Cuántas cosas han cambiado

"Mi vida sin tu amor"

Después de haber andado tanto tiempo
Quise encontrar mi lugar
Después de haberme ido yo tan lejos
Solo quise regresar

Y aunque hoy el sol ya se oculto
Y aquella lluvia que mojaba mis latidos se seco
Y se ha llevado todo
Sé,
Que nada va a cambiar
Que siempre será igual
Difícil que algo cambie si no hay ganas de cambiar
El mundo sigue igual
Por ti no parará
La vida gira y gira sin mirar a donde vas

Después de haber sufrido tanto tiempo
Solo quise respirar
Después de verlo todo tan intenso
Es hora de empezar a aceptar

Y aunque hoy el sol ya se oculto
Y aquella lluvia que mojaba mis latidos se seco
Y se ha llevado todo
Sé,
Que nada va a cambiar
Que siempre será igual
Difícil que algo cambie si no hay ganas de cambiar
El mundo sigue igual
Por ti no parará
La vida gira y gira sin mirar a donde vas

Intento escapar de lo que me hace mal
Intento salir de este oscuro lugar
Buscando de nuevo volver a empezar

Sé,
Que nada va a cambiar
Que siempre será igual
Difícil que algo cambie si no hay ganas de cambiar

Nada cambia si no hay ganas de cambiar

Diego Torres


- ¡Es increíble Latis! Realmente hermoso.- gritó emocionada, mientras el caballo negro sobrevolaba las montañas de Céfiro- Jamás pensé que Céfiro fuera tan hermoso en tiempos de paz. Se abrazó a Latis con fuerza cuando el caballo descendió de golpe. Llegaron a un hermoso lago de aguas cristalinas. El caballo tocó tierra firme y Latis se apresuró a bajar. Luego le ofreció su mano.

- Quería enseñarte mi lugar secreto, Hikaru…

- ¡Hikaru! ¡Hikaru! Ya, tierra llamando a Hikaru…- La voz de la morocha la sacó de su sueño. Observó a su alrededor, estaba en la biblioteca de su facultad. Nuevamente había estado soñando despierta.- ¿Me quieres decir en dónde andas?

- Lo siento, Chika… ¿me decías?

- Hikaru, los finales están muy cerca… Debes de concentrarte un poco más.

- Todo estará bien, no te preocupes.

- No sé como puedes estar tan tranquila cuando de esto depende que nos recibamos este año…

- Llevamos meses estudiando, y hemos practicado lo suficiente en las residencias… No puede irnos mal.

- Quisiera poder tener tanta confianza como tú.- Hikaru cerró el libro que había estado leyendo.

- Hemos estado aquí horas… Tal vez deberíamos despejarnos un poco.

- Bueno, salgamos a tomar un helado, pero sólo un rato…- Hikaru sonrió, a veces su amiga era exageradamente responsable, generalmente cuando llegaban los momentos críticos.

Volvió al campus ya entrada la madrugada. Le molestaba un poco que a Chika le agarrara la obsesión por el estudio cuando se acercaban los finales. Pero ella siempre había estado ahí cuando la necesitaba, lo menos que podía hacer era acompañarla cuando ella se decidía a ponerse a estudiar. Tenía un fuerte dolor de cabeza. Leer semejantes libros y memorizar palabras que no podían relacionarse con nada siempre le ocasionaba dolor de cabeza. La parte teórica de la medicina siempre le había parecido demasiado larga y tediosa, prefería estar en el hospital universitario, en contacto con la gente y con los casos reales. El hospital-escuela de la Universidad de Chiba tenía un gran prestigio, por eso concurrían cientos de mujeres embrazadas a las que ella atendía como si ya fuera una obstetra matriculada. Eso era lo que realmente le gustaba, y aun así había sobresellado bastante bien la parte teórica.

Entró a su habitación y se acostó de espaldas sobre su cama. Observó el techo en penumbras. Se había convertido en una hermosa mujer. Había crecido y se había desarrollado bastante, ya no era la más pequeña. Se había cortado el pelo, ahora lo llevaba por debajo de los hombros aunque seguía usándolo atado, era lo más practico para una mujer tan ocupada como ella. Tenía una figura espléndida, aunque sus ojos demostraban cierta nostalgia, cierta tristeza. Sus ojos reflejaban sus verdaderos sentimientos. ¿Por qué, aun después de 10 años seguía aun sintiendo nostalgia por aquel mundo perdido? ¿Por qué a pesa de tantos intentos por dejarlo en el pasado no podía olvidar? Estaba agotada. Y no sólo por haber pasado el último mes preparándose para los finales, sino por esas pesadillas que la atormentaban por las noches. Soñaba que Céfiro la llamaba, soñaba que Céfiro reclamaba a su pilar. Al principio eran tan esporádicos que ni siquiera le había dado importancia, pero poco a poco se habían vuelto frecuentes. Pero, a pesar del cansancio no tenía sueño. Observó el cuadro que tenía en su mesa de luz. Era una foto de hacía muchos años. Ella junto a sus hermanos en un día de campo al que sus padres los habían llevado. Aun no entendía como la vida los había separado de ella. Los tres estaban molestos por su decisión de mudarse a Chiba y no dedicar su vida a administrar a la escuela de kendo. Satoru se había casado y tenía tres hijos, vivía en la vieja casa de su familia, mientras que Masaru se había mudado no muy lejos de allí con su mujer. Esperaban a su primer hijo. Kakeru vivía en el campus de la universidad de Tokio, pero los veía con frecuencia. Hacía tiempo que no sabía más de ellos, los extrañaba bastante. Pensar en lo que había sucedido la atormentaba, necesitaba despejar su mente si quería dormir aunque sea unas horas. Tomó el control remoto y encendió la televisión. Hacía tiempo que no lo hacía, su ajetreada vida le impedía ver televisión o leer revistas, de todos modos no era algo que disfrutara demasiado. Hizo zapping por algunos canales sin buscar algo en particular. Se detuvo en un canal ante la sorpresa de reconocer a la joven de cabellos celestes que aparecía rodeada de cámaras.

-¡Umi!- dijo con sorpresa. Se sorprendió aun más cuando leyó el videograf que decía "La Diva Japonesa grabara en Japón su primer película holliwoodense como protagonista" Había escuchado que su amiga tenía una creciente carrera como actriz y que ya hasta había actuado para Holliwood. Pero nada la sorprendía más que saber que estaría en Japón nuevamente. Sintió repentinos deseos de volver a verla, de volver a verlas. Habían perdido el contacto hacía ya seis años, pero ella nunca había dejado de sentirlas sus amigas. Pero ¿qué pensarían ellas al respecto? ¿Estarían ellas sintiendo lo mismo? ¿Sentirían esa necesidad de volver, esa sensación de que algo no estaba bien?

Apagó el televisor y se puso ropa de dormir. Pensaba acostarse para intentar dormir pero, al ver su laptop encima de su escritorio, no pudo evitar la necesidad de revisar su correo, como con la esperanza de encontrar algún mail de algunas de ellas. En vano, realmente hacía 6 años que no tenían contacto de ningún tipo. Entro al msn para ver si estaban conectadas y nada. Luego al Facebook, pero ninguna tenía actividad en los últimos días. Parecía que la vida virtual no les gustaba a ninguna de ellas. - ¿Qué es lo que estoy haciendo?- se preguntó a si misma.- ¿Qué me hace pensar que hoy será diferente?- desilusionada cerró la laptop y se acostó, con la esperanza de poder dormir toda la noche sin tener pesadillas.

Llegó a su dúplex agotada, había sido un largo día. Era cerca de medianoche, pero para Los Ángeles y para ella misma la noche apenas comenzaba. Miró su vestidor durante un largo rato, no podía decidir que ponerse. No tenía deseos de salir, sólo quería ir a dormir, pero había quedado con sus amigas. Ellas habían elegido vacacionar en Los Ángeles sólo para pasar un tiempo con ella, no sería justo que les diga que no. Por fin se decidió. Se puso una minifalda negra y una remera blanca, con algunos bonitos detalles. Se calzó unas botas que le llegaban por debajo de las rodillas. Luego tomó su maquillaje y se acercó al espejo para dar unos toques al resto de maquillaje que le había quedado del rodaje. Tenía unas ojeras inigualables. Se miró unos segundos antes de comenzar a maquillarse. Cada vez que viajaba a Estados Unidos para rodar a una película sentía la misma soledad. Brandon no podía acompañarla en la mayoría de sus viajes, así que durante meses su relación se basaba en llamadas por teléfono o comunicación vía webcam de por medio. Era difícil, pero habían aprendido a sobrevivir las distancias. Su amor era más fuerte que todo. Él siempre la había apoyado en todas sus decisiones, especialmente cuando había decidido dejar la universidad para dedicarse a la actuación, a pesar de la negación de sus padres. Actualmente los señores Ryuuzaki tenían noticias de ella sólo por los programas y revistas que hablaba de la farándula.

Después de maquillarse un poco, recogió su cabello en una cola baja. Le llegaba a la mitad de la espalda, y tenía un corte en capas, por lo que al atarlo quedaban unas mechas sueltas adelante. Aun conservaba su flequillo. Su figura había evolucionado mucho. Tenía una cintura de avispa que a todos sorprendía, complementada por una linda cola y unos lindos pechos. Había madurado mucho, los golpes de la vida la habían hecho madurar. Desistir de administrar la empresa de sus padres no había sido fácil. Desde entonces ellos no le hablaban y habían decidido desheredarla. El dinero no le importaba, con su carrera como actriz había llegado a tener una fortuna que casi igualaba a la de sus padres. Le dolía más que ellos no supieran comprenderla. Lo único que tenía en el mundo era su novio, el resto eran personas que la rodeaban por puro interés, por ser quien era. Claro, estaban sus amigas, pero nunca habían llegado a ser verdaderas amigas… No cómo ellas.

Tomó su celular. Lo abrió para ver la hora, pero inconcientemente miró que día era.

- 23 de noviembre… Hoy se cumplen diez años…- dijo con cierta nostalgia. Cuándo cayó en la cuenta de que estaba pensando, cerró el celular y se lo reprochó una vez más. ¿En qué estaba pesando? Si hacía tiempo que había dejado atrás el país de Nunca Jamás, hacía tiempo que había crecido dejando atrás ese mundo de fantasías, hacia tiempo que lo había olvidado y había dejado de soñar con volver. Pero cada tanto le agarraban esas nostalgias, generalmente cada aniversario, sobre todo cuando Brandon no estaba con ella. Algunas lágrimas se escaparon de sus ojos.- Te necesito tanto aquí conmigo.- dijo mientras miraba el portarretrato que tenía sobre su mesa de luz. Era un foto que se habían sacado el día que de su primer aniversario como novios. Miró la hora nuevamente. Estaba demorada. Tomó su cartera y un abrigo y salió de prisa.

Llegó hasta el restaurante, dónde sus amigas la esperaban, en taxi. Era su manera de salir de paseo con la ciudad para que los paparazzi o los fans no la reconozcan. Bajó camuflada detrás de unas gafas oscuras y un sombrero en la cabeza. Y aun así no pudo evitar tener que firmar algunos autógrafos.

Sus amigas estaban muy emocionadas de verlas de nuevo. Lástima que ella no había podido demostrar tal emoción en toda la noche.

- ¿Qué te ocurre, Umi? Has estado muy callada.- preguntó una joven rubia de cabellos rizados y ojos celestes.

- Sólo estoy un poco cansada Sabanah. Las grabaciones se me hacen interminables.

- Es cierto Umi, no debe ser nada fácil ser una estrella… No puedo creer cuan famosa te has hecho en tan poco tiempo.- dijo una morocha de cabellos cortos y ojos verdes.

- ¿Y como no, Britanny? Umi es muy buena actriz, muy hermosa y tiene un gran carisma… Sin mencionar que Brandon la representa muy bien… ¡Tiene todo para ser una estrella!- dijo la tercer joven, de cabellos lacios de color castaño.

- No tienes que adularme Danielle, no haré que te incluyan en una de mis películas.- comentó Umi, las demás rieron.

- Grabarás algunas escenas en Japón, ¿verdad Umi?- interrumpió Sabanah.- Debes estar muy emocionada por volver a tu tierra natal.- El rostro de Umi cambió por completo. La verdad era que no le gustaba para nada la idea de grabar en Japón y mucho menos en la Torre Tokio, en la cual estaban pautadas algunas escenas. Ese lugar le traía muchos recuerdos, recuerdos que prefería dejar guardados en el pasado. Además, estar en Tokio significaba la posibilidad (aunque remota) de encontrarse con sus padres, o con ellas. No era algo para lo que estaba preparada, no era algo que deseara.

- Siempre he querido conocer Japón… Me parece un país sumamente interesante.- comentó Danielle.

- ¿Qué saben de Brandon?

- Él prácticamente no existe cuando tú viajas… Dedicada cada minuto de su vida al trabajo y ni siquiera ve a sus amigos.

- Su vida social desaparece por completo… No es malo, Umi, así sabrás que él no te engaña.

- El podría tener la misma vida social que tiene cuando yo estoy en Londres o más aun, y aun así sabría que no me engaña.

- Qué envidia, Umi… Quien no quisiera tener una relación como la de ustedes…- Umi abrió su celular para ver la hora. Las tres de la mañana. Era demasiado tarde ya, y tenía que madrugar al otro día para comenzar las grabaciones. Se disculpó con sus amigas y se retiró a su dúplex, para dormir un rato. La esperaba otro largo día de grabaciones.

No le tomó más de 15 minutos estar allí, vivía muy cerca del centro de la ciudad, el lugar elegido por la gente top para sus salidas nocturnas. Ingresó y encendió la luz y otra vez esa sensación de soledad la invadió. Tenía una tristeza infinita en su corazón, y la extraña sensación de que Céfiro la estaba llamando. ¿Cómo podía ser posible? ¿Cómo podía sentirse así después de tanto tiempo? Intentó despejar esos sentimientos de su corazón, tenía que dormir un poco para no parecer un zombie el día siguiente.

La rubia observaba la maravillosa ciudad de Pekin desde el balcón de su casa, mientras hablaba por teléfono. Era muy entrada la madrugada y no quería despertarlo. La diferencia de horario con Tokio y su ajetreada vida la obligaban a hablar a esas horas.

- ¿Qué estas loca Kuu?

- Vamos, Fuu… tú estas de receso de la facultad, y si no me equivoco en China los colegios están de vacaciones de invierno… Pueden venir sin problemas.

- Jie trabaja y yo también…

- Te deben días de vacaciones…

- ¿Y que hay de él?

- Bueno… seguro que Jie no tendrá problemas en dejarte venir sola… Anda, di que sí… Tus sobrinos quieren verte, y yo también quiero verla a ella.- Fuu suspiró, ¿por qué su hermana siempre lograba convencerla?

- De acuerdo… estaré allí en dos días… Sólo asegúrate de no recibir la visita de mamá y papá.

- Claro que si, Fuu… Nos vemos en dos días.

- Adiós.- Fuu cortó el celular y suspiró. Siempre le ocasionaba ciertos nervios volver a Japón, allí había demasiados recuerdos que prefería dejar atrás. Céfiro, sus padres, ellas… Pero Kuu no tenía la culpa de nada. Abrió el ventanal con cuidado para no despertarlo. Su cuerpo había cambiado bastante, aunque seguía vistiendo de manera conservadora. Su cabello llegaba a la mitad de su espalda y se rizaba en las puntas y aun usaba sus lentes. Lo miró con ternura. Él siempre la había apoyado en todo, él siempre había estado con ella. Él la había cuidado desde que su abuela había fallecido. Pero nunca había sido su príncipe azul. Se acostó a su lado. Era muy tarde ya y le esperaba un largo día. Sólo esperaba poder dormir, porque hacía días que no podía dormir lo suficiente.

La imagen de Céfiro llegó a su mente de repente. Y luego las recordó a ellas. ¿Por qué? Si hacía tiempo que había dejado todo eso en el pasado, que se había convencido que no era más que un sueño adolescente. Si después de tantos años de desear volver, por fin había logrado despertar a la realidad, a su realidad, por fin había logrado crecer. ¿Lo había logrado? ¿O simplemente quería creer que así era? La sensación de que Céfiro las necesitaba volvió a su corazón, como la vez que fueron convocadas por segunda vez en la Torre Tokio. ¿Era un síntoma de que nunca había olvidado a Céfiro? ¿O en verdad Céfiro las estaba llamando? – Ya basta de pensar boberías Fuu.- pensó para si misma y, una vez más intentó hacer oídos sordos a sus sentimientos. Eso era algo que había estado haciendo los últimos 10 años, pero era la mejor manera que tenia de sobrevivir.