De verdad que necesito dejar de hacer esto. Me refiero a empezar a escribir fics cada que me obsesiono con un nuevo libro/serie/película/similares. ¡Pero no puedo evitarlo! Cuando algo me gusta mucho, siento la necesidad de contribuir al mundo del fanfiction con algo. Si supiera dibujar, tal vez contribuiría de esa manera. Sería mejor, porque con un dibujo es más difícil que pierdas la inspiración a la mitad y tengas a muchos lectores molestos/decepcionados por falta de actualización… Pero en fin. Uno hace lo que puede. JAJA

En fin, no los aburro más con mis debralles. Comencemos con la historia, solo quiero aclarar que "Los juegos del Hambre", los personajes y todo lo relacionado a esta maravillosa trilogía es propiedad de Suzanne Collins. El fic es un poco AU, aunque encontraran varias coincidencias con la historia original, sola que esto será una historia más romántica que nada. Honestamente, no estoy segura de ser buena para escribir algo de acción… jaja

O h, y otra cosa. Este es mi primer fic… eh… "subido de tono" por llamarlo de alguna manera. Aunque no creo que escriba un lemon per se… Si se acercara algo. Así que aunque la clasificación sea "T" dejo a su buen juicio la lectura de este fic.


Capitulo 1

Doce

Katniss' POV

El día de la cosecha se acerca. Cada año, los distritos eligen a una chica y un chico para ser enviados al Capitolio, que es la capital de Panem, para ser sacrificados en una ceremonia compleja y retorcida. Año con año el Capitolio envía a un mensajero, cargando una sola carta con un número escrito dentro. Ese número señala la edad que deben tener los tributos.

Usualmente oscila entre los 13 y los 18, aunque es sabido que ha llegado a haber tributos de hasta 60 años. Supongo que también ha habido tributos más jóvenes, pero no lo sé a ciencia cierta.

Como sea, el año pasado toco mi número. Cuando el numero 15 apareció escrito en una lona gigantesca frente al Palacio de Justicia, tuve miedo. No tanto por mí, sino por mi madre y mi hermana. ¿Qué harían si yo acabara en el Capitolio? ¿Quién cuidaría de ellas? La idea de comprar mi inmunidad me pasó por la cabeza, pero para todo fin práctico hubiera sido lo mismo. Quizás no hubiera sido sacrificada en alguna retorcida ceremonia, pero para mi familia habría sido como si hubiera muerto. Jamás me hubieran vuelto a ver.

Comprar la inmunidad es posible. Así, tú nombre no termina en el sorteo de candidatos elegibles para el sacrificio. Pero comprarla es caro. Demasiado caro. Las chicas como yo, de familias pobres, no tenemos posibilidad de pagarla, a menos que nos vendamos como esclavas en las casas de los mercaderes ricos. O en el burdel del distrito, cuando no eres lo suficientemente guapa. Y es que es obvio para que tipo de "labores" son usadas las esclavas.

Por eso no lo hice. Por amor propio y porque odiaría tener a un sujeto que a penas conozco encima de mi, tocándome, besándome y… urgh. De solo pensarlo se me revuelve el estomago. Además, tendría que cortar lazos con mi familia. Tendría que pasar el día en la casa de mi nuevo amo y no podría verlas nunca más.

El año pasado tuve suerte. Y sé que este año no aparecerá el número 16 frente al Palacio de Justicia, porque eso restaría "emoción" al sorteo. Quizás sea el 17, pero definitivamente no será el 16. Así que estoy a salvo.

Me detengo delante del puesto de Sae la Grasienta, quien vende una desagradable sopa en el mercado negro de la ciudad. Nadie sabe cuales ingredientes lleva su guiso y como muchos probablemente acabarían por enfermarte, solo aquí puede vender sus "manjares". De cualquier forma, los pobres no podemos quejarnos demasiado de la calidad de la comida.

Esta mañana he cazado un par de conejos que sin duda me comprara a buen precio. También traigo un par de ardillas, pero esas son para el Panadero. Él es uno de los mercaderes más prominentes de la ciudad y tiene excelente relación con el alcalde, lo cual lo hace tener mayor éxito en su negocio. Es un buen hombre, de sonrisa amable y actitud tranquila, aunque su mujer es una bruja amargada y rencorosa. No tengo idea de cómo fue que se conocieron, ni de cómo hace él para aguantarla, pero no deben llevarse tan mal, dado que tienen 3 hijos.

Su hijo mayor tiene 23 años y se parece mucho a su madre. Físicamente, porque su actitud no es grosera sino… distante. Siempre parece perdido en sus propios asuntos y no pone atención a lo que ocurre a su alrededor. El hijo mediano se parece más a su padre y tendrá unos 18 años, aunque no lo se con certeza. A decir verdad, a él casi no lo veo por la ciudad.

Y el menor… Él esta en mi clase. Aunque en el Distrito hay clases sociales, solo hay una escuela, así que ricos y pobres tenemos la misma educación. El nombre del chico es Peeta y es por él que estoy tan bien informada sobre la familia del Panadero. Por él he prestado más atención a la familia con el paso de los años.

Cuando mi padre murió (hace ya 5 años), pasamos por una etapa muy dura. Mi madre estaba muy deprimida como para preocuparse por mi o por Prim y ni hablar de trabajar. Pasamos una temporada alimentándonos de lo que los vecinos nos daban por caridad y en memoria de mi padre, pero no podíamos vivir de eso eternamente. Así que me dedique a vender triques en el mercado. Collares, aretes, ropa de bebé, cosas así. Valían poco, pero al menos me alcanzaba para un cuenco de la sopa de Sae. Solo que un día me quede sin nada que vender y por tanto tuvimos que pasar hambre. El llanto de Prim me rompía el corazón. Era pequeña y no entendía bien lo que pasaba, pero tenía hambre. Y yo no tenía nada que darle.

Así que salí de casa y me dirigí al distrito de los mercaderes, esperando encontrar algo husmeando en la basura. No encontré nada y cuando llegue a la casa del Panadero… a penas había abierto el bote de basura, cuando su mujer salió de la casa. En cuanto me vio comenzó a gritarme cosas horribles y yo no atinaba a hacer otra cosa más que sollozar. Como dije, es una mujer muy cruel.

Peeta estaba detrás de ella y observaba la escena con un aire de tristeza. Trato de decirle algo a su madre, pero ella lo empujo de regreso a la casa y continúo gritándome. Después de un rato pareció cansarse y volvió a entrar a su hogar.

Me quede donde estaba, incapaz de moverme. Me sentía profundamente desdichada y solo quería tumbarme en el suelo a llorar. En eso escuche una conmoción dentro de la casa y cuando la puerta se abrió de nuevo, vi a Peeta y a su madre discutiendo. O más bien, a ella gritándole. También le decía cosas horribles, pero él solo se limitaba a agachar la cabeza y escuchar. Apretaba algo contra su pecho y cuando su madre volvió a entrar, dando un portazo y gritando algo sobre "pan quemado" y "un hijo demasiado inútil", volteo a verme. Por unos segundos permanecimos en silencio, observándonos y entonces él arrojo lo que había estado sosteniendo hacia mí. Por instinto lo atrape y entonces vi que eran 2 bollos, recién salidos del horno, aunque algo quemados. Lo mire confundida, pero él no dijo nada y se marcho. Yo permaneció un rato más ahí, antes de correr de vuelta a casa, contenta por tener algo con que alimentar a Prim, pero confundida. ¿Por qué me había ayudado?

Hasta la fecha no lo sé. Es un buen chico, siempre se preocupa por los demás y tiene un corazón de oro. O eso dicen sus amigos, porque yo no lo conozco muy bien, pero me imagino que es cierto. Después de todo, me regalo aquel pan…

-¿Estas oyéndome?

La voz de Sae me trae de vuelta a la realidad y sonrió débilmente. –Lo siento- le digo- estaba pensando en otras cosas.

Sae suelta un bufido. –Te estaba diciendo que ha llegado el mensajero del Capitolio.

-¿Tan pronto?

-Parece que la cosecha se celebrara antes. Algún gran evento en la capital hará que las fechas se muevan un poco.

-Entonces…

-Hoy sabremos quienes son los candidatos para ser tributos.

Siento pena por los chicos y chicas que estarán en riesgo, pero sé que yo no estaré entre ellos y eso me alivia. Estaré bien. Además, estoy pensando en ahorrar un poco, quizás en un par de años tenga suficiente dinero para comprar mi inmunidad y…

-¡Sae! ¡Sae! –grita un muchacho que se acerca a nosotras a toda velocidad. Sé que es sobrino de Sae y pienso que debería retirarme para dejarlos hablar pero entonces el chico continua- ¡han revelado el numero! ¡Es algo insólito!

Pienso en que debe tratarse de un numero más alto de lo usual. Me preocupo por mi madre, pero no creo que… -Habla chico- dice Sae- ¿Cuál es el número?

-Doce.

El mundo parece detenerse. No, eso no. No puedo soportarlo. Doce no. No puede ser doce. No.

Prim cumplió los doce hace un mes. Es una candidata.


Corrí el riesgo el año pasado, porque se trataba de mi propia vida. Pero no pondré en riesgo a Prim. Debo conseguir dinero para comprar su inmunidad. Aunque eso implique perder mi libertad.

Voy a casa, donde encuentro a mi madre llorando. Así que ya se ha enterado. El año pasado también lloro por mí, pero afortunadamente yo sigo aquí. Más teme que Prim no tenga tanta suerte.

-No voy a permitirlo- le digo- voy a comprar su inmunidad.

Mi madre me mira, pero no dice nada. Sé que quiere detenerme, pero ambas sabemos que debemos proteger a Prim. –Yo podría…- inicia, pero no tiene caso que continúe. Ella no puede venderse, porque no obtendrá lo mismo que yo. Soy más joven y nunca he estado con un hombre, lo que aumenta mí… "valor"

Permanecemos en silencio. No hay nada más que decir. -¿Alguna sugerencia?- le pregunto, tratando de sonar despreocupada, pero sin lograrlo. Además no necesito sugerencias. Estoy pensando en ir a casa del Alcalde (después de todo, su hija y yo vamos en la misma clase y nos llevamos bien, así que quizás ella pueda convencerlo de comprarme) pero mi madre me sorprende con su propuesta.

-El Panadero- me dice- no para él, sino para sus hijos.

Tiene razón. No lo había pensado, pero tiene razón. El Panadero es un buen hombre. Me tratara bien y al menos veré a mi madre o a Prim de vez en cuando, cuando vaya a comprar pan. Aunque ahora que ya no estaré no se como obtendrán suficiente dinero para…

Me hecho a llorar. No hay nada más que hacer. Es mi única opción, pero desearía que pudiera hacer algo más.

Incapaz de quedarme en casa un segundo más, salgo. Y me dirijo al que muy pronto será mi nuevo hogar.

Si a eso puede llamárselo hogar.


Y… ¿Qué tal? ¿Les gusto? Déjenme saber su opinión. Prometo que se pondrá mejor. ¡Gracias por leer!