Aquí está, al fin... el siguiente capitulo de Los elegidos. Gomen, gomen, gomen. Tenía que haberlo subido antes, pero entre los exámenes finales y que esto me va mal -.-

Tengo que agradecerles por esperarme tanto tiempo, hay como los quiero a todos! Pau-chan, los ama... dios mío, esto de ver animes me afecta a la cabeza... últimamente veo de más.

Atsuya: Te pasas todo el día riéndote, cuando miras uno.

Pau-chan: Son muy divertidos.

Atsuya: No lo creo.

Pau-chan: Al menos hago algo no como tú, que estás todo el día en frente de la televisión...

Atsuya: Es que me llamas, no la escuchas?*señala la tele y susurra: Atsuya, ven. Atsuya, ven.

Pau-chan: No me enfades, porque...

Atsuya:¿Qué me vas a hacer?

Pau-chan: Nada bueno, ya te contaré. Ahora vete.

-Mira como se aleja, hasta que se sienta en el sofá. Se da la vuelta y siente como algo le da en la nuca, mira una nota, la abre-

Era para recordarte que Inazuma Eleven no te pertenece, ni sus personajes tampoco.

Pau-chan: Na hace falta que me lo recuerdes, me pertenecerá cuando Midorikawa odie los helados.

Atsuya: Misión imposible.

Bueno les dejo el capitulo, disfruten. Y necesito su ayuda, les digo luego.


Los rayos del sol penetraban con cautela, por aquel enorme ventanal. La luminosidad del día se apodero de aquel pasillo, largo y reconfortante, en el cual se encontraban las puertas de las habitaciones.

De repente algo hizo que esto se parará, dejando todo en una sombra, agradable y fresca. La culpable era una chica, de estatura normal, cabello castaño, cual hoja seca en pleno otoño siendo movida por la brisa proveniente del ventanal, llegando incluso a rozar sus rodillas. Su cuerpo parecía delicado, pero a la vez fuerte, podía parecer más bien una rosa, que se protege con sus espinas porque al fin y al cabo es muy delicada. Poseía una extraña capacidad, su sonrisa amplia daba una tranquilidad abrasadora, era algo tan agradable que nadie se planteaba descubrir el porqué, y sus ojos eran de un color marrón, tan brillantes que impresionaban. Su vestimenta era sencilla, un vestido, que jugaba al ritmo del viento incluso llegaba a parecer que bailaba con él, decorado por flores de colores suaves, en su cabeza reposaba un corona, llena de pequeñas plantas silvestres, pero lo que más llamaba la atención era el lirio, que le daba más belleza.

Paró en seco, dando un pequeño giro, como si se tratará de una bailarina, quedando en frente de la habitación 101.

Así se quedo, durante unos minutos, observando la puerta. Esta tenía detalles esculpidos en madera, pronto se dio cuenta de que se trataba de un roble. Se le olvidaba algo, pensó. La llave, claramente. Que raro nadie me dio una.

Poso sus ojos en una pequeña caja de cartón, que se encontraba a dos pasos de la habitación. Avanzó lentamente, hacía ella, agachándose y tomándola entre sus manos.

La abrió, sin pensarlo. Dentro se encontraban tres llaves, acompañadas de una nota. La recogió y leyó:

Aquí tienen sus llaves, no las pierdan. Pórtense bien. Etsüko.

Agarró una y abrió la puerta, lentamente, sin prisas, creando un sonido desagradable, hasta que al fin se abrió.

Se sorprendió, entre abriendo sus labios. Era hermosa, la habitación amplia, tenía un perfecto suelo de madera a juego con la pintura de las paredes, era totalmente relajante. Contaba con cuatro camas de matrimonio, que tenían pinta de ser cómodas. Al fondo de ella, había una puerta de cristal corrediza que daba a un jardín, lleno de plantas. Sonrío ilusionada, esto era como lo había soñado. Lo más raro era que estaba completamente vacía, ni rastro de vida.

-Bienvenida, compañera.

Una voz resonó en toda la estancia, proveniente de una de las camas.


Una capa negra se vislumbró entre la sombra, poco se diferenciaba. La chica caminaba tranquilamente en dirección a su habitación, dándole vueltas a aquella sonrisa maligna de la directora. De pronto se detuvo en seco, al ver a un par de chicos discutiendo.

-¡Qué esa cama es mía!-gritó el peli verde al peli azul.

-¿Tuya, y donde tiene tu nombre?- le reto el chico.

-Llegue primero y por eso es mía- repitió enfadado, no soportaba a ese maldito emo.

-Pero el que se fue a la villa perdió su silla-dijo, con un tono más enfadado y fuerte.

Kazemaru no entendía, ¿por qué justo a él tenía que tocarle ese idiota como compañero? Este año sería uno de los peores de su vida. Midorikawa era un niño mimado, o eso pensaba. ¿Cómo había empezado esto? Sencillo…

Flashback:

El peli azul caminaba tranquilamente hacía su habitación, rezando porque el loco de los helados no fuera su compañero. Dicen que lo que uno desea demasiado nunca llega, y que cuanto más te preparas para algo más se aleja de ti. Esta teoría se aplica también en sentido inverso: si ruegas con todo tu corazón que algo no pase, puedes tener la certeza de que no tardará en pasar. Así le pasó a él, estaba comiendo tranquilamente un bocadillo, apenas había probado bocado, cuando se lo arrebataron de las manos. Miro al ladrón, y ahí estaba su dolor de cabeza, ante él se encontraba el peli verde.

-¡Devuélvemelo, ladrón!-exclamó sorprendido.

-No me confundas, solo lo pido prestado… robar es cuando no piensas devolverlo. Pero como pienso devolverlo, pues no cuenta como robo-lo decía convencido, hablando con la boca llena.

Caminaron en silencio, uno incomodo y denso. No le caía nada bien, nada más conocerlo y ya lo odiaba. Sus tripas se alzaron entre el silencio, rompiéndolo. Un pequeño rubor se instalo en sus mejillas, avergonzándolo. Entonces miro a su lado, Midorikawa no se había dado cuenta de nada. En fin, ¿cómo podía ser tan ingenuo?

Ambos llegaron a la habitación, en medio de la puerta, podía verse un enorme 10. Cruzaron sus miradas, desafiantes. Ambos empezaron a correr, quedando trancados en la puerta sin poder pasar. Forcejando y empajándose, Ryuuji cayó dentro de la habitación. Corrió hacía la cama más grande, pero antes de poder reaccionar vio a su compañero sentado en ella, esperándolo. En sus labios se dibujaba una sonrisa victoriosa. Se acercó a él, enfadado, para propinarle un golpe en la cabeza.

Fin flashback.

En la lejanía la castaña les observaba curiosa, de pronto vio como ambos chicos tomaban el pelo del contrario y comenzaban a tirárselo mutuamente.

-Suéltame, cabeza de helado-gritó Kazemaru.

-No me digas así, niño emo-le gritó el otro.

-¡Qué no soy emo!

-Lo que digas, afeminado-recalcó lo último.

-Tú eres el único afeminado.

Siguieron, con su discusión, importándoles muy poco si los miraban o no.

-Que chicos más raros…-murmuró la muchacha, que observaba la escena desde el lado contrario del pasillo. Una diminuta sonrisa se dibujo en sus labios, entre divertida y curiosa- Interesante-susurró, al tiempo que comenzaba a caminar sin despegar su vista del par.

De un momento a otro choco con alguien, solo siendo un golpe en el hombro, aun así sintió como se desequilibraba un poco de alguna manera, ese golpe había sido cargado con mucha fuerza…

-Fíjate por donde vas-gruñó él.

Observo al chico, era alto, sus músculos se marcaban en su camiseta. Lo analizo de arriba abajo, su cabello era rubio y su peinado, lo había visto antes… ¿Dónde lo abre visto?, a claro como no… es el peinado de Goku. Sus ojos eran negro, brillosos, sus cejas delgadas, una la mantenía alzada, con un tono de piel vainilla. Le llamó la atención la forma del cuello de su camisa, la mantenía hacía arriba, dándole un toque rebelde.

No dijo nada, se quedo así mirándolo, justo en el momento que el otro estaba a punto de retomar su camino.

-Debe ser muy difícil controlar la fuerza bruta, ¿no?- dijo suavemente, solo para que él fuera el único que la oyera, este no pudo evitar poner una cara de sorpresa, que inmediatamente fue sustituida por una de duda.

-¿Qué quieres decir con ello?- preguntó desconfiado, cruzándose de brazos mientras que ella solo sonrió levemente.

-Solo digo que debe de ser difícil para ti controlarlo-se encogió de hombros con una actitud despreocupada.

Abrió los ojos como platos, por la seguridad en sus palabras.

-Estás diciendo que yo…-sus brazos volvieron a su sitio.

-Tal vez-dijo al ver que no parecía tener intención de terminar la oración, claro que en esto se notaba que en realidad era una "tal vez sí".

-¿Cómo lo sabes?-preguntó a la defensiva, hasta ahora al igual que el resto, no se había atrevido a decir cual era su poder.

-No es muy difícil darse cuenta de los poderes de todos, menos cuando estos aun están fuera de control.

-Hablas como si ya tuvieras controlado tu poder-comento el chico con una sonrisa burlona denotando el sarcasmo en sus palabras.

-Si eso fuera cierto, ¿no crees que estaría halla afuera, viviendo como un humano normal?-le refutó devolviéndole una sonrisa muy parecida a la de él.

Segundos después siguió con su camino dejándolo al otro pensativo, curioso de aquella chica misteriosa.

Tardo bastante tiempo en llegar a su habitación, la entrada estaba entreabierta. Entró sin llamar, moviendo su capa al ritmo de sus pasos. Cerró sus ojos, en señal de indiferencia, no le importaban sus compañeras, solo había una cosa que hacer y ellas no entraban en sus planes.

-¡Bienvenida!-gritaba una chica desde una de las camas, saltaba tal niña pequeña en mitad de un juego.

En un ágil movimiento cayo al suelo, quedando parada en él. Le ofreció su mano, mientras sonreía ampliamente, su cabello castaño rizado caía hasta sus hombros, llegando incluso a sobrepasarlo, sus ojos eran entre una mezcla de castaño y verde, brillaban de tal formo que cegaban. Su estatura era normal, al igual que su peso.

-Me llamo Cristina Yoshida, Cristy-chan para los amigos-había algo en su forma de actuar, era muy confiada, aun sin conocerla.

Estrechó su mano, delicadamente. De repente, asomando su cabeza por detrás de la espalda de Cris, observando a la nueva inquilina. Dio un paso al lado, dejando todo su cuerpo a la luz, era seguida de un pequeño yorkshire, hembra. Sus ojos azules se posaron el los antejos de la morena, su pelo negro, largo y lacio, le llegaba hasta la cintura. Con una zancada, quedó enfrente de la misteriosa muchacha.

-Belén Laker, encantada-hablaba con dificultad, como si no conociera el idioma lo bastante bien.

-Y la última pero no menos importante, Madoka Green-se hizo oír, se encontraba en el fondo y había pasado desapercibida. Observo, más bien analizando a la recién llegada.

Avanzó lentamente, con pasos insonoros hacía sus compañeras, sin desviar su mirada de ellas.

-¿Tú, eres Hiro? -susurró lo bastante alto como para que la oyeran.

-Puede ser…-respondió, encogiéndose de hombros.


¿Quién le hablaba? La voz cambiaba de posición constantemente, la estaba volviendo loca. Una carcajada larga y sonora inundó la habitación.

-Sería más fácil hablar si pudiera verte, ¿no crees?-habló lentamente, su voz suave llego a los oídos de su compañera, que al fin se rindió.

De la nada apareció, de píes a cabeza. Una chica de mediana estatura, cabello castaño, no muy largo, llegaba a rozar su espalda. Sus ojos de un color marrón peculiar, se posaron en la otra, tenían un brillo de diversión.

Dando largas zancadas quedó enfrente de la otra, la observo de arriba abajo dando círculos a su alrededor.

-Ciao-saludo levantando su mano, ofreciéndosela como presentación.- Soy Esther Giudici.

-Ciao-hizo una pequeña reverencia, aceptando su mano.- Florencia Benedetti, puedes llamarme Flor.

Su conversación fue interrumpida de pronto, por unas risas que provenían del otro lado de la puerta. Esta se abrió lentamente, como temiendo a dejar a la luz lo que había al otro lado. Hasta que al fin se revelaron sus identidades.

Las cuatro chicas se miraron, unas a las otras, en silencio. En ese instante el mundo pareció pararse a su alrededor, dejando todo en un silencio sobrenatural.

-¡Me presento, ante ustedes, señoras y señoras se encuentra la inigualable e insuperable Lucía Reeds! ¡GREAT!-sonrió ampliamente, dejando todos sus relucientes dientes a la vista. Sus palabras sonaban cómicas en sus labios, como si fuera un juego de letras.

La belleza de su aspecto cegaba a sus nuevas compañeras, era de estatura baja cual niña pequeña, su cabello castaño lacio, caía hasta su trasero, sus ojos de un color marrón verdoso se posaron en las desconocidas muchachas. En cambio, su vestimenta cambiaba por completo su apariencia, unos jeans vaqueros ajustados a sus piernas, con una camiseta básica tapada por un jersey azul, el cual caía en su hombro, dándole un aspecto más rebelde.

Sonrío como nadie jamás sabría hacerlo, se pasaba así todo el día, pero su interior no estaba tan seguro.

-Ay, no me queda otro remedio, Esther Giudici.

-Oh, ¿eres italiana? ¿verdad,verdad,verdad?-la pequeña pitufa(ápodo de Lucía), se acercó a ella, con sus manos juntas, moviendo su trasero.

-Ah, ¡no me dejen de lado! Ale Franco-sonrío, divertida por la reacción de su nueva amiga.

Su cabello caía como cascadas en su cintura, de un tono café claro, sus ojos del mismo color aunque un poco más oscuros, eran grandes, haciendo que estos resaltaran. Tez morena, estatura media, sus mejillas se encendieron tomando un color rosado particular, tantas miradas la ponían nerviosa.

-Encantada, yo soy Flor-las miro a ambas, dedicándoles una sonrisa dulce.


-¡¿QUÉ?

Un grito inundó todo el internado, proveniente del área izquierda. Parado en medio del bullicio de voces, se encontraba él. Tan despreocupado como siempre, acomodando su cabello rosado, que había sido despeinado.

-No bromes con esas cosas Shirou, nadie te acabara creyendo en el futuro.

El muchacho avanzaba con dificultad entre la multitud de jóvenes. Su cabello, con picos hacía arriba, como si fueran cuernos del mismísimo diablo. Sus ojos verdes grisáceos se posaron en su hermano, que lo seguían con una gota deslizándose por su nuca. Él era completamente su lado opuesto, su cabello gris caía hacía sus hombros sin llegar a tocarlos siquiera, desviándose en pequeños picos. Lo único que compartían eran sus ojos, que guardaban el mismo secreto.

Vamos, hermano, dime la verdad… no puede ser que nos hayan separado en habitaciones distintas.

Shirou resopló resentido, no entendía cuantas veces tenía que repetirlo para que se lo creyese. Sí tanto quería averiguarlo, hubiera visto su habitación. Estaba arto de lo vago que podía llegar a ser Atsuya.

¡¿Cuántas veces más te lo voy a tener que decir? Me tocó en la misma habitación de un tal Tanaka, Alpha y Hikaru.

¡LOS MATARÉ! Quién se atreva a tocar a mi hermano está muerto.

Una risa maligna salió de la garganta del menos de los Fubuki, provocando escalofríos a todo lo que se le acercará. No podía ignorarse el aura que lo rodeaba, densa, tanto que podía palparse.

Movió su cuello de un lado al otro, provocando que crujiera. Chocó, con alguien. Lo miro con odio, el pobre no resistió mucho antes de salir corriendo.

-¡GOMEN, NO ME MATÉ!-gritaba dando vueltas, traumado.

-Atsuya, deja de hacer estupideces-dijo amablemente Shirou, aun que su hermano muy bien sabía que estaba enfadado.

No le hizo caso, ¿qué le haría? No creo que mucho, además no le funcionaría la cosa. El mayor de los Fubuki, apretó su puño lentamente, impactándolo contra la cabeza de su gemelo. Pronto sintió el dolor, en el mismo punto donde lo había golpeado al otro, sin poder evitarlo se llevo sus manos a la cabeza.

-Que malo eres, hermanito… duele, ayayay.

Lloriqueo Atsuya, apretando su mano en su bufanda, el único recuerdo que tenía de sus padres. La mayor parte de su vida habían estado solos, sin nadie que los ayudase, y aparecer allí, rodeados de tanta gente no le agradaba. Con largas zancadas se acercó a una ventana, que de pura casualidad estaba abierta. El viento golpeó su cara, refrescándolo. Apoyo su cabeza en el marco de la ventana, observando el cielo.

Las estrellas lentamente sustituían a las nubes, el sol se escondía entre los árboles del bosque, y la luna empezaba a brillar con intensidad, iluminando todo a su alrededor. ¿Qué más pedir, que aquella vista tan hermosa? Entonces la sintió, esa mano cálida que lo ayudaba a seguir a delante, que lo empujaba hacía la luz, alejándolo de la oscuridad. Nunca estaría solo, Shirou siempre estaría a su lado.

Gracias.


Así la noche se apodero de la residencia, las luces se apagaron. Todo se quedó oscuro, en el bosque los lobos empezaban su discusión, los aullidos se alzaban entre las tinieblas llegando desesperados hasta la luna, que los esperaba ansiosa. Esta iluminaba todo, pero a la vez escondía los secretos más malignos de todos.

Desde tiempos inmemorables se ha asociado a la noche con algo terrible, cuando las bestias más temidas salen a la luz, matando ante iluminación de la luna. Cuando las almas en pena salen de sus escondites, cuando las oscuridad se apodera de las calles. Los humanos lo dejan de lado, pero entre esa oscuridad, se ilumino esa sonrisa maligna como el dios de los demonios.

Una risa se alzó entre todo, dejando todo en el más profundo silencio. Sé podía confundir con el sonido de una manada hambrienta, pero nada tenía que ver. No era la ansiedad de sangre, de algo que llevarse la boca, era más bien las ansias de poder, de la oscuridad.

Las horas pasaron, nadie rompió ese molesto silencio, hasta que los pájaros recién levantaros empezaron con sus competiciones de canto. El sol se habría paso entre las montañas, haciéndolas parecer un volcán en plena erupción. Mientras cada uno de los alumnos abrían sus ojos, ella estaba levantada, mirando a aquella cosa horrible que estaba encima de su cama. Tenía que ser una alucinación o incluso una pesadilla sería mejor que eso, rebobinemos.

Flashback:

Caminaron tranquilamente hacía su habitación, hasta llegar a ella y entrar.

-Laila, puedo preguntarte una cosa?

-Claro, Hiyori-chan-sonrío levemente, divertida.

-¿A qué se debe tu aspecto?-la señaló avergonzada.

La expresión de Laila cambio rápidamente a una de tristura, su pasado… le dolía tanto recordar. No sabía que era querer, amar, tener una familia… lo había perdido todo, y nunca lo volvería a encontrar. Sabía muy bien que esa no era la forma que tendría que pensar, sí fuera al menos un poco más positiva… Pero qué hacer cuando llevas toda una vida lamentando, lo que parece tan lejano, pero al fin al cabo te marcó tu camino… Suspiró cansada, se lo contaría, lentamente.

-Me llevaría demasiado tiempo-susurró, posando su mirada en el suelo.

-Estoy aquí para escucharte.

-Arigato, eres tan buena conmigo.

Se acercó lentamente a una de las camas, tirándose en ella. Se encogió, haciéndose un ovillo, escondiendo su cabeza entre sus piernas. Sintió sus brazos, frío ante su piel ardiente, pero tan agradables y frescos. Cerró los ojos disfrutando del contacto, al fin se sentía protegida.i

-Mi familia era pobre y normal, como dirían ellos un simple estorbo. Mis padres me enseñaron todo lo que sé.-Apretó su mano en la colcha, arrugándola.- Cuando nací, vivir en aquel pueblo era muy difícil, apenas teníamos para comer. Crecí entre la pobreza, y observaba como morían los demás de hambre, era horrible. No podía hacer nada por aquellas personas… A mis seis años sabía todo lo que una mujer debía saber, pero entonces llego ese día.

"Hacía un día espectacular, soleado y fresco, como normalmente salí a jugar con mis amigos. Cuando volví, oí unos gritos, provenientes de mi casa. Me acerque temerosa, no sabía que hacer, y entonces los vi. Esa sonrisa maligna que me atormenta todas las noches, observe como asesinaban a mis padres. Sus caras de espanto, esas que olvidaré en la vida. Y yo no podía hacer nada, ¿qué podía hacer una niña? Entonces escapé, recordando las últimas palabras de mi padre: Cuando las estrellas desaparezcan del cielo, la oscuridad te estará rodeando, intentando dañarte. Promete ante tu madre que lucharás por seguir con vida. No le había dado mucha importancia en ese entonces, pero cuando escapaba me di cuenta… parecía como si supiese su destino, como si ya supiese que iba morir a la mañana siguiente."

Los sollozos salieron de su garganta, cayendo como lagrimas hacía sus mejillas, que estaban empapadas. Gota a gota caían en la cama, mojándola.

-Por ese entonces no había descubierto mi poder, o como quieras llamarlo. Tenía miedo, estaba sola , solo tenía seis años… ¿Qué iba a hacer sola en este mundo? Cerré los ojos, eso recuerdo, y cuando los abrí estaba en otro lugar. Todo había cambiado completamente, esa brisa de verano se había convertido en algo ardiente que aumentaba el calor, en lo más alto estaba el sol arrasando con todo a su alrededor.

"Entonces divisé una pequeña casa, el olor a comida llego a mis fosas nasales. Sin poder aguantarlo y muerta de hambre entré corriendo, como un felino acechando su presa. Ahí me encontré al maestro, fue mi segundo padre, me enseño a defenderme, a cazar, a ser lo que nunca pensaría ser."

"Una noche, caminando hacía el pueblo, nos asaltaron. La furia se apodero de mi ser, la temperatura de mi cuerpo aumento y mi piel se desgarró. Y entonces ahí estaba, yo. Cómo un gato, jugué con mi ovillo."

Lo último lo dejo en el aire, sonriendo con malicia. Hiyori no quería ni imaginárselo, pobres ladrones. La abrazo con fuerza, para demostrarle que no estaba sola. Entonces lo oyó, los pasos de dos muchachas acercándose a la puerta, la cerradura abriéndose, el ruido que hace la puerta al abrirse.

Ante ellas se encontraban dos chicas, que parecían conocerse de antes. La de la izquierda lucia como una niña ilusionada, su cabello azul le rozaba el cuello con flequillo, en su cabeza llevaba unas gafas de color rojo, de ojos verdes grisáceos. En la derecha en cambio, había una chica de pelo rosado, de ojos grises. Lo más raro era ese sombrero que llevaba en la cabeza.

-¿Dónde lo compraste?-Laila señaló su sombrero, como si no hubiera pasado nada minutos antes.

-¡Eso no te importa!-refunfuño la peli rosada, al ver las segundas intenciones en las palabras.

-Bueno, de igual. Soy Laila Bibotti-río entre dientes, levantando la mano.

-Laila-san, eres impresionante, no te avergüenza utilizar esa ropa-señaló a la chica, saboreando la venganza.

-Me está bien, no debí meterme con tu sombrero. Es simple, averígualo-se encogió de hombro.

-Por cierto soy Zaizen Touko-sonrío satisfecha, le caían bien.

-Me toca a mi-la peli azulada dio un pequeño salto, ilusionada-yo soy Haruna Otonashi, encantada.

-Veo que ya se conocen-comenta Laila.

-Ustedes también.

-Por cierto, y tú como te llamas?-preguntó Haruna, señalando a la única que faltaba por presentarse.

-¿Y-yo?-tartamudeo-H-h-hai! Yo… soy Hiyori Hoshino.

-¡Abrazo colectivo!

Repentinamente y sin conocerse de mucho, se reunieron entrelazando sus brazos, sonriendo como niñas pequeñas en una pijamada.

-Ahora a dormir.

Discutieron durante un tiempo por las camas, la noche se apoderaba del día, estaba oscureciendo. Estos días haría frío, Laila se recostó en su nueva cama, tan blanda, tan cómoda, que en diez segundo se adentró en el mundo de los sueños.

Esa noche tuvo una pesadilla, aquella sonrisa que había matado a sus padres la encontraba, y repentinamente fue cortada. Se levantó sudando, con la respiración entrecortada, ya había amanecido. Observo la estancia detenidamente, se levanto dispuesta a darse un baño. Pero ahí estaba, ese horrible uniforme, encima de su cama.

Se sorprendió, ¿cómo había llegado hasta allí? Miro de reojo las otras camas, estaban igual. Suspiró lo levanto entre sus manos, para observarlo. Entonces la encontró, corta y desarreglada, sin nada por debajo con que tapar. Una falda.

Fin flashback.

-¡¿POR QUÉ ME PASA ESTO A MI?¡MATENME, NO PIENSO USAR ESTO!


En el siguiente capitulo:

Midorikawa en una de sus excursiones a la cocina descubre una verdad atroz, alguien a robado los helados. En un afán de encontrar al culpable se embarca en una aventura como detective, que solo dura un día. En cambio, las chicas descubren algo sobre uno de los chicos, que utilizarán para hacer una pequeña broma de bienvenida.

¿Quieres vengarte de los pelotazos de Goenji?¿De que Midorikawa te robará la comida sin razón?¿De las bromas de Kogure?¿Dejar en evidencia a Fodou? Díganme lo que quieren hacer y lo cumpliré por ustedes. ¿Desea gastarle una broma a nuestros chicos de Raimon? Hagamelo saber y lo cumpliré.

1.¿Matará Atsuya a Tanaka,Alpha y Hikaru?

2.¿Dejarán Midorikawa y Kazemaru de pelearse?

3.¿Conseguirá Midorikawa descubrir al ladrón o ladrona?

4.¿Aceptará Atsuya que Shirou no está en su habitación?

5.¿Dejará Esther de darle sorpresas tan inesperadas a Flor?

6.¿Dejará de competir Touko y Laila en sus conversaciones?

Atsuya:¡Maldito Tanaka!-clavandole una aguja al muñeco vudú de Tanaka-

Pau-chan: Y yo pensaba que solo lo hacías con Goenji...

Atsuya: Tengo muñecos de todos los que se acecan a mi hermano, para hacerle daño-saca una bolsa llena de ellos-

Pau-chan: Pobre Shirou, lo comprendo.

Un saludo, Pau-chan. ¿Merezco tú review?