PRIMEROS CASOS DE POIROT*

El Caso del Suicidio del Médico

Londres, Inglaterra, 3 de Julio de 1876.

Inicio la escritura de estas memorias motivada principalmente por mi deseo de tener algo de actividad mientras pasa mi periodo de convalecencia, y en segundo lugar para dejar constancia de los hechos ocurridos en torno a los casos resueltos por mi reciente amiga belga Reindert Poirot, quien ejerce el oficio de Detective Privado y más aún, se dice la "Mejor Detective De Todos los Tiempos".

Con sinceridad, es justamente este exagerado egocentrismo suyo lo que me produce molestia, pero lo cierto es que desde que la conozco no he hecho sino asombrarme con su particular método y agudo sentido de la observación con el que resuelve casos que ni la policía logra resolver. Una casualidad en nuestro viaje hacia Inglaterra hizo que se viera envuelta en la resolución del renombrado caso de "El Asesino deVeldhuizen" cuando pasábamos por Ultrecht, en Holanda, y su brillante resolución del mismo solo media hora antes de que ahorcaran al pobre hombre acusado hizo que su fama creciera considerablemente al menos en los Países Bajos.

Conocí a Reindert Poirot durante mi estancia como enfermera en la Guerra de Crimea, a raíz de una herida en mi pierna que causó mi baja del Cuerpo de Enfermeras Militares tuve que ayudarla en un caso. Ella se ocupaba de resolver la desaparición de unos documentos importantes para el gobierno Ruso y al término del caso mi amiga me ofreció acompañarla en sus viajes por Europa mientras ella resolvía casos y yo me restablecía de mi herida en la pierna; de modo que he decidido comenzar a registrar por iniciativa propia algunos de sus casos mas asombrosos, comenzando por el primero que resolvió en territorio inglés y que tuvo demasiada publicidad, un asesinato que nadie en todo Londres pensaba que fuera asesinato, nadie, excepto Poirot.

Habíamos llegado a Londres apenas el día anterior, y Poirot, luego de encontrar un cómodo y (al menos para mis parámetros) muy lujoso apartamento en el barrio de St. James, una colonia demasiado costosa de la capital, había optado por pasear y hacer compras por tiendas del centro de la ciudad en que el adquirir unos guantes costaba prácticamente el sueldo de un mes de un pobre obrero.

Yo, que a pesar de venir de una familia acomodada crecí en el ambiente de una fábrica textil no era muy dada a despilfarros, pero el estilo de mi singular amiga era sin duda la ostentación. Apenas había alcanzado la mayoría de edad, al igual que yo, y a pesar de ello vivía sola, con su mayordomo George como única compañía, dándose un tren de vida de millonaria (y yo no dudaba que lo fuera) viajando por el mundo, mezclada en casos de homicidios y robos tratando de frente con policías, políticos, delincuentes y demás sin que eso la amedrentara demasiado a pesar de su estatus de mujer en una sociedad como esta en que en pleno siglo XIX aún las mujeres seguíamos siendo casi un cero a la izquierda, pero Reindert Poirot tenía una actitud de tanta seguridad que imponía y casi me atrevo a decir que mandaba en ese mundo masculino en que su profesión la colocaba, y le gustaba hacerlo…¡Ya lo creo que si!

Esa mañana estábamos de compras por el centro de la ciudad, en Covent Garden, ella y yo caminando adelante y tras nosotros, George con todas las cajas de las nuevas adquisiciones de mi amiga, cuando al cortar camino por un pequeño callejón para salir a donde esperaba el coche, pasamos delante de un pequeño restaurante y el aroma la hizo detener su paso.

-¿Le apetece un delicioso chocolate Ma Chérie?-me preguntó Poirot.

-¿A las seis de la tarde y con este calor?-hice un gesto de desagrado. Olvidé mencionar que el chocolate en todas sus formas es una de las debilidades de mi amiga, como buena Belga.

-Toda hora es buena para degustar el manjar de los dioses, Hastings, así que quite esa cara y vamos dentro. George…

-Si, Señorita.-respondió el mayordomo.

-Lleve las cajas al carro y regrese por nosotras en media hora-añadió ella y luego de que el hombre se alejó entramos en el lugar. Era un sencillo restaurante londinense en cuyo letrero se leía "Baker Dream" y en cuanto entramos en el lugar, todos los ojos se clavaron en nosotras, y yo fui muy consciente de que no eran precisamente por mí, sino por ella. Después de todo yo era una inglesa rubia de tipo común y corriente en todo Londres, pero mi amiga era toda una belleza belga de cabello negro, ojos extrañamente morados, piel blanca y curvas pronunciadas, realzadas sin duda por sus elegantísimos atuendos, una mujer que atraía las miradas, más de los caballeros.

Poirot y yo nos sentamos en una mesa junto al ventanal del lugar y rápidamente dos meseros jóvenes de uniforme negro con blanco casi se pelean por llegar a darnos la carta. Mi amiga, ajena a ello, estaba alisando con su mano el mantel y acomodando adecuadamente las flores del florero del centro moviendo las rosas y los heliotropos de forma simétrica. Una de las manías de Poirot es la simetría o lo que ella insiste es "Orden y Método".

-¿Qué van a tomar, Señoritas?-dijo uno de los meseros, el que había corrido más rápido.

-Para mi solo café-digo sin tomar la carta que me alargan-¿Poirot?

-Oui…para mí un Chocolate "Ambao" semi-dulce caliente, no hirviendo y no frío, y galletas de la casa-ordena Poirot. El chico la mira desconcertado y yo río.

-Poirot, en las cafeterías inglesas no hay Chocolate con sello de calidad "Premium" del gobierno Belga-le explico yo.

-¡Mon Dieu! ¿Entonces qué toman aquí?-se exalta mi amiga.

-Tráigale una taza de chocolate con leche y las galletas-respondo yo al jovencito que asiente y se aleja-creo que deberá conformarse con eso, Poirot-respondo yo. Ella sigue acomodando las flores y después la emprende con las servilletas desdoblándolas y doblándolas de nuevo con exactitud hasta que el joven nos trae la orden. Yo endulzo mi café y veo a Poirot oler su chocolate primero y beber un poco después quedándose con los ojos cerrados.

-Creo, Ma Chérie, que algo que no me gustará de su país es que a cualquier leche con cacao le llama "Chocolate"-responde ella y no puedo evitar sonreír de nuevo. Justo en ese momento escucho una voz a mis espaldas.

-¡Pero no puede ser! ¿Es una alucinación o en verdad estoy viendo a Miss Whillermina Hastings?-yo giro la vista y me encuentro con el hombre vestido de correcto traje café, cabello castaño con algo de canas y barba en quien reconozco a mi antiguo maestro de la escuela de enfermería.

-¡Doctor Kendrik!-me levanto yo para saludarlo, el médico me sonríe, estrecha mi mano y me la besa como todo caballero.

-¡Era verdad! no me engañaban mis ojos, mi discípula mas brillante, Mina Hastings, en persona. No esperaba verte aquí, te hacía aún en el frente-responde mi antiguo maestro.

-Tuve que volver. Una herida en mi pierna me imposibilitó para seguir siendo útil en el frente-respondo y de nuevo bajo la vista, aún me afecta mucho sentirme una inútil con mi lesión.

-Lamento recordarte cosas tristes, hija…¡Pero quita esa cara! La vida es larga, eres joven y aunque ahora estés en rehabilitación no será por siempre, podrás regresar después-me dice mi maestro.

-Justamente es lo que le digo yo, Monsieur, que solo necesita algo de tiempo, distraerse y recuperarse para regresar a hacer lo que ama. No hay mal que dure cien años-intervine Poirot en mi conversación. Veo a mi maestro mirar a mi amiga y descubro el mismo asombro que causaba en todos los hombres, a pesar de que el Dr. Kendrik era ya un hombre entrado en los 60. Mi amiga sonriente se levanta y le extiende la mano-Reindert Poirot-el Dr. la saluda con un correcto beso.

-Albert Kendrik, un gusto conocerle, Miss Poirot. ¿Francesa?-infiere.

-Belga-corrige ella con su típico orgullo nacionalista como hacía siempre que confundían (y que era muy seguido) su nacionalidad-¿Gusta acompañarnos, Monsieur Le Docteur?

-Será un placer, Mademoiselle…solo un momento porque vengo con prisa-cede mi maestro y toma asiento-me encantaría ponerme al día con Mina sobre sus aventuras en Crimea-dice él pero por ningún motivo me mira a mi, sino que se queda mirando a Poirot.

-Debe sentirse orgulloso de su discípula, Doctor, es una verdadera heroína, rescataba heridos de una forma realmente notable en medio del peligroso campo de batalla-le dice Reindert.

-No es para tanto, Poirot, solo hacía mi trabajo-respondo yo algo apenada del halago.

-¿Allí se conocieron?-pregunta el Doctor.

-Oui, Monsieur Le Docteur, conocí a Hastings en el frente, ella siendo heroica enfermera y yo ocupándome de un importante caso-responde ella.

-¿Caso?-duda mi maestro.

-Mi amiga resuelve casos policiacos, es Detective-respondo yo. Mi maestro se asombra.

-Y la Mejor Detective de Todos los tiempos, si me permite agregar-responde Poirot haciendo gala de su típica autosuficiencia.

-Y también la más hermosa-responde mi maestro. Yo solo rolo los ojos. Si antes me parecía imposible que un hombre de 60 estuviera coqueteando con una chica de 22 ahora era más que evidente. Poirot ríe.

-Merci Monsieur Le Docteur, es Usted sumamente galante-responde Poirot. ¡Esto era el colmo! ¿Acaso ella le seguía el juego? Un mesero se acerca y le deja a mi maestro un paquete, él mira entonces su reloj de bolsillo.

-Vaya…es tarde ya y debo llevar este pay para la cena.

-Hermoso reloj, ¿Un "Smith and Sons"?-pregunta Poirot al Doctor.

-¿Mademoiselle es conocedora?

-Solo de las cosas con clase, Monsieur Le Docteur-responde ella.

-Este reloj es un tesoro…encierra muchos recuerdos…sobretodo uno, el más importante de mis recuerdos…-dice mi maestro y guarda de nuevo su reloj.-Mina, Mlle. Poirot, es una pena que no pueda quedarme a seguir charlando con ustedes, solo venía por un encargo especial a este lugar, que aunque sencillo y nada ostentoso, tienen el mejor pay de Inglaterra y el mejor estofado a la mostaza por la noche, me quedaría a cenar pero me esperan en casa-asegura el Doctor-aunque mañana las invito a desayunar a ambas a mi casa, será muy agradable charlar con toda calma, y además presentarle a mi familia a Mlle. Poirot, a Mina ya la conocen. Estamos festejando dos felices acontecimientos y espero compartan esa felicidad con nosotros-ofrece mi maestro, y antes de que me pueda negar mi amiga responde.

-Será un placer, Monsieur Le Docteur-responde Poirot. Mi Maestro le alarga una tarjeta.

-A las nueve las espero-Poirot le regresa otra tarjeta, las ya conocidas por mí que le daba a todo mundo "Reindert B.C. Poirot, La Mejor Detective Privada Todos los Tiempos"-Gracias por la tarjeta, Mlle. Una presentación nada modesta, podría decir que "Una proposición honrada triunfa mejor exponiéndola sencillamente…

-…Pero es imprudente anunciar con sencillez lo que no es honrado"-responde Poirot-Shakespeare-y ambos sonríen. Yo no se bien de que están hablando y opto por quedarme callada como siempre hacía-Entonces nos vemos a las nueve, Monsieur Le Docteur, Merci-termina mi amiga. El Doctor Kendik se despide de ambas y se aleja a pagar el paquete de comida. Cuando nos quedamos solas yo miro a Poirot con cierta molesta-Vamos, Hastings, quite esa cara…¿Está molesta por algo?

-¿Usted qué cree, Poirot? ¿Piensa que no la vi coquetear con mi maestro?-una risa de ella es la respuesta.

-Mina, Mina querida… de verdad es Usted ingenua y le falta mucho por conocer a los hombres-me dice Poirot y eso me molesta ¿Acaso ella los conocía mejor que yo? ¡Si prácticamente teníamos la misma edad! Aunque ciertamente no sabía yo mucho de su pasado, excepto que era Belga y rica-no estaba coqueteando con Monsieur le Docteur, solo respondía amablemente a sus cumplidos. Su maestro, a pesar de ser un hombre mayor, se conserva bastante mejor que muchos jóvenes que conozco, tiene clase y es educado, pero definitivo no es mi tipo. El día que en verdad me vea coquetear con alguien, creo que morirá de un aneurisma-ríe ella terminando su chocolate. De mala gana acabo también mi café y las dos salimos luego de pagar.

.….O…..

Al día siguiente me levanté cerca de las ocho. Salí de mi habitación al comedor y me encontré con George que limpiaba la sala.

-Buenos días, Miss Hastings-me saluda el mayordomo.

-Buenos días, George, ¿Y su ama?-cuestiono yo.

-Terminando de arreglarse, Miss Hastings. Supe que saldrán a desayunar fuera y sabe que mi Señorita es muy especial con su arreglo personal-dice el y yo sé que no exagera. Otra manía de Poirot era justamente su arreglo personal, más su largo y sedoso cabello negro el cual cuidaba con esmero casi enfermizo.

-¿Lista para irnos, Mon Amie?-me pregunta Poirot saliendo totalmente despampanante en su vestido color lila, sombrero de flores y bastón, con el cabello enredado con listones de diferentes tonos de morado.

-¡Por Dios Poirot! Solo vamos a un desayuno no a un baile a una embajada-me quejo yo.

-La apariencia es importante, Ma Chérie, y Reindert Poirot debe verse impecable siempre. Vamos- Yo salgo con ella y afuera nos espera ya el carro alquilado al cual subimos y mi amiga le da la dirección de mi ex maestro en el barrio de Holborn.

Ella va callada, ocupada en colocarse sus guantes correctamente y yo prefiero entonces disfrutar del paisaje de aquella zona residencia del Sur de Londres, con las casas de la gente adinerada que no se podrían considerar millonarios pero que tenían un nivel de vida que les permitía casa con jardín, reja y una servidumbre moderada. La casa del Doctor Kendrik estaba igual a como la recordaba de hace unos años, con la fachada blanca y la jardinería artística decorando el jardín por el cual entró el carro mostrando arbustos con forma de animales.

Bajamos del carro y un criado nos atendió. Poirot le dijo que habíamos sido invitados por su amo.

-O si, señoritas, el Doctor Kendrik le avisó a la familia que habría invitadas a desayunar. Pasen, por favor-invitó el hombre. Rei y yo entramos en la casa, de elegancia depurada, y fuimos llevadas a una sala lateral donde una doncella vestida correctamente con cofia y traje negro estaba colocando hermosos geranios en un florero al pie de la pintura de una dama-Clotilde, las señoritas son las invitadas del Doctor-comentó este. La joven mucama nos sonrió.

-Bienvenidas, Alb…El Doctor Kendrik seguramente estará en su despacho, le avisaré que han llegado-se inclinó ella y se alejó. Cuando nos quedamos solas noté a Poirot atenta a la imagen de la pintura.

-¿Sabe quien es la mujer de la pintura?-preguntó. Yo asentí.

-Es la difunta esposa del Doctor-respondí.

Trés Interesant! Y la criada, Clotilde, joven y bonita. Seguramente no siempre fue criada. Manos cuidadas y buen gusto en las flores. Simétricas-observó mi amiga-¿Cómo sabe que es la esposa del Doctor?

-Un tiempo, antes de graduarme, trabajé con el Doctor como Enfermera cuando aún atendía en su consultorio aquí mismo en su casa y conocí a su familia, aunque Mrs. Kendrik ya había muerto, supe que esta pintura era de ella-respondo yo. Mi amiga va a preguntar seguramente algo más cuando un grito terrible desgarra la tranquilidad del ambiente. Rei y yo nos miramos y de común acuerdo nos dirigimos al lugar de procedencia de tal grito. Ella corre mas aprisa que yo (y no tengo idea como diablos no tropieza con su vestido o cae por los zapatos altos) y entra por la puerta semiabierta de lo que reconozco como el despacho del Doctor Kendirk. Dentro, pegada a la pared junto a la entrada, se haya la criada joven de hace un momento con la cara desencajada de terror y cubriendo su boca con una mano mientras sobre del escritorio, está mi ex maestro, aun sentado, con los ojos abiertos y como desmayado, una botella de vino, un frasco de medicina y una copa quebrada en el suelo.

-Mina…-me llama Poirot para sacarme de mi asombro y me hace una señal con la cabeza que yo entiendo. Entro en el despacho y trato de tomar el pulso.

-Está Muerto-declaro yo. Otro grito de la mucama acompañado de un lamento y al fin esta cae al suelo desmayada. Yo atravieso la estancia para auxiliarla mientras dos criados acuden al lugar.

-¡Uno de ustedes llame a la policía y otro ayude a Hastings a llevar a la sala a esa pobre mujer!- Indica Poirot. Los dos hombres, aun muy impresionados, asienten y la obedecen. Uno se va y el otro carga a la mujer desmayada en brazos para sacarla de allí-Hastings…quédese…-me pide Rei. Yo asiento.

-Que huela sales, solo es un desmayo-le indico yo al mozo que asiente y sale del lugar con la mujer desmayada. Una vez solas, Poirot camina dentro de la estancia y mira con cuidado el pequeño bote con un polvo blanco al lado de la botella de vino, lo gira sin usar sus manos, solo con el mango de su bastón y puedo leer muy bien de qué sustancia se trata-Cianuro de Potasio-comento yo.

-¡Trés Interesant!-dice Poirot y sigue caminando por el pequeño despacho mirando lo que había sobre el escritorio. Además de la botella de vino, estaba el sacacorchos con el corcho y la basura del papel del sello del vino que había sido quitado, unos cuantos documentos, fotos de familia y el bote de cianuro. Veo a Poirot acercarse y oler el vino destapado pero sin tocar nada y después camina hacia el librero lateral y mira los libros-Un hombre ordenado, Monsieur Le Docteur. Muy ordenado…

-Esto no tiene sentido…¿Por qué lo haría?-me pregunto yo consternada y triste por la muerte de mi maestro y más por la forma como parecía que a todas luces había muerto. Rei no me responde y camina ahora hacia el otro estante, que es una vitrina cerrada con un candado tras la cual hay varias botellas de vino y copas. Las observa por un momento y luego mira las velas apagadas que alumbraban la estancia.

-Eh, Bien. Tenemos que salir y esperar a la policía, Hastings. Y prepárese porque seguramente nos van a interrogar-declara mi amiga. Yo aun consternada asiento, limpio malamente una lágrima que amenazaba con escapar de mis ojos y tanto Rei como yo salimos del despacho cerrando luego la puerta.

…O….

Una hora y media más tarde, el personal de Scotland Yard había invadido la casa del Doctor Kendrik. Poirot y yo esperábamos en la sala, junto con Timothy Kendrik, el hermano de mi maestro un hombre como de 55 años y Teresa Kendrik, la hija mayor, una solterona de peinado alto, gafas y vestida toda de negro quien debía andar por los 40. Vimos como el inspector Japp, un hombre delgado y de barba cerrada, encargado seguramente del caso, terminaba de dar las instrucciones para que sacaran en una camilla el cuerpo cubierto de mi ex maestro. Todos en la sala guardábamos silencio. Yo había dado las condolencias a la familia, y estaba sentada al lado de Teresa, quien me recordaba bien del tiempo que trabajé con su padre; ella presionaba mi mano muy consternada y limpiaba su nariz de vez en cuando con un pañuelo. El hermano menor de mi maestro estaba de pie mirando por la ventana en actitud igualmente abatida mientras Poirot se entretenía vilmente en mirar su imagen en el mango de su bastón mientras acomodaba sus rizos…¡A veces me exaspera como puede ser tan insensible!…

-Señoritas, Caballero. Creo que debo hacer algunas preguntas de rigor-inicia el detective Japp entrando en la sala. Justo en ese momento escuchamos unas voces masculinas en la estancia y de repente entran en el lugar dos hombres vistiendo uniforme de polo, un joven alto de cabello castaño en quien reconozco a Alexander Kendrik, el hijo mayor de mi maestro, y el otro, Paul Kendrik, un chico de no mas de 18 años, su hijo menor. Ambos se acercan consternados a su tío.

-Tío Tim…¿Es verdad?-pregunta con la cara llorosa Paul. El hombre mayor asiente y abraza al chico que llora. Por su parte Alexander se acerca a su hermana mayor y a mí.

-Tess…nos acabamos de enterar. No pudimos venir antes, era día de Polo-se excusa Alexander. Teresa solo solloza mas fuerte y se abraza de mi, yo opto por consolarla pasando mi mano por sus cabellos-Mina…-me llama Alexander colocando su mano en mi hombro-gracias…-yo no puedo evitar sonrojarme ante ese gesto de él…¡Si seré tonta! Pensé que ya estaba superado. Una tos del inspector de Scotland Yard nos saca de ese pequeño coloquio.

-Señoritas, Caballeros, vamos a comenzar. Primeramente reciban mi mas sentido pésame por el fallecimiento de su Padre, hermano y amigo-se inclina el hombre flaco-enseguida les debo informar que según las investigaciones iniciales de mi experimentado equipo, el Doctor Albert Kendrik murió entre las 12:30 y la 1 de la madrugada. Nos hemos dado cuenta de que la botella de vino de la que estaba bebiendo el Doctor Kendrik no contenía veneno, sino vino en estado normal. El Cianuro de Potasio, sin embargo, estaba en los restos de vino que quedaron en la copa luego de romperse.

-Si el veneno solo se detectó en el vino derramado, eso significa que…-inicia Timothy Kendrik, el hermano de mi maestro sin atreverse a decir el final. Japp asiente. Un nuevo sollozo de Teresa acompaña el silencio.

-Todas las pruebas apuntan a que el Doctor Kendirk fue quien puso el veneno en su copa y él mismo la ingirió-responde Japp.

-Un suicidio-comenta Alexander Kendrik y se sienta a mi lado, en el mismo sillón, sujetando su frente con una mano.

-Nosotros tuvimos la culpa…¡Nosotros orillamos a papá a esto!-se exalta el pequeño Paul lloroso. El tío Timothy le pone una mano en el hombro.

-Cálmate, hijo. No fue culpa de nadie-le dice el hombre mayor.

-Eso vamos a averiguarlo ahora mismo-asegura Japp y camina al centro de la estancia-¿Quiénes encontraron el cuerpo?-pregunta este. Yo levanto la mano y los ojillos grises ratoniles del hombre de Scotland Yard se clavan en mí-¿Solo usted?

-Bueno, mi amiga, Miss Poirot y yo acudimos al despacho cuando escuchamos el grito de la mucama-declaro yo. Japp mira a Poirot que ahora se ocupa de inspeccionarse las uñas.

-¿Es eso cierto, Señorita?-le pregunta.

-Oui, Monsieur Le Inspecteur, es cierto-responde ella.

-¿Y la mucama dónde está?-inquiere Japp.

-Indispuesta. Sufrió un desmayo por la impresión-reitero yo.

-Bien, diga su nombre, oficio y motivos para estar en esta casa…-duda el policía cortante mirándome.

-Miss Whillermina Hastings-me identifico yo-Enfermera, y estaba aquí porque el Doctor Kendrik me invitó a desayunar junto con mi amiga, Reindert Poirot. Él fue mi maestro en la escuela de enfermería-respondo yo.

-¿A que hora fue eso?-sigue el inspector Japp.

-No se…alrededor de las…ocho y media…-dudo yo.

-Las ocho con cuarenta y tres –corrige Poirot con una exactitud que asombra. Japp la mira de nuevo.

-¿Y vos, Mademoiselle?

-Bastante cómoda en este sillón, gracias por preguntar, Monsieur Le Inspecteur, aunque mejoraría mucho si alguien me ofreciera una taza de chocolate caliente-le sonríe. Japp la mira furioso.

-¡No era eso lo que preguntaba! ¡Quién es Usted y qué hacía aquí!-se exaspera este. Rei por toda respuesta se lleva la mano a su bolso de tela, saca una tarjeta y la alarga a Japp que la toma con brusquedad clavando sus ojos en ella para después plasmar el mas completo asombro-¿Detective? ¿Usted?

-Y la Mejor de Todo Europa-responde ella. Japp sonríe de lado con burla.

-¿Una mujer detective?-ironiza. Mi amiga belga solo asiente-bien…Mademoiselle…dígannos que encontraron Usted y Miss Hastings cuando entraron.

-Lo mismo que Usted, Monsieur Le Inspecteur. Solo vimos el cuerpo, Hastings comprobó que estaba muerto, sacamos a la mucama desmayada y cerramos con seguro para preservar la escena. Eso se hace en estos casos ¿O hicimos mal?-inquiere ella. Japp la mira dudoso.

-Ya veo-declara. Luego ignora a Poirot y deja la tarjeta que le dio sobre la mesa-bien, Señoritas, caballeros. ¿Alguno de Ustedes sabe de algún motivo que pudiera tener Albert Kendrik para suicidarse?-todos guardan silencio. Timothy Kendrik, el hermano menor de mi maestro es el primero que habla.

-Realmente si puede haber un motivo, inspector Japp-inicia el hombre de anteojos y saca una pipa de su saco-Ayer era cumpleaños de mi hermano y lo celebramos todos juntos en familia a la hora de la comida…pero hubo una pequeña discusión familiar…-entrecortado Tim Kendrik rellena su pipa de tabaco y luego la enciende con un fósforo.

-Comprenderá, inspector, que este tipo de temas familiares son algo delicados y que solo lo hacemos de su conocimiento porque es usted de la policía-completa a mi lado Alexander.

-Bien, Cuenten con toda mi discreción…aunque…-indica Japp mirándonos a mí y a Poirot.

-Por Mina no se preocupe, es una antigua y querida amiga de la familia, y menos aun por Miss Poirot, siendo amiga de Mina le tenemos toda la confianza-habla Teresa ya mas calmada. Japp se encoge de hombros.

-Bien…sigan entonces-ordena.

-Inspector. ¿Que opinaría si le digo que mi padre se pensaba volver a casar?-indica Alexander sacando unos cigarrillos y ofreciendo uno al policía que lo rechaza.

-¿Así que Mr. Kendrik pensaba volver a casarse? ¿A pesar de sus más de 60 años?-cuestiona Japp. Yo misma me asombro de la posibilidad.

-62-corrige Timothy Kendrik fumando ya su pipa-mi hermano había estado soltero desde la muerte de su esposa, la madre de mis sobrinos, hace 10 años. Tuberculosis-añade este-pero de repente tuvo la extraña idea de comprometerse con una de las mucamas, Miss Clotilde Stevenson.

-¿La mucama que lo encontró?-interviene al fin Poirot. Tim Kendrik asiente.

-¿Y cómo veían Ustedes semejante idea?-pregunta Japp.

-Como comprenderá, Inspector, no podíamos aprobarlo-declara Teresa Kendrik a mi lado ajustando sus gafas.

-¡Papá estaba siendo engañado! ¡Esa mujer solo quería su dinero y no era digna de usurpar el lugar de mamá!-salta el joven Paul impetuosamente. Alexander se levanta y calma a su hermano menor, le ofrece un cigarro y este acepta, ambos lo encienden con una práctica lámpara de Döbereiner que saca de su bolsillo.

-Entenderá, Inspector Japp, que era difícil pensar que hubiera verdaderos sentimientos entre un hombre de 62 años y una mujer que acaba de cumplir los 30-reitera Timothy Kendrik sin dejar de fumar su pipa.

-¿Entonces Ustedes sospechan que pudo haber sido por dinero?-indica Japp.

-¡Desde luego que era por dinero, Inspector!-se exalta Teresa a mi lado-ese tipo de mujeres suelen tener siempre el mismo plan, entran a trabajar a casa de un hombre rico y viejo, lo seducen y de repente se vuelven dueñas y señoras de todo-el ambiente estaba siendo algo pesado con tanto humo, así que me levanté del sillón y abrí la ventana quedándome al lado de esta.

-Ayer a la hora de comer, cuando mi Padre nos contó su idea de casarse con Miss Stevenson, fuimos algo duros con él-indica Alexander-le dijimos abiertamente lo que pensábamos incluido el hecho de que ella no lo amaba a él sino a su dinero.

-Y aunque era verdad, papá prefirió defenderla a ella que a nosotros-molesto Paul-Pretendía hacerlo oficial en la cena…

-¿Entiendo con eso que Mr. Kendrik no desistió?-duda Japp.

-Mi hermano no desistió. Tuvimos una muy fuerte discusión, nos negamos a cenar con él si esa mujer estaba a la mesa y lo único que hizo fue salir furioso y dejarnos hablando solos-aclara Timothy Kendrik.

-Mi Padre no quería creer que Miss Stevenson estuviera detrás de su fortuna. Creo que él la amaba sinceramente y le dolió mucho saber nuestra impresión-declara Alexander.

-Nosotros no teníamos idea de que todo acabaría de esta manera…¡Quizá fuimos muy duros con papá!-se exalta el joven Paul. Su hermano pasa un brazo por la espalda de Paul y lo conforta. De verdad Alexander Kendrik seguía siendo el hombre sensible y cariñoso que yo recordaba. De repente, cuando todos estábamos en silencio, se escuchó el sonido de una puerta al ser abierta con brusquedad y apareció ante nosotros una muy llorosa y abatida Clotilde Stevenson.

-¡Todo eso es mentira! ¡Yo jamás estuve tras la fortuna de Albert…yo lo amaba de verdad…!-gritó la joven con lágrimas en los ojos. Entonces vi como Teresa Kendrik se levantaba del sillón y mirándola con dureza la sujetó de un brazo con brusquedad.

-¡Calla, mentirosa! ¡Mi Padre se suicidó por tu culpa!

-¡Es mentira! ¡Fue porque Ustedes se opusieron a nuestro matrimonio! ¡Nos amábamos!-reiteró ella.

-¿Estás diciendo que fue nuestra culpa? ¡Arpía! ¡Él amaba aún a mi madre! ¡Ella era su recuerdo más importante!-Teresa entonces le dio una fuerte bofetada que nos dejó a todos petrificados.

-Tess, ya basta-dijo llegando al lado de la criada, Alexander Kendrik ayudándola a levantarse-en verdad todos fuimos responsables de esa muerte, no debemos seguirnos culpando-asegura él abatido.

-Miss Stevenson. ¿Dónde estuvo anoche?-pregunta Japp. Ella solloza un poco.

-Pues…después de la comida estuve en el jardín, hasta las siete. El señor llegó cerca de las ocho de la noche con un pay que compró fuera. Me indicó que tendríamos dos invitadas en la mañana para el desayuno. Después de dejar el pay me dijo que no cenaría en casa sino que saldría a cenar fuera con unos amigos. Regresó ya cerca de las once, me dijo que me fuera a dormir y que mañana antes del desayuno hablaría conmigo de algo importante y después entró al despacho. El señor siempre iba al despacho a leer y a tomar una copa de vino antes de dormirse. Lo dejé allí alrededor de las once y media de la noche, apague las luces, me fui a mi habitación y dormí hasta esta mañana en que…en que…-declara ella llorando otra vez.

-¿Alguien puede comprobar eso?-duda Japp.

-Puede preguntar al servicio, ellos me vieron en el edificio de servidumbre, o a Anette, la doncella con quien comparto habitación-asegura la sirvienta.

-Lo haré, Miss Stevenson, lo haré-casi amenaza Japp-¿Alguien cerró anoche la puerta de la casa?

-Lo hice yo, inspector. Siempre a las doce en punto me hago cargo de cerrar-habla el hermano de mi maestro-me lo pidió Albert desde que vine a vivir aquí.

-Bien, señoritas, caballeros, creo que de momento no hay mas preguntas. Todo parece indicar que Mr. Albert Kendrik se suicidó con Cianuro de Potasio, aunque no se puede descartar nada hasta tener el parte oficial y cuando acabe de investigar las coartadas de la mucama-declara Japp-lamento mucho su pérdida, les informaré si hay alguna otra novedad.

-Inspector-habla Alexander-¿Le molestaría mucho dar esa declaración a la prensa? Sabe, papá era un médico reconocido, muchos de los principales políticos ingleses se atendían con él en nuestro consultorio de Covent Garden y seguramente esto trascenderá. Tendremos que afrontar el escándalo, así que convendría tener el respaldo de un inspector de Scotland Yard.

-Cuente conmigo, Mr. Kendrik-declara Japp-ahora si me disculpan, veré de agilizar los trámites legales para que puedan disponer del cuerpo.

-Le acompaño, inspector-se ofrece Timothy Kendrik y sale con Japp. Una vez que estamos solas, veo a Teresa Kendrik llegar frente a la mucama.

-Espero tengas algo de dignidad y te vayas de esta casa antes de que te saquemos a patadas-le dice con dureza. La joven llorosa no responde nada y solo sale de la estancia.

-Mina…-dice la voz de Alexander Kendrik poniendo su mano en mi brazo-siento mucho haberte vuelto a ver en estas condiciones.

-No te preocupes, Alex-le digo yo usando el nombre cariñoso de antes-siento mucho lo del Maestro. Lo mejor es retirarnos, Ustedes necesitan estar a solas.

-¿Dónde te puedo localizar?-me dice él algo ansioso.

-Estoy con mi amiga, Miss Poirot, en un apartamento en el 345 de Knightsbridge en St. James-le digo yo-vendré al sepelio.

-Gracias-termina Alexander y toma mi mano besando el dorso. Un momento nos miramos los dos hasta que escucho a Poirot tosiendo tras de mí.

-Hastings, es hora de irnos-me dice, yo asiento-mis condolencias, Miss Kendrik, señores Kendrik-acaba ella y tomándome del brazo salimos del lugar. Un criado nos abre la puerta-¡Al fin! el humo maltrata mucho mi cabello, además casi me río a carcajadas, las escenas de novela me hacen mucha gracia…

-¿Escenas de novela?-la cuestiono yo algo ofendida.

-Oui, Mon Amie. ¿No lo notó? ¡Pero si tenía todos los elementos! La joven sirvienta enamorada del señor millonario de edad, el hecho de ser una viuda negra que solo va por la fortuna, la hija solterona dándole la bofetada…¡MON DIEU! Y la cereza del pastel, el joven y atractivo hijo mayor coqueteando con la ex enfermera de su padre-al escucharla decir eso me sonrojo violentamente.

-¿Pero que cosas está pensando?

-Muchas, pero usted no alcanzaría a entenderlas. Por lo pronto no me negaría que tiene especial simpatía por Alexander Kendrik. ¿O me equivoco?...¿Cuándo se enamoró de él?-me pregunta.

-Poirot, de verdad a veces su impertinencia no tiene límites-le respondo yo molesta y es entonces que me doy cuenta de a donde vamos. No salimos hacia donde nos espera el carro de alquiler, sino que estamos rodeando la mansión Kendrik hacia la parte de los jardines de atrás-¿A dónde me lleva?

-Quiero ver algo-declara Rei y al llegar al patio trasero, se asoma por la ventana y trata de abrirla pero está cerrada por dentro-este es el despacho de su ex maestro-luego mira hacia la casa colindante-creo que haremos una visita a esa casa, seguro los vecinos verían algo interesante y…¡Merde! –maldice en francés.-Por culpa de la lluvia de ayer, esto está muy lodoso, se arruinará mi vestido y mis zapatos.

-Poirot…¿Qué espera encontrar aquí?-le pregunto yo cuando vamos saliendo del jardín trasero ahora por el lado opuesto al que entramos, rodeando la mansión.

-Cosas importantes, Ma Chérie-acaba ella. De regreso pasamos por un pequeño edificio que seguramente eran los departamentos de la servidumbre, y vemos a la joven Clotilde Stevenson llorando junto al muro. Veo a Poirot acercarse y poner su mano en el hombro de esta. La joven se sobresalta y la mira.

-Mademoiselle…disculpe…yo…yo…

-No explique nada, Ma Chérie. Es difícil perder a la persona que amamos-le responde Poirot en un tono tan sincero y sentido que me asombra. Le alarga un pañuelo para que seque sus lágrimas.

-Me cuesta mucho trabajo pensar que Albert…-se suelta la joven empleada.

-¿No cree que tuviera motivos?-duda mi amiga. La joven niega con la cabeza.

-Estábamos enamorados de verdad, él estaba muy seguro de que su familia iba a aceptar lo nuestro. Yo no quería su dinero, me negué a que me incluyera en su testamento o lo cambiara. Le dije que era mejor así, y que sería más fácil que ellos comprendieran que nos amábamos de verdad si yo no aceptaba eso. Acordamos no mostrar nuestros sentimientos en la casa hasta que él hablara con su familia-dice la joven.

-Miss Stevenson. ¿Sabe a dónde fue a cenar anoche el Doctor?-pregunta Poirot.

-Si claro. Fue al restaurante "Baker Dream" en el centro para cenar. Era su lugar favorito, siempre pedía el estofado a la mostaza-recuerda la joven.

-¿Por qué no se quedaría a cenar en casa?-duda Poirot.

-Porque los señoritos, la señorita Teresa y Mr. Tim dejaron un recado diciendo que no vendrían, y no quería cenar solo. No podía cenar conmigo hasta que fuera oficial el compromiso para no dar lugar a habladurías…

-Merci. No se desespere, Miss Stevenson, tenga mi tarjeta y venga a verme, intentaré encontrarle una colocación más de acuerdo a sus habilidades-le ofrece Poirot. La mujer aun llorosa asiente algo asombrada.

-Gracias Mademoiselle Poirot-asegura esta y entra en las habitaciones de servidumbre. Yo me acerco a Poirot.

-¿Qué hace ahora?

-Reunir datos, Mon Amie. Reunir datos-asegura ella y seguimos caminando hasta llegar a la parte delantera de la casa donde espera el cochero que nos ayuda a entrar en el coche.

-A casa-ordena Poirot al cochero. Yo muevo la cabeza negativamente.

-No sé que datos pueda querer reunir. Por mucho que me duela, queda muy claro que Albert Kendrik se suicidó-le digo yo.

-Oui, Ma Chérie, mucho muy claro. Demasiado claro. Tan claro que es sospechoso…quizá si no hubieran insistido tanto en…pero…¡Eh, Bien!...ahora a ordenarlo todo-me responde ella. Yo mejor no comento más, aun estaba muy triste por el Doctor Kendirk.

…..O…..

Al día siguiente, ambas fuimos a presentar nuestros respetos al pequeño sepelio que se realizó en la casa Kendrik. En verdad las palabras de Poirot ayer me parecieron demasiado extrañas y curiosamente no volvió a tocar el tema del suicidio para nada. A la reunión habían asistido efectivamente muchas personas importantes de la política y el mundo médico que conocían a mi maestro y tal como dijo Alexander, esa mañana el entrar a la casa era un verdadero problema pues los reporteros trataban por todos los medios de conseguir fotografías. Poirot me había enseñado antes los titulares del "Times" y otros diarios londinenses en que el suicidio del Doctor Kendrik era la primera plana.

Yo había estado desde que llegué con Alexander, quien parecía muy abatido y no me soltaba de la mano. Alcancé a ver mi amiga belga saludar a un hombre elegante de largo cabello canoso sujeto en una coleta que llegó junto con el inspector Japp. Rei y ese hombre se saludaron muy efusivamente y conversaron lago rato. Alexander me dijo que ese hombre era Arthemius Hardwicke, el comisionado de Scotland Yard. De repente, cuando fui por algo de café, me di cuenta de que Poirot había desaparecido. La dejé de ver por algo más de una hora y después, preocupada por no verla, salí al jardín de la casa y caminé un poco. Al no encontrarla recordé su repentino interés ayer por Miss Stevenson y regresé por la parte trasera. Cuando doblé la esquina me quedé asombrada de ver a Reindert hablando con un hombre extraño, vestido de gris, muy bajo y con una cara ratonil que era difícil olvidar…¿Por qué Poirot tendría tratos con ese tipo? Aunque no entendía todo lo que él decía, porque hablaba en una mezcla rara de francés y holandés con algunas pocas cosas en inglés, si entendí a Poirot que le respondía en francés.

-…Y llévalos a mi casa esta noche, espero que tus servicios sean buenos y te ganes mi confianza.

-Oui..Oui…Zijne Majesteit…Goby le llevará todos esos "Papieren" en la noche. Puede confiar en Goby-responde el tipo.

-Eso espero. Depende de como sea tu trabajo decidiré si eres útil o no-acaba ella. El tipo se inclina y se aleja saltando de una forma demasiado reptilezca para ser humana por la reja que da a la casa de al lado.

-Hastings, ya salga de allí- habla Poirot mirándome asomada en la esquina.

-¿Desde cuando tiene tratos con ese tipo? ¿Qué no sabe que es un delincuente?-la reclamo yo.

-Mi definición de delincuente y la suya son muy diferentes, Mon Amie. Goby es solo un pillo, y uno talentoso. Nos viene siguiendo desde hace un mes e insiste en que quiere pagar su deuda conmigo y puede serme útil. Déjeme ver si dice la verdad-responde mi amiga.

-¿Sigue empeñada en que la muerte de Kendrik fue homicidio?-la cuestiono yo.

-Oui-responde ella-estuve investigando algunas cosas en la casa de al lado, pero aun me faltan detalles, así que si quiere hacerme un favor y a su maestro, trate de averiguar con su "Amado Alex" los términos del testamento del Doctor-me pide ella.

-¡Yo no puedo hacer eso, Poirot! ¿Cómo cree que sería tan imprudente como para preguntarle eso a Alex en este momento?

-Intente, intente. Así sea para desmentirme, eso le gustaría mucho ¿No? Bien, entonces busque como quitarme de la cabeza que esto fue asesinato, es más, quíteme de la cabeza que su lindo Alexander Kendrik está involucrado-acaba ella y regresa adentro.

-¡Poirot!-la detengo yo del brazo muy molesta por lo que ha dicho-¡Creo que ya es bastante de sus insinuaciones e impertinencias! Sé que dentro de Usted le gustaría que fuera homicidio en lugar de suicidio, sé que está buscando un caso importante para comenzar a destacar en Londres, pero debe aceptar que la gran capital inglesa no es tan fácilmente impresionable como los Países Bajos, en donde es usted mas conocida que el queso. Aquí nadie la conoce, y de verdad me parece de muy mal gusto que se empeñe en ver cosas donde no las hay solo para impresionar a Scotland Yard-afirmo yo. Ella me sonríe.

-Ya le dije, Ma Cherie, desmiéntame, y no se enoje así o su lindo Alex la verá descompuesta. Estaré adentro conversando con Arty-acaba ella. Yo realmente estaba molesta con Poirot y otro poco conmigo misma. ¿Cómo se atrevía a culpar a Alexander de la muerte de su Padre? Pero tenía que aceptar que luego de ver a Reindert Poirot resolver casos más difíciles que este me aterraba un poco que tuviera razón.

…..O…..

Regresamos del sepelio cerca de las seis de la tarde, íbamos en el carro en silencio. Era la primera vez desde que conocí a Reindert que nos peleábamos de esa manera. Ella podía ser irritante pero al fin era la única que me había tendido la mano cuando mas lo necesitaba y no me gustaba estar así. La conozco bien y sé que ella no se disculparía así que debía comenzar yo.

-Averigüé lo del testamento-rompo yo el silencio.

Trés Bien! ¿Algo que compartir?-me invita ella.

-Creo que no le gustará saberlo, pero el testamento de Albert Kendrik es muy equitativo. Deja una suma considerable a cada uno de sus hijos y a su hermano. La casa para Teresa, las acciones y el consultorio para Alexander, una cuenta de banco al joven Paul y la casa de campo a Timothy. Como ve no hay razón alguna para que uno de ellos, menos Alex, quisiera matarlo.

-No menciona para nada a Miss Stevenson…interesante…Dígame, Mina. ¿Quién de la familia podría tener acceso al Cianuro de Potasio o saber sus usos médicos?-yo la miro molesta-no me vea así, solo quiero reducir sospechosos…

-Todos. Teresa aunque no tiene una carrera siempre ayudó a su padre y sabe del uso de la sustancia, Alexander es médico, Paul estudia medicina y Mr. Timothy es veterinario-reitero yo.

-Ya veo. Parece que después de todo tenía Usted razón, Hastings. No hay motivo. ¿Verdad?

-¿Se rindió? No lo creo-dudo yo que conozco el empeño de mi amiga para destacar.

-No me rendí. Solo termino de usar mis células grises. Escuche esto, Hastings. Reindert B.C. Poirot va a conquistar Inglaterra primero que Napoleón, y no sobre falsedades, sino sobre cosas reales-declara ella-Yo siempre consigo lo que quiero. De momento despreocúpese de mi fama, y para festejar que nos hemos contentado, la invito a la cafetería que nos sugirió Miss Stevenson ayer ¿Le parece?

-¿De verdad cree que ella lo amaba?-la interrogo yo volviendo al tema de la mucama.

-Oui. Ella lo amaba-declara segura.

-¿Y como sabe eso? ¿No podía estar fingiendo?

-Decididamente si. Pudo hacerlo cuando estaba delante de la familia o del bruto ese de Japp para impresionar, pero dígame, en la soledad del jardín y cuando nadie la miraba, ¿Qué necesidad tenía de llorar así?-lanza Poirot-tampoco es posible que ella lo haya matado, no figura en el testamento ni ganaba nada con su muerte, además la pobre chica se ha quedado sin trabajo. Si fuera la viuda negra que pinta su solterona cuñada, habría esperado a matar a Kendirk luego de la boda. No, Hastings, ella no tiene nada que ver. Mas bien es una víctima- Yo me quedo callada. Odio admitirlo pero a veces ella tiene razón. Llegamos a la cafetería de ayer y Poirot esta vez no buscó una mesa sino que se dirigió directo al mostrador hablando con una señora regordeta que estaba batiendo algo de olor penetrante a especias en un recipiente.

-Disculpe Madame. ¿Es Usted la dueña de este hermoso restaurante?-pregunta Poirot con tono zalamero. Veo a la mujer obesa sonreír y acercarse. Siempre le resulta eso…

-Así es, Mademoiselle… Laura Larsson a sus órdenes. ¿Algo especial que desee comer? No siempre tenemos visitantes extranjeros o tan distinguidos…

-C'est très gentil de votre part, Madame Larsson, en verdad quería preguntarle por uno de sus clientes. El Doctor Albert Kendrik. Antier estuvo aquí dos veces. Por la tarde y por la noche. ¿Lo recuerda?-la mujer se queda pensativa un poco.

-Si claro, claro, el Dr. Kendrik era un aficionado de mis pasteles. Es una pena lo que le pasó, leí el diario…¡pobre hombre!...¿Son de la policía?-duda ella. Poirot le alarga una tarjeta y la mujer la lee algo asombrada-¿Detective?

-Así es Madame Larsson. Investigo por cuenta de la familia Kendrik. Me sería de ayuda que me dijera lo que supiera sobre el Doctor, o si lo vio extraño ese día.

-Pues verá, Miss Poirot…Estuvo por la tarde y pidió un pay para llevar. Es curioso, por la tarde estaba tan feliz, pero por la noche…

-¿Por la noche qué pasó?-pregunta Rei inquisitiva.

-Por la noche él llegó y pidió lo de siempre, su favorito, Estofado a la mostaza-responde la mujer-es la especialidad aquí, aunque recientemente cambiamos de cocinera, Gertrud se fue a Francia y he tenido que estar yo misma preparando la mostaza al menos hasta que consigamos a otra-indica y muestra al fin lo que estaba batiendo con una cuchara-entonces luego de que le servimos su platillo, cuando fui a ver si todo estaba bien…el Doctor estaba…él estaba…llorando…-dice bajando la voz la mujer.

-¿Llorando?-pregunto yo interesada.

-Si. Llorando. Ni siquiera acabó su cena, pagó y salió llorando de aquí-termina la mujer.

-Ya veo. ¿Algo más que a su juicio sea importante?

-Nada más, Mademoiselle. Creo que era todo. ¿Voy a servirles algo?

-Claro. Será empacado para llevar. Salmón a la naranja, manzanas al horno, pudín de chocolate y…claro…Estofado a la mostaza-pide Poirot. Los ojos de la dueña se iluminan ante esta petición y rápidamente nos la da.

Momentos mas tarde llegamos a nuestro piso en St. James con la cena lista. George nos recibe a las dos con su corrección acostumbrada.

-Bienvenidas, Señorita, Miss Hastings-dice el mayordomo-supongo vendrán algo cansadas, la cena está casi lista tal como indicó-informa el mayordomo. Yo miro a Poirot desconcertada de que le haya pedido a George preparar cena cuando acabamos de traer de la calle una dotación como para un regimiento.

Trés Bien, George! Esperamos en el comedor entonces porque de verdad venimos hambrientas. La comida de los sepelios siempre es muy mala-acaba Poirot quietándose el sombrero y dejando el bastón en la entrada. Yo que llevo los paquetes de la cena que compramos, los dejo sobre la mesa.

-¿Me dirá ya qué comportamiento extraño es ese, Poirot? ¿Por qué le dejó encargada a George la cena si compramos en la calle?

-Todo es parte de mi investigación, Ma Chérie-añade ella y se acerca a la pequeña cava donde toma un vino nuevo. Eso también era raro. Reindert Poirot no era muy afecta al vino.

-Insisto en que está Usted tomando las cosas como no son. Ha visto los diarios, ha escuchado a Japp. Todo indica que el Doctor se suicidó. Incluso la investigación sobre el testamento y lo que nos contó la dueña del restaurante confirman todo. Albert Kendrik estaba abatido luego de haber hablado con su familia sobre su futura boda, no soportó ese rechazo ni tampoco que le dijeran que Miss Stevenson lo amaba solo por dinero. Mrs Larsson lo vio llorando, regresó a casa muy triste, despidió a Miss Stevenson sin levantar sospechas, entró a su despacho y se quitó la vida-concluyo yo. Poirot se sienta en la cabecera de la mesa y deja la botella de vino sobre esta.

-Si. Ya lo sé. Todo Londres cree que fue un suicidio, pero yo, Reindert Poirot, la mente mas brillante de Europa, soy alguien muy difícil de engañar, Mon Amie-concluye y me mira con sus penetrantes ojos morados-y yo sé la verdad. Estoy segura de que usted también la sabría si dejara de ser tan crédula y enamoradiza y pensara con claridad.

-¿Sigue empeñada en culpar a Alex?-inquiero molesta.

-Verá, Hastings. Desde que presenciamos el interrogatorio de Japp estuve casi segura de que esto era homicidio, pero me faltaban pequeñas pruebas para acabar de construir con Orden y Método los pensamientos del asesino. Reunimos una parte ayer, acabé de reunirla hoy que encontré al principal testigo y terminamos con la mujer del restaurante. Las tres pruebas finales serán esta cena, un brindis y los papeles que consiga Goby. Verá que cuando le diga cuan sencilla es la explicación a la muerte de Monsieur Le Docteur, incluso alguien como Usted, podrá entenderlo-me dice con autosuficiencia que me molesta-de hecho es una deducción tan sencilla que hasta el pequeño niño de seis años que entrevisté esta tarde podría entender…

-¿Quiere explicarse de una vez y dejar de hablar en clave? Si sabía esa supuesta verdad que dice ¿Por qué no la dijo antes a la policía y evitó que publicaran el suicidio en los periódicos?

-Por dos cosas, Mon Amie. Primero porque como le dije me faltaban datos, y segundo porque mi intensión al venir aquí es crearme un nombre y fama en Londres y este caso perdería el efecto que deseo si hubiera dicho la verdad en ese momento-acaba ella tomando ahora el sacacorchos y dos copas del estante-ahora, la pregunta es, Hastings, si quiere saber la verdad, o prefiere enterarse por los diarios el día de mañana-yo dudo un poco.

-Bien. Dígame esa "Verdad" de que tanto presume-cedo yo al fin, incapaz de contener mi curiosidad por todo lo que mi amiga había observado. La veo sentarse y me invita a hacerlo igualmente. Yo accedo.

-Comenzaré diciéndole que en el momento que desaparecí del sepelio, salí de la casa Kendrik y fui a hacer algunas indagaciones a la casa de al lado, que curiosamente tiene un letrero de venta. Fingí estar interesada en la casa y gracias a mi apariencia impecable creyeron que de verdad lo estaba y me hicieron pasar. El dueño de la casa me atendió y me mostró las habitaciones. Es un diplomático viudo que será transferido a España y quiere vender la propiedad. Me enteré que la habitación que está justo frente al despacho de Kendrik es el cuarto de su hijo, el pequeño Stuart, así que mientras el dueño de la casa iba por algo de té para invitarme, hablé con el pequeño. Le pregunté si había visto u oído algo extraño el día que llovió por la noche y su respuesta fue clave para todo esto.

-¿Me dirá que se fía del testimonio de un niño?-dudo yo.

-Oui, Ma Chéri. Oui. Los niños siempre dicen la verdad-me reitera ella.

-¿Y qué vio su testigo estrella? ¿Al asesino que salía por la ventana?

-Más interesante. Vio una bola de fuego-comenta Poirot. Yo la miro desconcertada-El pequeño recuerda que el aire abrió su ventana por la lluvia, se levantó a cerrarla y vio una bola de fuego en la casa de enfrente. Una bola de fuego que se movía por las cortinas.

-¿Y Usted cree esa fantasía?

-Oui, Ma Chérie.Creo en ella y me parece el testimonio más fiable en este caso.

-Bueno, Dígame de una vez cómo dicen sus fantasías infantiles de bolas de fuego que asesinaron a mi maestro-insisto yo. George llega en ese momento con la vajilla y comienza diligente a poner la mesa para dos con toda elegancia.

-Muy fácil, Hastings. Estoy segura de que el culpable envenenó la botella de vino del doctor Kendrik mientras él salió a cenar fuera, la dejó encima del escritorio como si fuera un regalo de cumpleaños e incluyó una tarjeta. El Doctor llegó por la noche, luego de la cena, entró a su despacho, leyó la tarjeta y mientras leía, abrió la botella, sirvió el vino envenenado en su copa, bebió y murió. Como ya era noche, el culpable entró en el despacho de nuevo, apagó las velas, cambió la botella envenenada por una normal guardó el libro que Kendrik leía y dejó el frasco de Cianuro de Potasio sobre el escritorio, buscó la tarjeta incriminatoria y después salió de la habitación. Esa es la verdad de este caso-declara Poirot. Yo la miro incrédula.

-Parece muy segura, Poirot, pero creo que esta vez sus "Células Grises" han fallado. ¿Cómo pudo el asesino poner el veneno dentro de la botella? Kendrik se pudo dar cuenta si el corcho estaba removido-le digo yo.

-Muy fácil, Hastings. El asesino inyectó el veneno a través del corcho dentro de la botella usando una jeringa. Considerando la formación médica de toda la familia y lo soluble del cianuro de potasio no me parece difícil-responde ella mientras George desempaca la comida que compramos y la coloca en platos. Yo suelto una carcajada.

-¡Muy imaginativa su respuesta, Poirot! Usted Puede saber mucho de ciertos temas pero de vinos no sabe nada-aseguro yo tomando la botella nueva de vino tinto que dejó sobre la mesa ella misma y mostrándosela- Aquí tiene, el vino está cubierto por una banda y una capucha de metal con el sello del fabricante. Una aguja no podría penetrarla, además en el escritorio vimos señales inequívocas de que Kendirk mismo desprendió el sello.

-¡O ya veo!…entonces mi razonamiento…-dice ella consternada. Yo sonrío, ¡Al fin me había tocado ganarle a Poirot una vez! Delante de ella quito el sello y retiro la tapa metálica, luego tomo el sacacorchos y destapo la botella. Sirvo en las dos copas-no se desanime, Poirot, después de todo hasta "La mejor Detective del Mundo"- ironizo yo-se puede equivocar a veces…¡Salud!-añado y bebo el vino, pero al momento hago un gesto de desagrado…-¿Qué demonios?...-una carcajada de Poirot es la respuesta.

-¿Ya ve que no es imposible? Ayer inyecté algo de vinagre al vino usando el mismo truco que usó el asesino de Kendrik. Mire bien la cobertura de metal-me indica ella tomándola de la mesa y mostrando con su uña dos agujeros pequeños en esta-son dos pequeños ventiladores de aire que ayudan en el proceso de fermentación del vino. La mayoría de vinos caros en el mercado tienen esos agujeros, así que es muy fácil como ha visto, inyectar algo dentro sin que haya sospecha-yo me quedo en silencio y ella hace una seña a George que se lleve el vino con vinagre y las copas para después descorchar otro en buen estado delante de nosotras y servirnos.

-Aun con ello, Poirot…¿Cómo explica entonces el estado depresivo de Kendrik? La discusión con su familia, el hecho de salir a cenar fuera cuando ellos se negaron a estar presentes en la cena y mas que todo las lágrimas que derramó en el restaurante de Covent Garden-sigo yo.

-Esas lágrimas no eran lágrimas de tristeza, Ma Chérie-asegura Poirot y de nuevo hace una seña a George que acerca en el carro los dos estofados a la mostaza.-Allí tiene el estofado a la mostaza de George, en el plato de porcelana blanca, y el estofado a la mostaza del Madame Larsson en el plato de metal. Pruebe primero el de George, Mon Amie-invita Poirot. Yo tomo el tenedor y como la carne aderezada del mayordomo de mi amiga, que como siempre, tenía un sabor delicioso-¿Nada mal he?-sigue Poirot-ahora coma el de Madame Larsson…-yo lo hago y al momento el sabor picante inunda mi garganta, toso y debo beber el vaso con agua que me alarga George para calmar el ardor.

-¡Esto pica demasiado!...-luego limpio las lágrimas involuntarias que acuden a mis ojos y entiendo todo. Miro a Poirot que sonríe ampliamente.

-George, haga favor de decirle a Hastings cuan delicado es preparar mostaza-invita ella.

-La Señorita tiene razón, Miss Hastings. Solo cocineros experimentados podemos darle el toque preciso para que quede en el punto exacto sin que se pase de condimentos.

-Ahora llévese ese estofado mal cocinado y sírvanos del suyo ¿O prefiere salmón?-me dice Poirot.

-Lo que sea…ahora dígame cómo demonios supo-invito yo mas interesada en los razonamientos de Rei que en la cena.

-Por el olor de la mostaza cuando Madame Larsson la estaba batiendo. Mi abuela adora este platillo y por lo delicado de su salud estomacal, George es quien siempre lo prepara pues es experto en darle el toque preciso a la mostaza. Cuando la mujer del restaurante comentó que la cocinera anterior se había marchado y ahora ella preparaba la especialidad mientras conseguía otra, tuve la idea de que quizá las lágrimas que Madame Larsson vio del Doctor por la noche no fueron de tristeza, sino por lo picante del estofado mal condimentado. Por eso cuando la mujer se acercó a preguntarle qué pasaba, este únicamente pagó y salió de allí llorando. Un caballero sin duda.

-¿Entonces Usted cree que él no estaba deprimido porque su familia rechazó su matrimonio?

-Todo lo contrario, Ma Chérie-indica Poirot-recuerde cuando encontramos por la tarde a su maestro en el restaurante, ¿Lucía como un hombre abatido, o triste?

-En verdad no. Se veía de muy buen humor.

-¿En que momento dijo la familia Kendrik que fue la discusión con él?-me pregunta Poirot.

-A la hora de la comida-reitero yo recordando lo que habían dicho los Kendrik al inspector Japp.

-Allí lo tiene, Nosotras vimos a Kendrik a las cinco y media de la tarde, ya pasada la hora de comida, de muy buen humor y comprando un pay. No daba mucha impresión de estar deprimido ni de venir de una devastadora discusión con su familia, además recuerde que nos invitó a desayunar. Aun recuerdo las palabras que usó, dijo: "Estamos festejando dos felices acontecimientos y espero compartan esa felicidad con nosotros…" ¿Qué le parece que eran esos dos acontecimientos?

-Uno seguramente su cumpleaños. Y el segundo…quizá…-dudo yo.

-Oui, Ma Chérie, Oui. ¡El segundo era su compromiso con Miss Stevenson! La familia no se opuso, no señor, sino que por el contrario estuvieron de acuerdo. Presumo que Kendrik pensaba dar la noticia a toda la servidumbre, la familia y a nosotras en el desayuno.

-¿Entonces por qué la familia Kendrik dejaría dicho que no irían a cenar con su Padre ese día?-insisto yo.

-Porque el asesino necesitaba que Kendrik saliera para poder dejar la botella envenenada en el despacho con la tarjeta, y conociendo sus costumbres sabía a donde iba a cenar siempre que no estaba con ellos, así como también sabía que regresaría a beber vino y a leer a su despacho hasta tarde.

-¿Y lo que dijo su testigo estrella? La bola de fuego…-tanto Poirot como yo seguimos cenando mientras hablamos.

-Eso corrobora mi teoría. Kendrik debió morir alrededor de las 12 y 12:30 de la noche. En ese momento no había mas servidumbre y la puerta de la casa estaba cerrada por dentro, como bien dijo Mr. Timothy él cerró, así que Miss Stevenson no pudo ser, ya estaba fuera de la casa. El asesino está entre los que se quedaron dentro. Entró en el despacho después de que se escuchó que la copa se quebraba, apagó las velas…¿Recuerda que estas no estaban consumidas sino casi nuevas?-yo asiento-Si hubiera muerto y nadie mas hubiese entrado en el despacho, las hubieran dejado encendidas y por lógica habrían estado consumidas cuando lo encontramos. Como le decía, apagó las velas para mayor sigilo, usó otro tipo de luz para alumbrarse, cambió las botellas, quitó el libro, lo guardó en el librero y dejó el frasco de cianuro.

-¿Otro tipo de luz?…no pudo ser un fósforo porque se consume rápido…el niño no lo habría descrito como una bola de fuego…entonces…¡La lámpara de Döbereiner!-deduzco yo dejando de comer aterrada al entender las sospechas hacia Alexander. Él tenía un encendedor de ese tipo.

-Siento mucho esto, Hastings. Sé que estaba muy ilusionada con el joven Alexander…

-¿Y por qué el niño de la casa de al lado dijo que la bola de fuego se movía de un lado a otro?-dudo yo.

-Muy sencillo. El asesino no contaba con que no encontraría la tarjeta de felicitación, que era una de las pruebas que lo inculpaban; buscó la tarjeta pero no la encontró, estuvo buscando un poco hasta que el metal de la lámpara de Döbereiner se calentó tanto que le quemó el dedo y el asesino decidió irse dejando todo como estaba.

-Alexander no tiene quemado ningún dedo. He visto sus manos detenidamente en el sepelio-indico yo.

-Él no, pero Paul Kendrik sí-declara Poirot.

-¡Entonces él es el asesino!-salto yo aliviada-¿Y porqué no encontrarían la tarjeta incriminatoria?

-Muy sencillo. Esa noche hacía mucho viento. Llovió cerca de las 12:30 de la noche. El Doctor leía con la ventana abierta antes de beber de la botella envenenada porque como recuerda, hacía mucho calor, pero cuando Kendrik sintió las primeras gotas de lluvia entrando por la ventana, quiso levantarse a cerrarla, entonces ¿Qué es lo que hace cualquier persona para no perder su lectura?

-Poner un marcador…

-Así es, Ma Chérie. Poner un marcador. ¿Y qué tenía más a la mano el Doctor?

-¡La tarjeta de regalo!-grito yo. Poirot aplaude y no se si es en son de burla o de forma seria.

Trés Bien Mon Amie! Así es. De modo que la tarjeta incriminatoria aún está en el librero del Doctor Kendrik dentro del libro que estaba leyendo.

-¿Y usted sabe cual es ese libro?

-Oui, Ma Chérie. Reindert B. C. Poirot lo sabe todo-dice con orgullo.

-Entonces debemos ir y descubrir al asesino-me exalto yo-quien haya dejado ese regalo para el Doctor Kendrik es el asesino y su nombre estará en esa tarjeta…

-Lo haremos, Hastings, pero primero terminemos de cenar porque debemos regresar a la casa Kendrik en cuanto nos vengan a buscar-indica ella. Yo me quedo en silencio, tratando de asimilar todo lo que me ha dicho Poirot y acabo la cena sin demasiado apetito. Justo cuando terminamos alguien llama a la puerta. George acude a abrir y luego entra en el comedor con alguien más.

-El Inspector Japp-anuncia. Veo aparecer al policía en la casa con un gesto de molestia evidente. Las dos nos levantamos de la mesa.

-Monsieur Le Inspecteur. Me alega verle-saluda Poirot.

-Mi jefe, Mr. Hardwicke, me ha ordenado que le acompañe, Miss Poirot-dice arrastrando entre dientes las palabras, se nota que no le hace gracia.

-Bien, es hora de irnos. Vamos Hastings-me dice tomando su bastón. Salimos las dos hacia la calle y dos carros de la policía nos esperan. Antes de subir veo al pequeño y ratonil holandés acercarse a mi amiga y darle unos documentos en una carpeta de cuero. Japp la espera y la ayuda a subir, sube él después. Dentro veo a Poirot revisar los papeles y sonreír. Decido no preguntar nada más y sigo dando vueltas en mi cabeza a todo aquello…parecía razonable, lógico pero...¿Entonces quién era el asesino?

Llegamos a la casa de Kendrik y en cuanto nos abren la puerta, Poirot entra como si fuera su casa directo al despacho. El pobre servidor intenta detenerla pero no lo logra. Japp y yo la seguimos. Ella abre la puerta del despacho y camina hacia el librero mirando con atención los libros. En un momento se escuchan pasos y voces y los tres hijos de Albert Kendrik entran en el lugar, al igual que Timothy Kendrik.

-¿Inspector Japp? ¿Mina?-duda Alexander Kendrik al vernos.

-Lo sentimos, señores, señorita Kendrik, pero tengo una orden para registrar esta habitación-añade Japp alargando el documento oficial a Timothy Kendrik que lo lee y luego lo pasa a sus sobrinos. Todos nos miran extrañados.

-¿Pero qué no terminó ya la investigación oficial?-duda Teresa Kendrik.

-Así era, pero tenemos motivos pasa creer que su Padre no se suicidó sino que fue asesinado- Añade el inspector.

-¡Eso es ridículo!-opina Paul, el menor de los Kendrik. Veo a Poirot señalar el volumen de Shakespeare de "Ricardo III" que está de cabeza entre los ordenados libros del librero.

-Aquí lo tienen, Hastings, Japp. Un hombre ordenado jamás guardaría un libro al revés, a no ser claro que no haya sido Albert Kendrik quien lo guardó aquí, sino el asesino. ¡Grave error! Seguramente ese asesino jamás pensó que Reindert Poirot, la mente mas brillante de Europa, descubriría ese detalle, y más aún, a ese tonto asesino en su prisa por salir de la escena del crimen luego de cambiar la botella envenenada por la normal, nunca se le ocurrió buscar la tarjeta incriminatoria en este lugar-añade ella y hojea el libro extrayendo el pequeño sobre de papel. Yo miro a los tres hombres y a Teresa Kendrik y los cuatro están terriblemente aterrorizados. Paseo mi vista por sus rostros…¿Quién era el asesino? ¿Alexander? ¿El pequeño Paul? (efectivamente tiene un parche poroso en su dedo pulgar derecho) ¿Mr. Tim?...¿Teresa?...Veo a Poirot abrir el sobre y extraer el papel de dentro mirándolo con una sonrisa-Como lo pensé desde el inicio…-luego lo alarga a Japp y este lo mira, yo miro sobre el hombro del policía y me asombro de ver que es una tarjeta firmada por todos.

"Padre, felicidades por tu próximo matrimonio y feliz cumpleaños. Un obsequio de tus hijos y tu hermano que te aman y desean que seas muy feliz"

-¿Entonces se estaban encubriendo?-dudo yo al ver la firma de cada uno de los Kendrik en el papel.

-Más que eso. ¿Recuerdan qué dijo el joven Alexander Kendrik cuando reprendió a su hermana por la cachetada a Miss Stevenson?-yo niego con la cabeza y Japp también, igual de impresionado-hace mal en ser tan poco observador, inspector. Él dijo "en verdad todos fuimos responsables de esa muerte, no debemos seguirnos culpando" a partir de ese comentario comencé a atar cabos.

-Pero…Esto no tiene sentido…¿Porqué toda la familia se pondría de acuerdo para matar al Doctor? ¡Él era un buen padre de familia!-exijo yo molesta.

-Muy fácil, Hastings. Ellos ya temían que su Padre estuviera enamorado de Miss Stevenson desde hace tiempo. Juro que quien se dio cuenta primero fue Miss Teresa-indica Poirot caminando hacia la solterona que la mira con furia pero no dice nada-las mujeres tenemos un sexto sentido para descubrir esos detalles. Ella comunica sus sospechas a sus hermanos y a su tío, todos se preocupan de que si el Doctor se casa con una joven de 30 años, quizá cambie el testamento y le deje toda su fortuna a ella, entonces idean el plan. Se ponen de acuerdo para fingir que aprueban la boda de su Padre, pues este les informa que en la comida de festejo por su cumpleaños hará un anuncio importante. Todos le felicitan, fingen estar de acuerdo, pero planean retirarse estratégicamente para la hora de la cena y fingir compromisos ineludibles para que su Padre salga a cenar fuera como era su costumbre.

Aprovechan la ausencia del Doctor para dejar la botella envenenada y la tarjeta que lo obligaría a tomar el vino que habían dejado encima. Cuando Miss Stevenson sale de la casa hacia las habitaciones de servidumbre inicia todo. Mr. Timothy cierra la puerta y todos esperan cerca de la sala a escuchar algún indicio de que el Doctor haya tomado el veneno. Cuando escuchan la copa quebrarse es momento de actuar. No pueden encender mas luces porque los sirvientes los habrían visto, así que entran en el despacho, apagan las velas de este para fingir que el Doctor se fue a dormir, Míster Paul enciende la lámpara de Döbereiner, su hermano y Miss Teresa cambian la botella, dejan el cianuro y guardan el libro en el estante. Como está oscuro no lo guardan de forma correcta. Después los tres buscan la tarjeta incriminatoria, no la encuentran, el encendedor se calienta y quema el dedo pulgar de Mr. Paul, así que todos de común acuerdo deciden seguir el plan y dejar la búsqueda de la tarjeta para cuando sea menos peligroso. Salen del despacho y suben a sus habitaciones.

Al día siguiente todos siguen su vida normal y esperan a que alguien descubra el cuerpo. Cuando eso pasa fingen una tristeza que en verdad no sentían, y ante la policía dan la versión de la supuesta pelea con Mr. Kendrik, de una negativa a su matrimonio. Se empeñan demasiado en hacer evidente que detestan la idea y nos hacen creer a todos que el Doctor estaba abatido, triste y deprimido cuando salió de aquí y que esa depresión provocó el supuesto suicidio. Cometen sin embargo un error más al pedirle a Japp que testifique a los diarios sobre el suicidio…¡Mon Dieu! ¡Una familia tan honorable preocupada de esa forma porque la prensa se ocupe del suicidio de su Padre, cuando toda familia normal haría hecho lo posible por ocultarlo!...era muy evidente que querían que todos se enteraran…Díganme, señores Kendrik, Miss Teresa…¿Me equivoco? ¿Es incorrecta la explicación? ¿Acaso no son todos culpables? ¿Los estoy acusando en falso? Quizá si alguno confiesa quien es el asesino los demás se salven-indica Poirot. Todos en el despacho estamos en silencio, sobretodo los Kendrik.

-¡Te dije que era una estupidez, Tess!-es el joven Paul quien habla primero con el rostro congestionado y evidentemente aterrado.

-Paul…cálmate…ellos no tienen nada par acusarnos…-habla ahora Alexander.

-¡No! ¡Ustedes fueron los de la idea! ¡Tu inyectaste el veneno en la botella!-acusa el jovencito a su hermano. Teresa lo mira furiosa y lo abofetea.

-¡Cállate estúpido!-le exige molesta. Una risa sarcástica de Timothy Kendrik es la respuesta.

-¡Todos son unos idiotas! Eso quería esta mujer del demonio, justo eso quería…¡Y Ustedes le están dando la confesión en bandeja de plata!-estalla furioso el señor Kendrik.

-He de decirles a todos Ustedes, que a pesar de su abominable asesinato, todo fue en vano. Su Padre y Miss Stevenson se amaban de verdad, y él jamás pensó en quitarles su herencia para heredarla a ella, principalmente porque Clotilde Stevenson no se lo permitió. Además, su Padre los adoraba-asegura Poirot.

-¿Cómo está tan segura, Mis Poirot? Usted no lo conocía. Usted no sabía de lo que era capaz él por una mujer joven-habla Alexander furioso.

-Es verdad. No lo conocía, pero me bastó ver el estante de vinos para darme cuenta de ello-asegura Poirot y acercándose al lugar mueve el candado y este se abre.

-¡Pero como demonios!-se exalta Paul al verla saber la combinación.

-Aquí están. Sus vinos más preciados. Aun cuando él decidió casarse de nuevo, el recuerdo de su primera esposa y madre de sus hijos era "Su recuerdo más importante" como bien dijo Miss Teresa. Ustedes eran aun muy importantes para él-añade Rei y señala los vinos-Un Cambertin Closs de Beze de 1834, un Closs de la Roche de 1836, un Chambolle Musigny Les Sentiers 1846 y un Nuits St Georges Les Vaucrains de 1858. Según estos documentos la primera es la fecha de su matrimonio con su primera esposa y las otras de los años del nacimiento de sus hijos. Los conocedores dicen que la preferencia de los vinos refleja la personalidad de cada uno. Su Padre solo quería ser feliz lo que le quedaba de vida, jamás quiso despojarlos de nada, ni él ni Miss Stevenson-declara Poirot. El joven Paul estalla en llanto entonces. Japp sale a la puerta del despacho y llama a los agentes que iban en el otro carro y esperaban en la estancia. Estos entran y él comienza a esposar a los Kendrik.

-Mina…Mina yo…-me dice Alexander cuando va saliendo conducido por la policía.

-Gente como ustedes son lo peor. ¿Crees que el dinero valía la pena?...¡El maestro era un buen hombre y un mejor Padre que no merecía morir!…no quiero verte más, Alexander-decido yo con algo de lágrimas en mis ojos.

Poirot y yo salimos también en silencio. Afuera nos espera un carro de la policía que nos conducirá a nuestra casa. Reindert me ofrece un pañuelo y yo limpio mis lágrimas.

-No vale la pena que llore por él-me dice.

-No es por Alexander. Es por mi maestro. Tengo muy buenos recuerdos de él, me enseñó mucho y me ayudó con ese trabajo cuando mas necesité-le digo yo-Creo que le debo una disculpa…

-No me debe nada, Mon Amie. Somos amigas y entiendo que a veces mis métodos son algo extraños. No puedo pedirle a todos que razones al ritmo de Reindert Poirot-dice ella. Yo sonrío. Esta vez no tengo argumentos para rebatirla.

-Así que su pequeño espía holandés fue efectivo-comento yo.

-Mucho. En unas cuantas horas me consiguió las partidas de nacimiento de los Kendrik, la de matrimonio de él y su difunta esposa y la de defunción de ella.

-¿Y cómo supo la contraseña del candado?-inquiero yo.

-¿El 109?...por dos cosas. Primero porque su maestro la tenía grabada en su reloj de bolsillo y los relojes "Smith and Sons" son tan especiales que pueden grabarles en la tapa lo que el cliente decida. 109 era el número de esa tapa, y Mr. Kendrik dijo que era su recuerdo más importante. Teresa Kendrik lo confirmó en esa escena teatral que armaron para acusar a Miss Stevenson, dijo que el recuerdo de su madre muerta era el "recuerdo mas importante" de su Padre. El día de la muerte de Mrs, Kendrik fue el Diez de Septiembre-me dice Poirot.

-¿Y cómo supo sobre el libro correcto?...¿Solo por verlo de cabeza?

-Por eso principalmente, pero igual Teresa Kendrik pudo haberlo colocado correctamente y en tal caso no habría sospechado. Fue cuando me presentó a su maestro, ambos dijimos una cita de "Ricardo III" Yo la sé porque me encanta Shakespeare, pero un hombre de mas de 60 en quien su memoria ya no es tan buena, seguramente debía estarlo leyendo en ese momento para recordar tan bien una frase como esa-concluye.

-Es asombroso-digo yo-Disculpe si antes no le creí.

-No es asombroso, Mon Amie. Es Orden y Método, únicamente, y claro, mi cerebro privilegiado-añade ella.

-Y todo por dinero…me cuesta creer que haya gente capaz de tanto.

-Usted quizá no lo entienda, Hastings, porque siempre ha vivido en una familia acomodada, pero hay quien por unos cuantos miles es capaz de todo. La Ambición en el caso de los caballeros y la envidia en la de Miss Teresa hicieron el resto.

-¿Envidia? ¿Teresa Kendrik?

-Oui Ma Chérie. Envidia. Las mujeres somos unos seres terribles cuando la envidia nos corroe. Casi le puedo jurar que la idea vino de ella. El hecho de que su padre se enamore de una mujer más joven y hermosa que ella…¡Impardonnable! Esas mujeres sin casar o viudas llegan a encerrar tanto afecto en un solo hombre, hermano, o padre, que se apropian de él de modo tan enfermizo que cualquier mujer que rompa su estatus de poder con ese hombre es su enemiga mortal-añade Poirot con una seguridad que me deja fría.

-¿Dice eso por experiencia?-dudo yo.

-Es posible-añade ella jugando con su bastón-el hecho es, Hastings, que mañana por la mañana Reindert Poirot conquistará Inglaterra más de prisa que Napoleón, tal como le advertí. Creo que nos quedaremos en Londres por un tiempo, el comisionado de la policía es un querido amigo de mi Padre y conocido mío. ¿Qué dice? ¿Se queda conmigo a disfrutar de la conquista?-me pregunta. Yo sonrío.

-No creo ayudar mucho, pero si Usted quiere que me quede…en verdad no tengo deseos de volver a casa, no de momento.

-Entonces, Mon Amie, esto es una sociedad-me alarga ella la mano. Yo sonrío y la tomo.

-Es una sociedad-acabo yo. A la mañana siguiente cuando desayuno sola y George me sirve el café, me deja un ejemplar del "Daily Blare" el cual tomo y veo el encabezado "Inteligente y hermosa detective Belga resuelve el Caso del Suicidio del Médico de Holborn"acompañado de una fotografía en que una despampanante Reindert Poirot da la mano al comisionado de Scotland Yard en persona. Ahora entiendo por qué no estaba aquí esta mañana, un encabezado como ese en que se hacía énfasis en que era "HERMOSA" solo pudo ser manipulado por mi influyente amiga. Fue justo ese día que me decidí a registrar los casos más importantes de Poirot. Ya que era una sociedad y yo no hacía mucho por ayudar, al menos escribiría y ¿Quién sabe? Quizá si los sueños de grandeza de Poirot llegaban a algo más que vanidad personal, algún día alguien leería mis memorias.

*El personaje de Hércules Poirot pertenece a Agatha Christie y el de Rei Hino a Naoko Takeuchi, la idea de ponerlos en una licuadora es mía y el Personaje de Reindert B.C. Poirot (resultado de la mezcla) también ñ_ñ.

NOTAS FINALES: Un homenaje a Rei Hino el mejor personaje de Naoko Takeuchi en el día de su cumpleaños y a Hércules Poirot, el mejor detective de las novelas de misterio. Hace más de un año que junto con otras amigas hemos venido creando esta amalgama de personajes de SM y detectives famosos de la literatura. A Rei por muchos motivos le va bastante Poirot y he decidido comenzar a publicar casos de ella que he ido pensando y creando yo misma que aunque soy una lectora empedernida de Agatha si puedo decir que los casos expuestos aquí no son copia de alguno de ella todos salen de mi mente y algunos de una serie japonesa de Keiko Kitagawa que estoy mirando pero adaptados a la era victoriana…XD =)

Vamos a manejar a una Rei que es algo diferente a la personalidad tradicional (como ya lo habrán notado) y eso es por su mezcla con Poirot pero será divertido, egocéntrica, vanidosa pero conserva la inteligencia, decisión y arrojo del personaje original así que esperemos a ver a las mars-fans qué les parece. (puse en mi foto de perfil de FF una de Rei Poirot)

Este fic será de publicación esporádica porque los casos inician y acaban en un solo chap pero la idea es ir desarrollando el personaje de Reindert Poirot para que cuando aparezca en algún otro proyecto más grande ya la conozcan un poco. Experimentando con un género que aquí en FF no es común (y que es muy difícil de escribir) espero no decepcionar a los lectores que están acostumbrados a historias de amor o a mis tradicionales historias de batallas y caos, vamos evolucionando, ¡hay que intentar de todo! Incluida la novela policiaca victoriana =)

Mis agradecimientos a Miss Holmes, aMa CherieJane S. Marple y a Mlle. Amelie Dupin por su contribución en la creación de este personaje así como a mi buena amiga Mina Hastings, espero estar manejando bien tu personaje. Bien,Mes chers lecteursnos vemos en el siguiente caso de Reindert Poirot, la Mejor Detective del Mundo ¡AU REVOIR!

ATTE: Leonor de Éboli