Esta es la traducción de la historia Rebirth de Athey muchas gracias a ella por su autorización. Esta historia esta terminada y no tiene continuación. Es slash y bastante oscura, así que no la lean si no es lo que les gusta.

Renacer

Capitulo 1

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En medio de una horrible tormenta invernal, el treinta y uno de Diciembre de 1926, una débil, mujer que lucia enferma, y embarazada de término, entro a tropezones al Hogar de Niños de Santa Ada en Londres. Ella ya estaba en labor, y las monjas y asistentes del orfanato rápidamente la llevaron a una habitación y llamaron a una partera.

Ella no había estado allí ni siquiera una hora cuando el bebé nació. Un niño, nacido con una delgada capa de pelo negro, ojos oscuros, y preciosos rasgos. Él era un bebé hermoso – un claro contraste a la mujer que lo había parido, que nadie podía decir era una belleza. La mujer vivió justo lo suficiente para instruirles a las hermanas que llamaran al niño Tom, como su padre, y Sorvolo, como el padre de ella. Y que debería llevar el apellido de su padre. Ryddle.

Tom Sorvolo Ryddle.

Y entonces murió. Ella nunca dijo su nombre.

Cuatro meses después trajeron a otro niño al Hogar de Niños de Santa Ada. Estimaban que tendría la misma edad del pequeño Tom. El fue traído por un oficial que dijo que había sido encontrado en los brazos de una mujer muerta en el parque. La mujer no tenía identificación, y estaba vestida de forma extraña. La única forma de identificación era un bordado en la manta del bebé. Herakles.

Era un nombre extraño. Una de las hermanas lo reconoció de la mitología griega, aunque no sabia la historia que rodeaba al personaje. Solo que era hijo de Zeus.

No tenia apellido, así que una de las hermanas lo nombro Herakles Jude, por San Judas, el patrono de los casos desesperados. Herakles, siendo un nombre tan raro, fue rápidamente acortado a Heri por las monjas.

La noche que el joven Heri fue traído a Santa Ada, fue puesto en la misma cuna de Tom ya que no había otra. Ellos eran los más jóvenes, el más cercano teniendo ya dos años y medio. Con los fondos tan estrechos como estaban, la nueva adición fue dejada para compartir cama con Tom por casi dos meses antes de que pudieran comprar otra cuna. Y aun así, no había apuro. Los dos estaba bastante contentos de compartir su cuna.

Tom siempre había sido un bebé extraño. Siempre tranquilo. Nunca lloraba. Heri era diferente. Él era el mas pequeño de los dos, pero parecía tener el doble de energía. Él parecía ser también el único que se conectaba con Tom.

Era el comienzo de Julio de 1938, y Albus Dumbledore estaba caminando apresuradamente por las calles de Londres hacia un viejo edifico gris con una alta reja de hierro a su alrededor. El letrero de la entrada decía Hogar de Niños Santa Ada, Londres, Inglaterra.

El largo cabello castaño rojizo de Dumbledore y su barba se movían con la brisa. Él estaba usando un extravagante traje hecho de terciopelo color ciruela y estaba llamando la atención de toda la gente que lo veía en la calle. Él tomó el pequeño caminito empedrado y toco a la puerta. Fue recibido por una jovencita con delantal que abrió los ojos considerablemente al fijarse en la apariencia del viejo.

"Buenas tardes. Tengo una cita con la Sra. Cole, quien creo, ¿es la encargada aquí?"

Oh," dijo la asombrada chiquilla que se veía bastante sorprendida por la excéntrica apariencia del hombre. "Um. . . un moment . . . ¡SRA. COLE!" grito la chica sin moverse de su lugar.

Dumbledore entro en el raído pero impecable vestíbulo y espero con una calmada sonrisa en su rostro. Antes que la puerta terminara de cerrarse tras él, una delgada, y cansada mujer se apresuro hacia ellos. Ella tenía un rostro duro y estaba hablando tras su hombro con otra mujer en delantal mientras se acercaba a Dumbledore.

". . . y llévale el yodo a Martha, Billy Stubbs se volvió a sacar las costras y Eric Whalley estaba manchando todas las sabanas— solo nos faltaba la varicela," le dijo a nadie en especial, y cuando sus ojos se posaron en Dumbledore ella se detuvo en seco, luciendo tan asombrada como si una jirafa hubiera cruzado la puerta.

"Buenas tardes," dijo Dumbledore, extendiendo su mano. La Sra. Cole solo se quedo allí con la boca abierta.

"Mi nombre es Albus Dumbledore. Le envíe una carta solicitándole una visita y usted tuvo la amabilidad de invitarme a venir hoy."

La Sra. Cole parpadeo. Tras decidir, al parecer que Dumbledore no era una alucinación, dijo débilmente, "Ah si. Bien — bueno entonces — será mejor que vayamos a mi habitación."

Ella guío a Dumbledore a una pequeña habitación que parecía mitad sala, mitad oficina. Estaba tan raída como el pasillo y el mobiliario era viejo y desparejado. Ella invito a Dumbledore a sentarse en una desvencijada silla mientras ella se sentaba tras un abarrotado escritorio. Parecía nerviosa.

"Estoy aquí, como le dije en mi carta, para hablar sobre Tom Ryddle y Herakles Jude, y hacer arreglos para su futuro," dijo Dumbledore.

"¿Por los dos? ¿Usted es familiar de alguno?" pregunto la Sra. Cole.

"No, soy profesor,"dijo Dumbledore. "Vine a ofrecerle a Tom y Herakles un lugar en mi escuela."

"¿Cual escuela es esa?"

"Se llama Hogwarts," dijo Dumbledore.

"¿Y porque usted esta interesado en esos dos?"

"Creemos que tienen las cualidades que andamos buscando."

"¿Quiere decir que ganaron una beca? ¿Como? Ellos nunca han postulado a una."

"Bueno, ambos están inscritos en nuestra escuela desde que nacieron —"

"¿Los dos? Ellos son cercanos, pero se que no son familiares. Incluso ambos llegaron aquí en fechas diferentes. Me es difícil creer que dos niños así sean de utilidad en su escuela. ¿Quien los inscribió? ¿Sus padres?"

No cabía duda que la Sra. Cole era una mujer aguda y perspicaz. Dumbledore con cuidado saco su varita del bolsillo de su traje, al mismo tiempo que tomaba un papel en blanco del escritorio de la Sra. Cole.

"Tome," le dijo, moviendo su varita mientras le pasaba el papel, "Creo que esto aclarara todo."

"Todo parece en orden," dijo con placidez, devolviéndoselo. Sus ojos se posaron en una botella de gin y dos vasos que no habían estado allí unos segundos antes.

"Er — ¿le apetece un vasito de gin?" pregunto con tono afectado.

"Muchas gracias," dijo Dumbledore, sonriendo.

Pronto quedo claro que no era la primera vez que la Sra. Cole bebía ese tipo de licor. Llenó ambos vasos con generosidad y vacío el suyo de un trago. Se relamió sin disimulo, le sonrío a Dumbledore por primera vez y él no vacilo en aprovechar su ventaja.

"¿Podría contarme algo de la historia de Tom Ryddle y Herakles Jude? Como llegaron a estar bajo su cuidado. ¿Usted dijo que llegaron en fechas diferentes?"

"Eso es cierto," dijo la Sra. Cole, sirviéndose mas gin. "Tom llego primero. Lo recuerdo perfectamente, porque yo también acababa de llegar a este lugar. Era noche vieja, nevaba y hacia un frío tremendo. Una noche muy desagradable. Una muchacha no mucho mayor que yo subió los escalones tambaleándose. Bueno, ella no era la primera. La acogimos, y tuvo al bebé al cabo de una hora. Y al cabo de la otra murió."

La Sra. Cole asintió con gravedad y tomo un generoso trago de gin.

"¿Dijo algo antes de morir?" pregunto Dumbledore. "¿algún comentario sobre el padre del niño por ejemplo?"

"Pues si, resulta que si," contesto la mujer, que parecía estar disfrutando el gin y un publico interesado en su relato. "Recuerdo que me dijo, 'Espero que se parezca a su padre,' y no le miento, era comprensible que ella albergara esa esperanza, porque ella no era ninguna belleza — y luego pidió que se llamara Tom, como su padre, y Sorvolo, como el padre de ella — si, ya se que es un nombre muy raro, ¿cierto? Pensamos que quizás la chica provenía de algún circo — y dijo también que el apellido del niño seria Ryddle. Poco después murió sin haber pronunciado ninguna otra palabra. Así pues, llamamos al niño como su madre había pedido, porque eso parecía importarle mucho a la pobre muchacha, pero ningún Tom o Sorvolo o Ryddle vino nunca a buscarlo, ni ninguna otra familia, de modo que se quedo en el orfanato y no se ha movido de aquí desde entonces."

Casi sin darse cuenta la Sra. Cole se sirvió más gin. "Heri llego unos meses después. La policía lo trajo. Parece que su madre murió en el parque con él en brazos. Alguien lo encontró llorando desesperado en los brazos de la mujer muerta. Lo trajeron aquí. Su manta tenía su nombre en ella 'Herakles', pero nada más. La mujer no tenía documentos, así que no teníamos idea de su apellido. Una de las hermanas le dio el nombre de Jude."

Ella trago otro poco de gin y se detuvo. En sus altos pómulos habían aparecido dos manchas rosa. Luego dijo, "esos dos, son niños muy extraños."

"Si," dijo Dumbledore. "Ya me imaginaba que lo serian."

"Son como uña y mugre. Nunca van a ningun lado sin el otro. Pero los demás niños no se juntan mucho con ellos... ellos son... raros."

"¿Raros como?" Pregunto con gentileza Dumbledore.

"Vera ellos –"

Pero se interrumpió, y no había nada borroso o vago en la mirada inquisitiva que le lanzo a Dumbledore sobre su vaso de gin.

"¿Seguro que tienen una plaza en su escuela?"

"Por supuesto," dijo Dumbledore.

"¿Y nada de lo que yo diga cambiara eso?"

"No, nada."

"Se los va a llevar a pesar de todo, ¿diga lo que yo diga?"

"Diga lo que usted diga," asintió Dumbledore con gravedad.

La mujer entorno los ojos y lo miro como decidiendo si podía o no confiar en el. Por lo visto decidió que si, porque dijo en forma repentina, "Los otros niños les tienen miedo."

"¿Quiere decir que son matones?" pregunto Dumbledore.

"Sospecho que si," dijo la Sra. Cole, frunciendo el ceño, "pero es muy difícil pillar a alguno de ellos. Han habido incidentes. . . . Cosas desagradables..."

Dumbledore no la presiono, aunque era claro que estaba interesado. Ella bebió otro sorbo de gin y el rubor de sus mejillas se acentúo.

"Billy Stubbs tenia un conejo. . . bueno, Tom juro que no había sido él y no me explico como pudo hacerlo, pero, aun así, no creo que el conejo se ahorcara solito de una viga ¿no?"

"No, no parece posible," coincidió Dumbledore.

"Pero ya me dirá como subió Tom allá arriba. Incluso con la ayuda de Heri... y Heri le dio una coartada, pero todo sabemos que eso no ayuda en nada. Todo lo que se, es que él y Billy habían discutido el día anterior. Tom insiste en que la pelea fue porque Billy estaba molestando a Heri. Y entonces" — la Sra. Cole bebió otro trago de gin, esta vez derramando un poco por su barbilla — "el día de la excursión de verano — una vez al año los llevamos a pasear, ya sabe, al campo o a la playa— pues bien, Amy Benson y Dennis Bishop nunca volvieron a ser los mismos, y lo único que pudimos sonsacarles fue que habían entrado a una cueva con Tom y Heri. Ellos juraron que solo habían entrado a explorar, pero se que allí paso algo, estoy segura de eso. Y han sucedido muchas cosas mas, cosas extrañas. . . ."

Ella volvió a mirar a Dumbledore, y aunque tenía las mejillas encendidas, su mirada era firme. "Creo que nadie lamentara no volver a verlos."

"Usted comprenderá, ¿Qué no vamos a quedárnoslos para siempre?" dijo Dumbledore. "Tendrán que regresar aquí, por lo menos todos los veranos."

"Oh, bueno, mejor eso que un porrazo en la nariz con un atizador oxidado," dijo ella hipando ligeramente. Ella se levanto, manteniéndose sorprendentemente compuesta, aunque dos tercios de la botella de gin habían desaparecido. "¿Imagino que querrá verlos?"

"Si, por supuesto," dijo Dumbledore, poniéndose de pie también.

Ella lo guío y subieron por una escalera de piedra, por el camino ella iba repartiendo instrucciones y advertencias a ayudantes y niños.

"Es aquí," dijo la Sra. Cole, cuando llegaron al segundo rellano y se pararon frente de la primera puerta en un largo pasillo. Ella llamo dos veces con los nudillos y entro.

"¿Tom? ¿Heri? Tienen visita. Este es el Sr. Dumberton — lo siento, Dunderbore. Él ha venido a decirles — bueno, será mejor que él les explique."

Dumbledore entro a la habitación y vio a los dos chicos. El más pequeño estaba sentado con las piernas cruzadas en el piso con un libro en su regazo y sus ojos se abrieron graciosamente al ver la apariencia del hombre. El otro, que estaba sentado en el borde de su cama, miro a Dumbledore y entrecerró sus ojos, sospechoso.

La Sra. Cole cerro la puerta y el grupo se quedo en silencio un momento. Ambos chicos lucían bastante similares. Cabello negro, aunque el que estaba sentado en la cama lo tenia bien peinado y estilizado mientras que el del chico en el piso parecía mas alocado y queriendo luchar contra la gravedad.

El niño en el piso rápidamente comenzó a ponerse de pie, dejando el libro en la pequeña cama tras el, que estaba apoyada contra la pared.

"¿Como están?" pregunto Dumbledore, acercándose y tendiendo la mano.

El chico más pequeño que ya estaba de pie le lanzo una mirada al chico que estaba en la cama, antes de aceptar la mano del excéntrico hombre.

"¿Tu eres Herakles o Tom?"

"Soy Herakles," dijo lentamente el chico. Entrecerrando sus ojos.

Tom dudo un momento antes de ponerse de pie y aceptar la mano de Dumbledore. Dumbledore acerco la silla de madera y se sentó, los dos niños se sentaron, lado a lado en la cama que Tom había ocupado un momento antes.

"Soy el Profesor Dumbledore."

"¿Profesor?" repitio Tom con desconfianza. "¿No será un 'doctor'? ¿A que ha venido? ¿Ella lo ha llamado para que nos examine?"

Él estaba apuntando la puerta por la que se había ido la Sra. Cole.

"No, no," dijo Dumbledore, sonriendo.

"No le creo," dijo Tom. "Ella quiere que nos examinen, ¿no es así? ¡Diga la verdad!"

Dijo de repente con voz potente que casi intimidaba. Era una orden, y saltaba a la vista que no era la primera vez que la daba.

Tom fulmino con la mirada a Dumbledore, que seguía sonriendo tranquilo. Al cabo de unos segundos Tom dejo de mirarlo con hostilidad, aunque se veía más desconfiado que antes.

"¿Quien es usted?" Heri pregunto con voz fría.

"Ya se los he dicho. Soy el Profesor Dumbledore y trabajo en una escuela llamada Hogwarts. He venido a ofrecerles una plaza en la escuela — su nueva escuela, si deciden venir."

La reacción de Tom fue sorprendente. Salto de la cama y se paro enfrente de Heri en una posición defensiva, separando al chico mas pequeño de Dumbledore, y mirándolo furioso.

"¡A mi no me engaña! Usted viene del manicomio, ¿no es así? 'Profesor,' si, claro — bueno, no vamos a ir, ¿sabe? A esa vieja arpía es a la que deben encerrar. Nunca le hicimos nada a la pequeña Amy Benson o a Dennis Bishop, puede preguntarles, ¡ellos se lo confirmaran!"

"No vengo del manicomio," dijo Dumbledore con paciencia. "Soy maestro, y si haces el favor de sentarte y escucharme, te hablare de Hogwarts. Y si al final no les interesa nadie los obligara a ir —"

"Y que lo intenten," bufo Tom.

En este punto, Heri había logrado poner una mano en el antebrazo de Tom y lo estaba jalando hacia un lado. Tom lo miro y sus ojos se conectaron. Ninguno dijo una palabra, pero casi pareció que tuvieron una conversación silenciosa ya que Tom dejo escapar un suave gruñido y se volvió a sentar al lado de Heri.

"Hogwarts," prosiguió Dumbledore, como si no lo hubieran interrumpido, "es una escuela para gente con habilidades especiales —"

"¡Yo no estoy loco!" gruño Tom.

"Yo se que no estas loco. Hogwarts no es una escuela para locos. Es una escuela de magia."

De nuevo hubo silencio. Tom se había quedado helado, con gesto inexpresivo, pero su mirada iba rápidamente de un ojo de Dumbledore al otro, como si intentara descubrir algún signo de mentira en alguno de los dos. El rostro de Heri pareció pasar del shock a la realización y luego a la euforia.

"¿Magia?" Heri repitió en un susurro.

"Exacto," dijo Dumbledore.

"¿Es. . . magia, lo que podemos hacer?" dijo Tom.

"¿Que es lo que pueden hacer?"

"Muchas cosas," musito Tom. Un rubor de emoción le encendía del cuello hasta las hundidas mejillas; parecía afiebrado. "Podemos hacer que los objetos se muevan sin tocarlos. Heri desapareció del terreno y apareció en el techo," el se detuvo y miro al chico mas pequeño que asintió con la cabeza en reconocimiento. "Puedo hacer que los animales hagan lo que yo les pido, sin adiestrarlos," Tom continuo casi sin aliento. "puedo hacer que les pasen cosas desagradables a los que nos molestan. A los que tratan de lastimar a Heri. Puedo hacerles daño si quiero."

Las manos de Tom estaban temblando y agacho su cabeza, mirándolas. "Sabía que soy diferente," susurro sin dejar de mirar sus temblorosas manos. "Sabía que soy especial. Siempre supe que pasaba algo."

"Bueno, tenias razón," dijo Dumbledore, que ya no sonreía, pero observaba a Tom intensamente. "Ustedes son magos."

Tom levanto su cabeza. Su rostro estaba transfigurado: en una expresión de total felicidad, sin embargo sus facciones se veían más duras, su expresión casi bestial. Giro su rostro y miro a Heri que seguía sentado a su lado, que miraba asombrado. Sus ojos se encontraron y una mirada salvaje cubrió el rostro de Heri.

"¿También es un mago?" pregunto Heri, mirando a Dumbledore.

"Lo soy."

"Pruébelo," dijo Tom en el mismo tono autoritario que antes había usado para decir, "Diga la verdad."

Dumbledore arqueo sus cejas. "Si aceptas tu plaza en Hogwarts como creo que—"

"¡Claro que aceptamos!" dijo Tom.

"En ese caso te dirigirás a mi como 'Profesor' o 'señor.'"

Tom endureció sus facciones por un segundo antes de decir, en una voz tan educada que casi sonó irreconocible, "Lo siento señor. Quiero decir – por favor, Profesor, ¿podría mostrarme -?"

Heri le dio una ojeada a Tom luego sonrío ligeramente antes de darle una igualmente educada sonrisa al Profesor.

Dumbledore saco su varita del bolsillo interior de su chaqueta, la apunto al destartalado armario de la esquina, y la sacudió ligeramente.

El armario estallo en llamas.

Tom y Heri se levantaron de un brinco gritando de rabia y espanto. Pero mientras Tom se acercaba a Dumbledore, las llamas desaparecieron, y el armario quedo completamente intacto.

Tom miro varias veces del armario a Dumbledore; entonces, con gesto de avidez, señalo la varita mágica. "¿Donde puedo conseguir una de esas?" los ojos de Heri también estaban posados en la varita que Dumbledore sostenía en su mano aunque su expresión era menos ambiciosa y mas asombrada.

"Todo a su debido tiempo," dijo Dumbledore. "Creo que hay algo que trata de salir del armario."

Y en efecto, se oía un débil golpeteo proveniente del mueble. Por primera vez, Tom pareció asustado. Dumbledore miro como los ojos de Heri se agrandaron de horror y tragaba en seco mirando a Tom con preocupación en su rostro.

"Ábrelo," dijo Dumbledore.

Tom vacilo, pero luego cruzo la habitación y abrió la puerta del armario. En el estante superior, encima de una barra donde colgaban unas ropas raídas, había una pequeña caja de cartón que se agitaba y vibraba, como si estuviera llena de ratones frenéticos.

"Sácala," dijo Dumbledore.

Tom saco la temblorosa caja con gesto contrariado.

"¿Hay algo en esa caja que no deberías tener?" pregunto Dumbledore.

Tom le lanzo a Dumbledore una mirada diáfana y calculadora.

"Si supongo que si señor," contesto al fin con voz monótona.

"Ábrela," dijo Dumbledore.

Tom saco la tapa y vació los contenidos de la caja en la cama sin siquiera mirarlos. Los objetos dejaron de temblar y se quedaron quietos encima de las delgadas mantas.

"Se los devolverás a sus propietarios y te disculparas," dijo Dumbledore con calma al mismo tiempo que se guardaba la varita en la chaqueta. "Sabre si lo has echo o no. Y te lo advierto: en Hogwarts no se toleran los robos."

Tom no parecía ni remotamente avergonzado; seguía mirando con frialdad a Dumbledore como si intentara formarse un juicio sobre el. Al fin dijo en la misma voz monótona, "Si señor."

Dumbledore miro a Heri, expectante. El chico más pequeño tragó y asintió. "Si señor."

"En Hogwarts," continuo Dumbledore, "no solo les enseñaremos a usar la magia, sino también a controlarla. Ustedes — inadvertidamente, estoy seguro — han estado usando sus poderes de una forma que no se enseña ni se tolera en la escuela. No son los primeros, ni los últimos, que no saben controlar su magia. Pero deben saber que Hogwarts puede expulsar estudiantes, y el Ministerio de magia — sí, existe un ministerio — impone castigos aun más severos a los infractores de la ley. Todos los nuevos magos deben aceptar eso, por que al entrar a nuestro mundo se rigen por nuestras leyes."

"Si señor," dijeron Tom y Heri simultáneamente.

Era imposible saber lo que Tom estaba pensando; ya que su rostro seguía sin mostrar ninguna emoción aun mientras guardaba nuevamente los objetos en la caja. Cuando termino, se giro hacia Dumbledore y dijo sin rodeos, "No tenemos dinero."

"Eso tiene fácil remedio," dijo Dumbledore, sacando dos bolsitas con monedas de su bolsillo. "Hay un fondo en Hogwarts destinado para aquellos que necesitan ayuda para comprar los libros y las túnicas. Claro que tendrán que comprar algunas cosas de segunda mano, pero—"

"¿Donde se compran los libros de hechizo?" lo interrumpió Tom, que había tomado una de las bolsitas sin agradecer a Dumbledore, y ahora examinaba un grueso Galeón de oro. Dumbledore le paso la otra bolsita a Heri que con rapidez saco dos monedas, un Galeón y un Sickle, mirando las diferencias.

"En el Callejón Diagon," dijo Dumbledore. "He traído la lista de libros y materiales conmigo. Puedo ayudarles a encontrar todo —"

"¿Usted vendrá con nosotros?" pregunto Tom, levantando la cabeza.

"Si, si es que —"

"No es necesario," dijo Tom. "Estamos a acostumbrados a hacer las cosas por nosotros mismos. Siempre vamos solos a Londres. ¿Como se llega al Callejón Diagon — señor?" añadió, mirando a Dumbledore a los ojos.

Dumbledore le paso a Tom, y luego a Heri sus cartas, y luego de explicarles como llegar hasta al Caldero Chorreante desde el orfanato, dijo, "Ustedes podrán verlo, aunque los Muggles que anden por allí — quiero decir la gente no mágica — no lo harán. Pregunten por Tom el dueño — es fácil que recuerden su nombre, ya que se llama como tu —"

Tom hizo un gesto de irritación, como si quisiera ahuyentar a una mosca molesta.

"No te gusta el nombre 'Tom'?"

"Hay muchos Tom," murmuro el chico. Y luego como si no pudiera reprimir la pregunta o como si se le hubiera escapado a su pesar, pregunto, "¿Mi padre era un mago? Me han dicho que el también se llamaba Tom Ryddle."

"Me temo que no lo se," dijo Dumbledore, con voz gentil.

"Mi madre no puede haber sido una bruja, o sino no habría muerto," dijo Tom, mas para si mismo que para Dumbledore. "El debió ser el mago."

"Así que — una vez que tengamos todas nuestras cosas— ¿Cuando debemos presentarnos en Hogwarts?" pregunto Heri, desviando la atención de los murmullos de Tom.

"Todos los detalles están en el segundo pergamino," dijo Dumbledore. "saldrán de la Estación de King Cross el primero de septiembre. También encontraran en cada sobre un billete de tren."

Heri asintió y la atención de Tom volvió del estado contemplativo del que se había encontrado momentos antes. Dumbledore se puso de pie y volvió a extender su mano.

Tomándola, Tom dijo, "Puedo hablar con las serpientes. Lo descubrí en las excursiones al campo — ellas me buscan y me susurran cosas. Pero Heri no puede hacerlo. ¿Es normal para los magos?"

"No es habitual," dijo Dumbledore, tras una leve vacilación, "pero tampoco es insólito."

El tono de Dumbledore era despreocupado pero observo atentamente el rostro de Tom. Ambos se miraron fijamente un instante. Luego se soltaron las manos y se la ofreció a Heri. Fue una interacción mucho más rápida pero el joven Heri claramente estaba examinando al viejo con ojos sospechosos. Finalmente, lo soltó y un momento después Dumbledore estaba en la puerta.

"Adiós, Tom; Herakles. Nos veremos en Hogwarts."

Gracias a angela Black Blood por betear