Hace poco... en el dia de estreno, vi los Juegos del Hambre y debo decir que me encanto, luego comenze a leer el libro y la saga me comenzo a encantar aun mas. Ya estoy por comenzar En Llamas, cuando estaba pensando en Katniss y lo que debio sentir en los juegos, luego pense en como seria si yo estuviera en los juegos, asi que cree a nuestro protagonista, el es realmente, mi version hombre, por asi decirlo.

Espero y les guste.

Disclaimer... la historia de Panem y algunos personajes son de Suzane Collins, los demas personajes inventados, son mios.


Esta es una historia… donde el amor y la amistad no tiene lugar, ocho años antes de que Katniss Everdeen y Peeta Mellark se revelaran contra el capitolio. Un joven pálido del Distrito 11 gano los 67th Juegos del Hambre.

Pero no todo le fue en miel sobre hojuelas en esos terribles días, sufrió por el dolor de una quemadura, lloro a los jóvenes de doce que estuvieron en sus primeros y últimos juegos, pero sobretodo… sufrió y lloro, por amor.

67Th Juegos del Hambre

I… Primera Parte: Capitolio

Los rayos del sol iluminaban mi cuarto, bueno, no se le podía llamar cuarto a una caballa que solo tenía una habitación. Era más bien una choza, la madera se estaba pudriendo y milagrosamente me estaba salvando de las terribles enfermedades que producían los virus.

¿Mi familia? Bueno, mis padres fallecieron cuando tenía apenas unos cuatro años, básicamente soy huérfano. Pero eso no me libra de los horribles Juegos del Hambre que se preparaban cada año, cada Distrito seleccionaba a dos chicos, para así ver como uno solo de veinticuatro sobrevive y se lleva la victoria.

Fui a la pequeña sección de la habitación que se la dedicaba a la comida, aun que no tenía mucha, si la suficiente como para darme un pequeño gusto en el desayuno. Ayer robe de una tienda de la zona del mercado, si… me dedico a ser ladrón. Es lo único que me ayuda a sobrevivir en la zona pobre del Distrito 11.

Por cierto, yo soy Aquiles Laggerdeen, mi piel es pálida, soy uno de los jóvenes más altos del distrito y mis ojos son de color marrón. En cierto modo soy… em, como decirlo, de los más codiciados del distrito.

En fin, al comer la rebana de pan, mi rostro cambio a uno frio, hoy era el día de la cosecha. Según recuerdo, mi madre me decía que cuando fueran mis primeros Juegos me vistiera con las mejores prendas de la casa.

Camine en grandes zancadas hacia mi cama vieja y sucia, levante un poco el colchón y saque de ahí un trapo de gran grosor. Me senté en el suelo y abrí el trapo, que contenía ropa de buena calidad y lo mejor de todo, limpia hasta el más pequeño rincón. Pero antes que nada, decidí darme un baño o bueno una ducha, ¿remojada? Lo que sea.

Al terminar todo el proceso vi mi reflejo en el agua que había quedado, pude ver a un joven de diecisiete años listo para presenciar la selección de los tributos, buen mozo y aseado. Pude oír un poco algunos gritos procedentes de unas desesperadas madres se oían desde el exterior. Ninguna madre, deseaba ver a sus hijos morir en unos sangrientos juegos…

Entonces el sonido de una nave sonó con fuerza por los cielos, pude ver por la ventana que la gran sombra del aeroplano tapaba a la mayoría de las casuchas. Ya era hora, salí de mi hogar y emprendí camino hacia el lugar designado donde elegirían a los tributos.

- ¡Mama! ¿crees que mi hermana sea elegida? – pregunta un niño a su madre, ella solo chilla negándolo al instante – Mami, ¿Por qué lloras? – me imagine la escena.

Ignore todos los lloriqueos y las palabras que se daban los padres a sus hijos, yo no tenía ese problema, eso en parte… me alegraba, por alguna razón. Si me eligiesen para representar a mi distrito no tendría una razón para volver, me dejaría matar en los juegos. Nada en esta vida me importaba.

Me di cuenta que en instante ya estaba en mi lugar predestinado, donde la cosecha se llevaba a cabo, había dos grupos, el de la izquierda correspondía a la de los chicos y la de la derecha a la de las chicas. Ya en mi lugar hubo un momento de silencio, vimos como llegaba el alcalde del distrito y se sentaba en su lugar correspondiente, los otros lugares estaban vacios, les correspondía a los ganadores… pero no había ninguno.

Luego llego el hombre que venía cada año a seleccionar y acompañar a los tributos para llevarlos al Capitolio, donde ahí luego se llevaría a cabo la matanza.

- Primero las doncellas – olvide mencionar que, es un príncipe entre las chicas, les guiño un ojo pero ellas no hicieron nada, algunas suspiraron como bobas pero las otras permanecían con un semblante serio – Aime Ficklewood –

Todos miramos en dirección a Aime, la conocía si… me dio una vez un poco de dinero, al parecer a sus ojos parecía un vago en busca de dinero. Aun que en lo ultimo si tenia razón, mis ojos la seguían, pude verla mas detenidamente, era de piel obscura, sus ojos eran pequeños y de un color… verdaderamente sorprendente, verde obscuro.

Pude notar que por su tamaño tan pequeño, ah de tener unos trece años o catorce, me daba tristeza pues no me agradaría ser el compañero que la tratara de matar. Aun que sabia que con tener solo unas, cinco teselas ahí no podría ser elegido, el año pasado tenia treinta y nada sucedió, no me sorprendería no ser elegido.

- Ahora los caballeros – dijo cortésmente, se acerco al bol de chicos.

La hacía larga, me estaba hartando de ese tipo, lo hacía con lentitud hasta que saco un papelito fino color marfil. Leyó lentamente el nombre hasta que sus labios pronunciaron un nombre:

- Aquiles Laggerdeen –

No puede ser… e-ese… ¿era mi nombre? Era imposible, unos hombres del Capitolio me tomaron de los brazos y me llevaron hasta el podio. Yo no puse resistencia, mi mente en este preciso instante estaba débil.

Ya estando en el podio, la niña y yo nos dimos un corto apretón de manos, ella me miraba con un pequeño rubor e sus mejillas. Sabía que le había causado buena impresión y lo más seguro es que a de pensar "Oh por dios, es el vago al que el di dinero" ya después del apretón nos llevaron a las habitaciones donde estaríamos despidiéndonos de nuestros seres queridos… aun que claro, nadie se despediría de mi.

De pronto en el silencio prolongado de la habitación alguien abrió la puerta, vire mi vista hacia esa persona y me encontré con la persona a la que menos quería ver.

- Hola hijo… - el anciano al que estaba viendo seriamente cerró la puerta que estaba detrás suyo.

- ¿Qué haces aquí? – le pregunte con frialdad.

- ¿Venir a abrazar a mi único nieto es un delito? – yo solo bufe.

- Seria más bien a despedirse de mi única molestia – pude ver que en su rostro se mostraba una falsa mirada triste, es buenísimo actuando.

- Aquiles, en verdad lo siento… en aquellos años no tenía dinero para mantenerte, pero ahora… -

- Eres el alcalde del Distrito 11 – un golpe bajo, un punto para mí y cero puntos para él.

- Se acabo el tiempo – dijo un vigilante, tomando por el hombro al anciano para así sacarlo.

- Que la suerte este siempre de tu lado, hijo – fue lo último que lo oí decir.

El silencio volvió a reinar en la habitación, cerré mis ojos y tome un poco de iré, no me podía imaginar que mi único familiar me visitaría, pero no le tome ni la mas mínima importancia.

Cuando mis padres murieron, él era el único que podía cuidarme, siendo el padre de mi madre su deber era criarme como ella habría querido. Pero el decidió dejarme en esa casucha y me dijo "Quédate aquí hijo, enseguida vuelvo…" ese enseguida vuelvo se convirtió en un jamás volveré pues decidió hacer negocios y varios años después todos en el distrito lo conoceríamos como el nuevo Alcalde.

Así paso la primera hora como tributo, después la pequeña Aime y yo nos aventuramos junto al príncipe hasta el transporte que nos llevaría hasta el Capitolio. Las personas nos dedicaban un saludo que representa nuestro respeto hacia nosotros, yo solo sonreí al igual que ella.

Nada nos vendría bien ahora, nuestros días ya estaban contados, llegaríamos primero a lucirnos en el Capitolio y luego correríamos por nuestras vidas en el matadero.

Ya en el vagón que era dedicado a la sala o cocina, el príncipe nos puso al tanto de las cosas, recibiríamos entrenamiento por parte de otro vencedor. Sería uno llamado Haymitch del Distrito 12, el cual no estaba presente pues se encontraba en su distrito observando cómo los tributos son seleccionados.

- Nos veremos a la hora de la cena, sean puntuales – aclaro él, nos dejo solos a los dos pues salió del vagón.

La pequeña me observaba por unos segundos, sentía su mirada clavada en mí, lo único que ice fue suspirar y la mire de igual forma.

- ¿Qué tanto miras? – rompí el hielo, ella se estremeció un poco al oír mi voz.

- Nada, solo observaba tu piel… -

La comprendía, soy uno de los pocos del distrito que tienen la piel pálida, la mayoría eran de piel obscura, era como… un bicho raro.

- Oh… - exclame, de pronto ella comenzó a tararear una tonadita - ¿Qué haces?

- Mi mama… siempre para tranquilizarme me cantaba una canción de cuna – me contesto, yo solo me levante y me dirigí a una de las ventanas que nos dejaba ver el paisaje - ¿Tu mama no hace lo mismo? –

Auch, un golpe verdaderamente bajo… no le respondí, pero realmente supiera que supiera que soy huérfano, pues apuesto a que no me dejara de molestar con ello.

- Murió cuando tenía cuatro años… - mientras miraba el paisaje recordé el rostro de mi madre – al igual que mi padre, soy huérfano… -

- Y-yo… lo siento, no debí preguntar –

- No te preocupes… todos me lo preguntan seguido – mentí, la mayoría de los que me conocían o me reconocían sabían que soy huérfano, me sorprende que ella no lo supiera.

- Bueno… iré a mi habitación a cambiarme – dijo ella mientras se levantaba y desaparecía detrás de la puerta.

Dejándome solo, no paso mucho tiempo hasta que decidí ir también a mi nueva habitación y arreglarme, mi habitación tenia los mismos lujos que el vagón de hace rato. Me vestí con prendas de buenas, limpias y fina calidad, esas a comparación de las que tenia guardadas bajo mi colchón son una basura.

Ya pasado unos minutos fui de nuevo al vagón donde ahí pude ver me esperaban sentados Aime y el príncipe, me senté al lado de Aime y la televisión estaba encendida, una pantalla realmente grande, cosa que no se veía siempre en el Distrito 11.

- ¿Qué vamos hacer ahora príncipe? – le pregunte, pude ver como se irrito al oír ese apodo.

- ¡Deja de llamarme Príncipe! – me replico, yo solo reí por lo bajo al igual que Aime – yo me llamo Jackson Lontod, no Príncipe – ahora recuerdo su nombre.

Después de cenar grandes platillos del Capitolio, observamos atentos a la pantalla la cual estaba transmitiendo la elección de los 24 Tributos de los 64Th Juegos del Hambre. Pasaron primero a los del Distrito 1, las ganas de llorar se presenciaron en mí, pues los dos tributos eran de doce años.

Los demás tributos eran de mi edad o pueden que sean menores, no les tome la mayor importancia, pero en el Distrito 7 me llamaron la atención… la chica era de mi edad, piel blanca, cabello café claro y unos ojos color ámbar, casi dorado.

Se llama Eve Crumpletoot, tenía un cuerpo hermoso a mi parecer y también a los ojos de Caesar Flickerman, era guapa por donde la vieras. Pero lo más interesante es que el Distrito 7 llamaba la atención, pues sus dos tributos eran hermanos. Trágico, muy trágico.

Su hermano no se parecía en nada a ella, otra desgracia era que tenía doce años. Su cabello era naranja y lo tenía rizado, tenía unas cuantas pecas en el rostro de niño pequeño, sus ojos eran azules como un zafiro… su nombre es Robín. Los dos eran completamente diferentes por donde los vieras, pero se notaba el amor que se tenían como familia que son.

En el momento en que dijeron el nombre de la chica, una mujer igualita al pequeño grito desesperadamente su nombre varias veces, trataba de ir tras ella y sacarla de aquellos terribles juegos, pero los vigilantes la tomaron por los hombros y la alejaron.

Luego pasaron la selección del Distrito 11, cuando dijeron mi nombre pude ver como mi rostro se palideció más de lo que ya esta, mostrándome casi transparente.

Así la pasamos la mayor parte del tiempo en el vagón, viendo las noticias del Capitolio, documentales sobre los distritos, pero lo que mas estaba en pantalla fue la "Muy dotada chica 7" así la habían nombrado todos los ciudadanos de Panem.

Luego a lo que más le temíamos llego a nuestros ojos, después de los grandes campos unas grandes montañas rocosas se mostraron, luego un túnel y al final ahí estaba, ante nuestros ojos…

El Capitolio.

La ciudad que nos condeno a estos juegos, la que nos hacía ver cada año como jóvenes de entre los doce y dieciocho años se mataban entre sí para que solo uno quedase en pie.

Nos llevaron a Aime y a mi hasta la zona donde los estilistas asignados a nuestro distrito nos harían vernos bien ante todo Panem, ahí conocimos a nuestros estilistas, los cuales para el desfile se les ocurrió vestirnos con un traje de piel color blanco, las botas eran negras y en donde quedan los hombros habían un par de cuernos color gris… creo que nos querían representar como unas vacas, creo que les falta imaginación y cultura sobre el distrito a los estilistas.

Es oficial, seriamos el hazme reír de todos los distritos, entonces una imagen llego a mi mente, a la tal Eve del Distrito 7 con un traje de leñador, pero que fuera diminuto, le daría un toque sex… por dios, Aquiles deja de ser morboso.

- Este es su momento chicos – dijo el estilista, solo bufe – brillen –

Estábamos en la carrosa que nos correspondía, pasaron las demás y casi al final pasaron la nuestra, en las pantallas se pudo ver como la gente se reía pero no de nosotros, si no del Distrito 12 que venían… desnudos con polvo y cascos de minero, les tenía pena.

Pero ellos fueron eclipsados por cierta carroza, en las pantallas se veía a la chica Eve con la ropa de mi imaginación, recibía aplausos, su hermanito tenía el mismo traje pero le quedaba grande, le daba un toque adorable pues todos aplaudieron más cuando ella tomo de la mano a su hermano y lo levanto hasta sentarlo en sus hombros.

-¿Ven eso amigos? – dijo Caesar Flickerman – esto es una exclusiva… les presentamos a los nietos del Presidente Snow –

¿Qué? Esto no podía ser posible, no tenían nada en común, aun que si los miramos bien, ella y el presidente tienen la misma afición de ser serios al cien por ciento.

En una gran pantalla pasaron tres fotos de los tres y debajo decía, la familia del Panem… buen nombre, la vi por unos momentos antes de que el Presidente Snow hablara su discurso de bienvenida al Capitolio y su semblante era serio, sus ojos no mostraban ninguna emoción, en cambio su pequeño hermano mostraba un poco de confusión y de miedo, no parecían ser familiares el pequeño y el presidente Snow.

El discurso paso muy rápido, en verdad, no le tome mucha importancia, lo que andaba por mi cabeza era realmente todo lo que tenía que afrontar en los Juegos, este año había cinco niños de doce años, no tendría corazón para matarlos o hacerles daño.

La mayoría de los tributos no pude identificar sus edades, eso me costaría mucha energía psicológica o será que solamente estoy exagerando las cosas.

- ¡Que comiencen los Juegos del Hambre! – aclaro con seriedad el Presidente Snow provocando la ovación de todo el público.

Así paso la primera noche en el Capitolio, cenamos la espectacular comida tradicional de la ciudad, vimos el especial de la presentación de los tributos en la pantalla. En algún momento Aime y yo observamos por la gran ventana de la casa del Distrito 11, ella solo admiraba con sus grandes ojos verdes obscuros la gran ciudad que estaba a nuestros pies, me pregunte por un momento si ella extrañaba a su familia, a su madre, su padre o quizá a sus hermanos.

Aun que no supiera si tiene hermanos, lo más seguro es que pensara en ellos o en su familia, ella me miro por un instante y luego dejo salir de sus labios un leve suspiro.

- Es muy grande… -

- ¿El Capitolio? – le pregunte, aun que ya sabía que hablaba sobre él.

- Claro… me agradan mas los poblados pequeños, como nuestro distrito – sonreí ante su gusto, desde que llegamos al Capitolio no había dejado de pensar en el.

Ahora que ella comento aquello los recuerdos del Distrito 11 llegaron a mi mente como si fueran un rio de ideas, recordé la zona del mercado, la zona vacía de los Vencedores y mi sucia y fea casucha.

- ¿En qué tanto piensas? – preguntó, yo solo mire por un momento su largo cabello negro y por primera vez note que tenía demasiadas trencitas en el, como si fueran unas largas cuerdas.

- En nada… - respondí, no tenias ganas de hablar y menos en este momento – iré a dormir – le aclare y fui inmediatamente a mi habitación.

Donde ahí me encerré, me acosté en mi nueva y suave cama y de ahí en más todo se volvió negro.

Al día siguiente nos levantaron al alba, el desayuno fue muy bueno, probé un liquido café que al parecer los del Capitolio lo llaman Chocolate Caliente eso sería de ahora en adelante mi bebida favorita.

Hoy sería el primer día de entrenamiento ante los Vigilantes y pasados dos días más nos calificarían con una puntuación de 1 a 12, conocimos a Haymitch, el entrenador-vencedor del Distrito 12 y nos dijo que mostremos todo lo que podamos hacer en el entrenamiento. Solo me limitaría a hacer lo que pueda y tal vez probar algunas cosas.

- ¿En qué te especializas? – le pregunte a Aime, quien al parecer solo observaba a los demás tributos.

- Bueno… creo que soy buena en tirar dagas – contesto dudosa - ¿En que eres bueno tu?

- En todo – le aclaro, ella se sorprende.

Si, eh tenido varias experiencias con la mayoría de las armas que se me presentan en este campo cerrado d entrenamiento, desde que perdí a mis padres y mi abuelo me abandono lo único que se me ocurrió hacer fue robar y probar cosas nuevas, entre esas era robar las armas de algunos cazadores que se les ocurría salir del Distrito 11.

Vi por un momento a los tributos del Distrito 5, el chico era fornido, de gran tamaño, creo que era más alto que yo. Lanzaba algunos grandes… em, no sé como se llaman, pero son como unas esferas de gran tamaño con pequeñas púas, se veía que eran pesadas, pero en las levanto con facilidad y las lanzaba a gran distancia hacia un objetivo, en este caso… un humano de trapo.

Trague en seco al imaginar que yo sería es apersona, en mi interior si me daba algo de pavor saber que en cualquier momento podía morir, pero luego mi Aquiles fuerte llego a mi mente con la idea de que sea el ganador, peor el rostro de Aime llego a mi cabeza, ¿Qué sucederá con ella? ¿Debería ayudarla?

- ¡Hey tu! – oí como una voz femenina me llamaba, la ignore - ¡Chico 11! – voltee para encontrarme con una chica rubia, delgada, de ojos azules y de buen cuerpo… aun que no se comparaba con Eve.

- ¿Qué quieres? – le pregunte, vi por un momento su vestimenta y me di cuenta de la presencia del número dos.

- ¿Cómo es vivir en el Distrito más pobre de todos?

Solo bufe, ella comenzó a reír al no oír una respuesta, era la típica rubia cabezota que se cree de lo más linda… una idea llego a mi mente, tome un arco que se encontraba cerca mío, apunte hacia un muñeco de pruebas que se encontraba un poco lejos de mi.

Con suma precisión solté la flecha, la cual en un santiamén ya estaba en su lugar predestinado, en el gran punto rojo que deslumbraba en la posición donde se encontraba el órgano más importante del cuerpo humano… el corazón.

Voltee mi mirada hacia la rubia, ella miraba asombrada y con un poco de pavor aquella flecha, inmediatamente se fue dejándome a solas con Aime quien por cierto, estaba afilando una daga.

- Le diste un buen susto – dijo ella entre risas.

- ¿Quién es?

- Lina Gristlechew, como ya sabrás es del Distrito 2… - aclaro toda mi duda.

Vire mi vista hacia la tal rubia llamada Lina, note que ya estaba entrenando con algunas cuchillas, con suma precisión, lanzo uno a una gran distancia, dando en el blanco, el cual, era el cerebro. Me miro por un momento y sabía solo una cosa… ya tenía una enemiga.

Así pasamos todo el primer día del entrenamiento, observábamos como los demás tributos entrenaban con diferentes armas o simplemente no hacían nada, Aime en algunas ocasiones lanzaba cuchillas a grandes distancias, dando en el blanco. Llamaba la atención de los Vigilantes, no seria capaz de matarla en los juegos pero si preferiría… que ella me aniquilara antes que nadie, solo en ella confió hasta ahora.

- ¿Como les fue en el primer día? – pregunto nuestro estilista que al parecer se llama John.

- Nos fue bien – contesto Aime con una pequeña sonrisa, dio un pequeño bocado a su estofado de cordero del Capitolio.

- Aun que yo ya tengo una enemiga – sonreí un poco, pero me concentre mas en mi cena.

- Ya comenzamos mal… - susurro el príncipe, aun que lo pude escuchar con claridad.

- ¿Comenzamos mal? No le encuentro mucho significado a tus palabras… después de todo, tenemos que matarnos – mis pensamientos hablaron por si solos, aun que todo eso era verdad.

Después de lo último que dije, hubo un reinado de silencio en toda la cena, poco después perdí el apetito y me dirigí a mi habitación, de donde no salí hasta el día siguiente.

Así pasamos los dos siguientes días en el Capitolio, entrenando, ganando enemigos, lo que sea, no parecíamos débiles para cualquiera pero tampoco nos veíamos fuertes. Sencillamente nos la pasamos en el entrenamiento haciendo lo que más nos gustaba, observar, utilizar los "juguetes" del Capitolio y aprender cosas nuevas.

En cambio los que más han llamado la atención, son el tipo fornido que al parecer se llama Tobee Bucketwood, la rubiecita Lina Gristlechew y… increíblemente, mi compañera Aime Ficklewood. Sí, yo también me sorprendí, ella es por así decirlo, un bien tributo.

Regresando a la actualidad, hoy seria la calificación final, los Vigilantes nos verían hacer nuestras mejores habilidades y nos clasificarían con un solo numero, lo más seguro es que yo recibiría un seis o un cinco, son los que más comúnmente los tributos del Distrito 11 recibían.

- Que la suerte los acompañe – dijo el príncipe mientras se iba, dejándonos en la entrada de la sala de entrenamiento.

- Aquiles… - pude oír como la voz suave y delicada de Aime me llamo, voltee a verla a sus ojos verde obscuros.

- ¿Si?

- Ten mucha suerte… - una pequeña sonrisa se mostro en su rostro.

- Igual tu Aime –y por primera vez, le mostré una sonrisa sincera.

Así pasaron casi como dos horas, los primeros tributos pasaron y tardaban todo el tiempo que quisieran en mostrarles lo mejor que pueden hacer, ya cuando el chico tributo del Distrito 10 acabo, llamaron a Aime, ella tomo una gran bocanada de aire y tomo camino hacia su gran tarea.

No paso mucho tiempo hasta que me llamaron, un hombre de piel obscura como Aime me llamo y me mostro el camino hacia la sala de entrenamiento, antes de entrar observe el lugar desde la entrada y di un pequeño paso hacia dentro de esta. Pude oír como la puerta que estaba detrás mío se cerro de golpe.

Los Vigilantes me observaban con gran seriedad y silencio, los mire por un instante y luego dirigí mi mirada hacia las variadas armas que se encontraban frente a mis ojos.

Con delicadeza tome una espada y vi como de repente apareció un control con pequeños botones de diversos colores.

- Con ese control puedes seleccionar todo el ambiente en el que nos quieras mostrar tus fuerzas chico 11 –

Vi un pequeño dibujo que tenía una figura de un bosque con personitas, lo oprimí y en un dos por tres ya estábamos en un bosque con hologramas en forma de personas, las cuales corrían hacia mí para atacarme.

No lo dude, ataque con fuerza y velocidad a los hologramas, mis instintos me indicaban que movimientos debía hacer para sobrevivir, aun que sabía que no eran personas reales, las ataque pensando que podría morir en cualquier instante.

Así paso toda mi demostración, cada vez que acababa de mostrarles mis habilidades con un arma tomaba otra en mis manos, parecía que nunca iba a acabar pero cuando decidí que ya me estaba cansando, pare y oprimí el botón de anulación.

- Puedes retirarte –

Obedecí inmediatamente a aquel mandato, deje la última arma que use en su lugar original y salí a grandes zancadas por una salida diferente. Donde ahí me encontré con Aime, el príncipe y John. Ella corrí hacia a mí y me abrazo, abrí mis ojos por la sorpresa, hace muchos años que no me abrazaban.

- ¿Cómo te fue?

Ella se separo de mí y me miro por unos instantes, el príncipe se acerco a mí para oír su respuesta, tome un poco de aire y le respondí:

- Me fue bien… o eso creo – el no me pregunto mas.

Así pasamos ese día, a Aime le fue bien, hasta donde nos comento, al parecer no quería que supiéramos sobre su demostración, nos lo dejaría para cuando pasaran los resultados en las noticias del Capitolio.

Ya en el palacio de los tributos, encendimos la pantalla ya casi a las cinco de la tarde y las noticias estaban comenzando, con el titular de la semana,

- ¡Bienvenidos a nuestro programa favorito! – la voz de Caesar Flickerman sonó por toda la sala – Hoy en exclusiva les traemos los resultados que los mismísimos vigilantes nos han entregado – pude ver como John tragaba en seco – comenzamos con el Distrito 1…

Asi paso casi la mayor parte del tiempo, la rubiecita del Distrito 2 obtuvo un 10 perfecto, lo que comúnmente los del Distrito 1, 2, 3 y 4 obtenían casi todos los años. El chico fornido del Distrito 5 Tobee obtuvo un buen 9, era predecible… luego, llegaron los del Distrito 7, el pequeño Robín obtuvo un 7, pero lo que más nos impresiono fue, la calificación de su hermana Eve.

- Del Distrito 7, Eve Crumpletoot… - miro el papel por un segundo y sus ojos mostraron sorpresa - … un 12 -

¿Qué? ¿Dijo acaso un 12? Todos nos quedamos atónitos como al parecer también quedo asombrado Caesar Flickerman, pude ver como el príncipe casi se caía de su asiento, si yo no estuviera en el sofá gris de la sala, también me hubiera caído por la conmoción.

- Ella es… después de todo, nuestra peor rival – susurre.

Así pasaron a la mayoría de los tributos, hasta que llegaron a nuestro Distrito 11, Aime recibió una calificación de 9, ella solo suspiro aliviada por aquel numero, nosotros la felicitamos. Luego mi nombre sonó por toda la sala, esperamos callados mi puntuación, luego un número salió de los labios de Caesar Flickerman… un 8.

- Felicidades – dijo John mientras me daba un pequeño golpe por la espalda, yo solo suspire aliviado.

Un 8 no era nada malo y nada fuera de este mundo, era como, lo normal entre los 1 o 12. Así otro día en el Capitolio paso muy rápido, a la mañana siguiente la entrevista en el programa con Caesar Flickerman.

Nos obligaron a vestirnos con las mejores ropas de vestir, pude ver como Aime se puso un vestido color verde grisáceo que le quedaba muy bien si podía decir, es como si vieras sus ojos pero solo desde su ropa. Yo, tuve que utilizar un traje color negro, la corbata era café y mis zapatos eran negros y elegantes.

- Están listos – dijo John mientras arreglaba una pequeña arruga del vestido de Aime, ella sacudió su cabeza y sus largas trenzas se movieron a la misma velocidad.

El programa comenzó, olvide mencionar que Caesar este año tenia los parpados, labios y cabello color amarillo pollito. Se veía un tanto… gracioso. Los tributos pasaron con rapidez, la rubia del 2, el chico del 5, los hermanos trágicos del 7 y hasta que pasaron los demás, seguimos nosotros, los penúltimos.

- Ahora con ustedes del Distrito 11… ¡Aime Ficklewood! –

Ella mostro una pequeña sonrisa de timidez al pasar por el escenario, el publico solo aplaudió al verla tan presentable y amigable.

- Aime debo decirlo por parte de todo el público, te ves muy preciosa esta noche – ella solo hecho una pequeña risita.

- Muchísimas gracias Caesar –

- Ahora… háblanos de esos extravagantes ojos tuyos, todo el Capitolio se intriga el por qué de ese color –

Y así se la paso en toda su entrevista, la mayoría eran preguntas tontas o sin sentido, pero ella las contestaba con una pequeña sonrisa y rubor por la vergüenza en sus mejillas.

- Ahora con ustedes, el tributo mas aclamado por las chicas de Panem… ¡Aquiles Laggerdeen! –

Di grandes zancadas hacia el escenario, el público me daba aplausos y algunas chicas me lanzaban rosas o me gritaban cosas como "te amo Aquiles". Yo solo me senté en el lugar correspondiente que estaba al lado de Caesar.

- Bienvenido al Capitolio Aquiles – me dio un apretón de manos – cuéntanos… ¿Cómo es el Distrito 11?

- Bueno… - pensé durante unos segundos – ve a verlo tú mismo –

- Algún día lo haré – dijo mientras sonreía a la audiencia – otra pregunta… esta es por parte de las chicas de Panem, ¿Quién te atrae de los tributos?

¿Quién me atrae? Vaya… no había pensado en ello, mucho menos el echó de que la mayoría de las chicas me quisieran, busque por todos mis recuerdos y busque algún rostro que me resultase atractivo, solo uno me llamo la atención…

- Eve… - dije sin pensarlo, ya era demasiado tarde para remediarlo.

- ¡Pero qué interesante! –

- Em… yo no quise decir… -

- Háblanos mas sobre tu atracción hacia ella – me suplico, no dije nada – por favor – pidió, al igual que el público, no tuve más remedio que seguir con el juego.

- Es atractiva… - comente y creo que eso fue suficiente para calmarlos.

- ¡Todos creemos lo mismo! ¿Verdad que si? –

El publico grito por mas, yo solo tome un poco de aire, la cosa fue rápida, mi tiempo limitado acabó y salí inmediatamente cuando se me fue permitido. Al salir me encontré con Aime, el príncipe y John, los cuales se acercaron a mí para decirme lo bien que lo hice, note algo diferente en Aime… como si estuviera triste, trate de animarla pero nada lo consiguió.

Ella solo me ignoraba o solo hacia un leve movimiento de cabeza en señal de que entiende lo que digo, pero de ahí en más, nada, muy raro.

Ya llegando al palacio de los tributos, sentía una mirada clavada en mi, voltee en varias ocasiones hacia donde sentía que me miraban y cache a Aime en varias ocasiones mirándome, ¿Pero que le sucede? ¿Estará preguntándose el por qué soy tan serio? No lo creo, debía saberlo ya… ¿Pero cómo sacarle la sopa?

En la cena fue igual, trataba de romper el hielo entre los dos pero ella no me izo caso, al parecer John y el príncipe notaron nuestra repentina forma de ignorarnos. Comieron su cena rápidamente y se fueron, dejándonos a los dos solos, ella no decía nada, de vez en cuando desasía una trencita y después de unos segundos la volvía hacer, como si estuviera nerviosa. Como note que ella no iba a hablar, decidí yo hablar primero.

- ¿Por qué me ignoras?

Nada… ni una sola palabra, me levante de mi asiento y me dirigí a la ventana.

- Antes del programa estábamos bien, me hablabas como si fuera un gran amigo tuyo… pero después de ello, no me has dirigido la palabra – voltee a mirarla y me di cuenta de que sus ojos verdes me estaban mirando - ¿Por qué?

- Solo quería que sintieras… - se levanto de su asiento y se dirigió a las escaleras que llevaban a su habitación, para y me volteo a ver con sus singulares ojos verdes obscuros - …lo que yo siento –

- ¿Lo que tú sientes? No te entiendo… - ella suspiro.

- Nos vemos en los Juegos… -entro a su cuarto y cerró la puerta de golpe.

La sorpresa y curiosidad me invadieron al oír aquellas palabras, "Nos vemos en los Juegos" dijo ella seria y al parecer sus ojos reflejaban, ¿tristeza? Sí, creo que era eso. Pero el dilema era… ¿Por qué? No le hecho nada malo para que sintiera odio hacia mí, pero recuerdo que dijo "Solo quería que sintieras lo que yo siento".

¿Qué sentirá? ¿Odio? ¿Tristeza? ¿Confusión? O tal vez… ¿Amor? No, no lo creo, muy apenas nos conocemos y solo comenzamos a hablar cuando fuimos seleccionados como tributos. Así que, descartare esa idea y la remplazare por esta;

- Ella solo quiere ganar, volver con su familia y si es posible procrear la suya… solo quiere, sobrevivir, así que, deja de pensar en ello pues solo te quiere matar – me decía a mí mismo, sabía que en algunas ocasiones hablando conmigo mismo algunos problemas se solucionaban.

Decidí que mejor sería descansar, pues mañana seria el gran día en que los juegos comiencen, todo Panem estaría atento mañana a sus pantallas para ver en vivo como los Juegos del Hambre daban comienzo.

Fui directamente a mi cuarto y me acosté arropándome con las suaves sabanas de seda del Capitolio, cerré los ojos y rápidamente sentía, como me perdía en mis sueños.

Abrí mis ojos de golpe, mire hacia el techo gris de mi habitación, mire a mí alrededor, lo contemple todo con detalle, pues tal vez sería la última vez que este en el Capitolio.

Me vestí rápido con las ropas con las que me dejo John, apta para estar en campo abierto, unos pantalones negros, una camisa negra y curiosamente, unas botas de montaña… algo me decía que el campo de batalla o matadero será en terreno montañoso.

Baje a la sala de estar y me di cuenta de que solo se encontraba ahí el príncipe, el noto mi presencia y se acerco a mí, lo mire por unos instantes.

- Vámonos… - me dijo el y salimos del palacio de los tributos.

Le di una pequeña ojeada, esta sería la última vez que estaría en este palacio, ahora me encontraría durante días y días peleando a muerte en los juegos del hambre.

Y así, de pronto, ya estábamos en una pequeña sala de colores azules neutrales, un lugar cerrado pero pequeño, en una esquina había como una plataforma, sabía que cuando subiera ahí, estaría mi destino.

- Ten… - me mostro una chaqueta y la tome entre mis manos – te servirá para las tardes de frio – me la puse al instante, era calientita si podría confesar – también… quiero que tengas esto – de su bolsillo saco una daga, lo bastante pequeña y grande para que cupiera dentro de mi chaqueta – te servirá, úsala cuando más lo necesites… es un obsequio – subió un poco el cierre de mi chaqueta para así evitar que alguien lo mirase.

Estaba prohibido llevar cosas personales, pero ya habido bastantes ocasiones en que un tributo lleva algún amuleto de la suerte o un arma, pero con las armas si que eran precavidos, aun que creo que con una pequeña daga no se den cuenta.

"Quedan treinta segundos, todos los tributos a las plataformas"

Dijo una voz modificada, mi corazón comenzó a palpitar con rapidez, ¡Oh por dios Aquiles!... ¿Hasta ahora te pones nervioso? Sentía como mi corazón tratase de salir de su lugar original, respire honde algunas veces.

- Que la suerte te acompañe… - me dijo él, dándome un apretón de manos.

"Diez segundos"

Di grandes zancadas hacia la plataforma, la cual después de algunos segundos se cerró con un tubo que apareció de repente, dejándome aislado de sonidos, mire hacia arriba, donde podía ver una luz. La plataforma comenzó a subir, con lentitud, pero subía y subía… hasta que ahí estaba ante mis ojos.

Los veinticuatro tributos, procedentes de los doce distritos, ahí, en la misma arena. El campo de batalla este año eran principalmente las montañas, pero tenían un aspecto de que también eran un bosque, en sí, era un bosque montañoso. Ahora compendia mejor lo de las botas de montaña.

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La cuenta regresiva había comenzado.

Cerca mío se encontraba el pequeño Robín, se veía bastante nervioso, pude ver como en algunas ocasiones miraba hacia su lado derecho, vire mi vista hacia esa dirección y note que miraba a su hermana, ella lo miraba y lo tranquilizaba con la mirada.

Sentía como una mirada me acechaba, voltee hacia esa mirada y me di cuenta, la rubiecita Lina me miraba con odio, la cólera se mostraba en sus ojos. Yo solo sabia una cosa, ella me atacaría en el momento en que bajemos de estas plataformas.

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Y así seguía el contador, 20, 19, 18… busque entre los tributos a Aime y la encontré, estaba tomando posición de carrera, pude ver que se recogió sus trencitas como si fuera cabello suelto y las amarro en una coleta de caballo.

Frente nuestro se encontraba la cornucopia, dentro de ella estaban suministros, armas de toda clase, mochilas, tiendas de acampar, comida… Todo lo que uno necesitaba, pero siempre, que uno intenta conseguir lo necesario de aquí, una vez que entra a esta pequeña zona, no logra salir al exterior. Mi corazón latía a mil por hora, ya no estaba nervioso, si no que la adrenalina se apodero de mi.

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Todos tomamos posición para correr con todas nuestras fuerzas al bajar de la plataforma.

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5

4

3

Fije mi vista hacia la cornucopia, buscaría lo necesario y mataría a cualquiera con tan solo, sobrevivir.

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1

Que comiencen los Juegos del Hambre.


¿Les gusto? esto es solo la primera parte, ya tengo terminada la segunda perte y la tercera la estoy empezando a escribir, la fecha del segundo capitulo es este viernes.

Espero que realmente Aquiles y su historia les alla gustado, dejen reviews y su opinion sobre mi version sobre los 67th Juegos del Hambre :)

Gracias por leer