Gusto

Llegó a la casa entrada la tarde, no faltaba mucho para la cena John, ciertamente, estaba hambriento. Lo primero que vio fue el comedor repleto de frascos e instrumentos del detective, la idea de recoger le daba pereza.

-Watson, ¿Qué le parece si hoy lo invito a comer? – el doctor creyó en la buena fe de Holmes y tomó el sombrero que acababa de dejar en el perchero.

-Una excelente idea ¿A dónde iremos?

-Aquí mismo

-¿Preparó algo?- buscó con la vista.

-Prepararé

-¿Le ayudo en algo?- su paciencia comenzaba a desvanecerse.

-Se lo agradecería enormemente, su colaboración es vital. Póngase cómodo hasta que vuelva.

Sherlock estaba loco como una cabra. Watson aflojó el nudo de su corbata y tomó el periódico, sentándose en el sillón. Holmes entró algunos minutos después con un tarro enorme.

-¿Qué es eso?- temía la respuesta.

-Almíbar

-…

-¡Con un demonio! – alcanzo a decir John antes de terminar en el suelo cubierto de almíbar.

-Se lo dije. Esta noche usted es la cena.