¡Hola a todos!

Aquí esta finalmente la segunda parte de esta pequeñita historia. Espero que hayan disfrutado de la perspectiva de Edward y les guste esta también.

¡Gracias por leer!

P.D. si leen Dejame ser el chico de tus sueños, la actualización será el sabádo probablemente, ya esta lista, solo tengo qe pasarla a la computadora :)

DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES Y LUGARES RECONOCIBLES SON CREACIÓN DE STEPHENIE MEYER, LO DEMÁS ES MI CREACIÓN.


Globos

Había estado esperando 15 minutos a que Edward finalmente decidiera aparecerse. Y me estaba cansando. Iba a verlo y darle un estúpido golpe por hacerme esperarlo. Si decidía aparecer claro. No me sorprendería que me dejara plantada.

Sacudí mi cabeza, un poco disgustada y decepcionada de mi misma por tener tales pensamientos de Edward.

No había sido nada mas que lindo y dulce y – sí, un poco grosero – ingenioso e increíble. Excepto por aquella noche cuando lo conocí.

Me estremecí al recordar la forma en que había besado a esa piruja de Irina Ivanova. Y la forma en que la había tocado. Claro, también me estremecí recordando la forma en que me había mirado todo el tiempo.

Había estado jugando conmigo, el tonto. Sabía que me atraía. ¿Y como podría ocultarlo? Era locamente guapísimo.

Había estado tan malditamente atraída a él desde el primer momento que había visto su foto en el apartamento de Emmett, aquel día había ido con Rose para preguntarle si la llevaría a esa fiesta a la que quería ir. Como si no pudiera simplemente llamarlo, pero sabía que sería más fácil el solo llegar cara a cara con él para que así no pudiera decir que no, como ella estaba segura que quería.

Así que había suspirado resignada.

Tan pronto como le había echado un ojo a la foto enmarcada en un simple marco negro, supe que tenía un enamoramiento con el hermoso hombre a lado de Emmett.

Él había estado mostrando esta gran y juguetona sonrisa en su rostro, sus ojos verdes esmeralda brillando con picardía, el sol reflejándose de forma hermosa en su extraño cabello color bronce. Había estado usando una camisa negra que se ajustaba a su pecho a la perfección, uno de sus brazos había estado abrazando a Emmett juguetonamente mientras despeinada el cabello rizado de Emmett. No me había molestado siquiera en mirar la reacción de Emmett.

"¿Quién es él?" pregunté, sin levantar mi mirada de él. Era tan hermoso que casi dolía verlo, pero encontré incapaz de dejar de mirarlo.

"¿Quién?" Rosalie preguntó, mirando sobre mí hombro. "Oh, ese es Edward. El hermano de Emmett."

"Es... sexy."

Rose se carcajeó. "Sí, bueno, eso es quedarse corto," dijo riendo entre diente. "Pero no le digas eso. Solo hará que su ego crezca incluso mucho más. Es un pirujo, se podría decir. Así que no te acerques a él. Solo querrá follarte."

Había mantenido eso en mente como quien dice toda el maldito tiempo aquella noche. Decepcionada cuando había visto que las palabras de Rose eran completamente ciertas.

Había dejado aquel club esa noche muy deprimida. Había sido forzada a ver a Edward yéndose con Irina colgada de él cada paso hacia la salida del club con su línea de despedida malditamente clara. "Si me disculpan, esta chica aquí no puede esperar a que la folle."

Después me había dicho que había echado a Irina fuera del club tan pronto como habían salido.

Revisé la hora in my celular y cualquier probable llamada perdida, ahora llevaba 20 minutos tarde y ninguna llamada perdida.

"Estas en grandes problemas, Cullen," gruñí bajo mi aliento.

Empecé a golpetear el suelo, y seriamente consideré el dejarlo plantado a él. Solo tendría que dar la vuelta y entrar a mi departamento, cerrar la estúpida puerta e ignorarlo por el resto del día y semana si era posible.

10 minutos más, me dijo a mi misma, y entonces vería la furia. Él no había visto nada aun.

Salvado por la campana, pensé sarcásticamente nueve minutos después, cuando un pitido de mi celular me sacó de mi creciente rabia.

Un mensaje.

Me envió un maldito mensaje. Estaba tan muerto.

Te veo en el Parque Green Lane.

Tengo una buena razón, lo juro. E.

Rodé los ojos. Más te vale Edward Cullen.

Agarré las llaves de mi camioneta de mi bolsillo y caminé hacia la camioneta que esperaba estacionada frente a mi departamento. No la había usado en verdad desde que empecé a salir con Edward, siempre insistía en recogerme cuando salíamos, y era mejor de esa forma; pero para mi completa sorpresa, había insistido en llevarme a mis clases. Me había negado profusamente al principio, pero luego él me había convencido con un muy seductivo y persuasivo beso, bueno muchos de ellos, de hecho.

Mientras llegaba a Green Lane, recordé nuestra primera cita.

¡Y que primera cita había sido! Me había impresionado. No había sabido que fuera capaz de ser tal caballero, y considerado.

Había estado tan, tan decepcionada cuando me dijo que me vería el Sábado en la Mañana, nunca me había imaginado lo que tenía reservado para mí, para nosotros en nuestra primera cita. Y justo en ese momento había sabido que ya estaba loca por él, y todas sus facetas, las arrogantes, las presumidas – las cuales amaba, tenía que admitir -, las románticas, las trilladas, las dulces, las ingeniosas, todas ellas. Era mejor de lo que había podido imaginar.

Y había cambiado, Rosalie y Emmett me había asegurado. Incluso Jasper y Alice, quienes eran mejor amigos de él.

"¿Cómo pueden estar tan seguros?" pregunté, no creyéndoles una palabra de lo que decían.

Emmett y Rosalie, y Jasper y Alice me habían emboscado y llevado al departamento de Alice y Rose por una "intervención".

"Anda, Bells," Emmett dijo. "Es mi hermano. Lo conozco mejor que nadie. No ha salido con ninguna chica, no ha follado a nadie. No ha bebido, y apenas ha fumado ya."

Presté atención, pero no estaba en verdad escuchando.

"Genial," dijo sin entusiasmo.

Pero, claro, siendo la terca que era, tenía que asegurarme de eso por mi misma. Y tenía que aceptar que sí parecía diferente. Pero había decidido que iba a torturarlo un poco, y ver por misma que tanto quería salir conmigo, o más bien si quería tanto como yo salir conmigo como yo con él. Y no me había decepcionado, así que unos días después me encontré alistándome para la más grande sorpresa que nadie me había dado.

Estaba locamente nerviosa que ni siquiera sabía que estaba haciendo. Me salté el desayuno ya que parecía que eso era lo que íbamos a hacer esta mañana.

Maldito, después de tanto tiempo insistiendo en invitarme a salir, y ¿quería desayunar?

Me vestí en un apuro, pasé como una hora la noche pasada decidiendo que ponerme para esta ocasión. No me dijo a donde me llevaría. Así que no tenía ni la más minima estúpida idea de que sería mejor. Quería lucir bonita para él, incluso sexy, pero no me ayudaba la hora del día. Iba a pagar por esto de seguro. Ni siquiera una insinuación de lo que haríamos, o en donde. Me di cuenta que quizá sería algún restaurante cualquiera al que le gustara ir, o quizá una cafetería. No me había dicho exactamente que tendríamos desayuno, ¿quizá solo un café?

Gruñí en frustración, y me puse una blusa manga larga roja que tenía, y luego me puse un chaleco negro, mis jeans skinny favoritos y mis Converse. Decidí no ponerme demasiado maquillaje, era mañana después de todo. Solo un poco de brillo en los labios y un poco de rimel.

Me miré en el espejo, y estaba satisfecha con lo que hice.

Fui hacia abajo y esperé a que Edward llegara y me recogiera. Me puse incluso más nerviosa esperando por allí a que la hora llegara. Cielos, era casi patética. Era solo un chico, oh pero me estaba engañando a mi misma, porque Edward estúpido Cullen no era solo un chico. Era el chico.

Había estado manejando por cinco minutos, cuando había recibido otro mensaje de Edward-

Me estacioné, y lo revisé.

Te veo en la Isla Duck, E.

Rodé mis ojos. La Isla Duck previamente Isla Swan.

Deseaba mucho el hacer un gran espectáculo de algo. Pero, ¿qué? No tenía idea.

Rápidamente le escribí un mensaje.

Bien, voy para allá. B.

Seguí manejando, entonces, y dejé que los buenos recuerdos de aquel día, en especial, inundaran mí mente mientras llegaba al Parque Green, donde Edward me esperaba. Me estaba sintiendo algo así como lo mismo nervios que sentí aquel día ahora mismo.

Un toque en la puerta me asustó, y salté en mis pies. Era él, tenía que ser Edward. Me miré a mi misma una vez más antes de ir y abrir la puera.

"Hola, tú," me saludó con una dulce sonrisa. Me desconcerté por un momento, no estaba acostumbrada al Edward dulce todavía. Pero esperaba que fuera a tener tiempo de acostumbrarme. Y entonces de verdad lo miré.

Estaba usando un suéter con gorro al azar que hacía que sus ojos sobresalieran, pero eran obviamente alguna ropa de diseñador. Bajo su suéter traía una camisa negra con algunas palabras que no podía leer, y pantalones que se pegaban a sus largas y torneadas piernas. Y al final, traía tenis, así que supe que elegí bien.

¿Cómo podía lucir tan locamente guapísimo cuando estaba usando tal ropa aburrida?

"Hola,"sonreí, y salí. Cerré la puerta detrás de mí.

Edward tomó mi mano, y me atrajo hacia él cuando llegamos a su brillante Volvo plateado. Jadeé y fui silenciada por sus labios.

Rió entre dientes y a regañadientes rompió el beso. "Mejor nos vamos, o nunca llegaremos allá."

Sonreí. "¿Es tan malo eso?" reí con suficiencia.

Edward sacudió la cabeza. "No, para nada, pero de verdad quiero hacer esto por ti."

Y entonces nos fuimos.

Estúpido trafico, ¿no había sido tan tarde, o si?

Había decidido llamar a Edward para hacerle saber que quizá me tomaría un rato llegar al Parque Green, y no me había contestado. En lugar de eso, le envié otro mensaje.

Quizá llegue tarde, lo siento. B.

Casi de inmediato, contestó. Esta bien. Estaré esperando. E.

Mientras tanto, mi mente empecé a inundarse con los recuerdos. Había sentido esa emoción en mi estómago, mariposas volando, mientras lo recordaba. Había sabido en ese mismo instante que había sido solo atracción y celos lo que me atrajeron a él.

"¿Vamos a Forks?" pregunté incrédulamente.

Edward volteó a verme, incrédulo, también. "¿Conoces Forks?"

Aclaré mi garganta. "Oh, sí... nací allí. Pero cuando tenía como seis años mis padres se divorciaron, mi mamá se mudó a Florida y yo fui con ella. my Papá se mudó a Port Ángeles, y viví allí los últimos 3 años antes de mudarme a Seattle," expliqué, un poco avergonzada, y no sabía porqué.

"Oh, claro," Edward murmuró.

"¿Tú?"

"Sí, nos mudamos allí cuando tenía como 15 años," dijo. Podía haberlo conocido antes. "Y entonces me fui a Seattle cuando entré a la Universidad."

"Claro," respondí, mirando directamente al frente.

Era tan estúpida, ¿porqué esta actuando de esta forma, toda tímida y cohibida de repente? Iba a notarlo y empezar a actuar de forma extraña, también. Tenía que calmarme y solo ser yo misma como había sido hasta ahora.

Edward volteó a verme un poco antes de regresar su mirada al camino.

"Dijiste que vamos a Forks, ¿qué haremos exactamente?"

"Bueno," Edward murmuró. "No vamos a Forks, exactamente."

Había visto el Parque y gruñido. No tenía idea del porqué, pero me había estado sintiendo más nerviosa y crispada mientras me había acercado más a donde Edward me esperaba. Quizá tenía que ver con la expectación de lo que había planeado.

¡Maldición!

¿Por qué tenía que ser tan loca y malditamente... perfecto?

Pero, no deseaba que fuera de otra forma.

Edward se detuvo un rato después, que tenía que ser mucho más corto el tiempo del que me llevaba a mi si yo hubiera manejado. Estaba un poco en shock.

"¿A dónde vamos?" pregunté, y esperé por su requisito, mientras rodeaba la esquina para abrir mi puerta. Estiró su mano para que la tomara, y lo hice, saliendo del carro.

"Aún no llegamos allí," él dijo, jalándome hacia él, y me besó. "¡Anda, vamos!" me jaló a su lado hacia el bosque, me di cuenta que estaba cargando un cesto con su mano libre. Su brazo ahora estaba alrededor de mí.

Lo miré, y sonreí. "Gracias, Edward."

Se detuvo, y dijo, "¿Por qué?"

"No te rendiste conmigo," le dije honestamente. "Y no quería que te rindieras conmigo. Pero fui tan difícil. Podrías tener a cualquiera, ¿porqué yo?"

Hizo una mueca. "No quiero a cualquiera," y entonces murmuró tan bajo y con voz ronca. "Solo te quiero a ti. Estas lista, estoy listo, ¿recuerdas?"

Sonreí, y me paré en las puntas de mis pies, para poder besarlo. Me ayudó agachándose hacia mí y presionando sus labios en los míos. Y Dios que era mágico el besarlo. Nunca me había sentido como me sentía cuando lo besaba, y esta era apenas la tercera vez desde nuestro primero ayer. No quería saber como sería estar con él, dejarlo que me hiciera el amor, me follara, si él quería... que estaba diciendo, sí quería imaginarlo.

Gemí, y Edward profundizó – si era posible – el beso aun más, y gruñó, presionando su pecho contra el mío. Sus brazos me abrazaron por la cintura, sus manos tocando y memorizando my espalda, mis manos estaban en su cabello, jalándolo hacia mi y nunca queriendo soltarlo.

"Jesús, Bella," dijo jadeando cuando se alejó. "Mejor nos vamos, o no creo saber lo que haremos."

Aún estaba jadeando así que solo asentí.

Me había finalmente detenido en un estacionamiento libre, estaba locamente lejos del lugar a donde me dirigía. En el momento había sido yo quien iba mucho más tarde que Edward. Pero empecé a caminar, de cualquier forma. ¿Qué se suponía que hiciera?

Decidí simplemente mirar por ahí mientras tranquila y lentamente iba a donde me estaba esperando. Quiero decir, no se iba a ir. Sabía que no haría eso. Me reí en voz alta, había hecho muchas cosas estúpidas por mí los pasados 4 meses, y lo estaba amando más... esperen, ¿qué?

Sacudí mi cabeza, y mejor regresé a mis recuerdos.

Edward se dio cuenta que me estaba cansando y frustrando, y apenas habíamos caminado como un kilometro.

Así que sus próximas palabras me tomaron por sorpresa.

"¿Cuál es tu color favorito, Bella?"

Lo miré, y sonreí. "Verde."

Sonrió con suficiencia. "¿Ah, sí? ¿Desde cuándo?"

Me sonrojé, obviamente, pero decidí ser honesta. "Desde que te conocí."

Edward solo sonrió dulcemente, en lugar de la sonrisa de suficiencia que había esperado me mostrara.

"El mío es café," dijo mirando directo a mis ojos, y haciéndome sonrojarme más. Sabía porqué su color favorito era el café, también.

"Así que... ¿Literatura Inglesa?"

Continuó, y sabía que estaba tratando de hacer conversación mientras llegábamos al lugar a donde me llevaba, lo cual me intrigaba.

Asentí. "Sí, siempre he amado el leer y eso," me volví a él. "¿Tú?"

"Escuela de Medicina," dijo, y para ser honesta, me conmocionó un poco. "Mi papá es doctor, así que..."

"Claro," dije, y decidí preguntar algo yo misma. "¿Primer beso?"

Se carcajeó. "¿De veras quieres saber eso?"

"¿Por qué no?" le pregunté. "Yo te diré el mío, también."

"De acuerdo," asintió. "Tenía 13, y fue con una chica llamada Tanya," se estremeció un poco al final, y arrugué la frente.

Por suerte él no me vio. "15, su nombre era Seth."

"¿Montaña o playa?"

Me burlé. "Montaña."

"Yo, también," dijo. "¿Salir a una fiesta o quedarte en casa leyendo un libro?"

Suspiré. ¿En serio? "No deberías tener que preguntar esa."

Edward se rió. "Lo sé. Quedarte en casa leyendo un libro, ¿correcto?"

"Correcto, ¿y tú?"

Él se burló. "Deberías saber eso. Parrandear, aunque sí disfruto mucho más seguido de lo que piensas de un buen libro."

Asentí. "¿Rubia o morena?"

Esta era una difícil, lo sabía, pero quería saberlo con tantas fuerzas. Edward se detuvo abruptamente, y se volvió a verme, sus ojos brillando con diversión y algo más escondido en esas piscinas de verde.

Hizo un puchero. "¿Adivina?" murmuró tan seductivamente, bajo y ronco que tuve que cerrar mis ojos por un momento. Lo siguiente que sentí, fueron los calidos y suaves labios de Edward rozar los míos tan suavemente que apenas era un beso. "Morenas," dijo, besándome profundamente y dejándome sin respiración.

Maldición, maldición y maldición otra vez, me iba a dar un masivo dolor de cabeza sino llegaba allí rápidamente. Y me estaba poniendo un poco – bueno, honestamente, mucho – frustrada con Edward por hacerme hacer esto. Me pudo haber llamado hace rato y salvarme de toda mi frustración y un poco de rabia contra él. Pero, no, tenía que hacer las cosas de la forma difícil, como era usual.

Y entonces lo estaba maldición otra vez, porque por mucho que las cosas fueran difíciles, me hizo enamorarme de él, y estaba muy malditamente feliz de que lo hiciera.

Habíamos estado caminando por una hora más o menos, y me estaba empezando a impacientar y a darme una loca hambre. Edward me dijo que estábamos muy cerca, así que estaba de verdad, tratando mucho el ser paciente y esperar.

¡Pero oh que había valido la pena la espera cuando llegamos allí!

Entramos juntos, tomados de la mano, a este hermoso prado. Había flores por todo lados, me arrebataron el aliento, no pude apartar la mirada por unos buenos cinco minutos. Asimilándolo todo. Los colores, las texturas, los sonidos... eran fascinantes casi abrumadores, y el sentir todo esto con Edward a mí lado, me encontré incapaz de describir lo increíble que me sentía.

"¿Te gusta?" Edward preguntó, rozando el lóbulo de mi oreja con sus labios; me estremecí, porque ni siquiera me había dado cuenta que estaba así de cerca.

Asentí. "Es hermoso."

Con mi mano aun en la suya, tiró de ella y empezó a caminar hacia el centro del prado. "Ven," dijo, y estábamos allí, colocó una manta un el suelo y luego se sentó colocándome entre sus piernas.

Suspiré contenta.

Sacó algunas cosas, y miré fijamente con la boca abierta.

Me volví hacia él para mirarlo a los ojos. ¡Tenía que estar bromeando! Como lo supo, no tenía ni la misma loca idea.

"¿Qué?" preguntó, genuinamente confundido.

"¿Mermelada y mantequilla de maní?"

"Sé que te gusta," dijo en un tono que era un hecho que me dejó boca abierta de nuevo.

Entonces, sacó algo de pan, y algunas fresas, jugo de manzana, unos cuantos platos y vasos. Y me dejó pasmada. Para cualquier otro, hubiera parecido estúpida, mí reacción. Pero no me importaba. Todas esas cosas eran mis favoritas para desayunar, y no le había dicho nada, ¡¿y lo sabía? Estaba empezando a ponerme escéptica, y pensé en preguntarle a Alice o Rosalie si ellas no le habían dicho que traer. O quizá estaba siendo paranoica, y Edward en verdad había estado poniendo atención. Quiero decir, sabía cual era su desayuno favorito, prefería un plato de Cheerios que un omelette, prefería jugo de naranja que leche, prefería una rebanada de melón que de papaya. Sabía todas esas cosas sin que él me las dijera, ¿porqué no lo sabría él, tampoco?

"Esto es de veras lindo," le dije, acurrucándome contra su pecho cuando habíamos terminado. "Gracias. Mejor primera cita de todas."

Lo sentí sonreír luego escuché su risa entre dientes. "Que bien que pienses eso. Ese era mi objetivo principal."

"Sí, bueno," murmuré, volviéndome para verlo, y besé su cuello. "Tuviste éxito."

De acuerdo, había estado muy enojada desde la primera gota de sudor que sentía cuando caminaba hacia la Isla Duck. ¿Por qué rayos tenía que haber elegido un lugar tan lejos?

Ni siquiera mis recuerdos de nuestra primera cita me calmaron. Y había sido una perfecta, me había dejado pasmada con sus detalles y deseos por hacerla perfecta y especial, y lo había hecho tan bien, no podía creer lo suertuda que era. No podía creer que hubiera encontrado a tan perfecto hombre para mí. Porque quizá no fuera perfecto, pero lo era para mí.

Había estado también feliz de que había visto su foto y tenido una advertencia antes de conocerlo. Hubiera caído por él aquella misma noche y hubiéramos tenido sexo, una cosa de una noche y entonces él me hubiera olvidado y yo hubiera terminado con el corazón roto. Había luchado por mí, había sentido más que solo lujuria, y me había probado que él había la pena una oportunidad, así que finalmente cedí. Tenía que ser honesta, no iba a durar mucho si él seguía con todos sus detalles y las insinuaciones que nos lanzábamos uno al otro cada vez que nos encontrábamos.

Sonreí abiertamente, él era lo mejor que me había sucedido jamás, y no lo iba a dejar ir.

My mal humor olvidado por un momento.

Hasta que sentí el calor de nuevo, y el sudor cayendo por mi rostro, cuello... traté de limpiarlo, pero no tuve mucho éxito. Y entonces me enojé otra vez.

Necesitaba ejercitarme un poco, así que decidí ir a correr por el parque. Y maldición, allí estaba él. ¿Por qué siempre aparecía de la nada en donde sea que yo estaba?

"¿Me estabas acechando, Cullen, maldición?"

"Quisieras, Swan," me lanzó de regreso, sus ojos hurgando por todo mí cuerpo. Y maldije a Alice por comprarme este conjunto, pero luego le agradecí en silencio. No le iba a decir eso, por supuesto.

"¿Qué estas mirando?"

Sonrió con suficiencia. "¿Qué?"

No le creí por un segundo su tono inocente, y estaba mirando fijamente mi escote.

"No te hagas el tonto, ¿no es suficiente que lo hagas a diario?"

"Ow," fingió ser lastimado. "Te gusta, así que no te hagas la tonta tú."

"Huh," resoplé. "De nuevo, quisieras."

"Quisiera que estuviéramos ejercitándonos juntos, eso es jodidamente diferente," Edward murmuró con una voz ronca, sus ojos de nuevo recorriendo todo mi cuerpo. "Valdría mucho más la pena, y lo disfrutaríamos. Me refiero a que este cuerpo no necesitaba ejercicio, pero un jodidamente buen sexo. Puedo proveer eso."

Hablaba demasiado a veces, y ojala, de veras que ojala pudiera decir sí. Todo el maldito tiempo.

"En tus sueños, Cullen," le respondí, no dejándome mostrar cómo me afectaba.

"Cada noche," dijo usando ese tono de voz suyo, una torcida y locamente sexy sonrisa en su guapísimo rostro. "Tanto que mí cama esta demasiado sola y mi mano demasiado cansada."

Jadeé, y me alejé trotando. Me sentía más húmeda en ese momento que antes de encontrar a Edward.

Maldito él y sus penetrantes ojos verdes.

Finalmente había llegado a la Isla Duck, pero no vi nada.

Suspiré exasperada, y saqué mi celular de mi bolsillo, marcando el número de Edward, pero él me ganó.

Mira al frente, E.

Mí cabeza se volvió rápidamente, y miré este pequeño bote acercándose a donde estaba, y jadeé. Porque Edward venía hacia mi, en ese bote, y era azul y había muchas letras pintadas por todo el bote. No podía ver lo que decían a esta distancia, y entonces miré a Edward, y jadeé de nuevo.

Llevé mi mano a mí boca, tratando de ocultar la expresión de shock en mi rostro, y luego la gran sonrisa abierta que no podía evitar sentir.

Me quitó los lentes de sol, y aunque me dejaron ciega por unos cuantos segundos, y sentí mis ojos empezar a humedecerse, no alejé mi mirada del asombroso hombres que venía hacia mí. No podía creer lo que veía, pero allí estaba.

Finalmente, cuando el bote estaba lo suficientemente cerca de mi para ver lo que las letras en el bote decían, Edward jaló de algunas cuerdas y luego una gran una tipo manta salió volando y cayó al agua, pero me distrajo la mas asombrosa vista que mis ojos podían ver, dejándome sin respiración una vez más.

Porque de repente, docenas y docenas de globos salieron volando, pero antes de que pudieran llegar muy lejos, vi a Edward alzar su brazo, y como si fueran tiras, era como la imagen de un tipo vendiendo globos en un parque, excepto que Edward lucía como alguien que pertenecía a las películas.

Estaba sin habla, y mi corazón estaba descarrilado.

Realmente lucía como si perteneciera a una película, no al mundo real, no a mí. Estaba sonriendo abiertamente, sus ojos centelleando, su cabello reflejando hermosamente el sol en su cabello bronceado, casi lucía como un ángel.

El bote ancló en el puerto, y Edward saltó fuera, caminando directamente hacia mí. Y para cuando me alcanzó estaba con la boca abierta.

"¿Qué..." balbuceé, porque no podía encontrar las palabras. "¿Qué estas... cuándo... cómo hiciste... qué... ¿qué es esto, Edward?"

Dios, al fina una oración coherente.

Y entonces noté su playera. Y mis ojos casi se salieron de sus cuencas.

¡SÉ MÍA... COMO YO SOY TUYO!

Miré fijamente a las letras grabadas en su playera verde como si no pudiera leer las palabras allí, como si no pudiera entender lo que decían. Estaba un poco confundida, y se notaba en mi rostro.

Él solo sonrió más abiertamente, y señaló arriba a los globos que estaba sosteniendo.

Miré arriba, y luego jadeé en sorpresa.

Eran como... 10 docenas de globos de diferentes tamaños, colores, formas y todos tenían frases impresas en ellos.

¡Me gustas! ¡Eres sexy! ¡Me atraes! ¡Eres hermosa! ¡Eres mi mundo! ¡Te deseo! ¡Te necesito! ¡Soy tuyo! ¡Te amo! ¡Eres perfecta! ¡Estoy hecho para ti! ¡Te aprecio! ¡Eres asombrosa! ¡Estemos juntos! ¡Amémonos! ¡Te adoro! ¡Me vuelves loco! ¡Siempre estaré contigo! ¡Nosotros encajamos!

No podía apartar mi mirada de todos los globos... y entonces...

Miré abajo, mis ojos enormes.

"¿Qué dices?" me preguntó simplemente, sus ojos tan verdes que me robaron el aliento, su rostro expectante que no podía decepcionarlo, su sonrisa tan perfecta que le sonreí.

¿Sé mi novia?

Había dos globos al frente, y avancé hacia el frente y besé a Edward.

Me besó en respuesta animadamente, y gemí y tiré de su cabello. Esto era lo mas asombroso, espectacular, y todo lo que podía pensar era que nadie había echo esto por mí. Me sentía como la chica viva con más suerte.

Alcé la mano, lentamente abriendo mis ojos. Podía ver los dos globos que estaba buscando, y seguí besando a Edward con toda la pasión y deseo y... amor, que tenía por él.

Finalmente alcancé el cordón que quería, y jalé el globo.

Y entonces rompí el beso con Edward, me miró confundido, y traté con todas mis fuerzas el verme seria; no había notado el cordón en mi mano.

"Por favor, di algo, Bella," su voz se quebró un poco.

"¿Acerca de qué?"

Arrugó la frente, pero jaló otro cordón, y era el globo más bonito que había visto.

Pero cuando lo alcanzó, y jaló de el para que pudiera leer las palabras, jadeé. Era una copia perfecta del prado al que me había llevado hace tres meses, y las palabras "¿Sé mi novia?" podían ser leídas.

Pretendí que lo pensaba, y luego jalé hacia abajo mi propio globo.

Edward se dio cuenta, y miró hacia arriba, antes de soltar todos los globos, y que se fueran volando hasta el cielo. Me jaló hacia él, besándome profundamente y con hambre.

Y cuando me soltó, murmuré. "Sí, sí, sí," lanzándome a sus brazos que me esperaban una vez más.

Me besó, entonces...

Cuando se alejó de mí para poder respirar, miró profundamente en mis ojos, una fuerte emoción haciéndolos más abrumadores de lo que ya eran.

"Te amo, Bella," dijo tan suave y gentilmente, que casi lloré.

¡Jesús! ¿¡Apenas habíamos estado saliendo por tres meses, y ya me estaba diciéndome que me amaba!

Sabía ahora que en este mismo instante, era la chica con más suerte en jamás tener el placer de encontrar el amor de esta forma. Sabía sin ninguna duda cual debería ser mi respuesta. La sentía en mis huesos, haciéndome temblar con el sentimiento dentro de mí.

"Joder, yo también te amo," murmuré ferozmente y el se carcajeo.

Lo callé presionando con fuerza mis labios en los suyos, y el respondió con la misma fuerza. Besándome como si nunca me hubiera besado antes. Me sentía desmayar en cualquier momento.

"¿Maldijiste?" me preguntó incrédulamente cuando nos alejamos, pero aunque presionado uno al otro.

Guiñé. "Bueno, solo dije, ¿qué demonios?"

Él sonrió con suficiencia.

Sí, y pensé de nuevo. ¿Qué demonios? Él me amaba, yo lo amaba. A quién le importaba si maldecía o no, él amaba cuando yo maldecía, también. Así que...

¿Qué demonios?


Gracias por leer...

Dejen algo de amor, ¿sí? Edward y Bella valen la pena, sino no querrán volver a hablarme para que yo pueda seguir escribiendo y transmitir sus historias! :)