Capítulo 17

Terry no sabía que estaba haciendo Albert allí, pero bajo ningún motivo iba a permitir que arruinara la fiesta que había preparado para Holly.

El rubio no iba solo, sino que estaba acompañado por aquella mujer que decía ser su prometida, pero Terry no lograba recordar su nombre, y también llevaba un gran paquete en sus manos. Fue hacia ellos, pero en el trayecto fue interceptado por Candy.

- Terry, espera – Lo tomó del brazo.

- ¿Qué? Pero…

- Yo lo he invitado – Le dijo.

- ¿Qué tú lo has invitado? – Le preguntó extrañado - ¿Pero porque?

- Porque pienso que es un buen inicio para que Holly comience a conocer a su padre… después de todo es lo que habíamos quedado ¿Verdad?

- Es cierto – Contestó Terry con renuencia, mirando como Albert se dirigía hacía Holly, que se encontraba jugando con sus amigos, y le entregaba su regalo.

La pequeña lo miró con desconfianza, pero al final decidió aceptar el obsequio con una tímida sonrisa. Después de todo, Albert no lo estaba haciendo tan mal.

Terry decidió dejar sus prejuicios a un lado en cuanto vio aparecer a sus padres. Se sintió feliz de que hubieran aceptado su invitación.

- Ven – Tomó a Candy del brazo y la llevó hacia donde se encontraban sus padres.

- Espera… ¿A dónde me llevas?

- Voy a presentarte a mis padres.

- Terry, no creo que eso sea…

- Tranquila… van a adorarte – Llegaron hasta ellos. Candy estaba evidentemente nerviosa, pero estaba decidida a dar ese paso adelante – Candy, ellos son Eleanor y Richard.

- Mucho gusto – Los saludo la rubia con timidez.

- Mamá, papá… ella es Candy – Terry posó sus manos sobre los hombros de su novia.

- Estamos encantados de conocerte, querida – Le dijo Eleanor con una sonrisa maternal. Richard parecía más reservado, pero en su mirada no había prejuicios - ¿Pero dónde está la pequeña? Le hemos traído un obsequio – Señaló el paquete que Richard llevaba en las manos.

Candy llamó a Holly que estaba corriendo por allí. Su vestido tenía algunas manchitas de barro y varios cabellos se habían suelto de su cabello, pero aun así continuaba siendo la niña más hermosa del mundo. Claro… ¿Qué más podía decir Candy de su hija?

- Mira, pequeña – Le dijo Terry – Quiero presentarte a mis padres.

Holly saludo a los señores Grandchester con la efusividad que la caracterizaba. Y en tan solo unos pocos minutos, ya había logrado ganarse el cariño de ambos. Hacía mucho tiempo que Terry no veía a su padre reír de esa forma, y es que no existía nadie en el mundo que no quisiera a Holly después de conocerla. Definitivamente, había sido una buena idea invitar a sus padres a la fiesta. Claro que no podía decir lo mismo de sus amigos. No podía decir nada en contra de las mujeres, quienes habían aceptado a Candy como una más del grupo, pero los muchachos habían comenzado a comportarse de una manera extraña, era evidente que temían que Candy dijera algo que los perjudicara.

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- ¿Crees que a Holly le guste el vestido que le he comprado? – Preguntó Susana a Bruce mientras aparcaban el auto.

- Es muy bonito – Sonrió Bruce. Luego bajó del auto y se apresuró para abrirle la puerta a Susana, como todo un caballero – Ha sido muy amable de tu parte invitarme a la fiesta.

- Mamá está demasiado ocupada con todo esto de la mudanza, y la verdad es que no quería venir sola.

- De todas formas, gracias.

Susana se sentía feliz. Ese día había tenido la primera oportunidad para mantener una conversación con Bruce fuera de las relaciones laborales, y tenía la intención de dar un paso más.

Después de todo lo que había pasado, no podía seguir perdiendo el tiempo. Invitar a Bruce a la fiesta de Holly había sido una buena idea, pero debía continuar adelante si quería que todo saliera bien.

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Candy no podía aplacar la felicidad que sentía en su interior al ver a su pequeña tan feliz. Era la primera vez que Holly tenía una fiesta como esa, y todo se lo debía a Terry. Había tenido suerte de encontrarlo.

- Disculpa – Candy volteó para ver quien le estaba hablando - ¿Crees que podamos hablar un segundo?

Era uno de los amigos de Terry.

- Claro… Archie ¿Verdad?

- Eh… sí – Parecía algo nervioso, incluso incómodo.

- ¿Y bien…?

- ¿Qué?

- Creí que querías hablar.

- ¡Oh! Si… esto – Se rascó el cuello – Veras… he visto que has estado hablando con Annie… mi esposa. Y como veras ella está embarazada, y no sería conveniente por su estado que se enterara de ciertas cosas que…

- Espera un momento – Lo detuvo ella frunciendo el ceño - ¿Estas tratando de pedirme que no le diga a tu esposa la clase de lugares que tú y tus amigos suelen frecuentar?

- Piénsalo de este modo… Si cuentas a todos ese pequeño detalle también sabrían cuál fue tu anterior trabajo antes de que Terry te tomara bajo su protección – Candy estaba cada vez más furiosa por las palabras de Archie – No creo que a ti tampoco te convenga que se sepa eso. Ya sabes… los padres de Terry son personas muy conservadoras, y con eso solo conseguirías que tu aventura con él se acabe antes.

- ¿Y quién dice que lo mío con Terry es una aventura?

- Candy… no quiero ofenderte - La miró con pena – Sé que tal vez estés ilusionada con una boda, una casa grande… y un perro. Pero la verdad es que esas cosas solo suceden en los cuentos de hadas, y esto es la realidad. En cuanto Terry tome conciencia de las diferencias que existen entre ambos todo esto se acabara.

Las palabras de Archie la habían herido. Eso era exactamente lo que había pensado en un primer momento, pero amaba a Terry, y después de la noche que habían pasado, estaba segura que él también era sincero en sus sentimientos.

Deseo irse de allí, pero tenía que dejarle las cosas claras a Archie.

- Tal vez estés equivocado. Tal vez sí sea amor lo que existe entre Terry y yo.

- Ambos sabemos que eso no es así. Tal vez lo que exista entre ustedes sea pasión, y puedo entenderlo – La miró de arriba debajo de una forma por demás lasciva – Pero esto se acabará. Siempre sucede.

- ¿A sí? – Candy sonrió con suspicacia – Te ha sucedido a ti ¿Verdad? – La expresión de Archie cambió por completo, y Candy notó como comenzaba a sudar – Es por eso que estas tan seguro que mi relación con Terry no es más que una aventura pasajera – Aseguró - ¿Me preguntó cuántas veces has engañado a tu esposa?

- Cállate – Le pidió con discreción.

- Tal vez ni siquiera tú sepas cuantas mujeres han pasado por tus sábanas.

- Por favor… - Pero Candy no pensaba dejarlo pasar.

- Tal vez debas hacerte unos exámenes de rutina para descartar cualquier enfermedad venérea.

- Candy…

- No te preocupes – Le dijo ella – No le diré nada a tu esposa. Ella no tiene la culpa de que su marido sea un completo infeliz. Tal vez algún día sepas valorar lo que tienes.

- Siempre he valorado a Annie – Le dijo con tono mordaz.

- Pues deberías demostrárselo.

- Ella lo sabe.

- ¿Eso crees?

Candy se dio media vuelta y se fue, dejando a Archie solo con sus pensamientos.

Él y Annie se habían casado después de terminar la universidad, y nunca había habido una pelea entre ellos. Para decirlo en pocas palabras, Annie era la mujer perfecta. Nunca se quejaba por sus llegadas tardes, ni las múltiples excusas que le inventaba, algunas de ellas demasiado estúpidas. A veces había llegado a creer que Annie prefería cerrar los ojos ante sus evidentes aventuras. A pesar de haberse casado, Archie nunca dejó de lado su espíritu libertino. Había estado con infinidad de mujeres, la mayoría de las cuales nunca había sabido el nombre. Bien… en eso Candy tenía razón, pero no consideraba ello como un engaño a su esposa. Amaba a Annie, pero tenía fantasías sexuales de las cuales no podía hablar con su esposa, por eso prefería salir a buscarlo afuera.

Entonces recordó lo que Candy le había dicho. ¿Cuándo había sido la última vez que le había dicho a su esposa que la amaba? Recordaba haberlo hecho cuando ella le dijo que estaba embarazada, pues había sido una noticia fantástica. Annie llevaba en su vientre al hijo que siempre había deseado, pero a pesar de eso, no había dejado de lado su libertinaje. Annie nunca se había quejado porque nunca le enviaba flores, o porque la última vez que fueron al cine había sido muchos años atrás, o porque las salidas a cenar eran cada vez menos frecuentes. Tal vez había descuidado un poco a su esposa. Tal vez fuera el momento de dejar sus salidas nocturnas de lado y dedicarse a su familia. Pero de algo estaba seguro, Candy representaba una amenaza para él y su matrimonio. Ella le había prometido que no diría nada, pero sabía muy bien que no podía confiar en una mujer así. Terry debía terminar con Candy cuanto antes, y él estaba dispuesto a acelerar el proceso.

ooo

- ¡Terry! ¡Terry!

Terry estaba tomando una cerveza con Neil y su padre cuando Holly llegó hacia él gritando y agitando los bracitos.

- ¿Qué sucede, pequeña? – La alzó en brazos y la sentó en su regazo.

- Prometiste que podría subirme a uno de esos caballos – Le señaló los establos donde se encontraban los preciosos purasangre – Pero el señor que los está cuidando dice que soy muy pequeña para subirme sola – Dijo frunciendo el ceño.

- Creí que mamá ya te lo había dicho.

- Sí, pero aún quiero subirme.

- De acuerdo – Terry se puso de pie con la niña en brazos – Iremos a montar uno de esos caballos ahora.

Holly gritó de felicidad cuando Terry la colocó sobre una preciosa yegua blanca y luego él se subió para sostener las riendas.

Comenzaron a cabalgar, cada vez un poquito más rápido a pedido de Holly.

- ¿Te gusta? – Le preguntó Terry, sosteniendo con una mano las riendas de la yegua y con la otra la cintura de Holly para que no se callera.

- Sí – Contestó ella - ¿Cómo se llama?

- Su nombre es Theodora – Le dijo refiriéndose al animal – La he tenido desde que era una potranca, mi padre me la regaló.

- ¿En verdad es tuyo este caballo?

- Sí.

- ¿Y crees que yo pueda tener uno también?

Terry rió. Probablemente Candy se enfadaría si escuchara a Holly decir aquello. Había notado que en su casa no tenían mascotas, y comenzar por un caballo tal vez no sería la mejor elección.

- Después lo hablaremos con tu madre.

- Pero ella no va a querer – Bajó la vista con tristeza – No tenemos espacio en nuestra casa para tener un caballo.

Terry rió.

- Los caballos no viven en las casas.

- ¿A no? ¿En dónde viven entonces?

- En los establos, como este.

- Y si tuviera un caballo ¿Podría venir a verlo siempre que quisiera?

- Claro que sí.

- ¡Entonces le pediré a mamá que me deje tener uno!

Terry sabía que aquello no iba a ser bueno… y no lo fue.

- ¡Por supuesto que no puedes tener un caballo! – Exclamó Candy con enfado mirando a Terry, estaba segura que él le había dicho que sí podía.

- Pero mamá…

- ¡Ya basta!

- ¡Terry dijo que me regalaría un caballo! – Le contestó Holly con firmeza poniendo sus brazos en jarra – Y no puedo rechazar un regalo.

- Oh, sí, claro que puedes.

- ¡No es justo!

- Holly – Le dijo Terry con dulzura - ¿Por qué no vas a jugar con tus amigos mientras yo hablo con tu mamá?

- De acuerdo – Aceptó ella de buena gana.

- Es increíble que te haga más caso a ti que a mí – Le recriminó Candy.

- Solo tienes que saber cómo tratarla.

- ¡Le dijiste que le regalarías un caballo! Eso no es "tratarla", es sobornarla.

- Te aseguro que lo hice de corazón.

- No puedes regalarle un caballo a mi hija – Candy intentó tranquilizarse. No podía culpar a Terry, pues sabía que sus intenciones eran buenas.

- ¿Por qué no? – La tomó de la cintura y le besó los labios.

- Porque son animales muy caros…

- Sabes que no me importa el dinero.

- Terry… - Le habló con seriedad – Prométeme que no le regalaras un caballo a mi hija.

- De acuerdo – Dijo él – Te prometo que no le regalare un caballo a Holly.

Candy suspiró aliviada, pero algo en la sonrisa de Terry la hizo desconfiar.

ooo

El sol ya había caído, y la fiesta estaba llegando a su fin. La mayoría de los invitados ya se habían retirado, pero los padres de Terry aún seguían allí.

- Y este de aquí se llama Alfil – Le decía Richard a Holly mientras le enseñaba como se jugaba al ajedrez de Hello Kitty que le habían regalado – Puedes moverlo en dirección diagonal tantas casillas como desees hasta topar con otra pieza o el borde.

- ¿Y este de aquí? – Preguntó Holly levantando una de las piezas.

- Ese es el rey. Puedes…

- Papá, creo que ya es demasiado tarde, y Holly debe irse a la cama.

- Pero yo quiero seguir aprendiendo.

- Puedes venir un día de estos a la oficina y papá estará encantado de continuar con las clases.

Richard era un reconocido fanático del ajedrez, y Terry sabía que si cualquier persona llegaba a mostrar el más mínimo interés por el juego, él no se detendría hasta explicar todos los movimientos posibles.

- ¿Puedo? – Le preguntó Holly a su madre con una sonrisa esperanzada.

- Solo si el señor Grandchester está de acuerdo.

- Claro que sí – Respondió Richard rápidamente – Tendremos que practicar mucho si queremos que…

- Ya basta Rick – Lo retó Eleanor – Solo tiene cuatro años.

- Lo sé. El campeonato de ajedrez para menores de 8 años comienza en octubre – Dijo con entusiasmo – Aún tenemos cuatros meses para prepararnos, pero con un poco de dedicación yo creo que podremos…

- Papá… ya basta.

Richard ignoro a su hijo y se agachó para saludar a Holly y hablarle al oído.

- Ven a mi oficina el lunes después de la escuela y te enseñaré los movimientos que me hicieron ganar mi primer torneo internacional de ajedrez.

Holly asintió con la cabeza efusivamente.

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Bruce aparcó el auto frente al edificio donde Susana vivía.

- Ha sido una fiesta maravillosa – Comentó ella. La verdad era que no deseaba bajarse sin haber llegado prácticamente a nada con Bruce.

- Si – Contestó él – Terry es una gran persona. Es evidente el cariño que siente hacia Holly.

- Lo sé.

- Disculpa si crees que me estoy metiendo donde no me incumbe pero… ¿No te molesta ver cuán rápido él continuo con su vida después de haber roto el compromiso?

- Claro que no – Susana ya se había cansado de explicar los motivos de su separación – Ambos decidimos que lo mejor era separarnos, y a mí me hace feliz ver que él ha rehecho su vida – Dijo con sinceridad – Candy es una mujer maravillosa. Se merecen el uno al otro.

Bruce sonrió ampliamente, y sin que Susana pudiera preverlo, acercó su rostro al de ella y la besó.

Fue un beso tierno, pero a la vez apasionado.

- Te veo mañana – Le dijo Bruce una vez que se hubieron separado.

- Sí – Contestó ella sin saber que decir. Ese beso la había desconcertado completamente – Gracias por traerme.

Susana bajó del auto y entró al edificio, viendo como Bruce ponía el vehículo en marcha una vez que se aseguró que ella estaba ya dentro, como lo hacía siempre.

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Terry llevó a Candy y Holly a su casa. Cuando llegaron, la pequeña estaba completamente dormida.

- Ha sido un largo día – Dijo Terry mientras tomaba a la niña en sus brazos y se dirigían al interior de la casa – Mañana dormirá hasta tarde.

- Gracias por todo, Terry.

- También lo he disfrutado.

Fueron hacia la habitación de Holly y Terry la depositó en la cama, para luego salir a encontrarse con Candy.

- Terry… - Candy estaba demasiado cansada esa noche, solo deseaba acostarse en su cama y dormir, pero no quería hacerlo sola - ¿Puedes quedarte esta noche?

Él sonrió y la besó, y esa era la única respuesta que Candy necesitaba.

Continuará…


Mil gracias por todos los reviews! =)

Espero que les guste este capítulo!

Besosssssssssss