Los personajes le pertenecen a Masami Kurumada.

Como todas las mañanas, era el primero en levantarse. Estiró el brazo hasta llegar a la mesita, alcanzó el despertador y lo apagó para no despertar a nadie más de la casa. Se estiró en la cama y aún con los ojos cerrados, se dirigió al baño para comenzar con sus quehaceres diarios. Hacía bastante que había dejado de hacer ejercicio por las mañanas pues notaba ciertas molestias de las que prefirió no hablar ni con la que fuera su Diosa. Tenía la esperanza de que se disiparan en un tiempo, pero de eso ya había pasado un mes y aún seguía en las mismas. Accionó el mando del agua caliente mientras se despojaba de sus ropas. Se llevó las manos al pecho y notó cierta molestia, cosa que ya empezaba a preocuparle. Suspiró y se adentró en la ducha dejando que el agua se llevara sus preocupaciones.

Tan solo habían pasado unos meses desde la última guerra santa pero ya tenían todo preparado para comenzar las clases en el siguiente trimestre. Iban bastante atrasados, por lo que los horarios que tendrían serían severos. Menos mal que al menos acudiría con Saori y con Seiya a las clases porque, de verdad, que sentía vergüenza no por saber las cosas, consideradas, básicas.

Salió de la ducha y notó un leve dolor a la altura de la cadera. Dolor que casi le deja sin respiración. Le fallaron las fuerzas y acabó sentado sobre sus rodillas en el frío suelo, desnudo, tratando de recobrar el aliento. Abrió los ojos unos segundos después, cuando el dolor cesó y se levantó de aquella extraña posición, para vestirse con sus ropas cómodas y bajar a la cocina para comenzar con el desayuno.

No sabía explicar porque, pero el hecho de crear alimentos de la nada, era algo que le gustaba. Cada día se esmeraba más por complacer a los hambrientos de sus hermanos. No es que él no comiera, pero sí era cierto que lo hacía con una cantidad menos tosca, más como… Saori. Sonrió para sí mismo y se colocó aquel delantal que le quedaba enorme. Sacó ciertos alimentos de la alacena y el refrigerador y comenzó con los preparativos.

Para su sorpresa, Saori se había levantado temprano ese día y había bajado a la cocina para ayudar a Shun, puesto que siempre era él quien preparaba los desayunos.

- Buenos días Shun.

- Buenos días, señorita Saori.

- Shun – Se acercó hasta el muchacho y le dio un beso de buenos días, como hasta ahora se habían acostumbrado – Te he dicho que nada de señorita. ¡Tenemos la misma edad!

- Perdón pero me cuesta tratarte de tú – Dijo con un leve rubor en las mejillas – Aún no me he acostumbrado.

- ¿Te ayudo?

Pregunto con una sonrisa la muchacha mientras sin esperar respuesta, se acercaba poniéndose un delantal. Shun, al verla decidida no pudo hacer más que entregarle los huevos para que los fuera batiendo mientras él preparaba el resto de ingredientes. Lavó la fruta y comenzó a pelarla cuando de nuevo aquel dolor se le instaló en el cuerpo. De nuevo las fuerzas le fallaron y quedó apoyado sobre el mármol, respirando entrecortado. Saori, asustada, dejó los huevos y la varilla y se apresuró a sujetar a Shun.

- ¿Qué te ocurre? ¿Estás bien?

- No – Quedó callado unos segundos y se recobró de nuevo, mirando a la muchacha mientras ocultaba unas pequeñas lágrimas que apunto estaban de resbalar por su mejilla – No es nada.

- ¡Cómo que no es nada! ¡Shun! ¿Desde cuando te sucede esto?

A Saori no se le escapaba nada y él no quería ocultárselo, por lo que, cerró los ojos y contestó tras un suspiro.

- Unas… dos semanas.

- ¿Lleva pasándote esto dos semanas? ¿Ikki lo sabe? – Las esmeraldas se mostraron más que nunca, suplicando a la que fuera su Diosa que no le dijera nada a su hermano de eso.

- No le digas nada a Ikki, por favor. No quiero que lo sepa.

- Está bien. Pero de esta mañana no pasa. Nos vamos al médico a que te hagan una revisión.

El muchacho asintió y ambos continuaron con el desayuno. Más Saori estaba pendiente por si, de nuevo, le ocurría aquello a su caballero. Pronto los muchachos bajaron a desayunar. Dedicaron sus buenos días a los cocineros Shun y Saori y se sentaron a esperar el desayuno. Hyoga siempre ayudaba a preparar la mesa y servir los alimentos. Aunque sabía que se sentía atraído por Shun, prefirió creer que era pura admiración y se ocultaba tras una máscara de hielo. Ikki parecía ajeno a todo, a excepción de su pequeño hermano, al que no solía apartar de su vista. Con él era más que sobreprotector. Nada ni nadie que no pasara por él primero, podía acercarse a su hermano. Tras la última guerra santa, esto se había amplificado y era aún peor.

El desayuno trascurrió como siempre, tranquilo. Los chicos se separaron para continuar con sus rutinas y Saori se llevo, literalmente, del brazo a Shun al hospital. No era para no preocuparse pues él junto a Seiya, eran los que más habían sufrido en aquella guerra contra Hades.

Al llegar al hospital de la fundación, le hicieron un montón de pruebas al pobre chico y más de las que debían, pues la misma Saori insistía en que así fuera. Cuando los análisis salieron en perfectas condiciones, se llevaron al muchacho a la sala de rayos X para comenzar con aquellos exámenes.

- Sé que es tontería preguntar pero… ¿Estás embarazada?

Sus mejillas se colorearon más de lo debido en ese momento pues aunque no era la única vez que lo habían confundido, aquello siempre le hacía avergonzarse. A duras penas si atinó a negar con la cabeza ante aquella pregunta.

- Bien. Túmbate sobre la camilla. ¿Ves la luz? – Shun asintió – Pues cuando se apague, mantén la respiración hasta que vuelva a encenderse. Serán solo unos segundos. Lo harás bien.

El médico le sonrió y salió de aquella estancia, para resguardarse tras un cristal, en donde manejaba la máquina de los rayos X. Shun miró detenidamente la luz y siguió las instrucciones al pie de la letra. Se cambio nuevamente y salió hasta la sala de espera, en donde debía permanecer a escuchar el resultado. Se sentó junto a Saori y esta se quedó mirándole.

- ¿Sabes? No me había fijado en que en verdad… - Calló lo que iba a comentar por temor a que pudiera molestar a su caballero - ¿Te duele algo más?

- Pues… - Shun se llevó las manos al pecho y se quedó mirándose a sí mismo – hace un par de días que me duele el pecho. – Frunció el entrecejo, como pensando para sí – pero no es dentro, es un dolor como… externo.

Algo iba a decir Saori, pero quedó callada al ver a los médicos salir de la sala.

- ¿Kido Shun?

Los muchachos se levantaron del asiento y se acercaron hasta el lugar en donde estaban los médicos

- Síganme por favor.

Pasaron por unos estrechos y blancos pasillos, que giraban a derecha e izquierda, hasta dar con un pequeño despacho, en donde el médico dejo pasar a los muchachos antes de entrar él y cerrar la puerta para no ser escuchado desde el exterior. Se sentó en su asiento tras el escritorio y revisó el expediente de Shun, que ahora, llevaba en sus manos. Saori, un tanto inquieta, fue la primera en preguntar.

- ¿Ocurre algo doctor?

- Pues… - Miró al muchacho a los ojos y se acomodó mejor en el asiento, quedando con los brazos apoyados en la mesa. – Está estupendamente. Los dolores que frecuentas son normales en tu edad y condición física.

- ¿Normales? – Preguntó, de nuevo, Saori.

- Así es señorita. Todo en… el muchacho… – Dijo el médico en un tono extraño – está bien.

- ¿Entonces?

El médico suspiró y se quedó mirando a la muchacha, sin saber por donde empezar a contestar.

- Verá, señorita Kido, Shun está en perfecto estado físico y está desarrollándose como es normal en su edad. El problema es…. – Le entregó una hoja un tanto amarillenta, que al parecer, era la partida de nacimiento de Shun – la letra.

- ¿La letra? ¿El problema es la letra? ¿Eso que quiere decir? – Preguntó, por fin, Shun.

Saori se quedó paralizada al ver el papel. Levantó la mirada hasta encontrar al médico y este le asintió brevemente mientras suspiraba. Shun, bastante asustado en ese instante, casi arranca el papel de las manos de Saori, para tratar de entender que era lo que ahí ponía. Comenzó a leer lo escrito sin entender más que lo justo:

Niño nacido espontáneamente, el 19 de Septiembre a las 22.30.

Bueno, eso él ya lo sabía. No alcanzaba a ver cuál era el fallo o donde decía algo de la letra para poder entender. Levantó la mirada del papel, al sentir la mano de Saori por sobre las suyas.

- Shun… - La mirada de Saori era reveladora. Una mezcla entre compasión, incredulidad y alegría – Mira bien ahí – Señaló una palabra y el chico volvió a leer con atención a donde su diosa le había apuntado.

Niño

¿Qué tenía de malo Niño? ¿Qué era lo que se le había escapado a él? Releyó de nuevo la palabra y observó algo que hasta ahora no había divisado. Justo en donde estaba escrita la "o" un pequeño rabito, casi imperceptible a primera vista, se delineaba hasta abajo del texto. Ahora veía claramente que ponía Niña. Le estaba costando entenderlo, pues para él, aquello solo era una mancha que el tiempo había dejado impresa en el papel.

- Shun… - Fue el médico el que le habló, haciéndole salir de su ensoñación – Los dolores que estás experimentando son normales en tu edad, pues estás por tener el primer periodo.

Saori no apartaba la vista de Shun y le apretaba fuertemente las manos, como dándole fuerzas para pasar aquel mal trago. Shun, aun seguía sin reaccionar, escuchando al médico explicarle un montón de cosas sobre menstruaciones, compresas, tampones, anticonceptivos y no sabría definir cuantas cosas más, que ni siquiera llegó a escuchar. Saori reaccionó por él y se agenció todos los panfletos dados por el médico, asegurándose que el mismo Shun la seguía hasta casa.

Por el camino todo fue silencio entre ellos… Pero… ¿Desde cuando era niña? ¿Qué le diferenciaba de sus hermanos? Siempre había luchado con ellos y no era capaz de entender la diferencia. Claro era obvio para los demás niños la diferencia, pero para él, que había crecido en una isla solo habitada por su June, él y su maestro, no era fácil de comprender.

Cuando llegaron a la mansión, agradecieron la soledad de esta y Saori acompañó a Shun hasta su habitación. Se sentó junto a él en la cama y suspiró para comenzar a hablar.

- Shun…. Creo que… Ikki al menos, debería saber esto.

- ¿Ikki? – Preguntó como si estuviera en un sueño, ajeno a todo lo que ahí acontecía.

- Sí. Alguna vez… Como tu hermano mayor… Te debió ver… desnudo, ¿no?

- No lo recuerdo. Aquí siempre me mantenía alejado de todos y como que me trataban a parte. Luego de eso, partimos a nuestros lugares de entrenamiento y el resto… El resto ya lo sabes. – Acabó la frase como con un hilo de voz. Sin fuerzas si quiera pues aún no había digerido aquella información.

En aquella conversación estaban, cuando la puerta de la habitación de Shun se abrió y dio paso a Ikki, su hermano mayor.

- Hermanito, te he estado buscando. Ya pensé que te habías fugado con el ruso.

- Ikki – Regaño su diosa, pero Ikki continuó como si nada hasta llegar a la cama y sentarse al lado de su hermano pequeño. – ¡Ikki! – Volvió a insistir Saori, captando ahora sí, la atención del moreno – Hay algo que… - Le extendió una fotocopia del parte de nacimiento de Shun mientras continuaba hablando – deberías saber. Shun se ha sentido mal estas dos últimas semanas y hoy le convencí para ir al médico.

Ikki turnaba la mirada del papel a la muchacha, siempre con cara de incredulidad, hasta que escuchó que su hermano no se encontraba bien. Le miró a él y este le devolvió la mirada tímidamente.

- ¿Ocurre algo hermanito?

- Hermanita – Corrigió Saori.

- No hablaba contigo sino con Shun.

El nombrado reaccionó y le señaló aquella palabra en el parte de nacimiento.

- Ikki… ¿Alguna vez cambiaste a tu hermano de pequeño?

- Pues no. No me dejaban hacerlo. Siempre había alguna mujer que se encargaba de ello.

- Y… ¿Aquí en la mansión?

- No. Las sirvientas no me dejaban hacerlo. Eso ya te lo he dicho.

- Ikki – Ahora fue Shun quien habló tímidamente - ¿Quién?... ¿Quién te dijo que yo era un niño?

- Pero que cosas dices, Shun! Tú eres un niño y punto.

- Pues… - Seguía con la explicación aunque ya sus mejillas estaban sonrosadas debido a la vergüenza. – Soy una niña.

Ikki releyó el papel que tenía entre sus manos y su semblante cambió a uno más sobrio, para después palidecer ante aquel descubrimiento.

- Pero… ¿Cómo? ¿Estás seguro?

Shun, a modo de respuesta, rebuscó entre los miles de papeles entregados por el médico y sacó uno a todo color de los miembros reproductores, tanto femeninos como masculinos. La, recién descubierta, muchacha señalo el órgano masculino y se sonrojo más si cabía.

- Yo… nunca he tenido… uno de esos.

- ¿Qué? – Preguntó Ikki, aun sin recobrar el color. - ¿Estás hablando en serio Shun? ¿No es ninguna broma?

Shun, más apenado por todo aquello, agachó la cabeza y la llevó entre sus piernas, tras abrazarse a estas. Su mundo había dado un giro de 180 grados en tan solo minutos. Ni siquiera su nombre encajaba en su nuevo ser, pues este era nombre de chica. Desolado por toda aquella situación, no pudo más que llorar. Ikki, que no podía verlo así, lo acunó entre sus brazos para después agachar la cabeza para besar su frente. Aquel contacto no llegó nunca, pues pudo ver un pequeño canalillo, formado entre los pechos de su hermano. Miró, un tanto avergonzado el techo de aquella habitación y suspiró fuertemente, tratando de calmar a su pequeña hermana.

- Shun… Deberías… - Buscaba cualquier cosa que sirviera para hacerle sentir mejor - Estar contenta. ¿Sabes? Puedes dar la vida a algún pequeño ser, cuando llegue el momento – Recalcó eso último – Y podrás… - Calló unos segundos, buscando algo más característico de las mujeres – ¡Mira! ¡Eres la primera amazona divina de la historia!

- Yo era un caballero, Ikki… No una amazona

Los ojos rojos y brillosos de su hermano, le partían el alma a Ikki, que ya no sabía que hacer. Miró a Saori y esta salió en su ayuda.

- Shun… ¿Qué te parece si miramos algo que te sea más cómodo de llevar?

Shun miró a Saori y se limpió unas pequeñas lágrimas, aún persistentes en sus mejillas.

- Yo ya llevo mi ropa deportiva.

- No se hable más.

Levantó a Shun del brazo y se la llevó a su habitación, dispuesta a probarle mil y una prenda existentes en su armario, tan solo para tratar de animarla. Media hora más tarde y después de que Ikki pusiera al corriente al resto de los caballeros, Shun bajó junto a Saori, dejando a los muchachos sin aliento, más al rubio, que parecía le iba a salir el corazón del pecho.

Shun se presentó en la sala con un sencillo vestido, un poco más arriba de las rodillas, en color crema. Los tirantes eran finos y permitía percibir los pequeños bultos que se estaban formando en el pecho de la muchacha. Saori le había peinado el cabello y adornado con una pequeña horquilla, retirando así, el pelo de la cara de la chica.

Shun se sonrojo al sentirse la atención de todos en la sala. El silencio solo fue interrumpido por Tatsumi, que entraba al salón para llamar a los huéspedes a comer. Su mirada se posó en donde los muchachos estaban mirando y un pequeño gruñido salió de su boca, mientras se dirigía verbalmente a Shun.

- Ya era hora que te vistieras como deberías ShunShiro.

Todos quedaron mirando al mayordomo desaparecer por la puerta de servicio. Saori, que aún llevaba el papel de nacimiento en su mano, comprobó lo dicho por su mayordomo y efectivamente, tan indivisible como aquel pequeño rabito de la "a", "Shiro" aparecía junto a la palabra "Shun" formando así, un nombre de mujer.