LAS NUEVAS REINAS.

Jade estaba admirando el hermoso cielo nocturno, contemplando las titilantes estrellas, que siempre que las miraba le asían recordar todo lo que avía pasado, una pelea, una confesión, un compromiso y una boda.

Tuvieron que pasar varias cosas para darse cuenta de sus sentimientos por ella.

Kitana: ¿pasa algo malo Jade? Le pregunto la otra mujer en su habitación.

Jade: no nada, solamente estaba contemplando las estrellas.

Kitana: ¿y porque no mejor vienes aquí a mi lado? Jade le sonrió y se dirigió asía la cama, para poder reunirse con ella.

Kitana: ¿qué sucede, te incomoda que yo este aquí?

Jade: claro que no, simplemente estoy un poco nerviosa.

Kitana: ¿nervios, pero a qué?

Jade: bueno, a lo que nos depara nuestras vidas juntas.

Kitana la miro por un momento, para después juntar sus labios en un pequeño y rápido beso, y quedar tumbadas sobre la cama.

Kitana: ¿recuerdas que la primera noche que estuvimos juntas, también te invadieron los nervios? Y en respuesta Jade le dio una sonrisa, para que después con un ágil movimiento quedar encima de ella.

Jade: si lo recuerdo, pero ¿recuerdas el miedo que tenias al hacerlo conmigo?

Esa pregunta hiso que Kitana se sonrojara, y volteara la cara, pero Jade coloco su mano en la mejilla de Kitana, obligándola a mirarla halos ojos.

Jade: ¿dime que es mentira?

Kitana: no es mentira, pero como no estarlo si era mi primera vez.

Y Kitana estaba en lo cierto, pensó Jade, la noche en que sus sentimientos se expresaron será una de las noches que jamás olvidara, cuando pudo tenerla, cuando la hiso suya, cuando Kitana se acerco y le susurro al oído; se gentil porque es mi primera vez. Son cosas como esas, que ella iba a atesorar toda su vida.

Jade poco a poco, comenzó a retirar el atuendo ceremonial de boda del cuerpo de su amada, le pareció tan extraño, para poder expresar sus sentimientos por ella, tuvieron que pasar muchas cosas malas; peleas, por poco perder al amor de su vida, una guerra, el despertar de un antiguo demonio, y varias desgracias mas.

Pero cuando su amor se dio al descubierto, las cosas salieron de la forma en la que menos esperaban, su madre, la gobernante de Edenia, la reina Sindel se entero al entrar a su habitación y encontrarlas a las dos desnudas, después de una conversación, su madre nos dio un fuerte abrazo a ambas y nos deseo que siempre estuviéramos juntas. Poco después nos comprometimos y fuimos la primera pareja del mismo sexo en tener una boda, en todo el reino de Edenia.

Lentamente el cuerpo de ahora su esposa, quedo al descubierto ante ella, Jade era la persona dominante en la relación, lo cual disgustaba un poco a Kitana. Esta vez lo disfrutaras, pensó Jade, ya que al ser ambas vírgenes fue un poco dolorosa la experiencia para ambas, en especial para Kitana, ya que ella no paró de llorar durante todo el acto amoroso.

El acto comenzó lento y apasionado, unas cuantas frases de amor por aquí, otras carisias y besos por acá, para mala suerte de Jade, Kitana volvió a llorar cuando uso sus dedos para explorar el interior de su amada.

Al terminar el acto amoroso, Kitana se avía recostado sobre el pecho de Jade, oyendo sus suaves palabras, consolándola, intentando detener sus lágrimas:

Jade: tranquila, ya paso.

Kitana: lamento haber arruinado el momento.

Jade: tranquila, eso no importa, habrán varias noches más para compensármelo. Cuando por fin los gemidos se detuvieron, pudieron hablar tranquila mente contemplando las hermosas estrellas.

Kitana: ¡mira Jade una estrella fugaz!

Jade: si, es hermosa, ¿por qué no pides un deseo?

Kitana: ya lo hice.

Jade: ¿puedo saber cual fue?

Kitana: ser feliz, y a tu lado lo soy.

Las dos se besaron esa noche, por última vez antes de caer dormidas con sus brazos entrelazados, sabiendo bien que casi siempre todas las noches iban a ser así.