Aclaraciones del capitulo:

Ni UTAPRI ni ninguno de sus personajes me pertenece (ojalá XD la serie sería súper yaoi), hago esto simplemente por diversión y por qué quiero que haya mas fics sobre esta serie y sobre esta pareja.

Este episodio lo he basado principalmente en el capítulo 4 de la serie, por que creo que le da mucho juego a la pareja simplemente XD así que si no lo habéis visto igual es un poco spoiler.

Cualquier duda, sumergimiento o crítica (constructiva) será bien recibido.


En el patio se había formado un gran escandalo, y no precisamente por los tres apuestos chicos que ensayaban una coreografía ante la atenta mirada de una chica, sino por el séquito de féminas que perseguían a cierto don juan rubio.

Ren caminaba pausadamente y con aire relajado, sosteniendo una rosa en su mano. Sonrió y se giró mirando hacia las chicas que lo seguían.

-Es la rosa más hermosa que he traído de todo el jardín de rosas. Verán, creo que se la daré a alguien como presente.

Aquellas chicas enloquecieron, peleaban entre ellas y gritaban suplicándole al rubio para ser las que recibiesen aquel presente.

Todo esto no pasaba desapercibido por el grupo de chicos, que ahora observaban atentamente la escena. Ren les regalaba palabras amorosas a las damas, que se derretían ante estas. A nadie le sorprendía aquello, puesto que aquella era la actitud habitual del rubio. Tal y como decía Natsuki: la diosa del amor debía vivir en su interior.

Masato por su parte dejó claro su punto de vista, aquel comportamiento era una estupidez.

Sentía rabia en su interior, cada vez que veía a aquel chico perdiendo el tiempo jugando con todas aquellas chicas sentía furia en su interior.

Quiso apartar su atención de él, era mejor concentrarse en sus estudios, después de todo estaba allí para conseguir su sueño:

-Vamos de nuevo.

Nanami se apresuró a agacharse para poner en marcha el reproductor de música nuevamente, Masato se acercó a ella para ayudarla.

Esa enternecedora escena no pasó para nada desapercibida por Ren. No daba crédito a lo que veía, el frío y distante Masato siendo cercano y amable con aquella damita. No pudo evitar sentir ganas de molestarlo.

Comenzó a andar hacia ellos.

-Vaya, ¿Desde cuando eres tan amable con la corderita Hijirikawa?

Llamarse por el apellido para ellos ahora era normal, a pesar de que en el pasado habían sido cercanos, ahora un grueso muro parecía interponerse entre ellos. Para alguien que viese su relación desde fuera sería incapaz de decir que hacía años que se conocían y que incluso habían llegado a ser buenos amigos.

Ren se encontraba de pie junto a ellos y Masato se levantó, encarándolo desafiante. El rubio por su parte se limitó a seguir en su línea.

-Desde que nos conocimos, el destino nos unió.-Tomó a la pelirroja de las manos y la ayudó a levantarse.-Preferiría tenerte más cerca.

Ofreció la rosa a Nanami, que lo miraba con asombro, agobiándose con cada frase que éste le decía, nerviosa.

Masato se sintió molesto ante aquellas palabras, ¿Por qué demonios le habían sonado tan ambiguas? No pudo evitar pensar en que esas palabras podían aplicarse a su situación. Se enfadó consigo mismo por pensar en la posibilidad de que el rubio podría haberle dedicado esas palabras a él.

-Sólo se está burlando de ti, no creas nada de lo que este tipo te diga.

Aquellas palabras eran muy crueles, pero Ren sabía que el miso se las había ganado a pulso dada su fama de Don Juan. Aunque no comprendía por que Masato sentía aquel odio hacia él, parecía que lo que sentía por la dulce pelirroja era algo más que una inocente amistad, lo había intuido desde el primer momento, cuando vio lo relajado que estaba cuando estaban juntos. Nunca habría pensado que aquel chico podía llegar a sentir cosas por alguien y le molestaba, le hacía querer burlarse de él.

El pequeño Syo se acercó hacia Ren corriendo, advirtiéndole de que si no entregaba la tarea que el profesor les había mandado, iba a haber consecuencias. El pequeño aún no había acabado de regañar a su compañero cuando Hyuuga sensei apareció, recordando su amenaza.

La expulsión no podía importarle menos al rubio, todo aquel drama le estaba empezando a cansar, así que se marchó haciendo caso omiso de las amenazas de su profesor.

Masato apretó los puños con rabia. ¿Por qué tenía que ser tan indiferente a todo? ¿No podía tomarse las cosas un poco más en serio?

*.*.*.*.*.*.*.*.*

La habitación estaba completamente en silencio, sus dos ocupantes se mantenían totalmente callados.

Masato se encontraba en su mitad de la habitación, de espaldas a su compañero, que por su parte estaba recostado en su cama, lanzando dardos a una diana.

Masato no dejaba de pensar, ¿Cómo habían llegado a aquella situación? Ahora que habían crecido sus personalidades e ideales habían cambiado, pero no siempre había sido así. Tiempo atrás ambos habían reído felizmente, juntos. Le dolía en el orgullo admitirlo, pero echaba de menos aquellos años, no podía recordar cuándo había sido la última vez que Ren le había sonreído amablemente.

-Jinguuji, ¿vas a ignorar la amenaza de Hyuuga sensei?

El rubio falló el tiro, aquello si que le había sorprendido, era raro que su compañero le dirigiese la palabra así como así, interiormente eso le hizo un poco feliz.

-Hijirikawa, ¿estás preocupado por mí?

Masato se sobresaltó, dio gracias de encontrarse de espaldas a él, ya que sentía su cara arder. No contestó a la pregunta, era demasiado vergonzoso admitir aquello.

Ren se decepcionó ante la indiferencia de Masato, ¿Por qué le preguntaba aquello si iba a ignorarlo después? De verdad que no podía comprender que rondaba por su mente. Chasqueó la lengua molesto y se levantó, no se iba a quedar ahí para que su compañero pudiese ignorarlo.

Subió al tejado, intentado escribir alguna letra estúpida para su tarea, pero sus pensamientos estaban llenos de Masato. Era tan frustrante, él no tenía problemas para relacionarse con la gente, todo el mundo lo adoraba. Masato, él era diferente, no podía lograr acercarse a el ¿Por qué era tan importante conseguirlo? Podía ser cosa de su orgullo… pero en su interior sabía que era mentira, sabía que sólo estaba negándose a si mismo la verdad, aquello que había sentido al verlo tan cercano a Nanami habían sido celos. Aunque aún no estaba seguro del todo de sus sentimientos, puede que solo quisiese recuperar su amistad, tenerlo cerca.

Frustrado, arrugó el papel y lo guardó en su bolsillo. Cogió su saxofón y comenzó a tocarlo, quizás así evadiese su mente.

El dulce sonido del instrumento inundó todo el recinto, cargado de los sentimientos del músico que lo manejaba.

Masato caminaba por los pasillos de la escuela cuando una suave melodía llegó a sus oídos. Se asomó a una de las ventanas, aquella música era inconfundible. No podía entender como alguien que podía conseguir crear aquella maravillosa música fuese tan indiferente. Suspiró y siguió su camino lentamente, pensando que ojalá pudiese hacer que Ren se tomase las cosas más en serio. Quizás si hablase con él podría conseguir algo. Paró su paso y caminó en dirección contraria, si, quizás aquél era un buen plan.

La presencia de Nanami sorprendió al rubio, pero pensó que ya que estaba ahí podría aprovechar para tomarle el pelo. Se acercó a la chica, pero antes de que pudiese bromear con ella, el papel que había arrugado cayó, llamando la atención de la chica, que lo recogió del suelo. Ren se mosqueó y se lo quitó de las manos delicadamente.

-¿Esa es la letra para tu tarea? ¡Es genial Jinguji-san! No quiero pensar que pasaría si no entregases tu tarea esta vez…

¿Qué tenía de bueno aquello? Todo era una pérdida de tiempo, no tenía ningún sentido para él estar allí. Quizás ser expulsado no fuese tan malo, de aquella manera al menos… podría alejarse de Masato y así dejar de sentir toda aquella frustración cuando estaba cerca suyo.

-Quizás ya va siendo hora de abandonar este lugar.-El rubio sonrió con un deje de melancolía.

-¿Entonces por qué no lo mandas todo al traste?

Ren giró la cabeza hacia dónde provenía la voz. Allí estaba Masato con el ceño fruncido, parecía realmente enfadado.

-No me agradas.

Mierda, aquello realmente le había dolido, pero se mantuvo impasible ante la mirada de odio que le estaba dedicando.

-No te perdonaré por tomarte la música tan trivialmente.

Masato se acercó hacia ellos lentamente, sin apartar la mirada de él.

-Estoy aquí por obligación, así que no tengo ninguna razón para permanecer en esta escuela. Es sólo una broma.

-Mientes.

Masato no quería escuchar aquello, dolía demasiado. No podía soportar la idea de que a Ren le diese igual dejarlo atrás.

Ren tuvo bastante de aquello, cogió la hoja entre sus manos y la rompió en mil pedazos, dejando que volasen al viento.

-No pienso perder el tiempo de esta manera.

Eso enfureció a Masato aún más, la sangre en sus venas pareció hervir. No pudo apenas controlarse, antes de darse cuenta había golpeado con su puño a Ren.

El rubio lo miraba fijamente sorprendido, no supo que decir. Se sintió abrumado por aquello, había golpeado a Ren, había ido allí para intentar solucionar algo, pero las cosas se habían vuelto a torcer, como siempre. Se dio la vuelta y salió de allí, no podía soportar estar allí bajo su mirada.

Nanami por su parte salió corriendo, decía algo sobre recuperar los fragmentos de papel.

*.*.*.*.*.*.*.*.*

No era nada nuevo que aquella habitación permaneciese en silencio, pero en esa ocasión parecía que el aire podía cortarse con un cuchillo.

Masato estaba de espaldas a la otra mitad de la habitación. Ren mantenía la mirada fija en su espalda, pensó que su compañero tenía una espalda fuerte a pesar de su delicada apariencia. Se preguntó como debería ser la espalda bajo aquellas ropas, su piel seguro que era tan pálida y delicada como la de su rostro y manos.

Estaba absorto en sus pensamientos cuando observó con sorpresa que el otro se había girado y lo estaba mirando, pero al ver que lo estaba observando y que acababa de ser descubierto se volvió a girar rápidamente.

Ren sonrió, aquello había sido interesante. Puede que Masato se sintiese tan confuso e inquieto como él.

Se levantó sigilosamente y se acercó por primera vez a la otra mitad de la habitación.

Masato sintió su corazón acelerarse cuando sintió una presencia detrás suyo.

-¿Vas a seguir ignorándome Hijirikawa?

Sintió todo su cuerpo tensarse pero no se giró, sabía que si lo hacía Ren podría ver que su rostro estaba completamente ardiendo.

El rubio se enfadó ante aquello, pero no iba darse por vencido. Agarró al otro por el hombro y le obligó a mirarle.

Aquella visión hizo que su corazón diese un brinco. Las pálidas mejillas de Masato estaban dulcemente sonrosadas y podría jurar que jamás había visto esa expresión en él.

Masató apartó la vista, avergonzado, pero Ren lo agarró por el mentón, obligando a mirarle.

-¿Por qué me odias tanto Hijirikawa? ¿Qué he hecho para disgustarte tanto?

Sus ojos azules se posaron sobre los del rubio, que lo miraban con intensidad, para su gusto estaban peligrosamente cerca. Podía sentir la respiración de Ren chocando contra la suya.

-No te odio realmente…ó su mano hasta el mentón del otro.-Lo lamento, me sobrepasé.

Aquello fue muy dulce, fue lo que pensó el rubio, Masato era muy frio siempre pero estaba comprobando que tenía sus matices dulces si sabías apreciarlos, era agridulce como el chocolate. Sus labios se movían pausadamente mientras pedía disculpas, a Ren se le antojaron suaves y apetitosos.

Sintió unas ganas irracionales de besarlo, no entendía el por qué, por muy hermoso y delicado que fuese Masato era un chico. Pero quizás era aquello lo que lo había mantenido inquieto todo aquél tiempo, que desease a Masato. Que lo desease tener cerca como algo más que un amigo.

-Quizás podrías aliviar mi dolor.

Masato lo miró confundido unos instantes, sin comprender. El rubio por su parte deslizó su mano lentamente hasta la nuca de su compañero a la vez que se inclinaba y juntaba sus labios. Masato no reaccionó en un primer momento, le pilló desprevenido, pero unos segundos mas tarde su cuerpo se tensó e intentó abrir la boca para protestar, cosa que el otro aprovechó para introducir su legua.

Consiguió apartarlo de un empujón. Su pulso estaba acelerado, y su respiración tan agitada que creyó que se desmayaría.

-Yo no soy una de tus chicas, no te atrevas a jugar así conmigo-. Su rostro volvió a su seriedad habitual, pero sus mejillas seguían encendidas.

-Nunca pensé en ti de esa forma-. Volviendo a cercarse.-Realmente quiero volver a ser cercano a ti, Masato.

Lo odiaba, odiaba a Ren por ser tan directo, por no tener miedo de decir lo que pensaba. El en cambio estaba muerto de miedo, ni siquiera estaba seguro de lo que sentía hacia él. Únicamente estaba seguro de que le dolía estar alejado del rubio.

Ren apoyó su frente contra la de su compañero.

-¿Podrás confiar en mi?

Masato no dijo nada, se limitó a dejar que el rubio lo cogiese de las manos, mientras sentía que en su estómago miles de mariposas habían emprendido el vuelo, su corazón parecía querer salir del pecho.

-¿Qué significa todo esto?-. Su voz sonó menos segura de lo que le hubiese gustado.

Ren rio dulcemente, cerca de su rostro.

-Quiere decir que, si tu quieres, podemos volver a ser como antes, incluso mejor. Me basta con tenerte cerca, pero te mentiría si te dijese que no deseo algo más de ti.

Su corazón dio un brinco. Siempre directo, cuando quería algo no se andaba con rodeos, Ren siempre era así.

Masato lo miró a los ojos.

-Hace tiempo que pienso en eso… En lo lejano que se volvió todo… Yo tampoco quiero eso, pero me asusta el rumbo que esto pudiese tomar.

El rubio lo abrazó, apoyando el mentón sobre su hombro, susurrándole al oído.

-Si no lo probamos por que nos asusta, jamás sabremos que rumbo toman las cosas.

Se volvieron a separar.

-¿Estaría fuera de lugar si te vuelvo a besar?-. Ren mostró una dulce sonrisa en su rostro.

Aquella era, esa era la sonrisa que Masato tanto había añorado ver. En respuesta a la pregunta de Ren simplemente bajó la mirada avergonzado.

El rubio sonrió y tomo eso como un si, atrayendo de nuevo al peli azul, rozando sus labios con su pulgar, para después depositar un casto beso en ellos. Pasó su brazo por la cintura de Masato, reafirmando el agarre, mientras su lengua empezaba a invadir lentamente la boca del otro, que intentaba corresponder torpemente.

Sus labios se separaron lentamente, Masato no se atrevía a alzar la mirada.

-Haré que merezca la pena, ya lo verá acarició sus sedosos cabellos y depositó un beso en su frente.

Ya era muy tarde, así que ambos decidieron ir a dormir.

Las luces estaban apagadas y todo estaba en calma, pero Masato no podía dormir, en su interior miles de dudas empezaron a devorarlo.


Notas finales del capítulo:

Espero que haya gustado, la continuación ya a estoy escribiendo, así que no creo que tarde demasiado en actualizar.

Un saludo a tods los que lo hayan leído :)