- D: Ah, hola Alfred, me manda Bruce (mirándose con fascinación los cordones de sus propios zapatos)

- A: ¿Qué se le ofrece al señor? (preguntó fingiendo no saber nada)

- D: Bruce me ha pedido que me des la vara de abedul (dijo casi inaudible mientras proseguía con su estudio exhaustivo de los cordones de los zapatos) Pero si no la tienes, no pasa nada (añadió corriendo), yo se lo digo y ya está (girándose para encarar la puerta y salir cobardemente, perdón, rápidamente de allí).

- A: Espere, no tan rápido señorito Grayson, déjeme pensar (arrascándose la barbilla) ¿Dónde la puse la última vez?

- D: Alfred, si eso, da igual, déjalo (Alfred lo interrumpió).

- A: Creo que la dejé en mi despacho, hace ya tanto tiempo (negando con lacabeza). Si, tiene que estar allí. La última vez que la usé fue aquella noche en que el señor Wayne...(Dick de repente ya no tenía tanta prisa, le interesaba saber que es lo que había hecho Bruce Wayne el perfecto, para merecer ser castigado con la vara. Alfred de repente se dio cuenta del repentino interés de Dick. Y sobre todo no creía que fuera de la incumbencia de un niño de 12 años los traspiés que su tutor hubiera tenido de juventud, sobretodo si esos traspiés estaban relacionados con un par de damas de dudosa reputación) me dijo que lo guardara allí.

¡Uy! casi, se dijo Dick. Dick sabía por tía Harriet que Bruce había sido un adolescente y joven terrible, pero pocas veces tenía la ocasión de oír alguna que otra travesura de su tutor, así que siempre que tenía oportunidad preguntaba por ellas. Aquello le reconfortaba, Bruce era humano.

Alfred salió de la habitación, con Dick detrás, y bajó las escaleras h fue a su despacho. Miró en el paragüero, y ahí estaba, justo donde lo dejó la última vez. Alfred lo sacó, lo contempló con pulcritud, lo hizo petar en el aire dos veces. Dick se estremeció al oír aquel silbido. Malos recuerdos, se sobó instintivamente el trasero, sin duda, muy malos recuerdos.

- A: Aquí tiene (dejándoselo con extremo cuidado sobre sus palmas), no se olvide decirle al señor que yo le he dicho que le diga "que espero que al señor Wayne le sea ahora de tanta ayuda cómo le fue antaño".

- D: Gracias Alfred (poniendo una mueca entre odio y disgusto hacía el mayordomo antes de salir del despacho e ir directo hacía su condena)

- B: Te ha llevado tu tiempo (Bruce estaba de brazos cruzados, sentado en una esquina de su escritorio, que como era de esperar estaba totalmente despejado de papeles y demás cosas).

- D: No encontraba a Alfred.

- B: Ya veo (mirando fijamente la vara y reprimiendo hacer cualquier mueca de dolor) que finalmente lo has encontrado.

- D: Si, señor. Me-me-me me ha dicho que (buscando el valor) que "esperaba que te fuera ahora de tanta ayuda cómo te fue antaño".

- B: ¿Eso ha dicho? (manteniendo la fachada, maldito Alfred, seguro que está disfrutando con esto, pensó Bruce, mientras alargaba la mano para que Dick le diera la vara. Dick respiró hondo y se la dio).

- D: Si, señor (Dick había vuelto a su fascinación por el calzado).

- B: Realmente eso espero. ¿Dick? (llamando la atención del chico. Dick tímidamente alzó la cabeza) Has estado 90 minutos recapacitando sobre tus pobres decisiones las cuales te han llevado hasta aquí (dándose a si mismo suavemente con la vara en el muslo). ¿Me puedes decir qué es lo que te hace merecedor de este castigo? (Dick tragó saliva, llegaba el momento de la confesión).

- D: Yo, yo le gasté una broma pesada a mi profesor (casi no se le podía oír).

- B: Si, de muy mal gusto. ¿Pero Dick, dime, crees que te castigaría tan severamente por una broma?

- D: No señor.

- B: ¿Entonces debe de haber algo más, no?

- D: Si, señor. Utilicé alguno de los conocimientos que me has enseñado para combatir el crimen para gastarle la broma.

- B: Si, eso es realmente reprochable. Y sin duda merecedor de un buen castigo. Quizás unas buenas nalgadas. Pero no de la vara. ¿Qué crees que es lo que te ha hecho merecedor de 12 varazos?

- D: ¡Doce! Bruce por favor (suplicando), 12 no, te juro que nunca más gastaré ninguna broma, a nadie, te lo juro ¡Ni el uno de abril! (Bruce tuvo que hacer esfuerzos titánicos para no reírse de ese último comentario).

- B: Richard, te he hecho una pregunta y no es bueno hacerme esperar cuando tengo una vara en la mano (intentando sonar lo más amenazador posible).

- D: Que sniff que sniff que para hacer mi broma sniff quebrante la ley sniff entré en su casa, sniff en su coche, sniff sniff en la taquilla del gimnasio y en su despacho sniff sniff sin su permiso.

- B: ¡Exacto! (afortunadamente para Dick Bruce solo sabía lo de la casa, de ha er sabido el resto, se hubiera llevado algo más que doce varazos) ¡RICHARD JOHN GRAYSON! ¡SOMOS DEFENSORES DE LA LEY, NO LA QUEBRANTAMOS! ¡NO PARA GASTAR BROMAS A LOS PROFESORES QUE NO NOS GUSTAN! ¡TE ENSEÑO, LO QUE TE ENSEÑO PARA QUE LO UTILICES UN DÍA PARA AYUDAR A LA GENTE (Bruce gritaba y estaba rojo como un tomate) Pero esto me demuestra que aun no eres lo suficientemente maduro. Así que se acabó el entrenamiento y las patrullas para tí.

- D: ¡QUÉ! ¡NO! NO PUEDES HACERME ESTO, SOY TU COMPAÑERO.

- B: NO DICK, ERES MI PUPILO, MI HEREDERO, MI RESPONSABILIDAD, MI HIJO. (Dándose cuenta que a pesar de hacer ya 10 meses que lo adoptada aún no le había llamado hijo) Y hasta que no me demuestres que eres lo suficientemente maduro no habrá más Batman y Robin. Y ahora, (Bruce dejó la vara sobre la mesa, se levanto y agarró a Dick por el antebrazo) hijo, (eso descolocó a Dick) vamos a tener esa charla (desabrochándole con la mano que tenía libre el pantalón y tirando de los calzoncillos y los pantalones, a la vez, hacía abajo) que tanto necesitas (inclinándolo sobre el escritorio).

Bruce dejó caer los doce varazos con fuerza, asegurándose bien que caían solo sobre el culo y los muslos del chico. Dick saltó y aulló de dolor en cada varazo. Cuando llevaba tres varazos, Dick intentó levantarse, pero Bruce aplicó más presión sobre la espalda y el cuarto varazo fue aun más fuerte si cabe. Cuando iban por la mitad Dick ya lloraba desconsoladamente y pedía perdón y hacía todo tipo de promesas. Al llegar al noveno, Dick empezó a llamarle papi, y a decir incoherencias sobre ser el mejor hijo del mundo y algo de un culo de acero. Bruce por propia experiencia sabía que en esa postura se podía prometer o confesar cualquier cosa con tal que el correctivo cese. Las tres últimas no fueron en el trasero del pobre Dick sino en la palma de sus manos. Para recordarle que esos dedos tan ágiles se habían hecho para hacer el bien no el mal.

Una vez el correctivo hubo terminado, Bruce abrazó fuertemente a Dick y lo consoló hasta que su respiración volvió a la normalidad y el llanto hubo cesado.

- B: Dick, hijo, quiero que entiendas, que esto lo hago por tu único bien. Quiero que el día de mañana te conviertas en un buen hombre del cual pueda decir orgulloso "ven a ese hombre de ahí, esa bellísima persona, es mi hijo".

- D: Bruce, lo siento, perdóname. Te prometo que te sentirás orgulloso de mi.

- B: Lo sé (lavándole con ternura los chorretones de las lágrimas y los mocos con su pañuelo) no tengo ninguna duda (sonriéndole) Y Dick. Está todo perdonado (en ese momento Alfred picó a la puerta)

- B: Adelante.

- A: Señor, señorito, si ya han acabado, la cena está ya lista.

- B: Si, ya hemos acabado (Dick se subió rápidamente los calzoncillos y los pantalones, cosa que le supuso un gemido de dolor al contacto de la tela con su lastimado trasero) Dick, ve a asearte para la cena (dándole una suave palmadita en el culo)

- D; Auuuuu (sobándose el culo) ¡Con cuidado Bruce! que ahí abajo dueleeeeee (salió quejándose indignado mientras Alfred y Bruce se reían).

- A: ¿Cómo fue?

- B: No te lo vas a creer, pero hubiera preferido estar del otro lado.

- A: Le creo señor (mirándolo maliciosamente), a mi me pasaba lo mismo.

- B: Te juro que te odiaba cuando decías eso de "me duele más a mí, señorito Bruce, que a usted".

- A: ¿Y sigue odiándome, señor?

- B: En serio, le has dicho a Dick que me dijera que esperabas que "esto me fuera (agarrando la vara) ahora de tanta ayuda cómo me fue antaño".

- A: ¡oh y le fue bien!

- B: Alfred, me temo que mi trasero discrepa contigo.

- A: Su trasero debería hablar con el trasero de cierto jovencito, quizás podría darle algún buen consejo para mantenerse fuera de los lios.

- B: Se metió en su casa, en su coche, en su gimnasio y en su despacho solo para vengarse de que me mandó llamar ¿Aun crees que yo era peor a su edad?

- A: Con el debido respeto, señor. Usted era 9 veces peor.

- B: ¿nueve? ¿No dijiste 10? (preguntó con malicia)

- A: Los acontecimientos de hoy me han hecho recalibrar mi opinión. Pero usted sigue siendo mucho peor que el chico, señor (sonriendo)

- B: Era, Alfred, era.

- A: Señor conozco bien mi idioma.

- B: Jajajaja (alargándole la vara) déjala de nuevo en tu oficina.

- A: ¿Así que sabía dónde estaba?

- B: Al igual que sé que no hay que presentarse con prostitutas a una cena de accionistas (poniendo una mueca de dolor).

- A: Algo me dice que la va a volver a necesitar (tras ver como Dick atravesaba el hall corriendo), quizás deba dejarla aquí, a mano.

- B: ¡Ni hablar! ¡No pienso tener esa cosa en mi despacho!

- A: Jajajaja ¿Demasiados recuerdos, señor?

- B: Demasiados y muy dolorosos. ja ja Venga vayamos a cenar antes que Dick se lo acabe todo.

- A: No sufra, no creo que se lo acabe todo.

- B: ¿merluza y zanahorias hervidas?

- A: No, señor, hígado y coles de Bruselas.

- B: Alfred, eres perverso.