Disclaimer applied


El albedrío de los condenados

Epílogo: La vida que habían elegido

Sentado tras su escritorio, Naruto miró otra vez la banda ninja que sostenía en sus manos. Pasó el pulgar sobre la placa metálica en la que podía verse el símbolo de Konoha surcado de lado a lado por una profunda muesca. Un muchacho se la había llevado hacía un rato, era un ninja joven, un chico del clan Inuzuka, apenas hacía unos meses que se había convertido en chuunin y trabajaba en la mensajería de la torre Hokage. El chico había llegado corriendo hasta su despacho y se la había entregado con solemnidad a pesar de tener ese aire travieso y pícaro que a Naruto le recordaba a Kiba.

—Acaba de llegar esto, Hokage-sama —dijo el ninja mirándolo con curiosidad—. No sabíamos qué era pero supusimos que usted sabría lo que significa.

Naruto había tomado la banda en sus manos y había esbozado una nostálgica sonrisa.

—Sí, gracias Tsubaru —contestó Naruto asintiendo hacia él para que pudiera marcharse. El muchacho inclinó levemente la cabeza antes de irse, algo decepcionado por no haber conseguido que le contara el significado de aquella banda. Normalmente, el Hokage tenía tendencia a compartir su alegría o indignación cuando recibía alguna misiva… o mejor dicho a ser incapaz de retener cualquier emoción intensa sin promulgarla a los cuatro vientos. En más de una ocasión Hinata-sama, primera consejera y esposa del Hokage había tenido que reprenderle con un indignado "Naruto-kun" cuando era demasiado expresivo con su correspondencia.

Naruto oyó como la puerta se cerraba tras el muchacho y suspiró, por supuesto que sabía lo que significaba aquella banda. Pertenecía a Sasuke, era la misma que había ganado al hacerse genin hacía ya tanto. Después de que el Uchiha se marcara de la aldea y él tuviera que ir a entrenar con Jiraiya, se la había dado a Sakura que la había conservado todos esos años.

El Hokage giró la vista hacia donde Hinata lo observaba, en silencio, sentada a un lado de la mesa entre los muchos papeles que había dejado a un lado. Él le sonrió levemente.

—Tengo que ir, dattebayo —dijo Naruto dejando la cinta ninja encima de la mesa para que ella pudiera verla bien y comprendiera de qué se trataba.

—Lo comprendo —contestó ella dulcemente y alargó el brazo para tomar la mano de su esposo, hacía mucho que había vencido esa timidez que la caracterizaba con él.

Naruto estrechó su mano volviendo a clavar una mirada nostálgica en la banda que yacía en la mesa. Habían pasado tantas cosas desde que había visto a ese chiquillo de revuelto pelo negro ceñírsela a la frente por primera vez, tantos recuerdos…

. */*/*/*/* .

El viento azotaba fuertemente en aquel lugar. Hacía que las ropas de Naruto hondearan y él tuviese que sujetarse el sombrero típico de los Kages para avanzar sin que se fuera volando. En el Valle del Fin siempre había soplado aquel aire, más aun en la cima de las estatuas que era a dónde se dirigía.

Llegó a lo alto de la catarata y se detuvo un momento. Cerca de donde la estatua se unía a la montaña y comenzaban los árboles, había un hombre dándole la espalda. Era alto, de espalda ancha y despeinado pelo negro que le resultaba familiar, parecía tener las manos apoyadas en los hombros de alguien que quedaba oculto por su cuerpo.

Naruto avanzó unos pasos y el ruido alertó al hombre que se giró para mirarlo. El Hokage se quedó sorprendido mirando sus facciones, era como retroceder en el tiempo, hasta que se fijó en el color de sus ojos y el hechizo se rompió. Verdes. En ese momento, Naruto se fijó en la persona que había a su lado. Era pequeña en comparación a su acompañante y le sonreía tristemente, su pelo antes de un inverosímil color rosa se había tornado gris y blanco, pero el brillo de sus ojos verdes como el jade seguía intacto.

—Sakura-chan…

La anciana sonrió más y sus ojos se humedecieron ligeramente. Tenía menos arrugas que él a pesar de que ambos rondaban los ochenta, seguramente por obra de la misma técnica que solía usar Tsunade, aunque no parecía pretender ocultar su edad.

—Madre —dijo el hombre de pelo negro con preocupación tocándole el hombro a Sakura.

Naruto ya había adivinado que era su hijo, parecía tener unos treinta y tantos años, y su parecido con Sasuke resultaba más que evidente. Por un momento, antes de fijarse en el color de sus ojos, le había parecido Sasuke rejuvenecido. Aunque fijándose bien había muchos rasgos de Sakura en él.

—Está bien, cielo —tranquilizó Sakura a su hijo.

Naruto se acercó mientras ella avanzaba hacia él hasta fundirse en un fuerte abrazo, la estrechó firmemente en sus brazos con cariño. En ese momento, casi era fácil imaginarse que volvían a ser aquellos jóvenes e inquietos ninjas que habían sido años atrás.

—Naruto —susurró Sakura cariñosamente y luego se aferró a él con más fuerza—. Él quería que lo trajésemos aquí, este lugar significaba mucho para él.

El Hokage asintió tristemente echando un vistazo hacia el lugar que habían estado mirando Sakura y su hijo. Allí la tierra estaba removida y una roca pulida con una inscripción reposaba sobre ella.

"Uchiha Sasuke"

—Lo siento mucho, Sakura-chan —dijo Naruto separándose de ella para mirarla a los ojos. Cuando le había llegado aquella banda ninja, ya sabía lo que significaba, hacía unas semanas que esperaba la noticia, desde que su antigua compañera le había dicho que su salud había empeorado.

—Vivió una vida feliz y se fue en paz —contestó Sakura enjugándose una lágrima—. Es ley de vida y pronto volveremos a estar juntos.

Naruto estrechó sus manos y sonrió levemente, los años habían hecho sabia a Sakura. La muerte formaba parte de la vida, y aunque le doliera haber tenido que dejar marchar a Sasuke sabía que su hora había llegado como llegaría la de todos. Ellos habían vivido una larga vida y no se resistían a dejar el mundo, sino que lo aceptaban como un paso más.

La muerte siempre estaba ligada a la vida, más aún a la vida ninja. Varios de sus antiguos compañeros habían muerto, y no a todos ellos les había llegado la hora. Fue duro que Shino cayera en una misión sin llegar a conocer a su hija —Hinata estuvo semanas llorando—, o que Tenten muriera joven dejando a Neji tan desolado. También Kakashi-sensei y la vieja Tsunade les habían dejado, aunque había sido la edad la que finalmente se los había llevado tras una larga vida, igual que ahora lo había hecho con Sasuke. A pesar de todo nunca es fácil para los que se quedan atrás.

—Me gustaría haber podido ir a visitaros antes de… —dijo Naruto carraspeando al final, afectado.

—Sabes que Sasuke no lo habría permitido —contestó Sakura con una sonrisa triste—. Siempre fue muy orgulloso, me dijo que por nada del mundo iba a permitir que le vieras como un viejo achacoso.

Sin poder evitarlo, Naruto rió ante aquel comentario soltando un par de carcajadas, sabía que Sakura había suavizado la frase omitiendo las seguras palabrotas con las que Sasuke la había adornado originariamente.

Desde que Sakura se marchó de la aldea para vivir con Sasuke, el equipo siete se había reunido cada pocos años, aunque también era cierto que habían pasado demasiados desde la última vez. Ellos nunca habían vuelto a Konoha, a pesar de las predicciones que Suigetsu hizo aquella mañana cuando se fueron. Naruto sonrió de lado al recordar cómo el espadachín había comenzado a pedir apuestas sobre cuánto tiempo tardaría Sakura en volver.

—Venga, quién apuesta veinticuatro horas —había tanteado animadamente mirando a los demás hasta que Temari levantó la mano, encogiéndose de hombros ante la ceja enarcada de Shikamaru—. Veinticuatro horas para la señorita de Suna.

Suigetsu había escrito sus iniciales y la apuesta marcándolas en una puerta con la punta de su kunai —algo que, si alguna vez los dueños regresaron a la casa, seguramente les hizo maldecir a sus ancestros—.

La mayoría se había ido animando a hacer predicciones hasta que Ino sorprendió a todos alzando la mano.

—Cuatro horas —declaró y para responder a las anonadadas miradas de sus compañeros, la chica alzó las botas de Sakura—. Se ha dejado los zapatos… Nadie va muy lejos sin zapatos.

Sin embargo, se equivocó, todos ellos lo hicieron, Sakura fue lejos sin zapatos y no regresó. Cuando volvieron a verse, tiempo después, ella le contó que Sasuke la había llevado sobre su espalda todo el camino hasta que llegaron a un pueblo en el que pudo comprar unas botas nuevas.

—Todos somos demasiado viejos dattebayo —suspiró Naruto saliendo de sus pensamientos y sonriendo a Sakura.

—Y casi parece un milagro que hayamos llegado a serlo —rió ella.

La verdad es que era cierto, no sólo por haber sobrevivido a una guerra ninja de dimensiones históricas. Terminar con esa amenaza no significó el fin de los problemas ni mucho menos. Por un tiempo la Alianza se mantuvo y todos trabajaron unidos para reconstruir lo que la guerra había devastado, a pesar de que al Raikage no le gustó nada que Sasuke y Sakura no volvieran para someterse un juicio. Según él aunque se hubiera levantado su condena de muerte, todavía tenían demasiadas cosas que explicar y por las que debían pagar.

En cuanto a Kabuto, había sido un amplio tema de discusión qué hacer con él. Ya que ejecutarlo en el estado en el que se encontraba no era algo demasiado ético, sin embargo, tampoco lo era dejar que siguiera eternamente en aquel bucle infinito. Estuvo un par de años en el hospital de Konoha, a cargo de Tsunade que lo trataba como un paciente en coma, cada vez estaba más débil y pronto quedó claro que no iba a despertarse, de modo que la Hokage se apiadó de él terminando con su sufrimiento.

La paz se mantuvo hasta que las tensiones políticas con algunas facciones de la aldea de la Niebla aumentaron e incluso llegaron a producirse varios enfrentamientos con otras aldeas. Para aquel entonces, Suigetsu, que había retornado a su aldea natal, se había hecho un respetable nombre entre los espadachines llegando a liderarlos como siempre había querido. Fue en gran parte gracias a él que se evitó una nueva guerra. Años después sonó su nombre para sustituir a la Mizukage cuando dejó el cargo, pero él lo rechazó con una carcajada alegando que cómo se supone que iba a organizar toda una aldea si su propia casa parecía una jaula de locos. Nadie fue capaz de contradecir eso, cuando había vuelto a la aldea Karin le había acompañado, y su relación seguía siendo igual de contradictoria que al principio, tan pronto parecían locos de pasión como se lanzaban cualquier cosa a la cabeza y se enzarzaban en una pelea de patadas, golpes e insultos —En alguna ocasión Karin había lanzado todas las cosas de Suigetsu por la ventana mientras él le gritaba desde la calle que era una loca—. A pesar de todo habían pasado toda su vida juntos, incluso habían tenido un hijo que lideraba actualmente a los espadachines de la Niebla como lo hizo su padre.

Muchos de sus antiguos compañeros habían sido padres. Ino y Kiba tenían unos gemelos que habían vuelto loca a su madre de niños —"Es como tener una jauría de perros en casa" se quejaba—, Shikamaru veía todo mucho más problemático desde que Temari y él habían tenido dos hijas, incluso Kakashi-sensei había tenido un hijo con Anko para sorpresa de todos… incluidos ellos, ya que nadie esperaba que fueran a enamorarse. Y por supuesto, él mismo e Hinata que estaban muy orgullosos de sus hijos.

—No lo tuvimos fácil ¿eh? —Sonrió Naruto—. Aun así fuimos felices, incluso Sasuke a pesar de su odio. Ojalá hubiera podido perdonar a Konoha después de tantos años.

Sakura sonrió y tocó su brazo con cariño para después señalar a su hijo que seguía frente a la tumba de su padre.

—Creo que no conoces a mi hijo menor —dijo ella—. Nunca te dijimos su nombre, ¿verdad?

Naruto parpadeó perplejo al darse cuenta de que tenía razón, sabía que el primer hijo de Sasuke y Sakura se había llamado Itachi, como podría haber esperado, después tuvieron una niña, Misha, pero ahora que lo pensaba, aunque sabía que habían tenido un último hijo no recordaba que le hubieran dicho su nombre.

Sakura le lanzó una última sonrisa enigmática antes de hacerle gestos a su hijo para que se acercara. Mirando bien su rostro, Naruto se preguntó cómo había podido confundir sus rasgos con los de Sasuke, pues aunque se daba un aire a su padre, sus facciones eran más similares a las de Sakura.

—Esté es mi hijo pequeño, aunque ya no lo parezca —bromeó Sakura, ya que sobrepasaba por mucho la altura de su madre—… Se llama Uchiha Naruto en honor al Hokage de Konoha.

Naruto abrió los ojos impresionado y conmovido, no podía creer que Sasuke le hubiera puesto su nombre a su hijo.

—Es un honor conocerle Hokage-sama —dijo el hijo de Sakura—. Mi padre me contó muchas cosas sobre usted y Konoha, crecí admirando su aldea. Siempre quise conocer al héroe al que debía mi nombre.

Naruto no supo que decir por un momento, parpadeó para alejar unas emotivas lágrimas que le habían empañado los ojos, miró a Sakura que le sonrió comprensiva. Sasuke no sólo le había puesto su nombre sino que había descrito Konoha como un lugar admirable.

—Al final perdonó —dijo Sakura como única explicación.

Una solitaria lágrima se escapó de los ojos del Hokage que se apresuró a limpiarla con una sonrisa imaginando la expresión burlona que habría compuesto Sasuke al verlo, con toda seguridad le habría llamado "estúpido viejo sentimental" o algo así.

—El honor es mío —aseguró Naruto volviendo de nuevo su atención al hijo de Sakura.

Sakura les miró en silencio, sonriendo mientras su memoria viajaba al día en el que Sasuke le había dicho cómo le gustaría que se llamara su próximo hijo.

Habían decidido viajar a Konoha después de casi ocho años de ausencia, pasear por sus calles había sido como una vuelta a su niñez. Ambos iban envueltos en capas de viaje para ocultar sus identidades y habían dejado a Itachi en casa. A pesar de que no creían que fueran a ser apresados, sabían que tras su marcha el Raikage se había enfurecido porque ellos no volvieran para ser juzgados, así que prefirieron pasar desapercibidos para evitar problemas.

Las calles estaban abarrotadas aquel día y la multitud los llevó, manteniéndolos anónimos, hasta la plaza central de la aldea, dónde todo el mundo se concentraba. La emoción contenida en el ambiente era palpable, todo el mundo parecía alegre y nervioso. Pero llegado el momento, todo se quedó en silencio y todas las miradas se centraron en el balcón de la torre Hokage desde donde varias personas miraban a la multitud.

—¡Os presento al Sexto Hokage de la aldea de Konoha! —Anunció Tsunade con orgullo— ¡Uzumaki Naruto!

Un bramido ensordecedor se elevó en el aire cuando la plaza entera estalló en vítores y gritos de celebración al ver a Naruto ataviado con las ropas de Hokage sonriendo radiante desde el balcón. Sakura miró de reojo a Sasuke quien mostraba una ladeada sonrisa de orgullo mal disimulado.

—Hmp. Nunca pensé que viviría para ver esto —dijo el Uchiha al captar su mirada.

—Yo contaba con ello —le sonrió Sakura con los ojos brillantes—. Naruto hará que Konoha brille con luz propia.

—Una parte de mi esperaba que ese idiota hiciera algo para cagarla —contestó él enarcando una ceja.

La kunoichi sonrió y le dio un pequeño manotazo en el pecho a modo de broma.

—Será un buen lugar para vivir —la sorprendió Sasuke poniéndose serio de nuevo y abrazándola desde la espalda, acariciando su vientre abultado por el embarazo—… Puede que, algún día, incluso para un Uchiha.

Sakura sonrió deslizó sus manos sobre las de él apretándolas con cariño. Sabía lo mucho que esas palabras significaban para Sasuke después de cargar toda su vida con el círculo del odio entre Konoha y los Uchiha. Admitir que Naruto podía acabar con todo ello y hacer de aquel un lugar en el que sus hijos no fueran juzgados por el sangriento legado de su apellido, todo eso era un gran paso para él, quizá una liberación.

En ese momento, la multitud volvió a enloquecer de júbilo cuando su nuevo Hokage se subió de un salto a la barandilla del balcón estirando los brazos al cielo mientras gritaba a pleno pulmón.

—¡Konoha! ¡Soy Uzumaki Naruto y soy Hokage dattebayo! ¡Lo conseguí!

Como si compartiera la alegría que lo rodeaba, el bebé comenzó a patear desde el vientre de Sakura sorprendiendo a sus padres que seguían con las manos enlazadas sobre él.

—Parece que todos se alegran por Naruto —bromeó Sakura riendo.

Toda la gente de la plaza coreaba el nombre de su antiguo compañero aclamándolo, parecía mentira que fuera el mismo niño que una vez había corrido por las calles de la aldea haciendo travesuras y pidiendo a gritos la aceptación de los demás.

—Así que Naruto ahora es nombre de Hokage —musitó Sasuke.

—También es el nombre de nuestro amigo —le recordó ella.

—Sí…

Sakura se giró para mirar a los ojos a Sasuke que parecía muy concentrado en mirar su barriga, como si estuviera pensando en algo que diera vueltas en su cabeza sin acabar de decidirlo.

—Es un buen nombre —sonrió Sakura al comprender lo que le ocurría.

Sasuke alzó los ojos hacia ella y asintió levemente con una media sonrisa, agradecido de que le hubiera comprendido sin tener que decirlo. Era demasiado embarazoso. Si alguien, alguna vez, preguntaba podría decir que nombrar a su hijo Naruto había sido idea de Sakura.

Sin embargo, pronto, Sasuke deseó no haber dicho nada, puesto que a esa conversación la siguieron varios meses de "buenas noches, Naruto" pronunciadas por Sakura cada vez que se iban a dormir, lo que provocaba escalofríos en el Uchiha.

Lo cierto fue que el bebé no pudo llamarse Naruto, ya que fue una niña, por lo que decidieron nombrar así al siguiente —con otros nueve meses de "buenas noches, Naruto"—.

Sakura sonrió dejando ir sus recuerdos y contemplando orgullosa a los dos "Narutos" uno junto al otro. De pronto, sintió un tirón en la falda y bajó la vista.

—He encontrado esto para el abuelo —A sus pies, un niño de pelo negro y ojos oscuros le tendía un pequeño ramillete de flores blancas mientras la miraba con el ceño algo fruncido.

Ella se agachó hasta quedar a su altura, maravillándose del parecido de su nieto con Sasuke, ni siquiera sus hijos se habían parecido tanto a él. Era como ver de nuevo a ese chiquillo del que se había enamorado en la academia. Parpadeó para alejar las lágrimas que acudían a ella con los recuerdos y sonrió al pequeño.

—Ven, cariño —dijo levantándose de nuevo y tomándolo de la mano.

Naruto observaba absorto al pequeño que había salido de entre los árboles y ahora caminaba hacia ellos de la mano de Sakura. No hacía falta que le dijera quién era, el parentesco con Sasuke era innegable. El niño tenía hasta el mismo gesto que hacía Sasuke cuando estaba contrariado, y amarrada a su espalda, demasiado grande para él, llevaba la katana que había pertenecido a su amigo.

—Este es mi nieto, es hijo de Itachi —sonrió Sakura—. Se llama Sasuke en honor a su abuelo y puedo decir que es igual de terco.

La mujer sonrió con cariño revolviéndole el pelo a su nieto que hizo un puchero mandándole una mirada contrariada. Normalmente, el pequeño no era tan arisco con ella, pero había decidido enfadarse con el mundo desde la muerte de Sasuke, a quien había estado muy unido. Pero Sakura, que había convivido con Sasuke durante toda su vida, sabía perfectamente que al igual que su abuelo, esa era la forma que tenía de expresar su dolor.

—Es tan parecido que asusta, dattebayo —se carcajeó Naruto a quien los años no habían hecho perder su personalidad explosiva, mientras lo observaba con los ojos brillantes de emoción. "Maldito viejo loco" habría dicho Sasuke.

—Sí —coincidió ella sonriendo de lado para después mirarle a los ojos con más seriedad—. Tiene edad para entrar en la academia.

Naruto recobró la compostura y asintió.

—Así que quiere ser un ninja ¿Eh?

El Hokage sabía que Sasuke no había enseñado técnicas ninja a sus hijos, habían crecido apartados de ese mundo de batallas. Sakura y él los habían criado en una pequeña aldea de la costa, y aunque la kunoichi había seguido dedicándose a la medicina, llegando incluso a enseñar algo a sus dos hijos menores, Sasuke dejó las armas para tomar las redes convirtiéndose en pescador. Naruto rememoró lo mucho que se había reído de él cuando se lo dijo, a pesar de todo el Uchiha parecía estar en paz consigo mismo y sin alterarse le recordó haciendo rodar su Sharingan que todavía podía patearle el culo. Además, cuando la madre de tus hijos puede destrozar una pared de un puñetazo si está furiosa, no puedes descuidar tu entrenamiento —le constaba que las peleas entre Sasuke y Sakura eran todo un acontecimiento en la aldea en la que vivían—.

—Hn. Sé hacer jutsus de fuego —se jactó el niño algo ofendido al pensar que se ponía en duda su capacidad—. Mira. ¡Katon go…

—¡Sasuke! —le reprendió Sakura sujetándole las manos al tiempo que su tío le asestaba un pequeño capón en la coronilla.

Puede que el hijo menor de Sasuke no se hubiera interesado demasiado por las técnicas ninja ofensivas, pero sabía lo suficiente como para saber lo que provocaría ese pequeñajo con esos sellos, le había visto practicar cien veces hasta conseguirlo.

—Vaya, vaya —rió Naruto—. Parece que tenemos otro genio Uchiha, dattebayo. Por supuesto que serás bien recibido en la academia de Konoha si es lo que quieres. Me encargaré de ello.

Parecía que Sasuke sí había enseñado a su nieto bastante bien, el Hokage se preguntó si incluso habría despertado su Sharingan. No le sorprendería que tuviera habilidades muy por encima de su edad, tal y como el propio Sasuke había demostrado cuando apenas era un gennin.

—Gracias, Naruto —sonrió ella.

—¿Y qué harás tú, Sakura-chan? ¿Estarás bien? —Preguntó Naruto algo preocupado. Sabía que aunque lo aceptara, la muerte de Sasuke había sido un duro golpe para ella, no en vano había sido el amor de su vida.

Sakura sonrió con tristeza. Realmente no se veía con fuerzas para regresar sin Sasuke a la casa en la que había vivido con él toda su vida, sería demasiado doloroso saber que no volvería a estar allí para llenar la casa con su imponente presencia, dedicarle medias sonrisas o tratar de deshacerse de su estofado cuando pensaba que no le veía.

—Creo… que es hora de que yo también vuelva a Konoha.

Naruto le devolvió la sonrisa, asintiendo solemnemente.

Sakura y el niño se despidieron del hijo de Sasuke, que regresaba a su aldea prometiendo que él y sus hermanos irían a visitarlos pronto, ya que no todos habían podido viajar en esa ocasión.

Naruto observó a Sakura tomar a su nieto de la mano caminando por delante de él y sonrió. Tal vez, su vida no había sido la mejor, la más heroica o reseñable, pero al menos, y eso era lo que realmente importaba, era la que ellos habían elegido.

Y así, años después, Sakura volvía a Konoha y mirando al niño pelinegro a su lado, Naruto no podía dejar de pensar que de algún modo, Sasuke también.


Hola :) Tal y como prometí aquí está el epílogo, me ha costado más de lo que pensaba escribirlo, teniendo en cuenta que fue la primera escena que imaginé al escribir el fic. Había demasiadas cosas que quería decir, pero tampoco quería hacerlo demasiado largo así que no me he puesto a relatar lo que pasó con cada uno de los personajes (eso me llevaría otro fic :S). He tratado de resumir lo que me parecía importante y espero que os haya gustado.

Muchas gracias por haberme acompañado durante este fic, he disfrutado mucho escribiéndolo aunque en alguna ocasión fuera un dolor de cabeza por la falta de tiempo o inspiración. Gran parte del mérito de que haya sido terminado es vuestro por haberme apoyado tanto y haber tenido paciencia :) Podéis estar seguras de que he leído cada review con mucho cariño.

Para quien se pregunta si escribiré un nuevo fic, desde luego que sí. Como siempre que termino una historia, ya tengo un montón de nuevas ideas en el tintero para comenzar, aunque esta vez me aseguraré de tener el tiempo que necesito para actualizar semanalmente antes de comenzar nada, por lo que puede que esté un tiempo ausente. Pero volveré, eso es seguro.

Bueno, seguro que se me olvida mencionar mil cosas que quiero decir. Me despido con alegría y tristeza al mismo tiempo por haber acabado este fic tan querido para mí.

Hasta pronto. Besos, Ela.

~Dedicado a todas mis lectoras/es por su paciencia y su increíble ansia de palabras~