Para House que había sufrido mucho en poco tiempo, la filosofía de la vida era muy distinta que la de la mayoría de la gente.

Su intelecto era muy importante para él, había conseguido lograr muchas cosas maravillosas con el, había salvado muchas vidas y eso de cierta forma le había hecho alguien importante, le había dado renombre, le había hecho una imagen de relevancia en la comunidad médica. Pero su astucia no le había dado felicidad.

Y la felicidad es algo que la gente necesitaba. House consideraba que todo el mundo necesitaba ser feliz, incluso él, aunque eso no significaba que se disponía a ello. Sus constantes enredos como el jefe de departamento de diagnósticos le habían mostrado que cualquier persona era capaz de tomar decisiones para tener una vida mejor. Nadie quería saber que estaba enfermo de un mal incurable. Nadie quería morirse. Aunque había ciertas excepciones, claro.

Y era precisamente ese tipo de personas, que aunque muy cercanas a él en su forma de ser, siempre terminaba confrontando. Personas que preferían tener dolor por dignidad, personas que preferían sufrir por miedo, personas que preferían morir por no tener deseos de aceptar nuevas situaciones, personas que querían estar constantemente en dolor, personas que no querían aceptar tratamiento, personas que no querían salvarse o personas con problemas que no se podían resolver.

Él odiaba esos problemas. House odiaba quedarse sin respuestas. Odiaba no poder llegar al fondo de los asuntos. Odiaba no poder hacer algo para resolver lo que otros no habían podido. Él odiaba fallar. Y odiaba de cierta forma a las personas que no querían salir adelante.

Curiosamente, él era alguien que optaba por tener dolor contar de que lo más preciado: su inteligencia, la que salvaba vidas, no se perdiese. Gregory House preferiría ser miserable y salvar vidas (estaba obcecado en el principio que eso le ayudaba en algo) antes que ser feliz como cualquier otro.

Su forma de pensar incluía eso: conservar su intelecto. Y aunque muchas veces una vida feliz y buena se le había ofrecido a sus ojos, había optado por seguir siendo el mismo de siempre.

Y seguir salvando vidas, claro, seguir resolviendo enigmas médicos que era lo más importante… cosas que adoraba hacer, que hacía siempre, como ese día lluvioso…

-Obrero de 45 años, presentó una especie infarto mientras estaba construyendo un edificio, en emergencias no observaron nada extraño salvo que luego de examinarlo sufrió una ataque epiléptico.

House observó a Taub mientras leía el historial médico del que actualmente era su nuevo paciente. En su mente preferiría llamarlo sólo el papel, pero estaba al tanto que esos comportamientos no estaban muy bien recibidos por parte de Foreman.

Y en absoluto no le importaba si algo que hacía le molestaba al decano Foreman, es más le importaba un bledo. Pero "hacer estupideces por el nombre que él consideraba que debía tener el historial médico" era algo que sencillamente no valía la pena. Así que lo único que se dispuso fue acatar lo que sus colegas decían.

-Para su edad es muy propenso a tener esos ataques –interrumpió Chi Park al notar que House estaba como ido. –Pero lo del ataque epiléptico.

-Quizás un problema neurológico. –Adams se detuvo.

-¿House? –Chase que estaba acostumbrado a esas constantes falta de atención de House se vio más interesado. –House…

El aludido pestaño como saliendo de su trance y fijó sus azules ojos en el australiano, notoriamente molesto.

-Te estoy escuchando.

-Estabas como ido… -le atajó Chase. –Pensé que no nos estabas escuchando.

-Claro que los escucho. –le dijo este sarcásticamente. –Pero me sorprende que no estén acostumbrados a mi cara de aburrimiento.

-Tal vez el paciente tenga un tumor… -Sugirió Park al darse cuenta que House no tenía intención de ir al grano.

-Tal vez mi madre tenga que ir a Rusia. –Nadie dijo nada. House rió. –Oh lo siento, pensé que estábamos dando suposiciones.

Los doctores se mostraron algo indignados y bajaron su vista a la mesa de vidrio. Estar acostumbrado a eso ya era suficiente.

-Este paciente. –continuó House mientras tomaba el historial, o el papel -es muy buena persona, en serio…

-¿Lo dices por que casi mata a 2500 personas por el infarto?

-¿Por qué más lo diría?

House rodó los ojos sarcásticamente y como nadie dijo nada continuó.

-Por lo demás este caso es aburrido. Quizás sí tiene un tumor cerebral. –Miró Park, quien sonrió. –Lo cual me sorprendería, pero de igual manera, siendo este caso aburrido, vayan y examinen su cerebro.

-¿Eso es todo?

Todos se habían quedado esta vez congelados viéndolo a él.

-Si eso es todo. Vayan, vayan. –y tras pararse le hizo señas con las manos para decirles que podían salirse.

Chase, Park, Adams y Taub salieron de la habitación aún confusos y se fueron a buscar el paciente.

Se volvió a sentar y a pensar en lo mismo de antes.

¿De verdad necesitaba la felicidad? Porque si era así podía recurrir a muchas de las ideas que tuvo antes para lograr ese fin y que luego abandonó. Quizás debería probar de nuevo su suerte en el…

No, mejor, no.

House suspiró sin saber que hacer, como muy pocas veces le pasaba.

Definitivamente no quería acordarse de esa mujer ahora. Quizás no había forma de ser feliz.

Pues en ese caso, mejor era no amargarse.

El doctor se paró tomando su bastón, destapó su envase con vicodina y se tomó unas dos pastillas para luego sobarse la pierna y salir cojeando por la puerta hacia un lugar que fuese mejor que esa habitación.

Ese lugar era exactamente el lugar a donde siempre le gustaba ir a fastidiar. Le gustaba ir a hablar con el que consideraba su único amigo, y como esa mañana no tenía nada importante entre manos, podía fastidiarle la existencia a este por un rato.

Lamentablemente al abrir la puerta de la oficina con fuerza y mirar hacia adentro se fijó que no había nadie.

Era algo que resultase extraño, pues Wilson siempre estaba ahí a esa hora.

-Wilson… Wilson… -Llamó como el que no quiere la cosa para ver si estaba en algún lugar y no lo había visto.

Pero no recibió respuesta y alguna y tuvo que lamentarse de nuevo.

No tenía nada que hacer: o iba a ver si los idiotas de sus colegas encontraban un tumor o algo relacionado o se amargaba pensando donde podía estar Wilson. No escogió ninguna de las dos:

Cerró la puerta tras de sí y se sentó en la oficina del oncólogo: podía esperar. Algo le decía que su amigo no se iba a demorar mucho.

Y mientras, observándose sus ojos azules y su poblaba barba gris en un nuevo espejo, volvió a divagar en su mente a ese problema que no debería ser un problema para nadie.

-Creo que a House le pasa algo. –inquirió Park.

-¿En serio? –Taub la miró incrédulo. –Primero Adams y luego tú.

La ex doctora de la prisión lo miró con cara de otros amigos.

-No, esta vez se ve un poco más extraño más extraño. Esta vez no quiero tener la ridícula idea de pensar que está enfermo. –Eso no sonó muy amable y Park se apresuró a olvidarlo. –Digo, parece que esta pensando.

En esos momentos se encontraban frente la monitor observando el cerebro del paciente, y si no fuese porque estaban los cinco ahí, seguramente hubiesen matado a Park.

-No sé ve nada… -informó Chase. –Es extraño.

-Se los dije… -Era la voz del paciente- …es muy precipitado buscar tumores en mi cerebro cuando es imposible que haya agarrado uno.

-¿Entonces que puedes ser? –se preguntó Taub desilusionado por no poder terminar eso rápido.

-Tenemos que descubrir que ha causado todo esto. –Contestó a Adams.

-Y si no es mucho, preguntarle a House también si necesita algo.

Todos fulminaron con la mirada a Park.

Ella se asustó un poco e hizo algo inesperado. –Quizás sea mejor que arregle sus problemas solo –pensó.

El sol se colaba por la ventana con la que House se encontraba jugando. Al cerrarla y abrirla producía un ruido curioso, una especie… de Croic como si fuese de mala calidad.

House pensó que quizás su amigo no era tan exagerado en esa parte y después de todo compraba cosas que no servían para nada. El sonido que producía era, sin embargo, sumamente divertido.

El Croic-Croic siguió retumbando en la habitación mientras abría cerraba la ventana y entonces un ruido más largo hizo aparición.

House se echó para atrás alarmado, pensando que había roto finalmente la ventana, pero se sorprendió al ver que estaba en perfecto estado.

Así que eso solo significaba una cosa.

Se volteó bruscamente.

La puerta de la oficina donde se leía el nombre de Wilson estaba abierta y para su suerte... Wilson estaba parado bajo el marco viéndolo con cara de sorpresa.

-Cuéntame una buena noticia. –le pidió House emocionado mientras se acercaba.

-Ojalá esta te guste...

Y entonces se apartó a un lado y dejó libre el especio para que House viese de que hablaba...

Había una persona en la puerta. House no podía creerlo.

-Lo siento, no te buscó a ti. –dijo la persona y se aproximó a donde estaba Wilson.

Los ojos de House estaban abiertos como platos y más azules de costumbre.

Desgraciadamente iba a ser difícil olvidarse de esa mujer.