Acá la continuación. Lamenten la tardanza, mi musa me había abandonado. Ahora trataré de actualizar más seguido.

Recuerden que solo hago esto por diversión. No soy un escritor, así que sus comentarios y sugerencias son bien recibidos.

Disfruten el capítulo.

Saludos

1

No había pasado ni un minuto desde la tenebrosa confesión de Foreman sobre la salud de Arlene Cuddy cuando House ya había salido apresurado de la oficina directo a la oficina de Wilson. Adams trató de detenerlo para hacerle una consulta sobre el caso, pero el doctor fue mucho más ágil que lo que todos esperaban y se desapareció rápidamente. Quizás lo que les quedaba era hacerle caso a él, a lo que ya les había ordenado, pero claro no sin antes intentar otra cosa. Así que mientras Park y Adams trataban de entender quien era en realidad esa tal Cuddy, Chase y Taub trataban de sacarle más información al decano.

─Les digo que no sé más nada.

─Cómo es eso posible? ─Le reprochó Chase ─Tú siempre te enteras de todo, eres un chismoso.

─Cuddy no me quiso contar más nada. Y gracias por tu cumplido.

─No nos vengas con eso. ─Taub se acercó a él un poco, como para que lo sea que fuese a decir, sonase fuerte y claro. ─Tú eres el decano y se supone que sabes todo. Incluso sabes cosas que no deberías saber. Como por ejemplo, toda nuestra vida. No creas, y esto lo digo con verdad, que no sabemos que revisas nuestro historial.

─¿Lo hace? ─Preguntó Park.

─Eso no es lo importante ahora.

─Sí, lo importante es que nos digas lo que dijo Cuddy.

Chase y Taub lo miraron desafiante, retándolo a ver cómo salía a flote su papel de decano. Los dos doctores que habían trabajado junto con él sabían cómo era su comportamiento frente a los temas del liderazgo, por lo que planeaban rodearlo en una especie de emboscada para que soltara lo que sabía. El problema estaba en si sabía o no en realidad toda la historia. En el punto de vista de Adams y Park aquello era perder tiempo, tanto porque no sabían quien rayos era Arlene y porque tenían un paciente entre manos. En el caso de Foreman era un poco más rebuscado, pero sencillamente él tenía que asegurar que no sabía más nada, les gustase a Chase y Taub o no. Y conservar la calma.

Pero cuando las insistencia de los doctores se hizo mayor, Foreman se sentó un su puesto algo histérico. Aquello iba a tardar más de la cuenta. Quizás más de que lo muchos se pueden imaginar. Tenía que hacer algo para que entendieran que no sabía más nada sobre el tumor de la madre de Cuddy de una vez por todas.

─Tenemos un caso médico aquí. ─Dijo finalmente Adams, tratando de dar por terminada esa conversación.

─Lo sabemos. ─Contestó Chase mientras miraba de reojo a Foreman. ─Pero no nos encargaremos de eso hasta que nuestro jefe sea totalmente sincero con nosotros. Nos exige eso y él…

─Por el amor de…

Ya había perdido la paciencia (quizás demasiado rápido). Se levantó de su sillón y le lanzó un historial médico a Chase.

─Se encargaran de ese caso en cuanto terminen el actual, y es una orden. Si tienen algún problema, hagan una carta que con gusto nunca leeré.

Tras terminar de hablar, Foreman se volvió a sentar en su escritorio y empezó con el trabajo atrasado que debía terminar hace dos días, sin importarle un bledo lo que sus subordinados pudiesen pensar.

Fue Taub el que rompió el silencio.

─¿Y sobre Cuddy?

─Si quieren saber más sobre Arlene Cuddy tendrán que averiguarlo por su cuenta, pero que no me entere que no están haciendo su trabajo, después no se quejen por el sueldo.

Ante la idea de que su sueldo pudiese reducirse, Adams y Park rieron un poco dentro de sí, pero para Chase y Taub no fue muy gracioso y se rindieron en su intento por fastidiar a Foreman. Sopresivamente se disculparon por "las molestias" y le indicaron a los dos doctoras para ir a ver a su paciente.

Gracias a Dios─pensó Foreman al verlos salir. Eso bastaba, lo había logrado. Por segundos una sonrisa de calma se dibujó en su rostro, pero entonces recordó la naturaleza de todo aquel asunto y lo que le había dicho Lisa Cuddy…

No le digas más de la cuenta a nadie. Ni a Chase, ni a Taub ni a House.

La verdad es que Arlene estaba mal, pero en su opinión, estar mal era poco.

2

La situación no se pintaba para nada mejor en la oficina de Wilson. Detrás del escritorio el oncólogo miraba con algo de tristeza y pena a Cuddy, a su amiga. Comprendía el dolor que estaba experimentando, pero lamentablemente no había nada que pudiesen hacer y ese era un motivo más para que la endocrinóloga quisiese soltar unas cuantas lágrimas.

─Debe haber una forma, Wilson. ─Insistió por tercera vez en ese día─Por favor, no me dejes así.

─No, Cuddy, no la hay. Lo siento.

─Tú has tenido casos milagrosos y esperanzadores donde tus pacientes sobreviven. ¿Por qué no ahora?

─El caso de tu madre es distinto. La verdad es que no hay posibilidad, es muy diferente.

La cosa explotó a partir de ese momento.

A Cuddy le molestaba aquello. Le molestaba que su madre no tuviese una posibilidad. Sabía que Wilson solo estaba influenciado por las decisiones de House, porque a ellos nunca les había caído bien. House la había sedado. Por Dios, a su madre.

─Dime, ¿por qué no tiene posibilidad? ¿Por qué? ¿Es que acaso House te convenció de que no la curaras?

─Cuddy… ¿Qué?

─Tienes que aceptar que estás diciendo eso porque House te ha influenciado.

─¿Qué cosas dices? House no tiene nada que ver con esto, nada. Es más el no sabía nada. Esto es algo muy distinto.

─¿Entonces por qué?

─Es porque tu madre tiene un caso muy avanzado de cáncer. El tumor s demasiado grande para extirparse quirúrgicamente y no podemos aplicar quimioterapia. Lo siento.

Cuddy lo comprendió entonces. La verdad es que aunque no quisiese aceptarlo, su madre no tenía posibilidad de salvarse.

Pero… ¿Cómo es que le pasaba eso a ella? Estaba consciente de que muchas veces su madre fue algo pesada, pero por favor, nadie merecía eso. Ella quería seguir viendo a su madre, ella quería seguir disfrutándola, quería tenerla por mucho tiempo. Pero ahora parecía que ese tiempo se estaba agotando.

Y tendría que aceptarlo a la larga. Porque ya no podía hacer nada. Había acudido al Princeton-Plainsboro con la esperanza de que su amigo le dijese una historia distinta a la de los antiguos oncólogos que visitó, pero ciertamente, era algo irreal pensar que su amigo le diría que todo estaba bien, cuando no era así.

─¿Estás seguro que no hay nada?─volvió a preguntar.

Wilson la miró por unos segundos, sabiendo que a él también le gustaría decir que sí había una oportunidad, pero no era el caso. Solo se limitó a negar con la cabeza.

─Oh bueno, gracias por todo. ─Dijo Cuddy comenzando a recoger las radiografías de su madre. Tomó su cartera y se quedó viendo a Wilson, como esperando que este le dijese adiós.

─¿Te vas tan pronto?

─Sí. Ya no haré nada aquí.

─Lamento que hayas tener que venido hasta acá y no poder ayudarte.

─Está bien. Al menos visité a un amigo.

Dicho eso, Cuddy se acercó y le dio un abrazo a Wilson.

─Mándale saludos a tu madre, Julia y Rachel.

─Gracias. Bueno, me voy.

La ex decana se dirigió a la puerta dispuesta a salir, pero antes de hacerlo la voz de Wilson se volvió a escuchar.

─Oye, ¿y House?

─Ni que se me cruce en el camino. Adiós. ─Y cuando terminó la oración, ya no estaba en la oficina.

Wilson sonrió, pero no creyó ni una palabra. El oncólogo conocía tan bien a sus dos amigos que difícilmente podía asegurar que solo se ignorarían así como así.

3

¿Por qué diantres se había portado de esa forma? Estaba claro que la situación entre él y Cuddy no había terminado bien, pero ahora que lo pensaba, no tenía ningún sentido haberse comportado de esa forma tan infantil cuando la endocrinóloga regresó al hospital. En ningún sentido era algo adulto.

Ahora, cuando agregabas que la mujer estaba allí porque su madre estaba enferma de cáncer y quería que Wilson la ayudase, la cosa cambiaba y pasaba a ser además de infantil, un desconsiderado.

Bueno, por lo menos ahora cuando caminaba por el pasillo hacia la oficina de Wilson, podía pensar en cómo arreglar todo aquello, tanto lo que había hecho hace tiempo como lo que había sucedido recientemente. Y quizás ayudar un poco a la endocrinólogo. Y claro a Arlene, porque aunque nunca le había caído bien, debía salvarle como parte de algo importante. Porque era una persona y además la madre de la mujer que amaba.

Pero House no sabía cómo enfrentarse a eso. No tenía ni idea como haría para pedir disculpar, remediar aquello y luego ofrecerse a ayudar a su ex novia y su madre. Era algo fastidioso, pero él, que muchas veces había sido reconocido por su astucia y aciertos al salvar la vida de los pacientes con sus métodos poco ortodoxos, no sabía cómo remediar aquello.

Quizás su problema eran los sentimientos hacia ellos.

Finalmente y a un ritmo de paso que le permitía su pierna, el nefrólogo vio desde lejos a la fuente de sus deseos: Cuddy venía caminando desde la oficina de Wilson, aparentemente para irse. Debía apresurarse.

Sorprendentemente, cuando estaba tan cerca de Cuddy se le ocurrió una manera algo loca y quizás no muy recomendada de comenzar aquello. Pero valía la pena intentarlo.

4

Cuddy había caminando unos cuantos metros cuando lo vio: alto, con la barba poblada, esos ojos azules que siempre le habían gustado y esos labios que muchas había besado con una inusual sonrisa. Por unos segundos Cuddy había olvidado por completo todo y sintió algo de felicidad y deseos de correr hacia donde estaba el médico, pero se contuvo, porque no podía dar ese espectáculo allí..

Conforme más se acercaban en su recorrido, Cuddy se puso nerviosa, sin saber cómo reaccionar o que hacer. No podía correr hacia otro lado porque estaba seguro que la alcanzarían igual. Poruqe era difícil escapar de él… House tenía ese paso de siempre, esa actitud clásica, y esos labios. Rayos, por qué no podía dejar de pensar en esos labios.

Tan pérdida estaba en sus pensamientos que no se percató que el nefrólogo la había alcanzado y ahora la miraba. En cuanto se percató ello, no obstante, se activó y adaptó un rostro inexpresivo para dirigirse a él, un rostro que trató de mantener a pesar de que aún pensaba en sus labios sin saber por qué.

─No quiera ha… ─comenzó a decir, pero no pudo terminar.

En cuestión de segundos, esos labios que le habían sonreído, en los que estaba pensado y los que ya había besado antes, se posaron salvajemente sobre los suyos.

El mundo se detuvo alrededor de los dos.