El Final De La Soledad

Prologo

En el caso del estado de Oregón contra Andrew Tsukino….

Serena contuvo el aliento, intentaba oír las palabras por encima del martilleo de su corazón. El jurado había estado deliberando menos de veinte minutos y no podía evitar sentirse tranquila por la rápida decisión. Estaba claro que los miembros del jurado habían visto mas allá de las pruebas poco solidas y circunstanciales y sabia que su hermano no había cometido ningún crimen.

…. encontramos al acusado….

Se agarro fuerte a la barandilla de madera que tenía delante con la mirada puesta en el portavoz del jurado.

Había llegado el momento. Por fin. Suponía el final de un juicio de cuatro días que había resultado interminable y el comienzo de un regreso a la normalidad para su familia.

…. culpable.

Impactada, no pudo reprimir un grito entrecortado mientras su mirada volva hacia su hermano, sentado junto a su abogado.

Los hombros de Andrew se hundieron, era obvio que se le había venido el mundo encima, pero se le vio mas resignado que sorprendido por la sentencia. Ella, por otro lado, tuvo que luchar para no gritarle, gritar hacia el jurado y al juez por tan descarada injusticia. Pero lo cierto era que nada que dijera o hiciera podría cambiar las cosas.

Sintió como algo le tiraba suavemente de la manga y bajo la mirada; allí estaba su sobrina de ocho años, mirándola con unos ojos enormes y esperanzados.

¿Papi viene ya a casa? – pregunto Rini

Antes de que Serena pudiera contestar, Sammy respondió con todo el desprecio que un niño de doce años podía hablarle a su hermana pequeña.

No va a venir a casa nunca, tonta «Culpable» significa que va a quedarse en la cárcel.

Serena le lanzo a su sobrino una mirada de advertencia por encima de la cabeza de Rini antes de arrodillarse junto a su sobrina. Los ojos de la pequeña estaban kkenos de lagrimas y de confusión. Serena sabia como se sentía, pero no podía dejarse vencer por las emociones que la invadían por dentro. En ese momento ella era la única persona que esos niños tenían.

Pero el no lo hizo – el labio inferior de Rini temblaba mientras hablaba.

Lo se cielo – dijo, segura de que esa era la verdad – El jurado ha cometido un error.

Diselo – le suplico Rini – diles que se han equivocado, tia Sere.

Eso le rompió el corazón, pero era demasiado tarde para decirles nada a los miembros del jurado; ya estaban saliendo de la sala.

Y, de todos modos, Serena no podía convencerlos de la inocencia de Andrew. Eso debería haberlo hecho él, pero su hermano había elegido, por razones que ni siquiera habai explicado y que ella no podía ni imaginarse, no defenderse.

Diselo – repitió la niña.

Serena deseo que fuera tan fácil. Haría lo que fuera por esos niños, les daría cualquier cosa, pero lo que necesitaban por encima de todo era a su padre, cuyo destino había quedado escrito por el anuncio del jurado. ¿O no?