Hola, es mi primer fanfiction de Arnold, espero poder apegarme a los personajes. Esta historia trata mas que nada del final de TJM, que sucede después.

Tooodoo le pertenece a Craig, y a nickelodeon, lamentablemente, por esa razón no pudimos disfrutar de mas Hey Arnold. Pero en fin, esto solo es un desahogue de la serie que tanto me emocionó.

Pd: los * son flashbacks n.n

Ojala la disfruten =)

1

El regreso a Hillwood

- No creo volver a sentarme al menos en 24 horas – decía Rhonda con dramatismo, después de 14 horas de vuelo sentada, incómoda y soportando a Curly y en estos momentos se sentía capaz de soltar un berrinche. – solo quiero llegar a casa, darme un buen baño para quitarme e apestoso olor a incivilización y olvidar todo esto.

Todos estaban igual de cansados, pero nadie más pensaba igual que la srita. Lloyd, de hecho estaban emocionados por esa gran aventura que habían pasado y planeaban jamás olvidarla, reían y comentaban que era lo más emocionante en sus cortas vidas e inclusive emotivo, pues su más ameno compañero había por fin encontrado la paz interna y felicidad al encontrar a sus tan añorados padres.

Pero no todos contaban con esa felicidad de volver, encontraba alguien esa experiencia como dulce y amarga a la vez.

- ¡Fuera de mi camino, zopenco! – empujo con el hombro a Harold, una niña rubia con saña, parecía la misma de siempre, pero con Helga, las cosas exteriores jamás son definitivas, apenas y podían notar lo triste que estaba.

Helga Pataki se encontraba con peor humor jamás visto por sus compañeros de la P.S. 118 pues incluso Phoebe intentó acercarse, pero simplemente Helga se desentendió de la chica con tanta facilidad que nadie hubiera creído lo intimas que eran.

- Ahora no, Phoebe, quiero llegar a casa a ver la lucha, se me hace tarde. – sin más, caminó con mochila en hombro y con Olga dirigiéndole una mirada de interrogación a la chica oriental antes de trotar detrás de su hermana menor.

La rubia caminó con prisa y furia hasta la salida del aeropuerto, sin despedirse de nadie, sin voltear atrás. Pues sabía que el único que podía volver a hacerla regresar a ser ella misma estaba a muchos kilómetros de aquí, en el lugar que siempre deseó estar, con las personas con quienes siempre soñó conocer.

Arnold Shortman al final había decidido quedarse en San Lorenzo, a recuperar todos esos años que antes le habían sido arrebatados.

- ¿Qué diablos tiene Helga ahora? – le preguntó Gerald a la chica oriental.

- Nadie puede darse cuenta, porque se ha vuelto tan buena en esconder sus sentimientos que nadie puede entenderla. Por fin pudo a sincerarse, por fin fue correspondida y tiene que decir adiós por el momento.- dijo ella como si fuera lo mas obvio.

- Pero Arnold no la rechazó, - dijo el intentando argumentar algo imposible. – Inclusive salió con la locura de que también le gustaba . – terminó con un gesto de "no me lo creo".

- Supongo que es el cansancio del trayecto. – sentenció ella y junto con los demás recogieron sus maletas a la banda.

Pero la chica no siguió tratando de hacerle entender, porque jamás nadie ha podido entender a esa chica beligerante, nadie solo él. Y como la chica orgullosa que era volvía a esconderse detrás de esa máscara de hierro, echando a todos quienes quisieran conocer su verdadero ser.

* La chica miró la escena con un nudo en el estómago, sintiendo esa enorme satisfacción con ella misma, de por fin ver cumplido el deseo de ese cabezota que tantos años atrás le había dicho lo linda que se veía con ese moño tonto, de ese chico que la había echo hacer mil locuras todas en su nombre. Sin saberlo jamás.

Y sintió envidia. Al menos veía amor en los ojos de su padre, preocupación, interés, sentir que alguien lo cuidaba aun con el pensamiento aun estando tan lejos de él. Ella no había conocido nunca ese contacto, ese mana que hay entre una familia unida.

El rubio no podía con esa sonrisa que iluminaba su rostro, y un sonrojo ligero que muy contra de ella coloreó sus mejillas. Aun sus labios no olvidaban el beso corto y dulce, lleno de inocencia, que momentos antes le dio cuando salvó El Corazón de ser destruido, salvando a toda una cultura, a sus padres y a ellos mismos. No podía olvidar sus palabras cuando lo hizo.

- Helga, nunca entenderás lo impresionante que has hecho, la importancia. – la beso rápida y dulcemente. - ¡Eres única!

No podía creer lo rápido que la había echo elevarse, henchirse y sin poder creerlo.

Ahora, media hora después de tantos besos de Stella hacia su hijo, de tantos abrazos de Miles de tantas cosas dichas y no dichas, de tantos años perdidos. Y claro, de estupideces de sus compañeros y extravagancias.

Era hora de partir.

Incluso no podía creer que la gente de los Ojos Verdes la mirara antes de perderse de nuevo en la selva, de que el Jefe de la tribu hiciera una reverencia, y que hicieran una pequeña figurita de madera, réplica de ella misma alzando un puño, incrédulos con su fiereza y entrega.

No podía creer lo especial que era ella ante sus ojos, y ante los de el chico por quién tanto peleo contra todo y todos solo por ver esa sonrisa en su rostro, por una felicidad ajena a la suya.

Y entonces vió esa mirada, La Mirada. Ella supo lo que significaba cuando los ojos verdes del chico se posaron en ella. Si, lo sabía perfectamente. *

La vista de la ventana del taxi era borrosa y colorida, como si derramaran un vaso de agua sobre un lienzo.

- ¡Hermanita! – escuchó la voz de Olga, como en un túnel, como si le llegara de lejos. – ¡Helga!

Entonces por fin la rubia pudo volver entre los vivos, el oír su nombre en labios de su hermana la sacó de su estupor. ¿Y ahora que diablos quería? ¿Todo el tiempo la acosaba que ahora no podía tener un poco de intimidad aun en su cabeza?

- ¡Diablos, Olga, me dejarás sorda! ¿Qué quieres? – le espetó de muy mala gana.

- Desde que nos despedimos del adorable Arnold, estas en una especie de nostalgia, querida, ¿estás bien? – dijo con dulzura mientras posaba una mano en el hombro de la rubia, quien miró su mano como si se tratase de una excretacion de ave.

- Perfectamente, Olga. – dijo ella quitando su mano diligentemente – gracias por preguntar. – dijo sarcásticamente.

Olga, inmune a cualquier tipo de sarcasmo sonrió aliviada de saber que su hermana estaba bien. Tan fácil es, pensó Helga, tan fácil es esconderse de todos, incluso de la familia.

La rubia miraba por la ventana, tratando de sentir resignación, tratar de acostumbrarse a la idea, que en Sunset Arms, ya no estaría el objeto de su amor imposible. Pero ahora ya no era imposible, claro.

El había dicho que le gusto.

Por un momento olvidó su mal humor, y esa sonrisa estúpida que siempre llegaba cuando se trataba de él. Él había prometido escribir, porque según él, aun sentía que algo aun no estaba dicho entre ellos. Deseaba que no olvidara esa promesa, aunque claro, Arnold no era de la clase de persona que olvidaba una promesa, él era un chico de palabra.

Arnold se había quedado con sus padres en San Lorenzo, dijo que no sabía cuando regresaría, pero que algún día lo haría…

El dijo que, deseaba que ella estuviera ahí…Le había dado a entender que ELLA lo esperara, que sabría que alguien en Hillwood esperaba por él, que pensaba en el. Y quería que fuera ELLA.

Qué ironía más cruel, cuando por fin pudo sincerarse, que todo lo pasado en Industrias Futuro fue real, y que ahora el chico se daba cuenta de lo mucho que significaba ella para él, tenía que dejarle atrás.

Pero, como tantas veces atrás, como tantos sacrificios hechos en su nombre, Helga cedió ante la felicidad de Arnold. Él necesitaba a esas personas tan cercanas y tan desconocidas. Una vida que le fue arrebatada.

Y ella no entraba en esa vida, no aun.

- Oh, Helga te ves terrible. – dijo la pelinegra mirándola con preocupación detrás de sus anteojos. – parece que no has dormido.

- No puedo, Phoebe, la verdad no puedo escribir nada sensatamente coherente desde que el cabeza de balón no está. Intente redactar una carta y solo me quede en el saludo. Es un dolor de cabeza, ese zopenco – dijo arrugando la frente y poniendo sus brazos en el escritorio.

- Uy, la novia madame gruñona extraña a su novio . – dijo Harold con saña, levantando las trompas simulando un beso.

- Cállate, albóndiga, si no quieres que mi puño te bese la cara. – dijo ella mirándolo con acidez.

- Hoy también, ¿he? – dijo Gerald a Phoebe.

La chica solo soltó un sonido de afirmación.

- No lo dice, pero espera esa carta con tanta ansiedad que siento que ella va a estallar. – dijo confidentemente.

- Arnold dijo que le escribiría, él lo hará. – después se dirigió a la propia rubia.- Cielos, Helga si sigues así te saldrán arrugas a los 20.

- Y tú cierra el pico, cepillo barato, que no quiero empezar contigo. – dijo tomando su mochila y saliendo golpeando la puerta estrepitosamente.

- Que carácter. – dijo el moreno enarcando una ceja.

La chica llegó azotando la puerta y anunciándose en un grito. Como siempre, nadie respondió. Que sorpresa.

- ¡Machácalo! ¡Maldito idiota que no vez que es una trampa! – gritaba Bob desde su sillón, luchas.

Se dirigió a su cuarto tratando de pasar desapercibida, pero en vano.

- ¡Olga, has el favor de no subir corriendo como una mula cada que entras..!

- Como digas, Bob…y soy..! – empezó ella con fastidio.

- ¡Ah, y lo olvidaba! Te ha llegado una carta de Alfred..- dijo interrumpiendo a su hija.

- ¡Una carta de Alfred! – dijo ella emocionada, después rectificó sacudiendo la cabeza. – Digo, ¡Arnold! ¿Y por qué diablos no me lo dices antes?

Corrió como loca a la cocina, sin escuchar a su padre a hablar sobre la perdida de respeto.

Vió un sobre en la mesa y con desesperación lo tomo, sin miramientos arrancó una esquina y sacó la hoja que contenía. Por un momento, que se le hizo eterno, dudó. Temía y ansiaba leerla.

Decidió que ese no era lugar así que corrió hasta su cuarto, una vez ahí cerró la puerta y se sentó en su cama, y soltando el aire sin saberlo empezó a leer.

Querida Helga:

No sabía si empezar como empezar esta carta, porque aun no sé cómo llamarte. Has hecho cosas maravillosas por mí, que no sé como puedo agradecerte. Gracias a ti puedo disfrutar de estos momentos a lado de mi familia. Aun no logro entender que pude hacer para ganarme tu ayuda….y bueno, si, tu amor…aun se me hace un poco extraño, pero de una manera tu has hecho cosas por mi que jamás esperé de nadie. Y ganaste algo mas que mi gratitud.

Te escribo, también, porque en verdad espero que tus sentimientos no cambien. Los míos no lo harán. Pero creo que lo que pido es demasiado, pues se que dije estaría tal vez un año escolar con ellos…pero tal vez sea un poco mas que eso. Lo siento.

Por favor, no dejes de escribirme. Tal vez te moleste, pero Phoebe me dio unas hojas que escribiste tiempo atrás, de tu viejo diario, quisiera me contarás todo, Helga. Quiero que me cuentes, todas las cosas que ella dijo que hiciste por mí, todas esas cosas que solo pensé eran suerte y nada más.

Helga, siento tanto que hayas hecho tantos sacrificios por mi, y yo no he podido hacer uno solo por ti. No quiero ser egoísta, no es correcto, pero si tus sentimientos son los mismos, házmelo saber.

Nunca dejaré de escribirte, lo sabes.

No quiero perder contacto contigo ni con Hillwood, porque creo que tardaré, al menos 5 años en volver.

Espero tu carta.

Saludos

Con amor

Arnold Shortman.

Bueno? Que tal quedo .?

Me da pena, porque no quise que sonara tan dramático. Quiero quede como una especie como "los pataki" sin serlo, porque supe que creo Arnold solo escribe cartas a Helga. Pero quiero se involucre más, avanzaré con la edad de los personajes, asi que no esperen solo sean niños. Se supone que ahora tienen 10 años. Tampoco me sobrepasare con ellos jajjaa no crean que me gusta esas cosas.

Me gusta el puro y cristalino realismo a la serie.

Ojala y les guste =) depende de si les gusta o no vere si lo alargo o lo convierto en un oneshot de 4 capitulos XD

Eyyy es un debut de Fic Arnold, asi que no se que esperar.

CHaoooo