There is a light that never goes out

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Cuando escuchó el toc toc en la puerta de su casa, la pelirroja recordó que esa era la forma de tocar Harry. Aún con el timbre a la altura de sus ojos. Pero no era posible que fuese él que le estuviese tocando. Hace un mes que se había ido a una misión a Bruselas y sólo recibía esporádicas cartas de su parte.

—¿Harry?.— Más sorprendida no pudo quedar al tenerlo frente a frente. Después de cuatro semanas sin verlo, se dio el gusto de observarlo a su antojo, así, con el pie derecho y la cabeza asomando por la puerta, mientras otra de sus manos la sostenía abierta. La barba de tres días (obligatoria en él) le cubría la cicatriz cerca de la barbilla, que se hizo aquel día de la alberca, el pelo se lo había dejado crecer también, lo tenía peinado con raya del lado derecho y un flequillo travieso ocultaba uno de sus hermosos ojos verdes. Ginny estiró la mano para despejarle la frente y él se la capturó en el acto.

—Pensé que no ibas a estar. Tuve suerte.— No le dio ni un segundo para repelar. La condujo suave pero firmemente por las escaleras de entrada. Juntos bajaron a la calle y por varios minutos caminaron, mientras ella le preguntaba que a dónde la llevaba, reclamándole que se presentara de la nada, sin avisarle, y que ahora la empujara por las calles londinenses sin dignarse a decirle nada.

—¿No te alegras de ver a tu mejor amigo?— De pronto se detuvo. Y los dos pasos que él le llevaba de ventaja, mientras con su brazo izquierdo tironeaba de ella para que avanzara, los retrocedió abruptamente hasta juntar la punta de su nariz con la suya.

¿Mejor amigo? ¿Harry era su mejor amigo? ¿Desde cuando? Seis meses atrás la palabra mejor era un honor para ella, pues sabía que era su cómplice de andadas, pero que le atribuyera el concepto que sólo ocupaban Ron y Hermione, era muy especial. Aunque a estas alturas, con ese choque de labios debajo del agua escondido en el armario de los secretos, y del cual no habían hablado, no le gustaba el sabor de las palabras "mejor amigo" al momento de susurrarlas.

Regresó en un año luz de sus pensamientos. Seguía teniendo el rostro del joven a escasos centímetros del suyo. Sentía la helada nariz de Harry acariciándola. Y a pesar de la gelidez, le encantó experimentar la cercanía. Su aliento olía a menta. Las pastillas que eran su obsesión masticar le regalaban esa inconfundible fragancia

—Por supuesto que si, tonto.— Le dijo con una enorme sonrisa traviesa adornando su boca. Harry se la respondió con una de las propias.— Pero ¿a dónde vamos?

—Tú confía en mi ¿Ok?— Con ese gesto de tonto engreído que le dirigía y era sólo para su deleite, Ginny se conformó y aceptó seguirlo. No tardaron mucho en llegar al auto del joven, que estaba aparcado en una de las calles cercanas a su departamento. Se subió en el asiento al lado del piloto, pero antes le abrió la puerta. Mientras le daba la vuelta al automóvil, ella pudo observar cómo la cazadora de cuero negro le marcaba perfectamente sus brazos, que, gracias a su trabajo de auror, eran una bendición de Merlín.

No supo cuando puso el auto en marcha, lo único que captó su atención fue el movimiento de su objeto de estudio de hace unos minutos, al colocarse las gafas Ray Ban y sonreírle de nuevo. Allí fue el segundo debate interno del día que tuvo consigo misma. ¿Qué le gustaba más? ¿Los músculos de sus brazos al flexionarse, o los que rodeaban sus labios y se estiraban al sonreírle? Pero no nada más sabían sonreír. Prodigaban unos besos que… Por eso, resultaron los vencedores.

Los edificios habitacionales que eran cercanos al edificio donde vivía la pelirroja comenzaron a convertirse en pequeñas y acogedoras casas con jardines y grandes espacios con juegos para niños. La ciudad dio paso a la pradera. El verde de los árboles con el claro-oscuro de los pastos hipnotizó por un buen periodo de tiempo a Ginny. El trinar de los pájaros hizo compañía musical con "There is a light that never goes out" de los Smith. Y la pelirroja sintió tanta paz como no la sentía desde hace varios meses. Tanto que, sin abrir los ojos, se quitó los tenis, después los calcetines, casi se acostó sobre el asiento y sacó sus pies por la ventanilla abierta. Un fresco olor a tierra mojada le inundó las fosas nasales, remontándola a los lejanos días de niña cuando, después de las lluvias vespertinas salía con los gemelos y Ron a jugar un partido de Quidditch, sólo para sentir la brisa ni muy caliente ni muy fría, tibia, rozar sus mejillas. Así es como se sentía en ese momento.

El olor de la tierra húmeda se entremezcló con uno salado. La brisa se volvió más fría y el trinar de los petirrojos se convirtió el chillar de unas ya no muy lejanas gaviotas. El sol que antes entraba a raudales, por cada hoja de árbol que pasaban, y era continuo se fue acortando hasta dejarse entrever cada pocos minutos.

Harry desvió el coche por un camino que se entrevía por la carretera hasta bajar. Apagó el motor y salió. Ginny sin ponerse el calzado lo siguió. Él la esperaba sentado en unas rocas. Mientras se estiraba y la paz seguía fluyendo dentro de ella, como una parte de su ser, admiraba el paisaje. Era la típica playa inglesa en un día de verano, sólo que sin el sol, los turistas y el bronceador sobre la piel blanca. En su lugar estaban unas enormes nubes grises que recorrían los cielos y hasta más allá de donde alcanzaba su visión. No había pájaros negros que combinaran con el gris estival. Eran gaviotas blancas con motas de plumas negras en los extremos de las alas, las que surcaban el viento. Los únicos humanos eran ella y Harry. Y la arena húmeda que se le metía entre cada dedo de los pies le encantaba.

—Es precioso.

—Lo sé.

Ginny lo conocía de toda una vida. Siempre fue el mejor amigo (casi hermano) de Ron y también de su ahora cuñada Hermione, pero en la vida real, la pelirroja sólo lo conocía tan íntimamente y no el mal sentido de la palabra, desde hace poco más de un año y medio. Antes de esa fecha eran puras conjeturas, pensamientos equivocados e ideas de una niña platónicamente enamorada del salvador del mundo mágico, los hechos que creía reales en Harry Potter. Por eso, ahora con total seguridad y sin miedo a equivocarse, podía decir que el hombre que tenía delante de ella era el verdadero. Ese joven con las manos metidas en los bolsillos de los pantalones de mezclilla, la cabeza alzada hacia al cielo y los ojos cerrados era humano. El que la hubiera traído a un lugar como ese confirmaba que realmente era su mejor amiga, alguien en quien él podía confiar. Y esa playa, lo más probable es que fuera su lugar de retiro espiritual, por decirlo de alguna forma.

—Hace años, cuando todavía estudiaba en Hogwarts, en un verano me escapé de la casa de los Dursley, tomé el primer autobús que vi y sin saber su destino me monté en él. Fue así que descubrí este lugar. Siempre me ha gustado observar el paisaje. Y el encanto de este lado del océano no se puede pasar por alto. — A Ginny esas palabras le confirmaron lo que pensaba.— Sólo dos personas han venido aquí conmigo. Tú y la otra murió cuando yo iba en quinto.

Sirius. No necesitó nombrarlo. ¿Para qué? A pesar de tener casi una década muerto, seguía doliendo pronunciar su nombre sin extrañarlo.

El joven del pelo azabache volteó y caminó hacia ella, le tomó una de las manos que caían a su costado y comenzaron a andar. Duraron un buen rato sin decirse nada. La presencia de cada uno les bastaba para llenarse el corazón. Las olas rompiendo contra los acantilados que rodeaban como una muralla el lugar era la música de fondo perfecta.

—Ginny…

—¿Mmm?

—Si tuvieras la oportunidad de empezar de nuevo ¿lo harías?

—¡Nop!

—¿Qué?— La respuesta que su amiga le había dado no era la que él esperaba. De hecho, Harry ya se imaginaba el por supuesto, sin dudarlo, claro que si, saliendo de los labios de ella. — ¿Por qué?

—Fácil. Porque no quiero empezar de nuevo. Mi vida tal cual es, es la que siempre he querido. Sólo cuando te arrepientes de lo que haces es cuando se tiene el deseo, la necesidad lo miró enigmáticamente de hacerlo, es cuando me lo replantearía.

No sintió nada agradable cuando los dedos de Harry dejaron un hueco enorme entre los suyos. El joven no atinó a regresarle la mirada que tanto esperaba la pelirroja. En cambio, la dejó parada. Los pies de Harry lo hicieron avanzar un gran tramo, moviendo las manos y volteando a ver cada dos pasos que daba sin dar crédito a lo que le había dicho, pero… ella tenía razón. Ginevra no tenía la necesidad de empezar de nuevo, el sí. La pregunta ahora era ¿cuándo?

Harry ¿por qué me preguntas eso? Él no le hizo caso. ¿Harry? ¿Harry? Te estoy hablando, hombre. Voltéame a ver. Esa era también una faceta de su amigo con la cual tenía que haber aprendido a lidiar, porque cuando el azabache se ponía en su plan de necio, nadie lo bajaba de su nube ¡Condenado mocoso!

Entonces la pelirroja hizo lo que desde hace tantos años atrás deseó tener el valor de realizar. Para ella era como su oportunidad, lo que el destino le había negado, pero que ahora le arrebataría.

Un beso de los que sólo Harry James Potter sabía dar. Con el sabor a menta inúndale la boca y con la lengua explorando cada rincón secreto. Un mes atrás él se lo había robado bajo el agua, ahora ella tomaba lo que era suyo mientras una fina lluvia los envolvía.


Muchísimas gracias a las personitas lindas que comentan, es genial ver sus reviews, me alegran el día. Hubo una chica, paoevans, que me dejó un review precioso, pero que no tengo la manera de responderle, así que si vuelves por acá y ves este mensaje, por favor déjame tu correo para poder contestarte :D

Y well, lo prometido es deuda, el segundo capi, listo.

Madame 27/04/12