Epílogo

La noticia de que Kid había huido provocó un revuelo mediático que aún hacía eco en los principales medios de comunicación a pesar de las tres semanas que pasaran desde que estallara la noticia. La comisaría estaba a rebosar de trabajo y parecía que la vena de mi jefe estallaría de un momento a otro. Por más que intentara controlar su enfado hacia mi persona no era capaz de evitar reprocharme por haber tenido una oportunidad tan buena y haberla desaprovechado, por lo tanto descargaba su ira contra el resto del cuerpo que cada vez hacían mayores esfuerzos por ignorar sus regaños.

En cuanto a mí, la mayoría del tiempo procuraba ignorar de forma deliberada cualquier detalle que tuviera que ver con el trabajo, salvo los que trataban de Kid. Todos los días volvía a casa con la esperanza de encontrar una carta, un mensaje, alguna muestra de que él se acordaba de mí pero la espera se me hacía cada vez más larga y no recibir ninguna noticia me desanimaba de una forma dolorosa. Confiaba en él, me había demostrado todo y más a pesar de que mi resolución flaqueaba. Intentaba centrarme en otras cosas cuando eso sucedía, así que hacía jornadas laborales mucho más intensas que antes de que me hubieran mandado a aquella misión, a pesar de tener la cabeza puesta en otra parte. Mi jefe no podía poner ninguna queja al respecto y yo tampoco protestaba.

Los días pasaban sin tener ninguna noticia, la mayoría de pistas que encontrábamos nos llevaban a un cruce sin salida y teníamos que retomar la investigación de nuevo desde cero. Estaba contenta por este hecho, sabía que cada señal no nos conduciría a él y eso me tranquilizaba enormemente a pesar de echarlo de menos a cada segundo.

El primer día de la tercera semana de su ausencia mi padre entró hecho una furia en la casa, alarmándome por primera vez desde que aparecí en la puerta trayendo noticias funesta sobre la huida de mi ladrón. Recordé su mirada y como lo vi llorar por primera vez desde la muerte de mi madre, me prometí a mi misma no volverle a hacer esto jamás, nada podía ser más importante que mi familia y no necesitaba volverlo a vivir de nuevo.

- ¡Maldita sea! -Por lo general solía ignorar sus quejas, mayormente dirigidas a la misma persona una y otra vez, pero esta vez su tono me hizo reír-, ¿Cómo se puede ser tan irresponsable?

- ¿Qué pasa papá?

- ¿Que qué pasa? -Por primera vez desde que entró por la puerta me dirigió una mirada cargada de reproche, lo había descubierto, que dios nos asista…- ¿Cómo se os ocurre celebrar una fiesta de cumpleaños? ¡Con la que está cayendo!

Le sonreí a pesar del enfado, dedicándole mi mejor mirada de exasperación.

- Cumples 56 años, lo más normal es celebrarlo, ahora solo falta que me digas el nombre de la persona a la que tengo que matar por habértelo contado.

- ¡Tonterías! -Refunfuñó-, sois una panda de inconscientes, Kid anda suelto y vosotros a organizar estupideces, menudo comisario que permite…

Le dejé seguir con su perorata de insultos mientras recogía la cocina, faltaban unos pocos minutos para reunirme con los que me ayudarían con el entretenimiento de su fiesta, a pesar de que ni el cumpleañero ni los invitados estuvieran del mejor humor posible.

Mi padre seguía con su retahíla, aumentando el número de damnificados cada vez que abría la boca, opté por ignorarle a pesar de que mis nervios se iban evaporando a una velocidad alarmante.

Cuando estaba a punto de matar al susodicho sonó el timbre. Salvado por la campana papá. Mierda, sus antiguos compañeros aún no habían llegado y yo no tenía la más remota idea de espectáculos.

- ¡Y ahora el dichoso timbre! ¡Voy a cogerlo y a…! -Protestó de nuevo, haciéndome estallar.

- ¡Como sigas protestando te juro que… -Abrí la puerta de un tirón, olvidando por completo mis gritos y sus rabietas. Mi corazón comenzó un ritmo cadencioso y sentía las lágrimas a punto de salir de mis ojos. No podía ser. Si el tiempo se pudiera congelar estaba segura de que lo habría hecho en ese momento.

Delante de mí un muchacho sonreía, disimulando una tranquilidad que estaba lejos de sentir. Conocía a la perfección su cuerpo, embutido en una camisa y unos vaqueros que le daban un aire casual que me derretía el alma, su pelo, alborotado hasta la saciedad, dando muestras de haber pasado su mano incontroladas veces como síntoma de nerviosismo y por el que tantas otras me había aferrado mientras él me hacía suspirar, y sus ojos… me perdí en aquellas orbes azules que analizaban una a una mis reacciones, grabando cada gesto en su memoria al igual que yo estaba haciendo con él. Me aferré al pomo de la puerta, intentando sujetar mi cuerpo que se había hecho de gelatina.

Su expresión se había vuelto seria, anhelante, al igual que la mía. Me moría por fundirme en sus brazos y besarle aunque se acabase el mundo, tocar cada parte de su cuerpo para poder sentir que estaba ahí, por fin, y que esto no era un sueño sino parte de la realidad.

- Kaito… -Susurré. Su mano se elevó hacia la comisura de mis labios, sin rozarlos aún, dulcificando la espera antes de hacerse tangible. Di un paso adelante y suspiré.

- ¿Qué es lo que pasa ahora Aoko? -La voz de mi padre rompió la burbuja que habíamos formado a nuestro alrededor haciéndonos conscientes de la situación. Me alejé de él un par de pasos intentando poner orden a mis ideas ¿Por qué se había arriesgado tanto? ¿Qué pasaba si mi padre lo descubría?

- ¿Y quién es este? -Gruñó. Kaito apartó de mí los ojos por un segundo para concentrarse en él, una sonrisa burlona apareció en su rostro a la vez que mi cuerpo se quedaba estático en el sitio.

- E-es…

- Kaito Kuroba, su organizador de fiestas, inspector -Lo miré con los ojos desorbitados, exigiéndole explicaciones con la mirada. Iba a descubrirlo y…

- ¡Otro papanatas más! Pues pienso estar presente mientras explicas lo que vas a hacer en 'mi fiesta' -La tranquilidad inicial se evaporó con rapidez al escuchar el final de frase ¿Qué iba a hacer? Tenía al ladrón más buscado de todo Japón en mi propia casa y su antiguo archienemigo iba a estar presente en toda la conversación. Cogí aire, intentando ponerme en marcha, como siguiera con esa actitud mi padre sospecharía pronto.

Miré a Kaito con una súplica silenciosa. Me sonrió de una manera encantadora lo que ayudó a diminuir mi sorpresa inicial, aumentando la mala leche.

Entró en la casa y dispuso una especie de planos sobre la mesa de la cocina, instándome a que me acercara. Cerré la puerta de casa y me puse a su lado bajo la atenta mirada de mi vigilante, que no ocultaba su mal humor.

- Papá si no te vas no será sorpresa -Murmuré intentando que no me temblase la voz más de lo que ya lo hacía.

- A lo mejor si me entero de todo olvidarás esa ridícula fiesta tuya.

Suspiré con cansancio, intentando ocultar parcialmente los nervios que me consumían. El ladrón, por el contrario, parecía que se encontraba cada vez más cómodo con la situación, además de irritantemente divertido. Le miré a los ojos intentando mostrarle mi nerviosismo y olvidando por un momento la alegría inicial de verle, pero lo que me encontré allí revolvió completamente mis esquemas. Oh. Dios. Mío.

La tranquilidad que creía que tenía se veía oscurecida por aquellas pupilas en las que la excitación se hacía cada vez más y más palpable. Tragué en seco, tenía que concentrarme y tenía que hacerlo ya, mi cuerpo empezaba a reaccionar ante esa mirada y eso, teniendo a mi querido padre tan cerca no era precisamente bueno.

- Entonces… -Tosí con disimulo, intentando centrarme en sus anotaciones- ¿Qué es lo que tenías pensado?

Una sonrisa diabólica se extendió por su rostro captando el doble sentido de mis palabras. Maldito pervertido arrogante y jodidamente sexy. Se lamió el labio inferior con lentitud, centrándose de nuevo al escuchar la tos molesta que provenía de nuestras espaldas.

- Mmm… Tenía pensado comenzar con…

Su boca seguía un vaivén cadencioso que me llamaba a acercarme y probarlo por mi propia cuenta, era imposible concentrarme en sus palabras cuando lo tenía tan cerca. Ardía por tocarlo y podía asegurar que él sentía lo mismo a judgar por su mirada hambrienta.

Su calor estaba provocando estragos en mi ritmo cardíaco a pesar de que la mirada que mi padre nos echaba no colaborara demasiado, cosa que agradecía por otro lado dado el poco interés que estaba mostrando a las palabras de mi… coordinador.

- …¿Qué te parece?… ¿Señorita Nakamori?

- Perdón -Me sonrojé, agradeciendo internamente que mi padre no viese mi falta de atención a nuestra farsa por un oportuno mensaje de texto. Kaito se mantuvo en silencio con una pequeña sonrisa jugueteando en las comisuras de su boca- ¿Q-qué decías? -Pregunté, volviéndome a centrar en sus notas.

- Que vamos a hacer magia, cariño -Un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentir su aliento cerca de mi oído.

Me separé con rapidez, advirtiéndole con una mirada escandalizada a la que respondió con otra ardiente.

- ¡Vosotros dos! -Gruñó mi padre con una voz helada. Me hubiera reído de la expresión de Kaito si la mía no fuera tan similar, parecía que la broma había llegado a su fin. Recé a la suerte-, espero que no hagáis ninguna tontería mientras no estoy como empezar a montar esa ridícula fiesta, volveré en diez minutos Aoko -Advirtió antes de dar un portazo y dejarnos con el corazón latiendo con fuerza.

No me podía creer que mi padre, el siempre despierto Ginzo Nakamori, no se hubiera dado cuenta de nada de lo que pasaba delante de sus narices. Solté un suspiro largo, intentando concentrarme en la situación, no me diera cuenta hasta ese momento de que había estado conteniendo el aire en todo ese rato, así como cada vez me hacía más consciente del hombre que tenía a mi lado con la respiración acelerada.

- ¿Qué haces aquí? -Interrogué en cuanto pude reaccionar, mi mente iba más lenta que de costumbre…- ¿Cómo se te ocurre hacerme esto?

Me lanzó una mirada desconcertada, antes de recuperar por completo la situación.

- ¿No me echabas de menos?

Antes de darme alguna oportunidad para que respondiera se lanzó a por mí, acorralándome contra los muebles de la cocina. Todo el pánico inicial fue sustituido por él, su cuerpo, su olor, su boca… Y ahí me di cuenta de que lo había necesitado más de lo que creía.

Nos fundimos en un beso, dulce, lento, que poco a poco iba cogiendo mayor intensidad. Él tocaba en todas las partes a las que podía acceder y yo hacía lo mismo, acercándolo todo lo que podía a mi cuerpo, fundiendo las manos en su pelo, mordiendo sus labios.

- Dios, todo este tiempo ha sido un jodido infierno… -Susurró entre beso y beso, saboreando la piel de mi cuello en un descenso desenfrenado mientras intentaba deshacerse de mi ropa. Gemí.

A pesar de necesitar que continuase, una alarma en mi cabeza me advertía que no era ni el momento ni el lugar, mi padre estaba por venir y si nos encontraba en esa situación no quería imaginarme lo que pasaría. Con una fuerza inhumana susurré que se detuviese, aunque mi cuerpo no obedecía a esas normas.

- Para, para… -Mascullé pesar de que mis manos se aferraban a su pelo, acercándolo con insistencia.

Gruñó con frustración, aunque hizo caso a mis palabras- Dame una sola razón Aoko, porque te juro que no aguanto más -Detuvo sus movimientos y yo me esforcé por encontrar aquellos razonamientos que tan lógicos me parecían hacía unos segundos.

- Mi padre va a llegar pronto, si nos encuentra así es capaz de degollarte -Jadeé-, seas o no seas Kid.

Pareció que mi teoría había sido lógica ya que se separó un poco más de mi cuerpo, aunque sus labios seguían un recorrido por mi pelo.

- Está bien -Susurró después de que ambos consiguiéramos normalizar nuestras respiraciones-, te espero en el hotel Palace, habitación 173, si no vienes antes de las doce vendré a buscarte y no habrá inspectores que me detengan.

Me sujetó la cabeza con brusquedad lanzándose de nuevo a por mi boca.

- Allí estaré -Le sonreí y me correspondió, esta vez con más dulzura, atrapando mis labios en un baile lento que me dejó necesitada de más.

xoxoxo

La excusa de la fiesta había sido perfecta para convencer a mi padre de que necesitaba irme con urgencia a ultimar un par de detalles, a pesar de haberle prometido aquella cena de cumpleaños que misteriosamente era lo único con lo que estaba de acuerdo.

Le recompensaría en la comida, además, no estaba segura de a qué hora estaría de vuelta.

Me sonrojé con solo pensarlo.

Y allí estaba, delante de la puerta de la habitación, cogiendo aire antes de llamar y mentalizándome de que realmente era él quien se encontraba detrás de ella.

Un toque, dos… Y la puerta se abrió mostrándome al hombre que había roto mis esquemas, recibiéndome con una sonrisa que me derritió el alma.

- Estás aquí -Suspiró, acariciándome el rostro.

- Como te prometí -Toda la urgencia de hacía apenas dos horas se había convertido en una tortuosa calma. Lo besé despacio, saboreando el momento y deleitándonos cada uno con el reencuentro.

- Te eché de menos -Murmuró entre beso y beso. Me hacía una idea de a donde se dirigían nuestros pies y estaba totalmente conforme.

- Y yo a ti -Suspiré.

La noche se hizo entre caricias suaves y susurros de afecto, no necesitábamos saber el tiempo transcurrido, en nuestra burbuja no era necesario, tan solo estar piel con piel. Extrañarlo se quedaba corto a lo que yo había sentido, no quería concebir otro tiempo separados y en ese momento supe que no lo haría nunca más.

En uno de esos momentos en los que nos permitíamos tener una conversación al azar surgió una pregunta que me andaba rondando la mente. A pesar de saber su respuesta quería escucharla por sus labios, confirmarla. Dejé un beso en su pecho mientras él acariciaba mi espalda lentamente, con pereza.

- ¿Y ahora qué hacemos?

- Ahora seguiremos adelante, juntos -Sonreí, volviendo al punto en el que comenzáramos en aquella habitación-, Además… ahora viene lo difícil.

Alcé una ceja, confusa.

- Presentarme oficialmente a tu padre.

Le sonreí con cariño, volviendo de nuevo a su cuerpo que me pertenecía por completo, y esta vez estaba segura de que su corazón también lo hacía. Quedaba todo el tiempo del mundo por delante para vivirlo, juntos, como bien había dicho mi ladrón, y para nosotros no era necesario nada más.

Fin

Aquí está el pequeño epílogo, no me queda mucho más que deciros, espero que os gustara y como bien dije estaré con una nueva historia en un tiempo muy corto :)

Muchísimas gracias a las personas que me dejaron un review o pusieron esta pequeña locura en favoritos y alertas, os debo todo, por los consejos, el ánimo, las buenas palabras y todo el apoyo dado durante este añito y poco, que sois: Detectiveconanvsmagickaitokid, Lady Paper, Aoko45, BrianHoper, Stefii Linda, nina, Megustaelheladodechocolatesii, TOMATE, Ran, LunaLunática27, ignacia, Isuei, akiko1412, Cristy-chan, paatricia07, Sharyl21, Aoko, 66ButterflyOfDarkness99, Milka2291, Crommy, JustCallMeBry, Monotone Princess, Little owl7, Yoshi-Strange, abii chan O.o, Kuchiki mouri ran, Marhaya, mis comentaristas sin nombre y a mi portadora de ideas Gillian in wonderland. Si se me olvida alguien decídmelo y lo añado ^^

Muchas gracias LunaLunática27 por tu favorito :)

Lady Paper: Me alegro un montón que te gustara el final con Romeo y Julieta, no sabía las reacciones que podía despertar así que estoy satisfecha :) Muchas muchas gracias como siempre, tus comentarios siempre son un aliciente para seguir escribiendo, espero leerte pronto, un besote!

Detectiveconanvsmagickaitokid: ¡MiniPsicópata! Nono, Kaito no podía morir siento tan terriblemente guapo, tienes toda la razón! Jajaja Ya te lo puse en el comentario pero te sigo amenazando por aquí con el final de tu historia e insisto en que publiques otra . XD Estaba muy nerviosa por las reacciones respecto a lo de Romeo y Julieta, así que muchas gracias! :) Espero leerte muy prontito, un besote!

Aoko45: No podía acabar mal esta historia, me dolería en el alma hacerlo ^^' Aquí tienes el epílogo, espero que te gustara y gracias de verdad por estar ahí en todos y cada uno de los capítulos, te debo mucho! Nos leemos por aquí, un besote!

Seol: Muchas gracias por tu comentario, espero que te gustara el epílogo, un besote! :)

No mucho más que deciros, por ahora… Gracias de verdad y espero leeros muy prontito, un saludo! ;)