Disclaimer: la historia y los personajes originales le pertenecen a Suzanne Collins. Yo solo planteo nuevos puntos de vista


Abro el horno y saco la humeante bandeja de panes recién hechos. El calor del fuego resulta reconfortante en un día tan frío como hoy, en el que cada vez que respiras puedes ver tu aliento saliendo en volutas blancas por tu boca.

Coloco con cuidado la bandeja sobre la mesa y dejo que el pan se enfríe, cosa que no tardará mucho considerando la brisa helada que se cuela por la ventana.

Me acerco para cerrarla y veo los manojos de maíz brillantemente coloreado como decoración para la próxima Cosecha adornando todas las casas. La casa de Haymitch se encuentra hacia la izquierda de la mía, a unas cuatro casas de distancia, mientras que la de Katniss y su familia se encuentra a tres casas hacia la derecha.

Contando la mía, únicamente hay tres casas habitadas en la Aldea de los Vencedores. Aunque claro, el aspecto de la casa de Haymitch no sugiere precisamente que vivan personas en su casa. Uno más bien pensaría en una manada de perros salvajes…

Puedo ver como sale humo por la chimenea de la casa de Katniss desde aquí. Y empiezo a pensar en ella, pero no quiero ponerme triste, al menos no hoy, porque el día que he estado temiendo y ansiando desde hace semanas por fin ha llegado. Hoy comienza nuestra Gira de la Victoria.

Selecciono una de las barras de pan que acabo de sacar del horno y la envuelvo en un pañuelo. Camino hasta el recibidor y tomo uno de los abrigos, que me envió Portia hace dos semanas, del gancho que se encuentra detrás de la puerta. Probablemente debería ponerme un gorro también, pero el aire frío me hace bien.

En cuanto abro la puerta una ventisca helada entra a la casa arrastrando algo de nieve al interior. El breve trecho que tengo que caminar para llegar a la casa de Haymitch es suficiente para hacer que las mejillas me duelan a causa del frío.

La puerta está entreabierta, pero eso no me dice nada, pues no es nada raro que mi antiguo mentor se olvide de cerrarla todo el tiempo. Pensándolo bien, inclusive puede ser positivo que la puerta se haya quedado abierta, pues al menos hará algo con el aroma a licor, vómito, ropa sucia y miseria humana en general que se ha apoderado de su casa.

Me he ofrecido en varias ocasiones para poner algo de orden en su casa, pero el continúa negándose.

Veo como el pequeño buzón de la entrada se encuentra algo abollado y torcido y me pregunto como sucedió eso, probablemente Haymitch se sostuvo de él en alguna de sus borracheras y el pobre no fue capaz de soportar su peso. Hago una nota mental para venir a repararlo cuando regrese de la gira.

Cuando llego a la puerta tomo aire, a sabiendas de que el aroma adentro será casi insoportable. Y no es hasta que estoy parado en el marco de la puerta que escucho la voz. Su voz:

-… haberselo pedido a Peeta- me he perdido la mayor parte de la conversación, y aún así, el sonido de su voz y verla ahí parada es suficiente para hacer que mi corazón se detenga por un instante antes de empezar a latir como loco en mi pecho.

-¿Haberme pedido qué?- digo haciendo que ambos se percaten de mi presencia.

En cuanto escucha mi voz ella se tensa y se endereza, pero dura un segundo antes de darme la cara.

Y eso me duele, porque ya han pasado meses desde que regresamos y no hemos logrado ni siquiera una cordialidad forzada. Katniss siempre se ve incómoda cuando está cerca de mi y yo cada vez que la veo solo soy capaz de pensar en lo roto que se encuentra mi corazón desde aquel día en el andén, cuando ella me reveló que todo lo que había pasado dentro y fuera de la arena no había sido más que una estrategia, desarrollada entre ella y Haymitch, para mantenernos con vida en la arena.

Cuando se voltea a verme evita deliberadamente mis ojos, pero yo si que estudio los suyos, donde nacen y mueren un montón de emociones: culpa y pena principalmente, aunque también hay algo más ahí detrás, algo a lo que no me atrevo a ponerle un nombre porque yo seré el único perjudicado si resulta que estoy equivocado.

Entro a la casa hasta llegar a la mesa y sacudo la nieve que se ha quedado atrapada en mi pelo. Coloco la barra de pan sobre la mesa y la desenvuelvo mientras siento como Katniss me mira de reojo, tal vez tomando nota de los kilos que he ganado en los últimos meses, o de como ya casi no cojeo al caminar por culpa de la prótesis que me pusieron en el Capitolio.

El aspecto de Haymitch resulta casi cómico, completamente mojado, probablemente a causa de la garrafa de agua que Katniss acaba de echarle encima para despertarlo. Extiendo la mano para que me de el cuchillo que aún tiene la mano

-Haberte pedido que me despertaras sin darme una neumonía- dice Haymitch respondiendo a la pregunta que hice al entrar mientras me da el cuchillo. Se saca la sucia camisa que trae puesta, dejando al descubierto una camiseta interior que también está sucia pero al menos un poco más seca, que emplea para secarse la cara.

Sonrío y mojo el cuchillo que Haymitch me acaba de dar con un poco de licor blanco que saco de una botella en el suelo. Luego froto la cuchilla con el borde de mi camisa, que si está limpia y empiezo a cortar el pan en rebanadas.

Me parece curioso que todos tengamos nuestros escapes ante los horrores que nos tocó vivir en los Juegos. Haymitch bebe, Katniss caza y yo me dedico a hornear y ahora también a pintar.

Le paso la punta del pan a Haymitch, pues sé que le gusta y tomo aire antes de dirigirme a Katniss.

-¿Quieres un trozo?

Ella da un respingo cuando me dirijo a ella.

-No- balbucea- comí en el Quemador- dice tratando de controlar su voz- Pero gracias.

La formalidad que hay en su voz hacia el final de la oración me lastima.

-De nada- respondo algo tenso.

Haymitch lanza la camisa sucia por encima de mi cabeza hacia el desorden que es toda su casa.

-Brrr. Vosotros dos tenéis que calentar antes del espectáculo.

No quiero, no quiero tener que volver a demostrar mi afecto hacia Katniss en público cuando sé que todo es mentira por parte de ella. No quiero fingir que somos el par de tortolitos que ganaron los Juegos del Hambre, cuyas repeticiones pasan constantemente por televisión haciendo que yo sufra una y otra vez tratando de ver que fue lo que me perdí en la arena. O peor aún, preguntándome que he hecho mal para que nada de eso sea real.

En momentos como este no se si sentir agradecimiento hacia la señora Everdeen, la madre de Katniss, por aquella escena a nuestro regreso, cuando nuestra familia y amigos nos recibieron en la estación.

Los reporteros se habían dedicado a hacerles preguntas a todos y la madre de Katniss no fue una excepción. En algún momento alguien le preguntó que qué pensaba con respecto al nuevo novio de su hija, a lo que ella respondió que, a pesar de que yo era el modelo exacto de lo que cualquier joven debería ser, Katniss era aún demasiado joven para un novio.

Después de muchas risas y comentarios de "alguien está en problemas", consideré que esa era el mejor momento para liberar, al menos un poco, a Katniss de aquella fachada que tanto debía estarla fastidiando. Solté su mano y me aparté un poco de ella, a pesar de que mi cuerpo me pedía a gritos su contacto y los dedos me picaban por volver a tomar su mano.

La presión era mucha, por supuesto, pero al menos sirvió como la excusa perfecta para ser algo más reservados de lo que habíamos sido en el Capitolio. Sé que al menos para Katniss había servido para explicar por qué rayos no nos habían visto juntos desde que las cámaras se marcharon.

Katniss me mira de reojo y se muerde el labio antes de decir:

-Tomate un respiro, Haymitch.

Entonces sale por la ventana, se deja caer al suelo y empieza a caminar por el jardín hasta su casa. La veo alejarse y siento que mi corazón se encoje en mi pecho. Dejo el cuchillo que hasta el momento había mantenido en mi mano y trato de ignorar la mirada que me dirige Haymitch. Pero fallo en el intento y termino viéndolo a los ojos, ojos grises de la Veta, como los de Katniss.

-Sigue dándote problemas ¿eh chico?

Dejo salir una especie de sonido que se supone iba a ser displicente, pero termina sonando patético, así que Haymitch se echa a reír.

- Sabes que te quiere ¿cierto?

Eso me llena de furia.

-¡No, no lo se! Y ese ha sido el problema todo el tiempo ¿no? Qué creí saber que me quería para solo darme cuenta de que me había estado comportando como un estúpido todo el tiempo. ¡Cuánto debiste divertirte tú viendo todo desde la cabina cuando sabías que ella no sentía nada por mí!

Espero a que Haymitch se enfade, a que me grite, a que me insulte, a que me de la razón, pero él se limita a encogerse de hombros y a escoger una botella para comenzar a beber.

-Es cabezota, tal vez ni siquiera ella misma lo sabe. Pero ahí está, puedes verlo en su cara.

Me dejo caer en una de las sillas y hundo el rostro entre mis manos.

-Ya ella ni eso me permite- me quejo con tristeza- ¡Ni siquiera me permite verla! Es decir… ¿has visto lo rápido que se marcha cada vez que entro a una habitación? ¿Cómo sus ojos parecen evitarme todo el tiempo?

Haymitch mete la lengua en la botella tratando de sacar hasta la última gota de alcohol, luego acerca el borde a uno de sus ojos y cierra el otro para cerciorarse de que no queda nada más y tira a un lado la botella que se hace añicos en un rincón.

-También he visto como te mira cuando no estás prestándole atención, chico. Créeme, ahí hay algo. Tal vez ella aún no sabe el qué exactamente, pero uno no arriesga la vida sin más por alguien que no le importa. Dale tiempo ¿quieres? Déjale su espacio, que salga, que cace, déjala vivir la vida que la obligaron a abandonar ¿de acuerdo? Sabes como es ella, si le dices que no haga algo se tirará de cabeza a ello.

Pero ya no lo estoy escuchando, porque sé que parte de la vida que tuvo que abandonar lo incluye a él. A Gale.

Esa era otra de las grandes sorpresas que nos esperaban al volver. Durante la ronda de entrevistas que se desarrolla cuando los juegos llegan a la tercera parte de sus jugadores, es decir, los últimos ocho, enviaron a un grupo especialmente grande de periodistas que se encargaron de buscar a nuestros amigos y familia.

Siendo la relación de ellos dos como era, no fue de extrañar que cuando preguntaron por Katniss todos en la Veta señalaron en dirección a Gale. El problema era que, para ese momento, el supuesto romance entre Katniss y yo era prácticamente el tema principal en el Capitolio, así que ¿cómo presentar a aquel chico, alto, atlético, poco dispuesto a ser simpático y casi ridículamente guapo, como su amigo?

La solución surgió gracias al parecido físico que tienen todos en la Veta: la piel aceitunada, el cabello oscuro y liso y los ojos grises. ¡Bingo! Alguien lo presentó como el primo de Katniss y despejaron cualquier duda de que ella podía querer a alguien que no fuera yo.

Ella no pareció especialmente complacida cuando, en la estación, su madre dijo "¡Tus primos no pueden esperar a verte!" pues Katniss no tenía primos. De hecho no tenía familia fuera de su madre y su hermana, pero ahí estaban ellos, Gale rodeado de pequeños niños y una mujer que conocía como Hazelle y que se dedicaba a lavar ropa ajena para ayudar a su familia a salir adelante. Aun así, Katniss no pudo hacer nada sino seguir la corriente y fingir que todos ellos, Gale incluido, eran sus familiares.

-Date un baño- le digo a Haymitch mientras me pongo de pie y camino hacia la puerta- Debe faltar poco para que lleguen las cámaras.

Haymitch suelta una risotada que rebota en las paredes y logra gritarme antes de que cierre la puerta:

-Eso es, chico, sigue regodeándote en tu miseria. Espera unos pocos años y serás como yo.

Troto, más que camino, de vuelta hacia mi casa y me doy una ducha caliente tratando de relajar mis músculos.

Es todo un lujo esto de tener agua caliente en casa, pero no me acostumbro a meterme a la bañera aún. De alguna manera siento como si me estuviese cociendo a mi mismo en alguna clase de sopa.

Cierro el grifo cuando escucho los primeros sonidos de conmoción a mí alrededor. Los cláxones de los coches pitando, las puertas que se cierran a portazos y los grititos de bienvenida. Apenas tengo la oportunidad de envolver una toalla alrededor de mi cintura antes de que mi equipo de preparación en pleno haga acto de presencia en el cuarto de baño.

La desnudez no me incomoda como si le pasa a Katniss, pero de alguna manera me hace sentir extraño que estas criaturas, que apenas si parecen humanas debido a todas las cirugías a las que se han sometido, me miren tan atentamente.

Bigotes de gato, cejas con formas antinaturales y cubiertas de sustancias extrañas, mandíbulas modificadas quirúrgicamente para tener forma de diamantes o corazones o el cambio en los colores de la piel… ese es el tipo de cosas que se consideran atractivas en el Capitolio.

Ortrius, el único hombre en mi equipo de preparación tiene la piel de un tono morado muy cercano al de una remolacha, de modo que cuando se ríe sus dientes resultan inquietantemente blancos.

Entre los tres se dedican a peinarme y afeitarme. Por fin la sustancia viscosa que echaron sobre la piel de mi rostro en el Capitolio para evitar que me creciera el vello facial ha dejado de funcionar, así que tengo algo de barba, ante la cual ellos parecen estar realmente horrorizados, así que me rasuran y me vuelven a cubrir la cara de aquella sustancia asquerosa que hará que, al menos por unos meses vuelva a parecer un crío.

Los tres empiezan a parlotear sobre cuan exitosos fueron los juegos gracias a Katniss y a mi y como ha estado todo de aburrido desde entonces, así que todos están a la espera de que empiece la gira de la Victoria para saber que ha sido de nosotros y, por supuesto, más que nada, todos esperan por el comienzo del Vasallaje de los Veinticinco.

Luego de eso me felicitan por la suerte que he tenido de poder ser mentor, junto con Katniss, de estos juegos épicos. Aunque yo solo puedo pensar en que estos juegos solo serán el doble de malos que cualquier otro, pues al ser el Vasallaje el capitolio siempre piensa en formas más despiadadas de hacer los juegos.

A los veinticinco años de que se firmara el Tratado de la Traición y comenzaran los Juegos, la novedad estuvo en que no hubo cosecha sino votaciones en los distritos para elegir a los tributos. Si ya de por sí es malo saber que tus hijos, hermanos y amigos son víctimas del azar en una Cosecha normal, ¿cuánto peor es saber que fueron tus vecinos y amigos quienes los enviaron con sus votos?

A los cincuenta, el año en que ganó Haymitch, el castigo consistió en enviar el doble de tributos en la arena. Cuarenta y ocho tributos y no veinticuatro… y solo un ganador.

¿Qué clase de idea sádica tendrán para este año? Yo solo consigo pensar en el niño y en la niña que tendré que guiar este año.

-¡Y seguro Haymitch este año estará bajo todos los reflectores!- chilla Pilse a mi oído sacándome de mis pensamientos mientras parpadea exageradamente para que sus pestañas postizas de color azul eléctrico, revoloteen como mariposas.

En lo personal, nunca le he preguntado a Haymitch por su propia experiencia en la arena, basta con saber que fue lo suficientemente mala para que haya pensado que la única forma de evadirse era el alcohol. El tampoco parece especialmente interesado en compartirlo pero, como único vencedor de un vasallaje vivo, este año la prensa no le dará tregua, así que de cierto modo es alentador que seamos Katniss y yo quienes vayamos a trabajar como mentores.

Pilse llama mi atención para que levante los brazos para que pueda vestirme con un suéter gris de cuello alto. Portia se ha decantado por los tonos oscuros para mi vestimenta en esta ocasión. Azul, negro, gris… Bueno, no me quejo, parecen calzar a la perfección con el estado que se encuentran mi alma y mi corazón en este momento.

Cuando bajo, encuentro a mi estilista cómodamente sentada en una de las sillas de mi salón. No ha cambiado nada en los últimos meses, sigue luciendo bastante normal para los estándares del Capitolio si se dejan de lado las pestañas larguísimas y el tubo de metal de cinco centímetros que atraviesa su oreja derecha de un lado al otro.

Me envuelve en un cálido abrazo y cuando me pregunta que como estoy, me siento tentado a confiarle lo roto que me siento, pero no lo hago, porque no quiero que se preocupe por mi.

Hemos hablado varias veces por teléfono desde que volví del Capitolio, especialmente para hablar sobre como me ha ido con mi "talento". Ya disfrutaba bastante con la decoración de los pasteles en la panadería de mi familia, pero como ya el Capitolio no me permite trabajar en ello y yo de por si tenía que dedicarle tiempo a mi talento, tuve que buscar una alternativa, así que le pedí a Portia, la única persona del Capitolio en la que confío, que me ayudara a conseguir los materiales necesarios para dedicarme a la pintura.

El resultado fue que una semana más tarde llegaron en el tren un montón de caballetes, pinceles, paletas, lienzos y decenas y decenas de tubitos de pintura a base de aceite.

Al principio fue algo extraño, ya que sabía la cantidad de dinero exorbitante que acababa de gastarme en los materiales, suficiente para alimentar a una familia por seis meses. Gastar tanto dinero cuando vives en el Distrito 12, es algo a lo que simplemente no llegas a acostumbrarte.

No obstante, el arrepentimiento desapareció cuando las pesadillas empezaron a hacerme compañía cada noche. Porque cuando ves una y otra vez la muerte de veintidós tributos cada vez que cierras los ojos, te das cuenta de que es más saludable irse a dormir con un pincel en la mano que con un cuchillo, tal y como lo hace Haymitch.

Me dediqué a pintar los juegos… y más que los juegos, me dediqué a pintar a Katniss, una y otra vez.

Katniss lavando mi ropa en el río. Katniss agachada en el bosque a la espera de alguna presa que no hubiese sido espantada por mis ruidosos pies. Katniss durmiendo mientras la luz de la luna ilumina a medias su rostro, Katniss subida en un banco cantando la canción del Valle cuando teníamos cinco años.

La pinto a ella porque lo que más me aterra cada vez que despierto cubierto de sudor y con la respiración acelerada es no encontrarla a mi lado. Mis manos recorren por inercia la parte vacía de la enorme cama solo para recordarme que ella no duerme a mi lado desde aquellos días en la arena.

Es entonces cuando me levanto y comienzo a pintar, porque su imagen, grabada a fuego en mi mente, es lo único que me recuerda que ella es real. Que ella existe y que está viva. Ella vive, aún y cuando no sea a mi lado.

Portia me pide que le muestre mi talento, así que la llevo al cuarto bien iluminado que he designado para eso. Las pinturas se alinean sobre caballetes o se encuentran apoyadas en contra la pared sobre el suelo.

Portia se detiene aquí y allá para hacerme preguntas y yo le agradezco que no mencione la obvia obsesión que tengo por pintar a Katniss. Effie entra en ese momento a la habitación, haciendo que sus tacones repiqueteen sobre el suelo. Parpadea cuando ve la gran cantidad de cuadros, murmura un muy bonito y luego me pregunta que por qué no he pintado flores y paisajes.

Su peluca ha dejado de ser rosa para volverse de un color naranja calabaza y se agita peligrosamente cuando ella se mueve para recordarnos, como siempre que "tenemos un horario".

Acto seguido me besa en ambas mejillas y me envía a recibir a los dos camarógrafos que han venido para grabar tomas sobre mi talento y nadie parece sorprendido por la cantidad de veces que aparece Katniss en mis cuadros. Claro, para ellos solo soy un enamorado sin remedio. Aunque claro, solo saben la mitad de la historia. No sospechan que Katniss y yo prácticamente no intercambiamos palabra desde que volvimos de la arena.

Cuando termino, noto la presencia de Portia detrás de mi y me doy cuenta de que sostiene un abrigo negro a la altura de mis hombros. Alzo los brazos y siento el tejido suave del interior. Resulta reconfortante, como estar rodeado de un montón de cálidos conejitos.

Luego me pasa unos guantes de cuero negro y un gorro azul a juego con la bufanda que enreda en mi cuello.

Effie ha desaparecido, supongo que para ir a asegurarse de que Katniss esté lista, pero antes de salir me señaló que lo primero que grabaríamos en exteriores sería el saludo entre vencedores. Así que estoy tenso porque no se como rayos va a reaccionar Katniss ahora que estamos obligados a mostrar algo más que cordialidad al público: romance, sin duda es eso lo que quiere el Capitolio.

Portia me da un ligero empujón que me obliga a salir por la puerta. Afuera ha empezado a nevar más que esta mañana, así que al principio no logro ver a Katniss hasta que se acerca a mi, más corriendo que caminando, con una gran sonrisa en los labios. Me duele, pero entiendo al instante cual será el enfoque y me preparo para dar rienda suelta a lo que yo quiero hacer realmente y que ella solo finge para las cámaras. Cuando salta hacia mi no tengo problema en cogerla y empiezo a hacerla girar en el aire sin dejar que sus pies toquen el suelo, pero el hielo y mi pierna artificial me traicionan y resbalamos y caemos sobre la nieva, ella encima de mi.

Es entonces cuando ella me besa por primera vez en meses y yo vuelvo a pensar en aquel beso tan diferente que me dio en la cueva. ¿Habrá sido diferente de verdad? ¿O solo pienso que fue diferente? Siento ganas de echarme a llorar, pero sé que no puedo hacerlo. Por Katniss, no puedo dejar a Katniss en evidencia ante el Capitolio, sobre todo desde que se lo molestos que se encuentran por lo de las bayas.

Ella se separa de mí para tomar aire y se ríe al ver como me ha dejado manchado con su pintalabios rosa.

Me mira en esa forma en que solo ella es capaz de mirarme y roza mi mejilla con su mano enguantada limpiando las manchas de mi piel. Vuelvo a besarla, porque quiero hacerlo, porque me gustaría que esto de dar vueltas y de caer en la nieve sea real y no solo una mera actuación y veo como sus ojos se ponen vidriosos por un segundo a pesar de que soy yo quien debería llorar. Pero no llora, en lugar de eso se pon de pie y mete su mano en la curva de mi brazo mientras tira alegremente de mi para ayudarme a levantarme.

El resto del día es un borrón. Nos despedimos de todo el mundo, vamos a la estación y el viejo equipo parte de nuevo en el tren: Katniss, Haymitch, Effie, Cinna, Portia, los dos equipos de preparación y yo.

La cena es increíblemente deliciosa, pero solo me recuerda todo lo que viví desde la última vez que estuve en un tren en esta dirección, así que me cuesta trabajo tragar. Cuando nos paramos para repostar, veo como Katniss y Haymitch salen del tren a caminar, de nuevo haciendo planes que probablemente me incluyan pero que no me comparten.

Escucho como media hora más tarde regresan ambos y Katniss se va directa a su habitación y cierra la puerta. Después de eso no vuelve a hacer ni un sonido y yo paso la noche en vela pensando en cual pudo haber sido el tema de conversación de esos dos.

Por la mañana tendremos que estar en el distrito 11. El distrito de Rue y de Tresh.

La dinámica durante la gira de la victoria es iniciar en el distrito 12, donde las celebraciones son bastante pobres y limitadas e ir ascendiendo hasta llegar al distrito 1, brincándose al distrito ganador en el cual se hace una celebración espectacular. Este año por primera vez desde que Haymitch ganó sus juegos tendremos una celebración espectacular en el distrito.

Mi equipo no viene a buscarme hasta pasadas las diez de la mañana para peinarme y maquillarme un poco antes de suba al escenario junto a Katniss para pronunciar discursos sin sentido que de ninguna manera serán capaces de devolverles a este pueblo a los niños que ha perdido en el juego.

La noche sin sueño me ha dejado exhausto, pero mi equipo de preparación tampoco parece andar muy allá. Los veo servirse una taza de café tras otra mientras comparten píldoras de alegres colores.

-Bueno, al menos no nos ha tocado madrugar- señala Ortrius alegremente- Venia debe estar hecha polvo en este momento- y se que Venia es una de las chicas del equipo de preparación de Katniss.

Levanto una ceja mientras Pilse se dedica a peinar mi cabello, que hoy parece decidido a no quedarse en su lugar, pero no digo nada.

-¡Oh! Es solo que a tu chica toma un poco más el dejarla guapa ¿sabes?- dice Mitcha mientras me toma de la barbilla para mover mi cara hacia un lado y al otro para ver si el maquillaje que evitará que mi rostro brille bajo el sol de este distrito que no está en invierno.- Ellos han tenido que levantarse hace varias horas y por lo que entiendo aún les falta bastante rato.

¡Genial! Ahora para colmo de males Katniss estará de mal humor si se entera de que ha tenido que levantarse varias horas antes que yo.

Un par de horas más tarde, me doy cuenta de que tuve razón, pues Katniss es la última en llegar a la comida y nos dedica una mirada de reproche al notar que hemos empezado sin ella.

Intento parecer más animado de lo que me siento en realidad por la Gira de la Victoria. Aunque no es precisamente difícil pues todos menos Haymitch y Katniss parecen estar bastante felices con todo esto.

En una esquina de la mesa, Haymitch mordisquea una magdalena y bebe una taza de café a la que, de vez en cuando, agrega un chorro de licor blanco.

Noto que Katniss se sirve poco y come aún menos, pero lo que de verdad me desconcierta es la mirada de tristeza que me dedica en cierto momento. ¿Me he perdido de algo?

Mientras comemos Katniss se mantiene aún más apartada que de costumbre, a pesar de que todos intentan incluirla en la conversación.

En algún punto, el tren se detiene y el servidor se pasea por el carrito comedor para informarnos que no se trata de una simple parada para repostar sino que una pieza del tren se ha dañado y ha resultado inevitable detenernos para poder cambiarla. Tardarán al menos una hora en echarlo a andar de nuevo.

Effie saca de alguna parte la hoja con su horario y empieza a parlotear como este retraso va a impactar el resto de nuestras vidas y es entonces cuando Katniss estalla.

-¡A nadie le importa, Effie!

Nadie es capaz de disimular su sorpresa, e incluso Haymitch, con quien normalmente puedes contar para molestar a Effie, parece impactado por la actitud de Katniss, que sostiene todas las miradas sin echarse atrás.

-Bueno… ¡a nadie la importa!- repite y se levanta para dejar el vagón.

El ambiente en el tren se encuentra bastante caldeado y Effie parece a punto de ponerse a gritar o a llorar por la actitud de Katniss, así que me levanto y murmuro:

-Han de ser los nervios, no te lo tomes personal Effie- le doy unas palmaditas en la espalda y continúo- iré a hablar con ella, ya sabes, desde que nos subimos al tren no hemos tenido mucho tiempo para estar juntos. Ella también debe estar extrañándolo.

Veo como Haymitch levanta una ceja y suelta una risita, pero camino hasta la puerta se abre de manera automática y sigo a Katniss que probablemente se ha bajado del tren para despejarse un poco.

Salto al suelo, tal vez con demasiado ímpetu, porque he olvidado que no es nieve sino grama lo que me espera en el suelo. A mi alrededor, el aire es cálido y agradable y las hojas de los árboles son verdes.

Tardo un momento en decidir cual de las dos direcciones tomar, pues no tengo ni idea de por donde pudo haberse ido Katniss. ¿Izquierda o derecha? El problema de que no haya nieve es que no hay huellas que seguir tampoco.

Al final, me decanto por la derecha y después de diez minutos de caminata la encuentro sentada en el suelo con las piernas envueltas en sus brazos. No voltea a verme.

-No estoy de humor para sermones- dice mientras arranca un puñado de hierbajos.

-Trataré de ser breve- le contesto mientras me siento a prudente distancia de ella.

-Pensé que eras Haymitch.- dice en tono acusador.

-No, aún estaba trabajando en su magdalena- respondo mientras estiro completamente mi pierna artificial y dejo doblada la otra.

-No es nada- responde ella mientras respira profundamente, llevando aire a sus pulmones.

Me siento a su lado algo inseguro sobre como debo comenzar. Anoche mientras no podía dormir lo pensé durante un buen rato y llegué a la conclusión de que todo esto que estaba pasando entre nosotros era totalmente absurdo.

Estaba muy consciente de que tal vez mi mayor crimen había sido enamorarme como un idiota de la chica que tenía junto a mi, pero ¿realmente podía soportar que las cosas fueran así a partir de ahora? ¿Con tanto amor fingido cuando teníamos público y sin poder vernos a la cara cuando estábamos a solas? No… no podía seguir así.

-Mira, Katnis, llevo un tiempo con la intención de hablarte sobre la forma en la que actué en el tren.- empiezo- Quiero decir, el último tren. El que nos trajo a casa. Yo sabía que tu tenías algo con Gale- me obligo a decir porque es verdad ¿cuánta veces los había visto juntos, muriendo de celos, por la ventana de la panadería cuando aún no habíamos ido a la arena?- Estaba celoso de él incluso antes de conocerte oficialmente. Y no fue justo atarte a nada que sucediera en los Juegos. Lo siento- me disculpo rápidamente antes de que mis emociones me traicionen y no pueda hablar a través del nudo en mi garganta.

Katniss abre mucho los ojos, sorprendida por mi disculpa y también, me parece, algo aliviada. No puedo culparla, yo marqué en parte la pauta para nuestra relación cuando volvimos a casa, pues tampoco había intentado con mucho ahínco retomar contacto.

No era su amistad lo que quería… pero ¿y si eso era lo único que podía conseguir? ¿Realmente podía ser tan tonto y orgulloso como para preferir vivir sin ella si no era exactamente de la forma en que yo quería?

-Yo también lo siento- dice ella, aunque no estoy seguro de por qué se está disculpando específicamente. ¿Siente no quererme o siente haber fingido que me quería? Después de todo, solo lo hizo para tratar de salvarnos a los dos ¿no? Cuando solo había posibilidades de que uno de los dos saliera de la arena ella no había tratado de engañar a nadie.

Yo agito la cabeza y le digo:

-No hay nada por lo que debas disculparte. Solo nos estabas manteniendo con vida. –y pienso en lo doloroso que fue para mi que me ignorara en un momento y que luego se lanzara sobre mi en la nieve y agrego- Pero no quiero que sigamos así, ignorándonos mutuamente en la vida real y cayendo sobre la nieve cada vez que hay una cámara cerca. Así que pensé que si dejaba de estar tan, ya sabes, herido- digo como si no fuese la gran cosa- podríamos intentar ser amigos.

Amigos. La palabra me quema las entrañas y hace que los ojos se me humedezcan, pero si es lo único que puedo ser para estar a su lado, no puedo dejar pasar la oportunidad. Un poco de Katniss siempre será mejor que nada.

-Vale- dice ella y me sonríe, y esa sonrisa hace que el ácido que me quema por dentro deje de hacerme tanto daño, aunque una parte de mí nota que hay algo un poco extraño detrás de esa sonrisa.

-Así que ¿qué es lo que va mal? – le pregunto tratando de entender al menos uno de los misterios detrás de esos ojos grises.

Ella se muerde los labios y voltea a ver a otro lado. Sus dedos juguetean con un manojo de hierbajos y al final, tira de ellos para arrancarlos de raíz.

De acuerdo, creo que empecé con algo demasiado pesado.

-Empecemos con algo más básico.- le digo tratando de tranquilizarla- ¿No es raro que sepa que arriesgarías tu vida para salvar la mía pero no sepa cual es tu color favorito?

La pregunta la hace sonreír y yo me felicito mentalmente.

-Verde ¿Cuál es el tuyo?

-Naranja- respondo con mi color favorito de hoy, porque cambia según el día. Hoy es naranja porque recuerdo el resplandor de Katniss cuando Cinna la cubrió de llamas durante el desfile.

-¿Naranja? – ella no parece poder creérselo, pregunto por qué- ¿Cómo el pelo de Effie? –por eso.

-Un poco más apagado. Más como- intento dar un ejemplo que no sea el que tengo en la cabeza justo ahora, pues no se adapta mucho a mi posición como amigo- el atardecer.

Ella cierra los ojos y parece pensárselo.

-Sabes, todo el mundo está delirando con tus pinturas. Me siento mal por no haberlas visto.

-Bueno, tengo un vagón lleno de ellas- me levanto y en un acto irreflexivo le ofrezco la mano para ayudarla a ponerse de pie. Vamos

Ella entrelaza sus dedos con los míos y siento que ha vuelto al lugar al que pertenece, aún y cuando no sea de la manera en que quisiera que fuera.


Hola a todos y todas!

En vista de la cantidad de reviews que dejaron en la nota del otro fic, les dejo aquí, antes de lo previsto, el primer capítulo de la continuación de Cuidados.

Agradezco de nuevo a todas aquellas que quisieron ayudarme a ponerle nombre a este fic, especialmente a Shey que fue quien me dió el nombre que elegí al final. Ocupo ponerme en contacto contigo para poder ver lo del oneshot. En mi perfil está mi facebook y mi correo, para que podamos llegar a un acuerdo.

Espero que les haya gustado este inicio y les agradezco a todos por leerme.

Un beso enorme! :D