Aquí os dejo mi pequeña locura, por ahora no me extiendo mucho, espero que os guste! :)

Prólogo

La vida… ¿Qué era la vida para mí? ¿Cuál era el fin propuesto para esta existencia vacía y sin ningún tipo de significado? Era triste pensar que lo único que me motivaba para seguir adelante era el odio irracional que sentía, ese odio que me consumía día tras día, y sólo él era el causante de ese sentimiento ilógico, la persona por la cual sacrificaría mi cordura tan sólo por poder atraparlo y hacerle pagar todo el daño que me había provocado desde que era una niña. Aquella rutina e incertidumbre se estaba convirtiendo en un hábito, una costumbre pésima que se asomaba a mi mente cada vez que el sol oteaba desde el horizonte mientras mis párpados se abrían hacia la luz del inesperado astro rey.

Vida, nunca había encontrado un significado específico para aquella palabra que me atormentaba a cada instante. ¿Quién querría vivir en un monótono ir y venir del cual no podías escapar mientras la soledad se apoderaba de cada momento vivido?

- ¡Aoko! ¡Que llegas tarde!

La no demasiado inesperada voz de mi padre terminó por despejar completamente mis sentidos, aletargados durante demasiado tiempo. Miré con urgencia hacia el reloj-despertador que adornaba mi mesita de noche. ¿¡Las ocho! ¡No me lo podía ni creer!, todas aquellas prisas por capturar a aquel maldito ladrón durante tantas semanas y justo el día del gran espectáculo ¡Me quedaba dormida!

Bajé las escaleras precipitadamente sin molestarme a echar una última mirada al espejo de mi habitación y a mi descuidado aspecto.

- ¿¡Cómo no me despertaste antes! –Refunfuñé.

- Pensé que a una mujer de veinte años como tú que se le podría comenzar a considerar adulta no le tendría por qué despertar su padre –Me contestó frunciéndome el ceño, con toda la ironía que su voz podía procesar-. No es tu primera vez como policía, deberías estar más atenta a las cosas importantes.

Ignoré su regañina como pude colocándome el abrigo por encima de los pantalones vaqueros y del viejo suéter. Lo de dormir por la tarde se estaba convirtiendo en una mala costumbre.

- ¡No me esperes para cenar! -Grité desde la puerta de entrada-. ¡Llegaré tarde!

El coche de policía de mi padre relumbraba con su brillante carrocería azul metalizado ante las luces del atardecer. Abrí la puerta precipitadamente y arranqué el coche intentando no aplastar al pequeño mini coupé que me encajonaba. No creo que fuera propio de una policía de mi nivel ser multada por semejante infracción. Lo único que realmente me preocupaba era la conducción temeraria, demasiado estrés para tan poco espacio.

Crucé la ciudad más rápido de lo habitual en dirección centro. Me extrañó la poca cantidad de gente que se agolpaba al lado del museo, lo habitual sería que una o dos horas antes de que el famoso ladrón de guante blanco decidiese actuar no cogiera un alma entre el gentío que gritaba y coreaba a favor del ladrón.

Me rechinaron los dientes.

Un pitido agudo cortó mis pensamientos; miré para el manos libres del coche con irritación, buscando alguna inútil excusa ante mi demora.

- Lo siento Mike, estaré allí en dos minutos.

- Tenemos nuevas Aoko, -Respondió ignorándome- Kid no actuará esta noche.

- ¡¿QUÉ NO QUÉ? –El frenazo que pegué a continuación debió de costarme como mínimo más de la mitad de los puntos del carné de conducir, lo que originó numerosas miradas asqueadas y una variada retahíla de insultos - Repite lentamente lo que acabas de decir.

Después de pasarme más de DOS semanas planeando aquel ataque, viene el muy desgraciado y me dice que no actúa. Después de DOS agotadoras y extenuantes semanas sin pegar ojo ni descansar un segundo… ¿¡todo para nada! Ya imaginaba la sonrisa de mi retirado padre al revelarle mi incuestionable fracaso.

Mike tragó saliva desde el otro lado del interfono con evidente –e irreprochable- temor ante el amenazante tono de mi voz.

- Pero tenemos algo, hemos averiguado que Kid ha decidido preparar una reunión especial entre ladrones de todo el globo esta noche en una mansión en la costa sur del país.

- ¿¡Y a que esperamos? ¡Tenemos que comenzar a hacer los preparativos para…!

- No es tan sencillo –Me interrumpió la voz desde el otro lado del interfono- No solo son los mejores y más astutos ladrones del mundo, sino las bandas más peligrosas que puedes encontrar. Tenemos un plan, pero eso solo te lo contaremos cuando estés presente.

La comisaría estaba abarrotada. Entré en la sala central ante la mirada asustada y cautelosa de la mayoría de los allí presentes. Mis intentos por interrogar con la mirada a alguno de mis compañeros fueron nulos al ver como estos apartaban sus ojos al encontrarse con los míos.

- ¡¿Qué es lo que pasa Mike? –Grité con evidente irritación abriendo la puerta del despacho que una vez había sido de mi padre- ¿Cuál es ese plan del que me tienes que hablar?

- Primero de todo, tranquilízate –Me respondió con una mirada que, por lo que deduje, intentaba ser severa- el plan del que te tenemos que hablar no es ni sencillo ni fácil de realizar –Mike dirigió una mirada elocuente al primero de los tres hombres que esperaban con expresión cauta junto a la mesa de su despacho.

No me había reparado en ninguno de los tres hasta que hizo mención de ellos. Los dos primeros eran de rasgos robustos y piel morena mientras que el tercero, de ojos azules y piel de un color casi tan blanco como la pared. En lo único que coincidían era en su expresión cauta, casi suplicante.

- Srta. Nakamori, dada la evidente desfachatez del ladrón Kaito Kid al desaparecer durante tantos meses y dando una información errónea cuando al fin decide ostentarse, nos vimos en la obligación de investigar por nuestra cuenta. La reunión de ladrones de la que le hablamos no es cosa de broma, lo último que necesitamos en este momento es bajas en el cuerpo central de la policía por una conducta irresponsable e infantil –Respiré profundamente procurando, con la poca paciencia que me quedaba, en no demostrarle a ese imbécil todo lo que esta niña irresponsable e infantil era capaz de hacer.

- No se ande con rodeos y dígame de una vez a lo que se refiere con ese plan.

Un sudor frío recorrió la frente del policía, el cual limpió con un pañuelo escondido estratégicamente en su bolsillo. Sabía lo que podía provocar en la gente, aquella coraza había sido mi envoltura desde que era una niña, pretendiendo constantemente no demostrar lo que realmente sentía, e intentando intimidar a cualquiera que se me acercara, para así no poder dañarme ni llegar hasta mis verdaderos sentimientos.

- El plan que le venimos a proponer… tiene que ver en gran parte con usted. Dadas sus condiciones físicas y mentales, decidimos que usted es la persona idónea para infiltrarse en dicha reunión.

- ¿Infiltrarme?

- Se hará pasar por ladrona, una de las más importantes de la costa oeste y se infiltrará en la mansión de Kid intentando ganarse la confianza de las personas allí presentes, y lo más importante, descubrir la identidad del ladrón del fin de siglo.

Recapacité unos instantes la información dada. No sería nada fácil, pero tampoco lo pretendía, esa era la emoción que persiguiera durante tanto tiempo, y casi me la estaban regalando, ¿No estaba yo buscando algo por lo que mereciera la pena vivir? Era como si estuviese hecho exactamente a mi medida… o casi.

- ¿Qué es lo que debo hacer? -Sabía que no era lo correcto, que era una locura, que sufriría, pero, a pesar de ello era increíble como todas aquellas sensaciones de miedo o rechazo se evaporaran para dar paso a una convicción y emoción completamente inesperadas.

La pregunta les pilló desprevenidos; se miraron durante una fracción de segundo para luego dirigirse a mí con expresión seria.

- Bi… Bien –Tartamudeó el moreno intermedio- Lo cierto es que no nos esperábamos una afirmación tan repentina… cosa que nos agrada. –Se apresuró a añadir mientras yo me dedicaba a fulminarlos con la mirada.

- ¿Cuándo podré comenzar?

- No tenemos tiempo, la reunión dará comienzo dentro de exactamente dos horas y treinta y nueve minutos.

Di un respingo ante la proximidad de la fecha ¿Cómo pensaban que me preparara en tan poco tiempo?

- ¿Y qué se supone que debo hacer? Si es esta noche no creo que me de demasiado tiempo para…

- No tiene por qué preparar nada –Me interrumpió el flacucho- Solo tendrá que actuar como uno de ellos… hablar sobre temas insulsos y seguir un papel sobre una vida falsa…

- Está bien, no tenemos demasiado tiempo –Interrumpió el comisario-. Aoko, ve a junto de Jane, ella te dirá lo que ponerte y lo que hacer. Deprisa por favor.

Asentí levantándome del asiento y saliendo del despacho. Estaba nerviosa, se notaba a las leguas, no sabía que hacer ni que decir, y la verdad, sabía que este plan era más peligroso de lo que me habían hecho creer. Mi subconsciente me avisaba, todo era un engaño pensado para convencerme y tantear lo que hacer en un futuro próximo con Kid. Entonces… ¿Qué se suponía que estaba haciendo? ¿Por qué aceptaba conociendo con exactitud el embuste a el que estaba expuesta?

Jane estaba sentada en su sitio de siempre bebiendo a sorbos cortos una taza de café y mirando para todos lados con evidente nerviosismo.

- Jane…

- ¡Oh, Aoko! Ven aquí en seguida. Necesitamos prepararte y…

Dejé que me guiara a uno de los despachos vacíos de la comisaría. Jane era una buena persona aunque de vez en cuando le perdían los malos modos o las palabras.

- Aoko apura, no tenemos tiempo y aún necesito arreglarte ese pelo…

Después de media hora de peluquería y maquillaje, comenzó a buscar entre cientos de bolsas que apoyara cuidadosamente sobre la pared.

Una sonrisa triunfal asomó por su rostro cuando dio con las prendas que buscaba.

- Aquí tienes, póntelo rápido, este te quedará bien.

Me vestí intentando no pensar en la ropa que acababa de ver ante mis ojos, todo en vano. De repente, la misión me pareció horriblemente espantosa y arriesgada.

El vestido negro corto con un escote de vértigo y de tiras parecía que estaba hecho exactamente para alguien que no fuera yo, pero lo que más me preocupaba eran los tacones de aguja que hacían que el suelo quedase a kilómetros de mis pies.

- Estás preciosa –Me elogió con tono de aprobación en su atiplada voz.

Iba a salir por la puerta rezando por no desnucarme contra el suelo pero Jane ya estaba allí, mostrándome con incuestionable orgullo su creación reflejada en un espejo que medía exactamente mi estatura.

Contuve un espasmo de horror cuando me vi plasmada en aquella pared reflectante.

La mujer del espejo me miraba con expresión horrorizada y unos ojos que parecía que se le saldrían de las cuencas en cualquier momento; su largo pelo castaño adornado con dos tirabuzones caía por sus hombros aproximándose a su cintura y los ojos, de un azul intenso, miraban con pasmo hacia el escotado vestido haciendo juego con el mismo. A pesar de la pésima opinión que tenía sobre aquella ropa, debía admitir que el ajustado vestido le quedaba como un guante.

Me parecía imposible que aquella persona reflejada pudiese ser yo.

Nunca me viera de aquella manera, ni siquiera en mis sueños. ¿Cuándo se me formara aquella figura o aquel pelo tan… tan…? no tenía palabras para describirlo.

La mujer del espejo no era una belleza, ni mucho menos, pero nunca se había visto vestida de aquella forma o maquillada así. ¿Maquillaje? ¿Ella? Esto debía de ser un sueño…

- ¿Te gusta no? –Insistió- Nadie te va a reconocer cuando te vean así… Y no estoy diciendo que vistas o siempre vengas con un aspecto descuidadísimo al trabajo…

- Ni mucho menos –Repliqué en tono sarcástico-. Ya se que no me cuido lo suficiente pero para este trabajo no es la principal prioridad.

- Pero ayuda… -Escuché como susurraba con ironía. Decidí pasar de su comentario olímpicamente, no era lo más adecuado para la misión que me esperaba distraerme con aquellas nimiedades.

Pasé a fuego la comisaría dirigiéndome hacia el despacho de Mike. Fue realmente difícil ignorar todas las miradas de atención y sorpresa que caían sobre mí además de los múltiples silbidos de burla de mis adorados compañeros. Resultaba humillante.

- Ya estoy.

Los cuatro hombres dieron un respingo al unísono que hubiera sido gracioso si no fuera por el escrutinio de sus miradas sobre todas las partes de mi anatomía.

- ¿Necesitáis una lupa o os bastan los ojos? –Gruñí.

En el momento que escucharon mi réplica un rubor tiñó la cara de las cuatro personas que se hallaban en la habitación comenzando a cambiar carraspeos incómodos y miradas avergonzadas.

- Eh… bien, será mejor poneros en marcha –Comenzó Mike intentando ponerse serio de nuevo- Aoko, ellos serán tus dos guardaespaldas –Dijo, señalando a los dos hombres corpulentos- Y Johan tu chofer. Por supuesto solo te acompañarán hasta la entrada de la mansión ya que no se permiten más que a los invitados asistir al interior.

- Muy bien –Asentí- ¿Y los micros? ¿Dónde los llevaré?

Otro carraspeo incómodo.

- Micrófonos… bien… allí la seguridad es infinita, se asegurarán hasta el mínimo detalle de que nadie es un infiltrado y…

- Vamos, que estaré completamente sola ¿No?

No hizo falta ni que asintieran.

Todo estaba preparado.

La noche era fría y reinaba una humedad completamente desconocida en el ambiente. Me temblaban las extremidades, notaba el cuerpo entumecido mientras los dos guardaespaldas se ocupaban de mi seguridad a cada lado de mi cuerpo en la inmensidad de la elegante limusina.

Me pregunté como podrían haberla pagado dada la evidente crisis dentro de nuestro sistema policial.

- ¿Qué es lo que pasaría si me llegasen a descubrir? –Formulé a los tres hombres que me acompañaban aquella pregunta que estuviera rondando por mi mente desde el primer momento en el que decidiera realizar aquella labor y que no fuera capaz de preguntarla con anterioridad a mi astuto jefe, que hiciera un esfuerzo sobrehumano por no quedarse a solas conmigo en ningún momento.

Un silencio imperante inundó el coche y a todos sus ocupantes. No me molesté en volverla a formular, ya sabía su respuesta.

Hacía horas que entráramos en bosques llenos de arboleda y matorrales por los cuales lo único que nos guiaba eran unos pequeños caminos de tierra deshechos por la antigüedad y por los pocos transeúntes que pasaran por ellos a lo largo de los años, supuse.

Las hojas de la frondosa maleza no dejaban ver nada más del exterior, pocas veces divisé la luna llena colarse entre las hojas de los matorrales, y aquello me preocupaba.

¿Encontraríamos alguna vez la salida?

- Estamos a punto de llegar –Me avisó el hombre larguirucho que conducía el lujoso coche.

Me envaré en el asiento y el corazón comenzó a latir fuertemente dentro de mi pecho.

Respiré hondo forzando la vista hacia donde la mano de mi chofer señalaba. Una claridad desconocida reflejaba al final del pequeño camino de tierra que continuaba entre la espesa maleza.

En unos pocos segundos los arbustos desaparecieron dejando paso a numerosos prados verdes adornados con algún que otro árbol rodeado de millones de flores de colores azules y blancos al reflejarse con el brillo de la luna llena iluminando desde el horizonte.

La vista era extraordinariamente bella, casi me dejan sin respiración las inmensidad de los montes que rodeaban aquel lugar. Poco a poco, entre la noche, pude ver como el tejado de un gran mansión se alzaba contra el cielo paralelamente iluminado por las estrellas.

Cuanto más nos acercábamos a ella más grande y hermosa me parecía, casi como un cuento de hadas, como un sueño…

- Allí está –Señaló uno de los hombres.

No había más que decir por el momento. Solo faltaban escasos segundos para poder interpretar mi papel y mezclarme entre todos mis enemigos mortales… ¿Por qué tenía tanto miedo ahora?

La despampanante limusina aparcó delante de la espectacular mansión.

Uno de los guardaespaldas que me acompañaban salió del vehículo para abrirme la puerta a su paso.

Me bajé del coche con paso tembloroso y respirando con dificultad. La puerta de entrada estaba colapsada por numerosos ladrones que entraban ordenadamente.

Dos hombres recibían con calurosos saludos a todos y cada uno de los invitados que traspasaban las adornadas puertas no sin antes preguntarles su nombre y procedencia; conocían bien su trabajo.

No tenía de qué preocuparme, como había dicho Mike; sabía de memoria mi papel, lo único que necesitaba era el don de la improvisación: Me llamaba Demi Kiname, hija de la difunta Demi Yuruki de la cual lo único que se sabía era que se suicidara tirándose por un acantilado antes de caer en las garras de la policía.

- Por favor, usted tiene que marcharse –Replicó uno de los mayordomos al hombre que me acompañaba.

- Señorita Kiname –Se despidió de mí con una simple reverencia que no reflejaba ninguna emoción en especial, al contrario que yo, que parecía que me desplomaría en cualquier momento.

- Nombre, procedencia e invitación.

- Demi Kiname, Residencia actual: Sur de Tokio -Después de decirle la información precedente le entregué la fina invitación hecha a mano cuidadosamente con la caricatura gravada del astuto ladrón en la parte inferior. Una llamarada de odio latió como un ramalazo en mi interio.

- Adelante.

Las puertas se abrieron ante mí. La respiración se me congeló y el corazón comenzó a latir con fuerza cuando millones de ojos se clavaron en mi persona con miradas curiosas e interrogantes, los ojos de miles de astutos ladrones esperando con ansias las campanadas de medianoche donde el famoso ladrón haría acto de presencia.


Por ahora quiero introduciros un poquito en la historia pero prometo que pronto irá mejorando, sin más, espero que os guste ;)