Hola a todo el mundo ^^ La idea de este fic que serán una serie de one-shots se me vino a la mente un día aburrido mientras veía la tele; en casi todas las series los personajes tienen secretos que no quieren que se sepan. Y dándole vueltas a la cabeza este fic apareció.

Serán shots cortitos, sin pareja y divertidos- Y bueno si tenéis alguna sugerencia para alguno podéis comunicarmelo en un review, en plan me gustaría ver en un shot...¿ok?

Bueno sin más que deciros, sólo espero que os guste ^^

Disclammier: Los personajes de esta serie no me pertenecen son propiedad de Makoto Raiku.

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Secreto de mamodo: Dulces

Si alguna vez alguien llegaba a enterarse, ese alguien moriría, y de la manera más lenta, tortuosa y sádica que se pudiese dar en este estúpido mundo humano. Sí, este estúpido mundo humano al que estúpidamente habían sido enviados en una estúpida lucha junto a los estúpidos humanos para ganar la nada estúpida corona de su mundo.

Pero bueno, en este mundo humano quizás no todo eran estupideces a fin de cuentas; un par de cosas se salvaban, eso que llamaban televisión donde de vez en cuando emitían programas más o menos entretenidos, los videojuegos de esas máquinas recreativas a los que una vez su compañera le hubo llevado para no oirle protestar mientras ella compraba, y sobre todo...los dulces.

Sí...esas cosas azucaradas, a veces esponjosas otras no, de textura suave o algo rugosa, de edulcorado sabor que se deshacían en la boca o que habían de ser masticadas como las gominolas. La boca se le hacía agua de sólo pensar en los dulces.

Caminando por la calle no pudo evitar una sonrisita y que los ojos le brillasen con picardía. Siempre que estaba libre y no en algún viaje en pos de algún cobardica que se escondía como los ratones, iba día sí y día no a una pastelería que además se comunicaba por una puerta con un un kiosco especializado en todo tipo de golosinas y chucherías. Es decir, el paraíso de todo goloso.

-Oh, bienvenido Brago-chan. Hoy vienes algo más temprano.

-Ya...

Una mujer de amable cara saludó a su cliente habitual con su ya típico gesto afable. Inconfesable, pero a ella y a su hija que llevaba lo de las chucherías era a las dos únicas personas del mundo mundial e incluso del universo entero a las que Brago, el mamodo de oscuridad y considerado el más fuerte en la batalla, permitía que le llamasen "Brago-chan". Si fuera cualquier otra persona, mamodo o bicho viviente a estas horas estaría ya enterrado 500 metros bajo tierra.

-Hoy hemos preparado unos bollos de canela y croissants de chocolates, están recién hechos. Pruebalos.-dijo la mujer tendiéndole una bandeja donde los dulces sacados recientemente del horno desprendían calorcito y un olor apetitoso.

Sin hacerse de rogar, el mamodo agarró un bollo y un croissant, uno en cada mano, y los devoró en apenas un segundo. Un rastro de chocolate se le quedó en la boca.

-Vaya, veo que han salido buenos.-rió.

Brago se limpió el chocolate con la lengua y posó su mirada en unos osos panda hechos con muffin, galletas oreo y nata; la mujer lo captó al instante, sacó uno y lo dispuso en un plato.

-Yumi los hizo ayer, no se echan a perder hasta una semana después y captan la atención, ahora sólo nos hace falta un veredicto.

Brago se había convertido en el catador oficial de la pastelería desde hace unos dos meses, la primera vez que se topó con aquella tienda iba acompañado de Albert el mayordomo de Sherry, que entró en ella para poder comprar una bandeja de dulces para la señorita y sus meriendas, aunque lo cierto es que la rubia no era muy aficionada a esos alimentos porque: "harán que me ponga como una vaca". El anciano y él pasaron y mientras uno hacía un encargo, el otro se dispuso a curiosear, aunque no era lo acostumbrado en él. Observando la tienda de dulces, luego su vista pasó a la de chucherías.

-¡Brago-san es hora de irnos!-llamó Albert tras unos dos minutos, el joven sin asentir si quiera fue hacia él, los dos dispuestos a marcharse. El mayordomo se despidió cortés, la mujer respondió igual y observó con cierta gracia al extraño chico que se había quedado embobado mirando el muestrario de la vitrina. Sonriendo con afabilidad escogió una palmera dulce y se la extendió.

-Ten, prueba esto.-Brago miró con cara rara a la mujer pero finalmente aceptó el dulce, dándole primero un pequeño mordisco para probarlo, un segundo después éste desapareció.

-Muchas gracias señora.-volvió a decir el mayordomo encaminándose a la puerta mientras Brago lo seguía, relamiéndose los dedos.

A partir de ese día el mamodo oscuro convirtió prácticamente en rutina el ir a ver a las dos mujeres, que acabaron acostumbrándose a sus continuas visitas y a llamarle con "su cariñoso apelativo". Mientras terminaba de comerse el panda, Yumi hizo acto de presencia llevando una canastilla llena de piruletas enormes.

-Un día tendrás que contarme como lo haces para no engordar ni un gramo a pesar de todo el dulce que comes.-rió la chica.

Brago se limpió la boca con una servilleta para evitar contestarle, porque la respuesta le habría creado algún problema con seguridad, o que las dos mujeres llamaran al loquero. Después de todo "pues ve a perseguir demonios por el mundo" no era la respuesta más normal que se pudiera dar. Levantándose de la silla sobre la que estaba sentado fue hasta la chica y le pidió "a su manera" una de las piruletas de la canastilla.

-¿Cómo se dice?-preguntó ella enfatizando graciosamente la pregunta. Brago resopló, giró ligeramente la cabeza y con los labios en una mueca, respondió con hastío.

-Por favor...

-Así mejor. Aquí tienes.-dijo alegre dándole una de colorines.

El mamodo la cogió y se la llevó a la boca, echó un vistazo al reloj de pared y decidió que ya era hora de irse. Así que se encaminó a la puerta y con apenas un gesto de la mano se despidió de las dos mujeres.

-Brago-chan sigue siendo muy peculiar. ¿Sabes mamá? Siempre he pensado que él es uno de esos niños mimados que siempre consigue lo que quiere sin esfuerzo, aunque ya no estoy ni segura.

-Yo no creo eso hija—responde la mujer mayor riendo—no me encaja en el patrón de "un niño bien".

Ya en la mansión Belmond, el mamodo hizo acto de presencia y se topó con su compañera en el salón de estar, que le miró de arriba a abajo y se detuvo en el trozo de piruleta que quedaba y del cual estaba dando buena cuenta el chico.

-Brago...¿desde cuando comes tú piruletas?

-Eso no te importa.-contestó dándose la vuelta y dirigiéndose a su habitación mientras oía los gritos de su histérica compañera lanzándole improperios.

Una sonrisita traviesa se le dibujó mientras seguía con su dulce, a la vuelta de una esquina se topó con Alfred que le saludó con cortesía al pasar a su lado.

-¿Otra vez de visita Brago-san? Un día de estos no podré mantener engañada a la señorita Sherry durante una de sus escapadas golosas.

Brago enrojeció y sin darse la vuelta gesticuló a más no poder.

-¡Más te vale mantener la boca cerrada viejo, o te colgaré de la lámpara como un adorno!-bramó para después seguir su camino, y al cabo de unos segundos el viejo mayordomo oyó el sonido de un portazo que hizo temblar las paredes e inmediatamente después a su señorita gritar desde el salón que Brago dejase de aporrear las paredes.

Alfred suspiró, por muchos dulces que se comiera se necesitaba algo más que eso para "endulzar" el fuerte carácter del mamodo oscuro. Eso, o engatusarlo con una montaña de los mismos.

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Fin del primero ^^. Chocante ¿verdad? xD

Bueno espero que me digáis que os ha parecido y me deis alguna sugerencia para los próximos.

Atte.-Cherry Cheshire ;)