Secreto de mamodo: Pelucón

-Nee Zofis ¿me dejas tu sombrero?

-No seas pesada querida Koko o al final terminaré enfadándome de verdad.

-Joo...

Koko hizo un mohín y se alejó a paso airado de su mamodo, dejándolo a solas en el balcón de vistas panorámicas; desde hace un tiempo la chica se había estado preguntando por qué nunca había visto a Zofis sin su sombrero blanco que le cubría una buena porción de cabeza, y esta curiosidad pronto se transformó en fiera determinación por ver qué escondía ahí debajo.

-No creas que me voy a dar por vencida...Conseguiré quitarte ese sombrero.

Zofis por su parte gruñía para sus adentros. A pesar de tener manipulado su corazón tampoco es que pudiera hacer gran cosa con esa parte juguetona de su compañera que ahora se había empeñado en esa ridiculez de quitarle su sombrero...bueno, por lo menos en batalla obedecía ciegamente; pensó la mamodo agarrando con las dos manos su sombrero blanco y tirando de él hacia abajo como si quisiera esconderse. Dándose la media vuelta se enfila hacia sus aposentos, el único lugar al que Koko no podía entrar a hurtadillas.

-Buf...Que estresante es esto de lidiar con los humanos y encima con mamodos de hace mil años.—protesta entrando por la puerta y cerrando tras de sí con pestillo y triple candado; Koko ya intentó entrar soplete en mano, a ver si lo intentaba otra vez.

Levitando hasta el tocador que componía parte del mobiliario la mamodo se sienta sobre el taburete de cojín y se mira en el espejo con gesto serio. Soltando aire por la nariz vuelve a agarrarse el sombrero, sólo que esta vez estira hacia arriba en lugar de hacia abajo y tras un esfuerzo considerable consigue quitárselo de la cabeza.

De buenas a primeras parece que Zofis no tiene pelo en la parte superior de la cabeza, hasta que ¡poof! En una mini explosión capilar aparece una mata de pelo naranja a lo afro que enorgullecería al mejor de los fan de la década de los sesenta o setenta, según gustos. Claro que no era para nada al gusto de Zofis, que deja caer la cabeza sobre la superficie de mármol del tocador abriéndole una brecha. Y cada vez que hacía amago de levantarla y y tenía contacto visual con su reflejo volvía a dejarla caer, tanto que aquello ya parecía un ataque premeditado al pobre mueble.

-Maldita sea...Tendré que comprar uno nuevo.—sollozó la pelinaranja viendo destrozado a base de cabezazos su tocador. Mirándola ahora nadie diría que es la misma que ha conseguido traer de nuevo a la vida a los mamodos de hace mil años ni la enemiga número uno de Sherry Belmont, a la que por cierto odiaba el doble sólo por ese estúpido pelo planchado a lo Jhonson's baby.

Gruñendo, mira con odio absoluto hacia la colección de champús, acondicionadores, mascarillas y demás que había comprado para tratar de domar ese matojo del desierto, como lo llamaba cariñosamente, que tenía por pelo.

-Hidra Liso de Garnier Fructis ¡y una mierda! Pantene Liso y Sedoso ¡y qué más! Jhonson's no más tirones ¡mentira podrida! Tresemmé Cuidado Clásico ¡a tomar...!

Zofis!

Y antes de que pudiera terminar de maldecir estampando a los pobres productos contra la pared la voz de Koko llamándola desde el otro lado de la puerta con una voz que le puso los pelos más de punta de lo que los tenía dado el tono dulzón, la hizo pararse en seco.

-¿Qué quieres Koko? Estoy bastante ocupada ahora mismo intentando descansar y tú deberías hacer lo mismo.

-¡Será intentando derribar el lugar! ¿¡Qué es todo ese jaleo que tienes montado!?

-¡Nada que te incumba, vete a dormir o a lo que sea!

No me iré hasta que abras la puerta y vea que estás haciendo!exclama la chica pateando la puerta desde fuera.

Zofis rechina los dientes y reprime un grito, sus manos están tan crispadas que hasta echan chispas, desde fuera su compañera sigue aporreando la puerta, sólo que ahora prueba a estampar sillas contra ella, que retumba como si se fuera a derrumbar en cualquier segundo, suerte que el candado triple todavía resiste.

-¡Koko ya basta! ¡Vete!

Abre la puerta!

-¡Que te largues!

-¡Abre primero!

Un poco más abajo, donde estaban todos los mamodos de hace mil años el estruendo se oía como si el lugar entero se fuera a derrumbar con una bola de demolición, hasta caía arenilla del techo. Los mamodos estaban por salir huyendo, aunque sabían la suerte que correrían de hacerlo.

-Mierda tío ¿que pasa ahí arriba?

-Si Milord no nos ha llamado...prefiero no saberlo.—conversaron dos de los mamodos mirando al techo mientras tragaban saliva.

Y de vuelta arriba, Zofis se había apostado en la puerta y la contenía del furioso ataque de Koko apoyándose en ella mientras ambas gritaban como posesas. Hasta que de repente se hizo la calma.

-¿Koko...?¿Te has calmado ya?—preguntó pero sin apartarse de su sitio y aguzando el oído, al otro lado no se oía nada, suspiró de alivio y ya iba a apartarse hasta que oyó el sonido de los tacones de su humana a la carrera y cuando ya estaba a poca distancia el ruido mecánico de...—¿¡una motosierra!? ¡Koko!

Tarde, la chica cayó sobre la pobre puerta haciéndola astillas por la parte de arriba; eso sí el candando quedó intacto dado que el corte era horizontal. Koko hizo acto de presencia triunfal con la motosierra en la mano y sonriendo con desquicio mientras buscaba a su mamodo con la mirada. Que por cierto apareció debajo de una montaña de trozos de madera.

-¡Humana loca! ¿¡Qué pretendías!?

-Abrir la puerta, y lo he conseguido.—sonríe triunfal apoyando la herramienta en el suelo.

-¡Puerta que habrá que arreglar!—bramaba Zofis empezando un acalorado monólogo reprendedor mientras Koko la observaba con cierta extrañeza.

-Zofis...

-¡No me interrumpas!¡Y como decía escatimar en gastos...!

-Zofis...

-¡No estoy hecha de oro por muy mamodo que sea!

-¡Zofis!

-¡¿Qué?!

-Llevas el sombrero del revés.

-...—la ya de por sí blanca cara de Zofis adquirió tono de muerto ante la frase de Koko. En los dos segundos que había tardado la puerta en caerse la mamodo había volado como un cohete hasta donde reposaba su sombrero y se lo había puesto de una, claro que no cayó en cómo se lo ponía.—¿¡Es que tú nunca cambias de look!?-improvisó mientras se aseguraba de no tener ningún mechón fuera de su sitio.

-Eh, sí pero...

-¡Ni peros ni peras! ¡Yo me puedo poner como me de la gana cuando me de la gana y ahora vete a dormir!

-Joo Zofis—protesta Koko mientras su mamodo la empuja fuera—Algún día conseguiré verte sin ese sombrero, ¡que estoy segura de que tienes pelo de muñeca!—canturrea mientras se aleja, Zofis respira agitada.

-Ni de broma.

Lo único que salvaba a Zofis eran las mechas delanteras de su pelo, las únicas que estaban decentes de su cabeza y que sobresalían de su sombrero, por eso Koko pensaba que su mamodo tendría "pelo de muñeca", pero ese secreto se lo llevaría la maquiavélica mamodo a la tumba, eso y la factura de reparación de la pobre puerta.

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Dedicado a carlos que me pidió que hiciera uno de Zofis y esto fue lo primero que se me ocurrió.

Pobrecita Zofis jaja, pero le está bien empleado por hacer trampas xP

¡Gracias por leer y espero que os haya gustado o al menos no disgustado!

Atte.-Cherry Cheshire ;)