Hacia dias que corria de un lugar hacia otro, de un pueblo a otro buscando ayuda por que el rey la perseguía. Quizas lo mejor era no haber salido nunca de la fortaleza, pero ahora que estaba fuera ya no podía resguardarse en esos brazos que durante estos cuatro ultimos años ha estado teniendo siempre alrededor de su cuello, por las noches cuando tenia pesadillas. De repente cae y se da contra el suelo, siente como la carne le quema en la cara, quizas se hiciese un corte y no le presto atencion. En el suelo y sin poder levantarse, veía como las luces de las llamas de los soldados se aproximaban mas no podia rendirse ahora. Se supone que ella era la esperanza para acabar con la tirania de la fortaleza, debia llegar al rey e informarle pero no así, nunca la creería. Se levanta otra vez como puede dejando que su tobillo torcido la haga retorcerse del dolor, pero se levanta y corre y tras darse en varias ocasiones con ramas en la cara cae de nuevo y ya si que no puede levantarse. Y así es como la encuentran, tirada en el suelo y llena de barro.

Las piernas aún le flaquean pero tiene que andar ,o eso, o los guardias la llevarian a rastras que es aun más doloroso. Al final se abrieron las puertas que daban a una gran sala decorada con las banderas de Camelot por todos lados, dos tronos que surgian de la nada y estaban en el centro de la sala y muy poca gente presente. Su juicio iba a ser rápido. Se hizo jurar a si misma que no iba a llorar pero casi que iba a romper la promesa por que ahora todo se va por la borda y el rey no querría escucharla. La soltaron bruscamente a ochenta palmos del trono real y espero pacientemente unos segundos a que el rey apareciera por detras del trono y la juzgara. Su maestra le había dicho que era joven y guapo, pero ella hace cuatro años que no le ve y posiblemente no supiera que ahora le ha crecido algo de barba y tiene casi siempre ojeras, o quizas sí, por que creía que ella todo lo sabía. El rey la miraba fijamente y estaba esperando una respuesta que la encubriera pero al no salir nada de ella, el rey algo aburrido empezo el interrogatorio.

- ¿Como te llamas?- Pregunto. No penso en esa pregunta, era demasiado fácil.

- Griselda.- Dijo secamente la niña y clavo sus ojos castaños en los azules del rey, que parecía reconocerla de alguna otra parte.

- Bien Griselda, te acusan de robar comida y bienes a gente de Camelot y tambien de juntarte con brujas y magos, cosa que debería estar prohibida para una niña como tu.- Dijo él. ¿Niña? Tenia dieciseis años, ya no era una niña, pero se aguanto las ganas de gritarselo en la cara.- ¿Es cierto?- Pregunto y al obtener silencio a modo de respuesta se enfurecio.- ¡Contesta!- Le grito, y tras unos segundos de miradas asesinas ella al final respondio.

- Solo robe por que no tenía con que alimentarme y era necesario, solo robe una vez y fue un trozo de pan quemado que la panadera dudo que vendiera y sí, me juntaba con brujas y magos. ¿Y vos sabeis por que, rey Arthur?- Contesto la niña haciendo que Arthur se cuestionara sus preguntas. Al final hizo un movimiento de cabeza indicandole que podia seguir. Antes de que lo hiciera se abrieron las puertas y dejaron pasar a un muchacho un año menor que el rey y con algo de barba dejada de tres dias. Sabía quien era, Emrys.., asi lo llamaban algunos aunque su maestra lo llamaba Merlín y en ocasiones por la noche se la escuchaba llorar y una de las razones era él, por que ella aún le amaba cuando él la había olvidado. Le entro rabia solo al verlo y al notar que la chica lo miraba, Merlín se giro y la miro.

- Continua. ¿Por que robabais a gente inocente y os juntabais con brujos?- Dijo Arthur al ver que la interrogada miraba a Merlín todo el rato, como examinandolo. Al final se volvio hacia el rey y uno de los rizos oscuros de su cabeza todabía llena de barro cayeran ante sus ojos marrones.

- Por que hace tres años mi hermano murio por vuestra culpa. Vos le dejasteis morir y al matarle a él me dejasteis sin familia. Ni padre, ni madre y ahora tampoco hermano.

- ¿Yo soy la causa de que vuestro hermano muriera?- Preguntó él indiganado. No solía matar a gente a sí por que sí, por lo que su hermano tuvo que cometer algun delito.

- Quizas no. En realidad la asesina fue Morgause. Y os preguntareis que tiene que ver esa bruja con vos pero supongo que no teneis el tiempo necesario para escucharme.- Solto de repente sin pensar en lo que exactamente le iba a decir. ¿La verdad? ¿La creería? Lo dudaba mucho. Arthur no estaba impresionado, sino que esperaba que le soltara una trola como hacian todos los condenados antes de morir, cosa que hacian en vano por que de poco servia. Seguro que no la creería pero debía intentarlo. Miró al despreciable de Merlín y luego miro a Arthur que esperaba una respuesta.- Hace muchos años una bruja quiso corromper a la familia real y tras utilizaros a vos contra vuestro padre cuando os presento a tu madre, en vano, por supuesto por que vos no le disteis importancia, Morgause que seguía queriendo el poder de cualquier modo utilizo a Morgana.- Al escuchar aquel nombre su carne se puso de gallina y aunque lo supo disimular era claro para Griselda, se le notaba en su forma de moverse.

- ¿Morgana?- Pregunto Merlín ironicamente, cosa que la enfureció mucho.

- Sí, Morgana, a ella Morgause le regalo un brazalete mágico el cual segun le había dicho servia para ayudarla a dormir sin pesadillas, y aunque al principio no la creyo tras comprobarlo decidió aceptarlo. Pero ella no sabía que no solo servia para conciliar el sueño tambien servia para controlarla. Por eso se volvio mala de la noche a la mañana. Por eso tenía un odio que crecía por momentos. Por eso ataco a Camelot.- Dijo tropelladamente.

- ¡Basta! ¡Eso es blasfemia!- Grito un anciano que se encontraba en la sala. Pelo hasta los hombros, pálido, de ojos azules y muchas arrugas. Gaius. Su maestra le había hablado de él.- Yo no encontre nada mágico cuando le recetaba medicamentos. Es mentira por que quieres protegerla por que eres su pupila.- El anciano era listo y había dado en el clavo, salvo por que no era mentira. Era la verdad.

- ¿Es eso cierto?- Insinuó el rey de forma que por alguna extraña razón le dolio a Griselda.

- Así es señor, cuando matasteis a mi hermano la encontre a ella con el paso de los meses. Estaba desorientada y lo único que logró contarme es que un dragón blanco la había sacado de su maldición. Al principio pense que estaba loca, pero luego supe quien era y pense que podría ser verdad. ¡Fue hechizada maldita sea! Y vos la buscais por traición. Es la única que nos a mantenido a mi y a Mordred con vida.

- Lo que dices es mentira. Morgana no es una buena persona lo ha dejado claro, y lo de hechizada no es verdad por que no se levanto mala de un dia para otro.- Declaro Arthur. Sabía que no la iba a creer.

- Quizas no os disteis cuenta.- Dijo ella intentando convencerle pero sin exito pues un simple gesto de cabeza hizo que los guardias se hacercaran a ella y la cogieran en brazos para llevarla a las mazmorras. Pero antes de salir se aseguro de gritar lo suficientemente alto para que el rey la escuchase.- ¡Morgause tiene a vuestro padre y azotaran a Morgana!

Quizas no sirva para nada, quizas Morgause tenga razón cuando despotrica contra Arthur todos los días, siempre decía que no tenía sentimientos que odia a las personas con magia y que las condena a todos. ¿Entonces como es que tiene por sirviente a Emrys? Quizas no lo sepa. Quizas, quizas. Eso era lo único que podía asegurar en esa carcel que huele a muerto, conjeturas sobre la personalidad del rey. ¿Dejaría que se muriera allí? Morir de hambre, en muchas ocasiones había experimentado el hambre con intensidad pero Morgana siempre le daba pan, lo robaba y luego se lo daba. Y no solo a ella sino a la mayoria de los encarcelados, incluido su padre. Por eso la han azotado en millones de ocasiones, pero ella prefiere ser torturada todos los días a venir a Camelot. Quizas sea porque si se marcha mataran al antiguo rey y Morgana se quedara sola otra vez.

El frio le recorria las ropas y las ropas eran tan solo un vestido no muy largo hecho de tela áspera, unos zapatos y una chaqueta algo extraña echa de piel antiguamente de su hermano, pero fue lo único que pudo coger de él. Llevaría dos o tres días en aquellla carcel y era todo un calvario, pues no tenía que comer y nunca había estado desprotegida de Morgana o de su hermano tanto tiempo. Cuando los guardias entraron en la mazmorra encontraron a una joven acurrucada en una esquina, con todo su pelo castaño cayendole por la cara morena, uno de los guardias la desperto y esta vez no la cogio sino que la ayudo a andar hasta la sala de tronos. Las puertas se abrieron y dejaron ver al rey y a la reina sentados en sus correspondientes tronos. El rey se levanto y se dirigió a Griselda no con aire superior como esperaba ella, sino con aire humilde.

- ¿Dices que tienen a mi padre?- Pregunta esperanzado. Griselda solo asiente con la cabeza.- ¿Cómo va a ser eso?

- Es una historia larga.- Dijo la chica

- Tenemos toda la tarde.

- Bien.., veamos.- Dijo ella analizando la situación. No sabía por donde empezar.- Cuando Morgana salió del castillo herida hace cuatro años en la revuelta que hubo en este mismo castillo, ella se desplomó en un pequeño llano en mitad del bosque. Allí una criatura mágica, una cria de dragón le sopló en su cara y si vos no lo sabeis, os lo digo yo. Los dragones tienen la capacidad de sanar y este en especial curó el corazon de Morgana haciendo inservible el brazalete. Con una simple espada logró romperlo y lo enterró en una parte aislada del bosque donde nadie podría encontrarlo otra vez para darle la vida.- Se paro un segundo para comprobar si el rey la seguía pero no era el único sino que Emrys, la reina, Gaius y un peloton de caballeros de la mesa redonda tambien la seguían bien atentos.- Morgana me acabó encontrando y entre las dos conseguimos dinero para construir una pequeña casa donde vivir. No fue así sino que alquilemos una habitación a unos ancianos muy amables. Con el paso del tiempo parecía otra vez llena de vida y en varias ocasiones decidió ir a Camelot para veros, pero nunca fue tan valiente. Cuando llevabamos casi un año de vida conjunta, Morgana que se sentía mal por lo que había echo decidió hacer algo que estaba por encima de ella. Sacó una moneda antigua, ella decía que se usaba en la antigua religión y tras un monton de palabras en otro idioma consiguió resucitar a vuestro padre. Aquella locura casi le cuesta la vida y se tiro inconsciente tres dias en cama, lo suficiente para que yo pudiera contarle al rey todo sobre su hija y el brazalete. Él no es como vos, él me creyo desde primera hora pues sabía que la verdadera Morgana no haría tales delitos como los que había cometido.

- ¿Cuanto hace de aquello?- Pregunto la reina.

- Pues hace tres años, pues solo conseguimos estar un año en paz porque Morgana no solo habia resucitado a vuestro padre sino que tambien a vuestro tío Agravaine y a su hermana Morgause, la cual, con sus poderes se hizo con el antiguo castillo de Cendred y allí nos condenó a los tres, a vuestro padre, a vuestra hermana y a mi. Vuestro padre lleva encerrado en las mazmorras años y se habria muerto de hambre de no ser por Morgana y por uno de los carceleros que estaba de nuestra parte. LLevamos encerrados allí mucho tiempo y hemos hecho que la gente dentro del castillo se preparase para una reconquista contra Morgause, pero para ello necesitabamos la ayuda del rey de Camelot. Yo no creí que me escucharíais pero Morgana me convencía y he venido hasta aqui tan solo para que nos ayudeis.

- ¿Hay prisioneros?- Pregunto el rey.

- Cientos de miles, bajo el castillo se encuentran las mazmorras y son inmensamente grandes.- Respondió Griselda intentando disimular su felicidad. Los iban a ayudar.- El rey se encuentra en una de las mazmorras menos accesible y en lo más profundo del castillo, para que nadie sea capaz de sacarlo de allí sin ser antes descubierto.

- Decías que teniamos aliados allí ¿Cuantos son exactamente?- Pregunto el rey intentando procesar la información e imaginarse la fortaleza.

- Aparte de todos los encarcelados, tenemos varios guardias, creo que tres de vuestra parte, Agravaine, Mordred y Morgana, que es la única que sabe con certeza donde se encuentra la carcel de Uther Pendragón.

- Partiremos hacia allí al amanecer con cuatro tropas y asaltaremos el castillo, ¿Cuando es más vulnerable? ¿De día o de noche?

- De noche, sire, además de noche hace guardia Morgana y uno de los guardias aliados, ellos nos dejaran pasar.- Le convenció Griselda.

El rey asintió con la cabeza y ordenó que le dieran a la chica un vestido y el arma que mejor dominase aparte de un buen baño y una habitación donde descansar. La reina Gwen acompañó a Griselda a su habitación y la ayudo a elegir vestido, luego le entregó una daga y le preparo el baño. Para ser una reina era muy amable y poco egoista y lo que más le impresiono era la bañera llena de agua caliente. Ese lujo nunca se lo había permitido así que se tiro mucho rato dentro de la bañera hasta que se arrugo como una pasa y el agua se enfrió. Luego salió del baño y la reina la esperaba fuera para peinarle el pelo, mientras tanto griselda se miró al espejo. Tenía pecas en las mejillas pero pocas y muy concentradas en la nariz y en los pómulos, tenía la piel morena pero más pálida que la de la reina y los labios gruesos. Se miraba con pena al espejo y la reina se dio cuenta.

- Sois muy bonita.- Dijo ella cuando termino de cepillarle el pelo que se ondulaba aunque estubiera mojado. Ella negó con la cabeza hacia la afirmación de la reina. No era para nada bonita lo unico que le gustaba de su cara eran sus ojos castaños que al mirarlos parecían mucho más claros de lo que eran en realidad.

- Mi pelo siempre esta revuelto y lleno de rizos, como el tuyo pero en forma de estropajo, tengo pecas en la cara y mis labios son muy gruesos. No soy para nada bonita, no me parezco a mi hermano.

- Yo creo que si eres bonita y tenias el pelo estropeado por que nunca te lo has labado como dios manda y además necesitas un corte. Mañana lo tendras más bonito. Además es castaño claro al igual que tu piel y te la resalta. Las pecas te hacen más bonita. ¿Es que no te miras al espejo nunca?.- le regaño la reina pero sin tener un tono serio, sino como hacía Morgana por las noches antes de que se fuera a dormir y como hacía su madre cuando era pequeña. Se mantuvo en silencio y suspiro y Gwen adivino que le pasaba.- ¿No será por un chico?- Griselda sonrió de una forma algo tonta y se delató a si misma. Ambas rieron.

- Nunca se fija en mi, yo solo soy la chica que acompaña a Morgana. Él tiene los ojos azules y la piel pálida y si quisiera tendría a todas las chicas que deseara a sus pies o eso es lo que dice mi maestra. Una vez estuvo en Camelot, cuando era un simple niño druida, Morgana y el rey lo protegieron de la ejecución y por eso siempre le esta agradecido a Morgana pero no al rey que sigue ejecutando a gente de nuestra misma condición.- Contaba Griselda sorprendiendo a la reina.

- En primer lugar, el muchacho del que estas enamorada, ¿es Mordred?- Ella asintió.- En segundo lugar, ¿como que de nuestra misma condición? ¿acaso eres druida?

- No exactamente, pero puedo ver el futuro en pesadillas como hacía Morgana.- Se defendió la muchacha pero en vez de recibir una regañina por ocultarlo, lo único que ganó fué una caricia de la reina en la que le ponia el pelo a un lado mientras se le rizaba con naturalidad. Y entonces se dió cuenta, una señal de nacimiento en el cuello. Griselda al ver la expresión de angustia de la reina se volvió para mirarla cara a cara.

- Ya se quien era tu hermano. Él tenía la misma señal en el cuello y los mismos ojos y la misma nariz y...- La voz se le rompio.

- Sir Lancelot.- Confesó Griselda y miró a Gwen. Parecía como si hubiese visto a un fantasma.- Mi hermano te quería mucho.

- Nunca me dijo que tuviera una hermana.

- Tampoco se lo dijo al rey. Él quería ser caballero y cuando vino a Camelot la primera vez yo tenía nueve años, mis padres aún vivían pero si mal no recuerdo se hizo pasar por el hijo de un conde. Muy gracioso por cierto porque mi padre era hortelero.- Se rió como si hubiera dicho la cosa más graciosa del mundo, pero luego se calló por que se dió cuenta de que la reina seguía mirando a un punto fijo del tocador.- ¿Querías a mi hermano?

- Mucho, pero eso fue antes de comprometerme a Arthur, hace mucho tiempo, pero él se fue sin decirme nada, solo desaparecio.- Respondió Gwen a la inocente pregunta que en ella causaba más de un remordimiento.

- Sí, desaparecio por que no quería entrometerse entre lo que había entre el rey y tu. Me lo dijo cuando volvió. Nunca pensé que aquella sirvienta lograse ser reina pero me alegro de que lo fuera.- Dijo Griselda esbozando una sonrisa verdadera. Tras charlar sobre otros temas no relacionados con Lancelot, pues a la reina le hacia daño nombrarle, se fué a dormir sabiendo que al dia siguiente tendría que andar mucho.