Dysclaimer: Los personajes pertenecen a Suzanne Collins & la trama a Embracing-Immensity; yo solo soy dueña de la traducción.

Advertencia: Spoiler & AU. Bajo aviso no hay engaño.


Si te rindes hermano, por ti nunca pensarás.


Salvando al chico


El desayuno

·

A la mañana siguiente, me levanto de la cama sintiéndome adolorida y cansada. No logre dormir mucho con todas las preguntas sin respuesta que ocupan mi mente. Sin embargo, eso también significa que no tuve pesadillas, por lo que al menos hay un lado positivo a la falta de descanso.

Entro en la ducha y la programo a mi gusto. Tomó mucho de ensayo y error (y un par de explicaciones detalladas de Cinna) para averiguar la configuración exacta que debe usarse para asegurarme de que no me termine oliendo como a limón maduro. Sólo en el capitolio es difícil estar limpia.

Sintiéndome un poco fortalecida después de mi ducha, me dirijo de nuevo a mi habitación para encontrar a mi equipo de preparación; que espera por mí. Por supuesto, que con la formación de Misu hoy, el trío tiene el tiempo para centrarse en mí, otra vez. Se ven sorprendidos al verme, despierta y duchada, ya que es raro que yo no estuviera durmiendo cuando llegaron. Pero la sorpresa es rápidamente reemplazada por la alegría y los tres se apresuran a mí.

— ¡Te extrañamos mucho!— Grita Flavio, sus rizos color naranja rebotando cuando me abraza.

Octavia me envuelve en sus brazos color verde guisante. — ¡Fue tan tortuoso! ¡No nos agrada!

Venia me da un rápido beso en la mejilla y suspira dramáticamente. —Ella se puso a llorar, ¿te imaginas eso?

¿Misu llorando? Bueno, ese dato debe ayudarme; si ella decide ponerse difícil conmigo. Tiene que ser especialmente útil si se trata de hablar de lo que ha presenciado la noche anterior entre Peeta y yo.

—Ella es horrible—dice Octavia entre pucheros. —No puedo creer que tendremos que ayudarla de nuevo para la entrevista.

— ¿Puedes creer que ella nos miraba como si estuviéramos haciendo algo mal?—Se burla Flavio.

—No lo puedo creer— le digo. Mientras mi equipo se pone a trabajar en mi cabello y cara. —Por lo tanto, no dirían que ella les recuerda a mí, ¿verdad?

— ¡Oh, Dios no!—exclama Venia. — ¿Por qué nos preguntas eso?

—He escuchado a la gente hacer comparaciones— le digo, para zanjar el tema.

—Entonces, esas personas son simplemente terribles. ¡No eres nada como ella!

Sonreí con satisfacción. Por lo general, la opinión de mi equipo de preparación no tiene mucho peso en mí, pero iba a hacer una excepción esta vez. No puedo evitar la sonrisa en mi cara, ya que en la charla acerca de que soy mejor que Misu, me he visto envuelta en fuego, de pie junto a Peeta, mientras el carro hacia su recorrido. Dejé que mi imaginación volara, y decidí que voy a darles la razón en esto también.

Una vez que mi cabello y maquillaje son terminados, Venia me muestra el vestido que ha sido elegido para que me ponga el día de hoy. La tela de color burdeo parece brillar en la luz y el material se siente ligero como el aire. A medida que me ayudan a deslizarme sobre el vestido cuidadosamente para no arruinar el duro trabajo que han hecho, me doy cuenta de que a pesar de que el artesanal diseño es de Cinna, puedo ver la mano de Snow en varios puntos; el comentario que me hizo ayer Finnick me da vueltas en la cabeza mientras me examino en el espejo, el año si que ha sido bueno conmigo y todo Panem podrá verlo.

Trato de ajustar el busto del vestido alzándolo unos centímetros por el bien de mi modestia, entonces Octavia viene y lo arregla otra vez.

— ¡Oh, no! Cariño, se supone que se vea así—me dice.

—Pensamos que se vería algo horrible, pero no es así— dice Venia, señalando a mi pecho. —Aún así, un poco más y el vestido se vería aún mejor

Debo mirar horrorizada a Flavio; me pasa un brazo por los hombros de manera consoladora. —No te preocupes, cualquiera que sea tú naturaleza, el año que viene puedes probar algún procedimiento que lo haga crecer.

—Fantástico— le digo, y espero que el trío no haya aprendido a distinguir el sarcasmo, todavía. La próxima vez que vea a Cinna, le diré que ponga un alto a mí equipo de preparación; no quiero que sigan insistiendo con cualquier clase de cirugía.

—Oh, toma— dice Venia, y me entregó una chaqueta. —Creo que no lo necesitas, pero Cinna insistió en que te la diera

Gracias, Cinna.

Me puse la chaqueta, ahora estoy contenta con el resultado final. De repente, mi vestuario no es tan provocativo, solo hay un poco de piel al descubierto, lo demás está cubierto por la chaqueta. Sin embargo, soy consciente de que la chaqueta tendrá que salir en algún momento. Snow quiere piel, así que estoy segura que mostrare piel.

Mi estómago ruge cuando mi equipo de preparación se va. Estoy hambrienta por no haber comido ayer en la cena. Tengo la intención de comer de todo, tan pronto este en el comedor. Cuando salgo de mi habitación el olor a comida me golpea, y apuro el paso.

Aun es temprano, por lo que espero ser la primera en llegar. Por supuesto estoy equivocada, porque ahí está sentado Peeta sumergiendo un bollo en su chocolate caliente. Por el aspecto de la placa, todo a medio comer; puedo deducir que él ha estado aquí por mucho tiempo. Lleva un traje muy similar a la que yo llevaba cuando era un tributo. Me pregunto por qué Cinna decidió traer de vuelta, un estilo que ya utilizo, no es típico en él, así que es probable que haya una razón. Así como debe haber una razón; por la que mi vestido es del mismo color que el traje de Peeta.

—Buenos días— le digo, sirviendo un poco de comida en un plato.

Él salta. —Oh, buenos días. Lo siento, estaba perdido en mis pensamientos, no te escuche entrar.

—No fue mi intención asustarte— le digo. Llevo mi plato a la placa y me siento. —Te levantaste temprano.

Sacude la cabeza. —No pude dormir mucho.

—Yo tampoco.

Nuestros ojos se encuentran y me da la sensación de que la razón de su mala noche es la misma que la mía. No sé qué decir a la luz de mi revelación, por lo que simplemente me concentro en devorar mi comida.

Después de unos momentos de silencio, Peeta me mira. —Te ves muy bonita.

Me había metido un huevo entero en la boca cuando dijo eso, me hace sentir de verdad muy bonita. Puedo masticar la comida lo suficiente como para tragar sin riesgo de asfixia. Aun así, un poco se va por el lado equivocado y comienzo a toser.

Peeta parece preocupado. — ¿Estás bien?

Tos, tos. No consigo decir nada, así que hago gestos como si estuviera bebiendo un vaso con agua.

— ¿Agua?— Peeta me pide una confirmación y asiento con la cabeza. Se vuelve hacia el Avox. — ¡Agua, por favor!

Su cortesía no conoce límites, al parecer. Por suerte, el vaso se coloca frente a mí y estoy tragando el líquido fresco. Una pulverización catódica y es el final de la tos, ahora estoy como nueva.

—Gracias— me las arreglo para croar.

—Por favor no me des las gracias— dice, un poco nervioso. —Todo lo que hice fue pedir un poco de agua.

Niego con la cabeza. —No quise decir eso. Pero sí, muchas gracias por el agua—. Me aclaro la garganta, esperando que la sensación de cosquilleo se vaya. —Estaba hablando del alago que acabas de hacerme, tengo que agradecerte ¿No? Eso es lo que debo hacer ¿Verdad?

—Supongo que tienes razón— dice Peeta, mirando como si estuviera reprimiendo una carcajada. —Simplemente no creo que eso sea una prioridad cuando casi te ahogas.

—Fue un ataque de tos pequeño— le digo, con mis mejillas enrojecidas. —Y, además, de acuerdo con Effie, los modales son siempre una alta prioridad.

—Bueno, si Effie lo dice, entonces, ¿Quién soy yo para decir que no?— dice, con una sonrisa en los labios. —Pero, en serio, ¿Estás bien?

— Estoy bien— le respondo, tratando de ahogar la tos.

Él no me cree, ni siquiera un poco, comienza a examinarme de cerca; lo miro cuando sus ojos caen sobre mi pecho, ahí donde la chaqueta se ha abierto durante mi ataque de tos. De inmediato me mira a la cara, y puedo ver que está avergonzado. Así como estoy yo, tiro más de la chaqueta, para que me cubra más. Por desgracia, eso parece confirmar las sospechas de Peeta, si lo note.

Él no puede ni siquiera mirarme a la cara; y me siento mal porque sé que no ha sido intencional. Y en verdad, ¿por qué iba alguien a usar un escote si no quiere que la gente vea su busto? Aunque ese no es mi caso, pero ese no es el punto

— Peeta—llamo.

— ¿Hmm?—Él no mira hacia arriba.

— No estoy enojada contigo—le digo. —Sé que solo fue un accidente.

Suelta un suspiro de alivio. —Lo siento mucho. No me di cuenta que...Bueno, es diferente a lo que sueles llevar.

—Ya sabes, la moda del capitolio—le digo a modo de explicación.

—Entiendo—dice, y vuelve a su bebida. Sus orejas todavía están un poco rosas, me pregunto cuál será su opinión sobre el vestido, pero lo mejor es no preguntar, es lo mejor para todos.

Pasamos el resto del rato en silencio. Parece interminable el tiempo, hasta que se nos une Misu. Ella parece estar de mal humor, empieza a causar problemas antes de que siquiera se tomar un plato.

—Todo esto tiene un olor repugnante—dice ella. Se vuelve a la Avox — ¿Has buscado entre los alimentos más asquerosos?

— Déjala en paz—le digo. —No tienes porque hablarle así, ella no tiene la culpa de que tengas resaca.

— Estoy aquí, deja de gritar—dice ella, a pesar de que ni siquiera he levantado la voz. Se sostiene la cabeza, seguramente le duele. —De todas formas, no le importa; si no hubiera dicho algo.

Me pongo de pie y la arrastro junto conmigo, la fuerzo a sentarse a mi lado, apenas y logro mantener la calma en mi tono de voz. —Es un Avox, lo que significa que no puede hablar.

— ¿Qué es un Avox?—pregunta Peeta.

—Son personas que son sospechosos de ser criminales y como castigo les cortan la lengua—explico, manteniendo la voz baja. Me siento mal teniendo esta discusión cerca de un Avox.

—Eso es horrible—susurra Peeta, con rostro agobiado.

—Entonces, ¿Qué hizo ese hombre?—pregunta Misu estirando la cabeza para tener una mejor visión en nuestro Avox. —Debe haber sido bastante terrible, si tuvieron que hacérselo a él.

Sí, claro. Porque si hay una cosa por lo que el Capitolio es conocido, es la equidad.

Su falta de compasión humana me ha dejado sin palabras, estoy a punto de saltar. Pero por suerte Peeta cambia el tema. —Así que, ¿Veremos a Haymitch hoy?

Misu se encoge de hombros. — ¿Por qué te importa? Tu mentor esta justo aquí.

—Ayer por la noche, Haymitch dijo Peeta, que les iba a decir como quería que ustedes dos se manejen durante el entrenamiento—le digo, tratando de mantener mi voz serena. —Deben saber que es lo que hay que hacer antes que los maten haciéndose los tontos.

—Mírate.

Misu debería saber que no es para nada amable estar amenazando a las personas.

— ¡Buenos días Haymitch!—dice Peeta en voz alta, interrumpiendo mis pensamientos. Misu se agarra la cabeza de nuevo, gimiendo en voz baja; lo acepto como un castigo adecuado.

Mi antiguo mentor entorna los ojos en la dirección de Peeta. —Muchacho, estás demasiado alegre para ser tan temprano.

—Lo siento—es toda la respuesta que recibe del joven rubio.

Me levanto y me dirijo a Misu, que sigue sosteniendo su cabeza. —Quédate dónde estás, ¿de acuerdo? Voy a conseguirte algo de comer.

Tomo un plato lleno de fruta fresca y la dejo frente a Misu. Me siento orgullosa de mí misma por no golpear la mesa como había estado pensando hacerlo. Ella ni siquiera me da las gracias, lo cual está bien, porque yo no estaba esperando nada de ella.

Una vez que Haymitch se ha sentado, Misu comienza, —Entonces, ¿cuál es el plan?

Levanta una mano hacía ella. —Estoy comiendo.

—Puedo verlo, sino que dijiste que nos diría como manejarnos en los entrenamientos, así que hazlo. —Exige Misu.

—Lo haré—dice Haymitch, suspirando. —Pero no hasta que termine mi desayuno. Tú también debes comer.

—No tengo hambre—dice ella. — ¡Sólo quiero saber nuestra estrategia!

—Nuestra única estrategia ahora, es que voy a tomar mi desayuno en paz y tú te vas a terminar el plato de fruta que tienes delante de ti y después de que termine, te diré lo que haremos. —Haymitch pone un pedazo de masa frita en la boca. — ¿Te parece aceptable?

Misu se mete un pedazo de melón en la boca, pero la mirada de desprecio en su rostro es difícil dejarla pasar. Sin embargo, ella es obediente, se come toda la fruta de su plato y espera pacientemente a que Haymitch de termine de comer.

Cuando termina empuja su plato y suspira. —Muy bien, he oído que a Misu no le agrada la idea de tener a Katniss de mentora. Mira que suerte, sin embargo, tanto como Katniss y yo, vamos a ser mentores de los dos. Recibirán cada uno la misma orientación de los dos.

Me doy vuelta y miro a Haymitch con sorpresa. Esta es la primera vez que escucho algo de esto. Pensé que había un elaborado sistema en el que yo me llevó un tributo y él se lleva al otro. Recordando lo astuto e inteligente que es mi antiguo mentor, me decido a darle el beneficio de la duda.

—No es tema de debate, claro está. —dice Haymitch, mirando directamente a Misu. —Ahora, ¿qué tipo de habilidades tienen?

Misu se lame los labios y le da una sonrisa picara a Haymitch. —No creo que sea apropiado para mí hablar de mis habilidades frente a niños como ellos, no quiero ser responsable de corromper su inocencia.

Peeta y yo compartimos una mirada incómoda, pero Haymitch decide seguir adelante, haciendo caso omiso de sus comentarios. —Así es, Misu, sé lo buena que eres con el cuchillo ¿Qué hay de ti, Peeta? ¿Algo especial que quieras compartir?

Peeta deja escapar una sonrisa a medias. —Puedo hacer pan. Por lo tanto, a menos que el escenario vaya a ser una panadería gigante, podemos descartar que eso sea una buena habilidad.

—Pero eso no es todo lo que puedes hacer—interrumpo, él me mira, no entiendo por qué se está menospreciando así. —Te he visto en el mercado, transportar alrededor de cien libras de harina con facilidad.

— ¿De qué sirve que yo haga eso?—pregunta Peeta incómodo. —Estoy seguro de Haymitch busca habilidades que sean útiles.

Sigo adelante, temeroso de que si no lo hago, Haymitch podría decidir ayudar a Misu. —Puedes luchar, también. Estuviste a punto de ganar el concurso escolar del año pasado, pero perdiste contra tu hermano, que tenía una ventaja significativa de peso, en la última ronda.

— ¿Cuántas veces se ha utilizado la lucha libre en la arena? Es mucho más útil ser bueno con un arma—dice.

—No subestime la importancia de la fuerza—le dice Haymitch. —Te sorprenderá frecuencia con la que ayuda en la arena. ¿Puedes correr?"

—Soy bastante rápido—dice con modestia. Y es cierto, ha ganado su cuota justa de las carreras de mayor distancia en nuestra escuela.

— ¿Misu?

Se encoge de hombros. —He sido acusada de ser rápida. Y fácil, también.

— ¿Qué pasa con su resistencia?—pregunta Haymitch.

Peeta sonríe ante la pregunta. —Me han dicho que no me falta nada.

—Es gracioso, me han dicho lo mismo—dice Misu, dejando que en su voz un goteo de sugerencia.

—Bueno, bueno—dice Haymitch, sin reconocer Misu. —Esto es lo que quiero de ustedes: Misu, mantente alejado de los cuchillos y Peeta, ni siquiera pienses en mostrar lo mucho que puedes levantar. Mantengan sus habilidades para sí mismos, hasta que esté en la reunión privada con los Gamemakers.

—Así que, ¿qué hacemos entonces?— pregunta Misu, por último bajando el tono sensual, en ella es una molesta costumbre.

—Aprende algo nuevo—le digo. —La clase de nudos es buena, las trampas pueden ser una excelente manera de obtener alimentos tan necesarios en la arena, al igual que la estación identificación de plantas. Además, a menudo es una buena manera de saber qué tipo de ambiente es al que serán enviados.

—Lástima que no nos puedes enseñar cómo usar un arco—dice Peeta, con una mirada de admiración. —Si cualquiera de nosotros podría conseguir un medio tan bueno como lo es el tiro al arco, seguramente ganaríamos.

—Bueno, ella no va a estar ahí—dice Haymitch. —Pero no es una mala idea de pasar por la estación de tiro con arco y tratar de familiarizarte con el arma. Traten de familiarizarse con todas las armas que puedan. Nunca se sabe qué sorpresa desagradable se les ocurrirá a los Gamemakers lanzarles.

— ¿Algo más?—pregunta Misu, tratando de parecer aburrida, pero puedo decir que la realidad de la situación está comenzando a golpearla y ella está aterrorizada.

—Permanezcan juntos. —digo, y Haymitch asiente con la cabeza. —Ustedes deben representar un fuerte unido. Los otros tributos pensarán que ustedes dos van a la arena con una alianza ya hecha, lo que podría alejarles de ustedes un poco.

—Eso tiene sentido—dice Peeta y Misu pone los ojos.

—No, en realidad, no—dice. — Todo el mundo sabe que los profesionales tienen una alianza ya hecha, nadie va a preocuparse por si Peeta y yo mantenemos una alianza, y mucho menos de si somos un frente unido.

—Tal vez no—Peeta está de acuerdo. —Pero tal vez, si los profesionales nos ven hablando con otros, podrían preocuparse de que estemos tratando de reclutarlos a nuestra alianza. Creo que eso les molestara un poco.

Haymitch se ríe a carcajadas. — ¡Eso chico! Eres listo. Haz eso. Será bueno hacer temblar a eso bastardos en sus propias botas.

Peeta baja, la cabeza, avergonzado, pero puedo decir que está muy contento con los elogios de Haymitch. Misu no parece convencida, pero no dice nada más.

—Así que, ahora que los dos saben que es lo que espero de cada uno—dice Haymitch. —Deben cumplir con Effie en los ascensores antes de las diez. No lleguen tarde, ¿de acuerdo? Bueno, eso es todo lo que yo quería decir. Ahora tienen el derecho a salir libremente de aquí.

— ¿Por qué tengo la sensación, de qué derecho a salir libremente en realidad significa obtengan el infierno fuera de aquí? —pregunta Peeta

—Porque eres inteligente—responde Haymitch bruscamente.

Peeta y Misu salen de la sala, dejándonos a Haymitch y a mí en la mesa. Se levanta y se sirve a sí mismo otro plato con comida y hace un gesto a un Avox para que llene de nuevo su taza de chocolate caliente. Con su plato lleno, Haymitch vuelve a caer en su asiento.

—Un poco escaso en la parte física—me dice mientras comienza a comer.

— ¡Es grande y fuerte!

—Su tamaño no es nada en comparación con los chicos de Distrito 2 o 11—señala. —Hay que admitir que parece pequeño en comparación.

Frunzo el ceño. —Lo cual significa que es más rápido que ellos, y por lo que escuchaste, también tiene paciencia.

—Sí, lo sé. Y eso es bueno, pero no sabemos lo bueno que es en realidad—suspira, al ver mi mirada taciturna. —Sé que es difícil de escuchar, pero no tiene habilidades extraordinarias y eso perjudica sus posibilidades.

—Es inteligente, también.

Haymitch sonríe. —Eso podría ser lo que inclina la balanza a su favor. Nunca hay una escasez de tributos rápidos y fuertes, con buena resistencia. ¿Añadir cerebros así? Bueno, eso es un poco más difícil de conseguir.

— ¿Crees que podría ser suficiente?

—Lo sería, si eso fuera lo único que tuviera—se inicia y hace gestos hacia mí. —Pero él te tiene a ti y eso podría ser su mayor atractivo.

Asiento con la cabeza y de inmediato tomo una decisión, eliminaré la chaqueta de mi vestuario. Por fin entiendo por qué Finnick y Johanna abandonaron la modestia hace mucho tiempo, es para llamar la atención, y es necesario tener la atención de los patrocinadores. Y si van a ayudarme a salvar a Peeta, de buen grado caminaré entre ellos, saludando y charlando con los idiotas del capitolio, lo cuales tienen más dinero que cerebro, y todo lo haré con una sonrisa.

Porque vale la pena.


Ven pues en tu interior, esta la solución de salvar lo bello que queda.


¡Esperen! Antes de que decidan lanzarme a los mutos, déjenme disculparme por mi enorme irresponsabilidad. Lo sé, es realmente un falta de criterios dejar algo a medias, y la verdad no me gusta hacerlo. Y lo lamento mucho, no volverá a pasar, pero también les diré; mi tiempo es bastante escaso así que les prometo actualizar por lo menos dos veces al mes, si no es que más rápido. Tal vez no vayan a hacer como antes, pero actualizaré.

Espero aun continúen leyendo. Y les guste.

Nos estamos leyendo. Nessy ~

Pd: Me vendría bien que me recomendaran algo de música, no importa de cual, todo es bienvenida.