Este fanfic, está protegido por Safecreative, no apoyes el plagio.

Los personajes le pertenecen a S.M. La historia es mía.

Epilogo.

Unas suaves y pequeñitas manos comenzaron a interrumpir en el rostro de Edward, tratando de despertarlo de todas las maneras posibles. Edward murmuró algo entre sus labios, algo que fue imposible de comprender, se removió inquieto y su ceño fruncido se profundizó considerablemente; sintió una risita cómplice a su lado.

— Papi, vamos papi despierta.

Escuchó la hermosa voz de su mujer. Trató de no sonreír, pero era imposible cuando ella se comportaba de esta manera tan adorable.

—Queremos que nos traigas desayuno Papi.

Edward estaba descansando sobre su estomago con la cabeza en dirección hacia donde provenía la voz. Abrió los ojos con pereza, encontrándose con sus dos mujeres, las que más amaba en su vida.

Bella estaba de costado con una hermosa sonrisa en los labios, contemplándolo dormir, mientras Antonella estiraba sus manitos para seguir tocando el rostro de su padre.

—Si Antonella aun no habla y pide desayuno en la cama, no quiero ni pensar cuando tenga cinco años.

Isabella muerde su labio para evitar sonreír.

—Es mi día necesito desayuno para alimentarme y comenzar el día con energía.

Edward le sonrió con dulzura y besó tiernamente la cabecita de su pequeña niña.

—¡Feliz Cumpleaños amor!

Isabella le guiña el ojo, había escuchado a Edward más de cien veces decir la noche anterior, mientras hacían el amor. Su novio era un completo loco cuando se lo proponía.

—Gracias.

Respondió, cuando unos balbuceos hicieron eco en la habitación. Ambos padres miraron a su pequeña con devoción y le sonrieron.

—¿Bebe también tiene hambre? Papi piensa que solo él puede comer como un viejo panzón.

Edward soltó una carcajada que asusto un poco a Antonella, ya que miró a Bella haciendo un tierno puchero con sus labios, buscando sus brazos.

—Ves, la asustaste.

Bella la tomó entre sus manos y la acunó en su pecho. Edward se disculpó con una sonrisa y se acurrucó contra ellas.

—Perdóname princesa.

Antonella levantó su cabecita, y sus hermosos ojos verde jade miraron a su padre con adoración y se lanzó a sus brazos sin pensarlo dos veces, Edward la recibió gustoso y se levantó de la cama junto con ella.

—Vamos a consentir a mamá.

Murmuró mientras salía de la habitación matrimonial para ir a preparar el desayuno.

Cuando se quedó sola Isabella prendió su celular y la televisión de su habitación. Se quedo mirando un programa de cocina; suspiró con nostalgia, porque a pesar de que se había titulado como repostera profesional jamás había ejercido, no podía evitar soñar el día que ella tuviese su propio negocio, pero tendría que esperar su familia y sobre todo su pequeña era su principal prioridad ahora y siempre.

Escuchó vibrar el celular y lo tomó entre sus manos, sonrió.

—¡Feliz cumpleaños cuñada!

Alice gritaba desde el otro lado de la línea, Isabella tuvo que alejar un poco el móvil de su oreja.

—Gracias Alice.

—¿Supongo que mi hermano te dio un buen regalo anoche?

Isabella rio asintiendo, luego se dio cuenta que Alice no la estaba mirando, se sintió algo tonta.

—Un buen regalo, uno muy placentero.

—¡Pervertida! Cielo santo, quien te vio y quien te ve ahora Isabella Swan.

Esta última ni siquiera se sonrojo ante las palabras de Alice. Sabía que tenía razón, pues era consciente de que había cambiado mucho en los últimos años, sobre todo cuando Edward había llegado a su vida, aquel cambio fue el más hermoso que pudo experimentar, el amor verdadero.

—No he hecho nada que tú no hayas hecho hasta ahora, ¿O aun crees en la cigüeña? A mí princesa la creamos entre Edward y yo y créeme de una manera muy eficiente.

—No quiero tanta información Bella, solo sé que Antonella es la bebe más hermosa del mundo, porque es mi sobrina

Isabella soltó una carcajada, siempre le había encontrado a su hija un parecido a Alice.

—Amiga me tengo que ir. Feliz cumpleaños, te veré en unas horas ¿sí?

—Aquí te espero con Jasper.

—Tenlo por seguro, Adiós.

—Bye.

Isabella estuvo otros quince minutos recibiendo las llamadas de Emmett, Rosalie, Renée, Charlie, Esme y Carlisle.

—Muchas gracias Carlisle.

Murmuraba cuando vio entrar a Edward quien tria de vuelta a Antonella entre sus brazos con su biberón entre sus manitos.

Isabella se despidió de Carlisle y recibió a Antonella entre sus brazos.

—Ven aquí bebe.

Ella sonrió y se acurrucó en el regazo de su madre, tomando entre sus manitas su biberón.

Edward salió rápidamente de la habitación y trajo una bandeja con jugo, café, tostadas, yogurt y por supuesto las infaltables galletas de chocolate.

—Que haya bajado de peso, no quiere decir que puedo comer por tres.

Bella acariciaba el cabello marrón de su hija, quien poco a poco se iba entregando a los brazos de Morfeo.

—Estás perfecta, además amo cada centímetro de tu cuerpo.

—Sé que estás conmigo solo porque tengo un cuerpo envidiable— dice Bella bromeando.

Edward le saca la lengua. Se acuesta nuevamente en la cama y toma las tazas de café dejándolas en la mesita de noche, para evitar los accidentes.

Antonella quita el biberón de su pequeña boca y mira a su padre con su seño fruncido.

—¿Qué? — Preguntó Edward a su pequeña hija, como si esperara que saliera una respuesta fluida de su boquita.

—Edward, no seas pesado.

Antonella entrecerró sus ojos verdes en dirección a su padre.

—Es ella la que quiere pelear conmigo.

Edward frunce el seño y se acerca hacia su hija.

—Edward la vas hacer llorar, se supone que eres un padre maduro.

Le regañó Bella, pero una sonrisa en sus labios la delataba. Adoraba esta faceta de niño de su novio.

Luego del exquisito desayuno en la cama, llegó el momento de levantarse. Bella se duchaba mientras Edward recogía las cosas de la habitación. Mientras ordenaba miraba a Antonella varias veces, asegurándose que no había despertado de su siesta.

—Deberíamos ir al supermercado.

Bella dejó caer su toalla al suelo, poniéndose unas bragas de encaje color blanco, con un sostén a juego. Edward no pudo evitar recorrerla con la mirada, negó con la cabeza y se volteo a sacar toallas del closet.

Sip. Aunque alguien no estará muy contenta.

Bella miró a su pequeña y sonrió. Su pequeña era todo un caso cuando solían ir al supermercado o al centro comercial, pues con el paso de los meses comenzaba a inquietarse mucho más, queriendo caminar, y coger las cosas con sus manitos.

Una vez listos Bella envolvió a su niña en su mantita rosada y la subieron al Volvo en su pequeña sillita. Iba durmiendo tranquilamente.

—Tiene el sueño pesado.

Comento Bella abrochando su cinturón de seguridad. Edward le robo un beso en los labios

—Quizás de quien heredó eso.

Edward fue sarcástico, le sacó la lengua a su novia y echo andar el volvo. Condujo en una agradable conversación hacia el centro comercial. La mano derecha de Edward descansaba distraídamente en el muslo de Bella, ella lo acariciaba con ternura; hasta que unos balbuceos los sacó de su pequeño momento de silencio.

Bella volteo un poco su rostro encontrándose con una enfurruñada Antonella, tomando con sus manitos el cinturón que la sujetaba a su sillita de bebe.

—Hola princesa— saludó tiernamente Bella. La pequeña fijo sus enormes y hermosos ojos verdes en su madre, le sonrió en respuesta, a la vez que movía sus manos y pies.

—¿Está enojada? —Preguntó Edward con su característica sonrisa torcida en los labios. Bella se enderezó en su asiento y comenzó a sacar algún juguete para su niña.

—No, y prefiero pasarle algo antes de que se enfurruñe y nos deje sordos.

Edward rió.

Isabella sacó unas pequeñas llaves de juguete, el típico juguete de bebe. Se volteo un poco y le paso las llaves a Antonella que comenzó a distraerse con el pequeño juguete.

—¿Qué compraremos?

—Yo comprare. Estoy bastante disgustado porque no me permitieras celebrar tu cumpleaños como se debe.

Isabella mordió su labio tratando de no reír. Adoraba ver a Edward enfurruñado.

—Edward es un gasto innecesario, además ni siquiera estoy trabajando, no podemos darnos el gusto de gastar dinero que no tenemos.

Edward volteo su rostro hacia Bella y la miro fijamente.

—¡Vista al frente! ¿Cuántas veces tengo que repetir eso?

—Me hipnotizas.

Ambos soltaron una carcajada. Llegaron al centro comercial en quince minutos más. Edward cargaba a Antonella en sus brazos y Bella empujaba el carrito de compras.

—Las mujeres ven a un hombre con un bebe, como las mujeres vemos a un deportista profesional en bóxer.

Edward la miró, frunció el ceño, ignorando completamente a que se refería.

—Las mujeres no han dejado de mirarte desde que entramos aquí.

Suspiró indignada, tampoco se pondría a dar un espectáculo cuando su hija iba en brazos de su padre, aunque su mente procesaba varias maneras de hacerles ver a todas esas mujeres que él era suyo.

—No me interesa ninguna mujer además de las dos que tengo en este momento a mi lado.

Bella lo miró por unos segundos y luego se giro para sacar galletas de la estantería.

Siguió empujando el carrito, mirando los precios de los productos cuando sintió la voz de una mujer.

—Disculpa, ¿sabes en que pasillo están las pastas?

Isabella se voltea y suspira negando con la cabeza. La mujer batía su horrible y gordo trasero de un lado a otro. Edward frunció el ceño y comenzó a leer los cartelitos que se encontraba justo arriba de él.

—Creo que deberías preguntarle a alguien que trabaje aquí.

Antonella comenzó a reclamar, ya bastante aburrida porque sus padres comenzaban a tardar. Y en no le gustaba estar mucho en brazos, pues a los nueve meses los bebes comienzan a explorar su mundo, queriendo gatear, comenzar a caminar con ayuda de sus padres.

—¡Que linda bebe!

Exclamó la mujer. Isabella puso los ojos en blanco, ¿Linda? Su hija era mucho más que eso, era hermosa, divina por el simple hecho de ser igual a su padre.

Decidida caminó hacía hacia su familia y tomó el brazo de Edward con una enorme sonrisa en los labios.

—Amor, se nos hace tarde.

Edward le sonrió tiernamente, y se inclinó para besar su frente.

—Vamos mi Pequitas.

Y comenzaron a caminar por los pasillos, ignorando a la mujer que literalmente se había quedado con la boca abierta.

—Que fea mujer, quizás por eso mi nena comenzó a reclamar ¿Cierto que era muy fea bebe? ¿Te asustó?

Le preguntaba a su hija, quien le sonreía completamente feliz a su madre.

—Eso es.

Edward rió y se inclinó para besar suavemente los labios.

—¿Te he dicho que te amo cada día más?

Isabella sintió como su corazón se derretía con las palabras de Edward, ¿Podría ser más perfecto? Ama cada detalle, cada palabra, cada gesto provocaba que su pulso se disparara como si fuese el primer día. Estaba completamente enamorada de Edward Cullen.

—Yo te amo más.

Edward arrugó su nariz y negó con la cabeza. Isabella iba a protestar pero una pequeñita comenzó a enfurruñarse nuevamente.

—Creo que alguien está celosa.

Ambos rieron y siguieron con las compras como si nada hubiese pasado.

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Edward acarició la pequeña cajita de terciopelo que descansaba en su mano; suspiró frustrado al notar como el tiempo pasaba y a él no se le ocurría una manera especial de pedirle matrimonio a Bella, a su Pequitas. La sola idea de convertirla en su esposa lo ponía eufórico, se sentía en el cielo, viviendo un hermoso sueño del cual deseaba jamás despertar.

—¿Qué hacemos? — le preguntó a su hija que descansaba a su lado en el sofá, ambos veían dibujos animados del Discovery kids. Antonella no entendía absolutamente nada, solo le gustaban los llamativos colores que proyectaban la pantalla y claro, las canciones sobre cada aventura. Edward bebió un poco la cerveza que estaba tomando sin dejar de observar como las caricaturas se movían en la pantalla. Frunció el ceño.

—¿Crees que mami acepte?

La pregunta era ridícula, Edward lo sabía, pero estaban los típicos nervios de novio que hacían formular preguntas estúpidas.

Antonella balbuceo, y luego sonrió aplaudiendo con sus manitos.

—Ya sé, ya sé.

Edward le pasa el biberón que estaba justo al frente de ellos en la mesita de centro que había en el living. Antonella lo toma con sus manitos y comienza a succionar el contenido.

Guarda la cajita de terciopelo en su bolsillo y niega con la cabeza.

"Hoy no es la noche" piensa. Él quiere hacer algo realmente especial, algo que jamás olvidarían, quería gritarle al mundo que amaba a aquella mujer y estaba dispuesto a lo que sea.

A los minutos después Isabella sale de la habitación, trae puesto un vestido color blanco con cuello "V" con un delgado cinturón que acentuaba su cintura; su corto cabello estaba suelto y su maquillaje era suave, salvo por los labios que los traía de color carmesí.

Edward la recorrió con la mirada sin ningún tipo de vergüenza, se detuvo en las hermosas piernas que dejaba ver el vestido. Suspiró.

—Te ves hermosa.

Bella sonrió.

—Tú no estás nada mal.

Edward subió y bajo sus cejas con una hermosa sonrisa torcida en los labios.

—Veo que estás viendo televisión.

—Aquí me tienen viendo a los Backjasdigan. ¿Qué no saben nada más que bailar y cantar?

Isabella se carcajeo y avanzó hacia él, sentándose a su lado. Acarició suavemente el cabello sedoso de su novio.

—Eres el mejor padre del mundo ¿lo sabías?

Él sonríe toma Antonella y la deja sentada en sus piernas. Edward recuesta su cabeza en el pecho de Bella, ella besa tiernamente su frente, acariciando su mejilla con su respingona nariz.

—Y tú la mama más sexy, sobre todo con ese vestido.

—¿Podemos encerrarnos aquí?

Edward piensa en las probabilidades de que Emmett derrumbe la puerta y Alice se meta por alguna ventana, era imposible escapar de ellos.

—Quiero secuestrarte, pero créeme es imposible, al menos ahora.

Isabella besa nuevamente la mejilla de Edward y mira Antonella, que estaba atenta a algún tipo de canción que cantaban los famosos dibujos animados.

—Deben estar por llegar. Espero que la vean despierta.

En ese momento Edward se levantó y dejo Antonella sentada en el gran sofá, que estaba terminando su biberón

—¿A dónde vas?

Le preguntó Bella a Edward, él solo guiño su ojo derecho.

—Ya vengo Pequitas.

Isabella lo quedó mirando una vez que fue a la habitación, y luego salió por la puerta de la casa rápidamente.

Bella jugó con Antonella un buen rato, llenándola de besos, de caricias, pasando cada juguete para bebe. La niña sonreía a su madre completamente feliz, mostrando sus pequeños dientecitos que comenzaban a salir.

Pasadas los minutos Bella dejo a Antonella en su corral de bebe, y se puso a ordenar la mesa de centro, poniendo copas de vino, picadillos, sushi entre otras cosas.

Edward llegó una hora y media después que salió. Traía un par de bolsas y una caja rosada en sus manos.

—No hay cumpleaños sin pastel.

Murmuro sonriente una vez que dejo la caja en la encimera.

Pff, yo quería cocinar. Es tu culpa que no me dejaras.

—Es tu cumpleaños, no podías cocinar tu pastel. Espera a que Antonella este de cumpleaños y ahí sí que cocina todo lo que quieras.

Bella le sacó la lengua.

—Compre unas cien velas.

—Edward no cumplo cien años.

Él solo rió. Bella pensó que Edward bromeaba con respecto a las cien velas, pero estaba equivocada. Edward sacó cien velas de una de las bolsas que descansaban en la encimera de la cocina.

—Estás loco. ¿Dónde se supone que cabrán cien velas en un pastel?

—No dije que eran todas para este cumpleaños.

—¿Entonces? No entiendo nada.

Edward avanzó hacia ella y una de sus manos descanso en su pequeña cintura, la otra acarició su corto cabello marrón. La miró fijamente a los ojos, disfrutando de su pequeño momento.

—Es una para cada cumpleaños que pasemos juntos Pequitas.

Isabella ahogo un gemido de sorpresa. ¿Por qué siempre tenía que sorprenderla de hermosas maneras? Estaba tan agradecida de haberlo conocido, de haber hecho las cosas que hizo para así llegar a su vida.

Miró a Edward y no pudo evitar juntar sus labios con urgencia, sus lenguas no tardaron en acariciarse con infinita pasión y sobre todo mucho amor, queriendo transmitir todo lo que sentían en este momento.

—Te amo tanto, tanto, tanto.

Murmuro ella, poniéndose en la punta de sus pies para que sus labios llegaran al oído de Edward.

—Yo también te amo Pequitas, eres…, simplemente la mujer de mi vida.

Isabella recorre su rostro con su pequeña mano, acaricia sus pómulos, sus mejillas, sus labios carnosos y rosados.

En ese momento tocaron la puerta de entrada. Ambos se separan y ponen los ojos en blanco, pero antes de que Isabella camine para abrir, Edward la toma de la cintura y la apoya contra el refrigerador; acaricia su cintura, bajando por su cadera, por su muslo, y finalmente por su piel expuesta.

—Esta noche te haré el amor de todas las maneras humanamente posibles.

Agarra su trasero y gime al notar que Bella traía una ropa interior pequeña, si es que asi se le podía catalogar. Volvieron a tocar la puerta y Edward se alejó de Bella caminando hacia la entrada para abrir la dichosa puerta.

"Cielo santo, este hombre me matara en cualquier momento ¿Cómo se supone que me comportare ahora?"

Sintió varias voces entrando a su casa, arregló su vestido, agitó sus manos cerca del rostro tratando de echarse aire, para así calmarse un poco. Tomó aire y se encaminó con la mejor de las sonrisas a recibir a sus invitados.

—¡Hola!

Saludaron alegres. Alice, Jasper, Emmett, Rosalie, Esme y Carlisle la abrazaron deseándole un feliz cumpleaños y la mayor de las felicidades, aunque claro esto último Bella lo tenía desde que Edward había entrado a su vida, junto con su pequeña Antonella.

La bebe fue el alma de la fiesta, era la más consentida de todos, aunque claro, pronto no sería la única, ya que Rosalie traía consigo un vientre treinta y ocho semanas de gestación, en pocas palabras, podría dar a luz en cualquier momento, pero aquello no fue impedimento para ir a saludar a su cuñada.

—¿Estás cómoda Rose? ¿Te traigo un cojín?

Preguntó Bella por décima vez. Rosalie negó y se acomodó mejor en el sofá, acariciando distraídamente su vientre.

—Estoy bien, es solo que está muy inquieto.

—No sé cómo no han tenido la curiosidad de saber que es. — comento Alice al saber que ni Emmett ni Rosalie querían saber el sexo del bebe hasta que naciera.

En ese momento tocaron nuevamente la puerta, esta vez fue Bella abrir y unos brazos conocidos la abrazaron con fuerza.

—Papá.

Charlie besó tiernamente la frente de su hija mejor y le sonríe con dulzura.

—Perdón por la demora pequeña, pero sabes cómo es tu madre. Se demoró bastante en maquillarse y lloro otro poco al recordar que hace años, cuando recién llegaste a la casa ella te enseñó a ti.

Isabella rió y se avergonzó al recordar perfectamente aquel día, donde sus palabras estaban ocultas para protegerse del mundo.

—Feliz cumpleaños.

La saludó entregándole un pequeño regalo.

—Gracias papá ¿Y mamá?

Charlie apuntó hacia afuera de la puerta y vio a Renée saliendo del automóvil con dos bolsas.

La mujer llego hacia la entrada y miro a Charlie indignada.

—¡Feliz cumpleaños bebe! — Chilló abrazando a su hija de manera brusca, se separó y la miró con nostalgia.

—Estoy algo sensible. Charlie se ha reído de mi la ultima hora por recordar cuando llegaste a casa. Pero ten bebe…, te traje algo.

—No debieron molestarse.

—No es molestia— respondieron al unisonó y Charlie sin soportarlo más beso a su mujer en la frente. Isabella les indicó que pasaran y saludaron a los demás presente, incluida la pequeña Antonella que ahora se encontraba en brazos de su tío Emmett.

La noche pasó rápidamente, los brindis, las conversaciones, las risas y también los recuerdos golpearon la mente de Isabella. Ahora al observarlos a todos juntos sintió como su corazón se llenaba de dicha. Jamás en toda su vida pensó que sería así de feliz ¿Pero qué sabía de la vida una joven de diecisiete años?

Isabella miró cada sonrisa de sus familiares, aquellos que siempre desde el comienzo habían estado junto a ella y aquellos que fueron apareciendo en el camino. Miró a su madre Renée que estaba abrazada junto a su esposo y con su nieta dormida en sus brazos; su madre la cual siempre tuvo la esperanza de encontrarla, la que la acogió desde el primer momento que puso un pie en la casa Swan, su tiempo dedicado a ella, la que le enseño a maquillarse, la que poco a poco fue alimentando su vicio de galletas de chocolate. Isabella sonrió al recordar como solía robar las galletas de Rachel de la cocina. Renée se percató de la mirada de su hija, le lanzó un beso y sonrió maternalmente.

Bella suspiró y su vista fue pasando en Rosalie, que a pesar de no haber tenido un buen comienzo, el último tiempo se habían hecho inseparables junto a Alice…, su mejor amiga Alice, con la cual paso una serie de bochornos, el mejor de todos cuando la acompaño al ginecólogo; sonrío al recordar aquel episodio de su vida, Alice estaba completamente loca, pero la adoraba.

Luego estaban Esme y Carlisle Cullen quienes siempre la habían acogido como una hija más, los adoraba con toda su alma, ya sea como suegros o tíos.

Con Jasper a pesar de no tener una relación estrecha lo adoraba por el simple hecho de hacer feliz a su amiga Alice.

Emmett…, Emmett simplemente era el mejor amigo que pudo haber tenido. Sintió un nudo en la garganta al recordar como él siempre la había protegido, como siempre la alentaba a seguir, como con cada palabra con cada gesto podría sacarle una sonrisa, Emmett aquel hermano mayor que toda joven desearía tener, aquel tipo juguetón, cariñoso y protector que con el simple hecho de decirle "Pequeña" su corazón se alegraba considerablemente. Isabella sabía que él siempre estaría ahí, sin importar día u hora, como el mejor hermano mayor que él era.

Su vista siguió recorriendo distraídamente la sala. Nadie notó como la mente de Isabella estaba en otra sincronía, muy lejos de aquí.

Cerró sus ojos tratando de visualizarlo a él. Una sonrisa apareció en sus labios sintió su corazón latir frenética al verlo tan contento, tan feliz con las manos en sus bolsillos, la perfecta y blanca sonrisa de Ian le provocó un sentimiento de alivio y mucha, mucha paz.

"Gracias, gracias Amigo" pensó mentalmente por que sin él simplemente este momento jamás hubiese existido. Su pequeña Antonella jamás hubiese llegado al mundo. Jamás se cansaría de pensar que él la había salvado de todas las maneras posibles y a pesar de que pasaran cien años ella siempre lo recordaría, pues él fue uno de los mejores hombres que pudo haber conocido, y lo amaba como un hermano.

—¿Te sientes bien? — una aterciopelada voz la llevo nuevamente a la realidad. Edward la miraba intensamente, frunció el ceño al ver que los ojos de Bella brillaban más de lo normal.

—Perfectamente mi vida.

Él beso suavemente sus labios.

—Iré a costar a Antonella, lleva dormida media hora en brazos de tu madre.

Isabella negó con la cabeza.

—Quédate aquí, voy yo.

Acarició tiernamente la mejilla de Edward y pidió a Renée a su hija para ir acostarla a su cuna; Alice se ofreció acompañarla. Se dirigieron a la habitación de Antonella y Bella depositó a su hija en el mudador, para cambiarle el pañal y ponerle el pijama.

—¿Cómo has estado? —Preguntó Bella a Alice mientras trabajaba en su hija que seguía completamente dormida.

—Bien, bueno…, sabes que convencí a mi mama para vivir sola

—¿Sola o con Jasper?

Alice se sonrojó.

—Con Jasper en realidad.

—¿Qué dijo? ¿Qué no? típico. Renée pegó el grito en el cielo cuando le dije que viviría sola, aunque claro, no me duro mucho, ya que Edward se colaba en mi departamento o yo pasaba más en el de él…, jamás viví sola completamente.

Alice negó con la cabeza con una enorme sonrisa en los labios.

—Bueno, no se lo tomo tan mal, solo pidió una condición.

Bella le estaba poniendo calcetines a su hija, pero miró a Alice confundida.

—¿Qué condición?

—vivir cerca de ellos, o de Edward.

—Pues…, puedes vivir en algunos de los edificios que hay por aquí. ¡Sí! ¡Yo estaría encantada!

—Bueno, mañana mismo iremos a ver departamentos, la idea es que bueno…, cuanto antes nos mudemos.

—Me alegro por ustedes Alice.

Bella tomó a Antonella entre sus brazos y le pidió a Alice que abriera las mantas de la cuna. Bella la acomodó y la arropó.

—Tiene el sueño pesadísimo.

Comentó Alice acariciando la pequeña nariz respingada de su sobrina.

—Igual que tu hermano Alice.

Ella no dijo nada sabía perfectamente que era verdad, Edward siempre había sido del sueño pesado, odiaba despertar temprano y por supuesto odiaba que lo despertaran.

A eso de las dos de la madrugada todos se fueron; claro, menos Rosalie y Emmett que se fueron algo más temprano, ya que ella estaba incomoda al sentir como su bebe se movía inquieto/a.

—Ordenemos esto mañana — Pidió Edward con voz suplicante—. Por favor.

Isabella pone los ojos en blanco.

—¿No eras tú el que dijo que me haría el amor de todas las maneras humanamente posibles?

Bella mordió su labio para evitar reírse al ver como Edward se sentaba en el sofá completamente exhausto.

—Eso era antes de comer tanto pastel y tomar tanto vino

—Eso te pasa por ser tan panzón. Es enserio ¿Podremos en veinte años seguir así? ¡Rodaremos Edward, rodaremos!

Él rió mostrando sus relucientes dientes blancos.

—Ven aquí.

Pidió Edward alzando su mano. Ella avanzó con decisión y se sentó a horcajadas sobre Edward.

—¿Lo pasaste bien?

Preguntó él acariciando el cabello de Bella, dejó un mechón detrás de su oreja.

—Me encantó pasar el tiempo con mi familia.

Bella se inclina y se recuesta en el pecho de Edward, inhalando su exquisito olor varonil. Cierra sus ojos al sentir como los dedos de Edward acarician la extensión de su espalda, bajando hacia lugares peligrosos como su trasero.

—Edward...

Isabella se sienta derecha sobre Edward, y sus miradas se encuentran deseosas, cargadas por una infinita pasión.

Edward pasó sus largos dedos por los brazos desnudos de Bella, ella cierra los ojos al sentir el exquisito contacto de su novio; un suspiro se escapa de sus labios.

—¿Dónde está el cierre de esto?

Bella abre los ojos y sus labios forman una enorme sonrisa.

—Me extraña señor Cullen.

Bella comienza a deslizar el cierre de su vestido que estaba al costado de su cuerpo. Edward la mira mientras ella lentamente comienza a bajar los tirantes, dejando ver su sostén blanco.

Bella observa la mirada de deseo que Edward proyecta. Sus labios están cubiertos por una exquisita y fina capa de saliva, sus cejas pobladas comenzaban a fruncirse.

—Mmm… Edward.

Gime ella al sentir como sus enormes manos comienzan acariciarla lentamente, llevándola a la máxima locura. Agradeció estar sentada sobre sus piernas, mirándolo fijamente a sus hermosas esmeraldas. No quería perderse ningún gesto, ninguna palabra que saliera de sus labios.

—Bella…, Mi pequitas.

Edward le saca el vestido por su cabeza dejándola solamente en ropa interior. Bella por su parte comienza a besar el lóbulo de su oreja, provocando varios gemidos involuntarios en él.

Lentamente y sin presiones comienza a desnudarlo, botón por botón fue descubriendo su pecho desnudo, acariciando su estomago firme, sus pectorales, los cuales besó sin prisas, su lengua bailaba sobre la piel expuesta de Edward.

Cuando se encontraron completamente desnudos, Bella — Aun sentada a horcajadas de Edward — acarició el cabello cobrizo de su novio, moviendo sus dedos con máxima lentitud. Gimió audiblemente cuando Edward tomó un pezón entre sus labios y tiro suavemente de el.

—Edward…, te necesito.

—Mmm…

Gimió cuando sus frentes se juntaron y a la vez sus sexos, sintiendo el calor que cada uno desprendía. Edward tomo de las caderas a su mujer y la acerco más a él, para sentir una exquisita fricción entre ambos.

—Oh, mierda— gruño Edward al sentirla.

Bella se apoyó en sus rodillas y el sofá se hundió bajo su peso. Edward aprovechó la posición de estar sentado con su mujer frente a él. Beso su vientre tantas veces que perdió la cuenta. Bella mientras acariciaba su cabello, dejándose llevar por los suspiros y pequeños gemidos que comenzaban a llenar la habitación.

La joven toma el duro miembro de Edward y lo deja en sus pliegues. Edward le acaricia el trasero sintiendo como ella comienza a deslizarse hacia debajo de él. Sintiendo su calidez, su estrechez.

—¡Oh, mierda!

—Shhh…— gime Bella de manera entrecortada. Mordió su labio y lentamente comienza a moverse de atrás hacia adelante.

Edward siente que la adrenalina correr por sus venas, centrándose en su miembro; que aparecía cada ciertos segundos, luego que Bella comenzara a moverse de arriba hacia abajo, deslizándose sobre su eje, perdiéndose completamente en la sensación de tener sus cuerpo y almas unidas.

—Oh, si…, — gemía Bella al sentir a Edward cada vez más profundo dentro de ella.

Edward tomó con una de sus manos la cadera de Bella y comenzó a embestirla rápidamente, provocando que ambos se sintieran al borde del orgasmo.

Bella juntó sus labios de manera violenta, sus leguas luchaban la una con la otra, y gimieron en sus bocas una vez que el orgasmo los golpeó de la manera más intensa que habían sentido en mucho tiempo.

—Maldición…, Bella.

Edward la embistió una última vez derramando su semilla en su interior, sintiendo la calidez de la intimidad de su mujer.

Bella mordió levemente el lóbulo de la oreja de su novio, cuando sintió como Edward la llenaba. Sintió su respiración agitada y su corazón palpitante en su pecho.

—Te amo.

—Yo también te amo, pero ahora…, no te escaparás de mí.

—¿Qué…

Y sin pensarlo dos veces Edward dejo a Bella apoyada en el sofá, justo debajo de su cuerpo, para volver hacerla suya toda la noche.

Dos meses después.

—¿Quién es la princesita más linda del mundo?

Cantaba Rosalie con voz suave y empalagosa a la hija de Bella. Antonella mostraba sus dientecitos con una hermosa sonrisa en los labios.

—¡Tiene hoyuelos igual que Emmett! —Exclamó Rosalie sorprendida.

Isabella asintió y Antonella dijo un suave "No" ignorando completamente a las mujeres, jugando con una de sus juguetes sobre la mesa.

—¿Adoras a tu prima, Antonella? — Preguntó Rosalie jugando con el pequeño cintillo que decoraba el cabello marrón de la niña. Antonella agitó sus manitos y aplaudió, pero no dijo absolutamente nada. Bella sonrió con su corazón derretido de amor.

—Ya crecerá para que jueguen juntas.

Alice movía el pequeño coche de Jane, la hija de Rosalie y Emmett de apenas dos meses de vida, quien estaba durmiendo ignorando a todas las mujeres que la acompañaban.

—¡Quiero Pizza!

Todas las mujeres pusieron los ojos en blanco al escuchar a Isabella, ella mojó sus labios con saliva.

"Si hubiese salido con Edward, tendría dos pizzas en esta mesa" pensó con nostalgia. Lo extrañaba casi de manera ridícula, a pesar que lo había visto hoy por la mañana, pues no saber nada de él la ponía ansiosa.

—Bella, no pueden comer pizza a cada momento.

Regaño Alice negando con la cabeza, pero una enorme sonrisa la delataba.

—Antonella se va acostumbrar a la comida chatarra.

Bella sonrió avergonzada, jamás comía comida chatarra delante de su hija. En eso era cuidadosa.

—No le iba a dar. Yo solo decía que tengo deseos de comer pizza.

—¿No estarás embarazada de nuevo?

Antonella dijo nuevamente "no" jugando distraídamente, sus ojitos verdes se fijaron en su madre ya que se ahogó con la bebida Sprite que refrescaba su garganta. Comenzó a toser audiblemente y Antonella solamente reía mostrando parte de sus pequeños dientecitos.

—¡No! ¿Estás loca Alice?

La chica solo se encogió de hombros pero una risita traviesa apareció en sus labios.

—¿A qué hora iremos a dejar a estas pequeñas?

Rosalie y Bella torcieron el gesto y compartieron una risita cómplice.

—¿No podremos llevarlas al Pub?

—Olvídalo. No saldrán hasta que tengan mínimo veinte años.

Isabella puso los ojos en blanco, justo en ese momento Antonella reclamó los brazos de su madre, como si supiese que hablaban de ella. Bella la tomó entre sus brazos y la puso de pie entre sus piernas, ella no se apoyaba bien, en cambio movía sus piernecitas de aquí para allá jugando.

—Tu tía esta loquita mi amor, loca.

Le habló con voz dulce y suave. Antonella gritó moviendo sus manitos hacia las mejillas de Bella y luego se abalanzó hacia su rostro, apoyando su boquita en la nariz de su madre, quien le regalo una sonrisa.

—"Mamá"

—¡Que tierno es ser mamá!

Canturreo Alice con voz acongojada al oír la dulce voz de su sobrina. Rosalie alzó su ceja sonriendo.

—Es lo mejor del mundo.

Pagaron la cuenta y rápidamente se dirigieron hacia el Jeep de Rosalie. Puso a Jane en su silla, junto con Antonella, ya que su tío Emmett le había comprado una silla exclusivamente para ella, cuando solían salir los domingos por la tarde. Alice se fue al lado del copiloto, Bella atrás junto a las niñas y Rosalie conducía.

—¿A qué hora nos juntaremos con los chicos?

Alice miró su reloj.

—A las diez.

Eran apenas las seis de la tarde y Bella estaba agotada ¿Era mucho pedir su cama y el cuerpo desnudo de Edward entrelazados? Al parecer si, tendría que esperar toda la noche para poder hacer el amor junto a él.

Llegaron rápidamente a la casa de los Swan, Se bajaron del Jeep y caminaron hacia la entrada; Bella aun guardaba las llaves de esta casa. Entraron hacia la sala rápidamente.

—¡Hola!

Renée apareció desde la cocina con un delantal cuadrille de color rosado. Alzó las manos al aire sintiéndose completamente feliz de tener a sus dos nietas en la casa.

—¡Pero si vienen mis reinas!

Renée se acercó hacia las bebes que descansaban en brazos de sus madres, besó ambas cabecitas y Antonella le sonrió.

—Mamá ¿Estás segura que podrás con las dos?

Renée la fulminó con la mirada, su pregunta era casi un insulto.

—"No"

Antonella habló suavemente apoyando su cabecita en el hombro de su madre aferrándose a ella, olfateando su cabello, mientras jugaba tiernamente con el arete que colgaba de su oreja.

Renée soltó una risita al escuchar a su nieta, luego se dirigió a su hija.

—Que va, Charlie y yo somos expertos en bebes.

Subió sus cejas pícaramente.

—No queremos saber el por qué tía.

Todas soltaron una risita.

—Siéntense pequeñas ¿Quieren algo de comer? Estaba haciendo la cena.

Rosalie y Alice negaron, Bella asintió.

—¿Qué? — preguntó la castaña confundida al sentir la mirada de sus amigas.

—Bella nos vamos ahora.

—Pero si quedan cuatro horas aun.

—Bella…, hay que ir arreglarnos.

—Olvídalo Alice, no dejaré a Antonella sola por tanto tiempo.

Bella frunció el ceño al sentir como su hija tiraba y jugaba con su corto cabello, ya que nuevamente se lo había cortado, le había crecido mucho en los últimos meses.

—Bien. No seas cabeza dura Bella.

—Hija, las niñas están con su abuela, nada les pasara. Vayan y diviértanse.

Bella miró a su hija y le hizo un tierno puchero con los labios.

—Mami extrañará tanto bebe.

Declaró con voz dulce, todas miraban la escena, prácticamente derritiéndose al escuchar a Bella hablarle así a su hija.

Bella la alzó en sus brazos y los piececitos de la niña estaban en sus muslos, se miraban fijamente a los ojos.

—No olvides a mami.

Antonella toma con ambas manitos las mejillas de Bella, la mujer sonríe al notar como pequeñas pequitas comenzaban adornar la nariz respingada de su hija.

—Mami ama con todo el alma— declara sonriéndole a su bebe.

Mama.

Bella sonrió y la abrazo fuertemente. Antonella envolvió sus pequeños bracitos en el cuello de Bella.

—Hija no es para tanto, mañana la vendrás a buscar temprano.

—Lo sé. Espero que no te de problemas tratando de caminar sola por ahí, aun no se equilibra bien.

Renée puso los ojos en blanco, no es como si jamás hubiese cuidado a una bebe de once meses, a pesar de que su hija no se crió con ella, había estado en el crecimiento de Emmett, Alice y Edward.

Ambas madres casi salieron con taquicardias de la casa de los Swan, se dirigieron hacia el departamento de Alice para comenzar arreglarse para la noche.

—No entiendo por qué tanta parafernalia con esto.

—Bella, deja de reclamar ¿Desde cuándo tan negativa?

Isabella se avergonzó, pues al parecer no tener a Antonella ni a Edward junto a ella la ponía de pésimo humor. ¿Qué estaría haciendo Edward ahora? Extrañaba tenerlo en sus brazos, acariciar su sedoso cabello, y besar cada parte de su hermoso rostro. Pero antes de poder disfrutar de él y su compañía tendría que soportar cuatro horas con brujas de la moda.

Rosalie se decidió por un par de Jeans claros y una blusa color verde, con zapatos a juego.

Alice se puso un vestido un poco más arriba de la rodilla, de color crema, con lindos encajes que la hacían ver más femenina, unos tacones altísimos que Isabella desecho rápidamente cuando Alice propuso que los ocupara.

Y Bella…, Bella miraba el closet de Alice y negaba con la cabeza sin saber que ponerse.

—Olvídalo Alice, no me pondré vestidos tan cortos, eres más baja que yo, aquello me quedara en el trasero.

—Edward estaría contento. A ver miremos…,

—Olvídalo, iré asi mismo como me ves

Alice la analizo; Bella traía puestos unos pantalones ajustados color ocre, una blusa holgada blanca junto con una chaqueta negra y zapatillas cómodas también de color negro. Alice se encogió de hombros. Tampoco que quería ser la amiga metiche y cargante que la obligaba a ponerse ropa que ella no quería. Le sonrió.

—Bueno al menos quítate la gorra de Edward.

—Tiene su olor.

Rosalie y Alice soltaron una carcajada al escucharla.

—Bien, ¿Los bóxer también te los pones en la cabeza?

Bella rio bajito.

—Solo a veces.

Alice arrugó la nariz, tratando de no tener una imagen mental de su mejor amiga y su hermano. Se maquillaron suavemente, aunque Bella recargo su maquillaje en los labios, pintándolos de un exquisito rojo carmesí.

—Bien, estamos listas.

Dijo Alice admirándose en el gran espejo que reemplazaba la pared derecha de su habitación. Se volteó varias veces para ver como lucia su trasero con aquel vestido.

—Bien ¿Qué haremos la próxima hora y media?

Pregunto Rosalie caminando hacia el sofá en forma de L que se encontraba en el living del departamento.

—Supongo que… ¿Tomar algo?

—Estoy conduciendo — Rosalie pone los ojos en blanco.

—Que aburrida eres, ¿Vámonos a pie?

Bella y Rosalie miraron a Alice como si estuviese completamente loca,

"¿A pie? El centro quedaba lejos ¿o iremos a otro lugar?" Se pregunto Bella mentalmente.

—Olvídalo Alice, estoy con tacones de diez centímetros.

—¿A dónde iremos? — Pregunto Bella confundida.

En ese momento el celular de Alice vibro con el característico y molesto sonido de un WhatsApp. Alice deslizó su dedo por la pantalla de su teléfono y una sonrisa se deslizo en sus labios.

Isabella por un momento la envidio ¿Por qué Jasper si la hablaba? Edward había estado peculiarmente extraño los últimos días, sobre todo hoy en el cual había salido a trabajar temprano en la mañana, no fue almorzar y no había llamado para saber al menos como estaba Antonella. Isabella suspiró se sentía algo tonta por sentirse así.

—Es Jasper—dijo Alice sonriendo—. Dice que nos verán en una hora en el Pub que está en centro de Vancouver…, se llama The times, ¡Que nombre más feo!

—Debe ser algo aburrido. Jamás he ido.

—Yo ni siquiera he oído hablar de el.

Alice suspiró mirando a Rosalie y guardo el móvil en su cartera.

—Bien deberíamos irnos definitivamente.

Bajaron los siete pisos que las separaba de la tierra firme y se fueron en el jeep de Rosalie cantando una vieja canción de Amy Winehouse

Se demoraron aproximadamente veinte minutos en llegar al centro de la cuidad, encontraron rápidamente el dichoso pub, la impresión contaba bastante o al menos eso pensaba Isabella, que al ver desde el interior del auto se dio cuenta que el ambiente era agradable.

—Malditos estacionamientos— bramó Rosalie buscando algún lugar para estacionar su jeep, después de diez minutos encontró un lugar iluminado y bastante grande para estacionar a solo una cuadra del Pub. Caminaron y Bella agradeció infinitamente no haberse cambiado de ropa, ya que Alice iba casi con hipotermia al igual que Rosalie ya que su blusa era muy delgada.

Entraron al lugar por una puerta transparente y las tres quedaron impresionadas al ver el lugar en donde se encontraban. Las bajas expectativas habían ido a volar.

En la pared del fondo se encontraba un pequeño escenario donde seguramente algún grupo tocaría música en vivo y la pared de su izquierda—donde se encontraba la barra elegantes asientos junto a ella—es de un perfecto color blanco, donde las luces se reflejaban desde las hermosas pantallas que caen desde el techo en hermosos colores lilas y morados. La pared del lado derecho que daba hacia la calle, fue reemplazada drásticamente por un vidrio con cortinas en tonos lilas.

Una gran y elegante fila de asientos circulares y también en forma de "L" de colores negros y blancos se extendían a ambos costados del gran salón; los sillones formaban perfectos círculos y en el centro había una mesita rectangular con una vela aromática de adorno. Y en el centro del salón quedaba un gran espacio para bailar según el ánimo de la clientela.

—Wow, esto es increíble — menciono Alice con ojitos dilatados. Bella miro a los dos grupos de amigos o parejas que se encontraban sentados en los sillones.

—Vamos por aquí.

Las tres se dirigieron hacia el centro del salón, donde Bella cayo rendida en un asiento en forma de L.

—Siento que debí venir más elegante— comento mirando sus uñas de color negro.

—Descuida Bella, te ves bien.

Bella le sonrió en respuesta. Sacó el celular de su bolsillo y pregunto;

—¿Dónde estará el baño?

Alice miró a su alrededor y justo al lado de la barra había un pasillo que decía arriba en un fosforescente color morado "Baños" Le apuntó hacia donde a Bella y esta se encaminó hacia el baño y marcó rápidamente el numero de celular.

—Hola.

—Hola mamá ¿Cómo estás?

Renée sonrió desde el otro lado de la línea.

—Bien, perfectamente. Antonella acaba de quedarse dormida, estuvo con Charlie viendo los Backjasdigan.

—Edward odia esos dibujos animados. ¿Cómo está Jane?

Renée soltó una risita.

—Charlie no estaba del todo entretenido, pero vamos hacer. Las dos están perfectamente hija, no te preocupes por nada.

Bella sabía que su madre tenía razón. Preguntó a su madre como se había portado Antonella y gracias al cielo ella era un pequeño angelito que no hacia absolutamente nada más que mostrar su hermosa sonrisa y decir no a todo.

Salió del baño y se dirigió hacia la mesa donde las chicas al parecer habían pedido algo de beber.

—Te pedimos un margarita.

Bella sonrió agradecida.

—Llamé a Renée dijo que Jane estaba perfectamente.

—Estaba a punto de llamarla. Gracias Bella.

Estuvieron bebiendo y contando antiguas anécdotas. Isabella iba por su primera margarita pero no estaba acostumbrada a beber demasiado, así que se detuvo un momento. La música electrónica sonaba de fondo, Isabella movía su cuerpo al compás de la música.

—¿Nos dejaran plantadas? — Preguntó Bella a sus amigas, estas se encogieron de hombros—. Hombres.

Bella sacó su Iphone y abrió la aplicación del WhatsApp. Abrió la ventanita de Edward y tecleó rápidamente.

"¿Dónde estás?"

Los dos tic aparecieron al lado derecho de la derecho de la ventanita. Edward había visto el mensaje, sin embargo, no lo había contestado, al menos no inmediatamente.

—¿Qué diablos le pasa a tu hermano?

Isabella preguntó a Alice, la joven se encogió de hombros sin saber a qué se refería su mejor amiga.

—No sé, tú vives con él ¿no?

—Olvídalo.

En ese momento su móvil vibro en su mano;

"Ya voy para allá Pequitas. Te amo."

Isabella sin poder evitarlo sonrió, y se sintió completamente estúpida al pensar tonterías del hombre que amaba.

Las mujeres estuvieron bebiendo, conversando y riendo de tonterías.

—¿Recuerdas que estaba enamorada de Ian? — Pregunto Alice espantada y sonrojada a la vez.

—Claro, si no me querías ver al comienzo.

—Mentira, ¿Cómo dices eso? Aun recuerdo cuando fuimos de compras de navidad y Bella se quedaba embobada viendo los pasteles de las cafeterías.

—Hasta el día de hoy Alice.

Todas soltaron una carcajada, pues sabían perfectamente que en ese sentido Bella seguía igual.

Repentinamente las luces del local se apagaron y el público que se encontraba en ese momento pego un grito de miedo. Pero la música seguía sonando…, aunque cada vez más despacio.

—¿Qué mierda…

Las palabras de Bella quedaron en su garganta al notar como una luz se encendía solamente en la entrada de pub, justo donde estaban las puertas de vidrio. Ahí se encontraba él…, su corazón latió desenfrenado ¿Qué hacia Edward parado afuera de la puerta? ¿Por qué todo estaba en silencio? ¿Por qué Emmett y Jasper estaban detrás de él? ¿Y por que todos en el pub estaban expectantes ante la escena? En pocas palabras ¿Qué mierda estaba pasando? Se preguntó Bella en solo un segundo.

Una luz rápidamente se encendió justo arriba de la mesa donde estaban las chicas. La gente comenzó a murmurar cosas pero Edward fue las rápido y la saludó con la mano bajando la mirada avergonzado, se volteó un poco y Emmett le pasó lo unos carteles blancos.

—¿De qué va esto? — Preguntó rápidamente Bella, su voz no sonaba igual…, no sabía que pretendía hacer Edward y aquello la tenia nerviosa.

Alice y Rosalie solo se encogieron de hombros igualmente de confundidas que ella.

Edward alzó el cartel blanco que tenía en sus manos, lo puso a la altura de su estomago y Bella pudo leer claramente lo que decía;

"Hola pequitas n.n"

A Bella se le escapó una risa nerviosa, no sabía qué hacer. Edward sin decir absolutamente nada pasó el cartel que hace un momento estaba al comienzo, hacia atrás dejando ver otra frase, Bella la leyó rápidamente.

"Te pido paciencia mi pequeña : ) "

Bella se removió en el asiento incomoda. Tomó la mano de Alice y la apretó con fuerza, tratando así de sacar un poco de la desesperación y la adrenalina que corría por sus venas en ese momento. La música poco a poco se fue convirtiendo en una música suave, solo piano; las luces seguían apagadas, menos en los lugares donde se encontraban Edward y Bella. En pocas palabras, el mundo había desaparecido frente a sus ojos.

Edward frunciendo su ceño adorablemente y aun con sus labios sellados volvió a cambiar el cartel por otro.

"He pensado mucho en nuestra relación, en ti. No sabía cómo realmente hacer esto…, creo que aun no lo sé"

Bella llevó sus manos hacia su boca, ahogando un grito de sorpresa. Sentía su garganta seca y por un segundo quiso tomar el resto de margarita que le quedaba. Su corazón latía desenfrenado en su pecho, sus pies se movían inquietos, solo quería correr hacia donde se encontraba Edward para abrazarlo, besarlo.

Edward cambio el cartel nuevamente.

"Lo que sí sé, y de lo que siempre he tenido la certeza es que eres la mujer más fuerte y hermosa que he conocido"

Edward busca sus ojos y una vez que los encuentra, le sonríe mostrando sus perfectos dientes, mirándola justo como lo hacía en este momento hacía que todo, absolutamente todo valiera la pena.

El cartel fue reemplazado nuevamente por otro.

"Me has hecho el hombre más feliz desde el día que me aceptaste en tu vida"

Los espectadores que se encontraban en el local formularon un "Aww" al leer aquel mensaje. Bella se sonrojó considerablemente, sintió como las lágrimas comenzaban acumularse en sus ojos.

Edward le guiñó un ojo y ambos sonrieron nerviosamente. Él volvió a cambiar el cartel.

"Sé que queda mucho por recorrer, junto a nuestra pequeña, y con los que vendrán :$ "

Alice en ese momento le paso un pañuelo desechable a su amiga para que secara las lágrimas que comenzaban a descender por sus mejillas.

"Sé que tarde mucho tiempo en hacer eso…, pero quería que fuese especial y quiero gritarle al mundo cuando Te amo."

Edward tomó aire, Bella lo miro detenidamente y como si lo hubiese visto en cámara lenta, Edward volvió a cambiar el cartelito. El corazón de Bella se detuvo por unos segundos.

"Pequitas ¿Me harías el extraordinario honor de convertirte en mi esposa?, prometo cuidarte, amarte cada día de mi vida, hasta que seamos viejos y recordemos todo el camino que hemos recorrido juntos"

Isabella ahogó un grito y sollozo sin saber que hacer realmente. Edward cambió el cartel.

"?"

—¡Ve! ¡Ve!

Alentó Rosalie con lágrimas en los ojos.

Bella se levanta con torpeza y avanza hacia la puerta de entrada, agradeció nuevamente no haber usado tacones.

Jasper le pasó un hermoso ramo de flores a Edward, este abrió la puerta de entrada y se encontraron justo en medio de la pista, un abrazo fuerte y un beso violento y apasionado entremedio de aplausos y ovaciones que prácticamente ellos ignoraron.

—Te amo, te amo tanto…, claro que quiero casarme contigo.

Declaraba Bella entre lágrimas. Edward besó su pequeña nariz, mientras le entregaba el hermoso ramo de flores rojas, ella aspiró su exquisito olor, olvidando por completo que en este momento ellos eran el centro de atención.

—Haré esto como se supone.

Se alejó un poco y saco una pequeña cajita de terciopelo de su bolsillo, sacó un hermoso anillo de compromiso y lo deslizó por su dedo anular.

—Me haces el hombre más feliz, te amo tanto que simplemente no puedo expresarlo con palabras.

Isabella acaricia la mejilla de su ahora, prometido y se inclina para besarlo.

—Gracias por cada momento vivido, eres…, lejos lo mejor que me ha pasado, junto con Antonella.

Edward sin pensarlo dos veces junto sus labios con los sedosos y carnosos labios de su mujer, saboreo lentamente aquella parte tan exquisita que lo volvía loco. Bella con su mano libre acaricio su mejilla y toda la extensión de su cuello, mientras sus lenguas se encontraron lentamente, jugando, sintiéndose, tocándose como si sus vidas dependiera de ello.

Se separaron por falta de aire. Pero se quedaron con sus frentes juntas, mirándose fijamente a los ojos, trasmitiendo todo lo que sentían en ese preciso momento. Eran tan complicado poder describir todo lo que pasaba por sus mentes, no podrían jamás decir cuan felices eran. Como se levantaban cada mañana juntos, lo que sentían cada vez que se besaban, cada vez que hacían el amor e incluso cuando solamente se miraban.

Bella recordó vagamente todo lo que había recorrido junto a él para llegar aquí, tantas equivocaciones, tantos llantos, tantas confusiones que solo sirvieron para hacerla madurar y crecer como mujer. Su vida había dado un giro de 180°, jamás pensó que sería así de feliz, así de dichosa con una familia que sin duda crecería con el tiempo.

Siempre pensó que terminaría en una calle, desnutrida y pasando frió, contemplando como las personas pasaban mirándola con asco y recelo, solo porque ella no había crecido en un hogar de amor, solo porque no tuvo la oportunidad de crecer en una casa digna, solo porque llevaba ropa sucia y trabajaba vendiendo agua en una calle pero… ¿Quiénes somos para juzgar?

Isabella tiene cicatrices, que ni siquiera el tiempo ayudaran a borrar, por que lamentablemente su pasado la marcó de una manera muy brutal. Pero justo en este momento delante de ella se encontraba una de las razones por la cual se levantaba día a día, luchaba, reía y por sobre todo amaba. Su Edward, el amor de su vida, el padre de su hija. Era todo lo que necesitaba para poder seguir adelante, era su cable a tierra, porque él y solo él le daba la fuerza para seguir luchando día a día.

Edward y Bella, a pesar de que no tuvieron el mejor comienzo tuvieron el mejor final, un final a medias, por que este solo era el comienzo de lo que sería toda una vida juntos, junto a su pequeña Antonella y los que vendrían en un futuro. Viendo crecer a sus hijos, como con el tiempo se irían de casa y ellos volverían a quedar solos, justo como el comienzo. Se tomarían de la mano y solo se susurrarían al oído;

—Te amo mi viejo panzón.

—Te amo Pequitas.

"Solo quien te ama de verdad comprende tres cosas de ti…

El dolor detrás de tu sonrisa.

El amor detrás de tu rabia.

Y las razones detrás de tu silencio"

FIN

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Bueno aquí les dejo lo último de TSOS, después de un año.

Uf, me pone triste, muy triste dejar esto ya que cuando se me vino a la mente esta historia jamás pensé que la leerían, que la comentarían de esta forma, es muy gratificante para mi ver como esto acaba, aunque claro…, mi lado sensible me tiene hecha un lío.

Cuando entre a Fanfiction jamás pensé que me tomarían en cuenta jaja, pero fue lo contrario, sé que no tengo millones de comentarios, tampoco me interesa tenerlos, porque ustedes, las que me leen son suficientes para mi, para yo seguir con esto que tanto me apasiona.

Gracias a Vicko; por ayudarme con algunos capítulo y créeme estaría muerta si no fuese por ti, tu apoyo fue fundamental. Gracias por todaaaas las hermosas portadas que me regalabas ajaja, todas, TODAS son hermosas. Te adoro.

Gracias a Solcullen; por alentarme a escribir esto cuando yo estaba indecisa y por alentarme cuando quise dejarlo. Te adoro.

Y gracias a cada una de ustedes por leerme, comentar y agregarme a favoritos. Son geniales y siempre se los he dicho.

Espero de todo corazón que les haya gustado el final de TSOS. La propuesta de matrimonio la vi hace muchooooooo tiempo en internet, le cambie cosas claro está. No está igual, pero la idea me pareció encantadora y quise escribirlo aquí.

Como siempre, sus últimos comentarios para TSOS son mi única paga,

Las quiero y pueden agregar mi grupo en facebook (Link en mi perfil)

Ha sido un honor compartir mis locuras con ustedes.

Besos hermosas.

Atte; Aniet.