escudado por la oscuridad se convirtió en mudo testigo de la conversación entre Huesos y su hijo. Cuando escuchó la última pregunta de Parker, sintió la imperiosa necesidad de dar a conocer su presencia, Huesos era capaz de responder algo como "en aproximadamente 30 semanas nacerá tu hermanito, tiempo que de acuerdo a algunas interpretaciones de los horizontes temporales establecidos por unos cerebritos casi tan inteligentes como lo soy yo, puede considerarse como pronto".

Salió de las sombras que lo ocultaban y bromeando interrumpió, "qué pasa con ustedes dos, ya es muy tarde para estar despiertos", se acercó a ellos y sacudiendo con suavidad el cabello de su hijo, aclaró "… jovencito basta de charla, usted ya debería estar durmiendo hace buen rato", acto seguido se encorvó sobre ella y colocando delicadamente una mano bajo su barbilla le levantó el rostro depositando un tierno beso sobre sus labios, agregando "… y usted, hermosa mujer también debería estar descansando para mañana disfrutar del delicioso desayuno que les pienso preparar", dicho esto se volvió a mirar a Parker guiñándole un ojo, en señal de que él sería su ayudante en la preparación del desayuno.

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Acostados en la cama que compartieron por primera vez hacía poco más de dos meses, ninguno de los dos podía dormir. Cuando estuvieron seguros de que Parker descansaba, empezaron a conversar sobre lo que acababa de ocurrir, entre susurros decidieron que había llegado el momento de compartir con el mundo la noticia del hijo que estaban esperando.

Las palabras, poco a poco, fueron remplazadas por besos sutiles y calmados, por caricias tranquilas y tiernas, hasta que sin proponérselo estaban nuevamente demostrándose cuánto se amaban, recuperando todo el tiempo perdido. Disfrutando el uno del otro, redescubriendo cada rincón de sus cuerpos y reclamando como propio cada centímetro de piel. Terminaron agotados, felices, exhaustos, más seguros que nunca de que aquello que los unía no acabaría jamás, de que el amor que se tenían crecía con cada encuentro, con cada palabra, con cada gesto.

Huesos se giró de lado, ligeramente doblada resguardando instintivamente la nueva vida que crecía en su interior. Booth se colocó detrás de ella, abrazándola protectoramente, besando su cabello con ternura hasta que ambos se quedaron dormidos, desnudos, agradecidos, soñando con un futuro juntos.

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Casi amanecía cuando Booth despertó sobresaltado al sentir que la puerta de su dormitorio se abría cautelosamente, permaneció quieto abrazando a su mujer en gesto protector, su torso pegado a la espalda de ella, una mano sujetando las de ella y la otra sobre el vientre en que crecía el fruto del amor que se tenían; estaba totalmente alerta esperando comprobar si se trataba de Parker.

Y era así, el pequeño observaba la cama de su padre desde la puerta de la habitación. Esos ojos, tan parecidos a los suyos, no lo estaban mirando a él, la estaban buscando a ella entre las sábanas, queriendo comprobar que permanecía allí, junto a él.

Fue en ese momento que Booth se percató de que al igual que él, Huesos… su Huesos estaba totalmente desnuda, durmiendo plácidamente sin percatarse de que un niño de diez años la observaba. No pudo evitar retirar la mano que tenía sobre el vientre de ella para intentar cubrir lo mejor que pudo sus senos perfectos que se mostraban ligeramente entre las sombras.

Ese movimiento hizo que Parker se diera cuenta de que su padre estaba despierto, se acercó a la cama temeroso, avergonzado, notaba que Huesos estaba desnuda, y aunque la natural curiosidad propia de su edad lo incitaba a observarla, una voz en su interior lo ayudaba a mantener la mirada fija en los ojos de su padre. Booth se dio cuenta de lo complicada que era la situación para su hijo y rápidamente, pero evitando hacer un movimiento brusco que pudiera despertarla, estiró la sábana que tenían a la altura de las caderas hasta lograr cubrir discretamente a su pareja.

"¿Qué pasa campeón?" musitó en un tono casi inaudible, intentando no despertar a Huesos.

"Papá, prométeme que nunca la dejarás" suplicó el niño que se encontraba parado a la altura de los pies de la cama. Booth, sintió que el corazón se le rompía en mil pedazos. El pequeño continuó con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada "yo la quiero mucho papá…". Booth no podía articular palabra, tenía un nudo en la garganta, de pronto comprendió que su hijo amaba a Huesos, estaba enamorado de ella, sentía el amor inocente, puro, enorme que profesa un niño a una mujer que le parece perfecta, en la que descubre a cada paso cualidades que la hacen maravillosa ante sus ojos.

"Hijo… jamás me alejaré de Huesos, estaremos juntos para siempre, es una promesa", afirmó conmovido, con los ojos vidriosos por la emoción que lo embargaba y sin poder contener el deseo de besar a su mujer, depositó con suavidad un tierno beso sobre su cabello.

Parker sonrió satisfecho y entonces se acercó un poco más a la cabecera de la cama, Huesos permanecía dormida, el niño pensó que parecía un ángel entre ellos. Entonces el pequeño se puso de puntillas, incorporándose todo lo que pudo sobre ella sin tocarla, acercándose lo más posible a su padre para susurrarle en voz muy baja, "papá… creo que ella quiere tener un bebe pronto".

En un instante todo el adormecimiento abandonó el cuerpo del ex francotirador y sus ojos se abrieron enormes, sorprendidos, el pequeño supuso que la mirada de su padre quería decir que no le creía, así que añadió "yo la encontré leyendo un libro de nombres de bebes". Booth no podía dar crédito a lo que escuchaba, su hijo había sorprendido a la madre de su futuro hermano investigando posibles nombres para él o ella.

Parker supuso que el silencio de su padre indicaba que no estaba muy convencido con la idea, así que sin titubear le dedicó primero una tierna sonrisa a Huesos pensando "eres casi tan hermosa como mi mamá", y luego, clavando la mirada en los ojos del hombre que más quería en el mundo, reclamó con voz muy decidida "y yo, lo he pensado bien y quiero un hermanito".