Esa noche, en el departamento de Stanley, estaba todo oscuro, mientras se veía como un hombre dormía aun vestido sobre el sofá de la sala y con la mascara sostenida por su mano colgando. Estaba muerto del cansancio, había hecho un largo camino, ya que no solo llego hasta el otro lado de la ciudad en dos minutos ida y vuelta, sino que a la Mascara luego se le ocurrió celebrar por toda la ciudad su futura paternidad, y no regreso a casa hasta entrada la noche, siendo seguido a buena distancia por Peggy, quien no dejaba de sacarle fotos para su periódico, nunca se sabia cuando podrían serle útiles.

Dormía tranquilamente acompañado por su perro Milo, a quien se le ocurrió que la posición mas cómoda seria sobre el pecho de su dueño, y todo estaba silencioso, hasta que los fuertes golpes a la puerta hicieron que tanto Stanley como Milo se despertaran, llegándole al primero todos los recuerdos de ese día de golpe, como suele pasar al despertar.

Stanley (adormilado): -se levanta- Ya voy, ya voy –abre la puerta frotándose los ojos- ¿Quién es?

Peggy (con una carta en la mano): -entra y enciende la luz- Veo que tuviste un gran día Stanley, y dime ¿Quién es la afortunada? ¿O debería decir victima? Todo depende de si el padre eres tu o nuestro amigo verde

Stanley: -se le quita el sueño de golpe- ¿Qué? Pe-pero ¿Cómo supiste…?

Peggy: Llámalo mi sexto sentido, y no creas que es por ser metiche ni nada, solo iba caminando cuando vi un alboroto en una tienda del centro comercial, y cuando vi que era la Mascara ¡sorpresa! Esto se cayó de ese torbellino descontrolado –le muestra el osito-. Y considerando donde lo compró, no hay que ser muy listo para saber que es para un bebé, así que dime ¿Fue algo casual o ya se conocían desde hace tiempo? –Saca su libreta- Dame todos los detalles, esta podría ser una gran noticia

Stanley: Ah no, no puedo decirte nada Peggy, esto es muy delicado, imagínate el escándalo que provocaría que la gente supiera que la Mascara embarazo a una chica

Peggy: Creo que con eso ya me dijiste mucho, pero necesito mas detalles

Stanley: Esto es serio Peggy, desde un principio sabia que no debí haber conservado esa tonta mascara, solo ha traído problemas desde entonces, de no ser por el, nada de esto estaría pasando

Peggy: Ah, por cierto, no creo que sea el mejor momento, pero encontré esto en tu puerta cuando llegue –le entrega la cara-. Por favor Stanley, no es tan grave, quizás el niño salga como tu ¿no se te había…?

Stanley (viendo la carta): -grita espantado-

Peggy: ¿Qué ocurre?

Stanley: Es la cuenta de mi tarjeta de crédito, al parecer alguien hizo compras con un valor de 750 dólares en artículos para bebés –sigue leyendo-. Una cuna, 20 muñecos de peluche, ropa de 15 modelos y 40 colores diferentes… -se sienta-. Genial, como si no tuviera ya suficientes problemas con esto, ahora a la Mascara se le ocurre ir de compras

Peggy: Bueno, al menos se esta haciendo responsable, deberías estar feliz con eso

Stanley: Ya lo se, pero se lo tomo muy a pecho, y además, ni sabemos si será un niño o una niña. Siempre me hace lo mismo, y yo soy quien debe pagar, si tan solo hubiera una forma de poder hablar con el y decirle lo que pienso

Peggy: Ojala, pero recuerda que ambos son el mismo, dudo que puedas hacer algo para que el aparezca en frente de ti así de la nada

Stanley: ¡Pero claro! Que tonto soy, casi había olvidado lo que ocurrió aquella vez con Walter

Peggy: ¿Con Walter? ¿Pero de que…?

Stanley: Esa vez, tenia la mascara guardada en mi chaqueta cuando me tope con el, no recuerdo bien lo que ocurrió en medio, pero paso que me dio un fuerte golpe en el pecho, no salí mas lastimado solo por la mascara, pero luego vi que no tenia mas que una mitad, la otra se extravió hasta que pude encontrar a quien la había hallado. Eso es lo que tengo que hacer –se levanta y va hacia la puerta-

Peggy: -lo detiene- ¿Te volviste loco? Ese tipo podría dejarte realmente mal si es que no te deja como estampilla. Lo siento, pero no dejare que cometas una locura, es decir, piensa en ese bebé, no creo que le guste saber cuando crezca que su padre era un suicida

Stanley: Es la única forma en que podré hablar con el y decirle lo que ha hecho

Peggy: ¿No puedes simplemente dejarle una nota o algo?

Stanley: Créeme, esto será mas efectivo, tiene que ver lo que ha hecho

Peggy: -lo suelta- De acuerdo, pero no te dejare hacer esta locura tu solo, iré contigo para asegurarme de que no te pase nada, o al menos darle un funeral decente a lo que quede de ti

Stanley: Bien, pero mantente alejada de el, ese Walter es cosa seria

Ambos salieron del departamento y buscaron a Walter. Era difícil entre la oscuridad aun con las luces de la calle. Peggy caminaba cerca de Stanley por petición de este en caso de que hallaran a quien buscaban, aunque Peggy temía más por su amigo que el de ella. El que haya aceptado que el hiciera algo así de peligroso no quitaba que estuviera muy preocupada. Finalmente, luego de buscar por casi una hora, lograron encontrarlo caminando por la calle sin razón aparente.

Stanley: Ahí esta. Recuerda lo que te dije, no te acerques demasiado

Peggy: Esta bien

Stanley: -se acerca por detrás de el- ¡Oye Walter!

Walter: -se voltea-

Stanley: ¡Si, a ti te hablo grandulón! ¡Vaya, no puedo creer que tu pequeño cerebro sea capaz de recordar tu propio nombre, de verdad me impresionas!

Peggy: Stanley… ¿Qué haces?

Stanley: -la mira- Si lo enojo lo suficiente quizás logre hacer que me golpee –lo mira de nuevo- ¡¿Y sabes que mas? Eres un villano terrible, no eres más que una mala imitación de Frankstein! ¡No le darías miedo ni a un gatito, incluso un hámster daría mas miedo que tu! ¡Es mas, de seguro no le harías daño ni a una mosca!

Walter: -se queda mirándolo sin hacer nada-

Peggy: Lo siento Stanley, creo que no funciono

Stanley: Esperaba que con suficientes insultos lograra… -siente un fuerte golpe que lo envía lejos- ¡Aaaahhhh!

Peggy: ¡Stanley! –va tras el-

En un pequeño parque cerca de donde estaban, una ancianita estaba sentada dándole de comer a las aves, y todo estaba bien, hasta que alguien cayo del cielo justo encima del pequeño grupo que se había reunido, espantando a todas menos a una, la cual se había posado encima de la cabeza del hombre semi inconsciente.

Peggy: -llega corriendo- ¡Stanley! ¿Te encuentras bien?

Stanley: Eso depende –se levanta y busca en su chaqueta, encontrando las dos mitades de su mascara- ¡Si! ¡Lo logre, ahora tengo las dos mitades separadas!

Peggy: Lo que hiciste me pareció muy irresponsable, y aun así no puedo creer que haya resultado

Stanley: Muy bien –le da una mitad a Peggy-, ahora hazte para atrás, esto podría ser impresionante –se pone la mitad de la mascara-

Peggy vio aparecer el torbellino verde y amarillo que siempre aparecía cuando Stanley se transformaba. Giro rápidamente por varios segundos, y su curiosidad iba en aumento, ya que se preguntaba como se vería Stanley solo transformado a la mitad. Finalmente, el torbellino se detuvo, dándole la espalda, y se podía ver que funciono, ahora podía ver a Stanley y a la Mascara al mismo tiempo, solo que compartiendo un mismo cuerpo.

Mascara: ¡Ardiente! –lo ve- Ay no, no otra vez, díganme que es una broma

Stanley: Muy bien amigo, ahora si que no te vas a escapar, ya estoy enterado de lo que paso ¡Embarazaste a una chica!

Mascara: Ah ya veo, con que para eso me llamaste, para felicitarme porque voy a ser papi ¿No estás feliz por mi Stanley?

Stanley: ¿Yo feliz? ¿Sabes el problema en que nos metiste a ambos? Ahora somos responsables de un niño, y la peor parte es que Elizabeth ni siquiera sabe que yo soy tu, además ¿No te parece que ya todas las locuras que has hecho son suficiente dolor de cabeza sin tener que aguantar a otro como tu?

Mascara: Anímate socio, no pensaba dejarnos fuera de esto, si quieres yo me encargo de el y tu puedes ser el tío, además, estoy seguro de que se parecerá mas a mi, seguro será todo un galán como su padre, aunque podría sacar algo de ti también

Stanley: ¿No me estas escuchando? Ni siquiera quiero recordar la vergüenza que pase cuando Elizabeth me vio a mi y no a ti en su cama, lo peor por mucho fue despertar desnudo en un lugar extraño, y lo peor… ¡ah! Se me vienen a la mente todas las cosas que hicieron ¡que horror!

Mascara: No es por ser modesto, pero no recuerdo nada de lo que paso, pero debió ser una gran noche. Aunque haciendo memoria, me parece recordar que una vez en la cama nosotros…

Stanley: ¡Suficiente, no quiero oírlo!

Mascara: Relájate amigo, necesitas calmarte un poco, mira, creo que es un buen momento para darte esto –le llena la boca con habanos, luego los enciende y explotan- ¡Ups, debo haberme equivocado de caja! Como sea socio, la linda de Elizabeth ya debió haber salido del hospital ¿Qué opinas si le hacemos una visita? Seria una gran oportunidad para ir los dos juntos

Stanley: -se limpia la cara- ¿Estas loco? Luego del susto que se llevo gracias a que estaba contigo, no quiero imaginar lo que le pasara si nos ve a los dos a la vez

Mascara: Si, supongo que tienes razón, la pobre chica se espantaría de ver a este galán con alguien… pues como tu, seria una impresión muy grande para ella, así que tengo una mejor idea, como es probable que esto no se repita ¿Qué dices si vamos al Coco Bongo? Tengo unos pasos que me encantaría mostrarte, tal vez mi hijo sea un bailarín tan bueno como su viejo ¿Qué crees?

Stanley: Lo ultimo que necesita ese pobre pequeño es aprender lo que sea de ti, tan solo espero que no vaya a heredar tus mismos poderes, esta ciudad no necesita a otro lunático por aquí

Mascara: Te aseguro que todo saldrá bien, le he enseñado mis pasos a mucha gente y casi nunca salen heridos. Una contusión, un pie roto, pero eso es todo ¡así que andando!

Stanley: ¡Ni siquiera se te…! –se va girando con la mascara- ¡AAAhhhhhh!

Peggy: ¿Por qué algo me dice que las cosas no saldrán mejor desde ahora? –los sigue-

CONTINUARA…