Natsume Yūjin-Chō pertenece a Yuki Midorikawa.

CHAINS OF DESTINY

By: Yu Okawa

PRÓLOGO

El hombre del arco

Aquel cabello del color del heno y esos ojos de oro liquido eran rasgos no comunes en aquel pequeño pueblo de esa comunidad de agricultores. Natsume Takashi corría desesperadamente por aquellos caminos rurales con un yukata azul marino que había sido tantas veces remendado y con múltiples parches que apenas podía distinguírsele de un trozo de tela vieja y desgastada.

Natsume Takashi no era el joven mas afortunado del pueblo, ni si quiera podía decirse que tuviese una vida tranquila. A lo largo de sus quince años de vida en ningún momento había dejado de ver ayakashis. La gente no dudaba de su habilidad, después de todo era una época en la que creían en ellos y se adoraban algunos dioses y espíritus sin faltar un solo día , sin embargo, la gente le temía.

Había quedado huérfano de padre y madre a temprana edad, de tal forma que no recordaba a sus padres claramente. Su madre murió en cuanto el nació y su padre un buen día de invierno amaneció muerto a causa de una enfermedad. Desde ese momento Takashi termino viviendo en casa de los familiares de sus padres, sin embargo nunca vivía con algún familiar durante mucho tiempo ya que aquella sangre "maldita" corría por sus venas.

Su abuela Natsume Reiko había llegado a ser todo una leyenda en aquel pueblo. La mujer que podía ver cosas que ningún otro humano podía ver, nunca había hecho ningún bien. No era sacerdotisa pero poseía la habilidad para ver ayakashis. Los habitantes de pueblo la veían hablando sola por la calle, en ocasiones inmiscuida en algún extraño bailoteo con el aire. Sin embargo, la gente que se relacionaba con ella le ocurrían cosas terribles.

Lo mismo ocurría con Natsume, su familia que no soportaba vivir con el niño imán de tragedias así que le enviaron a vivir a la antigua casa de sus padres una vez hubo cumplido los quince años. El había aceptado sin rechistar y actualmente vivía solo.

Con los familiares con los que había vivido ocurrían cosas extrañas en el hogar de estos. Las cosas se movían de lugar, por las noches se escuchaban pasos, voces, sombras de figuras no humanas y demás sucesos paranormales que les habían generado un temor hacia el descendiente de Natsume. Nadie dudaba de su habilidad de ver cosas fuera del mundo humano pero tampoco nadie dudaba de que el joven era todo un imán para las tragedias, por lo cual todo el mundo lo evitaba y se apartaba de su camino en cuanto lo divisaban a la lejanía.

Natsume siempre estaba solo todo el tiempo a causa de su inusual habilidad de ver a esos seres. No los odiaba pero desearía que no lo siguieran como siempre terminaban haciendo.

Esta vez, era media noche y el corría por los senderos de aquella comunidad, aquel Ayakashi quería devorarle, como otros tantos con los que se había encontrado anteriormente. Corría en dirección al templo del pueblo, una vez que llegase ahí el Ayakashi le dejaría en paz.

Sin embargo aquel ayakashi poseía una forma curiosa, como si fuese una nube densa negra que sumergía en absoluta oscuridad todo lo que tocase, sus ojos rojos penetrantes se fijaban en el y extendió un poco mas lo que podría describirse como brazo para tomar de la ropa a Natsume y tirarlo al suelo, logrando que este cayese de bruces sin mas.

Natsume trato de reincorporarse, no faltaba mucho para llegar al templo, solo unos cuantos pasos mas y estaría ahí sin embargo la fuerza sobrehumana de aquel ser no le permitía reincorporarse.

Los ojos rojos siempre fijos en él se veían cada vez mas cerca, bajo estos se dibujo una gran boca que se abrió mostrando los filosos dientes dispuestos a tomarle la cabeza y arrancársela de una mordida.

No podía hacer ya más que esperar su muerte, cerro los ojos, aceptando ya que su camino terminaba ahí, sin embargo, el ataque que espero no llego. Abrió los ojos y observo como el ayakashi se disolvía lentamente dejando una estela de polvo plateado.

En la oscuridad consiguió ver que clavado en el suelo había una flecha estaba incrustada con un papel con algo escrito en él. Sin duda no le hizo falta pensar demasiado en ello para darse cuenta que esa había sido la causa de muerte del ayakashi.

Se reincorporo una vez que aquel ser hubo desaparecido y sintió que alguien le observaba, se volteo y un fuerte viento movió las hojas y las nubes dieron paso a la luz de luna, iluminando brevemente a aquel hombre que le había salvado.

Su cabello largo y negro, una parte de este le cubría su ojo derecho dejando a la vista su ojo carmín izquierdo. Ambos se miraban fijamente por un largo rato hasta que una ventisca hubo arrancado cientos de hojas de los árboles, cuando el viento amaino aquel hombre había desaparecido.

¿Quién era esa persona? Natsume no lo sabría pero a partir de ese momento su vida cambiaría y ese encuentro marcaría ese cambio de etapa.