¡Un datito antes de que empiecen a leer! El gatito es como este www. Fondos gratis. mx/items/ terror/0/11181 _gato/ El vestido que usará la protagonista es algo así www. aquimoda. com/tag/vestidos -combinados/page/2/ (Los separé a ver si pueden ver el link…)

Este primer capítulo no saldrá "Loki" propiamente dicho, es solo el comienzo, en este caso se entorna a Lisbeth.

¡Detalle! Tal vez les parezca extraño el que escriba "limosina" pero también se escribe "limusina", opté por la primera. Si no es así (y realmente discúlpenme si estoy errada), la culpa es de Yahoo Answers…

Pues bien, ¡Disfruten!

I: Nueva mascota y planes de fiesta.

El sol hizo acto de presencia al fin. Acción que le alegraba la existencia a Lisbeth, quién esa noche había tenido un sueño bastante extraño y a la vez aterrador: un hombre oculto en las sombras, con una fría mirada. No decía nada, solo la observaba. Pero no lograba verle el rostro, solo los escalofriantes ojos verdes. Aunque ella no se podía ver a sí misma en el sueño.

La chica se levantó de un salto de su cama. Descalza, caminó por el largo pasillo con cuidado, para que sus padres y su chillona y engreída hermana Tyra no se despertara.

Una sirvienta apareció, y no una cualquiera, sino Karina, la más chillona y chismosa.

— ¡Señorita Lisbeth! Se ha despertado muy temprano. ¡Y está descalza! Eso no puede ser, debe…

— ¡Karina! —Exclamó Lisbeth, sin hacer un gesto de molestia ya que respiró hondo antes de perder el control, apretó los puños y sonrió —. No necesitas exaltarte. Vas a despertar hasta a Morfeo. Por favor, no grites —Lisbeth tenía una voz sedosa y a la vez venenosa, por lo tranquilizadora que solía ser.

— ¡Lo siento mucho pero es que me preocupa que se lastime los pies!

Lisbeth suspiró cubriéndose el rostro con una mano y sus padres, junto con su hermana, salieron gruñendo.

— ¿Ahora por qué gritas, Karina? —suspiró Fara, la madre.

—Porque la señorita Lisbeth está descalza. ¡Menos mal que no tienen mascota porque sus pies estarían llenos de…!

— ¿Mascota? —interrumpió Tyra —. ¡Mascota sí, quiero una mascota! —chilló dando saltitos y aplaudiendo.

— ¡Argh! ¿No que detestas los ladridos y los excrementos de un perro y mucho más las uñas de los gatos? —gruñó Lisbeth sin dejar de apretar los puños.

— ¡Oh hermana! Sabes que soy un poco bipolar con los animales. ¡Padre! Quiero un cachorrito. ¡Lo exijo!

Lisbeth respiró profundo y siseó cuando sintió que se estaba clavando las uñas.

Al menos sus años de práctica le favorecían en su expresión, que la mantenía siempre serena e indiferente, incluso a veces ausente, para evitar que le hicieran comentar, ya que sabía que sus sarcasmos la dejarían al descubierto.

— ¿Segura Tyra? —preguntó Otto, el padre.

—Padre, lo quiero. ¡Vamos ya!

—Si te compramos una mascota, tu hermana tendrá uno también.

Lisbeth sacudió la cabeza y Tyra se encogió de hombros.

—Si mi hermana quiere su mascota, que lo elija ella misma. ¡Yo quiero un cachorro ya lo dije!

Lisbeth torció los ojos, asegurándose de que nadie la viera y se retiró a su habitación refunfuñando maldiciones.

—Ehm… Lisbeth, hermana —Tyra la llamó desde el otro extremo de la puerta varios minutos después —. ¿Podrías darte prisa? ¡Vamos a la mejor tienda de mascotas de New York! ¡Anímate hermana!

—Claro, Tyra. Dame unos minutos.

La habitación de Lisbeth era enorme. El baño igualmente. Pero la decoración era muy diferente al de su hermana.

Tyra prefería el rosa y el azul, por el color de sus ojos. En cambio Lisbeth, le agradaba más el negro y el verde. En su opinión, colores misteriosos. Además que el negro hacía par con su cabello y sus ojos con el verde.

Su ropa solía ser del mismo color de su habitación. No se exigía demasiado en tendencias de moda; todo lo contrario de Tyra. Por ese aspecto de Lisbeth, más de un sermón de moda le dio Tyra.

Lisbeth decidió darse una ducha caliente, para relajar sus músculos, que se habían tensado anticipadamente a causa de los caprichos de su hermana.

Se puso unos jeans negros, una camisa verde oscuro, un gorro negro y tenis… de ambos colores. Además que le contrastaban con la pálida piel.

— ¿Lista hermana? —preguntó Tyra.

— ¡Sí ya voy! —exclamó, tomando su iPod y colocándose los audífonos en sus oídos. Salió de su habitación estando en su "propio mundo".

La familia completa estaba en la limosina. Tyra no cerraba la boca diciendo cada cosa que había comprado, o nombraba a los novios que acababa de dar por concluida la relación. Fara amablemente escuchaba con toda su atención. Otto hablaba por su celular y con un iPad estaba escribiendo un documento. Lisbeth escuchaba música a todo volumen, cosa que no le gustaba pero en situaciones como esas recurría a "dañarse un poco" los tímpanos. Y jugaba Jetpack Joyride en su iPod; un juego obsesivo para ella, solo por el desespero de superar sus 4km de récord.

— ¡Lisbeth! —gritó Tyra sacudiéndole el brazo.

— ¿Qué? —preguntó la aludida quitándose los audífonos.

—Ya llegamos. ¡Vamos hermana!

Lisbeth gruñó y salió de la limosina de mala gana. Tyra se adelantó, sus padres la siguieron y ella entró a la tienda de último.

Había una gran variedad de animales. Sin reprochar, Lisbeth tenía que elegir a un animal. ¿Pero cuál?

Se acercó a los cachorros y Lisbeth alzó una ceja al ver que estaban durmiendo y los que estaban despiertos, unos pocos, ignoraban todo humano que se les acercara, incluyendo a Lisbeth. Ella observó que Tyra ya tenía un Golden Retriever en brazos, bastante extraño ya que sus ojos eran azules. Le agradó a Lisbeth.

Lisbeth posó sus ojos de nuevo en los cachorros y no se había movido ninguno.

—Demasiado aburridos y antipáticos —masculló.

Le dio un puño a la jaula y empezaron a ladrar. Lisbeth sonrió de oreja a oreja. Alguien carraspeó la garganta detrás de ella y se dio la vuelta para encarar al empleado.

—Si siempre duermen no le llamarán la atención a los clientes. Te hice un favor —la sonrisa y el guiño de Lisbeth dejó boquiabierto al empleado.

Lisbeth observó los peces y le parecieron aburridos al igual que los cachorros. Con el dedo le dio tres toques a la pecera y se rió entre dientes.

Le picaban las manos por hacer una travesura.

La traviesa jovencita abrió la jaula de una boa constrictor y dejó que se enrollara en sus brazos. Se acercó a su familia y carraspeó la garganta.

Tyra y su madre Fara dieron un brinco al ver que a Lisbeth, su hermana e hija respectivamente le rodeaba una serpiente.

— ¿Te has vuelto loca, Lisbeth? ¡Casi me matas de un susto! —exclamó Tyra.

—Eso de verdad que es una pena, Tyra —contestó con sarcasmo, luego encaró a Fara —. Quiero la serpiente.

—Lisbeth, hija… —jadeó su madre —. Puedes tener lo que quieras, excepto esa serpiente o una araña. ¡Por favor Lisbeth!

— ¿Por qué no ponen las reglas del juego con anterioridad? ¡Maldición! —exclamó volviendo a meter a la serpiente en su jaula.

Acarició por última vez al animal y le sonrió.

— ¿No has visto los gatos? Allí están —le indicó su madre.

Lisbeth caminó arrastrando los pies y se detuvo para observar a los mininos.

Se encontraban dos de color caramelo, uno blanco y otros cuatro manchados. Todos jugando entre sí. Pero había uno que estaba lo más alejado posible de ellos. Era negro ónix y ojos verdes como esmeraldas.

—Hola gatito —sonrió Lisbeth acariciándole la patita que el minino le extendió.

El gato se acercó más a ella y le contestó con un "Miau".

Lisbeth no solía ser dulce. ¡Pero ese gatito se traía algo!

Uno de los gatitos intentó acercarse a Lisbeth, pero el gato negro se dio la vuelta hacia su compañero y le gruñó, haciendo que la piel se le erizara. El gatito huyó y Lisbeth bufó.

—Eres muy territorial, ¿cierto?

"Miau"

Lisbeth ensanchó su sonrisa y se dio la vuelta hacia su madre.

— ¡Quiero este gato!

—Mejor elección hija —contestó su madre sonriéndole y acariciando su largo cabello negro.

El empleado sacó el gato de la jaula y el animal saltó a los brazos de Lisbeth. Ella acarició el suave pelaje y el gato ronroneó.

—Solo por curiosidad… ¿Qué precio tiene la serpiente?

El empleado frunció el ceño y puso los ojos en blanco.

— ¿Serpiente? ¿Además de extraña, loca?

Lisbeth lo fulminó con la mirada y cuando el empleado dio un paso para retirarse, Lisbeth le puso el pie e hizo que el hombre cayera al suelo, tumbando unas jaulas vacías.

—Yo seré extraña pero tengo un equilibrio excelente —masculló Lisbeth pasando sobre él con el gato en sus brazos.

El gato ronroneó, o por lo menos un sonido parecido a eso. Lisbeth se sentó en el suelo y observó fijamente los ojos de su mascota.

—Tengo que ponerte un nombre. Hmmm…

Tyra se acercó a su hermana con el perro adolescente en brazos y le brillaron los ojos al ver el gatito que sostenía su hermana. Lisbeth se levantó de mala gana.

—Sí que somos polos opuestos, hermana. Yo elijo un Golden y tú un gato.

Lisbeth sonrió a medias y el gatito intentó rasguñar a Tyra, pero las uñas del animal se enredaron en el cabello de la rubia. El gato gruñó y haló la pata con fuerza halándole un par de pelos.

— ¡Ay! —chilló Tyra y Lisbeth hizo una mueca pero al ver el enredo de cabello de Tyra, soltó una carcajada maliciosa.

El Golden le ladró al gato pero este le gruñó e intentó rasguñar un poco, pero la amenaza fue suficiente como para que el perro se quedara tranquilo, temiéndole al minino.

— ¡Controla a tu gato Lisbeth! —gimió la enredada Tyra,

Lisbeth solo siguió riéndose y la madre de ambas contuvo el aliento al ver que el gato de Lisbeth tenía uno que otro pelo amarillo en las patas.

— ¡Lisbeth!

— ¡Ya mamá! Dile a nuestro padre que pague por ellos y vámonos —Lisbeth dejó de reírse abruptamente.

Tyra y Fara se retiraron. Lisbeth le sonrió de nuevo a su gato.

—Sí que eres travieso, gatito. ¡Ya sé! Te llamarás Misch. Llamarte "Mischief" me parece un gasto de saliva innecesario. Sí, Misch será tu nombre.

"Miau"

Lisbeth corrió a la limosina, dejó al gato en el asiento y ella salió del auto de nuevo.

— ¡Mamá! Recuerda comprarle comida, arena y todo lo que necesite Misch.

— ¿Misch? ¿Le has puesto ese nombre?

— ¿Algún problema? —preguntó Lisbeth alzando las cejas.

—No, hija. Solo me llama la atención.

Cuando al fin terminaron, volvieron a la mansión y Otto dejó su celular por unos minutos.

—Tyra, por favor, organiza una fiesta de las grandes para esta noche. Tendremos a un invitado especial.

— ¡Genial! ¿Quién es ese invitado especial?

— ¡Que pregunta hija! El Sr. Laufeyson, por supuesto.

Lisbeth alzó las cejas y a Tyra le brillaron los ojos.

— ¿Ah sí? ¡Grandioso! ¡La fiesta será de antifaces! ¿Te gusta la idea, padre?

—Sí, hija. Está muy bien. Solo que sea para esta noche. Debemos darle una buena impresión al Sr. Laufeyson.

— ¿Quién demonios es el "Sr. Laufeyson"? —preguntó Lisbeth haciendo las comillas con los dedos. Con la mano izquierda sostenía a Misch.

—Es el mayor empresario del año, hija. Nadie sabe de dónde viene. Unos dicen que de un país europeo, por su acento. Tampoco se sabe su nombre, solo se hace llamar "Sr. Laufeyson". Pero tiene mucha influencia y ha logrado su título con facilidad y rapidez.

—Ah, claro. Otro hombre igual que todos tus clientes: interesados en tu dinero —gruñó Lisbeth.

—Hija, no te pongas así…

— ¡Es que a ti no te importa! ¡Es lo que más me enfurece! —gritó e intentó controlarse para no lastimar a Misch. Esa vez no pudo controlar su expresión y mucho menos su voz.

Lisbeth se dio la vuelta pero su hermana posó su mano sobre el hombro de Lisbeth.

— ¡Espera hermana!

La aludida se detuvo y encaró a Tyra.

—No te enfades, es algo que ni yo puedo hacer que él recapacite —Lisbeth la fulminó con la mirada —. En fin. Te encargaré un vestido. ¿De qué color lo quieres?

—Qué pregunta Tyra…

— ¡Oh sí! Negro y verde.

—Bien hecho, hermana —sonrió secamente, subió las escaleras y entró en su habitación.

Ya en la habitación estaban las cosas de Misch y Lisbeth se dispuso a colocar el cajón de arena en una esquina de la habitación.

—Espero que te guste. Este será tu hogar —suspiró Lisbeth acariciando a Misch.

El gato ronroneó y le lamió la mejilla a la chica.

—Eres tierno y travieso. Eres perfecto, Misch.

"Miau"

Desde la habitación se escuchaban las órdenes de Tyra. Lisbeth jugó un largo rato con Misch hasta que vio la hora y se dio un baño. Al salir, Tyra la esperaba sentada en el mueble.

—Tu vestido, hermana.

—Gracias —masculló.

Acarició a Misch y el gato le gruñó un poco a Tyra.

—Creo que no le caigo bien…

—Entonces no te le acerques —suspiró brindándole una sonrisa seca.

—Pero no es solo conmigo. También con nuestra madre y padre, con ellos en un grado menor, pero… Es por eso que es mejor que dejes al gato aquí.

— ¿Tu estarás con tu Golden?

—Claro —bufó Tyra en respuesta.

—Entonces un severo "NO" —gruñó Lisbeth.

— ¿Por qué?

—Porque siempre se tienen que hacer las cosas a tu modo —no era pregunta.

— ¡Bien! Dejaré a mi Golden en la habitación también.

—Ya nos entendemos, hermana —volvió a sonreír secamente.

—Ahora vístete. El Sr. Laufeyson llegará en 45 minutos.

—De acuerdo. ¡Fuera!

Tyra le sonrió y salió de allí.

—No te quieren, Misch —susurró.

El gato se limitó a observar y ella se encogió de hombros. Lisbeth se quitó la bata de baño, quedando en ropa interior. Sacó el vestido del protector y sonrió maravillada. Como pudo, se puso el vestido que perfectamente se amoldó a su resaltante cintura y finalmente le ganó a la cremallera del vestido. Se colocó unos tacones negros y verdes bajos.

Se maquilló con los mismos colores del vestido y resopló. No le importó que el color quedara muy fuerte, solo sutil.

— ¿Y bien? ¿Cómo voy?

"Miau"

Lisbeth sacudió la cabeza y se alisó el cabello. Se colocó un broche de esmeraldas con ónix, del mismo color de Misch.

— ¿Ya estoy mejor? ¿No haré el ridículo?

El gatito se acercó a ella y ronroneó cruzando las piernas de Lisbeth.

—Espero que sea una buena contestación y no un acto de compasión…

Lo cargó, luego lo acarició por última vez antes de ponerlo en la camita y le sonrió.

—Deséame suerte, Misch.

"Miau"

—Ese es mi gato. Ahora quédate aquí. Regresaré en unas horas.

"Miau"

Se dio la vuelta y colocó la mano en el pomo de la puerta.

—Solo recuerda no llamar la atención. Siempre funciona —se dijo para sí misma.

Abrió la puerta, cruzó el pasillo lentamente y se acercó al comienzo de las escaleras de caracol.